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67. CONECTANDO EL CIELO Y LA TIERRA: LA ICONOGRAFÍA DEL EJE VERTICAL EN CONTEXTOS FUNERARIOS – Mary Jane Acuña, David Freidel y Juan Carlos Meléndez – Simposio 23, Año 2009

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Acuña, Mary Jane, David Freidel y Juan Carlos Meléndez

2010        Conectando el cielo y la tierra: La Iconografía del eje vertical en contextos funerarios. En XXIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2009 (editado por B. Arroyo, A. Linares y L. Paiz), pp.906-919. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

67

CONECTANDO EL CIELO Y LA TIERRA: LA ICONOGRAFÍA DEL EJE VERTICAL EN CONTEXTOS FUNERARIOS

Mary Jane Acuña

David Freidel

Juan Carlos Meléndez

Universidad de Washington y Universidad de San Carlos de Guatemala

PALABRAS CLAVE

Arqueología Maya, Petén, iconografía, entierros, El Peru-Waka’, Yaxuna, Rio Azul

ABSTRACT

CONNECTING THE SKY AND THE EARTH: THE ICONOGRAPHY OF THE VERTICAL AXIS IN FUNERAL CONTEXTS

The Lowland Maya designed important buildings during the Late Preclassic, that among other functions served to exhibit superior and inferior artistic panels who represented places and personages, generally supernatural beings, who interacted on a vertical axis. These panels were designed to frame the humans who acted on the perrons, in such a way that these people moved on the vertical footpath between the sky, the Earth and the underworld, within a defined sacred space. .  This principle of “piling up” of places, people and deities in the vertical axis continued being represented in the Classic Period, now expressed in carved stone monuments, within tombs, and in buildings.  We used examples of this iconographic program in Cerros, Azul River, Peru-Waka’ and other sites, to explore and to include/understand the meaning of the practice of these theater spaces.

INTRODUCCIÓN

Iconografía del eje vertical se refiere a conceptos Mayas que fueron representados en programas artísticos y simbolizados en contextos mortuorios que refuerzan la importancia que tuvo la cosmogonía Maya, la cual tenía como enfoque la distribución tripartita del cosmos en el inframundo, la tierra y el cielo (Reilly 2005; Schele y Freidel 1990:66-77). Los Mayas y los Olmecas creían que dicho cosmos estaba conectado por medio del axis mundi (Reilly 2005) el conducto por el cual los antiguos gobernantes pasaban de ser seres históricos en la tierra, a ser enterrados y transportados al cielo, transformados en ancestros divinos. Tanto para los Mayas como los Olmecas, la divinidad de sus gobernantes en la vida estuvo fundamentada en el culto del maíz.

El corpus artístico indica que éstos encarnaban al dios del maíz, convirtiéndose así en agentes de fertilidad (Freidel et al. 1993; Fields 1991; Reilly 1989; Taube 1996, 2004). Este culto al dios del maíz está directamente relacionado a la antigua noción de “quincunx” que data desde la época Olmeca. Un ejemplo son las hachuelas encontradas en Arroyo Pesquero donde se representan las cuatro direcciones por medio de semillas y el centro es ocupado por el dios del maíz (Freidel et al. 1993:136-137; Joralemon 1976; Guernsey 2006:83; Reilly 1991, 1995). En este caso, el dios del maíz esta simbolizando el centro del cosmos, es decir, el axis mundi.

En el corpus Maya, posiblemente el mejor ejemplo conocido es el sarcófago de Pakal, el cual muestra al rey siendo transportado por medio de un conducto o axis mundi, engendrado como el joven dios del maíz. Otros ejemplos de esta reencarnación se encuentran en las coronas reales formadas por diademas denominadas huunal, los cuales eran portadas por los gobernantes para simbolizar su encarnación como dios del maíz y el papel primordial que tenían en la ideología política. Se reconoce que existen diversos ejemplos Mayas que representan este eje vertical, pero en esta oportunidad, se  enfocará en tres contextos mortuorios específicos: El Entierro 37 de El Perú-Waka’, el Entierro 23 de Yaxuna y la Tumba 1 de Río Azul, los cuales son ejemplos que demuestran otro contexto más que los Mayas aprovecharon para reflejar su ideología (Figura 1).

ENTIERRO 37 DE EL PERÚ-WAKA’

El sitio arqueológico El Perú-Waka’ se localiza dentro de los límites del Parque Nacional Laguna del Tigre, al noroeste de Guatemala en la confluencia de los ríos San Pedro Mártir y San Juan, que en la época prehispánica fueron rutas claves de comercio. El epicentro de este centro mayor se ubica sobre una escarpa de 64 m de altura, distribuida en cuatro plazas principales. Lo particular de este asentamiento Maya es la distribución de los edificios que contrario al típico ordenamiento de otras ciudades de las Tierras Bajas, presenta un amplio espacio al centro y un denso despliegue de edificios monumentales a su alrededor con lo que se ha llegado a establecer que dicha entidad política posee este planeamiento urbano debido a que fue un importante centro del comercio en la región.

El Entierro 37 de El Perú-Waka’, se descubrió durante las excavaciones realizadas en la Pirámide M12-32 por Héctor Escobedo y Juan Carlos Meléndez, la cual se localiza en el epicentro de este centro mayor (Figura 2). Los saqueos perpetrados desde la década de los sesentas, promovieron a que esta estructura pudiera colapsar, ya que posee una enorme excavación ilegal sobre su base de 18 m de largo y no fue sino gracias a la eficaz intervención del Proyecto Arqueológico El Perú-Waka’ que se logró estabilizar. Así mismo, un enorme saqueo se identificó en el sector superior de esta estructura, aunque si bien esta no era tan larga, su altura superaba los 5 m, por lo que fue imprescindible su consolidación.

Los sondeos alrededor del edificio, produjeron material cerámico diagnóstico que demostró una secuencia cronológica desde el Período Preclásico Tardío hasta el Clásico Terminal, similar a las exploraciones obtenidas en el interior del túnel de saqueo. Así mismo, se efectuaron calas de acercamiento con el objetivo puntual de definir las esquinas ya que el conocer las dimensiones exactas del inmueble, confirmarían un excelente respaldo de orientación y volumen de la estructura.

Al conocer la orientación del edificio, se procedió a definir la escalinata, tanto para determinar más características arquitectónicas como para encontrar su eje con el objetivo de ingresar al edificio por medio de un túnel. La excavación brindó sus primeros hallazgos después de recorrer 8 m de excavación, con el descubrimiento de una subestructura regularmente conservada (Figura 3). El interior de este pequeño edificio, el cual posee una configuración cruciforme, se encontró totalmente rellenado por los antiguos Mayas con piedras de caliza y argamasa, posterior a su liberación, presentó sobre el piso gran cantidad de ceniza. Bajo este santuario se localizó una bóveda colapsada perteneciente a uno de los gobernantes del reino de Wak.

El recinto posee una forma rectangular con eje este-oeste. El cuerpo yacía sobre una banca tallada sobre la roca madre y en su lado sur se identificó un corredor de 0.30 m de ancho y alto, sobre el cual se colocó parte del ajuar funerario, similar a la Tumba 39, encontrada ese mismo año en la Estructura O14-04. Las ofrendas del Entierro 37 de El Perú, incluyeron 15 vasijas cerámicas y una de alabastro, un espejo de pirita, el cual está pintado de dos colores sobre una fina capa de estuco, un gran número de cuentas de concha spondylus recuperadas en el área superior del cráneo del individuo, que se supone formaron parte de un turbante, semejante a los plasmados en varias escenas del arte Maya (Figura 4).

Las cuentas de piedra verde varían en sus diseños, desde formas de barril, tubulares y esféricas, así como una diadema compuesta por dos cuentas circulares planas y al centro un hunnal, representando al dios del maíz. Además, un pendiente con el diseño de un cocodrilo se ubicó en lo que fue el tórax del individuo. Cabe mencionar que gran cantidad de cinabrio se encontró esparcido sobre estos adminículos. Varias falanges de jaguar fueron recuperadas en los costados sur y norte de la banca, donde fue depositada la osamenta del individuo. Al realizar el recuento de éstos huesos, se especula que el cuerpo del gobernante fue colocado sobre la piel de un jaguar, el cual aún contenía sus falanges adheridas al tegumento.

De las vasijas descubiertas, solamente tres son policromas. Dos platos están localizados en los extremos del individuo, mientras que una serie de vasijas monocromas negro conformadas por tres cilindros, un pedestal de vasija y una copa, esta última probablemente única en su género, fueron colocadas de manera perpendicular al individuo.

La distribución de artefactos en relación al cuerpo en el Entierro 37 de El Perú-Waka’ representa un arreglo particular con referentes iconográficos que puede ser comparados a aquellos de la cruz foliada de Palenque. Sobre el eje horizontal del individuo los artefactos se encuentran organizados en forma de cruz. En la base, al pie del individuo, se encuentra un plato particularmente colocado para que el eje iconográfico quede en relación a la osamenta y por lo tanto de la cruz, sirviendo asimismo de base horizontal del mismo. Estas posiciones basales son locativas, es decir, hacen referencia particularmente a un lugar (Stuart y Houston 1994).

En el caso del plato de El Perú, la Iconografía indica que se trata específicamente del “Monstruo Subacuático” como se encuentra en la base de la Cruz Foliada de Palenque. De esta manera, lleva el símbolo de la cruz k’an en la frente y a los lados las representaciones de dos Dios C solares. La posición del plato y la Iconografía representada indican que el individuo es estructuralmente equivalente a la cruz foliada y por ende al árbol del maíz y de la vida. Las cuatro vasijas negras dispuestas sobre el pecho del individuo y las tres conchas spondylus sobre el eje del cuerpo, definen el patrón de cruz en la tumba. A la vez, según David Freidel pueden ser interpretadas como “El lugar precioso Siete Negro”.

La vasija localizada en la parte superior, es decir cerca del cráneo, representa el linaje real de Waka’ por medio de la silueta de un ciempiés. Se encuentra en esta posición porque los Mayas portaban epítetos de los jeroglíficos emblema en sus tocados. Así, mientras la base hace referencia a un lugar, la parte superior lo hace al linaje ancestral, como en la Estela 31 de Tikal con la imagen de Yax Nuun Ayiin, o bien a un nombre real como en el tocado de Sihyah Chan K’awiil sobre la misma estela o en el de la Señora K’ab’el en la Estela 34 de El Perú.

Sobre fragmentos del cráneo se encontró un arreglo particular de joyas de una corona real y haciendo juego con éstas un pendiente sobre el pecho. La diadema central es el dios del maíz y junto con las otras dos joyas representan lo que ha sido identificado por Karl Taube como el “Fogón de Jade”, haciendo directa referencia a las tres caras en la imagen de la base debajo de los pies de Kan Bahlam en la Cruz Foliada (Taube 1998). Las dos joyas a un costado del dios del maíz tienen la forma redonda que representa una semilla o huevo, del cual puede estar representado el dios del maíz emergiendo, como lo demuestra el ejemplo en el corpus del Vaso Códice. En este ejemplo particular la imagen central es explícitamente la del dios del maíz emergiendo de la espalda de la tortuga, y esto hace resonancia con el individuo en la tumba quien porta el pendiente de cocodrilo boca abajo para representar el árbol del cocodrilo.

Una de las imágenes más tempranas de este árbol de cocodrilo fue identificada en un hacha incisa Olmeca, en donde los pies del individuo se convierten en la boca del cocodrilo (Reilly 1996). El cocodrilo es una de dos imágenes principales del mundo femenino divino, la otra es la de la tortuga. Estas son las madres zoomorfas del dios del maíz. El rey, como cocodrilo, engendra al dios del maíz. En el caso del individuo de la Tumba 37 de El Perú, es tanto la “engendración” y encarnación del dios del maíz como el gobernante ejemplar del reino del ciempiés.

ENTIERRO 23 DE YAXUNA

Yaxuna es un sitio urbano localizado 22 km al suroeste de Chichen Itza. La Acrópolis del Norte fue el enfoque de las investigaciones llevadas a cabo por Charles Suhler del Proyecto Yaxuna durante varias temporadas en la década de los noventa. La pirámide más grande, la Estructura 6F-3 tenía un arreglo arquitectónico complejo que incluía corredores y santuarios subterráneos (Figura 5). En el transcurso de las exploraciones de las cámaras y los corredores, así como también en la búsqueda de un corte antiguo en uno de los corredores que había sido rellenado, se descubrió el Entierro 23 en una cámara funeraria de mampostería.

El Entierro 23 fue fechado para el Clásico Temprano y tenía indicaciones claras de haber sido re-ingresado durante el Clásico Tardío y las personas que re-ingresaron llevaron a cabo rituales adentro, que incluyó la colocación de piedras burdas en ambos lados del individuo, como también un pequeño fuego en el lado sur del cuerpo. Es posible que estas personas removieran algunos artefactos de la tumba y colocaron otras nuevas, pero de cualquier manera tuvieron el cuidado de dejar el cuerpo intacto y el patrón original de ofrendas. Mientras sólo se puede hacer inferencias sobre el patrón original y las modificaciones a partir de los contextos encontrados por los arqueólogos, el principio de apilamiento y orden vertical es evidente en el Entierro 23.

Así como en el caso del Entierro 37 de El Perú-Waka’, la orientación general de la tumba es este-oeste y hay dos platos colocados en los extremos del individuo. En el Entierro 23 de Yaxuna (Figura 6), la cabeza del individuo está en el lado oeste. El plato asociado con el oeste parece haber sido movido durante el evento de re-ingreso, encontrándolo de lado y adyacente a la cabeza y sostenida por una de las piedras burdas. La cara del cráneo estaba completamente descompuesta y se dedujo que el mismo había sido perturbado durante el re-ingreso, lo cual precipitó el proceso de deterioro. Es posible que el individuo portara una máscara y una corona con tres joyas o diademas que representaran el huunal trifoliar. Una de las diademas se descubrió al sur de la cabeza. Los platos fueron pintados con imágenes distintivas en el interior (Figura 7), la cuales representan individuos en la posición para la auto-administración de enemas. El individuo ya estaba entrando a un estado alucinatorio como lo indica claramente el ojo abultado y las líneas que aparecen frente a él. El brazo derecho y el vertedero del enema se transforman en la aguja de un escorpión. El cuerpo del individuo está en proceso de transformación a un insecto. El borde del plato está decorado con puntos rojos y negros, seguramente representando los colores de este y oeste. La superficie exterior está pintada con paneles de líneas negras verticales y ondulantes en lo que Michael Coe ha identificado como el glifo del “año” asociado con rituales Mayas de enemas. El diseño en el plato oeste es virtualmente idéntico al del este, excepto que en lugar de líneas frente a la cara hay puntos ectópicos. Por lo tanto, el individuo enterrado está enmarcado por una transformación ritual a un ser sobrenatural que vuela.

El extremo oeste del Entierro 23 tiene varios arreglos de artefactos que evidentemente fueron diseñados como parte del estatus del individuo enterrado. Directamente arriba de la cabeza se encontró un cuerno de venado y un hueso también de venado tallado en forma tubular y pulido que pudieron haber sido parte de un vertedero para enema. En la esquina noroeste de la tumba había un conjunto de vasijas que incluyen un cuenco con vertedera y varios cántaros con tapadera de un estilo identificado iconográficamente por Justin Kerr y Michael Coe como apropiados para contener líquidos fermentados. Se sugiere que éstas comprenden el equipo para la preparación de enemas.

Al suroeste del individuo enterrado hay un conjunto de tres huesos incisos y un huunal o diadema real. El huunal es un determinante semántico para el estatus de ajaw en el sistema de escritura, lo cual dio la pauta para la identificación del individuo como un gobernante. Junto con el huunal y a un extremo del conjunto de huesos se descubrió un anillo particular de cuero. Este anillo habría sido apropiado para atar los tres huesos en forma trípode tal y como está ilustrado en el muro oeste del Edificio Pinturas de San Bartolo. Cada hueso tiene inciso el mismo nudo que decora los trípodes de sacrificio en el mural de Pinturas. En el caso de este conjunto de huesos (Figura 8) el descubrimiento de un huunal literalmente colocado arriba de los huesos sugiere que el trípode desmantelado simbolizó una ofrenda de sacrificio del gobernante.

Este apilamiento particular de artefactos debió haber sido arreglado por las personas que reingresaron a la tumba, ya que los arqueólogos encontraron un segundo e idéntico huunal en el relleno de la antecámara directamente hacia el este de la entrada de la tumba. Dichas joyas son comúnmente representadas en juegos de tres y de hecho, un tercer huunal fue encontrado en la tierra cernida al año siguiente. La ubicación precisa del tercer huunal no se puede saber con certeza, pero es probable que haya sido depositado en el relleno de tierra blanca y piedrín utilizado para rellenar el área superior de la antecámara de la tumba, formando así una conexión entre el arreglo apilado del trípode de sacrificios dentro de la tumba y el muro del corredor subterráneo el cual se dirige a un nuevo santuario debajo de la superficie de la pirámide que cubre la plataforma en donde se ubica el Entierro 23.

Regresando al arreglo vertical de artefactos sobre el cuerpo, el individuo enterrado estuvo adornado con orejeras de concha spondylus. Estos son diagnósticos de la deidad GI. En su análisis de GI de Palenque, David Stuart reitera que es una deidad que experimenta el renacimiento y lo asocia específicamente con el sol en el inframundo acuático. El individuo fue colocado con la cabeza hacia el oeste en la solución acuática de argamasa blanca, para que el cuerpo en bulto se asentara y hundiera dentro de la argamasa antes de secarse. Las manos del individuo fueron atadas y colocadas sobre la entrepierna sosteniendo tres cuentas de jade que evidentemente estuvieron enlazadas al cordel de una pequeña bolsa. Ésta contuvo un pendiente de spondylus en forma de la cabeza del joven dios del maíz; dos figurillas, una de concha y la otra de piedra verde; y el perfil de la cabeza de un pájaro en jade con un tocado con el glifo Itz’at, creador o sabio. La cabeza grande del dios del maíz indica que este arreglo representa el renacimiento de éste, desde la entrepierna del gobernante masculino muerto. La identificación del pendiente como el dios del maíz del Clásico Temprano se evidencia en otras representaciones contemporáneas.

Existen otros artefactos en el Entierro 23 que aluden a temas de sacrificio y renacimiento, pero estos son suficientes para demostrar que el individuo enterrado y los artefactos arreglados a su alrededor, tanto los que fueron parte del contexto original como los que fueron colocados en el evento de re-ingreso a la tumba, fueron diseñados para leerse como secuencias verticales.

TUMBA 1 DE RÍO AZUL

Las tumbas de Río Azul también hacen referencia a un eje vertical relacionado con el renacimiento de sus gobernantes a ancestros divinos. A diferencia de las tumbas de El Perú y de Yaxuna, el concepto de verticalidad está referenciado de otra manera. En lugar de representar el árbol de la vida o de encarnar al dios del maíz por medio de la representación de un huunal, en Río Azul, el eje vertical está simbolizado por medio de un paisaje cósmico con directa asociación a los puntos cardinales.

El individuo ocupa el centro y quinta dirección dentro de la tumba y también dentro de la cosmovisión Maya, la cual es la posición necesaria para poder acceder al conducto del axis mundi, por el cual el difunto viaja de la tierra al cielo y renace (Reilly 1995; Taube 2004). En Río Azul, ese axis mundi está metafóricamente representado por las pirámides mismas que albergaban las tumbas de los gobernantes. Se sabe bien que la relación entre pirámides y montañas tiene asociación directa con las nociones de paisajes cosmogónicos Mayas y de la muerte. Esto se debe a que el axis mundi, el cual está representado por la montaña sagrada, llamada “Montaña Flor” (Taube 2004), es el conducto que conecta el cielo, la tierra, y el inframundo (Figura 9).

La Tumba 1 de Río Azul hace referencia directa a esta temática. En el 2004, Karl Taube identificó a la montaña animada del muro este del mural como la “Montaña Flor”, el cual a la vez contiene elementos que permiten una lectura de chan-ch’e’n, el cual representa el centro. Evan Vogt y David Stuart (2005) indican que por analogía con el pensamiento de los Mayas de Chamula, el chan-ch’e’n representa los santuarios en las pirámides Mayas del Clásico, sirviendo como “ventana” metafórica entre los espacios de los seres vivos y los sobrenaturales y así funcionan de axis mundi (Figura 10). Como tal, refuerza la identificación de “Montaña Flor” propuesta por Taube, y en éste alude al conducto hacia el mundo sobrenatural.

Los medallones jeroglíficos del muro este de la tumba sugieren una conexión cercana entre el dios solar y el cocodrilo con lo que David Stuart (2005:73) identifica como el “Lagarto Solar”, que posiblemente represente el cielo oscuro del inframundo y al mismo tiempo la tierra. Sobre el vientre del cocodrilo hay un cartucho con el dios solar, y cerca de la cola tiene un elemento cuatripartita conocido como Ol (Robertson 1974; Freidel et al. 1993:215). Este elemento representa el portal al cielo y es una metáfora para nacimiento (Freidel y Suhler 1999:256). La hipótesis manejada acá es que la combinación de estos elementos sugieren que el tema representado en el mural está directamente asociado con la muerte del gobernante quien viaja al mundo sobrenatural por medio de la “Montaña Flor”. El elemento cuatripartita no se encuentra en el mural de Río Azul, sin embargo, el verbo de nacimiento es explícito en el texto jeroglífico, el cual hace referencia a su nacimiento en el mundo sobrenatural.

Similar al antiguo concepto de centralidad y renacimiento Olmeca, en donde se identificaba al dios del maíz como el centro del cosmos (Reilly 1991; 1995), y a los gobernantes como la personificación del árbol de la vida y del dios del maíz (Schele 1995), los Mayas de Río Azul colocaron a los difuntos reales en el centro del paisaje cosmológico en donde era transformado a la vida ancestral por medio del axis mundi, la montaña sagrada y el camino al mundo sobrenatural.

Entonces, el axis mundi, o eje vertical, en contextos mortuorios Mayas, puede estar representado de diversas maneras. En El Perú y Yaxuna, está explícitamente referenciado por medio del arreglo de artefactos en relación al individuo. Específicamente, la colocación de un huunal, el cual simboliza el dios del maíz y representa esa personificación y luego la encarnación del gobernante como tal. En El Perú fueron más explícitos en representar el axis mundi por medio de la colocación de objetos simbólicos en forma de cruz e incluyendo un plato con la iconografía que confirma dicha organización; mientras que en Yaxuna solamente se puede hacer referencia a los mismos conceptos basado en la presencia de objetos y elementos artísticos. Por otro lado, en Río Azul hacen la referencia por medio de los murales, el individuo y el contexto arquitectónico general.

REFERENCIAS

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Figura 1        Localización de El Perú, Río Azul y Yaxuna en el área Maya.

Figura 2        Ubicación de las unidades de excavación realizadas en 2006. Dibujo de Melisa Knight. Lia Tsesmeli y Juan Carlos Meléndez. Proyecto Arqueológico El Perú Waka´, 2006.

Figura 3        Perfil sur del túnel realizado y rasgos arquitectónicos descubiertos en la Estructura M12-32 (Dibujo de Juan Carlos Meléndez). Proyecto Arqueológico El Perú Waka´, 2006.

Figura 4         Planta del Entierro 37 (Dibujo de Juan Carlos Meléndez, Laura Gámez y Jennifer Piehl). Proyecto Arqueológico El Perú Waka´, 2006.

Figura 5        Reconstrucción de la Estructura 6F-3/4 de Yaxuna (Cortesía de David Freidel).

Figura 6        Entierro 23 de Yaxuna. (Cortesía de David Freidel).

Figura 7        Platos localizados al  A. este;   B. oeste del Entierro 23

(Fotografía cortesía de David Freidel).

Figura 8        Huunales recuperados en las excavaciones concernientes al Entierro 23 de Yaxun   (Cortesía de David Freidel).

Figura 9         Representación de la Montaña Flor, en el muro noreste de la Tumba 1 de
              Río Azul (Dibujo de Mary Jane Acuña).

Figura 10        Muro noreste, este y sureste de la Tumba 1 de Río Azul (Dibujo de Mary Jane Acuña).

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