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38 Esculturas Preclásicas de obesos en el territorio Mexicano – Carlos Navarrete y Rocío Hernández – Simposio 13, Año 1999

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Navarrete, Carlos y Rocío Hernández

2000        Esculturas Preclásicas de obesos en el territorio Mexicano. En XIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1999 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo, B. Arroyo y A.C. de Suasnávar), pp.471-500. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

38

ESCULTURAS PRECLÁSICAS DE OBESOS EN EL TERRITORIO MEXICANO

Carlos Navarrete

Rocío Hernández

Desde que S. Habel (1878:32) mencionó por vez primera la presencia de esta clase de esculturas en un sitio de la zona de Sonsonate, El Salvador, hasta la reciente publicación del útil catálogo de barrigones de Guatemala de Sergio Rodas (1993:1-36), diversos autores se interesaron en el tópico y, sucesivamente, señalaron una distribución espacial que abarca la costa de Chiapas, Guatemala y El Salvador, donde ocurre la mayoría, con fuerte presencia tierra adentro en el área de Kaminaljuyu y en menor grado en el Altiplano Occidental de Guatemala (Figura 1). Ejemplos aislados pero indicativos de relaciones durante el Preclásico se dan en Copan con la famosa «crude human figure» de Richardson (1940:408, fig.37), y en las Tierras Bajas con un pequeño barrigón portable encontrado en Tikal (Coe 1965:15, fig.18). De características especiales, el más lejano en el occidente de Guatemala proviene de Huehuetenango (Navarrete 1984:199-206); las reproducimos por su marginalidad y haber tenido poca difusión (Figuras 2 a 4).

Al principio considerado un «enigma», este complejo de esculturas de personajes gordos, obesos o barrigones, pasó a constituir un auténtico problema arqueológico, lentamente despejado, principalmente su cronología; además, sus cualidades artísticas han sido reivindicadas puesto que antaño fueron calificadas de feas, rudas, toscas, rústicas, burdas y crudas. Muchos años permaneció engavetado en el «Arcaico», como se le llamó de los años 30 a los 50 al «horizonte» cultural.

La consideramos complejo por no constituir formalmente un todo homogéneo -muestra por el contrario una amplia variedad de rasgos, algunos de ellos regionales- y por asociarse directamente con las grandes y pequeñas cabezas exentas, cachetonas o mofletudas, cejijuntas, de labios gruesos o pequeños y rectos, algunas con la parte posterior sin trabajar, en su forma natural semiredonda. Si agregamos la temática de los demás monumentos con los que se asocian —altares lisos y zoomorfos, estelas, etc—, podremos visualizar el amplio universo de estas representaciones.

El hecho de aislar únicamente ciertos rasgos, sobre todo en el caso de las cabezas mayores, condujo a varios investigadores a buscar alguna forma de relación con el arte Olmeca y sus cabezas colosales. Rodas (1993), basado en Demarest (1982:557), se refiere a dicha tendencia:

Por su aspecto rudo se formaron ciertas interpretaciones con fundamentos vagos, poniendo como postulado que el arte gradualmente ha ido progresando, yendo en un orden en que primeramente aparece la escultura tosca, la forma de la piedra condicionada a la figura, para seguir órdenes ascendentes de categoría refinada y con profusa decoración. De esta manera el estilo pasó a convertirse en el centro de una polémica, debido a sugerencias que podrían ser contemporáneos o aun ancestros de la escultura «Olmeca», el más temprano estilo de arte de Mesoamérica.

De acuerdo. En las consideraciones finales retomaremos el tema. Mientras tanto expondremos nuestra contribución al problema, describiendo primeramente el sitio y las esculturas rescatadas en Tiltepec, en las goteras de Tonalá en la costa de Chiapas, por poseer el mayor número de ejemplares (Figura 5).

EL SITIO ARQUEOLÓGICO TILTEPEC

En 1958, Navarrete (1960:2-5) conoció el sitio donde permaneció un par de horas, atreviéndose a publicar las escasas observaciones que pudo lograr el lugar estaba enmontado-, junto con la noticia de otros centros antiguos en la periferia de Tonalá. Publicó un plano, se refirió a las primeras esculturas y presentó fragmentos de cerámica recogidos en superficie, haciendo notar una ocupación Preclásica. Igual ocurrió con Tzutzuculi, sitio junto al río Nijundilo, gemelo de Tiltepec en la salida de Tonalá a Tapachula. Fue publicado el fragmento superior de un obeso, sin entender entonces la composición de los rasgos.

En 1965, Navarrete y Eduardo Martínez pasaron por Tonalá, percatándose que en el parque se encontraba tirado un importante número de esculturas proveniente de Tiltepec, descubiertas casualmente por unos campesinos que voltearon algunas piedras para despejar el área de cultivo. Por gestiones del doctor Oscar Rueda conocido coleccionista y fundador del museo local-, las autoridades municipales las trasladaron. Dos años después, el director del Museo Regional de Chiapas llevó las más completas a Tuxtla Gutiérrez. En este artículo ofrecemos los esbozos a lápiz hechos en la primera visita, en espera de presentar próximamente un informe detallado (Navarrete y Hernández s.f.).

En 1968, como parte del reconocimiento general de la costa patrocinado por la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo, con el objeto de medir el territorio impactado por un sitio tan destacado como Izapa, se levantó un plano y por medio de los campesinos que descubrieron las piezas se ubicaron los puntos de procedencia. Se encontraron nuevos ejemplares durante las excavaciones de sondeo. En total, el número de monumentos asciende a 36: seis altares, seis figuras zoomorfas, tres cabezas exentas, una pieza fálica y 10 representaciones de gordos.

Tiltepec es uno de los principales centros Preclásicos distribuidos a lo largo de la costa, asentados sobre los últimos lomeríos que bajan de las estribaciones de la Sierra Madre, en el flanco que da a la planicie costera. Se ubica a 3 km de Tonalá por la carretera de Arriaga, la cuál parte el sitio en dos, habiéndose destruido parte del mismo durante su construcción.

Carece de orientación definida, aunque se perciben dos ejes principales: N73W y N23E. Contamos sesenta montículos, cuya altura oscila entre 1 y 8 m, aparte de los cimientos habitacionales ubicados en puntos extremos, como si se tratara de sectores o barrios populares. Desafortunadamente están en terrenos planos y los agricultores han destruido la mayoría al pasar el arado. También hay cimientos de piedras grandes cuyo tamaño varía entre 50 cm y 90 cm de diámetro, con la particularidad de tener en las esquinas bloques de mayor volumen colocados verticalmente, en tal forma que dan la impresión de ser monumentos exentos; el conservado de pie en la Plataforma B es el mayor, con 1.62 m de altura y diámetro de 54 cm a 70 cm.

Hay dos posibilidades para explicar la función de estas rocas: que formaran parte de plataformas de un solo cuerpo cuya altura la marcarían dichos bloques esquineros, o que la altura la señalasen las piedras menores del cimiento, con lo que aquellas quedarían libres, adquiriendo así valor de monumentos de acuerdo a la costumbre prehispánica de rendirle culto a las rocas (Navarrete 1991:9-55). ¿Serían fondos habitacionales de élite o plataformas para determinado ritualismo? De que son diferentes a las demás estructuras de la zona no cabe duda.

Los montículos se distribuyen masivamente en cuatro grupos ordenados sobre grandes terrazas que combinan el terreno natural con acondicionamiento humano. A diferentes niveles se desplantan las estructuras separadas por espacios abiertos irregulares. El Grupo 1 se compone de dos plataformas extremadamente largas, una de ellas de 220 m de longitud por 5 m de altura, si contamos el montículo mayor. En ella se encuentra el Monumento 17. Uno de los montículos principales fue cortado por la carretera. En el extremo sur, sobre la terraza base, se ubicaron los Monumentos 18, 19, 20 y 31. Aledañas al sur, en un nivel más bajo, quedan dos zonas de cimientos habitacionales. El gran montículo del extremo noroeste fue cortado por la carretera y el situado en la prolongación poniente fue totalmente destruido. Entre las dos grandes plataformas se abre un espacio a manera de plaza alargada.

El Grupo 2 es pequeño, situado en el nivel más bajo del sitio. Se compone de 11 montículos, el principal con 5 m de altura. En esta área queda uno de los «bajos» donde se junta agua. Una parte del grupo fue destruido por excavaciones camineras.

El Grupo 3 es el mejor planeado. Sobre la gran terraza natural se eleva una plataforma de 2.50 m de altura; encima construyeron el conjunto con una plaza de 60 m de largo y 25 m de ancho y un pequeño adoratorio central tipo «momoxtli». El montículo principal tiene 6 m de altura. El segundo en importancia posee su propia plataforma de 1 m de altura, al que pueden agregarse 3 m del propio montículo. En la base y en eje noroeste se ordenaron los Monumentos 13 y 14; atrás, viendo al suroeste, los numerados 15, 16 y 22, que encontramos removidos y rodados; los tres agujeros del saqueo estaban frescos. Al oeste de la plataforma situamos el doceavo, y al este y al frente de dos montículos gemelos los Monumentos 29 y 30.

El Grupo 4 sigue el patrón general a base de terrazas y plataformas. Aquí se levanta el montículo más alto del sitio con 9 m, en cuya base se alinearon los Monumentos 26, 27 y 28. En una prolongación de la plataforma base y en dirección sureste se enfilaron las piezas 3, 4 y 5, relacionadas con el único ejemplo de montículos paralelos. Al frente estaban los Monumentos 1 y 2, por muchos años botados a la orilla de un antiguo camino que partió ambas construcciones. Cerca y fuera de contexto, se descubrieron los Monumentos 6 y 7.

Aislados en la parte baja del sitio permanecían los Monumentos 8, 9, 10, 11 y 21. Lástima que fuera en un área destruida por los camineros.

En cada una de las visitas se procuró recoger muestras de superficie en forma zonal. En la temporada de 1967 se excavaron seis pozos de prueba distribuidos en los diferentes grupos; además, se limpiaron las paredes de los agujeros donde estuvieron los monumentos removidos para tratar de entender la estratigrafía original. No hubo mayores resultados debido a que la capa natural tuvo 50 cm de grosor y pronto se tocó el relleno de las plataformas y el suelo estéril en las partes llanas.

La muestra total fue de 908 tiestos, entre los que dominaron las familias rojo y negro pulidas en variantes locales de finales del Preclásico Medio y del Preclásico Superior de la costa chiapaneca (Figura 6). Véase el cuadro final con las fases mesoamericanas pertenecientes a los sitios donde se han fechado esculturas de obesos.

ESCULTURAS DE TILTEPEC

Quienes las esculpieron manejaban las formas naturales de los grandes cantos rodados de río, o de los afloramientos graníticos vecinos. Recientemente hemos visto cómo las caudalosas correntadas que bajaron de la Sierra Madre provocadas por el huracán Mitch (La Jornada 1998), arrastraron millones de rocas de todo tamaño, ahora depositadas en superficie; no es de extrañar que a lo largo de la costa abunden paisajes semejantes causados por catástrofes de antaño, aprovechados por el ojo avisor de los pobladores a través del tiempo. Para realizar esta clase de figuras buscaran rocas con preformas naturales y les adaptaron los rasgos con mayor facilidad. La sección que iba plantada en el suelo, o con la espalda empotrada a un muro o plataforma, no se trabajaba.

MONUMENTO 1

Medidas: 1.56 m de largo; Ubicación actual: en 1968 se encontraba in situ. Muy deteriorada de la parte frontal por haber permanecido muchos años expuesta a la intemperie. Posición sedente, con las piernas dobladas y las manos sobre los muslos. El tocado consiste en una banda ancha dividida en cuadretes, con un motivo central que recuerda los diseños vegetales originados en la época Olmeca, algunos definidos como representaciones del maíz (Joralemon 1971). Hacia los lados del tocado dos apéndices curvos cubren los flancos de la cabeza (Figura 7a).

MONUMENTO 23

Medidas: 1.02 m de largo. Ubicación actual: bodega del Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. «Cachetón» o «mofletudo» serían los términos adecuados para describirla. Los ojos cerrados tienen el párpado superior caído en media luna; los labios hacen círculo con la cavidad bucal. Tiene los brazos sobre el vientre y las manos juntas. Carece de extremidades inferiores (Figura 8b).

MONUMENTO 24

Medidas: 1.22 m de largo. Ubicación actual: bodega del Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. Es la menos elaborada de los ejemplares mayores. Tanto los brazos como las piernas siguen el entorno de la roca. La parte superior tiene indicios de un adorno borrado. El rostro está enmarcado con las orejeras integradas a la moldura. Los ojos son ligeramente rasgados, la nariz ancha y la boca de labios gruesos con las comisuras hacia abajo en reminiscencia Olmecoide. Una especie de nariguera cae al centro de los labios. Viste taparrabo (Figura 7b).

MONUMENTO 25

Medidas: 73 cm de largo. Ubicación actual: Bodega del Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. Personaje sentado con los pies tocándose. Los brazos descansan sobre las rodillas y las manos sobre el pecho. El rostro está enmarcado y las orejeras son semiredondas. Los ojos van cerrados con los párpados en media luna; tiene el ceño fruncido y la boca forma una «dona». Del cuello baja una especie de pechera a juntarse con el taparrabo. Lleva un adorno en la frente bastante borrado (Figura 8a).

MONUMENTO 26

Medidas: 1.47 m altura y 55 cm de diámetro promedio. Ubicación actual: Sala de Arqueología, Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. Difiere de las anteriores, pues encima del enmarcamiento lleva un diseño triangular con dos apéndices curvos hacia los lados. Viste taparrabo adornado con dos líneas verticales. La parte superior está golpeada pero se distingue un rostro enmarcado con los mismos elementos de la figura central. A los costados del tocado hay dos diseños curvos no identificados. Tiene rota parte de la pierna derecha (Figura 9a).

MONUMENTO 27

Medidas: 1.02 m de largo. Ubicación actual: patio del Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. Está quebrada en dos partes a la altura del rostro. Fuera de que los brazos se cruzan más y se notan los dedos de las manos, la composición general y los rasgos físicos son semejantes a la pieza anterior. Lleva un taparrabo liso. Los ojos y la boca del pequeño rostro del tocado se componen de pequeñas horadaciones circulares (Figura 9b).

MONUMENTO 28

Medidas: 1.34 m de altura. Ubicación actual: Sala de Arqueología, Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. El rostro lleva sobre el enmarcamiento el triángulo y los apéndices curvos, los cuáles se repiten en el tocado. A los lados del mismo hay dos roleos sin identificación, y en el centro el pequeño duplicado del rostro principal. El taparrabo tiene tres líneas verticales (Figura 10b).

MONUMENTO 33

Medidas: 1.26 m de largo. Ubicación actual: patio del Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. La misma posición sedente y los brazos a la altura del pecho con las manos juntas. Se repite el rostro del personaje en el tocado. A los lados muestra los diseños curvos. Fragmentada en algunas secciones (Figura 10a).

MONUMENTO 34

Medidas: 1 m de altura; diámetro promedio de 50 cm. Ubicación actual: patio del Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. Es de las menos liberadas del bloque natural semicuadrado, como se aprecia arriba donde hay una protuberancia con grabados lineales no identificados. La posición de los brazos es cruzada y las manos visibles. Al rostro lo rodea el enmarcamiento descrito, con las dos orejeras fragmentadas. Lleva el triángulo con los elementos curvos. Porta un ancho maxtlatl o mashtate (Figura 11a).

OTRAS FIGURAS DE GORDOS EN LA COSTA DE CHIAPAS

CABEZA DE TZUTZUCULI O MONUMENTO 10

Medidas: 1.20 m de altura. Ubicación actual: Empacadora de pescado, Tonalá. Cabeza separada del cuerpo. La conocimos en 1958 durante el reconocimiento indicado al principio. Se encontraba sobre una base de cemento, sirviendo de ornato en la planta empacadora de pescado en la salida del poblado rumbo a Tapachula, a orillas del río Nijundilo (Navarrete 1959:6, Figura 8d). Aunque conceptualmente es semejante a sus homólogas de Tiltepec, se diferencia en la nariz más natural, y en llevar en el tocado cuatro pequeñas caras a base de puntos para los ojos y la boca, con una o dos líneas circundantes. Permanecen los roleos largos hacia atrás (Figura 11b).

Tzutzuculi fue trabajado por A. McDonald quién no encontró ninguna pieza semejante en sus descubrimientos. En cuanto al contexto cerámico de los monumentos la cronología es gemela a la de Tiltepec, y en ambas hay representaciones escultóricas tardías con logrados diseños Olmecas. Alguna vez hablamos de un arte disolviéndose en otro nuevo (Navarrete y Hernández s.f.).

ESCULTURA DE TONALA

Medidas: 56 cm de altura. Ubicación actual: Sala de Arqueología, Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. Fue documentada por Eduardo Martínez (1959:79-81) de quien respetamos su descripción, como ejemplo del forzamiento olmequizante que hacíamos los arqueólogos en ese tiempo:

La escultura es del llamado tipo Olmeca cumpliendo con las principales características que lo identifican (Covarrubias 1946) y que son: casco con barbiquejo, cara redonda, nariz ancha y labios gruesos, cuerpo de «niño», extremidades regordetas, piernas arqueadas, etc. Se aprecian en la parte superior de la escultura restos de motivos ya desaparecidos.

El autor señala su procedencia vaga, «en el centro de la población». Aunque esta pieza viene a ser la más naturalista de las presentadas y no llega a tener la gordura de las demás, debemos anotar las semejanzas en el atuendo (Figura 12).

ESCULTURA DE ÁLVARO OBREGÓN

Medidas: 0.59 cm de altura. Ubicación actual: Museo de Arqueología, Tapachula. Encontrada en 1962 en el perímetro de la Colonia Álvaro Obregón, municipio de Mazatán, sin ubicación exacta (Figura 13). La forma del bloque es cilíndrica, con el relieve adaptado al contorno. La figura humana está en posición sedente sobre una moldura; los pies y los brazos doblados hacia el frente. Cabeza sin cuello y rota, apenas se conservó el lado izquierdo de la mandíbula inferior. En la espalda asoma el extremo del pelo largo y a los lados caen las puntas de algún adorno. En esta sección se encuentra un cuadrete rebajado con el glifo de un animal, cuyo perfil semeja una cabeza de venado, aunque sin asta; también podría ser conejo. Lo acompaña el numeral «uno». La combinación escultura-glifo plantea las siguientes posibilidades interpretativas: a) si la pieza es Preclásica en su totalidad, el signo calendárico constituiría uno de los ejemplos más tempranos del sur de Mesoamérica; b) la escultura Preclásica fue reusada agregándosele la fecha en época posterior, quizá durante el Epiclásico o Posclásico Temprano; c) la escultura y su signo son tardíos, de acuerdo al estilo de rasgos simplificados puestos en boga a partir del Epiclásico, 800-1000 DC (Navarrete 1979).

ESCULTURA DE LA PERSEVERANCIA

Medidas: 84 cm de altura. Ubicación actual: en 1967 se encontraba en la guardianía del rancho La Gloria. Fue encontrada cerca del lado izquierdo de la carretera a Tapachula, en el área donde comienzan los montículos; de aquí fue trasladada al rancho La Gloria, anexo perteneciente a la misma finca ganadera de La Perseverancia; el encargado nos informó que el propietario, señor Sardain, tenía intención de trasladarla a Tuxtla Gutiérrez. Esculpida en roca granítica (Figura 14a). Escultura «bola», trabajada básicamente al frente, con la parte trasera en su forma natural. Está rota de la cabeza, pero deja ver el principio de una cara ancha sin cuello, como si se hubiese aprovechado un saliente de la roca para esculpir el cráneo. Se conservó parte de la boca circular y uno de los cachetes caídos; los brazos se doblan sobre el vientre protuberante al igual que las extremidades inferiores, casi horizontales. Como adorno lleva un cuenco-mortero-pectoral, el cual presenta huellas de uso. Nos preguntamos si la cavidad de 13 cm de diámetro y un fondo de 5.5 cm sería original o hecha posteriormente, cuando la pieza estaba en desuso. Podemos compararla con el Monumento 11 de Monte Alto, en la costa guatemalteca (Figura 14b), el cual luce una especie de pectoral con una cavidad rectangular. Rodas (1993:11) dice que pudo haber servido para colocar algún adorno; a nosotros, la forma de la cavidad con las orillas afinadas y el fondo ligeramente plano, nos hacen pensar en una superficie dedicada a algún tipo especial de molienda. Si tomamos en cuenta que ambas esculturas tienen la espalda sin trabajar, existe la posibilidad de que su posición original fuera acostada, como personajes yacentes, horizontalidad requerida para que las cavidades cumplieran su función: moler, machacar o macerar alguna planta o semilla dedicadas al culto.

FIGURA HUMANA DE ARRIAGA

Medidas: 0.68 m de altura. Ubicación actual: Sala de Arqueología, Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. Escultura «bola» encontrada en el área de Arriaga, sin procedencia. Parece haber llegado al Museo Nacional de Antropología e Historia por gestiones del arqueólogo Enrique Juan Palacios. Permaneció muchos años en la bodega, triste destino de las obras consideradas feas, hasta su traslado al nuevo Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez. La posición de las extremidades es horizontal; los dedos de las manos son visibles y las facciones del rostro escuetas pero definidas; el peinado va trenzado sobre la frente y lleva collar con un pectoral en forma de moño. La espalda se diseñó a base de líneas sencillas para la cintura, los omóplatos y la columna (Figura 15).

ESCULTURAS DE LA COSTA DEL GOLFO

ESCULTURAS DE SAN MIGUEL, TABASCO

Fuera del territorio chiapaneco, las esculturas más parecidas a las de Tiltepec son dos piezas provenientes de San Miguel, en la llanura costera de Tabasco. La cerámica encontrada en las excavaciones señalan como ocupación primera las postrimerías del Preclásico Tardío (Piña Chan y Navarrete 1967:11). También se encontró el fragmento de un altar esculpido.

A) PERSONAJE SENTADO

Medidas: 1.26 m de alto; 70 cm de ancho; 44 cm de espesor. Ubicación actual: Museo del Estado, Villahermosa, Tabasco. La procedencia de esta pieza es problemática: en 1954 el arqueólogo Heinrich Berlin apuntó que había sido trasladada de San Miguel al antiguo Museo del Estado; en 1966 la cédula de la exhibición indicaba la misma procedencia, lo cual comprobamos con información oral en una visita al sitio indicado; sin embargo, Clewlow y Corson (1968:181, lám.15a) la publicaron como proveniente de La Venta; posteriormente De la Fuente (1973:116) se basó en ellos y la incluyó en su lista de escultura monumental Olmeca con el número 72. Nos inclinamos por la primera información (Navarrete, Lee y Silva Rhoads 1993:104, fig.60b). Milbrath (1979:29), a pesar de haber conocido las de Tiltepec, la consideró de estilo «anómalo». Representa una figura humana con las piernas recogidas enfrente del cuerpo y los brazos descansando sobre las rodillas; el tocado es alto con una especie de barbiquejo. El único rasgo facial notorio son los ojos cerrados en media luna. En la espalda lleva cinco pequeñas caras y una en cada brazo; son representaciones de rostros muy sencillas, de nariz ancha y ranuras en lugar de los ojos (Figura 16a).

B) CABEZA DECAPITADA

Medidas: 83 cm de altura y un promedio de 65 cm de diámetro. Ubicación actual: Museo del Estado, Villahermosa, Tabasco. Reportada por M. Stirling (1957:225, lám.56) y descrita por De la Fuente (1973:226) como Monumento 71, y por Navarrete, Lee y Silva Rhoads (1993:104, fig.60). Fragmento de forma ovoide de la cabeza separada de una escultura humana. Es muy semejante a las de Tiltepec en la cara con los párpados abotagados y el entrecejo fruncido. Varía en el enmarcamiento adornado con elementos geométricos, repetidos en los siete pequeños rostros dispuestos en el tocado. El diseño inferior es en punta, parecido a la cola de un animal (Figura 16b). En base al contorno general y en las siluetas que bordean los rostros, en los que vio representaciones de tortugas -símbolos de fertilidad-, Carmen Cook de Leonard (1952:27, fig.2) le dio carácter fálico. Clewlow y Corson (1968:180, lám.14f; 1974:128, fig.10), en un claro ejemplo de «jaguarismo» olmequizante, describieron en la parte fragmentada la nariz y la boca estilizada del animal.

CERRO DE LAS MESAS, VERACRUZ

Medidas: aproximadamente 1.20 m de altura. Ubicación actual: Museo de la Universidad de Veracruz, Jalapa. Esta extraordinaria pieza fue dada a conocer por Matthew W. Stirling (1943:45-46), con el número 5 de los monumentos de Cerro de las Mesas. Se le ha descrito como «chinesca» por los ojos rasgados. Lo más sobresaliente del rostro es la pesada máscara bucal que baja hasta el pecho. Lleva orejeras, hombreras y un cinturón adornado con vuelos. Tiene visibles los genitales y está parado con los pies abiertos; visualmente dan la impresión de estar hacia atrás por la redondez de la roca (Figura 17a).

Durante muchos años Cerro de las Mesas cobró fama de Olmeca y por ende la mayoría de las esculturas, pese a sus posteriores épocas de ocupación (Covarrubias 1946:170, 172, fig.21; Bernal 1968:197-200, figs.85-91; Medellín Zenil 1971:3, lám.30; Piña Chan 1982:164, 237). Esta posición es poco sostenible en este tiempo.

Quizá la clave la dio Stirling, al comparar formalmente el Monumento 5 con la estatuilla de Los Tuxtlas, aunque aclaró que el parecido es más en espíritu que en detalles (Figura 17b). Estamos de acuerdo, la primera es una figura humana y la segunda una ave humanizada. Cronológicamente no andaría mal equipararlas, pues si la fecha inscrita en la pequeña pieza es correcta 162 DC- la sitúa en el Protoclásico, época en la que todavía se dan rasgos y diseños que vienen de atrás. En un trabajo reciente, Mary E. Miller (1991:26-38) fechó un grupo de esculturas en el Clásico Temprano y se detuvo en el Monumento 5 retomando el parecido con la estatuilla de Los Tuxtlas, haciendo ver la posibilidad de que fuese más antiguo. Protoclásico pensamos.

En Veracruz hay otros ejemplos de esculturas de gordos. Una de ellas con características de roca «bola». Se encuentra en el jardín del Baluarte de Santiago en el puerto de Veracruz. Otra, más elaborada, de vientre abultado y órgano masculino visible, posiblemente una representación temprana del dios Xipe Totec, se exhibe en el Museo de Antropología del puerto. De ambas desconocemos la procedencia y el fechamiento. J.F. Scott (1980:235-251) publicó unas piezas post-Olmecas veracruzanas, algunas con la forma pot-bellied; en la figura 3 viene una escultura decapitada, cuyo cuerpo se asemeja a las descritas de Chiapas.

CENTRO DE MÉXICO

DOS ESCULTURAS DEL CERRO XOCHITECATL, TLAXCALA

Fueron publicadas detalladamente por R. Delgadillo y A. Santana (1989:53-60). Encontradas en una cantera en las faldas del cerro Xochitecatl, municipio de Nativitas. Los autores, siguiendo a Stone (1972:41), y a Parsons y Jerson (1965:154), las consideran «Olmecoides». Proponen como fechamiento las fases cerámicas Texoloc y Tezoquipan, que abarcan entre 500 y 200 AC, según la secuencia cultural para Puebla-Tlaxcala.

A) ESCULTURA FEMENINA

Medidas: 1.60 m de altura. Ubicación actual: centro urbano de San José Atoyatenco. Figura femenina desnuda, en posición sedente. Para la cabeza aprovecharon una saliente del bloque. De acuerdo a Delgadillo y Santana:

La cabeza se representa descansando sobre el torso, diferenciándose de éste por medio de una acanaladura bien marcada sin que llegue a conformar claramente el cuello. Los ojos, sin presentar detalles, se observan abiertos; la nariz es ancha y de diseño triangular. La boca es de labios gruesos, de forma casi trapezoidal y está entreabierta, observándose señales de dientes; el mentón está bien definido. Las orejas son casi cuadradas.

La cabeza está adornada con una banda-diadema que sostiene un elemento petaloide; cubre parte del cráneo y se anuda atrás con un entrelace de cabos sueltos. Esculturas de gordos con entrelaces y nudos aparecen en el área de Kaminaljuyu en los Monumentos 11 y 15 (Navarrete 1977:78-101, láms.6, 7; Parsons 1980:láms.69, 70). Las extremidades esquematizadas mantienen un patrón constante: arrancan desde la espalda y se dirigen al frente sobre el contorno de la piedra. La posición sedente distorsiona la colocación de las piernas y pies que parecen estar al revés, cuando en realidad indican que el personaje está sentado con las extremidades abiertas. Para Delgadillo y Santana el hecho de ser una representación femenina los hace pensar en una mujer embarazada, subrayado por la posición de las manos que dan la impresión de estar señalando la redondez del vientre. Los pechos caídos son el mejor indicativo del sexo al que pertenece. A la altura de la región genital hay un diseño que podría ser floral: ¿culto a la fertilidad?

B) INDIVIDUO SEDENTE

Medidas: 1.50 m de altura. Menos elaborada que la anterior, la cabeza parece trabajada en una saliente de la roca (Figura 19). Describir la esquematización del cuerpo sería redundante. Sobre la diferencia de sexo Delgadillo y Santana escriben:

A la altura del abdomen presenta un motivo mixtilíneo, que se prolonga hacia abajo por medio de líneas paralelas verticales de diferentes dimensiones, el cual pudiera corresponder a un falo muy estilizado. Si este fuese el caso, se trataría entonces de una escultura de sexo masculino; aunque este glifo también presenta cierta semejanza con el glifo del maíz entre los Olmecas tal y como lo ilustra Joralemon.

¿Un falo estilizado?: sería un falo hecho tiras. Menos aparatoso, podría tratarse del taparrabo adornado.

COMENTARIOS

En un trabajo anterior dimos una lista de rasgos, formas y características presentes en el complejo escultórico (Navarrete 1974:1-12). Por referirse directamente a los obesos, transcribimos la pormenorizada lista elaborada por Rodas (1993:1):

La escultura estilo Barrigón es sencilla de diferenciar por su simplicidad dentro de la complejidad del arte del Periodo Formativo del Sur de Mesoamérica. Esculpidos en un estilo tosco en los contornos de la roca natural, en algunos casos con pocas modificaciones en los grandes cantos rodados. Fueron tallados en bajo relieve, a menudo la espalda es lisa con un corte recto que pudo haber servido para apoyar la escultura en alguna fachada o muro. La figura humana es asexuada, la cabeza es aplanada con líneas incisas profundas que se proyectan desde el punto extremo de los ojos hacia la barbilla. Las mejillas son gordas, los labios gruesos y rectos, algunos con las comisuras caídas. Las orejas comúnmente son barras verticales. El cuello por lo regular está ausente o es corto, los hombros son pesados. Los brazos regularmente se encuentran rodeando la descomunal barriga con las manos extendidas, algunas tienen ombligo. Las piernas muestran diferentes posiciones dando la impresión de que la figura está sentada. Raramente usan vestuario aunque algunas veces llevan ornamentos como pectorales, diademas, orejeras o tocados.

La mayoría carece de vestuario, pero hay casos contrarios y conviene citarlos, como la especie de capuz que cubre la cabeza y el pecho de los Monumentos 11 y 15 de Kaminaljuyu (Navarrete 1977). Estos personajes portan distintivos en forma de huesos humanos largos.

Otro aspecto por agregar son los pectorales de uso práctico podrían llamarse «pectorales de molienda»- empleados para macerar o moler algún tipo de alimento o pintura de uso ritual. Esto sería factible en los Monumentos 11 de Monte Alto (Parsons 1986:lám. 115; Rodas 1993:10-11) y el 2 de La Perseverancia, ambos con la parte posterior sin trabajar. Quizá estuvieron colocados boca arriba, con la espalda enclavada en tierra representando muertos, como lo indican los párpados cerrados. La horizontalidad requerida para un adecuado plano de molienda señalaría la posición correcta de la escultura. Subrayamos que la de La Perseverancia muestra la cavidad con huellas de uso (Figura 14a).

Otras dos variantes son las figuras con las manos sobre el vientre (Figura 4), con solo cuatro dedos largos dirigidos hacia abajo (Navarrete 1984:199-206), y las sedentes de cuatro rostros, sin brazos, únicamente con las extremidades inferiores (Navarrete 1996).

Tiltepec y el vecino Tzutzuculi aportan otros rasgos: los bloques son alargados y permiten que los personajes porten tocados altos semiesféricos; los brazos se dirigen al frente y los pies tienen la posición adelantada; hay presencia de maxtlatl o taparrabo; las líneas de los contornos del rostro son rígidas, con las líneas de talla ligeramente acanaladas para formar los ojos cerrados, la nariz achatada, y los labios gruesos y anulares; el tocado comprende una moldura que rodea el rostro, de donde se desprenden las orejeras; de diadema llevan un triángulo y dos diseños curvos como plumas u hojas; en el tocado se repite el rostro en pequeño, en forma simplificada y en número de tres en la cabeza de Tzutzuculi. Hay correspondencia formal con las esculturas de San Miguel, Tabasco (Figura 16).

Al principio, hablamos de la tendencia interpretativa de un grupo de investigadores que, basados en consideraciones de orden estético, le asignan a este complejo de esculturas una antigüedad considerable, entre 2500 y 1200 años AC (Girard 1968, 1969), cuyos autores habrían sentado las bases de lo que posteriormente devino en el arte Olmeca. Al respecto reprodujimos una frase contundente de Rodas con la que concordamos. Por nuestra parte, en otro escrito opinamos que uno de los últimos arqueólogos serios en sostener esas ideas es Román Piña Chan (1972:13):

En Guatemala, y tal vez derivadas de las representaciones de individuos gordos hechos de barro, hay una serie de esculturas que representan a seres rechonchos y obesos, con los ojos ranurados o incisos tal como se hacían en las figurillas, con las manos sobre el abdomen, por lo general sedentes y con las extremidades inferiores rudimentariamente representadas. Todas ellas con las características o preocupación fundamental de transformar los grandes cantos rodados o bloques de piedra natural en figuras o esculturas de tipo tosco megalítico y arcaizante.

En otras palabras, aquí la forma de la piedra condiciona a la figura o escultura, hace que el artista ajuste su obra a la roca natural, obteniendo con poco trabajo la representación deseada, especialmente al frente, ya que no trabaja el resto del bloque. En cambio, los Olmecas de la costa del Golfo de México siempre impusieron a la piedra la forma deseada, es decir la transformaron, lo cual implica una mayor habilidad técnica y una tradición escultórica más desarrollada.

Pero también en Guatemala hay bloques zoomorfos que representan jaguares, y cabezas colosales en bloques naturales, con rasgos netamente Olmecas dentro de la misma tradición, es decir con los ojos profundamente incisos que dan la impresión de muertos, y sólo con el frente esculpido, como si la figura o escultura no se hubiese liberado todavía de la piedra, o sea que esta tradición escultórica parece estar en formación aunque constituyendo un estilo, el cuál fue el origen de la escultura de los Olmecas del Golfo y, por lo tanto, más antigua.

Sobre estos puntos, argumentamos nuestro desacuerdo (Navarrete 1977):

No estoy de acuerdo con Piña. El puro análisis estilístico tiene que hacerse con mayor detalle y profundidad, y no solamente ver los cambios como resultado del aparente tránsito de formas primitivas a evolucionadas. Hay por lo menos un momento (…) en que la realización artística es también de alta calidad dentro de sus normas y conceptos expresivos, como lo vemos en la Cabeza 1 y el Monumento 5 de El Tránsito (…). Si aislamos sus rasgos y los cuantificamos, a grosso modo, tendremos que reconocer que estos ejemplares ya no son Olmecas, pues ni la boca, ni la forma de la cabeza, ojos y orejas y menos el entrecejo, corresponden individualmente a aquel estilo. Ya son, en realidad, otra cosa.

Tampoco es lógico suponer que, si tenían capacidad de realizar tallas tan logradas, carecieran de la destreza suficiente para liberar totalmente la figura del volumen de la piedra. Si en el caso de las cabezas no lo hicieron completamente, dejándose en su estado natural la parte posterior, fue porque así les era funcional y no por falta de técnica o por escaseces propias de su estado de desarrollo social. No hay ni primitivismo, ni sujeción involuntaria a los contornos de la piedra, ni un arcaísmo absoluto que nos convenza de esa situación temporal que Piña les asigna, pues creo haber presentado ejemplos con méritos suficientes para ser aceptados como exponentes de un nuevo sentido artístico que debemos arqueólogicamente planteado- entenderlo como resultado de una evolución en donde lo Olmeca rindió paso a otros símbolos y gustos.

En base a un único rasgo —el diseño sobre la cabeza de la pieza femenina—, Delgadillo y Santana consideran «Olmecoides» las dos piezas de Cacaxtla, sobre todo la primera, debido a la diadema en la frente, a los adornos que de ella penden y a la forma de la boca «más Olmeca». La vieja historia de los parentescos, por lo que citamos a Pedro Armillas cuando en sus clases señalaba con el dedo la marca metálica de la suela de sus zapatos: «Esto parece plata pero no lo es, así es el término ‘Olmecoide'». El hecho de que estas esculturas convivan con iconos producidos por una cultura anteriormente dominante, ahora en su fase terminal, no les otorga una filiación equiparable. Son nuevas imágenes acordes a un discurso evolucionado o diferente, gustos plásticos de transición o permanentes, de acuerdo a la raigambre que logre el mensaje. Las técnicas de talla en función de otro pensamiento.

Debe quedar en claro que en algunos sitios donde se produce este arte, hay convivencia con ejemplares que mantienen las antiguas ideas, por ejemplo en Tiltepec, donde una cabeza exenta conserva rasgos Olmecas Monumento 10-, o la lápida de Tzutzuculi Monumento 1- con el rostro inscrito según los cánones de la vieja escuela. En el caso de Xochitecatl (Mari Carmen Serra, comunicación personal) también puede mencionarse un fragmento de escultura con el rostro netamente Olmeca tardío (Figura 18). Fenómeno que estaría ocurriendo al finalizar el tránsito «Olmeca modificado», según conceptualización de Lowe (1970, 1978).

La cronología real se ha aclarado a partir de los trabajos de Parsons (1965 y 1986) y Bove (1989a,b,c) en Guatemala, Demarest (1980) en El Salvador, Hatch (1989a,b) a través de las tradiciones cerámicas en el Altiplano y la Costa Sur de Guatemala, las excavaciones de McDonald en Tzutzuculi y las nuestras en Tiltepec (1974). El siguiente cuadro resume los trabajos más calificados cronológicamente; las esculturas de San Miguel están referidas a las fases del Preclásico Tardío de La Chontalpa y de Mal Paso, por su cercanía geográfica y la similitud cerámica que guardan con el sitio (Sisson 1970; Lee 1969).

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CUADRO 1

Figura 1 Distribución del tipo «obeso» en Mesoamérica

Figura 2 Escultura de Copan, Honduras (según Richardson 1940)

Figura 3 Pequeña escultura de Tikal (según Coe 1965)

Figura 4 Soloma, Huehuetenango. Pertenece al grupo de «manos de cuatro dedos» (Navarrete 1984)

Figura 5 Plano arqueológico de Tiltepec, Tonalá, Chiapas

Figura 6 Cerámica de las familias negra y roja del Preclásico Superior de Tiltepec

Figura 7 Tiltepec: a) Monumento 1; b) Monumento 24

Figura 8 Tiltepec: a) Monumento 25; b) Monumento 23

Figura 9 Tiltepec: a) Monumento 26; b) Monumento 27

Figura 10 Tiltepec: a) Monumento 33; b) Monumento 28

Figura 11 Tiltepec: a) Monumento 34. Tzutzuculi: b) Monumento 10

Figura 12 Tonalá. Encontrada dentro del perímetro urbano

Figura 13 Colonia Álvaro Obregón, municipio de Mazatán. Proviene de los alrededores

Figura 14 Dos esculturas con «pectoral de molienda»: a) La Perseverancia, Chiapas;

b) Monumento 11 de Monte Alto, Guatemala

Figura 15 Escultura de Arriaga, Chiapas

Figura 16 Esculturas de San Miguel, Tabasco

Figura 17 Dos piezas veracruzanas: a) escultura de Cerro de las Mesas; b) estatuilla de Los Tuxtlas

Figura 18 Lápida Olmecoide de Xochitecatl, Tlaxcala

Figura 19 Escultura masculina, Xochitecatl, Tlaxcala (según Delgadillo y Santana 1989)

 

Una respuesta a «38 Esculturas Preclásicas de obesos en el territorio Mexicano – Carlos Navarrete y Rocío Hernández – Simposio 13, Año 1999»

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