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76. ESCRITURA Y LENGUA EN TAK’ALIK AB’AJ: PROBLEMAS Y PROPUESTAS – Alfonso Lacadena – Simposio 23, Año 2009

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Lacadena, Alfonso

2010        Escritura y lengua en Tak’alik Ab’aj: Problemas y propuestas. En XXIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2009 (editado por B. Arroyo, A. Linares y L. Paiz), pp.1022-1039. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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ESCRITURA Y LENGUA EN TAK’ALIK AB’AJ: PROBLEMAS Y PROPUESTAS

Alfonso Lacadena

Universidad Complutense de Madrid

PALABRAS CLAVE

Arqueología Costa Sur, Tak´alik Ab´aj, escritura, Maya, Mixe-Zoque

ABSTRACT

WRITING AND LANGUAGE AT TAK’ALIK AB’AJ: PROBLEMS AND PROPOSALS

Tak’alik Ab’aj offers one of the most interesting epigraphic and iconographic corpora of the Preclassic period. In this work we address problems concerning the identification of the writing system and language of the Tak’alik Ab’aj inscriptions and the methodological tools used for this study, presenting for debate some interpretative proposals relative to the linguistic affiliation of these texts.

PROBLEMAS EN TORNO A LA IDENTIFICACIÓN DE LA ESCRITURA Y LA FILIACIÓN LINGÜÍSTICA DE TAK’ALIK AB’AJ

Cuando se hace un repaso de las diferentes sugerencias que se han hecho sobre la identificación escrituraria y la filiación lingüística de los textos de la región de la Costa Sur de Mesoamérica, no puede menos que sorprender la variedad de propuestas que existen (para un sumario de las de Kaminaljuyu, ver Mora-Marín 2005: Tablas 1 y 2). Esta variedad de propuestas no hace sino señalar la enorme dificultad que existe al momento de interpretar en términos de filiación cultural, epigráfica y lingüística un corpus de inscripciones que se caracteriza por su escasez, su mal estado de conservación, su no siempre adecuada documentación y su opacidad. De hecho, como advierte Houston (2004) es difícil resolver el problema de estas escrituras tempranas con la escasa información disponible.

El panorama global es confuso con unos patrones de relación en el área aparentemente distintos según considera la Iconografía, la Epigrafía o la Arqueología. El Preclásico Tardío es un periodo de enorme dinamismo en Mesoamérica con la expansión y consolidación de procesos urbanísticos, culturales y de modos de organización sociales y políticos que tuvieron su origen en el periodo anterior, a la vez que es el tiempo del desarrollo de versiones locales de muchos de estos elementos. En la región, es una época de permanentes cambios en el paisaje arqueológico (Lowe 1989; Love 2004), de fluidez y de grandes préstamos, difusiones e intercambios.

Un elemento perturbador en toda esta discusión es la caracterización de buena parte de la escultura y la escritura de la región en el Preclásico Tardío —y en concreto de Tak’alik Ab’aj— como maya, en virtud de las aparentes similitudes iconográficas y escriturarias que presenta con monumentos y textos tempranos de esa cultura (por ejemplo Graham 1992). Es cierto que la similitud existe, pero quizás no tanto como para que permita interpretar esas semejanzas en términos de identidad étnica y lingüística, excluyendo otras posibles interpretaciones.

Las exquisitas precauciones y cautelas que se toman en otros casos a la hora de interpretar la dispersión de un estilo en términos de etnicidad (como la distribución del estilo Olmeca del Preclásico Medio) parece que se abandonan en este caso y se aplica sin crítica la ecuación de que semejanzas en el estilo artístico son iguales a semejanzas de la etnia o lengua del lugar. De todos los marcadores posibles de filiación étnica (de un sitio) y lingüística (de un texto), posiblemente la Iconografía sea la menos indicativa, frente a la mayor cualificación del dato arqueológico, sobre todo cerámico (para la etnicidad), y epigráfico (para identificar la filiación lingüística de un texto).

En el caso de Tak’alik Ab’aj, caracterizar la escultura monumental y la escritura del sitio posterior al 400 AC como Maya no es más que una afirmación no probada mientras no se responda a la pregunta consecuente de dónde se encuentran y qué características presentan los modelos iconográficos anteriores o al menos estrictamente contemporáneos originales Mayas de los que los monumentos de Takalik Ab’aj —y de toda la región— son presunto reflejo. La presunta caracterización como Maya de la escultura de Tak’alik Ab’aj posterior al 400 AC ha venido a convertirse en evidencia efectiva de una presencia Maya en Tak’alik Ab’aj en el Preclásico Tardío e incorporada como un hecho indiscutible en las interpretaciones históricas del sitio.

Otro de los problemas es el estado de conservación de los textos y su documentación. La erosión de muchos monumentos impide contar con versiones en dibujo de línea fidedignos. Si la profundidad del relieve y el mayor tamaño de los motivos hacen que se conserve en muchas ocasiones mejor o sea más reconocible la representación iconográfica de los monumentos, el menor tamaño de los signos escritos y su frecuente realización con trazos o relieves menos profundos, incide en algunos casos en la reproducción insatisfactoria de los textos. Aunque se cuenta con dibujos de prácticamente todos los ejemplos que son de interés, su grado de detalle es aún insuficiente en muchos casos.

La alabanza que debe provocar siempre la cautela al dibujar y el siempre mejor criterio de no reproducir trazos que se consideren dudosos juega en contra cuando las identificaciones epigráficas y las interpretaciones que se fundamentan en ellas se basan, justamente en la ausencia o presencia de ciertos detalles. La experiencia muestra que cuando existen distintas versiones del dibujo de un mismo texto, hechas incluso por epigrafistas, éstas pueden mostrar una gran variabilidad (por ejemplo, las diferentes versiones existentes del texto largo del Altar 10 de Kaminaljuyu). Esto debe prevenir de los ejemplos de los que se cuenta con una sola versión de dibujo de línea, como es el caso de la mayoría de textos de Tak’alik Ab’aj que aquí interesan.

Por poner un ejemplo de la importancia de un registro adecuado y de lo trascendente que puede ser el descubrimiento de un nuevo detalle, una fotografía detallada de los dos bloques glíficos conservados de la Estela 21 de Kaminaljuyu publicada por Stuart (2007) ha mostrado, como bien ha identificado el investigador, la presencia de un fonograma -la sufijado al signo de la derecha que no había sido apreciado hasta ahora, ni reflejado en los dibujos disponibles del monumento (Figura 1).

La importancia del nuevo detalle añadido por Stuart es grande en cuanto a que, interpretado en clave lingüística, puede confirmar la presencia del fonema /l/ en Kaminaljuyu, al menos para esta inscripción y este instante (que corresponde con algún momento vago de los tres siglos de la Fase Arenal, entre 200 AC y 100 DC). Aunque por sí solo este signo no sirve para identificar la lengua del texto, sí al menos excluiría una lengua mixe-zoque, ya que las lenguas Mixe-Zoques carecen del fonema /l/ (Wichmann 1995; Kaufman y Justeson 2008a), restringiendo de este modo las posibilidades y dejando como candidata una lengua de las familias Maya o Xinca.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, el presente trabajo se centrará en aspectos epigráficos y lingüísticos de Tak’alik Ab’aj. No se referirá en esta ocasión a otros sitios como Kaminaljuyu, Izapa, El Portón o El Baúl, salvo en la medida en que interese para discutir directamente la cuestión de la filiación lingüística de los textos de Tak’alik Ab’aj.

LA FILIACIÓN LINGÜÍSTICA DE TAK’ALIK AB’AJ

Se puede resumir en dos las propuestas generales acerca de la filiación lingüística de Tak’alik Ab’aj: Maya y Mixe-Zoque. A continuación se presentarán las propuestas, centrándose en la evaluación crítica de los marcadores diagnósticos lingüísticos utilizados para su identificación en cada caso.

INDICADORES LINGÜÍSTICOS MAYAS PROPUESTOS PARA TAK’ALIK AB’AJ

El principal defensor actual de la filiación Maya para los textos de Tak’alik Ab’aj es Mora-Marín, quien en su trabajo de 2005 resume los argumentos a favor de la propuesta (vid. también Mora-Marín 2001). Los argumentos esgrimidos son los siguientes: al hilo de la discusión sobre la presencia del posible cambio ch’olano *ee > *ii >*i en Kaminaljuyu (2005:71), dice: “[t]he parallel *oo > *uu > *u shift in Ch’olan is attested indirectly in the use of the T548 TUN/HAB’ logogram with the Initial Series Introductory Glyph on Takalik Abaj Stela 2 (236–19 b.c.; Justeson y Mathews 1983; Mora-Marín 2001:253)”.

Más adelante (ibíd.: 70-79), añade: “there is evidence for graphemic identities (…) also between texts at Takalik Abaj and the Maya Lowlands. One example is found in the glyphic correspondences between one glyph on Takalik Abaj Monument 11 (Figure 16a) and two glyphs on the Kichpanha bone stylus (Figure 16b–d). The glyph at B2 on Takalik Abaj Monument 11 corresponds to the glyphs at A3–A4 on the Kichpanha bone stylus from Belize, which Kathryn Reese-Taylor and DebraWalker (2002: 99–100) date to circa a.d. 159–238, their definition of the Protoclassic period. This is supportive evidence for the same sign inventory at Takalik Abaj and Late Preclassic or Protoclassic Kichpanha”.

Y, por último (ibíd.:79), afirma: “Takalik Abaj writing was undoubtedly Mayan. As independently noted by Justeson and Fahsen, an example of the LORD glyph on one of the sides of Stela 5 (Figure 17a) bears a phonetic complement T130 wa, showing that the word for “lord, ruler” was a descendant of the Proto-Mayan *aajaaw, which has reflexes in many Mayan languages besides Ch’olan”.

En realidad no son muchos los marcadores lingüísticos diagnósticos Mayas identificados en Tak’alik Ab’aj en soporte de esta tesis. Se limitan a uno indirecto —la presencia de un signo de Takalik Ab’aj presuntamente igual a dos signos consecutivos en un texto Maya de Kichpanha, Belize—, y dos directos —la presencia de TUN/HAB’ “año” escrito en la Estela 2 (y 5), y la presencia de la palabra ajaw “señor” en la Estela 5.

1.1. Takalik Ab’aj y Kichpanha

La semejanza entre el bloque B2 del Monumento 11 de Tak’alik Ab’aj y los bloques A3 y A4 de un texto temprano de Kichpanha señalada por Mora-Marín es notable y no es cuestionable (Figura 2), pero es preciso hacer notar que la semejanza señalada es sólo a nivel icónico, sin proporcionar pruebas de que primero, los signos en uno y otro texto tienen la misma lectura y segundo, que esta lectura proporciona una palabra en Maya. La existencia de deidades compartidas en Mesoamérica a nivel iconográfico y escriturario es un hecho frecuente y la existencia de motivos, iconos y temas compartidos en particular entre la tradición escultórica de la Costa Sur y el área Maya de Tierras Bajas hace tiempo que se ha advertido. Se considera éste, entonces, un argumento circunstancial que no proporciona evidencia lingüística.

1.2. Tun/Hab’ “año” (Estela 2,  A1; Estela 5, A1, B1)

Este argumento descansa en la propuesta de Justeson y Mathews (1983), recogida por Mora-Marín (2001: 253; 2005: 71) de que el signo Maya T548 AÑO se lee como TUN/HAB’, en virtud de un presunto rebus entre tun “tambor” (lo que representaría icónicamente el signo AÑO) y tuun “piedra” y “(fin de) año”. La lectura tuun de T548 implicaría, efectivamente, el cambio *oo > uu > u característico de los idiomas Mayas cholanos (“piedra” en proto-Maya tiene vocal *oo).

Sin embargo, si bien hay pruebas de que el signo T548 AÑO se leía en Maya como HAB’ (como muestra la complementación fonética final que recibe en ma (por b’a) en tiempos tempranos y b’i en el Clásico Tardío), no existen en realidad pruebas que avalen que el signo tuviera una segunda lectura de TUN. Stuart ha demostrado recientemente que tuun “piedra” en realidad no es sinónimo de “año” y que no se encuentra ningún léxico Maya en que tu(u)n tenga este segundo significado. Según Stuart, tuun se referiría en todo momento a la dedicación de piedras asociadas con los rituales calendáricos y se escribiría con otro signo, T528 TUN (TUN, TUN-ni, tu-TUN, tu-TUN-ni). La lectura de T548, por tanto, es sólo HAB’, quedando invalidado el argumento de la segunda lectura TUN (y sus implicaciones).

1.3. Ajaw “señor” (Estela 5, C1)

De los tres argumentos esgrimidos, este es el más serio y el único que podría presentar una evidencia lingüística de la presencia de una lengua Maya en los textos de Tak’alik Ab’aj. El ejemplo, sugerido por John Justeson y Federico Fahsen (Figura 3a), se basa en la identificación del logograma maya SEÑOR en el bloque C1 de la Estela 5 (los dos primeros signos, formando en realidad uno sólo) y la de un signo en su parte inferior, el cual, por su parecido con el fonograma Maya wa, podría funcionar como un complemento fonético del logograma, dando como lectura AJAW-wa, ajaw “señor”, una palabra Maya bien atestiguada.

Sobre esta interesante sugerencia, el autor de esta ponencia expresa lo siguiente: “primero, no he tenido la oportunidad de inspeccionar directamente la inscripción original, por lo que mi comentario se va a basar en el dibujo disponible, el mismo que sirvió para sugerir la lectura; segundo, si atendemos al dibujo disponible, debo entonces cuestionar la identificación del fonograma wa: el fonograma wa Maya (me refiero a las variantes gráficas de T130), desde sus primeras apariciones y en todas sus variantes geográficas y temporales, siempre se compone de dos elementos (Figura 3b-d): uno menor, de forma circular, semicircular o en forma de voluta redonda y otro curvo alargado, normalmente de mayor tamaño (aunque hay también ejemplos en los que los dos elementos que componen el signo son del mismo tamaño); en el dibujo disponible de la Estela 5 de Tak’alik Ab’aj parece apreciarse un tercer elemento central. Si el dibujo es correcto, quizás no se trate entonces del mismo signo. La sugerencia de que representa la palabra Maya ajaw debe por tanto suspenderse hasta no comprobarse de nuevo la inscripción”.

POSIBLES INDICADORES LINGÜÍSTICOS MIXE-ZOQUES EN TAK’ALIK AB’AJ

Aunque una lengua de la familia Mixe-Zoque se ha planteado como una de las posibilidades de filiación lingüística de Tak’alik Ab’aj (Kaufman 1976; Love et al. 1995; Love 2004), lo cierto es que no se han sugerido marcadores diagnósticos lingüísticos Mixe-Zoques en los textos del sitio para sustentar esta sugerencia. A continuación se presenta aquí algunos indicios que podrían avalar esta propuesta:

JAMA “DÍA” (ESTELA 5, A6-7, B6-7)

Inmediatamente después de las cuentas largas 8.4.5.17.11 y 8.2.2.10.5 de la Estela 5 de Tak’alik Ab’aj se encuentran dos compuestos glíficos aparentemente idénticos que consisten en un signo principal que sólo conserva su marco externo circular, sufijado por un signo que se parece al pedestal que acompaña normalmente al marco en las notaciones de días del calendario de 260 días (Figura 4). Esta semejanza formal y su posición, justamente donde se esperaría encontrar la notación del día tras la Cuenta Larga, ha hecho suponer que se tratan efectivamente de estas notaciones. Sin embargo, como ya advirtieron Justeson et al. (1985) estas notaciones de días resultan anómalas porque no están acompañadas de un coeficiente entre 1 y 13 —en ambos casos correspondería el numeral “siete” (7 “Chwen” y 7 “Chikchan” respectivamente, dando valores de lectura en el calendario Maya).

La historia gráfica del marco-pedestal de las notaciones del calendario de 260 días merece un especial comentario. Marco y pedestal no están desde el principio en las escrituras mesoamericanas, sino que son innovaciones en tiempos posteriores (Justeson et al. 1985; Lacadena 2008). Los primeros ejemplos de escritura de nombres de día del calendario de 260 días en Mesoamérica, como el Monumento E de Tres Zapotes, el Monumento 13 de La Venta, las posibles notaciones calendáricas de la cerámica de Tlapacoya, el Monumento 3 de San José Mogote y otras inscripciones tempranas de Monte Albán, no presentan el marco-pedestal distintivo (Figura 5a-d).

El marco es posterior en el tiempo y su innovación tuvo lugar en algún momento a comienzos del Preclásico Tardío, extendiéndose a todas las escrituras mesoamericanas contemporáneas existentes entonces. Es interesante que todas las fechas istmeñas de Tres Zapotes, Alvarado, La Mojarra y Chiapa de Corzo (con la posible excepción de la Estatuilla de Tuxtla) presentan las notaciones de nombres de días del calendario de 260 días inscritas en el marco (Figura 5e-h). Esta convención escrituraria aparece también en la Estela 27 de Izapa, la Estela 12 de Tak’alik Ab’aj, la Estela 1 de El Baúl, el Altar 1 de Kaminaljuyu y el relieve de Loltun en las Tierras Bajas Mayas (Figura 5i-l). También aparece en textos de Monte Albán, como en la Estela 12-13.

En relación con el marco de la notación del nombre del día, está el llamado pedestal considerado como un ornamento añadido. Aparece más tarde que el marco y tiene una distribución geográfica más restringida que éste: no documentado por el momento en textos istmeños de la región del Istmo (desgraciadamente las notaciones de día de la Estela 2 de Chiapa de Corzo y de la Estela 3 de Tres Zapotes están incompletas en su parte inferior), se atestigua en el Monumento 60 de Izapa, en la Estela 5 de Tak’alik Ab’aj, la Estela 8 y el Altar 10 de Kaminaljuyu y en Tierras Bajas Mayas en San Bartolo y en otros textos tempranos sobre objetos portátiles (Figura 6). En el caso de la escritura Maya, el pedestal permaneció hasta el Clásico Terminal como un elemento gráfico habitual asociado al marco, presentando una gran variabilidad gráfica, llegando incluso en ocasiones, a fusionarse con él.

Tradicionalmente se ha considerado el marco y el pedestal como una especie de ornamento gráfico realzador de las fechas del calendario de 260 días, sin lectura propia, incluso como un determinativo semántico para señalar la presencia de un nombre de día del calendario de 260 días (para una discusión, ver Zender 1999 y Mora-Marín 2008), sin pensar en su posible funcionamiento primitivo como signos de escritura con lectura propia.

Los ejemplos tempranos del pedestal de Izapa, Kaminaljuyu y San Bartolo muestran que el pedestal era originalmente un signo distinto del marco que se añadía a él. En estos ejemplos tempranos, el pedestal presentaba la forma arcaica con barra que perdería en ejemplos posteriores (en los ejemplos de Izapa, Kaminaljuyu y San Bartolo un elemento más es añadido, representando fluido, identificado por Stuart como sangre y cuya función aún se desconoce; restos de este signo-fluido pueden verse aún en el periodo Clásico en la peculiar escritura del norte de Yucatán en sitios como Oxkintok).

Interesantemente, en Chichen Itza, lugar que presenta en el Clásico Terminal el fenómeno de recuperar (o conservar) ciertos arcaísmos en la escritura de sus signos (Lacadena 1995), se representa de nuevo la escritura del pedestal con barra. En dos de estos ejemplos de Chichen Itza, un signo ni es añadido como complemento fonético al conjunto. En la Tapa de Bóveda 10 de Ek’ Balam, ni sufija también a un día Imix inscrito en marco con pedestal (en este caso sin barra) (Figura 7a-c). En otros ejemplos del norte de Yucatán, la notación del día inscrita en el marco-pedestal suele ir seguida de la expresión K’IN-ni, k’in “día”.

Aunque el signo ni añadido al marco-pedestal puede tomarse como una abreviatura de [k’i]n, palabra explicitada en otros casos, lo cierto es que constituiría una abreviatura anómala dentro del contexto de la escritura Maya. Se considera que es más probable que el signo ni añadido en estos casos al marco-pedestal sea su complemento fonético y que la lectura del marco-pedestal es precisamente K’IN “día”, en contexto Maya. Un excepcional pero ciertamente significativo ejemplo temprano de ni complementando fonéticamente al marco del día (sin pedestal) aparece en la Estela 5 de Balakbal, del Siglo IV DC (Figura 7d), confirmando que, al menos en este caso, efectivamente, el marco tiene lectura y significado de K’IN, k’in “día”, y que la complementación del marco con ni no es una práctica escrituraria tardía restringida al norte de Yucatán —cabe preguntarse si este ejemplo de Balakbal no está indicando que el marco de las notaciones del calendario de 260 días debe leerse K’IN en todos los casos.

Aunque este es un recurso ciertamente poco atestiguado, es interesante que en el Panel de Kansas el orden del k’in en la Cuenta Larga esté escrito con un logograma K’IN infijo en un marco con pedestal, seguido a su vez por el día del Tzolk’in —Lamat— inscrito en su propio marco. Otro ejemplo, aunque muy erosionado, podría encontrarse en la Estela 3 de Pol Box, donde nuevamente la notación del k’in de la Cuenta Larga presenta marco-pedestal, seguido por la notación del tzolk’in inscrita en su propio marco-pedestal (Figura 8). Esto apunta nuevamente a que, efectivamente, el marco circular (con su pedestal o no) originalmente representaba la palabra “día” y era un signo aparte.

El texto de la orejera de jade de Kaminaljuyu escribe lo que posiblemente es un día 4 Ajaw como <4-DÍA (+marco-pedestal) AJAW>, con el logograma del nombre del día AJAW escrito después del marco-pedestal, que tiene K’IN infijo (Figura 9). En realidad, es posible que el marco en el que se inscriben los logogramas de los nombres de los días sea el mismo marco característico del logograma DÍA/K’IN, es decir lo que asoma del signo DÍA/K’IN cuando tiene superpuesto (o infijo) un signo de nombre de día.

Una consecuencia de estos indicios encontrados en textos Mayas de que el marco de la notación de días del calendario de 260 días tiene lectura K’IN “día” es que es posible entonces que el marco utilizado en los otros contextos escriturarios istmeños, zapotecos y de la Costa Sur tenga también valor de lectura DÍA, en sus respectivas lenguas. Esto es importante, porque permite explicar el origen del llamado pedestal en estos contextos.

Volviendo a los ejemplos tempranos del marco-pedestal de Izapa, Tak’alik Ab’aj, Kaminaljuyu y San Bartolo (Figura 6), el pedestal es un signo que presenta semejanzas con las formas arcaicas del fonograma ma Maya, un signo que es posible relacionar con signos similares de la escritura istmeña, donde también aparece en formas con barra y sin barra (en la Estela 5 de Tak’alik Ab’aj, aparece sin barra). Para entender la razón de la asociación del presunto fonograma ma con el marco de valor DÍA, es preciso ver ejemplos tempranos de la escritura Maya donde el logograma K’IN, tanto en su variante geométrica como en su variante de cabeza del dios del Sol, llevan, extrañamente, como complemento fonético ma en vez de ni (Figura 10).

Esta complementación fonética con ma permanecerá fosilizada en las variantes simples o de cabeza de la barra-K’IN de lectura K’INICH (barra con línea diagonal en los ejemplos tempranos, como su posible antecedente istmeño), del mismo modo que ma también se fosilizará en el contexto del marco DÍA de las notaciones calendáricas, convirtiéndose finalmente en el pedestal, cambiando en este contexto mucho más su fisonomía original (una vez que los propios Mayas olviden el origen histórico del compuesto).

Recientemente, como explicación a este fenómeno anómalo de complementación fonética en ma de los signos K’IN(ICH) Mayas, se ha sugerido (Lacadena 2007) que se trata de compuestos adoptados por los Mayas de la escritura Olmeca-Istmeña, donde presumiblemente la palabra para “sol, día” era jama (cfr. proto-Zoque  *jama “día, sol”, cfr. Wichmann 1995: 312), y que el Maya tomó en su conjunto, como un todo gráfico, el compuesto istmeño, traduciéndolo al Maya como k’in, cambiando el valor de lectura JAMA (JAMA-ma con complemento fonético) por el valor de lectura K’IN (y comenzando a complementarlo fonéticamente con ni). Cuando los Mayas adoptaron la escritura de sus vecinos Mixe-Zoques, adoptaron un repertorio de signos dado, algunos de cuyos signos mantuvieron con su valor de lectura original y otros los tradujeron al Maya. Este sería uno de estos últimos casos.

Ahora, volviendo a la Estela 5 y los dos ejemplos presuntamente anómalos de marco-pedestal que no tienen coeficiente añadido (Figura 4). Se sugiere que lo que está escrito no es, efectivamente, una fecha del calendario de 260 días, sino simplemente la palabra “día”, palabra que presenta la forma Mixe-Zoque JAMA-ma, jama “día”, cerrando la notación de Cuenta Larga de 11 y 5 días respectivamente como forma de explicitar ya sea el último de los cinco órdenes de la cuenta (8.4.5.17 y 11 días, y 8.2.2.10 y 5 días), o como forma de indicar que toda la cuenta expresada es una cuenta de días (es decir, 8.4.5.17.11 [1.182.951] días y 8.2.2.10.5 [1.167.325] días).

Como crítica, cabe ahora preguntarse si el compuesto JAMA-ma sugerido está reflejando una lectura real de una palabra en Mixe-Xoque o se trata de un compuesto finalmente leído en Maya como k’in (o cualquier otra forma mayance equivalente), como se ha sugerido que sucedía en las Tierras Bajas Mayas. Este ejemplo no puede afirmarlo por sí mismo, pero sí puede ponerse en contexto con otros posibles marcadores Mixe-Zoques en la propia Estela 5 y en el sitio y evaluar su factibilidad.

LAS EXPRESIONES INICIALES DE LA ESTELA 5

Otros compuestos presentes en la Estela 5 de Tak’alik Ab’aj pueden ayudar a descartar una de las dos posibilidades antes mencionadas. Si se pone atención al bloque que sigue a estas presuntas referencias explícitas de la palabra “día”, se puede observar que también en ambas columnas consisten de un compuesto glífico repetido (Figura 11a-b). Este compuesto está integrado por dos signos: el superior es un glifo dividido en uno de los casos, por dos trazos dobles diagonales paralelos; el segundo signo consiste aparentemente, en una mandíbula que muestra una hilera de dientes.

Hasta donde se sabe, esta composición es ajena a ejemplos mayas conocidos. Sin embargo, un compuesto similar podría aparecer en la inscripción de la máscara de estilo teotihuacano con inscripción istmeña publicada recientemente por Houston y Coe (2003) donde se repite hasta en cuatro ocasiones (Figura 11c-f). En la Máscara de Teotihuacan el signo superior presenta diferencias, pero quizás se puede reconocer la división superior con dobles líneas verticales; el elemento inferior es más similar al de Tak’alik Ab’aj.

Por su posición en la Máscara de Teotihuacan, Houston y Coe se refieren a este compuesto como una especie de “signo inicial” (ibíd.:175), posición que también comparte con los dos ejemplos de la Estela 5 de Tak’alik Ab’aj, donde se encuentran a principio de frase, después de la notación calendárica. Si es posible relacionar los ejemplos de la Estela 5 de Tak’alik Ab’aj y los de la Máscara de Teotihuacan y si esta relación puede interpretarse en términos de filiación lingüística, la Estela 5 de Takalik Ab’aj y la Máscara de Teotihuacan podrían reflejar lenguas relacionadas, lo que remitiría nuevamente al Mixe-Zoque. Este indicio, aunque indirecto y circunstancial, podría reforzar que la palabra discutida antes pueda ser la palabra original “jama”.

LA SINTAXIS S(O)V DEL ALTAR 48

El descubrimiento en Tak’alik Ab’aj en marzo de 2008 del Altar 48 ha venido a proporcionar información epigráfica fresca ya sumada a la conocida en el sitio. El monumento, que se encontró in situ, ha sido fechado arqueológicamente entre el 400 y 200 AC (Schieber y Orrego 2009). Además de la representación iconográfica que cubre su cara superior, el monumento es sumamente interesante porque presenta en su lado este una inscripción de cuatro bloques jeroglíficos (Figura 12).

La orientación de las cabezas mirando hacia la izquierda sugiere un orden de lectura de izquierda a derecha. Por su aspecto y conformación, los tres primeros bloques de la inscripción parecen ser nominales o titulares, seguidos de un bloque glífico que podría ser verbal: consta de un glifo de mano abierta con el pulgar levantado en ángulo recto que porta un elemento de borde dentado, acompañado de dos signos jeroglíficos que lo sufijan y posfijan (esta interpretación estructural fue ya hecha por Federico Fahsen y Oswaldo Chinchilla, comunicación personal 2008; ver la mención a los epigrafistas Federico Fahsen, Oswaldo Chinchilla y Hubert Robichaux para este análisis en Schieber de la Lavarreda y Orrego Corzo 2009: 5).

Por el desconocimiento de este sistema de escritura, es difícil aventurar si el elemento dentado y la mano que lo porta constituyen un sólo signo o son dos signos distintos. Los dos signos que sufijan y post-fijan el compuesto por su aspecto y su relación con el signo principal, podrían ser fonogramas, posiblemente contribuyendo total o parcialmente a proporcionar una derivación verbal.

Lo interesante de estos cuatro bloques glíficos es su ordenación sintáctica. Si los tres primeros bloques glíficos son nombres o títulos y el cuarto un verbo, se tiene una sintaxis que ubica al verbo en posición final. De las posibles familias de lenguas relevantes para este estudio – Oto-Mangue (Zapoteco), Maya y Mixe-Zoque -, sólo una de ellas, la familia Mixe-Zoque, presenta el verbo en posición final. Efectivamente, Kaufman y Justeson (2008a: 217-218) y Wichmann (1995:95; comunicación personal 2005) señalan S(O)V como el orden sintáctico canónico de la familia Mixe-Zoque, frente a los órdenes VS(O) de la familia otomangue (Zapoteco) (Kaufman y Justeson 2008b: 232) y V(O)S de la familia Maya (England 1991; Bricker 2008: 187).

La construcción verbal por la ausencia de un signo inicial prefijado que indique la presencia de un pronombre ergativo -tanto la familia Mixe-Zoque como la Maya son ergativas y prefijan dichos pronombres a las formas verbales-, debe presentar una forma intransitiva con pronombre absolutivo de tercera persona en ambas familias ø (ø- prefijado en Mixe-Zoque para verbos independientes, -ø sufijado en lenguas Mayas de Tierras Bajas).

El signo debajo del signo-mano y el de la derecha se asemejan respectivamente a los signos Mayas wa y ya (interesantemente, estos dos signos podrían corresponder con las sílabas Epi-Olmecas wʉ y yʉ propuestas por Kaufman y Justeson 2008a). Si se aplican los valores Mayas de lectura a estos signos, se encuentra que -ya/-yʉ  podría estar representando algunos de los sufijos Mixe-Zoqueanos –“Vy” atestiguados en contexto intransitivo, como el antipasivo *-7oy o el incoativo *-ʉy, y -wa/-wʉ podría representar el completivo independiente Mixe-Zoqueano -wʉ. No se debe descartar, sin embargo, la posibilidad de que uno de estos signos sirva para complementar fonéticamente el signo-mano, un presunto logograma.

En este caso, el signo complementador tendría que ser –ya/-yʉ, dado que la presencia de -wʉ sería obligatoria en este caso como indicador de modo/aspecto. De ser así, se podría contemplar también la función mediopasiva de un verbo transitivo que no necesita sufijo derivativo (Kaufman y Justeson 2008a: 204-205). Aunque las lecturas aquí hechas deben ser tomadas con extrema cautela, incluyo estos comentarios para mostrar que una explicación morfológica Mixe-Zoque no contradice el patrón de afijación que presenta la presunta forma verbal ni su identificación como verbo.

Otra alternativa que contempla una explicación en Maya es que se trate de un antipasivo con enfoque de agente que podría justificar la sintaxis SV (Mora-Marín, comunicación personal 2008). Sin embargo, esta alternativa no explicaría los signos añadidos (en caso de que se lean wa y ya). Aunque hay antipasivos Mayas –Vw que involucran signos –wa y –wi (Lacadena 2000), el signo ya debería interpretarse como el clítico –iiy. Sin embargo, formas antipasivas Mayas –(V)w-iiy documentadas están siempre escritas como –wi-ya y no como –wa-ya. Más aún, para la época en que se esculpió el Altar 48, entre el 400 y 200 AC, cabría esperar que –iiy fuera todavía –e(e)y (antes del cambio ee > ii) y por tanto que no se escribiera con –ya sino con –ye: formas en –ye están bien documentadas en textos tempranos Mayas como correctamente identificó Stuart (Stuart et al. 1999).

Quizás sea relevante también observar que los ejemplos de antipasivo de enfoque de agente documentados en el periodo Clásico Maya siempre están precedidos de un pronombre personal independiente, ha-i o hi-na, ausente, aparentemente, en este texto. Más aún, aunque teóricamente fuera posible encontrar un antipasivo de enfoque de agente, sería excepcional en el conjunto de textos tempranos Mayas documentados en donde no se atestiguan formas similares (antipasivos de enfoque de agente son sumamente raros incluso en los miles de textos conservados del periodo Clásico).

Aunque los pocos datos disponibles aconsejan dejar abierta todavía cualquier posibilidad, es interesante destacar que el Altar 48 de Ab’aj Takalik no es el único monumento temprano que en la zona histórica de distribución de lenguas Mixe-Zoques o cerca a ella presenta el verbo en posición final reflejando aparentemente un orden sintáctico S(O)V y por tanto, una posible filiación a esta familia. El Monumento 13 de La Venta (Figura 13), de finales del Preclásico Medio o comienzos del Preclásico Tardío, también podría presentar esta sintaxis (Lacadena 2008).

COMENTARIOS FINALES

Aunque se ha afirmado que Tak’alik Ab’aj presenta rasgos escriturarios y lingüísticos Mayas, las pruebas no sostienen por el momento dicha afirmación. Otros indicios epigráficos y lingüísticos podrían abrir la posibilidad de que la lengua de Tak’alik Ab’aj fuera de filiación Mixe-Zoque en el Preclásico Tardío. De ser correctas estas sugerencias, la presencia de estos indicios en monumentos datados en el Siglo III AC (fecha arqueológica) y II DC (fecha epigráfica), cubriendo un lapso de tiempo de alrededor de trescientos años, sugiere que la lengua de Tak’alik Ab’aj no habría cambiado en este tiempo, en términos de filiación lingüística general. Otro escenario que contemplaría la presencia efectiva de la palabra Maya ajaw “señor” en la Estela 5 (pendiente de comprobación), sugeriría un cambio lingüístico para esta época con presencia de Maya a comienzos del Siglo II DC.

La propuesta de filiación Mixe-Zoque de los textos de Tak’alik Ab’aj no es contradicha por otras evidencias como el patrón de distribución geográfica del grupo Mixe-Zoque, una de cuyas lenguas, el tapachulteco del grupo Mixe, aún se hablaba en la zona de Izapa, no lejos de Tak’alik Ab’aj, a comienzos del Siglo XX, así como otros estudios que sugieren que el área primitiva Mixe-Zoque en Chiapas y Guatemala sufrió una contracción a costa de la expansión de hablantes de Maya a partir de finales del Preclásico Tardío o Proto-Clásico (Lowe 1989).

AGRADECIMIENTOS

Agradezco a Christa Schieber de Lavarreda, Miguel Orrego Corzo y Bárbara Arroyo su amable invitación a participar en la mesa. A David Mora-Marín y Erik Velásquez agradezco sus comentarios a una versión previa de este trabajo.

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Figura 1        Kaminaljuyu, Estela 21.  A. Dibujo de J. Porter;   B. Fotografía de D. Stuart.

Figura 2        Semejanzas epigráficas entre Tak’alik Ab’aj y Kichpanha, según D. Mora-Marín: A. Tak’alik Ab’aj, Monumento 11, A2 (según dibujo de J. Porter);                      B. Kichpanha, Hueso Grabado, A3-A4 (según dibujo de P. Mathews. Montaje de la Figura según Mora-Marín 2005: Fig. 16).

Figura 3        La posible palabra maya ajaw en Tak’alik Ab’aj:   A. Tak’alik Ab’aj, Estela 5, C1 (según dibujo de J. Porter); Ejemplos tempranos del fonograma T130 wa en la escritura maya;  B. K3064;   C. Tikal, Estela 39 (según dibujo en Ayala 1987: Fig. 3);   D. Río Azul, Tumba 19, Vaso.

Figura 4        La Estela 5 de Tak’alik Ab’aj.   A. Texto principal;   B. Detalle del bloque A6-7; C. Detalle del bloque B6-7 (a-c según dibujos de J. Porter).

Figura 5        Expresión de las notaciones del calendario de 260 días en Mesoamérica en el Periodo Preclásico;   Día expresado sin marco:   A. Tres Zapotes, Monumento E (posible notación 6-VIENTO);   B. La Venta, Monumento 13, A1-A2 (posible notación 1-?;  C. Tlapacoya, vaso de estilo olmeca (posible notación PEDERNAL-1);  D. San José Mogote, Monumento 3 (notación L-1);   Día expresado con marco:   E. Tres Zapotes, Estela D (notación 6-PEDERNAL/ETZNAB’);   F. La Mojarra, Estela 1 (notación 13-SERPIENTE);   G. La Mojarra Estela 1 (notación [5]-VENADO);   H. Chiapa de Corzo, Estela 2 (notación 6-CAÑA);  I. Estela 27 de Izapa (notación 10-?); J. Estela 12 de Tak’alik Ab’aj (notación 10-?);  K. Altar 1 de Kaminaljuyú (notación 6-VIENTO); L. Relieve de Loltún (notación 3-MONO/SEÑOR?).

Figura 6        Ejemplos de marco-pedestal en Mesoamérica en el Periodo Preclásico:

A. Monumento 60 de Izapa (según dibujo de D. Mora-Marín;  B. Estela 5 de Tak’alik Ab’aj (según dibujo de J. Porter);  C. Altar 10 de Kaminaljuyú (según dibujo de J. Porter);  D. San Bartolo, Pinturas (según ilustración publicada en National Geographic).

Figura 7        Expresiones de marco(-pedestal) de tzolk’in complementados fonéticamente con el fonograma ni.   A. Chichén Itzá, Water Trough Lintel;   B. Chichén Itzá, Water Trough Lintel (a y b según dibujos de D. Graña-Behrens);   C. Ek’ Balam, Tapa de Bóveda 10, A1 (según dibujo de A. Lacadena);   D. Balakbal, Estela 5, A4 (según dibujo de N. Grube).

Figura 8        Notación del orden de días en la Serie Inicial representada con K’IN más pedestal en la escritura maya.   A. 8-K’IN, Panel de Kansas, A4 (según dibujo de C. Prager);   B. mi-[K’IN] Pol Box, Estela 3, B3 (según dibujo de O. Esparza).

Figura 9        Posible escritura del logograma del nombre del día AJAW a continuación de un signo DIA inscrito en el marco-pedestal:   A. Texto de la orejera de jade de Kaminaljuyú;    B. Detalle (a y b, según Kidder et al. 1946).

Figura 10        Signos tempranos mayas K’IN(ICH) complementados con el fonograma ma:

A. Placa (dibujo de D. Reents-Budet);    B. Placa (según Covarrubias 1957: Fig. 94);       C. Placa (según dibujo de D. Mora-Marín);  D. El Resbalón, Escalera Jeroglífica III, 21 (según boceto de I. Graham);  E. Copán, Rosalila (según fotografía de Fash).

Figura 11        Los bloques glíficos iniciales en la Estela 5 de Tak’alik Ab’aj y en la inscripción istmeña de la Máscara de Teotihuacana.   A. Tak’alik Ab’aj, Estela 5, A8;         B. Tak’alik Ab’aj, Estela 5, B8 (a y b, según dibujo de J. Porter);   C. Máscara de Teotihuacan, A1;            D. Máscara de Teotihuacan, D1;  E. Máscara de Teotihuacan, E1;   F. Máscara de Teotihuacan, E9 (c-f, según dibujo de S. Houston).

Figura 12        La inscripción del Altar 48 de Tak’alik Ab’aj (según dibujo de Oswaldo López).

Figura 13        El Monumento 13 de La Venta (según dibujo de Drucker, con la identificación de los bloques añadida por el autor).

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