Asociación Tikal

023 La región de Ichkanziho hacia un lustro de investigaciones: Retos y resultados – Luis Pantoja Díaz, Cecilia Medina, Martin Ma. José Gómez Coba, Maribel Gamboa Angulo – Simposio 25, Año 2011

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Pantoja Díaz, Luis, Cecilia Medina Martin, Ma. José Gómez Coba y Maribel Gamboa Angulo

2012        La región de Ichkanziho hacia un lustro de investigaciones: Retos y resultados. En XXV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2011 (editado por B. Arroyo, L. Paiz, y H. Mejía), pp. 262-274. Ministerio de Cultura y Deportes, Instituto de Antropología e Historia y Asociación Tikal, Guatemala (versión digital).

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LA REGIÓN DE ICHKANZIHO HACIA UN LUSTRO DE INVESTIGACIONES: RETOS Y RESULTADOS

Luis Pantoja Díaz

Cecilia Medina Martin

Ma. José Gómez Coba

Maribel Gamboa Angulo

PALABRAS CLAVE

Yucatán, Ichkanziho, Mérida, Preclásico, rescate arqueológico

ABSTRACT

The archaeological explorations in Yucatan, Mexico periphery, have been intensified in last decades due to the city’s expansion. This fact allowed the investigation through archaeological rescues. This work presents the results of six consecutive fieldwork years in the expansion zone of Merida, specifically in northeast and northwest sectors that shows an initial occupation from the Preclassic time.

INTRODUCCIÓN

El trabajo de investigación abarcó la zona periférica de la ciudad de Mérida, localizada en la planicie cárstica del norte de la península de Yucatán. La región de Mérida es descrita en las crónicas y fuentes que narran la importancia de “Noh Cah Ti Hó” que significa “el Gran Pueblo de T’Hó”, lo que posteriormente permitió clasificar esta antigua ciudad como un sitio de Rango I, (Garza y Kurjack 1980) similar en dimensiones y cualidades a asentamientos tan importantes como Chichén Itzá, Uxmal e Izamal, los cuales aún conservan majestuosos vestigios. Las exploraciones arqueológicas realizadas en la periferia de Mérida, capital del estado de Yucatán, se han intensificado en las últimas tres décadas debido a las necesidades de expansión de la ciudad, es por ello que la construcción de zonas habitacionales y complejos urbanísticos ha permitido incrementar los trabajos de Salvamento que permiten la obtención de datos a través de las exploraciones en espacios con vestigios arqueológicos que bordeaban la zona urbana.

Los sitios excavados como parte del Proyecto Arqueológico de Mérida fueron intervenidos desde el 2005, e incluye trabajos de salvamentos principalmente y algunos rescates. Los resultados preliminares obtenidos presentan un panorama general de la conformación de la Región a través de los diferentes periodos ocupacionales. En este trabajo se expone un balance de las investigaciones realizados en la zona conurbana de la ciudad de Mérida, enfocando nuestra atención en el sector noreste y poniente de la ciudad, en los diferentes terrenos correspondientes a las comisarías de Cholul, Chichí Suárez, Sitpach, parte Techoh y Caucel. Estos sitios presentan larga ocupación, en algunos casos desde finales del Preclásico Medio (700 a. C.) hasta asentamientos históricos y modernos.

CARACTERÍSTICAS AMBIENTALES

Es importante hacer referencia de las características ambientales del espacio de estudio ya que los asentamientos prehispánicos fueron estratégicamente ubicados con relación al entorno ecológico y topográfico de la actual área municipal, que se encuentra en la zona fisiográfica conocida como planicie cárstica del norte, en donde el nivel freático es somero y la topografía de la región está caracterizada por variaciones locales en el relieve que no exceden los 10 m con relación a la superficie (Chnaid 1999).  De igual forma, la selva baja caducifolia y la presencia de fuentes naturales de agua, fueron factores determinantes para el asentamiento y desarrollo humano, pues el nivel freático es relativamente accesible a través de pozos naturales, lo que permitió no solo satisfacer sus necesidades primarias, sino también tener un control sobre el vital liquido (Pantoja et al. 2009). Las características antes mencionadas, permitieron el uso y aprovechamiento al máximo del terreno que propició un patrón de asentamiento típico de los sitios Mayas del norte de Yucatán, el cual se discutirá posteriormente.

ANTECEDENTES

Los primeros asentamientos Mayas en el noroeste de Yucatán son fechados para la segunda mitad del Preclásico Medio, es decir, posterior al 700 a. C. Al parecer eligieron el área cercana al extremo noroeste de Ichcanzihó (o T’hó) y hacia la zona de la costa norte entre Chuburná Puerto y Progreso. Robles y Andrews (2003:2) opinan que esto se debió a que existían mejores tierras para áreas de cultivo. Para el periodo Preclásico es posible distinguir en el noroeste de Yucatán sitios que por su extensión y monumentalidad son considerados mayores: Cometa, Tzemé y Chel, e inclusive otros alcanzan una categoría de capital regional, tal es el caso de Komchén y probablemente Xtobó (Anderson 2003).

Para este mismo periodo, las recientes investigaciones señalan que T´ho inició su ascenso regional, rodeado de otros sitios localizados en el área de influencia que también muestran una ocupación preclásica, ampliando la información obtenida a través de las fuentes históricas, que relatan la organización política al momento del contacto. Entre los sitios de la periferia de T´ho que presentan ocupación temprana podemos mencionar Xoclán (Sierra y Vargas 1990), Chuburná de Hidalgo (Maldonado 1976), Dzoyilá (Gallareta 2000), Chén Hó, Serapio Rendón (Hernández y Ceballos, 2006), Soblonké (Pantoja 2005, Pantoja et al. 2008) y Flor de mayo (Hernández, et al. 2010) entre otros.

Para el Preclásico Tardío, Tzikul, ubicado al sur de Chuburná Puerto, surge como importante sitio costero, cuya ocupación se prolonga hacia el Clásico Temprano. Para el Clásico Temprano T´hó alcanza un auge en demografía y en la actividad constructiva monumental. A su vez, Soblonké alcanza su máximo periodo de ocupación. Para el Clásico Tardío/Terminal, se consolidan otros grandes sitios como Caucel, Ucú, Chel y Muká, Ku’uk y Chuh Ku, entre otros, así como los puertos de Xlabarco, Xcopté y Progreso (Robles y Andrews 2003:2). Para este periodo Xcopté fue un puerto importante, ya que vinculaba la costa de Campeche con el litoral centro-norte de Yucatán.

Aunque el territorio que abarca la capital yucateca ha sido objeto de investigaciones desde la década de 1970 (Gallareta y Callaghan 1981), no se ha había planteado un proyecto de manera integral que permitiera dar seguimiento a los trabajos de salvamento en las zonas conurbanas de la ciudad de Mérida. En el 2004, se planteó una propuesta a convocatoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia en el Estado de Yucatán, la cual consistió en afrontar la problemática del crecimiento urbano, a través de la arqueología de Salvamento (Pantoja 2004). El proyecto Región de Mérida (PARME), como hoy se denomina, tiene como objetivos el estudio de los sitios arqueológicos que aun sobreviven en la zona conurbana y urbana, todo estos realizados en la modalidad de investigación de Salvamento, debido principalmente a las condiciones en las que se encuentran estos sitios, pues la mayoría se hallan en las áreas destinadas a los desarrollos de fraccionamientos habitacionales (Pantoja 2006).

LOS SITIOS DE ESTUDIO

El universo de estudio proviene de 12 sitios intervenidos desde 2005 al presente año. En el sector noroeste de Mérida se excavó Soblonké en las inmediaciones del sitio de Caucel con la clave [16Qd(4)8]; y recientemente el sitio denominado Xpetha, al noreste se ubicó San Pedro Cholul [16Qd(4):64)], Chichí Suarez 2 [16Qd(4):71] y Techó [16Qd(7):145], Cuzan, Polok ceh, Oxmul, Chan much, Tzakan, Niichac y Chan kiuik, cercanos a la comisaría de Sitpach, estos últimos registrados en las recientes exploraciones, con características arquitectónicas propias del rango IV (Garza y Kurjack 1980:89) y con un auge de ocupación durante el Clásico Tardío.

Como característica común, los sitios de estudio han sido afectados primeramente por la presencia de asentamientos humanos durante el siglo XVIII, donde además se cultivaron grandes plantaciones de agave, ejemplo de esto son las Haciendas: San Pedro Cholul, Chichi Suarez, Xpet Ha y Techóh. Otro factor agravante a su deterioro es que se ha extraído piedras como materia prima para la construcción, tal es el caso de Caucel y su periferia. En los siglos subsiguientes, la afectación ha continuado por la construcción de obras diversas como las líneas eléctricas, caminos vecinales, calles y carreteras, asentamientos humanos y sobre todo desarrollos urbanísticos. En las áreas cercanas al polígono de estudio en el sector oriente, que ayudan a complementar la investigación, se han efectuado diversos estudios desde la década de 1980, como peritajes por afectaciones, recorridos de reconocimiento y mapeo en diversos proyectos de fraccionamientos como: Pedregales del Oriente o San Camilo (Uc y Domínguez 2004), Fraccionamiento del Parque, la ex hacienda San Agustín de Pacabtun (Burgos et al. 2005), y por el poniente en Ciudad Caucel (Robles y Ligorred 2004, Pantoja 2005) entre otros.

EL BALANCE DE LAS INVESTIGACIONES

Los sitios estudiados presentan generalidades que comparten los asentamientos del área Maya, aunque también es posible apreciar características particulares que corresponden a costumbres locales. La totalidad de los sitios excavados son asentamientos habitacionales mismos que se han materializado en las llamadas plataformas arqueológicas con sus diversos componentes (Ashmore 1981:47; Rice y Puleston 1981:137; Wauchope 1934; Willey et al. 1967) y otros tipos de estructuras menores que circundaban las mayores. Los sitios bajo estudio presentaron una distribución densa, similar a lo que ocurre con el sector norte de la ciudad de Mérida, donde se encuentra Dzibilchaltun y Komchen (Andrews V, 1962 y 1990, Andrews IV y Andrews V 1980,  y Andrews V. et al. 1984) pues se observó la continuidad de construcciones de las diversas clases y variantes, que dificulta establecer la extensión de los sitios, sin embargo es posible determinar características arquitectónicas, constructivas y temporales, que permiten delimitar los conglomerados.

Las investigaciones realizadas en estos dos grandes espacios, nos han permitido analizar y comprender un área aproximada de 1044 hectáreas, ya que por sitio solo se ha trabajado la extensión de los predios a urbanizar, donde se han detectado los núcleos y grupos de estructuras como: San Pedro Cholul, Chichí Suarez 2, Oxmul, Chan Much, Nohoch Ceh, Cuzan Niichak, Tzakan  Chan Kiuik, San Camilo, y Techo (Pantoja 2010). Las construcciones en estos sitios se encontraron asociadas a espacios intermedios a manera de patios y algunas aparentemente estuvieron aisladas, sin embargo se ubicaron cercanas a fuentes de agua o grandes extensiones de tierra fértil, lo que indicó la existencia de un control sobre esos bienes naturales. El agua fue un importante factor que definió los asentamientos, ya que las áreas nucleares fueron edificadas en lugares preferenciales con un fácil acceso a este recurso (pozos y cenotes). Como particularidad local, en Soblonke no fue posible distinguir un núcleo totalmente definido, como se ha dado en San Pedro Cholul y Polok ceh y Oxmul, con estructuras de tipo piramidal o distribuido a manera de grupo como en Techo y Chan kiuic, Chan much, Nichac y Tzacan.

En el caso de San Pedro Cholul, se observó la presencia de un núcleo central compacto de construcciones público-monumentales y privadas por lo general de alta densidad demográfica a pesar de que el resto de la población se disgrega en seis grupos periféricos de construcciones diversas organizadas a manera de “barrios” que formaron conglomerados bien definidos (Kintz, 1983: 179; Havilland, 1970). Los asentamientos reportados en el sector noreste, específicamente los encontrados en el ejido de Sitpach están distribuidos en siete núcleos, dos de los cuales presentaron estructuras piramidales (Oxmuul y Polok Ceh) y los demás fueron concentraciones de plataformas. Polok ceh, destaca por la presencia de albarradas y grandes nivelaciones más elaboradas ya que consisten en amplias terrazas con cimientos superiores que circundan a este grupo, así como la existencia de una estructura tipo juego de pelota.

Respecto a las construcciones de Chichí Suarez 2, se puede decir que fue un asentamiento menor, conformado de basamentos, cimientos y nivelaciones. En este sitio llama la atención que las construcciones mejor elaboradas se encontraban agrupadas en un espacio amplio asociadas a un basamento dimensiones considerables, la cual contaba con un pozo natural, lo que indica que comparte características similares con los grupos periféricos identificados en San Pedro Cholul, al cual al parecer se vincula debido a su relativa cercanía.

En general, durante las excavaciones en los sitios, fue posible la identificación de construcciones que pudieran corresponder a lugares de almacenamiento. Se realizó un estudio cualitativo de los contenedores encontrándose un total de 47, las cuales se clasificaron en seis variantes.  Los elementos identificados como almacenes fueron encontrados al interior o cercanas a estructuras habitacionales, es de suponer que guardaban productos que requerían un acceso mediato y su función debió estar relacionada con las actividades cotidianas de la población. Se ha reportado la presencia de estas construcciones, hasta el momento, en seis sitios de la periferia de Mérida, como por ejemplo; Flor de Mayo (Hernández, comunicación personal), lo que permite conjeturar que se trató de un rasgo compartido en la región. Otra observación es que no existe un modelo exclusivo de contenedores para un sitio, si no que un mismo tipo fue registrado en varios asentamientos, reforzando la idea de que su uso era generalizado.

En cuanto al material cerámico de los alrededores de T’hó presentados en este estudio, fue analizado a través del sistema clasificatorio tipo-variedad, el cual es el más usado en la actualidad para la clasificación de la alfarería Maya prehispánica. Este sistema taxonómico es una herramienta analítica práctica ya que en él se establecen categorías cerámicas análogas, lo que permite realizar estudios comparativos de las mismas unidades cerámicas procedentes de distintos sitios a un nivel muy detallado (Gifford 1960, Willey et al 1967; Robles 1990).

La ubicación cronológica asignada a los grupos cerámicos de los sitios de San Pedro Cholul (Jiménez y Ancona 2009), Niichac, Tzakan y Chan kiuic (Ancona y Soldevilla 2011) y Techoh (Euan et al 2011), está basada en su relativa posición estratigráfica de acuerdo a los pozos y a los estratos más profundos que fueron excavados durante los trabajos arqueológicos en los asentamientos. Estos dos asentamientos son los únicos a los cuales se les ha establecido sus propios complejos cerámicos.

En los sitios de Caucel y San Pedro Cholul el material cerámico fue analizado en su totalidad en tanto que para el sitio de Techoh, solamente se ha realizado un estudio preliminar en base a los materiales recuperados de los pozos estratigráficos y para el sitio de Polok ceh únicamente ha sido posible realizar el catálogo de las piezas recuperadas de los entierros (Jiménez y Ancona 2009; Ancona y Soldevilla 2011; Ancona 2006 y 2011, Euan, et al. 2011). Los resultados obtenidos de los estudios de análisis han confirmado que en algunos sitios de la periferia de Mérida (T’hó) se mantuvo una ocupación constante que va del Preclásico Medio hasta el Posclásico y en los casos de San Pedro Cholul y Soblonke, se encontraron asentamientos históricos.

Según las evidencias cerámicas del área de estudio, la ocupación Preclásica, desempeñó un rol ocupacional importante, ya que a pesar de ser pequeños asentamientos estos fueron persistentes, observándose que algunas estructuras mantuvieron ocupación constante o fueron abandonadas y re ocupadas posteriormente.

Para el Preclásico Medio (Complejo Mamom) los grupos representativos del área son: Joventud, Chunhinta, Dzudzuquil y Saban, los cuales tiene un amplia distribución en el norte de Yucatán, por lo que han sido reportados ampliamente en esta zona. El Preclásico Tardío (Complejo Chicanel) se encontró la continuación de los grupos antes mencionados, a estos grupos se les agregan el Sierra, Polvero, Tipikal y Unto. En algunos sitios como San Pedro Cholul (Jiménez y Ancona 2009), Niichak Tzakan y Chan kiuic (Ancona y Soldevilla 2011), Soblonke, (Ancona 2006) se tiene evidencia que el grupo Xanaba tiene sus inicios desde el Preclásico Tardío y no en el Clásico Temprano como se planteaba. Para el Clásico Temprano (Complejo Cochuah) continua el grupo Xanaba, aparece el Águila, Timucuy, Oxil, Hunabchen, Maxcanu, Kanachen, Chencoh, Kochol, Tituc, Shangurro.

Para este momento, los sitios de la periferia están recibiendo material cerámico de los distintos puntos de la península, como por ejemplo el grupo Maxcanu y Oxil los cuales proceden del centro-occidente de la península de Yucatán, donde se localizan los sitios de Oxkintok y Siho, esta relación está claramente constatada con la recuperación de ofrendas completas en el sitio de Tzakan. En este complejo cerámico  también se introducen materiales del área del peten y del sur de Campeche (grupo Balanza y Águila). Los sitios de Caucel-Soblonke y Techoh tienen su auge ocupacional para este momento.

En el Clásico Tardío los grupos más comunes son el Muna pizarra, Chuburna, Teabo, Chablekal, Ticul, Ich canziho. La cerámica Muna pizarra de esta área presenta las características de la existente en el sitio de Dzibilchaltun. En esta etapa las relaciones de intercambio se dan con sitios de la cuenca del río Usumacinta, esto es evidenciado por la presencia de los grupos Yalcox y Chablekal (Ancona 2008, Rands et al. 1982), estos grupos a pesar de no tener una fuerte frecuencia, es una cerámica que casi siempre con certeza se puede hallar en la periferia de Mérida, siendo esto más común con el grupo Chablekal. Así mismo ha sido posible encontrar material de la costa campechana como el grupo Dzibalche, y de la cuenca media-baja del río Usumacinta en Tabasco con el Grupo Balancan (Smith 1971, Rands 1967:130) el cual es poco frecuente, pero ha sido posible encontrar algunos fragmentos en área de estudio. Los sitios de San Pedro Cholul, Chan kiuic, Tzakan y  tienen su mayor auge ocupacional en este complejo y es en este momento donde se han encontrado la mayor cantidad de vasijas formando parte de los ajuares funerarios, con los grupos Muna, Chuburna, Ticul, y Chablekal (Jiménez y Ancona 2009, Ancona y Soldevilla 2011, Figura 9). Al contrario de los sitios antes mencionados y de otros sitios de la periferia de Mérida, el sitio de Techoh vive su última etapa ocupacional para este momento (Euan et al. 2011).

Para el Clásico Terminal la cerámica común es el grupo cerámico Dzitas, Kukula, Silhi, Tohil, Jilón; teniendo posiblemente continuidad los grupos Ticul, Ich canzino. El grupo Jilón tiene una presencia escasa en el área pero fue identificado en el área de Sitpach, este grupo es propio de la región de Xicalango, en tanto que el grupo Silho tiene una presencia frecuente en los sitios de la costa yucateca-campechana como Isla cerritos, Uaymil y Villa-Madero (Ball 1978; Ceballos 1998).

La etapa Postclásica en general es el complejo de menor presencia cerámica en el área de estudio, sin embargo la ocupación de este momento se define por la presencia de los grupos Navulá y Mama. El grupo Mama es originario del noroeste de la península de Yucatán y es marcador del horizonte Tases occidental (Robles 1990:230).  Estos grupos son ampliamente reportados en Mayapan y Chichen Itzá (Smith 1971). Este complejo está presente en los sitios de estudio, específicamente en Soblonke, San Pedro Cholul, Chan kiuic, Tzakan y Niichak.

En general es claro observar que los sitios de la periferia de Mérida presentan ciertas similitudes cerámicas temporales y ocupacionales. Actualmente se ha podido constatar que el sitio de T’hó y sus alrededores fue ocupado desde tiempos muy tempranos.

Los datos de relaciones comerciales evidentes en la cerámica, son complementados con los resultados de los materiales líticos. Aun en los sitios sin arquitectura monumental se han reportado materiales de importación como la obsidiana y piedra verde, así como artefactos de manufactura local de caliza. Los análisis han permitido observar que en el sitio se utilizaron navajas prismáticas y producción de lascas casuales de obsidiana; así como consumo, mantenimiento y reciclaje de bifaciales grandes (celtas y percutores), producción de lascas casuales y navajas de sílex, éstas dos últimas categorías correspondieron a la industria doméstica que supone una producción artesanal no especializada en donde la producción es baja y destinada al autoconsumo (Góngora 2010). Es posible que las fuentes de obtención de materia prima del sílex se hayan adquirido de yacimientos ubicados en la región Puuc en Yucatán, Rio Bec en Campeche y la región de San Pedro Mártir en Tabasco. Los artefactos bifaciales hallados en San Pedro Cholul pudieron haber sido importados de los talleres de San José Xkikmo en el Puuc  y San Pedro Mártir en Tabasco.

La obsidiana de los sitios concuerdan con el modelo de intercambio de obsidiana propuesto por Nelson (1989), para el norte de la Península de Yucatán, es decir, que haya viajado por una ruta marítima, entrando por el río Motagua hasta el mar Caribe y por la costa caribeña (Góngora 2010).

Los elementos malacológicos son reportados en todos los sitios, se pudo observar que los gasterópodos y pelecípodos, fueron utilizados básicamente para el consumo y en menor escala como ornamentos. En el caso de los caracoles no es posible hablar de producción o trabajo formal, ya que son escasos los ornamentos registrados así como las preformas presentes, sin embargo algunas piezas presentan trabajo tosco, por lo que es posible inferir que se estaban copiando alguna técnica de trabajo, pero a manera individual (Acevedo 2009). Los ejemplares más sobresalientes en los sitios fueron colocados como ajuar de las ofrendas mortuorias, tales como pectorales, anillos y orejeras. También se hallaron elementos utilitarios como cucharas.

Para el caso de los entierros recuperados, se analizaron los depósitos mortuorios de los cuatro sitios más extensos de la muestra bajo estudio: San Pedro Cholul, Soblonke Chan much y Oxmul, de los cuales se recuperaron únicamente deposiciones funerarias, un patrón esperado para áreas habitacionales que comparten características con las reportadas para la región (Romano 1974, Ruz 1991, Romano y Faulhaber 1994, Sierra y Martínez 2001, De la Cruz 2009). En tres de los sitios los entierros fueron recuperados de construcciones clasificadas como basamentos que destacaban por encontrarse cercanas a las fuentes de agua, materiales pétreos o de grandes extensiones de terreno. Como variante local, en el sitio de Chan Much se localizaron entierros en estructuras de características constructivas más sencillas, que consistieron en extensas elevaciones naturales niveladas, que soportaron cimientos superiores. Cabe destacar que estas estructuras también estuvieron ubicadas alrededor de las residencias de mayor volumen y complejidad, por lo que se infiere cierta relación.

Se observó en los sitios entierros directos, aunque predominan las deposiciones en cistas. Estos contenedores compartían similares características constructivas, aunque de formas y tamaños variables. También se han excavado urnas funerarias, de las que sobresale una procedente del sitio de Soblonke con restos de un adulto que fue quemado y depositado en un nicho.  La cantidad ofrendas depositadas en los contenedores funerarios fue similar en los sitios, aunque entre grupos locales sobresalen dos contextos, uno proveniente de San Pedro Cholul y otro de Oxmul. El conjunto de datos aportados por estos dos contextos particulares reflejan la importancia de los individuos ahí enterrados.

Por las características de las ofrendas sobresale el sitio de San Pedro Cholul, donde se observó una mejor calidad con piezas de importación, lo que indican las relaciones que el sitio tenía con otras regiones del área Maya (Jiménez y Ancona 2009) y el poder adquisitivo del grupo doméstico. El ajuar podría considerarse como factor de diferenciación social, pues en algunos casos la cantidad y la calidad fueron relevantes.

En el análisis zooarqueológico de los restos faunísticos asociados a los entierros no se hallaron huellas de procesamiento de alimentos, por lo que es probable que fueran depositados como amuletos que protegían al personaje, al menos en el caso de los elementos trabajados (Abreu 1997). La cantidad de piezas depositadas, además de la selección de extremidades, podrían indicar esta finalidad (Herrera y Ramos 2008).

Los contextos funerarios particulares encontrados, en orientación o posición del cuerpo, probablemente obedecen a factores de preferencia y cuestiones prácticas, ya que en estructuras que presentan mayor cantidad de individuos enterrados las cistas se orientaron adaptándolas a los espacios disponibles. Destaca una ligera preferencia de colocar el cadáver en decúbito dorsal flexionado, que en una de las colecciones se presenta de manera homogénea, debido posiblemente a cuestiones también prácticas, ya que los contenedores se elaboraban de tamaño más reducido que aquellos que albergaban cuerpos extendidos. Por lo anterior, podemos concluir que al menos para los sitios ubicados en la periferia de Mérida durante el Clásico Tardío, no existió una homogeneidad en la forma de disponer los cuerpos, más bien, este hecho obedecía a variedades locales que se pueden observar en el contexto en conjunto con las generalidades de las prácticas funerarias Mayas. Estas costumbres locales son creaciones particulares que les generan una identidad grupal (Gallareta 2006) y son característicos para un sitio; sin embargo, no exclusivos (Ruz 1991).

CONCLUSIONES

Las investigaciones en la región de Mérida, donde históricamente estuvo al cacicazgo de Chakan, es un reto para la investigación arqueológica, debido a que la dinámica de crecimiento de una ciudad viva, dificulta discernir un panorama general de la organización territorial y política que tuvieron los asentamientos Mayas menores que se mencionan en esta investigación. Sin embargo, a partir de la propuesta del proyecto región de Mérida (PARME),  se enfoca la atención en dos sectores del universo de estudio, lo que ha permitido visualizar y explicar el desarrollo de dos zonas como son los casos del poniente, investigada desde el 2000 y del sector nororiente han arrojado nuevos datos que hoy por hoy, han permitido dar a conocer diversas características de los sitios estudiados, el registro de nuevos datos, explicar el patrón de asentamiento en estos sectores de la región de estudio, analizar los patrones funerarios, cerámicos y constructivos, así mismo el establecer la cronología del área y poder inferir el desarrollo de las comunidades prehispánicas que circundaron la gran T’hó.

Por otra parte, se ha podido ganar espacios en la conservación y permanencia del patrimonio arqueológico amenazado por el avance de la ciudad, realizando acciones de conservación y gestión del patrimonio arqueológico preservando áreas con estructuras prehispánicas e integrando lugares culturales a los nuevos espacios urbanos, como fueron los casos de San Pedro Cholul y Soblonké. Hoy, se esclarece que la región conurbana de la actual ciudad de Mérida, estuvo densamente poblada y que su ocupación se remonta al Preclásico Medio, confirmando esta aseveración por la evidencia cerámica principalmente, asimismo su desarrollo continuó hacia el Clásico, desarrollando nuevas tecnologías para adaptarse a un medio ambiente no tan favorable, si lo comparamos con otras regiones del mundo Maya, prueba de ellos son los diversos contenedores localizados, la modificación de porciones del terreno y el aprovechamiento de los recursos naturales.

Para el Clásico Tardío, el periodo de mayor auge, la presencia de diversos elementos culturales nos permite inferir el desarrollo alcanzado y sus relaciones sociales a nivel regional, es en esta época donde se puede apreciar la mayor presencia de restos humanos en un patrón bien definido y la riqueza de sus ofrendas, las cuales han señalado el estatus de sus propietarios. Finalmente, las investigaciones en la zona urbana y conurbana de la ciudad de Mérida, se continuará realizando, en la medida que se proyecte una nueva obra de infraestructura, que permita no solo explorar parte de algún sitio, sino aportar un fragmento de la historia de  “Noh Cah Ti Hó”,  el Gran Pueblo de “T’Hó”.

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