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01. EL PRECLÁSICO EN EL VALLE DE MALTRATA, VERACRUZ. UN LUGAR QUE FORMA PARTE DE LAS RUTAS DE COMUNICACIÓN EN EL ÁMBITO MESOAMERICANO – Yamile Lira López – Simposio 23, Año 2009

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Lira López, Yamile

2010        El Preclásico en el valle de Maltrata, Veracruz. Un lugar que forma parte de las rutas de comunicación en el ámbito mesoamericano. En XXIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2009 (editado por B. Arroyo, A. Linares y L. Paiz), pp.1-10. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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EL PRECLÁSICO EN EL VALLE DE MALTRATA, VERACRUZ. UN LUGAR QUE FORMA PARTE DE LAS RUTAS DE COMUNICACIÓN EN EL ÁMBITO MESOAMERICANO

Yamile Lira López

Universidad Veracruzana

PALABRAS CLAVE

Arqueología de México, Veracruz, Valle de Maltrata, figurillas, cerámica, lítica, Preclásico

ABSTRACT

THE PRECLASSIC IN THE MALTRATA VALLEY, VERACRUZ: A PLACE IN WITHIN THE MESOAMERICAN COMUNICATION ROUTES

The valley of Maltrata has been a key point in the route of communication between several cultural areas from the preclassic time to the present time. The Preclassic period is particularly important because the archaeological materials display a variability of cultural characteristics that evidence the presence of cultural elements of the Central Plateau, and the presence of human groups such as olmecas and zapotecas show the use of the valley as route of communication and commerce from at least 800 years aC. Here it is tried to expose the variability of cultural characteristics that are going to define this period in the valley like ceramics, líthics, figurines, architecture, settlement pattern and burials, that show a cultural diversity in this period of time.  The materials that appear here come from the excavations made in preclassic establishments within the investigations of the “Archaeology of the valley of Maltrata, Veracruz Project” (Veracruzana-UNAM University).

El valle de Maltrata ha sido un punto clave en la ruta de comunicación entre varias áreas culturales desde hace unos 3 mil años. El periodo Preclásico es particularmente importante pues los materiales arqueológicos presentan una variabilidad de rasgos que evidencian la presencia de elementos culturales del Altiplano Central y de grupos humanos olmecas y zapotecas mostrando con ello el uso del valle como ruta de comunicación y comercio desde por lo menos el 800 AC.

Aquí se pretende exponer las características que van a definir este periodo en el valle como patrón de asentamiento, arquitectura, entierros, cerámica y figurillas, que muestran una diversidad cultural en este periodo de tiempo.

Los materiales que aquí se presentan proceden de las excavaciones realizadas en asentamientos preclásicos dentro de las investigaciones del proyecto “Arqueología del valle de Maltrata, Veracruz” (Universidad Veracruzana-IIA-UNAM-CONACYT) procedentes de las últimas temporadas de campo.

INTRODUCCIÓN

El valle de Maltrata se encuentra enclavado en la Sierra Madre Oriental, sumido entre las montañas a 1690 m sobre el nivel del mar, en la región que actualmente se designa como zona centro de Veracruz, en los límites con el Estado de Puebla. La superficie presenta diferentes conformaciones naturales en las que se fueron asentando los antiguos ocupantes: el piedemonte al norte, sur y oeste, colinas o lomeríos al este y el piso del valle.

Las investigaciones han revelado la importancia que tuvo el valle tanto en el desenvolvimiento de las sociedades mesoamericanas como en su dinámica interna, y al cual no se le había dedicado el tiempo suficiente para su estudio.

Desde el punto de vista geopolítico el valle fue un lugar que jugó un papel relevante debido, en primera instancia, a su ubicación geográfica que contribuyó a que formara parte de una ruta de tránsito, comunicación e intercambio, entrelazando diversas regiones, principalmente la Costa del Golfo de México, el Altiplano Central (valle de México, valle de Puebla-Tlaxcala y sur de Puebla) y la región oaxaqueña, permitiendo la comunicación a grupos olmecas, zapotecos, teotihuacanos, mixteco-poblanos y aztecas.

La presencia de elementos culturales de diferentes épocas y regiones conduce a proponer que el valle ofrecía las condiciones de subsistencia necesarias para permitir el desarrollo de una población local que recibía a innumerables viajeros, muchos de los cuales permanecían en el lugar junto con su cultura material y costumbres; unos tal vez instalaron enclaves entendiéndose como un territorio o grupo étnico incluido en otro con diferentes características políticas y sociales, a manera de incidir en el control del paso de determinadas mercancías a otras regiones del México antiguo; otros, intentaron conquistar el lugar con fines de extender su dominio hacia otras áreas. Todo esto contribuyó también a que el valle estuviera densamente poblado desde por lo menos el inicio del Preclásico Medio, lo que hace ver al valle formado por una población con una gran diversidad cultural. Por otro lado, tomando en cuenta la alta densidad y variedad de artefactos como estructuras, cerámica, figurillas de barro, piedra de molienda, obsidiana, fragmentos de aplanados de estuco y de barro, carbón, sistemas de enterramientos, herramientas de hueso humano y de animal (entre los cuales resaltan los de venado y de cánido), permiten inferir las excelentes condiciones de vida para que existiera una alta densidad de población, reconstruir y caracterizar a los asentamientos del periodo Preclásico.

El interés y las necesidades creadas por pobladores de esas regiones, debido a la diversidad de recursos naturales, originaron que desde tiempos remotos se generara y desarrollara una importante red de comunicación y rutas de transportes lo que condujo a una interacción económica, social y cultural.

Sin embargo, el acceso entre esas regiones no fue fácil, pues se presentaba el obstáculo topográfico de la Sierra Madre. Para lograr vencerlo surgió la necesidad de asentarse en un lugar propicio que tuviera los elementos naturales indispensables para la subsistencia y que funcionara como punto de descanso, y esto lo proporcionaba el valle de Maltrata.

LOS ASENTAMIENTOS

Utilizando un recorrido intensivo de superficie en el valle y las laderas, junto con excavaciones estratigráficas y extensivas, se identificó la presencia de 18 asentamientos humanos en una superficie de 14 km2, cubriendo un amplio espacio de tiempo: desde por lo menos el Preclásico Medio hasta la Colonia, no dejando de mencionar la continuidad del asentamiento hasta nuestros días (Lira 2004).

Estos sitios fueron ocupando diferentes lugares o espacios del valle de acuerdo a sus necesidades y a su organización social y política, adaptándose y modificando la topografía del valle, pues se cuenta con distintos tipos de usos del espacio como aldeas cercanas a las fuentes de agua, áreas ceremoniales y habitacionales, de cultivo y lugares sagrados restringidos usados también como puestos de vigilancia.

En el periodo Preclásico la población se concentró hacia el extremo oeste del valle, ocupando las partes planas cercanas a las fuentes de agua, pero utilizaron el resto del valle para sembrar o cazar. Eran asentamientos formados por grupos sedentarios con una base de subsistencia basada en una economía productiva, complementada con actividades de apropiación, conformados por comunidades aldeanas que contaban con centros ceremoniales concentrados, con una organización social estratificada y un probable culto a la fertilidad. Algunos sitios presentan arquitectura monumental de piedra careada, construcciones de adobe y apisonados de barro y estuco, así como formaciones troncocónicas utilizadas como fosas de enterramientos y/o basureros.

De este periodo se identificaron cuatro asentamientos principales: Tetel de Rancho Verde, Teteles de la Ermita, Barriales de las Besanas, Rincón de Aquila (incluye  Este de Rincón de Aquila y Aquila), los cuales se describirán brevemente en cuanto a su distribución en el espacio, arquitectura y sistema de enterramientos, aspectos en los cuales si muestran diferencias, además se mencionan algunos tipos cerámicos  y figurillas que los hacen comunes.

El sitio de Rincón de Aquila, que es el de mayor dimensión en el valle, no se incluye ante la falta de datos más precisos, pues su mayor apogeo lo muestra en el periodo Clásico, aunque al parecer inicia desde el Preclásico.

Acerca del Tetel de Rancho Verde y Teteles de la Ermita se puede observar con más claridad su dimensión y su conformación, al notarse las estructuras que afloran en la superficie, sin embargo para el sitio de Barriales de las Besanas, no se puede definir su extensión al estar el asentamiento prehispánico cubierto por una capa de barro de entre 1 y 2 m y el cual sólo fue reconocido por las excavaciones que hacen los barreros al extraer barro para la elaboración de los ladrillos. Las partes de Aquila y Este de Rincón de Aquila posiblemente sean terrenos del asentamiento mayor de Rincón de Aquila, cuya temporalidad más notoria se ubica en el periodo Clásico.

TETEL DE RANCHO VERDE (PLANICIE Y LADERA NORTE)

En una superficie de 1100 m de este-oeste y de 450 a 500 m de ancho de norte a sur se identificaron 36 montículos incluido el Tetel de Rancho Verde (tetel es el nombre local de montículo). Es una superficie amplia y plana que, conforme se avanza al norte, va elevándose hasta formar la pendiente pronunciada del cerro. Se observaron pequeños montículos dispersos en los que se distinguen muros de piedras calizas y material arqueológico de tipo doméstico, abundante en toda la superficie pero aumentando considerablemente en la planicie, infiriendo que se trata de un área habitacional. Es posible que existieran otros montículos ya arrasados para nivelar el terreno para el cultivo. Este sitio posiblemente corresponde a un área habitacional por lo disperso de las estructuras teniendo como centro el Tetel de Rancho Verde, con núcleo de arcilla, aunque parece aislado, es posible que estuviera rodeado por otras estructuras ahora desaparecidas. Dicho montículo sobresale del paisaje por sus dimensiones: 120 m de largo por 70 m de ancho y 15 m de altura. Anteriormente fue reportado por Sánchez, Reyna y Miranda (Sánchez 1983:2; Reyna 1995:260; Miranda, 1995:6).

En este sitio destaca el entierro 1, dado que no se ha encontrado otro enterramiento igual o semejante en todo el valle. Consistió en un entierro múltiple secundario, asociado a una estructura y en una formación troncocónica, estaba formado por 18 individuos con 22 vasijas como ofrenda. Este hallazgo pudo ser por sí mismo una ofrenda para la edificación de una estructura y correspondiente a un alto nivel social, pues su construcción es algo compleja en comparación con los otros enterramientos.

La tumba fue sellada con una tapa formada por varias lajas de piedra caliza a 2.45 m – 2.68 m de profundidad. A partir de 2.95 m hasta 3.24 m, es decir en una capa de 0.30 m, fueron colocados los restos óseos, la mayoría estaban desarticulados y dispersos, sin guardar posición anatómica, causado por algún tratamiento mortuorio previo a la inhumación final. Entre los huesos había asociados al entierro un fragmento de navaja de obsidiana gris (entre unas costillas); una punta de obsidiana gris veteada; dentro de un maxilar inferior había unas vértebras y junto de ellas una cuenta o disco de piedra verdosa con un orificio al centro. Las vasijas eran platos con decoración Rojo sobre bayo, cuencos de silueta compuesta con decoración negativa, platos de cerámica Gris fina, una olla con Baño rojo esgrafiado, platos y cuencos en pasta burda rojiza además de una navaja completa de obsidiana gris y un mortero con su piedra de moler.

Bajo esta capa de huesos y vasijas colocaron otra capa de tiestos (ollas y cajetes de pasta burda y con decoración rojo sobre crema) que descansaban sobre una base de piedra laja a 3.65 m de profundidad, bajo ellas se notó un estrato delgado de tierra negra con restos de carbón y poca cerámica, encontrando posteriormente la misma capa estratigráfica del resto del pozo integrada por limo arenoso con granos gruesos. El diámetro de la fosa fue de 1.60 m (Lira 2004).

En cuanto a los datos osteológicos se pudo observar un cráneo con deformación tabular-erecta fronto-occipital. Al menos diez individuos son adultos maduros (35-65 años), cinco masculinos y cinco femeninos (Mendoza 2004).

SITIO DE LOS TETELES DE LA ERMITA

Al este de la gran plataforma designada como Tetel de Rancho Verde hay otra concentración de montículos. Actualmente existe una ermita construida sobre la plataforma principal del conjunto, para las fiestas del Tres de mayo, día de la Santa Cruz. Sánchez y Miranda reportaron este sitio anteriormente (Sánchez 1983:2; Miranda 1995:4).

El sitio, que cubre una superficie de aproximadamente 700 m de oeste a este por 600 m de norte a sur, está conformado por siete estructuras de las cuales cuatro delimitan una amplia plaza (Lira 2004).

Plataforma A: es la estructura más grande, ubicada al este del conjunto de edificios. Tiene 70 m de norte-sur por 50 m de este-oeste y una altura de 9 m por el lado este y de 7 m por el oeste. La fachada oeste da a la plaza y está orientada 15º noroeste.

Plataforma B: al noroeste de la plataforma A se observa la estructura B, podría corresponder a una plataforma o a una terraza, sin embargo como el terreno ha sido frecuentemente nivelado no se logra definir la forma. Posiblemente haya sido de 100 m de largo este-oeste por 60 m de ancho, con una altura de 3 m a 2.50 m por su lado sur, formando un talud por la vegetación. Limita la plaza por el lado norte. El terreno al norte de la plataforma está barbechado y tiene mucha piedra caliza. Ahí se distingue una extensa elevación de unos 1.50 m de alto con abundante material arqueológico.

Montículo C: ubicado frente a la plataforma B, a 80 m al sur, tiene una forma ovalada, está cubierto de piedras calizas, con un cierto acomodo de lajas hacia la parte oeste. Mide 35 m de este-oeste por 20 m de norte-sur con una altura aproximada de 3.50 m y orientado 70º suroeste.

Montículo D: tiene 40 m por lado, por el lado norte 1.60 m de altura y por el sur 4 m con una orientación de 70º suroeste. La parte norte fue arrasada con maquinaria, seguramente tuvo una extensión mayor. Aquí se excavó el pozo estratigráfico 14 en el corte hecho por la máquina, distinguiéndose un muro de adobes y un apisonado de barro, por lo que se podría suponer que los otros edificios tienen este mismo sistema constructivo por formar un conjunto arquitectónico bien definido.

Plaza: entre las plataformas y montículos A, B, C, D, se forma una plaza o patio de 140 m este-oeste por 70 m norte-sur.

Montículo E: sólo se observa una elevación circular localizada al suroeste del montículo D, a 65 m de este. Tiene aproximadamente 75 m de diámetro.

Montículo F: se localiza hacia el norte de la plataforma A. Mide aproximadamente 80 m de este-oeste por 40 m de norte-sur, se observa solo la elevación de 1.50 m de alto por su lado norte y 2.45 m por el sur, con una desviación de 70º suroeste. En el montículo D, casi a la mitad del mismo y a 1 m de profundidad se encontró un entierro primario correspondiente a un individuo colocado en posición decúbito lateral derecho flexionado con la cara al norte. Los huesos de las costillas, pelvis, cráneo y esternón conservaron su posición anatómica. Se comprende que al pasar la máquina ésta se llevó los huesos largos de las extremidades y falanges. Los fragmentos óseos descansaban sobre trozos de adobe y tierra de color café oscuro, al parecer quemada pero no se identificaron fragmentos de carbón. Está asociado a un muro de adobe; el lugar correspondería al interior de la casa en un nivel más bajo del inicio del muro. En el corte del montículo se observa un apisonado de barro que parece estar a 0.54 m de profundidad y podría coincidir con el inicio del muro de adobe.

Además de este sistema constructivo a base de adobes, la excavación extensiva realizada en el Montículo E mostró una estructura con tres épocas constructivas o ampliaciones, con muros en talud recubiertos de estuco rematando en un piso de estuco. De esta excavación se obtuvieron datos interesantes a nivel arquitectónico, cerámico (vasijas), figurillas y entierros.

Se logró identificar cuando menos tres estructuras principales a las que se designó A, B y C, que consisten en muros en talud con aplanado formando esquina, cuya fachadas dan hacia el oeste y al sur. A estos se les adosó tres alineamientos con fachada al sur. También un muro vertical  con aplanado adosado a la Estructura A y que forma esquina hacia el norte. Este muro al norte con fachada al oeste tiene dos muros paralelos. Asimismo dos taludes encontrados que aparentemente fueron interrumpidos por la Estructura C.

Es probable que se trate de estructuras que forman distintas etapas constructivas. A un lado de éstas se descubrió un espacio amplio con apisonado de barro y un basurero. Es interesante la gran cantidad de figurillas indicando cierto grado de embarazo.

Asociados a estos elementos arquitectónicos estaban cuatro individuos en entierros primarios directos con muy poca ofrenda, pero su ubicación propiamente sobre una capa natural de gravilla habla de una profunda excavación que hicieron los habitantes del montículo (Lira 2005a).

El primer individuo estaba en posición de decúbito lateral izquierdo, con las piernas flexionadas al oeste, con un eje sureste-noroeste. Posiblemente los brazos también estuvieron flexionados hacia el oeste, pero el área del entierro fue muy reducida. El cráneo se encontró a una profundidad de 2.10 m y el resto de los huesos a 2.40 m – 2.50 m. Aparentemente se trata de un individuo femenino, adulto avanzado, alrededor de los 50 años de edad (Carlos Serrano y Eira Mendoza comunicación personal). El segundo individuo se trata al parecer de un sujeto en su segunda infancia, en regular estado de conservación. El cráneo se encontró a 2.77 m de profundidad y los otros huesos hasta 2.90 m. Está en un eje sur-norte (cráneo al sur). El individuo se encuentra en posición de decúbito lateral izquierdo con las piernas flexionadas al oeste y los brazos cruzados. Parecería existir un patrón de enterramiento, ya que el primer individuo también fue colocado en esa posición. Había una figurilla femenina embarazada completa a la altura del tórax. También había un basalto amorfo vesicular de color oscuro y con restos de carbón, como si hubiera sido quemado, a 2.85 m de profundidad. El material cerámico fue abundante alrededor de la osamenta, al igual que lascas de obsidiana. En cambio, la tierra que contiene el entierro es más oscura, con mucho carbón en pequeños trozos, raíces, pequeñas lajas de caliza y algunos basaltos amorfos.

El tercer individuo estaba en posición de decúbito ventral con las piernas flexionadas y brazos cruzados, es decir, boca abajo, con el cráneo viendo hacia el sureste, con una orientación general noreste-suroeste, a 3.09 m de profundidad. Es un adulto maduro (35-40 años) de sexo masculino y solo presenta osteofitosis en el borde del cuerpo de la segunda vértebra lumbar (Eira Mendoza comunicación personal).

El cuarto individuo se encontró fuera del área de muros, bajo un apisonado de barro, se trata de un entierro infantil (la edad aún no ha sido determinada por los antropólogos físicos) con un caracol de adorno; varios de sus huesos estaban desplazados de su posición natural. El cráneo estaba a 0.60 m de profundidad y el cuerpo en un eje ligeramente oeste-este, con el cráneo al oeste viendo al este.

SITIO EN LOS BARRIALES DE LAS BESANAS

En la superficie no se observa estructura alguna y el material arqueológico en superficie es escaso, por lo mismo su dimensión es aproximada, 1000 m de oeste a este y 1100 de norte-sur. Se logró identificar el sitio gracias a las excavaciones que realizan los barreros para extraer el barro y elaborar ladrillo, se observan áreas excavadas de hasta 3 m de profundidad, donde hay abundante material arqueológico. En determinadas secciones se puede distinguir una capa de piedra de río deduciendo un cauce anterior del arroyo actual.

En cuanto a la arquitectura se refiere, se cuenta con evidencias de apisonados de barro, muros y pisos recubiertos de estuco, el uso muy frecuente de fogones y entierros asociados a ellos. Se descubrió un entierro diferente a los ya mencionados. Estaba en posición de decúbito ventral flexionado, con la cara inclinada ligeramente hacia abajo, hacia lo que sería el pecho, y orientado 15º al noreste, en un eje norte-sur. Se trata de un infante posiblemente femenino de entre cinco y siete años de edad (Eira Mendoza comunicación personal). El cráneo estaba a 3.32 m – 3.56 m de profundidad y apuntaba hacia al norte. No se observó deformación craneal. Los incisivos deciduales del maxilar ya se habían caído y estaban brotando los permanentes. El individuo tenía como ofrenda un cuenco y una olla completos del tipo Gris Fino sobre los huesos de los pies. Bajo el entierro se observó lo que podría corresponder a una formación troncocónica, es decir el entierro inició la formación que se va agrandando hasta 1.60 m de diámetro a los 4.60 m de profundidad; bajo el entierro había arcilla café y amarilla con fragmentos pequeños de carbón y tiestos con abundante material cerámico, principalmente a partir de los 4 m de profundidad; son fragmentos grandes de vasijas entre arcilla compacta y fragmentos de carbón. Resalta la variedad de figurillas modeladas y la cerámica del tipo Gris Fino y Baño Blanco. Los fragmentos de cerámica indican que por lo menos fueron depositadas bajo el entierro once vasijas “matadas”: una olla o florero Gris Fino con incisiones que semejan una cruz con un pequeño círculo en el centro, motivo que se repite tres veces en el cuello de la vasija, delimitado por dos líneas en la parte superior e inferior, y en el cuerpo presenta otras líneas verticales paralelas. También hubo un cuenco Gris Fino con incisiones, una vasija con Baño negro y pasta compacta rojiza, tres cajetes con Baño blanco y doble línea incisa en el borde, una vasija con decoración Rojo sobre blanco, tres ollas globulares de pasta burda quemadas y una olla globular con Baño rojo y pasta granulosa, entre un número considerable de tiestos burdos (Lira 2005b).

Otros elementos culturales importantes en la formación troncocónica son diez fragmentos de figurillas (torsos y extremidades), destacando una figurilla femenina, rota en dos partes, cargando un niño con el brazo izquierdo, y tres torsos esbeltos correspondientes a las figurillas C10 (Reyna 1971), semejante a las encontradas en el Altiplano, dos fragmentos de pierna del estilo pie arqueado ubicado en la parte tardía de la fase Santa María, 50-150 AC y un torso del tipo seated trackwoman bodies, ubicados en la parte tardía de la fase Ajalpan, 1100-850 AC  (MacNeish 1970:140,142).

Por otro lado, el hallazgo de una figurilla baby face recuerda a los olmecas, es semejante a las encontradas por MacNeish en Tehuacán para la parte temprana de la fase Santa María (900-400 AC). Junto con estos materiales había también dos punzones de hueso de venado.

Por este contexto el hallazgo proporcionó información acerca de la organización social, pues se trata de un infante al parecer femenino, con claros indicadores de un alto rango que no pudo alcanzar por sí mismo y que debió heredar; estos elementos conducen a retomar la hipótesis de Joyce Marcus y Kent Flannery (2001) en el sentido de que el cambio de la sociedad igualitaria a la sociedad jerárquica puede identificarse cuando se encuentra individuos infantiles con rasgos de diferenciación social heredados. La posición indica que la persona tuvo un alto rango en vida, además, los objetos hechos con barro y de estilos importados indican que la niña perteneció a un grupo familiar con posibilidades de acumular artículos mediante el comercio de larga distancia, lo cual quiere decir que quienes la enterraron, reconocieron que formaba parte de la elite (cfr. Marcus y Flannery 2001:121).

EL PRECLÁSICO EN MALTRATA Y SU CONTEXTO EN MESOAMERICA

Después de revisar la cerámica, tanto vasijas como figurillas, podemos afirmar que desde el inicio, los elementos cerámicos del Preclásico medio pertenecen a la esfera de distribución de la tradición olmeca de la Costa del Golfo y cuenca de México, además de elementos cerámicos de la región oaxaqueña: decoraciones incisas, esgrafiadas de motivos triangulares, de cocción diferencial, con Baño blanco y líneas incisas paralelas al borde, en figurillas Tres Zapotes (Classic Beatific Type), cara de niño (baby face), Tlatilco, Tlapacoya, así como también cerámica Gris Fina oaxaqueña.

En cuanto al comportamiento funerario, el Preclásico en Maltrata es interesante pues se han logrado diferenciar maneras de enterramientos relacionadas con la posición social del individuo, así como elementos culturales del Altiplano, Costa del Golfo y la región oaxaqueña.

Enmarcando el valle en un contexto regional existe una continuidad de elementos geográficos y culturales que sustentan el planteamiento general como un lugar de paso importante entre el Altiplano y la Costa. Una de esas rutas, cuya dirección se encamina hacia la cuenca baja del río Cotaxtla con la identificación de varios sitios arqueológicos sobre el curso del río Atoyac, mejor conocido como Cotaxtla (Miranda y Daneels 1998:53), pasaba por la región del valle de Córdoba para de aquí tomar dos caminos: hacia la parte oriental del Pico de Orizaba por Coscomatepec, relacionado con el comercio de la obsidiana procedente de las minas del Pico de Orizaba con elementos olmecas. La otra ruta comunicaría más directamente el área de Alvarado (Tlalixcoyan, Cerro de las Mesas, Mixtequilla, Matacapan) a través del río Blanco, que siguiendo su cauce continúa hacia los valles de Orizaba y de Maltrata donde el valle presenta el mejor acceso hacia los valles de Tehuacán y Puebla-Tlaxcala y de este hacia la cuenca de México (Lira 2004).

Según Castro y Cobean los análisis químicos de instrumentos de obsidiana procedentes de centros olmecas (sobre todo San Lorenzo Tenochtitlan) indican que los yacimientos del Pico de Orizaba constituían las principales fuentes de obsidiana para el Área Nuclear Olmeca durante el Preclásico Temprano y Medio (Castro y Cobean 1996:16, 18).

La presencia de objetos de estilo olmeca observados parecerían reforzar el planteamiento (aunque la fecha es muy temprana), proponiendo que hacia 1200 AC grupos olmecas empezaron a explotar los yacimientos de obsidiana al oeste del Pico de Orizaba integrando importantes rutas de intercambio al sur de Puebla, el valle de Morelos y la cuenca de México, distribuyendo este material a los grandes centros contemporáneos del Área Nuclear Olmeca del sur de Veracruz y Tabasco, utilizando el río Seco, una ruta natural de ascenso al Pico de Orizaba y de fácil acceso hacia el Altiplano Central por los valles de Córdoba, Orizaba, Maltrata y Acultzingo (Castro y Cobean 1996:15; Lira 2004; Miranda y Daneels 1998:57, Reyna 1998).

En la cuenca baja de los ríos Jamapa y Cotaxtla se han identificado tres sitios con material del Preclásico Temprano (1200-800 AC), aumentando el número de ellos para el Preclásico medio y tardío (800-400 AC y 400-100 AC respectivamente) localizados en las riberas de los ríos, sobre todo en el sitio de Colonia Ejidal donde se encontró un basurero con muchas lascas del yacimiento del Pico de Orizaba (Daneels 1997:59-60; Daneels y Miranda 1999:35).

Continuando la probable ruta hacia el Altiplano, los elementos culturales mencionados se presentan en el sitio arqueológico de M. Negrete en la orilla de Acatepec, estado de Puebla, definido claramente para el Preclásico Medio y Superior (Walter 1971:25). Extendiendo la ruta, el valle de Tlaxcala se ubica en un corredor natural que comunica las planicies del Golfo de México con el área de la Mixteca baja, paso obligado entre la Cuenca de México y los Valles Centrales de Oaxaca, así como hacia la tierra caliente de Morelos y Guerrero (Serra y Palavicini 1996:44,56). Durante el periodo Preclásico Xochitécatl (750 AC – 100 DC) puede considerarse como parte de una red de intercambio en la que también participaba el valle de Maltrata.

Por otro lado, elementos culturales como las figurillas tipo E, E2, G de Vaillant, entre otras, del Preclásico Superior (Ticomán inferior y medio), algunas de ellas referidas como jugadores de pelota, evidencian la relación con la Cuenca de México (Vaillant 1930).

Recapitulando, durante el Preclásico el estilo olmeca es muy amplio desde la costa del Golfo hasta el Altiplano central, región maya y oaxaqueña, por mencionar solo algunos sitios: San Lorenzo Tenochtitlán, El Manatí, Tres Zapotes, Cerro de las Mesas, Laguna de los Cerros, La Venta, Chalcatzingo en Morelos, Teopantecuanitlan en Guerrero y San Isidro en Chiapas (Clark y Pérez 1998:261), Trapiche-Chalahuite (en el centro de Veracruz), sitios en la cuenca baja de los ríos Jamapa y Cotaxtla, Campo Viejo, Loma Iguana, Amatlán, La Yerbabuena, los mencionados para el valle de Maltrata, San José Mogote, Valle de Tehuacán, Valle de Puebla-Tlaxcala (fase Texoloc: 800-300 AC) (García 1976:33), Xochitécatl, Zohapilco, Tlatilco, Ticomán, Tlapacoya (en la cuenca de México).

Estos sitios y áreas comparten características comunes y participaron en una amplia red de intercambio por la que circularon ideas, bienes y materias primas entre la Costa del Golfo, los valles de Oaxaca, cruzando el Altiplano Central y hacia los actuales estados de Morelos y Guerrero. Esa red incluyó también los habitantes del valle de Maltrata, compartiendo elementos culturales comunes a gran parte de Mesoamérica desde por lo menos el Preclásico medio.

Con estos datos se espera posicionar al valle de Maltrata como un lugar importante en el ámbito mesoamericano tanto por su función de ruta como por la dinámica interna que presentan los asentamientos. La población en el valle continuó habitándolo para los siguientes periodos con otras evidencias culturales conservando el valle su función de ruta de comunicación y comercio.

AGRADECIMIENTOS

Al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología por el apoyo financiero, al Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, al Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México por su colaboración académica, al Instituto Nacional de Antropología e Historia a través del Consejo de Arqueología y de la delegación Veracruz por la autorización del proyecto. Especialmente al Dr. Carlos Serrano Sánchez por su constante apoyo, a los estudiantes, pasantes de arqueología de la Universidad Veracruzana y trabajadores de campo de Maltrata que han ayudado en las excavaciones, así como al historiador Agustín García Márquez por su respaldo.

REFERENCIAS

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