Asociación Tikal

28. Interpretando los depósitos del Clásico Tardío-Terminal en la Estructura M13-1 en Waka’ – Olivia C. Navarro-Farr, Ana Lucía Arroyave Prera, E. Keith Eppich – Simposio 24, Año 2010

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Navarro-Farr, Olivia, Ana Lucía Arroyave Prera y E. Keith Eppich

2011        Interpretando los depósitos del Clásico Tardío-Terminal en la Estructura M13-1 en Waka’.  (Editado por B. Arroyo, L. Paiz, A. Linares y A. Arroyave), pp. 336-343. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

28

INTERPRETANDO LOS DEPÓSITOS DEL CLÁSICO TARDÍO-TERMINAL EN LA ESTRUCTURA M13-1 EN WAKA’

Olivia C. Navarro-Farr

Ana Lucía Arroyave Prera

E. Keith Eppich

PALABRAS CLAVE

Tierras Bajas Mayas, Waka´El Perú, Clásico Terminal, Depósitos especiales

ABSTRACT

The archaeology of surface deposits and interpretations of their significance has been a topic of debate and analysis in the Maya area. The interpretations of this archaeological phenomenon and its relationship to rituals, hierarchical relationships, and abandonment processes in the southern Lowlands have received much attention with the continuous reconsideration of the collapse. This work discusses the evidence of surface deposits recovered in association with a ritual and monumental structure (M13-1) at the site of Waka’. While we question the validity of characterizing this evidence as trash, we also question its designation as termination deposits. This presentation argues that the reality is much more complicated, and reconsideration of the interpretations of these deposits is needed.

El objetivo de este trabajo es examinar los procesos de comportamiento evidenciados en una serie de depósitos densos y ricos en artefactos a nivel del suelo encontrados en asociación con una importante estructura pública monumental en el sitio arqueológico de El Perú-Waka’ (en adelante simplemente Waka’). Este edificio, la Estructura M13-1, se encuentra en el borde oriental de uno de los mayores espacios públicos del sitio – la Plaza 2. Como el lugar y el espacio son claramente preformativos, M13-1 probablemente se habría hallado muy bien ubicado en la memoria colectiva social de todos los “wakeños”. Keith Eppich sitúa la duración relativa de la cerámica de estos depósitos en el periodo Clásico Tardío a Terminal – incluyendo un intervalo de fechas desde aproximadamente el año 700 hasta 900 DC.

La investigación de estos depósitos y su significado contextual pueden ayudar a la comprensión de cómo los “wakeños” que no pertenecían a la élite, respondieron a la agitación social y política durante este periodo de transición, a través de procesos ceremoniales. El enfoque de este trabajo incorpora varios niveles teóricos (Navarro-Farr 2009) con una metodología cuidadosamente implementada para la recuperación de datos. El análisis contextual de los materiales arqueológicos y las características arquitectónicas sugieren que la Estructura M13-1 fue continuamente visitada, siendo un enfoque de rituales variados tanto como modificaciones arquitectónicos a lo largo de los periodos Clásico Tardío y Terminal.  Además, parece que los que actuaban en estas ceremonias no pertenecían a la corte real ni a la alta sociedad de Waka’.

El tema de la arqueología de depósitos sobre la superficie, está demarcado por las circunstancias de los contextos arqueológicos expuestos o no sellados. La posibilidad de que la actividad de la superficie pueda ser de carácter ceremonial es, a menudo, cuestionada. Este problema es el primero de muchos con que se enfrentan los arqueólogos para determinar si la actividad de la superficie es, en efecto, intencional y quizás ceremonial o si tal vez no es más que la acumulación de basura desechada.

Hay una historia interpretativa de los depósitos sobre pisos en el área Maya, relacionados con la arquitectura civil, tales como basura dejada por las poblaciones ocupantes transitorias, resultado del declive y el colapso en el Clásico Terminal (Chase y Chase 2004; Harrison 1970, 2000; Pendergast 1979). Este punto de vista fue inicialmente propuesto por Thompson (1954) y seguido por algunos investigadores que argumentaban que los patrones de desecho suelen ser predeciblemente representados. Los arqueólogos del proyecto de la Universidad de Pennsylvania, en Tikal, registraron varios contextos que llamaron depósitos problemáticos (Coe 1965, 1990; Culbert 1973; Moholy Nagy, 1997).

Se denominan “depósitos problemáticos” por la inconsistencia de sus contenidos, la falta de convencionalismo en sus ubicaciones dentro de, o en relación con la arquitectura, y la incertidumbre del propósito de su colocación. Esto es, probablemente debido al hecho de que hubo una mayor variedad de significados intencionales que ordenaron la ubicación y promulgación de estos depósitos y terminaciones. Se argumenta sobre estos depósitos, que cubren la arquitectura de la élite pública o privada, como desechos accidentales o como basura, posponiendo las investigaciones analíticas que puedan llevar a interpretaciones más penetrantes de una importante serie de conductas y actividades que produjeron esos depósitos. Al fin, detrás de lo que se pueda entender sobre el abandono de los sitios y la transición cultural, política y económica en las Tierras Bajas del sur que pueden estar relacionados con comportamientos que se exhiben en estos depósitos sobre pisos. En concordancia con Stanton, et al. (2008), se argumenta que la propuesta de que los responsables por los depósitos son pobladores transitorios nunca ha sido evaluada críticamente o explicada satisfactoriamente en términos de su identidad y motivaciones. Por lo tanto, carece de vigor explicativo y de una evaluación crítica satisfactoria. Esto probablemente se debe a la asociación occidentalizada de la basura con la práctica mundana de los seres humanos de desechar, que debido a su patrón general de ser una actividad predecible, pueda desalentar o restringir su futuro análisis.

Como se ha elaborado anteriormente, sobre la evidencia y argumentos teóricos, estos depósitos no constituyen basura de facto ocupacional, el resto de la ponencia se enfocará en la naturaleza multifacética de la actividad ceremonial sobre pisos en la Estructura M13-1, la fuerte evidencia sobre participantes ceremoniales no de la élite en un santuario monumental, y las implicaciones de estos resultados en relación con el ambiente socio-político para el Clásico Tardío al Terminal en Waka’. Al hacerlo, se revisarán las interpretaciones anteriores que se centraron en la exclusividad de la terminación ritual como una explicación de la actividad superficial vista en la Estructura M13-1. Es importante aclarar que sí existe evidencia de episodios aislados de terminación ritual. Pero también hay otros tipos de actividades rituales cuyas correlaciones materiales son incomparables con las definiciones existentes de lo que es la terminación ritual y cómo debiera aparecer en el contexto arqueológico.

Los depósitos de la superficie, que incluyen una amplia variedad de materiales fragmentados, han sido definidos en el área Maya como “ofrendas expuestas” (Coe 1959:94-95), “depósitos problemáticos” (Coe 1990; Moholy Nagy 1997) “basureros de rituales transpuestos” (Garber, et al. 1998), “depósitos de eventos destructivos” (Houk 2000), “residuos domésticos” o “basureros” (Culbert 1973; Harrison 2000), y “desechos de facto” (Chase y Chase 2004). La definición de “depósitos de terminación [ritual]” (Ambrosino 2007; Freidel y Schele1989; Garber 1983; Inomata 2003; Mock 1998; Pagliaro, et al. 2003; Suhler 1996) tanto reverencial (Piehl 2005) como de profanación (Duncan 2005), representa un avance en la forma de pensar sobre los depósitos en pisos, como el resultado material de los actos con una motivación ritual.

Es posible que las evidencias materiales y rituales, para artefactos depositados a través del tiempo y el espacio puedan ser diferentes dependiendo de si el lugar monumental de la actividad es doméstico o público. En otras palabras, es posible que la variedad de interpretaciones de los depósitos sobre pisos sean diferentes debido a que en realidad representan las diversas actividades llevadas a cabo por personas que representan diversas escalas económicas. No obstante, se sugiere que los depósitos de terminación puedan ser otra “caja negra” que alberga un conjunto variado de acciones rituales. Lo presente no favorece la suposición sin crítica de que el ritual está en el centro de todos los fenómenos materiales que de otro modo no tienen explicación. Si se sugiere que si el ritual es una explicación, entonces el concepto debe ser explorado teórica y materialmente. El ritual es un proceso que guía las acciones humanas, pone en orden a la sociedad, y puede servir como un punto de unificación entre diversos grupos. Por otra parte, el ritual puede generar innovadoras construcciones sociales, conllevando a cambios que funcionan como puntos de controversia y crecimiento.

Para los Mayas de los periodos Clásico Tardío al Terminal en Waka’, esto no fue diferente, temporalmente, el periodo Clásico Terminal se considera contemporáneo con la decadencia de la institución política de los reinos en las Tierras Bajas del sur (Rice et al. 2004). Dada la disminución en la presencia de monumentos públicos en Waka’ patrocinados por el rey, tales como proyectos arquitectónicos e inscripciones jeroglíficas, todos los “wakeños” – independientemente de su clase social, habrían notado estos cambios por igual. En estas circunstancias, parece probable que los Mayas habrían buscado medidas para mitigar el estrés relacionado con la incertidumbre de la época. Se sostiene que un enfoque en la ejecución pública de los rituales habría sido una de las medidas para buscar el orden y dirección a través de tiempos tumultuosos.

Sin embargo, las preguntas sobre cómo los habitantes Mayas de las grandes ciudades como Waka’ respondieron a los efectos del declive político y económico, son a menudo sumidos por importantes debates generales acerca del por qué y cómo se produce el colapso del Estado. En otras palabras, se pasan por alto las micro-adaptaciones en favor de la pregunta más amplia del desmoronamiento del Estado en sí, de modo que mientras que las estrategias de adaptación y el intento de continuidad pueden trasladarse a centros más pequeños donde estos fenómenos se ven en una escala relativamente más grande, esas mismas estrategias empleadas por las personas que ocupaban los grandes centros se pierden en la batalla. Un énfasis en los factores que causan el colapso también puede contribuir a las interpretaciones de los depósitos que datan de este periodo en los centros del yacimiento vinculados a la guerra o al abandono profanador.

Por el contrario, la terminación identificada en los contextos domésticos de no élite tiende a no estar directamente vinculada a la guerra, sino como parte de un continuo ritual cíclico (véase Piehl 2005). Por lo tanto, el enfoque sobre la causalidad versus la adaptación en los debates del colapso de los Mayas, ha llevado en algunos casos a la identificación de la actividad de terminación sobre los pisos, ya sea como indicador del abandono profanador en un centro del depósito o el abandono reverencial del hogar doméstico en la periferia. Se sugiere que, aunque si existe evidencia de este tipo de terminaciones rituales, el énfasis en las causas de la caída de los Mayas puede influir en las interpretaciones de un investigador sobre los depósitos en pisos durante el periodo Clásico Tardío a Terminal, relacionándolas con la guerra.

Por lo tanto, se argumenta que se debe prestar algo de atención a la historia vivida de la sociedad Maya del Clásico Tardío al Terminal, desde una perspectiva que no se enfoque tanto en su marcada caída, así se puede conocer más sobre cómo la gente en grandes centros podrían haber intentado hacer frente al cambio y la crisis. Un modo fundamental con el que los Mayas de diversos rangos sociales enfrentaron este cambio, fue a través de la manipulación ritual continua de objetos materiales sagrados. Considerando a la sociedad Maya en términos de clases sociales, llama la atención a dicha división social que refuerza ciertas interpretaciones basadas en la separación de clase y espacio.  Es decir – la élite ocupa el centro y la gente común ocupa la periferia. Entonces, la separación del núcleo y espacio periférico coloca a las personas que no son de la élite como agentes activos de rituales solo en los contextos a los que pertenecen – es decir, su propio espacio doméstico, mientras que los agentes de rituales de la élite realicen sus ceremonias en el centro del depósito, tanto en espacios públicos como privados.

Al investigar el significado de los depósitos en M13-1, Navarro-Farr (2009) propone: 1) Los depósitos son el resultado de actividades acumulativas de diversos significados rituales y representativos de un grupo socioeconómico de participantes más amplio y 2) que representan los procesos transformativos asociados con la decadencia de la corte real de Waka’.

Para hacer frente a cada una de estas afirmaciones, a su vez, se comenzará con una breve explicación de cada zona donde se registraron los depósitos sobre piso, tanto en la base de la estructura como a nivel de la superestructura. Estos depósitos han sido cuidadosamente registrados en M13-1, incluyendo sobre la Plaza 2 en la base del edificio, sobre la terraza del extremo norte, a lo largo de la terraza central norte, detrás de la pared este del santuario central adosado y a lo largo de la terraza del sector sur del edificio en la base del muro sur del templo central.

Pasando ahora a las pruebas, en relación con la Hipótesis 1 – si las actividades llevadas a cabo en M13-1 son el resultado de los actos rituales acumulativos y diversos, entonces se debería esperar la inclusión deliberada de elementos caracterizados como “ceremoniales” (Coe 1990). Además, si los artefactos representan una población más económica y socialmente diversa, entonces también deberían de haber pruebas de materiales con funciones tanto utilitarias y/o domésticas como especializadas y/o ceremoniales.

En diferentes grados, los múltiples depósitos incluyen tiestos rotos con los bordes gastados, restos humanos fragmentados, puntas de proyectil de pedernal, fragmentos de estuco pintado, cabezas de figurillas, adornos de conchas talladas, piezas de pirita y tres piezas de jade en diferentes etapas de producción.  En términos de los materiales acumulados que sugieren la práctica de rituales, se encontró evidencia en el depósito de vasijas completas, depósitos de tiestos cubiertos de marga y roturas in situ.  La diversidad de la actividad ritual está indicada por la evidencia de actos que son característicos de terminación de rituales y ofrendas devocionales – que incluyen sobre todo una cabeza de estuco rodeada por densos depósitos de cenizas y una vasija invertida de Chablekal Gris Fino, depositada en el colapso.

En cuanto a la evidencia osteológica, Jennifer Piehl analizó restos que muestran una amplia gama de patrones mortuorios. Estos incluyen restos óseos sin entierro formal, dos situaciones independientes de desmembramiento (de un pie y un cráneo), y la dispersión de huesos largos y fragmentos de cráneo en la base de la estructura. En conjunto, la evidencia sugiere múltiples episodios con intenciones variadas que ocurren en todo el edificio. Además, estas actividades rituales no fueron aparentemente llevadas a cabo por los miembros de la corte real. En concreto, los propios artefactos sugieren la participación de miembros que no son de la élite en estos comportamientos rituales acumulativos. En particular, esto se demuestra por la abundancia de artefactos cerámicos de Petén asociados con rituales domésticos (Forsyth 2005), así como distintas cantidades de artículos domésticos de uso tanto ceremonial como utilitario en casi todas los áreas de los depósitos, incluidas los artefactos de pedernal, piedras de moler, fragmentos de figurillas, cuentas de concha, ocarinas, rodelas, jade y piezas de concha en las etapas iniciales o pre-formas de fabricación, entre otros.

En la segunda hipótesis, se sugiere que la actividad en M13-1 se llevó a cabo en asociación con la decadencia de la corte real. Se sabe que el último monumento fechado para el sitio data del 790 DC (en la Estela 32) o en el 801 DC (en la Estela 39). Si este es el caso, entonces se esperaría que los depósitos incluyeran cerámica correspondiente a la transición del Clásico Tardío al Terminal y del Clásico Terminal, así como signos de declive en la elaboración arquitectónica. Keith Eppich ha identificado una transición cerámica para el Clásico Terminal llamada Morai, describiendo estos materiales como, “…una superposición brusca de tradiciones cerámicas del Clásico Tardío al Terminal con unas cuantas cerámicas diferenciadas que actúan como objetos indicadores. En este caso, la cerámica transitoria diferenciada incluye Anonal Naranja Policromo y Gris Morai Policromo No Designado (Suktan), que no se producen en los depósitos del Clásico Tardío al Terminal. Ambos son cerámicas muy diferenciadas” (Eppich en preparación). Así, si estas actividades se refieren temporalmente al declive de la corte real, entonces debería de haber una buena representación de cerámica del complejo Morai en estos depósitos. Además, debería de haber una presencia muy limitada de elementos típicos de rituales reales tales como cerámica policroma fina, textos jeroglíficos y jades minuciosamente tallados.

La evidencia cerámica indica que los distintos depósitos y las actividades asociadas no son totalmente coetáneos y que se produjeron esporádicamente durante la última parte del Clásico Tardío y el inicio del Clásico Terminal. Los depósitos de la terraza del extremo norte y aquellos situados en la terraza central incluyen tipos entre ocho y diez variedades asociadas con el complejo de transición Morai, que data aproximadamente de los años 770-820 DC. Los depósitos de la terraza del sur asociados con la cabeza de estuco incluyen cerámica que Eppich ha encontrado dentro de los 14 tipos de variedades divididas en dos fases distintas: la fase de transición Morai y la faceta temprana del Clásico Terminal ~ 800-900 DC.

El tercer grupo de cerámica diagnóstica que se discute acá proviene da la Plaza 2. Los depósitos densos en la base de la estructura incluyen 19 tipos de variedades. Esta ubicación de depósitos más abiertamente accesible es también el área con la mayor diversidad de cerámica. Las fechas aquí fijan estas actividades por un periodo posterior a la mayoría de lo que se ve encima de la superestructura – durante la faceta temprana del Clásico Terminal, entre aproximadamente los años 800-900 DC.

Además, se examinaron tres muestras de carbón pertenecientes a áreas de depósitos separados. La muestra del Entierro # 36 data de 780-1000 DC o del Clásico Tardío a Terminal. La muestra del depósito contiguo a la división adosada central está dividida en dos fechas incluyendo una entre el 900-920 DC y la otra entre el 960-1040 DC, ambos del Clásico Terminal. La tercera muestra a lo largo del sector sur dio una sorpresa, al fechar entre el 620 y el 690 DC, lo que sitúa lo ocurrido allí entre el periodo Clásico Medio y la faceta temprana del Clásico Tardío. Si bien se reconoce que esta última fecha podría ser el resultado de los procesos tafonómicos, también existe la posibilidad de que constituya una prueba de que la actividad en este sector del edificio se produjera en el periodo Clásico Tardío, antes de la decadencia de la corte real de Waka’, y bien antes del levantamiento de la última estela del yacimiento. En la actualidad, parece claro que es necesaria más evidencia de artefactos y fechamiento radiométrico en esta área para sacar conclusiones acerca de posibles actividades en el periodo Clásico Tardío en este sector del edificio.

En términos de la cerámica fina y otras evidencias de actividades patrocinadas por la corte real, hay una notable ausencia de cualquier policromía fina del periodo Clásico, tales como Yaloche Crema Policromo, Caldero Ante Policromo y Actuncan-Dos Arroyos Policromo. Sin embargo, hay aproximadamente 15% de fragmentos policromos del periodo Clásico Tardío en la superestructura en comparación con menos del 3% sobre el piso de la plaza.  Los relativamente pocos elementos acabados de prestigio incluyen tres piezas de jade, dos de las cuales se encontraban en etapas preliminares de producción al nivel de la Plaza 2, y la otra es una cuenta asociada con el Entierro # 36. También hay unos cuantos trozos de espejo de pirita fragmentados. Además, existe una notable concha tallada con un delicado diseño de trébol de cuatro hojas. Este es el único ejemplo encontrado en cualquiera de las áreas de depósito con un motivo glífico.

Volviendo brevemente a la arquitectura – hay pruebas en toda la superestructura, así como en los depósitos de la Plaza 2, que las construcciones arquitectónicas continuaron a menor escala. Estas “renovaciones” parecen haber sido limitadas por escasos recursos o conocimientos insuficientes, ya que no estaban bien ejecutadas, consistiendo en paredes contiguas mal situadas, una construcción cruda que rodea la Estela 10 en la Plaza 2, suelos y acabados de yeso burdos, y piedras irregulares mal colocadas que son marcadamente diferentes cuando se compara con la mampostería del periodo Clásico.

En resumen, se revisó una serie de puntos claves: Hay evidencia de que 1) existieron múltiples episodios temporales de diversas actividades rituales durante el Clásico Terminal, 2) Hay evidencia de un mayor número de participantes claramente que no pertenecen a la corte real, 3) Se evidencia el declive en la marcada ausencia de policromía fina, glifos, elementos de prestigio finamente trabajados, y en las numerosas modificaciones arquitectónicas mal ejecutadas y 4) La cerámica transitoria del Clásico Tardío al Terminal y las fechas radiométricas procedentes de distintas ubicaciones de la superestructura sugieren actividades relacionadas que más o menos coinciden con el final de la presencia de la corte real en Waka’.

Las implicaciones de estos hallazgos desafían las ideas tradicionales de los modelos núcleo-periferia para la actividad ritual de miembros que son de la élite, en especial durante este periodo de transición. Se argumenta que la Estructura M13-1 funcionó en sus últimos años, como lugar de peregrinación para todos los miembros de la sociedad “wakeña”. El conjunto de rituales que se manifiestan en forma de depósito sobre los pisos de los objetos santificados en M13-1 (ya sean utilitarios o de prestigio y/o previamente rotos y materiales desechos otra vez depositados) no sugiere “ocupación transeúnte” por parte de asentadores desconocidos o actividades relacionadas con la guerra, sino más bien la participación de una serie de miembros que no son de la élite en un proceso de celebración ritual (para más información véase Garber 1981, 1983). Parece que miembros que no eran de la élite se reafirmaban ritualmente en el contexto de estos espacios urbanos durante el periodo de abandono, sobre todo en la Estructura M13-1.

Se sugiere que la participación ceremonial de los “wakeños” que no eran de la élite en un importante santuario público, es una manifestación antigua de ceremonias contemporáneas en las que los Mayas modernos interactúan ritualmente en sitios arqueológicos y monumentos de antiguas ciudades Mayas. Estas prácticas de veneración y sus manifestaciones materiales han sido bien documentadas por el trabajo de Linda Brown. Sus investigaciones etnoarqueológicas son análogas y pertinentes a la evidencia encontrada en M13-1. Para ello se debe continuar siendo meticuloso en las excavaciones y utilizar análisis de alta resolución en los depósitos sobre pisos asociados al Clásico Tardío y Terminal.  Este enfoque permite unas líneas de investigación de cómo un grupo más amplio de Mayas reaccionaron al colapso de sus sistemas políticos. Así se podrán revelar las complejas maneras en que los Mayas empezaron a reinventarse durante estos periodos liminales.

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