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17. FRONTERAS NATURALES, TERRITORIOS INCIPIENTES. UN CASO GEOARQUEOLÓGICO EN EL USUMACINTA MEDIO – Keiko Teranishi Castillo – Simposio 23, Año 2009

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Teranishi Castillo, Keiko

2010        Fronteras naturales, territorios incipientes. Un caso geoarqueológico en el Usumacinta Medio. En XXIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2009 (editado por B. Arroyo, A. Linares y L. Paiz), pp.210-223. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

17

FRONTERAS NATURALES, TERRITORIOS INCIPIENTES. UN CASO GEOARQUEOLÓGICO EN EL USUMACINTA MEDIO

Keiko Teranishi Castillo

Universidad Nacional Autónoma de México

PALABRAS CLAVE

Arqueología México, Usumacinta, aluvión, suelo

ABSTRACT

NATURAL FRONTIERS, INCIPIENT TERRITORIES. A GEOARCHAEOLOGICAL CASE IN THE MIDDLE USUMACINTA RIVER

This work addresses a geoarchaeological study in the middle basin of the Usumacinta River, in which the results of the first season present a nucleated settlement pattern associated with bodies of water and the primary selection of specific geoforms for the placement of certain site layouts during the Middle and Late Preclassic. Proposals by other researchers on the selection of geographic elements in the landscape as natural boundaries leads us to suggest that in this diagram of 25 km and 10 settlement locations, a spatial organization of settlement patterns subject to high risk conditions and the selection of specific geoforms in order to establish heterarchical relationships allows for the negotiation of these conditions. Similarly, only certain features in the discrimination of these geoforms for site placement provided evidence for the establishment of an incipient territory.

INTRODUCCIÓN

En el presente trabajo abordaré el estudio de caso que se está llevando a cabo en un  tramo de la Cuenca Media del Río Usumacinta. Este estudio es parte del proyecto “Organización Espacial de los asentamientos prehispánicos en el Curso Medio del Río Usumacinta, Tabasco” investigación adscrita al Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y  consiste en un estudio sinóptico a escala micro regional dentro de una región mayor que es parte del “Proyecto Arqueológico Chinikihá”.

En este sector se propuso investigar un sector del Usumacinta Medio (Figura 1) que definirá en el futuro estudiar en profundidad cómo fué la utilización, organización del espacio y las definiciones de territorio en comunidades tempranas de bajos, en específico de las tierras bajas noroccidentales, además de cómo se estructuraron las primeras definiciones de frontera. Por tanto, investigar las expresiones espaciales entre las comunidades y el medio, además de su relación intersitios durante el Formativo en el curso medio del Usumacinta pretende establecer principalmente que los microambientes de bajos por su alta variabilidad y vulnerabilidad ecológica tendrán a través del tiempo procesos consecutivos de reestructuración territorial por parte de los grupos que habitaron estos medios. Otro de los objetivos de este trabajos es corroborar que las relaciones espaciales del  patrón de asentamiento del curso medio del Río Usumacinta tienen relación directa en épocas tempranas con su entorno geográfico y geomorfológico por lo que el proceso de territorialización incipiente en un ambiente de bajos crea las condiciones para un proceso horizontal de reparto de nichos de explotación y una escasa diversificación de sistemas productivos entre los grupos que ocupan estos ambientes.

Esta propuesta se ha enmarcado en un trabajo de tipo geoarqueológico principalmente por las condiciones de alta vulnerabilidad y dinámica fluvial del área de estudio, ya que los constantes azolvamientos y casi indetectables patrones en superficie de las ocupaciones Preclásicas llevaron a buscar una metodología de exploración más efectiva a nuestros objetivos, la memoria de los suelos, su correlación con la estratigrafía arqueológica y los conceptos de la geoarqueología como una arqueología temática que retoma la  investigación arqueológica utilizando métodos y conceptos de las ciencias de la tierra y que aborda desde estas ciencias la relación hombre/medio utilizando el principio del uniformitarismo en el sentido reconstructivo del paisaje al proyectar las causalidades de los procesos de formación del paisaje actual a las dinámicas del pasado.

ÁREA DE ESTUDIO

El río Usumacinta es uno de los sistemas fluviales más caudalosos de México y sustenta una gran red hidrológica de 122.000 Km2 en  territorio mexicano. Nace de la confluencia de los ríos Chixoy o “Salinas” y el Pasión. Su curso superior marca la frontera entre Guatemala y México (200 Km), y a unos 40 Km después de Tenosique comienza el Bajo Usumacinta, el cual solo es reconocido por ciertos autores (González 1981). Este sector está definido por sinuosos meandros cuya amplitud van desde los 400 a los 600 mt a unos 40 msnm. El área de estudio está ubicada en el Municipio de Emiliano Zapata y en el de Balancán, es un área de 25 Km2 delimitada por las coordenadas UTM 641000 mE, 1962000 mN,  636000 mE, y en su límite Sur por 1954000 mN (Figura 2) por una forma geométrica irregular. En términos fisiográficos el área del proyecto está dentro de la llamada Provincia de Llanura Costera del Golfo Sur y la subprovincia de Llanura y pantanos Tabasqueños (INEGI: 2004), la que junto con sus tributarios configuran un gran sistema hidrológico que se completa con los ejes del San Pedro y San Pablo como depositarios en cuenca baja y que han conformado el paisaje de las extensas planicies aluviales de la región (Figura 3) expresándose el río en este tramo como un canal meándrico anastomosado (Figura 3a).

Esta región se formo tempranamente en términos geológicos con estructuras sedimentarias del Cenozoico durante el Terciario y del Mesozoico en el Cretácico, además de la subsiguiente formación de suelos primarios en el Cuaternario. La unidad contenedora del área de estudio es la planicie estructural del reciente, además de una pequeña porción de planicie de contacto en el tramo que se desprende de la ribera sur del Río Usumacinta con su afluente, el Río Chacamax.

ESTUDIOS ARQUEOLÓGICOS PREVIOS

En esta área se ha detectado una serie de sitios cuyas cronologías comprenden desde el Preclásico Temprano hasta el Clásico Tardío (Sisson 1976). Las evidencias arqueológicas recuperadas hasta el momento señalan que esta zona tuvo un patrón de asentamiento aglutinado durante el periodo Formativo Medio al Superior (900 a.C.- 200 d.C), aunque carecemos de datos más específicos para los desarrollos ocupacionales de sitios como Nueva Esperanza, Tierra Blanca, Trinidad y Pomoca (Berlín 1956; Ochoa 1976; Rands 1992). Con respecto a las relaciones entre estas ocupaciones y sus áreas de interacción inmediata (medio), éstas sólo han sido sucintamente trabajadas, y sus secuencias temporales han sido abordadas de una manera eventual, y poco sistemáticas.

Con respecto a la región de estudio, las primeras exploraciones en esta área fueron expuestas por diferentes personajes  de época: Désiré Charnay navega hasta Montecristo (Emiliano Zapata y desde allí llega hasta Tenosique en 1881; Frans Blom, Maler y Seler  en sus recorridos describen con algunas referencias el curso medio y superior del Río Usumacinta, además  de los trabajos de Wyllys Andrews en el sureste de Tabasco y Stirling en el sitio monumental de La Venta son los primeros aportes a los datos de la región.

A raíz de estas referencias surgen en 1939 trabajos científicos dentro de las academias de aquel tiempo y en los años 50´ s Heinrich Berlín junto al estudiante Carlos Navarrete recorren seis sitios con el objetivo de fechar relativamente el Horizonte tardío en la zona a través del seguimiento del complejo cerámico de Naranja Fino (Berlin 1953). Por último Pavón Abreu en 1945 refiere una completa monografía al sitio de Morales.

Es en 1976 cuando comienza el primer trabajo regional en las tierras bajas noroccidentales a cargo de Lorenzo Ochoa (1979) y la participación de su equipo: Carlos Álvarez, Ernesto Vargas, Luis Casasola y Martha Hernández, el cual realizó recorridos sistemáticos con el consecuente registro, levantamiento de los sitios y análisis de materiales de superficie, además de algunas excavaciones que permitieron fechar comparativamente a la región con el material recolectado anteriormente en superficie. Otro Proyecto que aportó datos fue el del Sitio de Santa Elena, Balancán iniciado por Mugarte y Perales en 1987 a 1988. Además del Atlas Arqueológico de 1987, el cual contribuyó a completar este acervo de sitios reportados, registrando algunos no explorados, además de reportar las condiciones de deterioro en cada caso.

Con respecto a los resultados de los proyectos en cuestión se ha discutido bastante la configuración de los sitios y su cronología correspondiente. En las exploraciones de Ochoa (1979) se plantea una ocupación temprana en las riberas del Río San Pedro y ocupaciones tardías en el sector de San José del Río. Las riberas son el lugar de emplazamiento de estos sitios tempranos y en especial en la zona de la ribera este del río San Pedro cuando su cauce superior tiene una orientación  eje sur-norte. En este sector se registro una serie de sitios de gran tamaño y volumen constructivo como Tiradero, Mirador, y Revancha presentando momentos de ocupación continua desde el Preclásico Temprano – Medio. La configuración de estos sitios cambia en ciertos momentos en cuanto a la funcionalidad de algunas áreas de los sitios, y se llevan a cabo obras constructivas diversas, mostrando que sus relaciones se intensifican en el Clásico Tardío (Fase Caoba).

Con base en lo anterior, es importante destacar el gran potencial de estudio en torno a los diferentes patrones de asentamiento e intensidades de ocupación, ya que los cambios detectados en el área han indicado relaciones con diferentes ejes de influencia. Desde el Preclásico (Fase Barí) con el curso Superior del Usumacinta, gran parte del Clásico aún con el Petén y Río La Pasión,  y en menor escala con las sierras bajas y sus pasos al señorío Palencano, posteriormente estableciendo una estrecha unidad con Jonuta (Clásico Tardío y Post Clásico) (Rands 2002).

Con respecto a las cronologías del área Rands (1992) en sus recorridos dentro de la coyuntura constructiva del Plan Chontalpa recolecta en el área de Tierra Blanca gran cantidad de material temprano, las filiaciones o influencias de estos con materiales olmecas ya habían sido referidos por Sisson (1976) y los materiales de Trinidad cerca de Tierra Blanca (complejo Chiuaan) pusieron de manifiesto que las formas olmecoides y la cerámica Xe (ca. 900 B.C) estaban asociadas a las primeras comunidades sedentarias en tierras bajas del Petén y Yucatán.

Rands además detecta cambios desde el Preclásico Medio al Tardío, al parecer los sitios muestreados a pesar de sus particularidades locales desarrollan relaciones más fuertes fuera de estas comunidades locales aledañas durante este período de transición. La filiación de los rasgos a nivel de grupos que él identifica en un sentido tipológico y estilístico presentan materiales tempranos olmecas del Istmo y Chalchuapas (Lowe 1981). Por su parte, los materiales arqueológicos recuperados en la zona confirman que dicha área estuvo ocupada inicialmente desde el Complejo Chun (1100-800 a.C) en sitios  como Tierra Blanca, Pomoca, Trinidad, Agua fría. (Ochoa y Casasola 1991),  y  que tuvo filiaciones con el área nuclear olmeca (Sisson 1976). Así mismo, durante el periodo de transición del Preclásico Medio al Tardío, las evidencias indican que se intensificaron las relaciones entre los grupos locales y los foráneos (Rands 2002).

Por último, los rasgos de diferenciación local es otro  punto que se pretende explorar en relación a la apropiación de la geografía, ya que existen rasgos en los materiales cerámicos de ciertos sitios (Trinidad y Nueva Esperanza) que nos permiten establecer las primeras diferenciaciones culturales en estos grupos. Según Rands (2002) las influencias regionales en el material cerámico de Trinidad y Nueva Esperanza “……..rasgos adoptados del encerado y las equivalencias estilísticas……” han podido correlacionar a  la zona en una secuencia ocupacional (complejo Xe) con Nacaste de San Lorenzo. Pero es claro que en el caso de los negros de Nueva Esperanza a pesar de su contemporaneidad con los del sitio de Trinidad presentan cambios sustantivos en sus labios y en su forma, y por lo mismo estos elementos locales deben ser examinados a profundidad, y la propuesta de una mayanización desde el Preclásico Medio al Terminal expuesta por Rands abordada.

Con respecto a los dos sitios tratados por Rands,  en especial, Trinidad y Nueva Esperanza como los más inmediatos al área de estudio es importante señalar que las fases ocupacionales del Preclásico se han encontrado en estratos muy profundos (3 a 6 m) y sus materiales cerámicos han evidenciado rasgos de adopción del encerado. Las equivalencias de estos estilos son una directriz para ubicar tentativamente a la zona en una secuencia ocupacional y establecer las correlaciones correspondientes del complejo Xe con Nacaste de San Lorenzo. Además la presencia de columnas secuenciales con presencia de los complejos Xot y Chacibcan crean las condiciones de una exploración más profunda del área para abordar sistemáticamente el estudio de las ocupaciones del Formativo.

Los cambios detectados en las muestras cerámicas de los sitios en cuestión también coinciden en las observaciones constantes de una temprana diferenciación de ciertas comunidades en un área territorial no muy extensa, y pone de manifiesto una observación más quisquillosa en los materiales cerámicos del área. Además los trabajos de reconocimiento de sitios y de temporalización de Rands (2002) plantearon nuevos temas a explorar como las relaciones de esta área con su aledaña área de influencia, el señorío Palencano durante el Clásico, y las probables relaciones que pudieron haber desarrollado los grupos tempranos del territorio en conformación del Señorío Palencano con grupos del Usumacinta Medio.

GEOARQUEOLOGÍA. EVALUACIÓN DE LAS GEOFORMAS Y SUELOS COMO ESPACIO SOCIAL

El ordenamiento del espacio nos habla de aspectos representativos de la organización interna de grupos humanos tanto a nivel sociopolítico como económico, al igual que sus relaciones con otros grupos sociales. Las diferentes expresiones detectadas en el paisaje natural transformado antropogénicamente nos habla de formas de clasificación primarias hechas por sus habitantes. De estas evaluaciones tal vez podemos visualizar la toma de decisiones concretas de los grupos con respecto a su entorno o medio físico inmediato. Si entendemos al espacio como una construcción social en donde se llevan a cabo las prácticas sociales, es claro que su contenido relativo y la organización espacial de dichas expresiones materiales debe ser comprendida en términos espacio- territoriales.

Muchos han señalado el carácter objetivo del territorio y su relación con la cultura dentro de tres perspectivas: como marco donde las prácticas sociales están espacialmente localizadas, como un espacio de inscripción de la cultura y por último como un constructo de representación y símbolo de pertenencia socio-territorial (Giménez 1996). Si consideramos, en nuestro caso, que la organización del espacio territorial establecerá limites ya sean imaginarios o materiales en donde se generaron las interrelaciones entre los diversos grupos que lo habitaron,  este ambiente será de vital importancia para explorar la acción directa del hombre sobre el medio basado en el propio reconocimiento que esté hace sobre él y la percepción derivada de este conocimiento.

Las consecuencias de este conocimiento y la posterior manipulación del medio constituyen y adapta este espacio habitado en un territorio determinado que responde a ciertas necesidades de los grupos o de algunas facciones sociales dentro de ellos. Los trabajos realizados desde los años 80´s en el sureste Mesoamericano han ido ampliando los datos sobre el periodo Formativo (Arroyo 1994; Coe y Dhiel 1980; Metailie, Carozza et al. 2003), destacando la importancia de este periodo como una etapa de reordenamiento y estructuración interna de los grupos humanos particulares. En estos reordenamientos, han aparecido nuevas formas ocupacionales que relacionan a los grupos humanos tempranos localizados en bajos con un patrón de asentamiento nucleado aledaño a cuerpos de agua o ríos (Arroyo 1994; Chinchilla 2003; Symonds 2000). Así mismo, estos patrones ocupacionales destacan el manejo fisiográfico y geográfico del medio como elementos tempranos de diferenciación entre estos grupos y la utilización de los mismos como fronteras naturales (Kowalewski et al.1983; Arroyo comunicación.personal). Las fronteras territoriales naturales al parecer son parte de las primeras definiciones territoriales que esbozan los antecedentes de diferenciación entre este tipo de comunidades, pero la naturaleza de estas primeras distinciones es poco clara en un panorama incompleto de relaciones intersitios en el registro macroregional.

Las categorizaciones o calificaciones del espacio en comunidades tempranas deben haberse plasmado en las elecciones de cada comunidad con respecto a su entorno en la distribución y ordenamiento de los espacios ocupacionales, de producción y de sustento. Además de propiciar el desarrollo de una especificidad de una comunidad a otra distinguiendo organizaciones sociales de carácter diverso y definitivamente una identidad en formación en cada una de ellas.

El uso de algunos rasgos geográficos como recursos que el ambiente provee ha sido una práctica generalizada en Tierras Bajas desde el Preclásico Terminal, especialmente derivada de situaciones de cambio medioambiental. El acondicionamiento del ambiente y la reestructuración del orden espacial de los asentamientos, sus espacios interiores a diversa escala y los espacios externos en el casos de los sistemas de explotación intensiva infield/outfield han derivado en concentraciones, asignación de espacios determinados y funciones específicas de la compartimentación de los mismos.

Otros investigadores en Caracol, Tikal y Calakmul han evidenciado un ordenamiento interno complejo dentro de estos espacios productivos, la utilización de ciertos rasgos, y las modificaciones de estos para una maximización de los objetivos de producción han demostrado una acción directa sobre estos “recursos geográficos”. En medios de bajos y pantanos se han detectado ordenamientos que han pretendido acercar el patrón habitacional a recursos más o menos estables como lo son los terrenos inundables permanentes y acondicionamientos de terrenos potencialmente cultivables en zonas aledañas a los espacios habitacionales. En este aspecto el estudio del sitio la Joyanca es significativo al detectar las decisiones cambiantes de los habitantes de este tipo de medios en relación directa a sus espacios de producción, además de la jerarquización interna de estos asentamientos.

Algunos geógrafos creen que a pesar de que el espacio es un producto social, las fronteras son producciones humanas más complejas (Castro Martínez 1989), siendo estas resultado de una determinación histórica más que de una utilización de rasgos geográficos y naturales determinados. Se ha planteado que los límites definidos por las fronteras naturales dan al espacio la capacidad de estructurarse como territorio real con sus contenidos (recursos naturales, tecnología, producción y población).

Por otro lado la complejidad microecológica observada en diferentes regiones de bajos, algunas de ellas con alta productividad, proporciona una rica fuente para la investigación del espacio productivo debido a los antecedentes de utilización horizontal e igualitaria de nichos ecológicos (Fedick y Ford 1988). Es por esto que el uso de la geoarqueología como un enfoque conjuntivo de las ciencias de la tierra y la arqueología es un paso determinante en la reconstrucción de los paisajes ya que retomando el principio del uniformitarismo  geológico,  además de las técnicas de evaluación y detección de  rasgos geográficos  como primeros lineamientos de  territorialidades es una forma de acercamiento  a los eventos que se plasmaron en la memoria del suelo y determinaron los procesos de formación de los mismos en las  geoformas en las cuales estas comunidades tempranas se organizaron.

METODOLOGÍA DE TRABAJO

Los objetivos anteriores nos llevaron a proponer un reconocimiento total sistemático e intensivo de un sector de 25 Km2 (Figura 4) y un muestreo aleatorio de suelos basado en la división del área en cuestión en 6 unidades geomorfológicas propuestas con análisis de fotos aéreas y ortofotos de una escala de 1:20.000 las cuales en esta primera temporada fueron  exploradas  y en donde se llevarán a cabo sondeos mediante la excavación de pozos estratigráficos. Estas unidades son: monte, pie de monte, sibales, bajos, ribera de río y planicie reconociendo dentro de ellas diferencias altitudinales mínimas en este tipo de ambientes lo que evidencia morfologías diferentes, además de sus asociaciones vegetacionales (Aliphat 1994). En cada una de las unidades se registraron los rasgos ocupacionales u/o de otro tipo observados, y recolectaron los materiales encontrados. Estas zonificaciones nos permitirán establecer la relación medio/asentamiento y la degradación del paisaje actual (West et al. 1969; Aliphat 1994). Las unidades identificadas en el área de recorrido son: sibales (terrenos inundables /0.74 Km2); riberas de ríos (áreas aledañas a los cursos fluviales con rango de amplitud de 500 a 1Km (4.1 Km2); pie de monte (0- 20 msnm) con un área de 2.2 Km2; monte (de 20 a 40 msnm) con una extensión de 2.5 Km2.; los bajos inundables (áreas temporalmente inundadas) con 1.7 Km2 y la planicie la extensión más ampliamente representada con unos 18.79 Km2. Con respecto a los métodos dentro del registro estratigráfico se enfocará a los desarrollados por la geomorfología para discriminar paisajes modelados (fotointerpretación de imágenes, registros geomorfológicos (Modelo de Ruhe) y muestreos geomorfológicos del suelo). Por último el análisis edafológico y pedológico a través de láminas delgadas, las técnicas de fotointerpretación geomorfológica, además de la toposecuencia en la planificación de las muestras de suelo a extraer serán claves para la definición del paisaje Formativo y las calidades de espacio que pudiesen haberse discriminado en la elección de cada una de ellas en este territorio.

RESULTADOS Y CONCLUSIONES PRELIMINARES

El recorrido de 17 Km2 hasta el momento detectó un total de 10 sitios localizados en un patrón aglutinado cerca de los cuerpos de agua (Figura 5) los cuales presentan diversas expresiones arquitectónicas que derivaron en IV rangos establecidos  hasta el momento basados en criterios volumétricos y de área ocupacional con un resultado de grupos dispersos (Figura 6) a una complejización de formatos Tipo Plaza con presencia de patios hundidos  como lo son los casos de Balancàn el Viejo y Cuyo Largo (Figuras 7 y 8). Dentro de las geoformas detectadas la diferenciación de suelos y su asociación con suelos arqueológicos nos hace proponer que la zona de estudio se modeló a través de procesos postdeposicionales de tipo aluvial que han ocurrido en diferentes temporalidades con alteraciones naturales en los sitios arqueológicos registrados. Los constantes aluvionamientos en la zona han dejado a la vista paleosuelos sepultados en los perfiles registrados y en un primer acercamiento hemos detectado en el sitio de Tierra Blanca (Figura 9) diversos aluviones que sepultaron a suelos de tipo Tecnosol  (M) sobre una secuencia de Fluvisoles de tipo calcáricos, y eútricos (Suelos depositados por el agua; ocurren generalmente en las márgenes de las corrientes, de las cuales reciben aportes de materiales recientes de manera regular).

Sitio

Rango

Posicionamiento

Tipo de Suelo

Calidad de Sitio

Cuyo

III

Levée

Fluvisoles

Mal drenaje , poca aireación y aluvionamientos constantes, poco intercambio cationico, suelos no estructurados

Cuyo Largo

III

Planicie de Crecida

Vertisoles

Propiedades Gleicas

La Carmelita

II

Planicie de Crecida

Vertisoles

Propiedades Gleicas

Balancán Viejo

II

Planicie de Crecida

Gleysoles

Propiedades Gleicas

Escuela

IV

Levée

Fluvisoles

Mal drenaje , poca aireación y aluvionamientos constantes, poco intercambio cationico, suelos no estructurados

Tierra Blanca

III

Levées Y Planicie de Crecida

Fluvisoles y Vertisoles

Mal drenaje , poca aireación y aluvionamien

tos constantes, poco intercambio cationico, suelos no estructurados

Cuyo Largo

II

Planicie de Crecida

Vertisoles

Propiedades Gleicas

Pomoca

II

Levée

Fluvisoles

Mal drenaje , poca aireación y aluvionamientos constantes, poco intercambio cationico, suelos no estructuradoS

Estos procesos de aportes sedimentarios que impiden la formación de suelos en el área de los levées (orillas de acumulación sedimentaria) dan como resultado suelos demasiados jóvenes convirtiéndose en un impedimento estructural para el desarrollo de ciertas actividades como lo son las agrícolas, y/o agroforestales. También apreciamos propiedades reductomórficas que aportan a los estratos más bajos neoformación de arcillas, las propiedades calcáricas y eútricas en los estratos bajo 50 cm nos presentan superficies cementadas y endurecidas de bajo drenaje y baja penetración de raíces. Este acercamiento visual macroscópico será en esta segunda temporada profundizado en los perfiles de suelo muestreados.

Hasta el momento la relación del patrón de asentamiento, geomorfología y sitio, arroja resultados preliminares de una elección sistemática de las unidades orilla de río y planicie estructural (de Crecida) como los espacios más recurridos para los emplazamientos de sitios de Rangos III y II . (Figura 10)

Los formatos arquitectónicos indican resultados interesantes como el crecimiento volumétrico de los sitios hacia tierra adentro (planicie estructural), así como características de un área ocupacional de mayor jerarquía en estos espacios evidenciados determinado por sus componentes (N° de plataformas, material constructivo, y datos cuantitativos).

Las cuencas de crecida  podrían responder a un reacomodo espacial tempranamente definido como los levées y que al formarse las lagunas interiores por los meandros estrangulados más tardíamente  dieron paso a emplazamientos de sitios de menor jerarquía en los actuales levées.

Por último al parecer por la cronologización relativa de los materiales los sitios de tierra adentro son más tempranos que los de orilla de río presentando reocupaciones hasta el Clásico Tardío  con una interrupción clara durante el Formativo Tardío. El ordenamiento espacial y uso de los levées como delimitador de espacios es claro a nivel semidetallado, y la sectorización de espacios por grupos claramente discriminables en el espacio es determinante por lo menos desde el Formativo tardío.

REFERENCIAS

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Figura 1        Ubicación del área de estudio en la Cuenca Medio del Usumacinta, Tabasco. México.

Figura 2        Área de recorrido detallada en el municipio Emiliano Zapata.

Figura 3        Planicies Estructurales de Inundación;  A. Canal Fluvial Meándrico Anastomosado.

Figura 4        Geoformas. Unidades de Recorrido.

Figura 5        Distribución  de Sitios Registrados

Figura 6        Grupo Informal. Rancho Valenzuela

Figura7                Grupo tipo Plaza con Patio Hundido. Balancán Viejo

Figura 8        Grupo Tipo Plaza con Patio Hundido. Cuyo Largo

Figura 9        Tecnosol (M). Sitio Tierra Blanca

Figura 10        Geoformas de Emplazamiento de los sitios. 

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