Asociación Tikal

080 Transiciones dinámicas en el Perú-Waka’: La reutilización de un santuario monumental en el Clásico Tardío-Terminal – Olivia C. Navarro-Farr -Simposio 25, Año 2011

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Navarro-Farr, Olivia C.

2012        Transiciones dinámicas en el Perú-Waka’: La reutilización de un santuario monumental en el Clásico Tardío-Terminal. En XXV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2011 (editado por B. Arroyo, L. Paiz, y H. Mejía), pp. 926-939. Ministerio de Cultura y Deportes, Instituto de Antropología e Historia y Asociación Tikal, Guatemala (versión digital).

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TRANSICIONES DINÁMICAS EN EL PERÚ-WAKA’: LA REUTILIZACIÓN DE UN SANTUARIO MONUMENTAL EN EL CLÁSICO TARDÍO-TERMINAL

Olivia C. Navarro-Farr

PALABRAS CLAVES

Tierras Bajas Mayas, Noroccidente de Peten, Perú-Waka´, arquitectura, tradiciones, Clásico Tardío-Terminal

ABSTRACT

La impresión del sitio Waka’ en la antigüedad, desde el punto de vista de un visitante llegando del norte hubiera sido la de un gran palacio sobre una escarpa rodeada por una ciudad bien poblada. Desde aquí también se apreciaría el complejo prominente llamado Mirador hacia el sureste sobre una elevación más alta que el paisaje circundante. Ocupando un lugar central en este esquema, la Estructura M13-1 es el santuario público principal de Waka’ ubicado entre el palacio occidental y el restringido complejo Mirador (véase la Figura 1). La posición prominente de M13-1 en el lado oriental de una de las plazas más grandes del sitio, la Plaza 2, sugiere que la estructura tuvo un papel simbólico de gran importancia para todos los Wakeños.

PATRONES CONTEXTUALES: EVIDENCIA DE FECHAS, ARTEFACTOS, Y RESTOS ÓSEOS

Después de ocho años de excavación, análisis, e interpretación de las actividades que resultaron en los depósitos extensivos y acumulados que cubrieron la Estructura M13-1, se tiene más claro el entendimiento de las dinámicas ceremoniales que acompañaron la transición entre el Clásico Tardío al Terminal en Waka’ (véase Navarro-Farr 2009). Los depósitos se ven alrededor de la base de la estructura y a través de la superestructura (véase la Figura 2). El análisis de los materiales reveló un lapso relativo de las actividades asociadas de aproximadamente 700 – 900 DC. Además, el análisis realizado por Keith Eppich (2009, 2010), Ana Lucía Arroyave (véase Navarro-Farr 2009:Apéndice A), Edwin Román, y la autora (2004) ha revelado la presencia de distintas formas cerámicas transicionales provenientes de algunos depósitos encima de la estructura que permiten una secuencia aproximada, la cual enfatiza la idea de que estos restos no pertenecen a un sólo evento sino a una acumulación de eventos de distintos periodos a través de la larga transición del Clásico Tardío al Terminal.

Las fechas cerámicas indican que los depósitos en el Cuarto A de la terraza norte fechan al Clásico Tardío. Otros a lo largo del centro de la misma terraza y al extremo norte exhiben la presencia de un complejo transicional llamado el complejo Morai e identificado por Eppich (2009, 2010), que aparece únicamente al fin del Clásico Tardío y al comienzo del Terminal. Finalmente, el depósito en la base de M13-1 parece corresponder a la faceta temprana del Clásico Terminal. Este lapso de fechas cerámicas se corrobora por dos de las tres fechas radiométricas detalladas en la Tabla 1 (véase la Tabla 1). Tres muestras de madera quemada fueron seleccionados de diferentes depósitos encima de la estructura incluyendo una del depósito al lado oriental (atrás) de la adosada central del edificio (véase la Figura 2), una del depósito asociado con la cabeza de estuco ubicada en un nicho a la base del muro sur del templo central en el sector sur de la superestructura (véase la Figura 2); y una en asociación con el Entierro 36 adentro de un espacio pequeño llamado el Cuarto B (véase la Figura 2). De estas tres muestras, las que derivan del Entierro 36 y de la quinta capa del depósito excavado al lado oriental de la adosada central presentan fechas en consonancia con el periodo transicional del Clásico Tardío al Terminal. La tercera muestra derivada del depósito (donde se halló la cabeza de estuco – véase la Figura 2 para su ubicación) en el sector sur del edificio incluye fechas para el Clásico Medio. Esta fecha inesperada puede sugerir un efecto de la madera vieja en los datos o bien, posiblemente significa que si existe evidencia de que las actividades ceremoniales en este sector comenzaron desde un periodo mucho más temprano de lo que se esperaba. Lo que todo indica es que, en general, las acumulaciones en la superestructura representan actividades que precedieron las que se llevaron a cabo al nivel de la Plaza 2.

Además de la cerámica fragmentada, existen cantidades variables de puntas de proyectil en pedernal y fragmentos de bifaciales, fragmentos de navajas de obsidiana, cabezas de figurillas, piezas tanto trabajadas como no trabajadas de materiales diversos como concha, hueso, hematita, y escasos fragmentos de piedra verde. Hablando en términos más específicos, los artículos de los depósitos consisten de objetos designados por una variedad de usos incluyendo pero no limitado a la pesca (con un gancho de hueso), el cultivo (azadas bifaciales de pedernal), la producción cerámica (ejemplado por un fragmento de un molde para figurillas de cerámica), la escritura (una concha partida a la mitad para sostener la tinta), e hilando para tejer (con malacates) (véase la Tabla 2). En algunos espacios también se encontró huesos humanos fragmentados, piedras de moler fragmentados, fragmentos de estuco modelado y pintado, fragmentos de estela, y una gran variedad de otros artículos misceláneos como una piedra de cueva perforada y una sección de piedra pómez cortada.

Los materiales acumulados aparecen en asociación con la última fase arquitectónica que fue continuamente modificada a través de ese periodo. Estas modificaciones realizadas con pocos recursos y de calidad inferior proveen datos importantes sobre el periodo, tal como los depósitos ceremoniales acumulados. Estas acumulaciones incorporan una variedad de patrones de rituales distintos incluyendo secciones de quema extensiva, ejemplos aislados de la terminación ritual con vasijas semi-completas rotas en su lugar, evidencia de ofrendas, y una serie de patrones mortuorios bastante diversos integrados en ciertas áreas de los depósitos. En particular se habla de una dispersión de huesos humanos fragmentados en el depósito al nivel de la plaza, incluyendo principalmente elementos de huesos largos y de cráneos, incidentes de desmembramiento que incluyen a un cráneo decapitado, e individuos enterrados adentro de espacios arquitectónicos y uno depositado sin ningún recinto formal que también se ven integrados dentro del palimpsesto representado por los depósitos que cubren a M13-1. La osteóloga del proyecto Jennifer Piehl, notó un número mínimo de nueve individuos entre los restos óseos sólo en los depósitos de la base de M13-1. Este grupo incluye a un sub-adulto y un número no especificado de restos de niños (véase Piehl 2008 y 2010).

Basado en el inventario esquelético, Piehl también sugiere que algunos individuos fueron depositados casi completos mientras que sólo algunos elementos de otros individuos fueron seleccionados para depositar. En la terraza norte, el número mínimo de individuos basado solamente en fragmentos óseos llega a tres. La inclusión del cráneo decapitado y el informal Entierro 27 aumenta el número a cinco y la inclusión de los Entierros 36 y 29 eleva el número a siete individuos mínimos en total. No se notó un número mínimo de individuos para el depósito en el sector sur de la superestructura aunque si se registró quemas intensivas.

De interés particular es la coincidencia de patrones notado por Piehl en el análisis esquelético con los patrones cronológicas notado por Eppich. Por ejemplo, a través de la parte central de la terraza norte, Piehl y Eppich notan patrones en los huesos y en la cerámica, respectivamente, que sugieren actividades relacionadas, marcando esa zona como un área discreta en donde se realizaron comportamientos distintos a los que se ven en otros sectores, tanto encima de la estructura como abajo. Por el contrario, los depósitos adyacentes a la parte posterior del muro encima de la probable adosada en el eje de la estructura, en el sector sur, y en la base al nivel de la plaza, exhiben patrones diferentes en cuanto a la inclusión de ciertos elementos esqueléticos y su tratamiento. En general, la evidencia sugiere, un tapiz de diversas actividades llevadas a cabo a través del tiempo en lugar de un sólo evento a gran escala.

En cuanto al registro epigráfico, el Clásico Tardío-Terminal es contemporáneo con la colocación de la última estela del sitio en el Siglo VIII. Eso indica que los episodios deposicionales que resultaron en acumulación de materiales corresponden a la caída de la corte real del sitio. Presumiblemente, esto indica que las estructuras de poder de la corte real y la autoridad de su gobierno se vieron gravemente comprometidas y se disuelven en última instancia. Entonces, ¿qué? ¿Quiénes estaban a cargo y cómo siguió la vida en Waka’ – y hasta qué momento del próximo siglo? Esta investigación permite al menos una reconstrucción parcial de un periodo asociado con el término “colapso.”

CONSIDERACIONES TEÓRICAS

Como la complejidad de estos depósitos desafía las interpretaciones existentes como basureros, la terminación ritual a grande escala, o los depósitos problemáticos, ha sido difícil acercar este y otros contextos relacionados interpretativamente. Sin embargo, se ha podido reconstruir evidencia por capas, sugiriendo que en la época del Clásico Tardío al Terminal, la población de Waka’ pasó por una transición política algo turbulenta, pero no de una forma fácilmente delimitada ni atribuible a una explicación singular como la guerra o el estrés medioambiental. Identificar los rituales en el registro arqueológico es un empleo difícil y ha promovido la generación de varios enfoques teóricos y metodológicos (véase por ejemplo a Clayton et al. 2005, Fogelin 2007; Insoll 2004; Kunen et al. 2002). Los objetos como la obsidiana, puntas proyectiles de pedernal, fragmentos de figurillas, cuentas de concha, nódulos de pirita, la cerámica doméstica fragmentada, y los huesos humanos fragmentados, son materiales de uso tanto ceremonial como doméstico (véase Astor-Aguilera 2010; Harrison-Buck et al. 2007; McAnany 1995, 1998; Tedlock 1982; Vogt 1976). Por lo tanto, es evidente que la distinción entre el dominio sagrado y el secular es una dicotomía falsa y al imponer una así en la categorización de los objetos anteriormente mencionados, se corre el riesgo de malinterpretar contextos de depósitos complicados como los que se encontraron en la M13-1.

Para dar sentido al palimpsesto que se ve en la Estructura M13-1 el enfoque de lo siguiente es una necesariamente ecléctica porque se considera que un entendimiento más comprensivo de estos comportamientos solamente se puede lograr a través de múltiples vías. Para poder darle más contexto a los depósitos y sus múltiples significados, es necesario considerar la localización de su colocación – que en este caso es la M13-1. Por eso mismo, se considera que la estructura en si es un artefacto con una historia de vida bien extensiva. Para poder dar una idea general de una narrativa en lo cual se sitúan las acciones que se ven durante el Clásico Tardío hasta el Terminal en la M13-1, se emplea la perspectiva de la Arqueología del Comportamiento enfocando en una metodología de las historias de las vidas de los mismos artefactos (véase Godsen y Marshall 1999 y a Schiffer 1972, 1995). Las historias de la vida de los artefactos, lo que la Arqueología del Comportamiento no permiten reconstruir, son indudablemente ligadas con la memoria social duradera que también está situada teóricamente en el nexo de la práctica y la estructura (véase Bourdieu 1977 y Walker 1995). Se busca el balance entre este enfoque metodológico con una perspectiva teórica de la agencia y la resistencia centrada en la teoría de la práctica. La teoría de la práctica, según lo expuesto por Pierre Bourdieu (1977) y la teoría de la estructuración de Anthony Giddens (1979, 1984), se enfocan en la relación dialéctica entre el individuo (o el agente) y la estructura. Específicamente, se trata del entendimiento estructurado de cómo los actores/agentes humanos se comportan según su conocimiento particular que está construida e informado culturalmente. Este componente teórico del presente enfoque permite la identificación de agentes rituales y sus impactos en la historia de la vida continua de esta estructura. Al hacer esto, se puede reconstruir los matices de los comportamientos y entender más como se relacionan a este lugar y tiempo en la historia de Waka’.

La disminución en la colocación de monumentos públicos, proyectos arquitectónicos, e inscripciones jeroglíficas patrocinados por la corte real fue sintomática de un problema socio-económico más grande en lo cual la gente común tanto como la élite se hubiera fijado (véase Rice et al. 2004). Por lo tanto, parece probable que los Mayas habrían respondido a la incertidumbre del periodo. Yo propongo que el enfoque en la actuación de los rituales públicos hubiera sido una respuesta para buscar el orden y la dirección, y tal vez refortalecer el equilibrio entre el mundo humano y el de los seres no-humanos, como ancestros y espíritus, durante estos tiempos tumultuosos. Algunos académicos de la perspectiva funcionalista ven el proceso ritual adentro de una esfera religiosa siendo una manera de fortificar la solidaridad entre comunidades (Baumann 1992) mientras que otros hablan del ritual como una manera de “reproducir” y “re-interpretar” o “transformar” (Bell 1997: 83; véase también a Bell 1992) a la sociedad. Aquí se plantea la idea de que el ritual es un proceso dinámico que puede guiar las acciones humanas, poner orden en la sociedad, y servir como un medio para unificar a grupos diversos, mientras que también puede engendrar construcciones sociales innovadoras que pueden funcionar como enfoques de controversia y crecimiento. La evidencia de la participación activa del pueblo Wakeño y su respuesta a través de ese periodo puede entonces representar lo que algunos llamarían la adaptación.

Sin embargo, las incertidumbres sobre cómo los Mayas que no pertenecieron a la élite y que habitaron las ciudades más grandes como Waka’ respondieron a los efectos de una caída política y económica, son frecuentemente subsumidas por discusiones importantes sobre el colapso en el área Maya. En otros términos, estas mismas micro-adaptaciones se pasan por alto a favor del tema más general del colapso del estado. Así entonces, mientras las estrategias de adaptación y transición con continuidad pueden ser dirigidas en centros más pequeños donde tales procesos se pueden apreciar a una escala relativamente más grande, las mismas estrategias empleadas por gente de los centros más extensos se pueden perder en la contienda.

CONSIDERACIONES E INTERPRETACIONES: EXPLORANDO ANALOGÍAS ETNOARQUEOLÓGICAS

Es probable que la caída de la autoridad de la corte real afectara mayormente a los miembros de la realeza y la nobleza. Teniendo esto en mente, la predominancia de artefactos domésticos y comunes en los depósitos asociados a M13-1 proveen pistas tentadoras con respecto a las consecuencias del colapso socio-económico resultante de la caída de la corte. Una pregunta emergente se relaciona con la identidad socio-económica de los que llevaron a cabo estas ceremonias en esta estructura, y si representan a la gente común o si pertenecen a la élite desposeída de bienes suntuosos para desechar en un contexto de ritual votivo. O bien, posiblemente no sea la pregunta correcta. Mientras que los arqueólogos intentan categorizar objetos (según su contexto), distinguiendo entre materiales de la élite o de la esfera común, y/o entre materiales de uso ceremonial y materiales de uso cotidiano y doméstico, lo que se sabe del uso ceremonial de objetos por la gente Maya de hoy se indica que esas distinciones no existen para ellos. Las investigaciones etnoarqueológicas de Linda Brown con informantes Mayas del Altiplano, demuestran que aún los objetos más “ordinarios” pueden ser utilizados en ceremonias y esos objetos se convierten en objetos de sacra y uso divinatorio personal y ritual. Sin embargo, también existe familiarización con los grandes reyes Mayas del periodo Clásico y sus esplendidas demostraciones de riqueza y prosperidad que manifestaba la plenitud agrícola y el bienestar a través de la iconografía, epigrafía, y varios proyectos de construcción y entierros reales. Brown reconoce que los Mayas de la realeza supieron exactamente como manipular y apropiarse de las preciosidades para poder “crear y replicar sanciones supernaturales para sus posiciones privilegiadas” (Brown 2004: 33).

Tomando en cuenta la amplia evidencia de la estratificación social en el periodo Clásico a través de las demostraciones de la riqueza en Waka’, se podría suponer que aún en un periodo de escasas preciosidades en circulación, ciertos patrones de su acumulación y deposición podrían haberse llevado a cabo si el motivo fuera enfatizar el estatus y poder de una persona. De hecho, en los depósitos de la superestructura M13-1, se pueden apreciar algunas adherencias a ciertos patrones en la dedicación ritual y mortuoria (véase la Figura 2 por las ubicaciones de la cabeza de estuco y la vasija Chablekal Gris Fino). En particular, los Entierros 36 y 29 (las Figuras 3a y 3b respectivamente) muestran el oportuno uso de espacios arquitectónicos para enterrar a estos individuos y, en el caso del Entierro 36, crear la ilusión de una tumba abovedada sin tener que construirla. Cada uno de estos individuos fue enterrado en una posición supina y extendida con los antebrazos descansando sobre el área de la ingle. Además, ambos individuos contaron con vasijas de cerámica (o en el caso del Entierro 36, fragmentos de una vasija parcial) colocadas encima o cerca del cráneo. En ambos instantes, aunque se puede apreciar la conservación de escasos recursos evidenciado por la oportuna re-utilización de un espacio construido existente, los patrones familiares del enterramiento se ven cumplidos en la colocación de los individuos: 1) en locales que imitan cámaras construidas con bóveda 2) en posiciones extendidas y supinas; y 3) con la inclusión de una vasija y/o una vasija parcial (aunque fragmentada) encima o cerca del cráneo del individuo (véase Becker 1992; Welch 1988).

En cambio, los materiales que se ven al nivel de la plaza en la base de la estructura representan una mezcla mas ecléctica de objetos de uso tanto habitacional como ceremonial, de usos más variados (véase la Figura 4), y, cronológicamente hablando, incluye la cerámica más tardía que cualquier otro depósito encima del edificio. Además, cuenta con el máximo número de capas acumuladas de materiales registradas (con un total de siete capas) y el área más extensa (llegando a aproximadamente 30 m2 de espacio horizontal) de cualquier otro depósito (Navarro-Farr 2004, 2005; Navarro-Farr y Arroyave Prera 2006; Navarro-Farr 2009). Si algunos de los depósitos fueran el resultado de actividades de Wakeños que no pertenecen a la clase élite o bien, representan una población más diversa económicamente, se propone que, por su ubicación en frente y en la base de la montaña sagrada de Waka’ y con su acceso abierto, es éste. En el análisis final no se puede reconstruir con exactitud la identidad socio-económica de los que realizaron esta variedad de ceremonias entre los años 700 y 900 DC, pero si se puede decir que esos individuos representan un grupo diverso quienes tuvieron motivaciones distintas y realizaron una variedad de actos ceremoniales. Se propone que los materiales que se encontraron en la base de M13-1 – representan una concentración de diversas ceremonias que nos pueden hablar del poder de la comunidad Wakeña, quienes allí realizaron ciertas manifestaciones y peticiones en tiempos de grandes cambios, y puede ilustrar como utilizaron el ritual para buscar de nuevo el orden y la continuidad. El mismo espacio ya no pertenecía a la corte real y ya no estaba bajo su ámbito, y aun así existe evidencia de la re-utilización ritual del mismo espacio mucho más después de que esta caída gubernamental ocurre. Si esto representa una apropiación por la gente común de Waka’ de un espacio anteriormente bajo el exclusive dominio ceremonial de la corte real, entonces se trata de una reposición dinámica del poder por los mas “ordinarios” de la comunidad Wakeña, quienes están ejerciendo su potencia ritual en un entorno previamente prohibido.

Esto va en contra a los paradigmas interpretativos que distinguen entre los espacios del núcleo y la periferia, y limitan actos ceremoniales realizados por la gente “común” a la zona habitacional que mayormente existe en las afueras y no en los espacios públicos de grandes ceremonias reales. En particular – cuando se distingue tan marcadamente a los espacios entre el núcleo y la zona habitacional de la gente más común – crea la expectación de encontrar agentes de actividades ceremoniales que pertenecen a la clase no élite solamente en los contextos domésticos en la periferia, mientras que los rituales de la élite se pueden ver manifestados en el centro, sea en contextos públicos o privados/domésticos. Lo que se ve, entonces, son actos rituales de diversos sentidos y realizados por diversos sectores de la población socio-económica a través de un largo periodo que hablan bastante de los tiempos transicionales en Waka’ después de la caída de la corte real y su red tan centrífuga.

Volviendo a los hallazgos de Linda Brown en su investigación etnoarqueológica sobre los santuarios públicos de hoy, sus conclusiones proveen analogías importantes para la interactuación ritual de los adoratorios utilizados por los antiguos Mayas como en el caso de M13-1. Ella ha documentado que chamanes Mayas de hoy colectan y guardan objetos – en particular los que pertenecían a los Mayas antiguos, como talismanes y objetos de poder (Brown 2000). Ella nota que estos objetos sagrados muchas veces sirvieron como instrumentos de poder divinatorio. Brown menciona varios ejemplos de los materiales de origen precolombino que son recolectados por los chamanes – incluyendo: malacates, fragmentos de cerámica, lascas de pedernal y obsidiana, herramientas trabajadas, ocarinas de cerámica, y fragmentos de figurillas, entre otros. Lo más interesante es que muchos de los mismos objetos están bien representados en los depósitos de M13-1, particularmente en el de la base de la estructura (véase la Tabla 3). Su colocación deliberada en el contexto de un santuario demuestra su poder y es una indicación directa de que su uso final fue uno de significado ceremonial. En una publicación subsecuente, Brown aclaró, “La tecnológica ritual no siempre está compuesta por objetos especializados como las plumas del quetzal, los mascarones de jade, o las vasijas policromas bien elaboradas, pero pueden consistir principalmente de bienes de uso ‘domestico’ que se identifican como objetos rituales solamente porque tienen historias únicas. Parece ser el caso en particular en cuanto a las tecnologías rituales utilizadas por los individuos que no pertenecían a la elite y entonces tienen un rango más limitado de materiales disponibles” (2004: 53). En otras palabras, la ubicación y el contexto son claves. El depositar un fragmento de una vasija utilitaria al fin de su uso en asociación con un edificio ceremonial cambia la categoría de ese objeto y lo convierte en un símbolo ceremonial y lo hace producto de un ritual.

Siguiendo por esos temas de espacio y de lugar, en su artículo en donde se habla de la interactuación con espacios sagrados y adoratorios contemporáneos en el sitio llamado La Montaña del Duende, Brown nota un patrón de uso consistente a través de varios sitios sagrados. Específicamente, los espacios de más alta elevación del adoratorio tienen la tendencia de “atraer cosas deseadas a una persona” (p. 32) mientras que los niveles de menor altura son más apropiados por la conducta de la ceremonia del “mal entierro” que son para causar la muerte en el enemigo de uno. Brown explica que el cuerpo humano es la metáfora para el simbolismo espacial. Esta forma de orientar el espacio y decidir entonces por dónde se realizan las ceremonias blancas o negras, se informa como los practicantes de rituales perciben el espacio y como afecta el modo y el intento de su interacción con los diferentes aspectos topográficos del espacio simbólico del adoratorio. Esto, entonces, determina dónde se depositan ciertos artefactos. Con hablar de eso, la intención de este artículo no es argumentar por la continuidad exacta de los sentidos y las razones para las ceremonias realizadas en M13-1 con base en lo que encontró Brown. Sin embargo, se quiere argumentar que el simbolismo espacial jugó un papel importante en el pasado, tal como en el presente. Se cree posible suponer eso basado en las distinciones espaciales que se ve en los rituales previamente mencionados que se realizaron en M13-1, tanto encima de ella como en su base. Parece claro que, independientemente del sentido émico que tuvieron los Wakeños sobre el simbolismo espacial y cómo lo mismo podría haber informado su interacción con el edificio, la dedicación continua hacia un paisaje simbólico siguió siendo un factor principal en su decisión de interactuar con el edificio que probablemente fue la montaña sagrada principal de Waka’ y que fue recordada así.

CONCLUSIONES

Estos ejemplos provenientes de la analogía etnoarqueológica proveen alternativas provocantes para el entendimiento de estas actividades realizadas en la Estructura M13-1. Se lleva la discusión más allá de las categorías impuestas por los investigadores y se habla de una variedad más dinámica de acciones con una multitud de participantes rituales quienes, según la variedad de materiales encontrados, probablemente representan una población bastante diversa de antiguos Wakeños. Esto, entonces, provee puntos de referencia importantes para el entendimiento de la información recuperada de otros contextos parecidos para crear una Arqueología de interacción con adoratorios antiguos en Mesoamérica. Así mismo, posibilita mejorar el entendimiento del papel que jugaron los procesos rituales en el “colapso” de las cortes reales en las Tierras Bajas del Sur y como también los pueblos Mayas se adaptaron y transformaron durante ese periodo.

AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer al Departamento de Antropología de la Universidad de Nuevo México (UNM), Dr. Keith Prufer, Dr. Michael Graves, Dra. Frances Hayashida, Dra. Jozi De León, La Oficina de Igualdad e Inclusión de la UNM, la Oficina del Decano de la Universidad y al Dr. Felipe Gonzales. También quiero agradecer a la colaboración de Keith Eppich, Jennifer Piehl, Ana Lucía Arroyave Prera, Dr. David Freidel, Dr. Héctor Escobedo, Álvaro Arroyave Cabrera, Mary Jane Acuña, y Michelle Rich. Quiero agradecer los comentarios de Dra. Laura Kosakowsky, Dr. Takeshi Inomata y Dra. Patricia McAnany. Cualquier error es la responsabilidad de la autora.

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1988        An Analysis of Classic Lowland Maya Burials. BAR International Series 409, Oxford, England.

NOTA DE EDICIÓN:  La calidad de las ilustraciones, es debido a que el autor no respetó los lineamientos requeridos.

Figura1.  Epicentro Mapeado de El Perú-Waka’ con Estructuras Principales y Grupos, incluyendo el Grupo Mirador.

Figura 2.  Planta de la Estructura M13-1 con unidades, arquitectura, y ubicaciones de los hallazgos arquitectónicos, arqueológicos, y de las muestras radiocarbonos del 2003-2006.

Figura3a.  Planta del Entierro #36 Adentro del Cuarto B Y Materiales del Depósito Asociados.

Figura3b.  Planta del  Entierro #29.

Figura 4.  Una Muestra de Hallazgos Especiales Encontrados en Varias Unidades del Depósito Excavado a la base de la Estructura M13-1 al nivel de la Plaza 2.

Numero de Muestra.

Procedencia

Descripción del Contexto

1 Sigma

(68% Prob.)

2 Sigma

(95% Prob.)

254436

WK01E-70-3-361

La parte Central de la Terraza Norte. Adentro del Cuarto “B”: Bu. #36

880-980 DC

780-1000 DC

254437

WK01F-52-4-263

Deposito al Este de la Adosada Central: de la Capa 5 del Deposito

980-1030 DC

900-920 DC

&

960-1040 DC

254438

WK01H-72-3-385

Sector Sur de la Superestructura: del Deposito a la base del Muro sur del Templo Central: Bloque: B1 Capa 4

650-670 DC

620 – 690 DC

Tabla 1: Resultados de Las Muestras Radiométricas

Hallazgos Especiales

La Base de la Estructura

Extremo Norte de la Terraza Norte

Cuarto  A

Zona Central de la Terraza Norte

Cuarto B

Al Este del Muro de la Adosada

En la Terraza del Sector Sur

Bifacial de Pedernal

5

0

0

1

0

0

0

Punto Proyectil de Pedernal

31

2

0

1

0

4

2

Piedra de Moler

3

3

1

0

0

2

1

Excéntrica de obsidiana Verde

0

0

0

0

1

0

0

Fragmento de Navaja prismática de Obsidiana

39

17

2

12

16

8

5

Escama de Obsidiana

24

3

4

2

5

0

0

Navaja de Obsidiana

0

1

0

0

0

0

0

Núcleo de Obsidiana

1

1

0

0

1

0

0

Malacate

3

0

0

0

0

1

Concha Nácar (cuenta/lentejuela)

12

0

0

0

3

0

10

concha no-tallada (SP= Spondylus Princeps y SG = Strombus Gigas)

0

0

0

0

0

3 (SG) 1 (SP)

1 (SG)

cuenta de concha

(SP= Spondylus Princeps y SG = Strombus Gigas)

3 (SG)

1 (SG)

0

1 (SP)

0

2 (SG)

2 (SG)

Adorno/Colgante de Concha

1

0

1

1

0

0

6

Conch shell paint pot

0

0

0

0

0

1

0

Concha de Oliva Perforada

4

0

1

0

2

3

8

Concha bivalva de Nácar

0

0

0

0

0

0

1 (perforado)

Fragmento de Figurilla

6

0

0

0

0

3

1

Ocarina

2

0

0

0

0

0

1

Fragmento de Molde de Cerámica

1

0

0

0

0

0

0

Piedra Verde  (poca tallada)

3

0

0

0

0

0

0

Cuenta de Piedra Verde

0

0

0

0

1

0

0

Nódulo de Pirita

2

0

1

0

1

0

0

Pirita Trabajada

0

0

0

0

1

3

0

Estuco Pintado y Modelado (números aproximados)

2

23

1

35

52

0

7

Piedra Alisada

0

1

0

0

0

1

0

Piedra Pómez

1

0

0

0

0

0

0

Espelóteme Perforada

1

0

0

0

0

0

0

Hueso de Animal Trabajado

1 (gancho)

0

0

0

1 (anillo)

0

0

Diente de Animal Perforado (colgante)

3

0

0

0

0

0

0

Tabla 2: Hallazgos Especiales y su Ubicación en la Estructura M13-1

Artefactos Pre-Columbinos

Objetos Sin Modificación

Malacates

Cristales de Cuarzo

Fragmentos de Figurillas

Concreciones

Ocarinas

Piedritas Variadas

Piernas de Vasijas de forma  Mamífera

Conchas Marinas

Tiestos de Cerámica

Navajas Prismáticas de Obsidiana

Macro Navajas de Obsidiana

Navajas Lanceoladas

Cuchillos con Tallo

Puntos de Proyectil

Fragmentos de Raspadores

Núcleos Poliédricos de Obsidiana

Copos y desechos de pedernal/obsidiana

Celtas de piedra pulida

Tabla 3: (Adaptada de la Tabla 3 de Brown (2000).

Objetos reportados en las investigaciones de Brown hallados en los depósitos de la M13-1 aparecen en negrilla.

 

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