Asociación Tikal

048 15 años de investigaciones arqueológicas en Amatitlán – Edgar H. Carpio Rezzio – Simposio 25, Año 2011

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Carpio Rezzio, Edgar H.

2012        15 años de investigaciones arqueológicas en Amatitlán. En XXV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2011 (editado por B. Arroyo, L. Paiz, y H. Mejía), pp. 550-579. Ministerio de Cultura y Deportes, Instituto de Antropología e Historia y Asociación Tikal, Guatemala (versión digital).

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15 AÑOS DE INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN AMATITLÁN

Edgar H. Carpio Rezzio

PALABRAS CLAVE

Altiplano, Amatitlán, maqueta, petrograbado, pintura rupestre

ABSTRACT

This paper is an overview of the archaeology of Amatitlan in the last 15 years, focusing on the research made at Mejicanos, one of the most interesting sites in the area because of its link with the dynamics of the Early Classic period in the Valley of Guatemala. The ceramics, lithics, architecture and sculpture are also discussed. One of the most interesting features of the archaeology of Amatitlan is the presence of rock art through engravings and rock paintings, one of the few examples found in the country.

ANTECEDENTES

El antecedente más temprano acerca de vestigios arqueológicos en Amatitlán es aportado por Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán en su Recordación Florida, escrita en 1697. En ella se menciona el sitio Tzacualpa en las cercanías del Lago de Amatitlán y elabora un mapa de la población de Amatitlán en el que se puede apreciar la ubicación de lo él que denomina las “ruinas de Tzacualpa”, las que se encuentran entre el poblado de Pampichí y el poblado actual de Amatitlán (Figura 1). Existe una pendiente muy pronunciada en la carretera que circunda el lago y la cual se conoce en la tradición oral con el nombre de “la cuesta de Zacualpa”, situada exactamente donde se encuentra el sitio Mejicanos, por lo que se refuerza también nuestra propuesta de que este sea el sitio referido por Fuentes y Guzmán.

El célebre arqueólogo Edward Seler, hace mención de algunos lugares arqueológicos en los alrededores del Lago de Amatitlán y de artefactos muy parecidos a los del Altiplano Central de México, concretamente de Teotihuacán (citados por Borhegyi 1959). Posteriormente a comienzos de los años cuarenta, el arqueólogo Edwin Shook, llevó a cabo un inventario de sitios arqueológicos en el Altiplano de Guatemala, reportando la presencia de al menos tres asentamientos importantes siendo estos: Amatitlán, Mejicanos y Contreras, los tres en la ribera sur del lago. Shook ofrece descripciones de los sitios, su material cerámico y proporciona croquis de su ubicación, estructuras y estado de las mismas (Shook 1957).

En el diario de Campo No. 282 de Edwin Shook encontramos en la página 7 la descripción del sitio Mejicanos del año 1943: “4 kilómetros al sureste de Amatitlán, en la margen meridional del lago del mismo nombre. El sitio arqueológico ocupa un pequeño portezuelo situado un tanto más arriba que el nivel del lago, y rodeado por sus tres lados por montañas empinadas. Las estructuras antiguas han sido casi borradas por los cultivos, y por el empleo de sus materiales de relleno en la construcción de caminos. Se distinguen los vestigios de cuatro montículos, siendo paralelos los dos que quedan al norte.”

Shook realizó un croquis de los montículos descritos que él consideró como todo el sitio Mejicanos. Sin embargo ahora sabemos que solamente describió los montículos de la parte baja que se encuentran a nivel de la carretera y de la bahía. Incluso olvidó mencionar un montículo acondicionado en la falda del cerro. Este también fue recortado por la carretera y en la cima del mismo es posible todavía localizar numerosos fragmentos de cerámica y lítica. El dato sobre la cerámica correspondiente al Clásico Temprano resulta muy interesante y ha sido apuntalado por posteriores investigaciones.

Alrededor de los años cincuentas dio inicio el hallazgo de numerosas vasijas cerámicas procedentes del fondo del lago. Arqueólogos como Stephan Borhegyi apoyados por personas

entusiastas como el Dr. Guillermo Mata Amado, realizaron exploraciones de buceo en diferentes puntos del lago con el fin de establecer la cantidad de artefactos bajo las aguas y tratar de recuperarlos. Como producto de aquellas exploraciones, valiosos incensarios tipo Reloj de Arena y otras piezas que incluían diseños teotihuacanos, fueron llevados a la superficie. Dichos objetos de pueden apreciar tanto en el Museo Nacional de Arqueología y Etnología como en el Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín.

Stephan Borhegyi fue el primero en llevar a cabo investigaciones y excavaciones sistemáticas en los sitios de Amatitlán a finales de la década de 1950. En el artículo titulado Underwater Archaeology in the Maya Highland (1959) Borhegyi menciona lo siguiente con respecto al sitio Mejicanos: “Sitio C (Mejicanos) consiste en cuatro montículos, a nivel del lago o un poco arriba del mismo. El sitio ocupa un pequeño valle interior rodeado en tres lados por escarpadas montañas que todavía muestran evidencias de terrazas agrícolas prehispánicas”. En el mismo artículo se menciona a los sitios Jicaques y Kroner, que consideramos forman parte del mismo Mejicanos (Fig.3): “Otros dos sitios, Contreras Alto (sitio D1) y Los Jicaques (sitio D2), fueron descubiertos en las laderas unos 500 pies más alto que el sitio B (Contreras). Ambos sitios debieron ser muy extensos, cada uno con 10 o 15 largos montículos hechos con bloques de piedra bien cortados. Aunque la mayoría de la cerámica recolectada de los dos sitios fecha para el período Preclásico Tardío y para el Clásico, se encontró suficiente cerámica del período Postclásico que indica la posibilidad de que esta área se encontraba todavía habitada en la época de la conquista española en 1524.”.

La información proporcionada por Borhegyi ha sido de mucha utilidad en investigaciones posteriores para ubicar los vestigios y para tener datos acerca de las características de los materiales. El tuvo una visión general de lo que ocurría en Amatitlán durante la época prehispánica. En cuanto a los hallazgos en el lago, el doctor Guillermo Mata ha publicado varios artículos acerca de los materiales arqueológicos, principalmente su cerámica.

Un hallazgo sumamente importante ocurrió a finales de la década de 1970, al detectarse una pintura rupestre en una saliente rocosa al sureste del municipio, concretamente en la aldea Llano de Animas, la cual ha sido considerada de características olmecoides. El pictograma denominado El Diablo Rojo, fue reportado por Erick Hartleben, quien condujo al Dr. Shook al lugar para efectuar el registro arqueológico de la pintura. Posteriormente Gary Rex Walters y Sergio Ericastilla, realizaron un calco de la misma a mediados de los años ochenta (Ericastilla 1998). La pintura fue fechada en el año 2002 por el Dr. Marvin Rowe, a solicitud del Grupo Guatemalteco de Arte Rupestre, resultando en una fecha de 1,100 AC, dentro de la época de Los Olmecas.

Por otro lado, en investigaciones a nivel regional llevadas a cabo en los años cincuenta y principios de los sesenta, se destacó la importancia de los sitios de Amatitlán, particularmente Mejicanos, por la evidencia material que éste incluía, entre la que se cuenta numerosos artefactos de estilo similar a los del Altiplano Central mexicano. Al mismo tiempo poseen importancia por tratarse de lugares estratégicos para el intercambio en épocas prehispánicas entre las tierras altas con entidades como Kaminaljuyu y los grandes centros de la Costa del Pacífico.

El Proyecto de Reconocimiento de sitios en Amatitlán

En 1996, dio inicio una investigación arqueológica en Amatitlán con el fin de establecer cómo se encontraban los sitios arqueológicos reportados entre los años 40 y 60. Esto nos condujo a efectuar un reconocimiento sistemático de los sitios conocidos, evaluando su estado de conservación y condiciones de acceso. El respaldo académico de tales investigaciones corrió a cargo del Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas de la Escuela de Historia de la USAC (Carpio 1997).

El recorrido se inició en los sitios denominados Amatitlán y Contreras, respectivamente. Ambos asentamientos pudieron ser visitados sin ningún contratiempo. El primero se ubica sobre una pequeña colina que domina el entorno y al mismo tiempo cercano al comienzo del desague natural del lago de Amatitlán, es decir el río Michatoya. Con el croquis de Shook en mano, fuimos redescubriendo varios

montículos pero sobre todo gran cantidad de materiales en superficie, entre los que predominaba la cerámica. Lamentablemente de los más de 20 montículos reportados en los años 40, no quedaban más que 8, y en estado no muy apropiado. El terreno se hallaba sembrado de milpa lo que impidió una mejor observación de los rasgos arqueológicos. Posteriormente dirigimos nuestro esfuerzo hacia Contreras, un sitio sumamente accesible que se encuentra en la entrada del denominado IRTRA, un centro recreativo en Amatitlán. Desde la carretera se observaba un montículo bajo pero de gran diámetro. El otro se encontraba cortado por la línea del ferrocarril, y otro pequeño estaba sirviendo de basamento para una vivienda moderna. Aquí efectuamos recolecciones de superficie y un registro de los hallazgos. Luego supimos que el material correspondía al período Preclásico. El montículo más notable se encontraba en buen estado pero el terreno era utilizado para la siembra de grama que luego era vendida. Aquí no fue posible efectuar alguna recolección, pero lo recolectado anteriormente era suficiente para tener una idea de los rasgos del sitio.

En una fecha posterior, visitamos el tercer sitio de los importantes reportados para Amatitlán, en este caso, el sitio Mejicanos. El nombre de este sitio se debe al apellido de los dueños originales de dicho terreno, actualmente el lugar se conoce como Finca La Ceiba. Nuevamente con la ayuda del croquis de Shook del año 1943, localizamos los vestigios consistentes en dos montículos de poca altura, uno de ellos muy deteriorado pues servía de base para una vivienda contemporánea. Los que aparecían en el croquis cercanos a la carretera ya no eran visibles, en tanto que una saliente de tierra de unos tres o cuatro metros de altura, no reportada por Shook, reveló la presencia de abundantes materiales cerámicos en superficie. Con autorización de los vigilantes de aquel entonces, procedimos a recorrer el camino ascendente de la finca hasta llegar a lo que se considera la Acrópolis. Debido a las condiciones del terreno, con milpa y abundante vegetación fue muy difícil determinar las características de las estructuras arquitectónicas pero si observamos saqueo y destrucción, así como algunos rasgos interesantes como los bloques de piedra. La cantidad de materiales en superficie era impresionante y realizamos algunas recolecciones.

Posteriormente visitamos uno de los montículos cercanos a la Acrópolis, donde se encuentra una escultura con la figura de un sapo y también lo que él consideraba una estela lisa. Luego visitamos el Campamento Monte Sión, de la iglesia Presbiteriana. Fue allí que los administrativos del lugar nos mencionaron la presencia de un área denominada “el cementerio maya”, ubicada hacia el oeste del campamento, donde se podían encontrar vestigios arqueológicos. Asimismo nos habló sobre la “piedra del sacrificio” y nos llevó a conocerla. Se trataba de un conjunto rocoso en el que sobresalían dos rocas de grandes dimensiones y cavidades en la parte superior. Aquí nos indicó que ese lugar era conocido también como “Los Volcanes”, pues las cavidades semejaban los cráteres de los volcanes de Pacaya y Agua, observables desde esta posición. También señaló que el conjunto era conocido como la Piedra del Sacrificio pues de acuerdo a una historia que contaban a los asistentes del campamento, ahí se realizó el sacrificio de una princesa maya (sic).

Al observar la roca principal con detenimiento noté la presencia de una figura antropomorfa cuyo rostro se formaba por tres pequeñas depresiones. Este petrograbado llegaría a ser conocido como “El Hombre de Monte Sión”, punto de partida y referencia obligada de la presencia de todo un complejo de arte rupestre en esta parte de Amatitlán.

A partir de este hallazgo que fue ratificado al no encontrarse referencias bibliográficas del mismo, se inició la búsqueda de otros rasgos similares debido a la presencia de numerosos afloramientos rocosos en toda la zona. De esta cuenta volvimos a visitar Mejicanos, y comenzamos a identificar otros petrograbados y elementos rupestres. Esto le dio un giro a la investigación que terminó destacando los hallazgos de arte rupestre. Los resultados de la misma fueron publicados en la revista Estudios del Instituto de Investigaciones de la Escuela de Historia (Carpio op cit).

En 1999, se logró una participación en el Congreso Internacional de Arte Rupestre en la Universidad de Ripon, Wisconsin, Estados Unidos, a lo que se sumó la presentación de las investigaciones sobre pintura rupestre en Chiquimula, con lo que se puso de relieve la importancia del Arte Rupestre en Guatemala, aspecto que hasta ese entonces había estado ensombrecido por los vestigios de las grandes ciudades mayas. Los resultados de los primeros avances de investigación

fueron publicados también por la revista Arqueología, del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (Carpio y Román 2000).

EL PROYECTO MEJICANOS UNIVERSIDAD DEL VALLE 2000

El interés por seguir descubriendo nuevos elementos del arte rupestre de Amatitlán, nos llevó a plantear el Proyecto Arqueológico Mejicanos, Amatitlán, que fue respaldado por el Departamento de Arqueología de la Universidad Del Valle de Guatemala. El proyecto se propuso con fines didácticos para la realización de prácticas de campo. Este se llevó a cabo durante el mes de enero del año 2000 y contó con la participación de los estudiantes de la Universidad de San Carlos y Del Valle. Se tuvo además el apoyo de Alfredo Román, catedrático de dibujo arqueológico de la Universidad del Valle. Durante la corta temporada de campo se realizaron recolecciones de superficie, pequeños levantamientos topográficos y se comenzó un registro más detallado de los petroglifos ya existentes.

Pero lo más importante fue la búsqueda y el hallazgo de nuevos elementos rupestres, que elevaban el potencial del sitio en este rasgo particular. Fue así como se descubrió la maqueta Kroner, y otros petroglifos ubicados en un sector hacia el oeste del campamento Monte Sión. Esto, sumado a los rasgos arquitectónicos dio la pauta para considerar que Mejicanos, Monte Sión, Kroner y Los Jicaques podían ser tomados en cuenta como un solo asentamiento, pues los rasgos culturales eran comunes de acuerdo a lo observado, tanto en arte rupestre como en materiales cerámicos, líticos y arquitectura.

EL PROYECTO MEJICANOS ESCUELA DE HISTORIA

Entre 1996 y el año 2003 se realizaron visitas periódicas al sitio con el afán de continuar documentando los hallazgos, y en cada visita invariablemente encontrábamos nuevos elementos. Para ese entonces ya contábamos con el Coloquio Guatemalteco de Arte Rupestre, en donde dimos a conocer año con año los avances en cuanto al descubrimiento de nuevos aspectos del arte rupestre de Amatitlán. También se logró una participación en el Primer Taller de Arte Rupestre realizado en La Habana, Cuba en el año 2002.

En el año 2004 se realizó una temporada de campo contando con la participación y el apoyo de Estudiantes de Arqueología de la Escuela de Historia, con el aval académico de esta misma institución, con lo que cobró vida el Proyecto Mejicanos que continúa hasta la fecha, entre cuyos objetivos se encuentran, proporcionar un espacio para prácticas de campo, establecer los principales aspectos arqueológicos y documentar el Arte Rupestre del sitio. Los alcances de esta temporada fueron notables pues se logró establecer la extensión completa del asentamiento, proponiendo 5 sectores para el mismo: Sector 1, en la Finca La Ceiba; Sector 2, en la finca La Ceiba área este; Sector 3, antiguo asentamiento denominado Los Jicaques; Sector 4 Finca Kroner y; Sector 5 Monte Sión y alrededores. Asimismo se sumaron los hallazgos de nuevos petroglifos y lo más importante: el descubrimiento de otras maquetas y el petrograbado denominado “Caballero Aguila”. A partir de entonces se propuso que en el arte rupestre de Mejicanos, los principales elementos son: petrograbados zoomorfos y antropomorfos; escalinatas; cavidades; maquetas y rostros esquemáticos. Estos rasgos se distribuyen de manera combinada o individual en los cinco sectores que conforman el sitio.

Para finales del año 2006 se llevó a cabo una nueva temporada de campo. Los logros de esta temporada incluyen la localización de nuevas estructuras arquitectónicas y por supuesto más elementos rupestres como petroglifos y maquetas. Un hecho lamentable ocurrió en esta temporada cuando sorprendimos a unos saqueadores destruyendo una estructura en su afán por obtener supuestos tesoros. De esto se dio aviso a las autoridades correspondientes con el propósito de que se implementaran medidas para evitar estas situaciones en el futuro. No obstante cabe señalar que el saqueo en los sitios de Amatitlán ha sido una práctica constante desde mucho tiempo atrás.

Finalmente en el 2007 llevamos a cabo la última temporada de campo en la que pudimos realizar excavaciones de sondeo con fines de datación principalmente. El área escogida fue el Sector 5 en el Campamento Monte Sión y uno de los pozos se ubicó frente al “Hombre de Monte Sión”, con el propósito de asociar este elemento rupestre a los materiales arqueológicos del lugar. La cerámica analizada por la Dra. Marion Hatch y luego por Yenny Gutiérrez con el apoyo del licenciado Donaldo Castillo, puso de manifiesto una ocupación Preclásico Tardío y otra de Clásico Temprano.

El arte rupestre se hizo presente de nuevo al descubrirse un grupo compacto de maquetas y escalinatas al cual pertenecen dos maquetas reportadas en la temporada 2004, el cual se ubica en el Sector 2. Aquí se reportan también otros dos petroglifos con forma de rostro y todo el conjunto está relacionado a una estructura cercana. Otras dos maquetas se ubicaron en las cercanías así como una nueva cavidad.

RESULTADOS DEL PROYECTO

A lo largo de 15 años hemos podido conocer y dar a conocer por medio de numerosos artículos, ponencias e informes, un poco de todo el potencial que ofrece el sitio arqueológico Mejicanos. Sabemos ahora que fue un lugar de culto donde proliferaron altares elaborados a partir de afloramientos rocosos naturales, una tradición que es común en otras regiones de Mesoamérica pero que no se conocía en esta parte del área Maya. Con los hallazgos recientes del sitio Chukmuk, (Chocano y Cuyán 2008), podemos inferir que estos elementos se encuentran distribuidos en las Tierras Altas, por lo que es posible sumar nuevos hallazgos en el futuro cercano. Un logro importante fue el unificar a tres sitios que eran considerados diferentes, como Mejicanos, Jicaques y Contreras Alto (Borhegyi, 1959), en uno solo, pues todos poseen las mismas características arquitectónicas, cerámicas y de arte rupestre.

Por otro lado hemos tenido la oportunidad de refinar la clasificación de los elementos rupestres de Mejicanos y sabemos que estos se pueden presentar en conjunto o de manera individual, siendo los complejos “Hombre de Monte Sión” (Sector 5) y “Conjunto JB” (Sector 2) los más completos, pues se combinan, maquetas, escalinatas, rostros y cavidades. En el plano iconográfico, la representación de templos por medio de maquetas o esquematizaciones como escalinatas, implican un gran simbolismo y la simplificación de los elementos de culto accesibles a los habitantes del sitio en su momento.

CONCLUSIONES

Aunque ahora conocemos mejor la arqueología del Municipio de Amatitlán, consideramos que aún queda mucho por hacer, sobre todo en lo que se refiere a la protección de los pocos sitios que quedan. Sabemos por experiencia propia que el saqueo y el vandalismo están presentes en la zona y que actúan con impunidad pues las condiciones de descuido de los sitios los favorecen. Lo más lamentable a este respecto fue la destrucción de uno de los petrograbados más importantes del sitio, el denominado “Caballero Aguila”, hecho ocurrido hace un año, sin que se sepa quién lo destruyó o porque motivos. La propuesta de un parque rupestre es considerada como una buena posibilidad para salvaguardar estos importantes vestigios. Este año quedó establecida una comisión con el apoyo de la Municipalidad, el IDAEH, el Ministerio Público y los propietarios de los terrenos, con el fin de establecer un plan de protección para el sitio y evitar actos vandálicos y destrucción en el futuro. Este es el primer paso para la protección y valoración de los vestigios arqueológicos con que cuenta Amatitlán.

Debido al rico caudal de arte rupestre de Mejicanos, el proyecto que originalmente fue de reconocimiento regional, se concentró en este sitio particular, por lo que los demás no han sido estudiados aún y existen espacios del municipio de Amatitlán que esperan ser investigados, como el Diablo Rojo, una pintura rupestre y toda el área oeste del municipio.

Con respecto a los vestigios arqueológicos de otras épocas, Amatitlán posee importantes remanente de la época colonial relacionados con el cultivo y procesamiento del azúcar, así como restos de iglesias y otros que deben ser tomados en cuenta ante el avance del urbanismo. Las investigaciones arqueológicas servirían para validar lo que se menciona en las fuentes históricas.

En cuanto a los sitios prehispánicos, nuestra meta a corto plazo es realizar los planos topográficos de cada sitio, en especial Mejicanos, para terminar de conocer su forma y extensión y poder

relacionarlos con los patrones de asentamiento de otros en el Valle de Guatemala. Asimismo consideramos importante ampliar los reconocimientos hacia las partes norte y sur del municipio, lugares poco frecuentados pero en los que se han reportado algunos hallazgos. Esperamos tener la oportunidad de continuar trabajando en este municipio contribuyendo a conocer mejor la historia remota y también más reciente de esta región tan cercana y tan poco conocida.

REFERENCIAS

Borhegyi, Stephan

1959        Uderwater Archaeology in the Maya Highlands. Scientific American 200 (3). United States.

Carpio Rezzio, Edgar

2008        El arte rupestre y las maquetas de piedra del sitio arqueológico Mejicanos, Amatitlan. Revista Arqueología Guatemalteca. Año1. No.1. GMA Pro. Guatemala.

1997        Proyecto de reconocimiento arqueológico en el municipio de Amatitlan. Estudios 3-97. Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas. Escuela de Historia, Universidad de San Carlos de Guatemala.

Carpio Rezzio, Edgar H. y Alfredo Román Morales

2000        El petrograbado de Monte Sión, Amatitlán, Guatemala. Arqueología. No. 24. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México.

Chocano Alfaro, Guillermo y Sergio Cuyán

2008        Elementos naturales adscritos a la práctica médica y la mitología presentes en los petrograbados de Chukmuk, Chutinamit y Cerro de Oro, Santiago Atitlan. IX Coloquio Guatemalteco de Arte Rupestre. Universidad de San Carlos de Guatemala.

NOTA DE EDICIÓN:

Las referencias incluidas en el texto que no aparezcan en la bibliografía no fueron referidas por el autor. Los editores no se hacen responsables de la ausencia de las mismas, ya que los lineamientos de entrega de manuscritos son claros en cómo debe entregarse la bibliografía.

La calidad de las ilustraciones, es debido a que el autor no respetó los lineamientos requeridos.

Figura 1. Plano de Fuentes y Guzmán del siglo XVII donde aparece mencionado el sitio Zacualpa, señalado por la flecha.

 

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