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53. UNA ETNOGRAFÍA HISTÓRICA DE LAS TIERRAS ALTAS MAYAS DURANTE EL PROTOHISTÓRICO (1225-1524 DC), A TRAVÉS DE UN VOCABULARIO KAQCHIKEL DE LA ÉPOCA COLONIAL – Marie Annereau-Fulbert – Simposio 23, Año 2009

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Annereau-Fulbert, Marie

2010        Una etnografía histórica de las Tierras Altas Mayas durante el Protohistórico (1225-1524 DC), a través de un vocabulario Kaqchikel de la época Colonial. En XXIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2009 (editado por B. Arroyo, A. Linares y L. Paiz), pp.691-705. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

53

UNA ETNOGRAFÍA HISTÓRICA DE LAS TIERRAS ALTAS MAYAS DURANTE EL PROTOHISTÓRICO (1225-1524 DC), A TRAVÉS DE UN VOCABULARIO KAQCHIKEL DE LA ÉPOCA COLONIAL

Marie Annereau-Fulbert

Universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne

PALABRAS CLAVE

Arqueología del Altiplano, K´iche, K´aqchiquel, etnohistoria, Periodo Protohistórico

ABSTRACT

A HISTORICAL ETHNOGRAPHYOF THE HIGHLAND MAYA DURING THE PROTOHISTORIC PERIOD (AD 1225-1524) USING A KAQCHIKEL VOCABULARY FROM THE COLONIAL ERA

Investigators who have worked in the Maya Highlands have frequently turned to Colonial dictionaries to clarify the meaning of words that appear in the indigenous ethnohistoric texts or to understand better the concepts related to Chinamit social units. But there has never been an analysis of these sources combined with the archaeology. This work proposes to revise, through doctoral research, some aspects of the social and political organization of K’iche’ groups.

La presente ponencia propone presentar algunos aspectos relativos a la organización sociopolítica protohistórica en las Tierras Altas, en las regiones K’iche’ y Kaqchikel de Guatemala (Figura 1). Se enfoca en la reconsideración de los conocimientos arqueológicos y etnohistóricos, a partir del análisis del nivel de organización intermedio entre la familia y la comunidad, que llamamos más comúnmente bajo el término de barrio. Esta problemática es bastante reciente en arqueología y, particularmente, en el estudio del urbanismo. Recibe además un eco particular en la región mesoamericana, por la existencia de una organización en barrio todavía vigente (Mulhare 1996) – sin que postulemos una continuidad de forma dando la variedad de los contextos – y por la riqueza documental que permite vislumbrar los procesos en la zona bajo estudio.

RECONSIDERACIÓN DE LAS FUENTES Y EL MÉTODO

Hablamos de la reevaluación de las fuentes disponibles por varias razones: la investigación arqueológica es todavía muy escasa y los grandes proyectos remontan a los años 80-90. Sin embargo, dejaron datos muy valiosos desde un punto de vista arqueológico y también antropológico (Wallace 1977; Ichon 1988; Breton 1993). El Postclásico tardío se caracteriza por una situación política inestable y conflictos endémicos entre diferentes grupos sociopolíticos. Los sitios se ubican, como fortalezas, en posición defensiva estratégica, en promontorios o cumbres rodeados de barrancos profundos. El patrón de asentamiento acata cierto modelo según el concepto del “agrupamiento separado” (la expresión es prestada a Arnauld, s.p.:86) de segmentos congregados pero bien separados espacialmente. Aparecen, además, poco jerarquizados. No quiere decir que no existe jerarquía pero que ésta se ilustra bajo otras modalidades. Chwitinamit (Baja Verapaz) e Iximché, capital kaqchikel, son dos ejemplos de tal configuración (Figuras 2 y 3): en el primer sitio, los grupos son separados por zonas vacías o barrancos y por la orientación de sus estructuras; específicamente, estructuras largas (“casas largas” o nim ja) que parecen, con su fachada trasera, encerrar cada plaza, como si fueran muros defensivos, más simbólicos que reales. En cambio, en Iximché, son realmente muros que impiden la comunicación entre las Plazas B y C, apartando el asentamiento en dos partes.

Es el caso de Kawinal, ubicado en el fondo del valle del río Chixoy (Figura 4). Consta de 2 fases de ocupación, 1150-1350/1350-1550 d.C. El centro monumental está formado de 4 grupos o partes (A, B, C-norte y C-sur) juntadas pero bien separadas, sea por el río o por la orientación de sus estructuras. Cada una es definida por una plaza político-religiosa y está asociada espacialmente con una zona residencial (A’, B’ y C’). El hecho de que cada plaza consta de sus propios edificios del poder surgiere cierta autonomía. Al mismo tiempo, el hecho de ser congregadas en un mismo asentamiento indica ciertas estrategias de alianza al nivel político, económico, ritual, o de parentesco. Volveremos a estas cuestiones más adelante.

Hay que subrayar que es en el campo etnohistórico que los avances fueron los más relevantes, en particular, para la comprensión del chinamit K’iche’, unidad social y territorial básica de la sociedad prehispánica. Hill & Monaghan (1987) han destacado los principales aspectos; en particular el hecho de que esta entidad no era basada en principios de parentesco tal como lo entendían los Españoles, por los substantivos empleados como linage, parentela, casta, dando la idea de la filiación. Más bien, la cohesión social del chinamit se desplaza del parentesco a la territorialidad, basándose en la afiliación (o subordinación) de personas bajo la autoridad de una familia noble que da su apellido al grupo entero; lo que los Españoles designaron bajo el término de parcialidad – volviéndose común en el lenguaje del siglo 16 – o bien calpul según las regiones.

La etnohistoria de la parcialidad como la etnología del barrio han demostrado que la comunidad es inestable. Resulta de la alianza de entidades sociopolíticas independientes. Es el modelo del altepetl, que propone Hirth (2003) que describe las ciudades del altiplano mexicano como un epifenómeno “resultante de la concentración de calpolli o unidades de organización equivalentes alrededor de la residencia del gobernante y del contingente cívico-ceremonial del altepetl” (Ibid.: 67).

Volviendo a las tierras altas de Guatemala, esas entidades sociales y políticas son ampliamente mencionadas en los textos coloniales, indígenas como españoles. Sin embargo, hemos destacado la dificultad en entender los sentidos de las voces antiguas que llevan concepciones distintas. En consecuencia, el recurso a los diccionarios coloniales aparece pertinente. Más relevante es el carácter neutral de tal fuente – pero tendremos que volver a este aspecto – y el valor etnográfico de lo que trae el idioma nativo.

Entonces, aquí no se trata de un análisis documental clásico. Hablamos más bien, siguiendo el etnohistoriador Español Jiménez, de una antropología histórica, es decir, el “análisis antropológico aplicado a la documentación de archivo” (1997:11). El método no es nuevo en sí. Hay que recordar los trabajos de Miles (1957) sobre los Poq’omab y de Calnek (1969) sobre los Tzeltal de Chiapas, basados en los diccionarios. Carmack ya ha presentado en su trabajo sobre las fuentes K’iche’ (1973) la trayectoria de estos documentos lingüísticos, usados por los misioneros para la evangelización de los indígenas. Enfocaremos nuestro estudio en el Vocabulario español-kaqchikel del Franciscano Tomás de Coto, fechado de la segunda mitad del siglo 17 (1640) ¿Por qué? Primero, fue publicado por Acuña (1983) que hizo la tarea de paleografía y las primeras observaciones. El autor lo define como el “calepino más antiguo que se conoce” para el idioma kaqchikel. En el contexto colonial, se refiere a una obra que retoma por parte los trabajos manuscritos de los religiosos anteriores. Por otro lado y como su nombre no lo indica, no es un glosario únicamente con equivalencias semánticas – como, por ejemplo, el del Dominicano Ximénez, más tardío (Sáenz de Santa María 1985) – sino que consta de muchas descripciones interesantes en casi 6 000 entradas.

Los investigadores han recurrido de manera puntual a este documento para comprender o entender mejor el sentido de voces antiguas. Hemos emprendido una investigación sistemática por medio de su escaneado completo. Pasamos aquí los problemas relativos a la ortografía irregular del kaqchikel como del español y otras dificultades inherentes al estudio de tal fuente. El análisis permitió la búsqueda sistemática de voces y su empleo en contextos diferentes. Queremos, de aquí en adelante, apuntar varios aspectos relevantes para nuestro propósito.

DEL ESPACIO DOMÉSTICO AL ESPACIO POLÍTICO

En el Postclásico, alianzas son primordiales, sea en el dominio doméstico o político. Existen varias palabras que traducen estas relaciones. Primero enfatizan la importancia de la línea de descendencia y de la genealogía. Tener descendientes y aliados es representado por la metáfora del árbol. La palabra qu’in etar (“tener desçendençia”) como el término ama3 son asociados a la idea de residencia, durabilidad y crecimiento demográfico en el tiempo y en el espacio [Coto 1983: 49, 145, and 516]. Un hombre rico es un hombre con muchos familiares. En cambio, la palabra meba, literalmente “pobre”, se refiere, por extensión, al huérfano y al viudo; dicho de otra manera, una persona sin familiares ni aliados [Coto ibid: 258, 279 and 423]. Al qahol, literalmente “hijo de padre y de madre”, designa los miembros de una familia o del grupo doméstico y, en su aceptación más amplia, se aplica a los subordinados no necesariamente emparentados, bajo la autoridad y el mando del jefe de familia [Coto: 249]. Hay que subrayar que los conceptos parientes y aliados son equivalentes, el hijo es percibido como un subordinado o vasallo (para retomar una terminología medieval) y viceversa. De modo interesante también, el concepto de “familia” no se traduce en el idioma kaqchikel, sino por la evocación del contenido de la casa (ochoch) incluyendo los parientes, los hijos casados, aliados, esclavos, domésticos y subordinados que reconocen la autoridad del jefe de familia, que viven en el mismo espacio doméstico (hay) materializado por varias casas alrededor de un patio común. Aquí se trata en términos antropológicos de una familia extendida o, más bien, alargada. Por otro lado, alianzas por matrimonio y afiliación por adopción son tan relevantes, sino más claves, para la integración de la casa y su crecimiento, que los estrictos lazos de parentesco (entendidos como lazos consanguíneos). Entonces, la proximidad espacial (la co-residencia) es también social y puede ser considerada como una forma de parentesco. El vecino, ach qul hay, “el que está frente de mi casa”, mantiene cierta relación de familiaridad (“ach” es una partícula que indica la reciprocidad y la concomitancia en el sentido antiguo de la palabra) [Coto op. Cit.: 240].

Este discurso de parentesco virtual en el campo doméstico vale también para definir las relaciones políticas dentro del chinamit, como lo surgiere las palabras tin chinamitalih, “enparentar o haçerse de vna parcialidad”, o nu chinamital, “çercano en sangre”. Los sujetos que tiene a su cargo la familia noble dominante son considerados como vasallos y de ahí, son sus propios hijos (al qahol). Es la razón por la cual los españoles y los misioneros no entendieron bien los intereses sociales y políticos de tal organización:

LINAGE o parçialidad, o los que son de vn mesmo apellido: Chinamit; vg., yn ru chinamit Baqahol, o Xahil, q[ue] son apellidos o parçialidades, “yo soi del apellido o parçialidad de Baqahol » (…) Y así para deslindar entre éstos sus parentescos y linages, es menester mucho y sauer mucha lengua, por la equivocaçión q[ue] tienen en tratarse como parientes, o con los nombres de q[ue] vsan en sus parentescos los q[ue] son de vn chinamital, o familia o parçialidad. [Coto op. Cit. : 314]

En consecuencia, hubo medidas contradictorias a lo largo de la época colonial en cuanto al matrimonio dentro del chinamit; y de ahí, los debates recurrentes que surgieron en cuanto a la posible endogamia de tal grupo social. Es otro aspecto que no vamos a desarrollar aquí pero que merecería una investigación más precisa.

Entonces, el chinamit se declina a diferentes niveles de la organización social, espacial y política. Es una unidad territorial y residencial materializada por el centro cívico y religioso (tinamit). Designa también el cargo y la autoridad de su dirigente (nabey, ah chinamital), el chinamit se confunde con su linaje dominante. Hay que recordar que es llamado también nim ha, en los textos, cual Ximénez describió como el solar español. Por último, se refiere a un grupo de personas (parcialidad), los subordinados o vasallos, que llevan el apellido del gobernante y que pueden ser dispersos, en distintas comunidades (ama3). Cabe indicar también que tiene funciones corporativas, en términos económicos, sociales y jurídicos (Hill & Monaghan 1987). En el Vocabulario, el chinamit es equivalente a la parcialidad; palabra que por lo tanto, en documentos coloniales, encontramos bajo el término de barrio. Sin embargo, en el Vocabulario, este término es mencionado en un solo lugar y recibe una traducción kaqchikel oscura:

BARRIO: Ru qiyal ama3 o tinamit, o quere ru 3a ama3 o tinamit. [Coto op. Cit.: 63]

El informante kaqchikel intenta traducir concepciones ajenas. No obstante, al final, lo que resalta es la relación humana continua que une un asentamiento a la ciudad o el pueblo, bajo la metáfora de la mano y de los dedos (ru 3a; qiyal designa tanto la gente común, “de los muchos”, como el familiar y el próximo). Nunca se considera como una entidad territorial distinta ni como la división de una unidad más grande. Ahora bien, estas concepciones autóctonas nos llevan a representaciones del territorio diferentes de la visión occidental. La ciudad representa el centro desde donde se ejercía el poder y donde vivían las familias nobles y dominantes de los diferentes chinamit. Pero no se puede distinguir del “país” rural donde la gente en realidad vivía y trabajaba. El concepto de tierra, de país como la comunidad de referencia, se traduce por las palabras ama3, tinamit, huyubal, ta3ahal, ochoch, çivan (literalmente, pueblo, ciudad, montaña, valle, casa, barranco) sin distinción entre ellas:

LUGAR, por çiudad o pueblo o patría: Ama3, tinamit, huyubal, ta3ahal, ochoch, çivan, de los quelles vsan indifferentemente, variándolos con los pronombres; vg., k’ ama3, ka tinamit, “n[uest]ro pueblo o tierra”; nu huyubal, nu ta3ahal, etc. [Coto op. Cit.: 319]

Entonces, la comunidad se refiere a todos los elementos topográficos y físicos, es decir, el asentamiento urbano (tinamit), los asentamientos satélites (ama3), los campos y las tierras cultivadas (r’uleu, r’uleval avan) que formaban propiamente el dominio, sin jerarquía clara, bajo el mando de un gobernante.

En resumen, hemos subrayado el hecho de que son las mismas categorías semánticas usadas para definir tanto las relaciones domésticas al nivel de la casa como las relaciones políticas al nivel del chinamit. Hemos visto que aún en el seno de la casa se instauran relaciones de subordinación, de “hijos” a jefe de familia, y por extensión al dominio político, de vasallos a gobernante. Postulamos, entonces, que no hay diferencia de naturaleza entre la comunidad global y sus componentes. Son regidas según el modelo de la familia y de la “casa” según los términos de Lévi-Strauss (1979) que articula organización social y espacio arquitectónico. Ahora bien, que nos puede revelar la arqueología a este respecto.

EL PATRON ARQUEOLÓGICO: EL AGRUPAMIENTO SEPARADO

Volvemos a Kawinal (Figura 4). Observamos cuatro aspectos claves relativos a lo que hemos llamado “agrupamiento separado” y que se examinan, a diferentes escalas, en otros sitios contemporáneos: la separación (que hemos tratado al principio de esta presentación), la duplicación, indicios de jerarquía y la homología de estructura.

La plaza central es definida por el arreglo geométrico de las 4 plazas según una gramática arquitectónica. Cada plaza se caracteriza por la duplicación de tipos de estructuras no residenciales. La triada postclásica llamada así por Ichon (1980: 194), siguiendo el análisis de Proskouriakoff para Mayapán (1962), consta de una “casa larga” (nim ja) (Figura 5) ubicada de manera perpendicular a un templo-pirámide, el cual hace frente a una “casa del consejo” (Figura 6). En realidad, la distinción entre estas dos últimas estructuras vale únicamente para los sitios del Chixoy. En Q’umarkaj por ejemplo, sitio del Quiché, se mencionan solamente “casas del consejo” (“council houses” según Wallace 1977). Sin embargo, lo que llama la atención es la misma disposición interior entre la casa residencial y los dos otros tipos más especializados: una banqueta ancha en los muros laterales y posteriores, un espacio central para un altar. Las banquetas indican la función de residencia pero en el caso de la “casa del consejo” y de la “casa larga”, no se encuentran fogones domésticos (sino fogones rituales en el caso de la nim ja) ni artefactos asociados. Se diferencian, por lo tanto, por sus dimensiones y por el material de construcción. Cuando la casa residencial y la “casa del consejo” tienen una relación anchura/longitud de 1/3, las dimensiones de la “casa larga” son más variables para alcanzar una relación de 1/5. Ichon (1988: 173) ha sugerido que el umbral de 1/3 a 1/4 puede ser considerado como “la transición de la estructura domestica individual a la estructura colectiva, revelando un cambio radical de función”. El mismo autor (1980: 192) piensa que el alargamiento de la nim ja, que se observa entre las 2 fases de ocupación en Kawinal, correspondía al crecimiento demográfico del grupo social que la ocupaba. Materializa la potencia del linaje gobernante. Estos edificios no son residencias comunes ni residencias permanentes. Combinan, de manera ocasional o simbólica, las funciones, de residencia para los jóvenes guerreros ligados a la familia noble local en el caso de la nim ja (Arnauld 2001), de consejo y lugar de ritual (Ichon 1988:174).

Hemos visto que las 4 plazas de Kawinal compartían la misma gramática arquitectónica. No obstante, existen indicios de jerarquía. La expresión “primus inter pares” (“primero entre pares”) podría describir correctamente la plaza de primer rango en comparación con las otras. Es el caso de la Plaza A (Figura 7) que consta de una situación geográfica central y la más elevada. Además, recibe el único juego de pelota, la única pirámide con templos gemelos del “Gran Kawinal” y cuenta con 4 “casas del consejo” cuya Estructura A-2 es excepcional por sus dimensiones, al igual que la “casa larga” A-12. Esta apreciación se basa efectivamente únicamente sobre parámetros cuantitativos. Los rasgos cualitativos (y porque los datos faltan) no ayudan en clasificar en rangos las plazas de este sitio. Sin embargo, este aspecto apoya la idea, expuesta antes con los datos etnohistóricos, de la importancia durante el Postclásico del poder en términos de gente y aliados. El grupo social simbolizado por la Plaza A ha sucedido en monopolizar el poder y en juntar el más grande número de aliados, materializado por varias “casas del consejo” – según Ichon (1980: 192), cada una representaría el linaje dominante de las plazas secundarias – y también por la zona residencial la más extendida.

Efectivamente, cada plaza es asociada espacialmente con una zona residencial bien delimitada (A’, B’ y C’). La zona residencial A’ se extiende en una antigua terraza sobre una superficie de 2 hectáreas (Figura 8). Es limitada al norte y al oeste por el río Calá, al este por un cerro y al sur por la misma Plaza A. El terreno accidentado fue nivelado por muros de contención cuyo principal sirvió como eje de circulación conectando los residentes con el centro para sus actividades cívicas y religiosas. El rasgo más relevante es la concentración muy compacta de 32 conjuntos con patio (Fauvet-Berthelot 1980). Un conjunto incluye de 3 a 8 estructuras organizadas alrededor de un patio común. La gran proximidad espacial implica que unos residentes tenían que cruzar literalmente otros patios para llegar al centro o bien al río. Esto surgiere cierta forma de proximidad social. La tipología de estas unidades residenciales (totalizan 177 estructuras rectangulares), propuesta por Fauvet-Berthelot (Ibid.: 65-66), consiste en 3 categorías: la primera incluye las estructuras con una longitud de menos de 6 m; la segunda con estructuras entre 6 y 8 m de largo; la última con más de 8 m de largo. Sin embargo, presentan el mismo patrón interior con banquetas y altares, al igual que las casas monumentales. Fauvet-Berthelot (Ibid.) ha descrito de manera muy precisa la diversidad en la construcción de las sub-estructuras y la composición interna también variada de los patios. Las residencias de las élites se diferencian de las comunes por la calidad y dimensiones de su construcción y por su ubicación privilegiada, cerca de la plaza monumental (patios I y XXXII) (Figura 9 y 10). Estas diferencias arquitectónicas reflejan desigualdades al nivel socioeconómico. Sin embargo, no permiten distinguir grupos sociales claramente jerarquizados. Este aspecto es reforzado por la homogeneidad bien marcada en la cultura material, entre los conjuntos sencillos y las residencias de la élite. En cambio, observamos cierta forma de continuidad arquitectónica entre conjuntos residenciales más humildes y los más complejos. Los últimos no son tan diferentes de la misma Plaza A.

Esta continuidad apoya la idea de una homología de estructura desde el conjunto con patio hasta el recinto cívico-religioso. No hay diferencia de naturaleza sino de escala y comparten los mismos conceptos básicos: la construcción en abismo de los grupos sociales y políticos que se articulan entre sí, del grupo domestico y la familia – la unidad doméstica conformada por el conjunto con patio – al centro político materializado por la triada postclásica que otros investigadores han comparado al complejo residencial noble del periodo clásico (ver Arnauld 2001). Si la comparación vale, el patrón de la plaza postclásica podría simbolizar la transposición de la residencia del linaje noble dominante a la esfera pública. Es una hipótesis que podría apoyar nuestra idea pero merece más investigaciones y datos que nos faltan por ahora.

CONSIDERACIONES FINALES

El patrón de asentamiento postclásico indica que si existe cierta forma de gobierno compartido, sin embargo, al mismo tiempo, persista una competición marcada en el seno de comunidades inestables, particularmente en atraer y saber conservar nuevos aliados y sujetos. En consecuencia, el patrón corresponde más al modelo que llamamos “agrupamiento separado” de recintos arquitectónicos similares – unidades sociopolíticas semi-autónomas aliadas explotando territorios adyacentes – que a subdivisiones de una comunidad mayor, como se entiende el barrio en nuestras sociedades. El chinamit y sus formas corporativas que siguen vigentes durante la época colonial, ilustran bien esas concepciones postclásicas. Sin embargo, en el Vocabulario, percibimos efectivamente la introducción de nuevas formas de organización, ligadas al nuevo orden administrativo y territorial colonial. El lenguaje del parentesco, que se refleja en la expresión “primero entre pares”, que hemos adoptada para describir el patrón arqueológico, se emplea para cubrir relaciones políticas. En efecto, hemos sugerido que la entidad política y sus relaciones internas son concebidas según la matriz de la familia y de la “casa” – categoría émica clave como lo analizamos en el Vocabulario – como grupo social y también como edificio concreto (materializado por las casas especializadas que constituyen la triada postclásica). Si la hipótesis merece aun más investigación, los datos etnohistóricos como arqueológicos (homología de estructura y construcción en abismo) parecen abundar en este sentido.

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Figura 1        Área central y oriental de las tierras altas de Guatemala (según Breton 1993).

Figura 2        Chwitinamit, Baja Verapaz (según Smith 1955).

Figura 3        Iximché según Guillemin.

Figura 4        Kawinal (según Fauvet-Berthelot 1986).

Figura 5        La “casa larga” A-12 de Kawinal (según Ichon 1980).

Figura 6        La “casa de consejo” A-7 de Kawinal (según Ichon 1980).

Figura 7        La Plaza A de Kawinal.

Figura 8        La zona residencial A’ de Kawinal (según Fauvet-Berthelot 1986).

Figura 9        El conjunto XXXII del Grupo A’ de Kawinal (según Fauvet-Berthelot 1986).

Figura 10        El conjunto I del Grupo A’ de Kawinal (según Fauvet-Berthelot 1980).

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