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80. Una historia fragmentada: Los mosaicos jeroglíficos de la Estructura 1B-1 de Quirigua – Oswaldo Chinchilla Mazariegos – Simposio 24, Año 2010

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Chinchilla Mazariegos, Oswaldo

2011        Una historia fragmentada: Los mosaicos jeroglíficos de la Estructura 1B-1 de Quirigua.  (Editado por B. Arroyo, L. Paiz, A. Linares y A. Arroyave), pp. 1001-1011. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

80

DESOLLAMIENTO Y DESCUARTIZAMIENTO,

MODALIDADES DE SACRIFICIO HUMANO EN LA COSTA SUR DE GUATEMALA

Oswaldo Chinchilla Mazariegos

PALABRAS CLAVE

Costa Sur, Iconografía, escultura, figurillas, sacrificio, desollamiento, descuartizamiento, Xipe Totec

ABSTRACT

The flaying of sacrificial victims was a common practice in ancient Mesoamerica. In the South Coast of Guatemala, there is evidence of this practice during the Classic period, when it was depicted on ceramic effigies and sculptures. The representations described in this work allow for the identification of some details on this type of sacrifice and the exploration of their implications for the cultural history of Mesoamerica.

Los sacrificios humanos fueron parte fundamental del ritual religioso en Mesoamérica y desde épocas muy tempranas, fueron temas prominentes en las representaciones artísticas. No es de extrañar, por tanto, que los sacrificios humanos reaparezcan como un tema importante en épocas posteriores. En este trabajo, se describirá una serie de representaciones del periodo Clásico Tardío que se encuentran en esculturas y objetos de cerámica, las cuales se relacionan con dos prácticas asociadas con el sacrificio humano: el desollamiento y el descuartizamiento.

No se pretende hacer un esfuerzo de interpretación profundo sobre el significado de estos rituales, para lo cual, se remite al lector a los estudios de otros autores que han abordado el significado del sacrificio humano en Mesoamérica (Boone 1984; Gonzáles 1985; López 1984:432-439; Graulich 2005; López y Olivier 2009). Por otra parte, en esta presentación se describirá brevemente el contexto arqueológico del Monumento 93 de Bilbao, una importante escultura que fue descubierta a principios del presente año y que se relaciona directamente con el sacrificio del descuartizamiento.

DESOLLAMIENTO

Durante la temporada de excavaciones de 2006, la Licda. Erika Gómez y los miembros de su equipo de excavación recuperaron fragmentos de una efigie de cerámica que representa a un individuo cuyo rostro está cubierto con una piel desollada. Además de las aberturas de los ojos, las fosas nasales y la boca representadas con particular realismo, el rostro está surcado por estrías profundas que lo surcan verticalmente. Las estriaciones son producto de la desecación y contracción de la piel humana desollada y son características de estas figuras en el arte mesoamericano. Un detalle intrigante es la figura de animal que se proyecta detrás de la cabeza, cuya simplicidad contrasta con la calidad y realismo del rostro. Más abajo se presentará una explicación probable para esta figura de animal.

Los fragmentos de esta efigie fueron recuperados en 2006, durante excavaciones dirigidas por Erika Gómez, en un conjunto arquitectónico situado aproximadamente 200 metros al norte de la Acrópolis de El Baúl (Chinchilla 2006). Se encontraron dispersos entre los escombros, no lejos de la superficie y cerca de los fragmentos de la cabeza había también un fragmento de piedra hongo. Los restos del cuerpo de la efigie aparecieron en otra unidad de excavación, aproximadamente 1.50 metros al oeste. No fue sino hasta en el laboratorio cuando se confirmó que todos estos fragmentos casaban entre sí. La efigie fue restaurada en el Museo Popol Vuh por el maestro Carlos Gonzáles (Figura 1). Su altura total es de 39.50 cm. El dibujo de Hiro Iwamoto (Figura 2) permite identificar las partes que se lograron pegar y los faltantes que abarcan gran parte del torso y los miembros.

El cuerpo y los miembros no muestran indicación de estar revestidos con piel humana. Por toda prenda, el personaje lleva un cinturón rayado, combinado con pulseras y tobilleras del mismo material. Al parecer, solo la cabeza estaba cubierta con piel desollada. Especialmente interesantes son las cuerdas trenzadas que rodean su cuello y se extienden hacia atrás. Seguramente son parte de los amarres que sujetaban la máscara de piel, los cuales son característicos de las representaciones de los portadores de pieles desolladas en Mesoamérica.

Las comparaciones más abundantes se encuentran en las representaciones de los xipeme Aztecas, personajes que se vestían con las pieles desolladas de los sacrificados en honor al dios Xipe Totec. Estos personajes se vestían de cuerpo entero con las pieles de los sacrificados y característicamente llevaban las manos colgando, un rasgo que está ausente en esta efigie con máscara de piel desollada. Sin embargo, hay paralelos muy específicos, que incluyen las estrías verticales en el rostro y las cuerdas que, en ocasiones, rodean el cuello y torso de los xipeme aztecas. Además, los xipeme suelen llevar un sombrero cónico, sobre el cual se hará mención más adelante.

No se pretende insistir en la analogía con Xipe Totec y sus representantes. Entre los Aztecas, la práctica del desollamiento y el uso posterior de las pieles humanas por los oficiantes, no era exclusivo del culto de Xipe Totec. Los documentos escritos y pictóricos describen prácticas semejantes durante las fiestas dedicadas a Toci, Tlazolteotl, Chicomecoatl, Xochiquetzal y otras diosas. En otras partes de Mesoamérica, incluyendo el área Maya, también hay testimonios sobre el desollamiento completo o parcial de las víctimas de sacrificio y la práctica de vestirse con las pieles o partes de ellas. Es posible que estas prácticas se remonten hasta el periodo Preclásico en algunas regiones (Nicholson 1972). Durante el periodo Clásico, hay testimonios iconográficos de estas prácticas en lugares como Teotihuacan, Oaxaca y las Tierras Bajas Mayas, y sus asociaciones y significado pudieron haber variado considerablemente (e.g. Taube 1992:105-110).

En las Tierras Bajas hay evidencia arqueológica de sacrificios con desollamiento durante el periodo Clásico Terminal, en el sitio de Colha, Belice. Allí se encontró un depósito de treinta cráneos, veinte de los cuales presentaban marcas de corte que sugieren la remoción de los tejidos suaves y la piel, que Massey y Steele (1997) interpretan como indicación de desollamiento. En un análisis de este depósito, Mock (1998) ha señalado otras representaciones de desollamiento en el arte Maya Clásico, entre ellas el vaso de procedencia desconocida K2025 (Kerr 1989).

La escena es sugestiva de sacrificio humano a juzgar por el personaje enmascarado que amenaza con su lanza a un cautivo, el cual se identifica como tal por las tiras de piel en sus orejas. Mock identifica a los hay tres personajes que portan máscaras blancas, punteadas, con ojos cerrados y boca roja, extrañamente estirada, como oficiantes que portan máscaras de piel desollada. Uno de ellos lleva un largo sombrero cónico que recuerda el de los xipeme Aztecas. Otras representaciones de piel desollada se presentan en los escudos de guerra de Palenque, adornados con el rostro estirado de las víctimas (Taube 1992: 105-110).

En la Costa Sur y el Altiplano de Guatemala, la evidencia iconográfica sobre la práctica del desollamiento es moderadamente abundante durante el periodo Clásico. Shook y Marquis (1996:189-196) la identificaron en las hachas de piedra, distribuidas en todo el sur de Guatemala y El Salvador. Estas figuras no son comunes en esculturas monumentales. La única excepción conocida es una cabeza con espiga horizontal de la finca El Portal, en el valle de Antigua Guatemala, según una serie de fotografías en los archivos de la Institución Carnegie (http://via.lib.harvard.edu, 58-34-20/35682 y otras imágenes relacionadas). La forma de la nariz, la boca y los ojos son distintivos de un oficiante que lleva una máscara de piel humana y en este caso, el personaje cubre su cabeza con un turbante.

Más abundantes son las representaciones que se encuentran en sonajas y silbatos de cerámica Tiquisate (Figuras 3-6). En un análisis reciente de las figurillas Tiquisate, Víctor Castillo (2008:70-72) identificó seis ejemplos de un personaje que él llamó “enano joven con cresta”. No se conoce la procedencia de ninguno, pero forman un conjunto bien definido de personajes que se caracterizan por el aspecto muy liso y tenso de su rostro y cabeza, los ojos achinados, la boca abierta y la cresta que se proyecta por encima de la cabeza. Algunos también llevan cuerdas alrededor del cuello. Como lo señala Castillo, sus proporciones corporales parecen sugerir enanismo y en un caso, se observa claramente la joroba.

La comparación con la gran efigie de El Baúl permite identificar todos estos objetos como representaciones de personajes que llevan la piel desollada del rostro de sendas víctimas a manera de máscaras. De particular interés es la cresta que se proyecta hacia arriba y hacia atrás de su cabeza, que en algunos casos es cónica, mientras que, en otros, parece representar un animal. Esta proyección corresponde con el burdo animal que se proyecta en la cabeza de la efigie de El Baúl. Una posible explicación es que estas figuras hayan sido modeladas a partir de la piel humana que se recogía detrás de la cabeza. Su forma específica varía, pero su presencia es constante, lo que sugiere que el animal representado fue menos relevante que la simple presencia de esta proyección. De gran interés es la posibilidad de relacionar estas proyecciones con los gorros cónicos que se suelen asociar con las figuras de los dioses o personajes que llevan pieles desolladas en otras regiones de Mesoamérica.

DESCUARTIZAMIENTO

El descuartizamiento fue otra modalidad de sacrificio humano que debió practicarse ampliamente en la Costa Sur y fue objeto de especial atención en las esculturas de Cotzumalguapa. Esta práctica está relacionada con la decapitación, que fue objeto de gran atención desde el Preclásico Tardío, en las esculturas de Izapa, El Jobo, Chocola, y Kaminaljuyu. Sin embargo, las escenas de decapitación no aluden en forma alguna a la remoción de los miembros del cuerpo y deben considerarse formas de sacrificio diferentes.

Un antecedente más cercano se encuentra en los brazos cercenados que aparecen en las representaciones de templos, en algunos incensarios costeños del periodo Clásico Temprano. Con anterioridad, se ha argumentado que estos brazos se relacionan con una versión antigua del mito del Popol Vuh, en el que un héroe perdió un brazo luchando contra un pájaro monstruoso (Chinchilla s.f.). A juzgar por los grandes pájaros que se ciernen en el techo de los templos, parece tratarse de un sacrificio dedicado especialmente a su culto.

De índole diferente son las representaciones de descuartizamiento en las esculturas Clásicas Tardías de Cotzumalguapa. La más conocida es el Monumento 1 de Bilbao (Figura 7), cuyo personaje principal está parado sobre un torso humano que ha perdido los brazos, las piernas y la cabeza, pero todavía lleva puesto su taparrabos. De este torso brota una pequeña enredadera, como si se tratara de una semilla, lo que sugiere alguna relación del sacrificio con la fertilidad agrícola. Sin embargo, en el arte de Cotzumalguapa, las enredaderas funcionan como volutas del habla, con lo que esta también podría indicar que el torso desmembrado habla o canta.

El descuartizamiento también es el tema de los bloques esculpidos que conforman el Monumento 63 de Bilbao (Figura 8). Estos bloques formaban parte de una escalinata, descubierta por Lee Parsons en la Plaza Monumental del sitio. Varios presentan torsos con sus cabezas, pero sin las extremidades. Como en el Monumento 1, los muñones de donde se han desprendido los brazos y piernas se representan como círculos o semicírculos concéntricos. En los brazos y piernas desmembradas, se muestran los cóndilos de los huesos.

La importancia del sacrificio con descuartizamiento en Cotzumalguapa se hizo patente con el descubrimiento del Monumento 93 de Bilbao, a principios del presente año (Figura 9). Esta roca labrada fue descubierta por vecinos de Santa Lucía Cotzumalguapa en la plataforma del Grupo A de Bilbao, quienes dejaron al descubierto toda la superficie labrada. Enterado del descubrimiento, realicé una corta temporada de dos semanas de excavación para documentar el contexto arqueológico del hallazgo, las cuales se realizaron con la asistencia de Luis Méndez Salinas.

Las excavaciones revelaron que el monumento está labrado en una roca enorme que seguramente se encontraba en este lugar desde antes de que se iniciara la ocupación humana del sitio. Se encontró una secuencia de siete pisos superpuestos, que gradualmente fueron dejando enterrada esta gran roca bajo construcciones sucesivas. Las más tempranas datan del periodo Preclásico Terminal y se localizaron depósitos puros de estos materiales, sellados bajo pisos. Anteriormente, las excavaciones de Lee Parsons habían revelado materiales Preclásicos en Bilbao, mezclados con materiales de Clásico, pero esta es la primera excavación que revela una secuencia estratigráfica clara, que se extiende desde el Preclásico hasta el Clásico Tardío en Cotzumalguapa. Las capas más superficiales también contenían materiales Postclásicos, lo cual es común en los depósitos arqueológicos de la zona.

Para el periodo Clásico Tardío, ya sólo la parte superior de la roca sobresalía sobre los pisos de barro apisonado. Fue entonces cuando la superficie no modificada de la misma se utilizó para labrar una serie de representaciones que cubren un área de 2.60 x 1.80 metros. En esta superficie se pueden distinguir tres caras, separadas por aristas obtusas. Debido a que la roca afloraba sobre la superficie del terreno antes de que fuera descubierta por completo, las partes más altas han sufrido daños considerables ocasionados por el paso de vehículos y el golpe de los arados.

En la parte sur hay una depresión profunda que quizás estaba allí antes de que se labraran las demás figuras a su alrededor. Naturalmente, esta depresión se llena de agua, y está provista con un tosco canal de desagüe. La roca también presenta otras tres depresiones tipo “tacitas”, que pudieron haber sido creadas antes o después de los demás relieves. En cualquier caso, estos rasgos sugieren el uso de la roca para propósitos rituales, quizás relacionados con el agua, aún antes de que fuese empleada para labrar diseños más complejos.

Aunque su grado de elaboración es mucho mayor, es probable que el gran nicho oval en el lado norte de la roca también pertenezca a este género de depresiones que de algún modo, parecen relacionarse con el agua. Como el nicho del lado norte, este también tiene un drenaje, que aprovecha parcialmente una grieta de la roca. En el interior del nicho hay dos rostros labrados en alto relieve. Todos los observadores coinciden en afirmar que se trata de una pareja, hombre y mujer, lo que en opinión del autor, tiene vistas de ser correcto. En particular, llama la atención el peinado del rostro a la izquierda del observador, que lleva una diadema trenzada.

Este aditamento permite relacionarla con otras figuras de mujeres y diosas en el arte mesoamericano que llevan a manera de diadema, una o varias serpientes entrelazadas. En Cotzumalguapa, hay ejemplos en el Monumento 21 de Bilbao y las estelas de la Plaza Monumental. Completan el atuendo de esta señora las orejeras circulares y un amplio collar. Por su parte, su acompañante tiene el pelo peinado hacia atrás, orejeras circulares y un collar formado por una cinta delgada y un colgante. Su aspecto es enteramente humano y a juzgar por su tamaño y forma, ambos parecen tener igual importancia.

Bajo el nicho se encuentra el rostro del Dios de la Muerte, que se distingue por su aspecto esquelético, pelo abundante, lengua rectangular que sale de entre los dientes apretados, corbata y orejeras. Se suman a estos rasgos distintivos las proyecciones cónicas que aparecen en ambos lados de su cabeza. El rostro del Dios de la Muerte está claramente alineado con los dos rostros en el interior del nicho. El resto de la superficie labrada está ocupado por representaciones de despojos humanos, que incluyen:

a) Dos torsos con cabeza y uno de los dos brazos, que han perdido el otro brazo –izquierdo en un caso, derecho en el otro– y ambas piernas. Los muñones en el hombro y la pelvis están marcados con círculos.

b) Un torso con el hueso pélvico que ha perdido la cabeza y los cuatro miembros.

c) Un torso con su cabeza, al que le faltan los cuatro miembros.

c) Dos cabezas cercenadas.

d) Tres piernas cercenadas.

e) Dos brazos cercenados.

f) Una caja torácica.

g) Un corazón.

h) Dos frutas que, en el arte de Cotzumalguapa, se suelen equiparar con cabezas humanas cercenadas.

Los despojos están dispuestos al azar, sin orden aparente. Las únicas excepciones son los que se encuentran en el lado norte del monumento, flanqueando el rostro del Dios de la Muerte: una cabeza cercenada y uno de los dos torsos que aún tienen su cabeza y uno de los brazos. En conjunto, pareciera ser que el monumento quiso representar un apilamiento de despojos humanos de entre el cual se abre el nicho con los rostros de la pareja y el rostro del Dios de la Muerte.

El nicho del Monumento 93 encuentra un paralelo cercano en el Monumento 34 de Bilbao, una roca labrada que originalmente se encontraban en el cauce del arroyo que corre al este de la Acrópolis de Bilbao. Este monumento presenta un nicho, provisto con un amplio drenaje en la parte inferior. En el nicho hay dos cabezas idénticas que presentan los rasgos de Tlaloc. En su localización original, el monumento se mantenía parcialmente sumergido bajo la corriente del riachuelo gran parte del año.

Considerando la posibilidad de que el Monumento 93 represente una pareja, hombre y mujer, cabe señalar asimismo una posible relación con el Monumento 19 de Bilbao, que se encuentra a poca distancia. El relieve de este monumento representa una pareja confrontada, hombre y mujer. En un trabajo anterior, se ha sugerido que puede representar una alianza matrimonial (Chinchilla 2002). Sin embargo, no es seguro que el Monumento 93 deba interpretarse del mismo modo.

A nivel más amplio, el desmembramiento es una forma de sacrificio humano conocida en otras regiones de Mesoamérica. En su reporte sobre las esculturas de Bilbao, Parsons (1969, lámina 61b-c) ilustró una palma de Veracruz que representa las partes de un cuerpo desmembrado, acompañadas por un gran cuchillo de piedra. Sin embargo, los ejemplos más abundantes se encuentran en las esculturas Aztecas. Hernández y Navarrete (1997) describieron una serie de lápidas de piedra que representan miembros cercenados, encontradas en el recinto ceremonial de Tenochtitlan.

El desmembramiento también es parte importante de las representaciones de la diosa Azteca Coyolxauhqui. Sin embargo, estas se distinguen por presentar explícitamente los miembros de un sólo individuo, desmembrados pero colocados en una posición anatómicamente coherente, en marcado contraste con el Monumento 93, que representa los miembros de múltiples individuos, colocados en completo desorden. Finalmente, se han reportado hallazgos arqueológicos de restos de individuos desmembrados (Ibid).

CONSIDERACIONES FINALES

Las dos formas de sacrificio humano que se han documentado en este trabajo fueron, sin duda, parte de rituales religiosos que apenas es posible entrever por medio de sus representaciones. Estos rituales debieron estar relacionados con prácticas semejantes entre los Aztecas y otros pueblos mesoamericanos y sin embargo, no hay razón para suponer que estuvieron dedicados a los mismos dioses o que sus connotaciones religiosas fueron las mismas. Las descripciones que se ofrecen en este trabajo pueden servir como base para estudios interpretativos sobre el papel de estas modalidades de sacrifico en Cotzumalguapa y la Costa Sur y su relación con prácticas semejantes en toda Mesoamérica.

RECONOCIMIENTOS

Los datos que se presentan a continuación están basados en las excavaciones del Proyecto Arqueológico Cotzumalguapa, dirigidas por el autor entre 2006 y 2010. Este es un proyecto de investigación del Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín que durante estas temporadas, se ha realizado gracias a financiamientos otorgados por la National Geographic Society y el Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Particularmente valioso ha sido el apoyo de la empresa Pantaleón S.A. y la finca Las Ilusiones. Asimismo agradezco la atención del personal del Instituto de Antropología e Historia, en especial al Lic. Juan Carlos Pérez, la Licda. Mónica Urquizú y la Licda. Rosaura Vásquez.

REFERENCIAS

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Castillo, Víctor

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Chinchilla Mazariegos, Oswaldo

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2006        Proyecto Arqueológico Cotzumalguapa: Informe de la Temporada 2006. Museo Popol Vuh, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala. http://www.popolvuh.ufm.edu/proycotzumal.htm. Consultado el 16 de julio de 2010.

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Figura 1        Efigie de cerámica, que representa un personaje con una máscara de piel humana, desollada. Altura 39.50 cm. (Fotografía J. Pérez de Lara).

Figura 2        Vista frontal y lateral de la efigie con máscara de piel desollada. (Dibujos H. Iwamoto).

Figura 3                  Figura 4

 

Figura 3         Sonaja de cerámica que representa un personaje jorobado, con máscara de piel humana desollada. Colección Fundación La Ruta Maya. Altura: 18.50 cm. (Fotografía O. Chinchilla).

Figura 4         Silbato de cerámica que representa un personaje con máscara de piel humana desollada. Altura 15 cm. Colección del Museo Popol Vuh. (Fotografía O. Chinchilla).

Figura 5          Figura 6

Figura 5         Fragmento de sonaja de cerámica que representa un personaje con máscara de piel humana desollada. Colección del Museo de Arqueología de la Costa Sur, Universidad del Valle de Guatemala. (Fotografía O. Chinchilla).

Figura 6        Fragmento de cerámica que representa la boca y nariz de un personaje con máscara de piel humana desollada. Dimensiones: 3.8 x 3.3 cm. (Fotografía O. Chinchilla).

Figura 7         Estela 1 de Bilbao, Cotzumalguapa. El personaje central está parado sobre un torso humano, decapitado y desmembrado, que aún lleva puesto su taparrabos. (Dibujo O. Chinchilla).

Figura 8         Monumento 63p de Bilbao, Cotzumalguapa. Bloque de la escalinata F-4, Plaza Monumental de Bilbao, actualmente en el Museo de la Cultura de Cotzumalguapa, finca Las Ilusiones (Fotografía O. Chinchilla)

Figura 9         Monumento 93 de Bilbao (Fotografía O. Chinchilla).

 

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