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101 El Atlas Arqueológico de Guatemala: Un legado laportiano para toda la vida – Lílian Argentina Corzo, Mara Antonieta Reyes, Héctor E. Mejía – Simposio 24, Año 2010

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Corzo, Lilian Argentina, Mara Antonieta Reyes y Héctor E. Mejía

2011        El Atlas Arqueológico de Guatemala: Un legado laportiano para toda la vida. (Editado por B. Arroyo, L. Paiz, A. Linares y A. Arroyave), pp. 1246-1250. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

101

EL ATLAS ARQUEOLÓGICO DE GUATEMALA:

UN LEGADO LAPORTIANO PARA TODA LA VIDA

Lílian Argentina Corzo

Mara Antonieta Reyes

Héctor E. Mejía

ABSTRACT

In an era when institutions and scholars were only interested in the great archaeological centers of Maya culture and their associated elites, there was a group of scholars interested in the preservation of minor sites and in obtaining valuable data that contributed to our knowledge of an already vanished society. Who were these scholars? What was their personal interest? One of these great scholars was the Guatemalan, Dr. Juan Pedro Laporte Molina, an honorable person, a brilliant researcher, and a creative engine behind the national program, The Archaeological Atlas of Guatemala. In this work we review the historic trajectory of this program, its beginnings, development, and research contributions to the national archaeology by means of the immense great work that Dr. Laporte accomplished over twenty-three years. The Archaeological Atlas of Guatemala was the last great project of Dr. Laporte and reflects his love and dedication to the archaeology of Guatemala.

Hablar de Juan Pedro Laporte es muy difícil para todas aquellas personas que de una u otra manera estuvimos cerca de él tanto profesional como personalmente, pero hoy estamos aquí para disertar sobre la ultima gran pasión de Juan Pedro,  así como de sus múltiples aportes como parte fundamental en la creación del Programa  Atlas Arqueológico de Guatemala, institución que dirigió exitosamente por 23 incansables años de trabajo y cuyo legado aún perdura.

Un claro relato de las acciones de Juan Pedro en el sureste de Petén, indica la razón  y la forma de los inicios del trabajo en una época cuando a las instituciones y a los profesionales en la materia únicamente les interesaban los grandes centros arqueológicos representantes de la cultura Maya.   Y no es que estemos diciendo que no le hubiere interesado este tipo de investigaciones, pues como es de su conocimiento, sus trabajos como director e investigador de proyectos de gran magnitud en Tikal y Uaxactun, alcanzaron resultados determinantes para la arqueología Maya.

A mediados de la década de los 80’, luego de una ola de ataques personales, Juan Pedro se atrinchera en Uaxactun, allí en una corta estancia, empieza a fraguar la idea de una de las investigaciones más exitosas y temerarias que llevó a cabo: Investigar aquellas zonas olvidadas y que al parecer no presentaban ningún interés aparente para el resto de los investigadores mayistas. Fue así que en los meses de octubre y noviembre de 1985, siendo parte aún del Proyecto Nacional Tikal, llevó a cabo la primera incursión en los reconocimientos arqueológicos en el sureste de Petén, teniendo como base de operaciones a la población de Dolores, la cual sería para él  (y para muchos de nosotros) su hogar por muchos años.  Junto con Rolando Torres se internaron en aquellos lodosos caminos de los municipios de Poptún y Dolores, realizando los primeros recorridos en los sitios de Ixtonton, Sacul e Ixkun.

Los resultados obtenidos y su amplia visión, le llevó a darse cuenta de la falta de equilibrio en el asentamiento prehispánico mostrado en los cuatro cuadrantes en que fue dividido el mapa de Petén, lo cual ilustra con claridad que la actividad fundamental para la explicación arqueológica era lograr rellenar algún día los restantes cuadrantes en donde sólo existen las ciudades Mayas más conocidas.

Con este planteamiento teórico dio inicio a las actividades de reconocimiento arqueológico llevadas a cabo hasta hoy en toda la zona sureste y centroeste de Petén, demostrando que el tipo de asentamiento que caracteriza al territorio es aquel que remite a múltiples núcleos, muy diferente al que,  por lo general, ha sido presentado, basado en la presencia de ciudades mayores bien estructuradas que dominaban amplias zonas periféricas compuestas por asentamientos de composición dispersa, en donde no existían otros núcleos que pudieran ser considerados como urbanos.

En esta ponencia haremos un recorrido del proceso histórico de este programa, sus inicios, desarrollo y el aporte científico que ha supuesto para  la arqueología nacional el trabajo de Juan Pedro Laporte.

Tal  como se ha mencionado se podría decir que la historia del Atlas y de Juan Pedro, se inicia en 1985 cuando él y un grupo de arqueólogos guatemaltecos tuvieron la oportunidad de realizar una visita a varios sitios arqueológicos localizados en el sureste de Petén,  los cuales habían sido reportados con anterioridad  generalmente asociados a monumentos esculpidos como son:   Ixkun,  Ixtutz,  Xutilha y Poptún.

En esa ocasión pudieron observar otros centros de igual importancia y que no estaban reportados como son: Ixtonton e Ix Kol,  todos ellos situados en el municipio de Dolores, Petén.   Esta primera incursión dio como resultado la percepción de estar frente a una región rica en vestigios arqueológicos y de sumo interés para el conocimiento de la Cultura Maya.

Es a  partir de esta primera visita y después de asistir en 1986 a la Primera Reunión del Seminario Permanente de Estudios México-Guatemala sobre aspectos culturales, llevado a cabo en San Cristóbal de las Casas,  en donde se reconoció con urgencia la importancia de conocer a fondo el patrimonio  cultural que por diversas razones permanece bajo amenaza de ser saqueado y destruido debido a las continuas migraciones, tráfico ilícito  y agricultura de roza.

Es así como en julio de 1987 junto a Juan Antonio Valdés que presentaron ante las autoridades del Instituto de Antropología e Historia, un proyecto para la creación e implementación de un Atlas Arqueológico de Guatemala en donde se contemplaban para su estudio las Tierras Bajas de Petén, las Zonas Intermedias de Alta Verapaz e Izabal, el Altiplano Central, el Altiplano Occidental, el Oriente de Guatemala y la Costa del Pacifico.

Entre los objetivos principales de dicha propuesta estaba que para la adecuada protección del patrimonio arqueológico era necesario conocer la ubicación precisa y las características principales de cada uno de los centros arqueológicos que se encontraban diseminados a través del territorio nacional, no importando su tamaño, complejidad o que su categoría fuera ceremonial o habitacional.

Es en agosto de 1987 cuando el Atlas Arqueológico de Guatemala inició su funcionamiento como tal, pero bajo el subtitulo de Proyecto Sureste de Petén,  teniendo como primer objetivo el registro de sitios del departamento de Petén.  Esta prioridad se dio a la vista de la fuerte migración de gente desplazada de otros departamentos, así como la continua depredación y saqueo que se presentaba en ese lugar.   El Instituto de Antropología de Historia tenía en esa zona una infraestructura mínima, pero se contó con personal que nominalmente pertenecía al Proyecto Nacional Tikal así como con el apoyo financiero para su funcionamiento.

La primera fase del trabajo fue la recopilación bibliográfica y el procesamiento de datos  de la información sobre sitios arqueológicos ya reportados especialmente de Quiché, Alta Verapaz, Izabal y Petén y fue realizada en la sede del IDAEH, mientras que la fase de campo se inició en agosto de ese mismo año 1987, en el municipio de Dolores, en donde el recorrido de áreas geográficas con cobertura total, fue parte de la técnica del reconocimiento arqueológico así como el registro de  la compleja situación geográfica que incluye múltiples ríos, altas montañas, crestas calizas, sabanas abiertas y regiones pantanosas en el sureste de Petén.

Después de un tímido inicio que estuvo restringido a algunos sectores del municipio de Dolores y Poptun, el atlas tuvo un notorio cambio a partir de 1993 con la construcción del tramo carretero San Luis-Santa Elena en donde por ser subcomponente del Programa de Protección y Conservación de Sitios Arqueológicos en Petén recibió financiamiento externo.  Este apoyo hizo viable el registro en un área en donde el vestigio arqueológico es por lo general de tamaño modesto.  Como resultado de esta apertura y debido a la limitación de tiempo que imponían las condiciones económicas y políticas en la construcción de la carretera y los cambios que esta traía consigo, fueron reconocidos, levantados y sondeados muchos sitios en los municipios de San Luis, Poptún, Dolores y Santa Ana.

A partir de 1998 el Atlas Arqueológico dirigió el reconocimiento hacía las áreas protegidas del sur de Petén, como son la Reserva de la Biosfera Montañas Mayas-Chiquibul y el Refugio de Vida Silvestre Machaquila-Xutilha, el cual incluye también la Reserva San Martín situada al sur del municipio de San Francisco.  También se cubrieron los sectores de sabanas húmedas y secas de Dolores, Santa Ana y San Francisco.

A partir del año 2001 se amplió el reconocimiento hacía el centro oeste de Petén y se cubrieron las sabanas secas que están en torno a la población de La Libertad,  hasta alcanzar la zona de las lagunas de San Diego y La Gloria, así como el inició de la Sierra Lacandón.

Uno de los últimos trabajos dirigidos por Juan Pedro se ha centrado en la zona de la cuenca del río Pejelagarto hacia el nor-oeste del municipio de San Andrés y en el municipio de Flores en la Península de Tayasal, en donde aparte del reconocimiento, actualmente se están realizando pozos de sondeo y exploraciones arquitectónicas.

Hoy la muestra del Atlas Arqueológico de Guatemala en el sureste de Petén consiste de 383 sitios ubicados en el sector este de los municipios de San Luis, Poptun y Dolores, y en el sur de Santa Ana y Melchor de Mencos, La Libertad, San Andrés, San José, San Benito y Flores,  y que están repartidos en las distintas cuencas fluviales que componen la región y que asimismo la distinguen de otros sectores de las Tierras Bajas.  Se han logrado definir con el reconocimiento actual un total de 61 entidades políticas en el ámbito regional. Baste decir que esta zona incluye a varios sistemas fluviales mayores, en siete municipios de Petén, con un área mayor a 10,000 km².

El Programa Atlas Arqueológico de Guatemala fue el último gran proyecto de vida de Juan Pedro y por lo mismo refleja su amor y dedicación; en este momento podemos de alguna forma determinar este patrimonio ¿Cuál fue su aporte hacía la Arqueología Guatemalteca en cuanto a su trabajo en el Atlas Arqueológico de Guatemala?.

Durante los últimos veintitrés años dirigió las actividades de campo y gabinete del programa, aplicando su criterio intuitivo y brillante, sus amplios conocimientos sobre geografía, fisiografía, arqueología e historia, para conducir el programa de reconocimiento arqueológico.   De esta manera se cubrieron los elementos necesarios que servirían de base a todos los estudios de carácter arqueológico que se desprenden de esta actividad, posibilitando iluminar el patrón de asentamiento de una parte crucial de Petén, así como conocer los orígenes del poblamiento, su adaptación a distintos medio ambientes, la formación de las entidades políticas, sus cambios y el proceso de desintegración, la penetración de nueva población y etnias, así como de aspectos históricos y etnohistóricos que acompañan a este desarrollo.

Posteriormente  y quizás la más importante, fue su propuesta de construir otros modelos alternativos y flexibles de organización territorial basados en varios esquemas organizativos que coexisten en Petén. Al tiempo propuso la necesidad de revisar los modelos que propugnan la existencia en Petén de entidades territoriales mayores, ya que bajo el prisma de un nuevo mapa de asentamiento para Petén, aquellos modelos resultan obsoletos y a medida que avanza el proceso de reconocimiento arqueológico, está claro que el fenómeno de las entidades de reducido tamaño y alcance, es el que cubre la mayor parte del territorio.

Este fue el legado que nos dejó, juntamente con muchos resultados en publicaciones, ya que para él,  era crucial para el desarrollo del conocimiento arqueológico, el método y la teoría;  él pensaba que los reportes de sitio que presentan hallazgos de las excavaciones de campo, contienen información invaluable que sirve de base para la construcción o confirmación del conocimiento y que aunque los reportes técnicos son descriptivos nunca llegan a ser obsoletos, por lo que los resultados de excavación deben ser publicados y accesibles a los investigadores.  Por ello en el año 2002 decidió crear una página Web en donde los reportes, publicaciones y revistas generada por el Atlas Arqueológico estuvieran siempre disponibles.

La amplia producción de reportes en donde se detallan las actividades de campo y de gabinete, así como de investigaciones específicas para obtener grados profesionales y de artículos que pretenden la divulgación de la información obtenida por el Atlas Arqueológico de Guatemala, lleva a mantener un listado actualizado que pueda ser consultado por técnicos e investigadores relacionados con la arqueología de las Tierras Bajas Mayas.

El número de publicaciones en libros, revistas y tesis de grado alcanza la cifra de 154, mientras que los trabajos editados en Reportes del Atlas Arqueológico llega a  los 305.  Lo anterior está enmarcado en 23 reportes técnicos, cuatro revistas, ocho monografías, ocho seminarios y 20 tesis.

Todo esta información obtenida por el Atlas Arqueológico de Guatemala se plasma en la publicación “La Organización Territorial y Política en el mundo Maya Clásico; El caso del Sureste y Centro-Oeste de Petén, Guatemala, publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, en el 2005, así como las monografías de Registro de Sitios Arqueológicos del Atlas Arqueológico de Guatemala, que Juan Pedro  en forma burlona llamaba “el super libro”.

Su último gran trabajo sintetiza parte de su conocimiento y propuesta de la secuencia cerámica del sur y centro de Petén,  habiendo acelerado su publicación al saber de su enfermedad,  ya que su mayor preocupación, más allá de su salud,  era el terminarla antes de su muerte.

A su vez, armó y presentó un esquema Tipológico que reúne y discute los elementos analíticos diseñados para el estudio de los fragmentos cerámicos recuperados en zonas y sitios tan diversos, que nos permite articular un aspecto de discusión y comparación que puede ser empleado por diversos grupos del mundo académico.

En 1993 se presentó la primera versión de la secuencia cerámica aplicable al área de Dolores. Ese planteamiento original estuvo basado en los materiales recuperados durante el reconocimiento y en las excavaciones de sondeo de un sitio principal, Ixtonton, situado en la cuenca alta del río Mopan (Laporte 1994).

Al haberse ampliado la colección cerámica con la investigación de otros sitios de la región, en 1995 fue planteada una actualización a la secuencia del sureste de Petén. Entre estas nuevas muestras resaltó el material obtenido en sitios tales como Ixkun, Curucuitz, Sacul, Yaltutu, La Unión y otros centros asociados al noroeste de la meseta de Dolores.

Mucho de este material correspondió a una etapa de transición entre el Preclásico Tardío y el Clásico Temprano, lo que permitió revisar la secuencia tipológica asignada a este último y formular la presencia en el área de Dolores de una esfera cerámica adicional considerada como Chicanel Periférico, la cual cubre un espacio temporal que alcanza a los siglos V y VI DC.

Los resultados indicaron de inmediato que existía una mayor diversidad cerámica que la planteada originalmente en el estudio de 1993.  Con esta nueva muestra fue posible definir el complejo cerámico que representa al Preclásico Medio, así como también fue reforzado el contenido clasificatorio de los complejos que representan al Preclásico Tardío, Clásico Temprano, Clásico Tardío y Clásico Terminal. Asimismo, planteó que en el caso del Postclásico sería necesario promover la localización de nuevas muestras con el fin de establecer una secuencia concreta y comparable con otros sectores de las Tierras Bajas Centrales.

En cuanto a campo, en las excavaciones, como todos los presente sabemos, de pronto pueden complicarse y causarnos dolores de cabeza, él siempre estaba ahí para supervisar, explicar, dirigir, debatir y a veces para realizar todo un marco histórico de nuestro problema a nivel regional, lo importante era ante todo solucionar y entender el problema. Siempre apostó por la formación de capital humano, él capacito a muchos profesionales que actualmente trabajan en diferentes proyectos en donde aportan con su trabajo a la formación de una arqueología guatemalteca cada vez más sólida. Por lo que podemos asegurar que su mayor legado es haber formado y creado una verdadera corriente de arqueología guatemalteca, que si bien no es el 100% de los arqueólogos guatemaltecos, podríamos decir que es un porcentaje importante.

Juan Pedro, como era conocido por todos los que trabajamos con él, fue un amigo y maestro, la persona que apoyo el desarrollo y el conocimiento personal de cada uno. Bajo su dirección se dio un aprendizaje diario, siempre estaba al tanto de los temas que a cada arqueólogo interesaban, y nos proporcionaba documentos que hablaban sobre nuestro tema de interés.  Recordando como anécdota que cada principio de plan llevaba varios documentos para que fueran consultados por los arqueólogos que trabajábamos junto a él.

Para concluir sólo resta decir que nos enseñó dando ejemplo, siendo exigente hasta el cansancio primero consigo mismo y luego con los demás, en cuanto al trabajo con él las reglas siempre estuvieron claras. Tengo una anécdota que enmarca el carácter profesional y desprendido de Juan Pedro, durante el mes de noviembre del año pasado estábamos en Dolores y de pronto le insistí sobre el tema de los reconocimientos, durante muchos años y en esos días le habían propuesto reiteradamente que aceptara tal o cual premio a lo que él siempre se negó,  y me contestó un poco fastidiado:  “como voy a aceptar un premio por un trabajo por el que fui contratado y me pagaron”;  como presioné de nuevo indicándole que él se lo merecía me respondió viéndome a los ojos directamente “lo que pasa es que yo lo he hecho bien”;  se dio la vuelta y se fue dejándome sin saber que decir.

De parte del equipo presente y pasado del Atlas Arqueológico de Guatemala podemos decir que vamos a extrañar al Jefe porque ya no tendremos su dirección, al amigo porque ya no podremos contar con él, pero el maestro nos acompañará el resto de nuestras vidas ya que dejó cimentado en cada uno de nosotros el amor por la arqueología.

En cuanto al futuro del Atlas Arqueológico de Guatemala  tomando sus palabras decimos “No podemos ir contra la razón, por lo que por nuestra parte continuaremos caminando la extensión que sea necesaria hasta completar un plano de distribución del asentamiento Maya que no deje dudas al respecto en la búsqueda de un nuevo modelo interpretativo”.

Seguramente él nos ha de estar viendo, enrollándose los bigotes y preguntándose cuando vamos a dejar de estar hablando tanto de él, en lugar de estar trabajando.

 

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