Asociación Tikal

061 La Cerámica arqueológica del Grupo de Las Cruces de Palenque, Chiapas – Dulce Góngora Cetina, Martha Cuevas García – Simposio 25, Año 2011

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Góngora Cetina, Dulce y Martha Cuevas García

2012        La Cerámica arqueológica del Grupo de Las Cruces de Palenque, Chiapas. En XXV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2011 (editado por B. Arroyo, L. Paiz, y H. Mejía), pp. 722-739. Ministerio de Cultura y Deportes, Instituto de Antropología e Historia y Asociación Tikal, Guatemala (versión digital).

61

LA CERÁMICA ARQUEOLÓGICA DEL GRUPO DE LAS CRUCES DE PALENQUE, CHIAPAS.

Dulce Góngora Cetina

Martha Cuevas García

PALABRAS CLAVE

Arqueología de Chiapas, Palenque, Grupo de las Cruces, cerámica, incensarios

ABSTRACT

This paper presents recent results from research carried out at the Cross Group in the site of Palenque.  This is a central section of the site and the analysis follows Robert Rands classification.  The ceramic analysis has enlarged the function of some of the buildings that had been previously studied and most of the pottery dates to the Murcielago phase, from AD 700 to 770. However, from the ceramic analysis, one can confirm that the occupation of the Cross Group began during the Early Classic with ritual and mortuary activities.

INTRODUCCIÓN

La ciudad prehispánica de Palenque es una de las más emblemáticas del período Clásico Maya; se erige sobre las primeras estribaciones de la Sierra Norte de Chiapas, y se caracteriza por su refinada arquitectura, la calidad estética de sus esculturas y sus numerosas inscripciones glíficas, cuya lectura e interpretación, junto con las cuantiosas investigaciones llevadas a cabo en el sitio, han permitido establecer y reconstruir momentos y procesos históricos del antiguo señorío. Si bien el asentamiento es reconocido por la elevada calidad y preservación de sus vestigios arquitectónicos y escultóricos, no lo es así por su repertorio cerámico. El cual si bien no puede ser comparado con la exquisitez de los rasgos mencionados anteriormente, es una fuente importante de información porque permite obtener una visión más completa de la sociedad. Esto en parte se debe a que es un material que sufre procesos de transformación a través del tiempo, por lo que puede ser empleado como indicador cronológico y por lo tanto constituye una valiosa herramienta de datación.  En el caso de la cerámica de Palenque y a partir del análisis de sus rasgos diagnósticos, es notorio que su manufactura fue un proceso controlado, probablemente realizado en talleres especializados ubicados fuera del núcleo central del asentamiento.

ESTUDIOS PREVIOS DE LA ALFARERÍA PALENCANA

Las primeras investigaciones sobre la cerámica de Palenque fueron realizadas por Robert Rands, y destacan por su carácter multi-modal. Los atributos que consideró dicho autor para medir el paso del tiempo a través de la cerámica fueron la textura, la composición petrográfica y/o química de las pastas, los cambios sutiles que ocurrieron en las formas de las vasijas y los patrones empleados en la decoración, siendo estos últimos dos factores los que evolucionan de más manera rápida y variada a través del tiempo (Rands 1967, 1974ª). Al incursionar en el análisis de activación neutrónica (NAA), Rands obtuvo como resultado cuatro grupos composicionales, que a su vez reflejan áreas específicas de producción de los materiales cerámicos al interior de la región de Palenque, como parte de un sistema de intercambio y tributación (Rands y Bishop 1980).

A partir de sus resultados, Rands establece marcos temporales para el desarrollo histórico-cultural del sitio en base a ocho fases cerámicas:

RANGOS TEMPORALES

PERÍODOS CRONOLÓGICOS

FASES CERÁMICAS

850 d.C. en adelante

Clásico Terminal-Posclásico temprano

Huipale

770-850 d.C.

Clásico Tardío

Balunte

700-770 d.C.

Murciélagos

600-700 d.C.

Otulum

450-500/600 d.C.

Clásico Temprano

Cascadas

300/350-450 d.C.

Motiepa

200 d.C-300 d.C.

Picota

Antes de 100 d.C.

Preclásico Tardío

Prepicota

Interpretación de la secuencia cerámica propuesta por Rands (1985).

Tiempo después de los estudios iniciados por Rands, otros investigadores han realizado estudios sobre la alfarería palencana. Roberto López Bravo llevó a cabo análisis cerámicos con base al sistema tipo-variedad. Esto le fue posible debido a que sus materiales presentaron un mayor grado de conservación en engobes, colores de superficie y decoración, que le permitieron lograr una nueva aproximación a la cerámica (López 2005). Propuso grupos, tipos y variedades al interior de los complejos descritos por Rands y la comparación de estos con las secuencias cerámicas establecidas en sitios como Yaxchilán y Toniná (López 2005).

Posteriormente, la arqueóloga Elena San Román, retomando las metodologías propuestas por Robert Rands y Roberto López Bravo, continúa con el análisis de la cerámica palencana, con el objetivo de establecer un lenguaje común que permitiera realizar comparaciones con alfarerías de otros sitios del área Maya. San Román propone un sistema de clasificación que incluye al sistema tipo-variedad, el análisis de las formas a lo largo del tiempo y por último el análisis de pastas. Sin embargo, y a pesar de los diversos intentos por resolver la problemática de la clasificación de la alfarería palencana, aún no se ha llegado a establecer ningún acuerdo entre los investigadores acerca de cuál sería el sistema adecuado para realizar esta labor. De manera que, al abordar los análisis cerámicos con sistemas de clasificación diferentes, resulta complicada la homogenización de los datos obtenidos, lo que dificulta obtener un mayor entendimiento de los aspectos de índole cronológica en el sitio y la región.

LA CERÁMICA DEL GRUPO DE LA CRUCES: ANÁLISIS

Los materiales analizados provienen del Grupo de las Cruces, el cual forma parte del núcleo central del asentamiento, se ubica al suroeste del Palacio y del Templo de las Inscripciones. Los edificios principales de este conjunto son los templos de la Cruz, la Cruz Foliada y del Sol.  El análisis cerámico se enfocó básicamente en aspectos cronológicos. El objetivo principal fue determinar la temporalidad de la alfarería analizada y para lograrlo, se emplearon como referencia los trabajos mencionados anteriormente (Rands 1974a, 1974b, 1977, 1985; López 2005; López et al. 2003, 2004; San Román 2005), omitiendo lo referente al sistema tipo-variedad, y basándose primordialmente en la determinación de formas por fases cerámicas previamente establecidas por Robert Rands, y en la descripción de pastas vistas macroscópicamente, para posteriormente asociar las formas diagnósticas con pastas determinadas y de esta manera poder establecer la temporalidad de los fragmentos que carecían de forma diagnóstica, debido a que fue posible distinguir pastas y formas relacionadas durante un marco cronológico definido. No se partió de la creación de un nuevo sistema, sino que se retomaron los datos que se consideraron relevantes de las investigaciones mencionadas anteriormente, con la finalidad de lograr el objetivo en un tiempo corto y con resultados cronológicos confiables.

En lo que respecta a los marcos temporales, se retomaron los propuestos por Robert Rands, modificando sólo lo relacionado al periodo Clásico Temprano. Rands divide este período en las fases Picota y Motiepa, y anteriormente consideraba a la fase Cascadas como el Clásico Medio. En lo que concierne a la fase Picota esta corresponde al Protoclásico, Motiepa al Clásico Temprano y Cascadas como se mencionó al Clásico Medio. Para efectos de presente análisis no se consideró que existan evidencias suficientes para asignarle a las fases Picota y Cascadas marcos cronológicos específicos que puedan ser datados satisfactoriamente, más bien se consideró que en ambos casos los rasgos que definen ambas fases (Picota con soportes globulares, de botón, técnica resistente, formas del Clásico Temprano con engobes cerosos y Cascadas con bases anulares, soportes almenados, tapas almenadas etc.,) se refieren más bien a modas cerámicas que se difunden a lo largo de toda la zona Maya, y que sólo han podido definirse satisfactoriamente en algunos asentamientos, como ocurre en la región de Belice para el Protoclásico (Brady et al. 1998). Por lo tanto, se decidió englobar en el período Clásico Temprano las tres fases mencionadas (Picota-Motiepa-Cascadas) abarcando del 200 d.C. al 600 d.C. Solo se emplearon los términos Picota y Cascadas cuando existió la evidencia de rasgos diagnósticos para enfatizar la moda cerámica mencionada. En el Clásico Tardío y las fases Otulúm, Murciélagos y Balunté no se empleó la subdivisión de facetas tempranas o tardías, debido a que no se encontraron materiales diagnósticos para llevarlo a cabo, además de que se considera que si bien ya son marcos temporales cortos (de 70 a 100 años), reducirlos aún más en sus fechas resulta complicado y precipitado con un repertorio cerámico pequeño como el analizado en el presente estudio.

El Clásico Terminal y la fase Huipale se conservó de la misma manera establecida por Rands y en lo que respecta a la fase Prepicota se consideró la parte tardía del período Preclásico llegando hasta el 100 d.C. e iniciando máximo hacia el 200-100 a.C. A pesar de que una de las características distintivas de la cerámica palencana es el alto grado de erosión que presenta; una buena parte de los materiales analizados del Grupo de las Cruces mostraron condiciones óptimas para su análisis, como son los fragmentos diagnósticos de vasijas (bordes, soportes, bases y fondos), y acabados de superficie conservados, (sobre todo en lo que respecta a los períodos Preclásico y Clásico Temprano) los cuales pudieron ser referenciados a través del sistema tipo-variedad, permitiendo así asignarles un fechamiento más adecuado.

El trabajo que presentamos constituye el primer estudio de la cerámica de los templos de las Cruces. Los resultados obtenidos provienen del análisis y clasificación de 40 vasijas que proceden de ofrendas constructivas y entierros, además de un total de 4070 tiestos, los cuales presentan la siguiente distribución: 1364 fragmentos corresponden al Templo de la Cruz, 916 al Templo de la Cruz Foliada y 1790 fragmentos al Templo del Sol (Figuras 1 y 2). El material analizado proviene de tres tipos de contextos arqueológicos claramente identificados:

1) ofrendas colocadas bajos los pisos de los templos superiores (ofrendas votivas).

2) cerámica de los rellenos constructivos y vasijas asociadas al depósito de incensarios en los basamentos escalonados.

3) ofrendas funerarias de las tumbas de los templos de la Cruz y de la Cruz Foliada.

OFRENDAS EN LOS TEMPLOS SUPERIORES

A lo largo de las excavaciones llevadas a cabo en los templos de las Cruces, han sido numerosos los hallazgos de ofrendas descubiertas al explorar el interior de los edificios. Desde la época del descubrimiento del sitio, a fines del Siglo XVIII, hasta la actualidad, este grupo de edificios ha atraído la atención de exploradores y académicos, debido a las sobresalientes características arquitectónicas y a los relieves esculpidos al interior de los santuarios y en las jambas de acceso a los mismos. Desde la época colonial se han practicado excavaciones sobre los pisos de los templos con el fin de recuperar materiales que permitan conocer las actividades realizadas en los edificios. En 1942 Miguel Ángel Fernández lleva a cabo excavaciones que lo conducen al hallazgo de numerosas ofrendas, en tanto Alberto Ruz continuó explorando los templos y localizó una mayor cantidad de ofrendas, e incluso en los años 90´s Arnoldo González recupera una más (García Moll 1985: 277-292; Ruz1958: 76, 79, 85-87). La mayoría de las ofrendas están contenidas en cistas de mampostería dentro de las cuáles colocaron contenedores de piedra o vasijas de cerámica al interior de las cuáles se hallaban fósiles marinos, conchas marinas, perlas y huesos de animales. De un total de 26 vasijas reportadas, se localizaron sólo 11, es decir que trabajamos con un 42.3% de la cerámica que proviene de estos contextos.

INCENSARIOS EFIGIE DEPOSITADOS EN LOS BASAMENTOS

Durante las excavaciones realizadas en los basamentos a lo largo de varias temporadas, se han localizado 87 incensarios efigie que constituyen un tipo de contexto singular en Palenque y en el área Maya. En la mayoría de los casos fueron enterrados únicamente los portaincensarios y en menor frecuencia se acompañaban de braseros cónicos. En los depósitos se hallaron también varios objetos como navajillas de obsidiana, huesos de animales y falanges humanas, además de algunas vasijas, que podrían haber constituido una ofrenda colocada al momento de enterrar a los dioses incensarios. Además de los braseros y vasijas asociadas a los incensarios, la cerámica analizada incluye aquella recuperada de los rellenos constructivos que fue localizada en las temporadas de campo a cargo de Arnoldo González Cruz (1991-1993) y Alfonso Morales (1997-1998).

OFRENDAS FUNERARIAS

Dentro de este espacio ceremonial también se halló un conjunto de tumbas. El reporte más antiguo es de Edward Thompson (1895) quien descubre una tumba en el quinto cuerpo del Templo de la Cruz, sobre la fachada sur, donde en años más recientes Arnoldo González localizó otra tumba de cista, en tanto que otras dos más de ese sector se encontraron saqueadas. Sobre la misma fachada sur del Templo de la Cruz y en dirección al este en la intersección con los cuerpos del basamento de la Cruz Foliada, fueron localizadas otras tumbas que hacen un total de 16 (González Cruz, 1993a). En las ofrendas funerarias que contenían estos contextos se localizaron un total de 18 vasijas, las cuales forman parte también de la muestra de estudio.

LA SECUENCIA CERÁMICA DEL GRUPO DE LA CRUCES

FASE CERÁMICA PREPICOTA

La ocupación en Palenque durante el Preclásico Tardío hace referencia a un asentamiento disperso y con ocupación escasa (San Román 2005). Los materiales asociados a este período están presentes en varias partes del centro cívico ceremonial del asentamiento siendo más frecuentes en el sector oeste del sitio. De manera que la cerámica de esta fase, recuperada en el conjunto de las Cruces fortalece esta hipótesis, sugiriendo que durante este período se llevaban a cabo actividades en dicho conjunto desde finales del Preclásico Tardío. La cerámica temprana del Grupo de las Cruces, puede ser ubicada cronológicamente hacia finales del Preclásico Tardío (100-200 d.C.), y presenta rasgos similares a los que exhiben las alfarerías de la esfera cerámica Chicanel que se encuentra ampliamente distribuida en las tierras bajas Mayas (Smith y Gifford 1966). Se caracteriza por la presencia de ollas, cuencos y cajetes de pastas carbonatadas, que en ocasiones presentan, como parte de su decoración, una gruesa capa de engobe pulido de color rojo y acabado ceroso característico del tipo Sierra rojo, así como también la superficie alisada desprovista de engobe, que en algunas ocasiones presenta una decoración a modo de estrías en la parte exterior de las vasijas (Figura 3).

FASE PICOTA-MOTIEPA-CASCADAS

Esta fase cerámica abarca del 200 al 600 d.C., corresponde al período Clásico Temprano. El carácter de esta fase es local, si bien se ha podido detectar en el asentamiento un subcomplejo petenero para este momento, que solo es visible en el Templo del Sol. Durante este momento se considera que los grupos dispersos del asentamiento comienzan a unificarse, siendo esto muy probable por la organización dinástica que empieza a cobrar fuerza paulatinamente, el centro urbano en particular parece que recibió un fuerte impulso (San Román 2005). Las evidencias constructivas de este período son varias, tales como las subestructuras del Palacio, el Grupo Norte, el Templo XVIII-A, y la plataforma central del Grupo IV, materiales perteneciente a este período se recuperaron de los rellenos constructivos del primer basamento del Templo de las Inscripciones, en algunos sectores de los grupos XVI, I y C, el juego de pelota y en una parte del sector oeste del sitio, donde se aprecia un incremento en la densidad poblacional y constructiva así como también una tendencia a adecuar el terreno a las nuevas edificaciones mediante nivelaciones y terrazas (Venegas 2005).

La fase Motiepa es considerada la representante del Clásico Temprano, la alfarería de este momento se caracteriza en su mayoría por cuencos de paredes curvo-convergentes de espesor medio, y en superficie en ocasiones se observó un engobe semipulido de la misma tonalidad de la pasta, o bien de tonalidad bayo o negro, los cuales suelen presentar una decoración a modo de incisiones pre-cocción debajo del labio. Así también, por ollas de paredes gruesas y bordes doblados y engrosados hacia el exterior, de las cuales se asume que los cuerpos son globulares ya que no se encontraron fragmentos de los mismos. En mínimas cantidades se identificaron tiestos que en su superficie presentaron engobes lustrosos en tonos naranjas sobre una base crema, similares a las alfarerías de la vajilla peten lustrosas del Clásico Temprano, del horizonte cerámico Tzacol. Estos materiales exhibieron dos tipos de pastas, una que puede ser considerada “local” y otra que probablemente fue importada de alguna región de Peten (Figura 4).

FASE CERÁMICA OTULÚM

La fase cerámica Otulúm es parte del período Clásico Tardío, enmarca los inicios de este y abarca del 600 al 700 d.C. Es durante esta fase cerámica que es posible distinguir un fuerte regionalismo a nivel de todo el asentamiento. La cerámica de este momento en el Grupo de las Cruces incrementa su frecuencia para llegar a su máxima abundancia en la siguiente fase. Es durante esta fase cerámica que Palenque surge como un centro mayor en la zona Maya (Rands 1977). La cerámica que en un momento anterior se importaba, desaparece y, por primera y única ocasión, la cerámica con engobe naranja y las policromías se producen en el sitio de manera abundante (Rands 1985). El repertorio cerámico de la fase Otulúm del Grupo de las Cruces está constituido en su mayoría por platos y cuencos. Es notable la uniformidad en las pastas. Siendo la que se encuentra mejor representada la de color rojo con desgrasante de arena de cuarzo, y que ocasionalmente presenta óxidos de Fe. La pasta es compacta y el espesor de las paredes de delgado a medio. Las policromías no fueron visibles, pero se considera que se debe a la erosión de la cerámica, ya que las formas en las que se presenta dicha técnica decorativa son frecuentes. Estos son platos de paredes recto-divergentes y bordes extremadamente evertidos hacia el exterior, en donde se plasmaban motivos geométricos acompañados de pintura en tonalidades negras y rojas sobre un engobe base naranja. Estos platos también presentaron en ocasiones engobes pulidos con tonalidades bayo (Figura 5).

FASE CERÁMICA MURCIÉLAGOS

La cerámica de la fase Murciélagos estuvo presente desde el 700 hasta el 770 d.C. es la más abundante en el Grupo de las Cruces, siendo en los Templos de la Cruz y de la Cruz Foliada en donde se recuperaron la mayoría de los fragmentos de esta época. En el asentamiento esta fase cerámica es de corta duración y evidencia cambios internos especialmente por la presencia de policromías importadas. Es también durante esta fase que parte de la cerámica parece ser introducida de zonas fuera del asentamiento, probablemente de regiones hacia el norte o bien de las planicies de Tabasco (Rands 1974b). La cerámica se encuentra mayormente representada por ollas de pastas amarillentas y grises que como desgrasante presentan cuarzo y arena de cuarzo. La superficie se encuentra desprovista de engobe y en ocasiones exhiben una decoración dentada, modelada o aplicada en el labio o incisa en el cuello de estas ollas. Los cuencos y beakers fueron poco frecuentes, en los fragmentos recuperados de rellenos, pero más abundantes en las ofrendas votivas y mortuorias recuperadas en los tres templos (Figura 6 y 7).

FASE CERÁMICA BALUNTÉ

La alfarería correspondiente a esta fase cerámica en su mayoría proviene del Templo del Sol, si bien está presente en los tres tempos que conforman el Grupo de las Cruces, es en el Templo del Sol donde se puede notar una diversidad de formas que nos indican la variabilidad de actividades realizadas, tanto de servicio, elaboración y almacenaje de alimentos. Abarca del 770 al 850 d.C. Rands (1974b) menciona que durante esta fase es notable un declive en las policromías, y que las características generales son la escasa presencia de engobes, el delgado espesor de las paredes, así como el incremento de las pastas finas.

En el muestrario cerámico del Templo de la Cruz se hacen evidentes las características anteriores. La alfarería de pasta fina conocida como Chablekal gris se encuentra presente en frecuencia representativa, sobre todo en formas de cuencos y beakers, algunos fragmentos presentan decoración incisa, incisa-punzonada e incisa y punzonada con pintura negra, y la más frecuente con monocromía gris (Figuras 8 y 9).

DISCUSIÓN

A través del presente análisis de la cerámica que procede de estos edificios, podemos ampliar el conocimiento de las actividades realizadas en estos recintos ceremoniales y comprender mejor la profundidad temporal de las mismas. La secuencia cerámica del Grupo de las Cruces abarca desde el Preclásico Tardío hasta el Clásico Tardío-Terminal (100 a.C-850 d.C.). Los materiales más abundantes corresponden a la fase Murciélagos, seguidas de las cerámicas de las fases Otulúm, Motiepa, y Balunte sucesivamente. La cerámica más abundante recuperada del relleno de los basamentos es la de la fase Murciélagos, siendo esto en los templos de la Cruz y de la Cruz Foliada.

Las ofrendas del Templo de la Cruz inician durante las fases cerámicas Otulum y Murciélagos y se prolongan hasta la fase Balunte. Las de carácter funerario son 10, 7 pertenecen a la fase Murciélagos y 3 a la fase Otulum. En tanto que las ofrendas votivas de este templo corresponden únicamente a la fase Balunte. Por su parte, en el Templo de la Cruz Foliada es en donde se hallaron las ofrendas mortuorias más tempranas, un ejemplar corresponde a la fase Motiepa, tres a la fase Otulúm, y solamente una vasija pertenece a la fase Murciélagos-Balunté. En tanto que las ofrendas votivas de este templo pueden fecharse claramente durante la fase Murciélagos. En el Templo del Sol la mayoría de los tiestos cerámicos que provienen del relleno del basamento pertenecen a la fase Balunté. En este edificio se encontró el menor número de ofrendas, las cuales son únicamente de carácter votivo, y corresponden a la misma fase que la cerámica recuperada del basamento.

Además de lo anterior, es importante destacar la marcada presencia de la cerámica Prepicota en el relleno de los basamentos de los tres templos, siendo más abundante en el Templo de la Cruz, así como también los materiales Clásico Temprano en este mismo templo y en el Templo del Sol. El hecho de que estas alfarerías sean recurrentes en los tres templos, nos permiten sugerir que las diversas actividades realizadas en el conjunto arquitectónico iniciaron durante el Clásico Temprano, para continuar con más intensidad durante las fases siguientes (Otulúm-Murciélagos-Balunté), como lo indican las ofrendas tanto votivas como mortuorias.

A partir de los análisis de cada contexto se lograron establecer diferentes temporalidades que indican que las diversas actividades realizadas en el Grupo de las Cruces se llevaron a cabo en momentos diferentes. Siendo así que los enterramientos humanos pudieron comenzar desde la fase Motiepa extendiéndose hasta la fase Balunté, y tanto el enterramiento de incensarios efigie junto con actividades constructivas se dio durante un lapso de tiempo mayor que abarcó desde las fases Prepicota hasta Balunte. Mientras que el hecho de que la alfarería de los templos superiores sea la más tardía perteneciente a las fases Murciélagos-Balunté, puede deberse a las probables remodelaciones de los edificios durante el Clásico Tardío.

En conjunto, los datos obtenidos permiten inferir que el funcionamiento del grupo de las Cruces inició desde el Clásico Temprano, con actividades tanto de índole mortuoria como ritual (enterramiento de incensarios efigie). En el Clásico Temprano debieron iniciar las actividades rituales dedicadas a la veneración de las deidades tutelares de la ciudad. Es factible que hayan existido versiones más tempranas de los templos superiores, que a la usanza palencana debieron demoler para construir los nuevos edificios que se encuentran hoy expuestos. Las subestructuras (pisos y basamento) detectadas al sondear el interior de los templos de la Cruz Foliada y del Sol, indican que al igual que otros templos como el XX, La Calavera, el Templo V del Grupo Norte y el de la Reina Roja, se llevaron a cabo procesos de remodelación de los templos superiores que implicaron la total demolición de los edificios más antiguos (Ruz, 1958; Tovalín y Ceja, 1997; Fernández Martínez, 1994; Balcells, 2007; Acosta, 1976). Debido a lo anterior, podemos considerar que las ofrendas votivas detectadas en los templos de las Cruces, que son de la fase Balunté, corresponden únicamente a las actividades desarrolladas durante el uso del templo de la última etapa constructiva. En tanto que probables depósitos de tiempos más tempranos pudieran estar enterrados en los templos más antiguos de los cuales se ha recuperado muy poca información.

En el caso de los materiales que provienen del basamento, los análisis indican que existe correspondencia entre la cronología de los rellenos constructivos, la de los incensarios efigie y las vasijas y braseros asociados a los últimos. La principal actividad identificada en los basamentos consistió en el entierro de los incensarios efigie, que está atestiguada por los 101 objetos descubiertos a la fecha, junto con los braseros y vasijas asociadas a tales depósitos. Las variantes en pastas, acabados, técnicas de manufactura e iconografía, sustentan la seriación de la colección donde se contempla una cronología desde Motiepa a Balunté. Acorde a dicha propuesta, el análisis de la cerámica que proviene de los rellenos constructivos y de las vasijas localizadas junto a los incensarios, permiten corroborar el uso de los basamentos a lo largo de ese lapso que cubre alrededor de cuatro siglos y medio. Aunado a lo anterior, en la actualidad podemos reconocer la importancia de otras actividades efectuadas en este conjunto. Nos referimos a la presencia de 16 tumbas descubiertas en los basamentos de los templos de la Cruz y Cruz Foliada, las que se dispusieron en el quinto cuerpo de la Cruz sobre la fachada principal del edificio que mira al sur, donde construyeron cámaras abovedadas y cistas. Además, existen otras tumbas más en los cuerpos escalonados en la unión con la Cruz Foliada. El análisis cerámico indica que las actividades funerarias en el Grupo de las Cruces se llevaron a cabo desde el Clásico Temprano, la cerámica de las ofrendas está asociada a los complejos Motiepa, Otulúm, Murciélagos y Balunté. Por consiguiente, el panorama actual del Grupo de las Cruces indica que las actividades, no fueron inauguradas por Kan B’ahlam en el 692 sino que el recinto ceremonial más importante de la ciudad estaba en funciones al menos desde el Clásico Temprano.

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Figura 1. Gráfico de distribución de los Templos de la Cruz, Cruz Foliada y del Sol.

Figura 2. Distribución de los materiales por edificio y fase cerámica.

Figura 3. Fase cerámica Prepicota. a) Cajete sin engobe. b) Olla sin engobe. c) Cuenco sin engobe. d) Vasija cilíndrica con engobe rojo ceroso. e) Cajete sin engobe. f) Tecomate con engobe rojo ceroso.

Figura 4. Fase cerámica Picota-Motiepa-Cascadas. a) Cuenco con engobe negro e inciso. b) Olla sin engobe. c) Cuenco con engobe bayo pulido. d) Base anular de cuenco con engobe bayo pulido. e) Cajete con engobe naranja lustroso y decoración negativa. f) Platón sin engobe. g) Olla sin engobe. h) Vasija cilíndrica con engobe naranja lustroso. i) Cajete con decoración acanalada y engobe lustroso.

Figura 5. Fase cerámica Otulúm. a-d) Platos sin engobe de barro rojizo. e) Cajete con decoración incisa y engobe café pulido. f) Plato de barro rojizo con restos de decoración polícroma. g) cajete trípode con engobe café pulido. h) Cajete con decoración acanalada y engobe crema-bayo.

Figura 6. Fase cerámica Murciélagos. a-e) Ollas sin engobe.

Figura 7. Fase cerámica Murciélagos. a) Cajete con decoración incisa y engobe café-rojizo. b) Vaso con baño de engobe bayo pulido. c) Beaker de barro “bayo fino” con decoración acanalada y engobe café pulido. e) Beaker “bayo fino” con decoración inciso-estampada y engobe gris-negro. f) Vaso con engobe crema-blanco y decoración al negativo. g) cajete con engobe crema-blanco con decoración al negativo. h) Vaso con baño de engobe bayo pulido.

Figura 8. Fase cerámica Balunté. a-b) Ollas sin engobe. c,e,i) Cazuelas sin engobe. d) Vaso “anaranjada fino” con decoración inciso-punzada. f) Plato trípode sin engobe. g) Tecomate sin engobe. h) Vasija miniatura con decoración pintada “anaranjada fino”.

Figura 9. Fase cerámica Balunté. a) Cajete de barro gris fino con pintura negra y decoración incisa. b) Cajete de barro gris fino con baño de engobe gris. c) Cajete trípode con decoración incisa con engobe bayo pulido. d) Beaker de barro gris fino con engobe negro. e) olla de silueta compuesta con engobe naranja pulido. f-g) vasijas de silueta compuesta con tapa con engobe naranja.

Figura 10. a-b, e-g) Braceros. c,d,h) Tapas de braceros.

 

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