Asociación Tikal

090 – VIEJOS RITUALES CON NUEVOS ACTORES: CEREMONIAS PROPICIATORIAS EN CHICHEN ITZA – Rocío González De la Mata – Simposio 22, Año 2008

Descargar este artículo en formato PDF

González De la Mata, Rocío

2009        Viejos rituales con nuevos actores: Ceremonias propiciatorias en Chichen Itza. En XXII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2008 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.1259-1271. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

90

VIEJOS RITUALES CON NUEVOS ACTORES:

CEREMONIAS PROPICIATORIAS EN CHICHEN ITZA

Rocío González De la Mata

Proyecto Arqueológico Chichen Itza, INAH, México

ABSTRACT

OLD RITUALS WITH NEW ACTORS: PROPITIATORY CEREMONIES AT CHICHEN ITZA

Some of the elements used in propitiatory rituals that currently take place in Maya communities of the Yucatan Peninsula have obvious roots in the Prehispanic era. Among the ancient Maya, religious beliefs and ceremonies associated with them would be transferred between the public as well as the private sphere. With the arrival of the conquistadors, and with them, Christianity, daily rituals changed very little; in fact they were enriched by other actors in the invocations of ceremonies dealing with agriculture and daily life, such as birth, health, etc. It is likely that the Catholic priests, whose goal was to win souls for Christianity, considered these private and sometimes secret customs as superstitions associated with “ignorance,” to which they did not ascribe much importance compared with the task of eradicating public “pagan cults”. Here, I will discuss the mix of traditional and modern aspects in three different propitiatory ceremonies performed in the field at Chichen Itza, where continuity over the centuries is evident in the ancient ceremonies of the Maya in the region. The first of these ceremonies took place in the Balamcanche grottos during the 1970s and contain aspects related to two other ceremonies that took place in the Chichen Itza archaeological zone in the 1990s.

Al iniciar nuestras excavaciones arqueológicas en Chichen Itza en 1993, el personal contratado para las labores de campo provenía de Piste y Xcalacoop, pueblos mayas cercanos a Chichen Itza, y en menor medida de Dzitas, San Felipe y Nicte Ha. Con el conocimiento de que la religión juega un papel relevante en el diario quehacer de los individuos de estos pueblos, y de que allí la vida también gira alrededor de creencias ancestrales sobre espíritus que rigen las diferentes fuerzas de la naturaleza, especialmente donde se hallan los vestigios de los antepasados, coincidimos en proponer que se efectuara una ceremonia en Chichen Itza para pedir por un buen desempeño del trabajo y dejar claro a los espíritus protectores y dueños del monte que nuestra presencia en Chichen no era para afectarlos.

No es la única ocasión en que estas ceremonias se efectúan y éste es el relato de las que se han llevado a cabo en Chichen Itza y en Balancanche, a 3 km del centro del sitio. Pero antes, consideramos necesario dar una breve reseña histórica de estas poblaciones.

UN RECUENTO HISTÓRICO

El declive de Chichen Itza, ocurrido a finales del siglo XII, produjo el abandono de los grandiosos edificios habitados y utilizados por las élites, pero la ciudad no se despobló por completo. Donde aún se sentía la presencia de los Itza’, temidos guerreros que dieron fama a la otrora gran metrópoli, los que quedaron, mucho más pobres, desmantelaron y aprovecharon las antiguas instalaciones.

Al momento de la conquista española, el sitio seguía siendo un famoso centro de peregrinaje para los mayas aunque ya la ciudad se encontraba en el abandono. Alrededor de 1532-33 el Adelantado Francisco de Montejo fundó en Chichen un centro de control para la colonización de estas tierras al que llamó Ciudad Real, sitiado y abandonado poco después. Hasta la fecha no se ha encontrado evidencia arqueológica del informal asentamiento por lo que no consta si se edificó sobre la parte central de Chichen o en algún otro sitio cercano.

En 1588, Fray Alonso Ponce al mencionar Chichen aludió a que era una “estancia de vacas” (Ciudad Real 1993). Para el siglo XVII, la encomienda de Chichen Itza, que formaba parte de la de Tekom y Cuncunul, estaba en manos de españoles descendientes de conquistadores, residentes en Yucatán. Los lugareños mayas aislados fueron obligados a vivir en pueblos ya establecidos (Antochiw 1996).

Para 1789 apareció como pueblo Piste, al que se designa a veces como Chichen Itza. El nombre de Piste tal vez proviene del personaje “Ah Pizte”, medidor de tierra, citado en los libros del Chilam Balam o también es posible que se derive del nombre botánico maya “Piste”.

En 1801 se ubicó en el mapa publicado por Tomás López y, en 1814-15, hay referencias a Piste en los Títulos de Ebtun (Steggerda 1941). Stephens, en 1842, lo describió brevemente como un caserío y relató que sus pobladores acudían a bañarse en el cenote Xtoloc (Stephens 1963).

El lapso de tiempo entre 1859 y 1900 fue de profundo caos en la región. A raíz de las sublevaciones mayas por esa época (la llamada “guerra de castas”), la zona se despobló por las continuas incursiones de los rebeldes, quedando en Piste sólo unas pocas familias. Sólo aquellos que disponían de alguna fuerza o cuerpo de seguridad podían entrar. Tal es el caso de Charnay, que en su visita a Chichen en 1859, definió a Piste como un lastimoso pueblo que, años más tarde, contaba 228 habitantes. En 1875, Le Plongeon comentó que en Piste no había habitantes, tan sólo existía una guarnición de soldados para proteger el lugar. En 1880, en su segundo viaje, Charnay refirió que del pueblo, saqueado y quemado, sólo quedaba en pie la iglesia. Para esa época, había en el lugar unas 20 familias de agricultores (Steggerda 1941).

En 1888, Maudslay refirió que las piedras provenientes de las ruinas servían como material de construcción para la población y Maler, en 1891, aún tuvo que pedir la protección de los soldados estacionados en la zona para llevar a cabo su trabajo en Chichen (Steggerda 1941).

Piste figuró en el censo oficial de 1900 con 85 habitantes. En 1922 empezaron los trabajos de la carretera que comunicaba Dzitas con Valladolid y dos años más tarde, se iniciaron las exploraciones de la Institución Carnegie en el área, que tuvieron como base Chichen Itza. Por los mismos años se iniciaron los trabajos del gobierno mexicano en el Juego de Pelota. Estos sucesos provocaron que muchas familias que habían emigrado a pueblos vecinos por los problemas político-sociales en la región, se asentaran de nuevo en Piste, lo que se nota en el censo de 1921 con un conteo de 322 habitantes. Para 1930 la población desciende a 295 personas, pero para 1940, hay un incremento a 613 pobladores. La tendencia poblacional continuaba en incremento: el censo de 1950 habla de 819 habitantes; el de 1970, de 1306; el de 1990, de 3124 personas; el del 2000, de 4399 pobladores y el de 2005, el último efectuado en el país, muestra en Piste una población de 4467 personas (cifras oficiales del INEGI).

En la actualidad, los habitantes de Piste han perdido su tranquila vida rural, sumergiéndose en el revoloteo comercial que provoca la cantidad de visitantes que arriban a Chichen Itza y tienen al pueblo como paso obligado. En general, los adultos se han “descampesinado”, ya casi nadie cultiva las milpas ni conocen el monte. La población ha perdido en parte considerable sus tradiciones y se dedican en su gran mayoría a proporcionar servicios a los turistas. Los jóvenes, influenciados por la televisión, miran fascinados a los actores y actrices de telenovelas y los tratan de imitar, las jóvenes han dejado de lado sus vestimentas tradicionales e imitan patrones impuestos por los medios de comunicación.

Xcalacoop de Hidalgo, la otra población de la que nos ocuparemos, es muy diferente de Piste a pesar de la corta distancia que las separa (alrededor de 8 km).

El nombre de Xcalacoop, proviene de los vocablos: “kalak”: dos, y “kop”: rejoyada (Diccionario Maya-Cordemex). Se ubica 6 km al este de Chichen Itza y, aunque hay vestigios prehispánicos en sus alrededores que formaron parte de lo que fue la gran metrópoli en su época de auge, se estableció en una zona alejada del núcleo principal de Chichen, lo que también lo distingue de Piste.

El pueblo de Xcalacoop, a diferencia de este último, no tiene larga vida. Aparece apenas en 1940, mencionado como ranchería de San Rigoberto en los censos de población, con 164 habitantes. Allí habían acudido las familias, probablemente, en busca de agua y de tierras fértiles para sus cultivos, desde tiempos atrás. Para 1950 tenía 242 habitantes y no es sino hasta 1954 en que se elevó a la categoría de pueblo, probablemente cuando se amplió la vía Mérida-Valladolid hacia el Caribe y se reubicaron las familias dispersas de la ranchería. Los censos de 1970 le otorgan una población de 449 habitantes, los de 1980, 554; los de 1990, 759; los del 2000, 1118 y para los censos de 2005 contaba con 1239 pobladores (cifras oficiales del INEGI).

Un poco alejados del ajetreo, bullicio y comercio que provocan los visitantes a la zona arqueológica de Chichen Itza, los pobladores de Xcalacoop en general son más tradicionales que los de Piste y, a pesar de que muchos se van a Cancún a trabajar, todavía mantienen algunas costumbres ancestrales arraigadas. Esto lo hemos podido observar a través del tiempo en que hemos efectuado nuestras labores arqueológicas en la zona y hemos mantenido un constante contacto con sus moradores. Las tierras se conservan como propiedad comunal, en ejido. Muchos aún se dedican al cultivo de la milpa, aunque tengan alguna otra fuente de ingreso, y conocen muy bien el monte, por lo que han sido parte dominante en nuestros recorridos de campo para conocer los límites de la antigua ciudad de Chichen Itza.

LAS CEREMONIAS PROPICIATORIAS

CEREMONIA LOH, 22 Y 23 DE ABRIL DE 1993

La idea de efectuar una ceremonia propiciatoria con el fin de pedir permiso a los dueños del monte para llevar a cabo las excavaciones en Chichen Itza fue tomando forma al empezar a investigar sobre la persona adecuada, el sacerdote maya (h-men), que podría llevar a cabo el ritual. Lo indagamos entre los jornaleros del pueblo de Xcalacoop, los más identificados con sus viejas tradiciones. Nos hablaron de Don Concepción Cen, del pueblo de Dzeal a unos 20 km al este de Chichen, como uno de los mejores h-men de la región (Figura 1).

Realizamos una visita a su casa. Este hombre, aparentemente de unos 70 años, escuchó atentamente nuestra solicitud y se mostró anuente a efectuar la ceremonia, aunque, nos dijo, que iba a requerir de la ayuda de otra persona por tratarse de un sitio tan sagrado y fuerte como Chichen Itza. Nos dio una lista de todo lo necesario para proceder a la “rogación” (término utilizado en Yucatán, para referirse a este tipo de ceremonias), y quedamos de irlo a buscar una semana después para que él tuviera tiempo de hacer todos los preparativos obligatorios para llevar a cabo el ceremonial. Los artículos que se iban a necesitar eran: seis gallinas ($96), un pavo ($100), dos kilos de pozole ($87), cinco kilos de pepita ($25), tres litros de miel ($20) , cinco bolsas de medio kilo de sal, pimienta y ajo al gusto (para el pib), dos rollos de velas amarillas, un kilo de incienso, cuatro cajetillas de cigarros, cuatro botellas de licor Chac Pool, Carta Blanca ($150, aunque hubo que comprar más en el transcurso de la ceremonia), tres pitas de booj, un rollo de balche, un rollo de majagua (bejuco), 13 jicarillas, varios garrafones de plástico con tapa (para traer el agua sagrada), botes o palanganas para hacer la comida, cajetillas de cigarros.

Con todo preparado, el día pactado (22 de abril de 1993), seguimos las instrucciones del h-men y enviamos a un grupo de trabajadores para que cortaran hojas de booj, balche y majagua (bejuco) en el monte. Luego lo fuimos a buscar a Dzeal.

Esperamos a Don Concepción en su “consultorio”. Este recinto está construido de bajareque al estilo de las casas mayas actuales, el interior forma un gran espacio ovalado sin divisiones. En uno de sus extremos se halla un altar que consiste en una mesa con dos cruces chicas vestidas, un nicho de madera con una virgen en su interior y varias veladoras. Las horquetas de madera que sostienen el techo sirven, a su vez, para colgar bolsas de diferentes yerbas, con las que el h-men cura a sus pacientes. Éstos, como nosotros, lo esperan sentados en una banca de madera que corre al interior de la morada (Figura 5).

Al llegar su ayudante ambos terminaron de preparar sus cosas. Es interesante asentar que Andrés Can Tamai, nombre del ayudante, de unos 30 años, no se dedica de tiempo completo a sus labores de h-men: funge como ayudante de Don Concepción y hasta que éste muera, él puede tener la titularidad en esa actividad.

Al llegar a Chichen, lo primero que se hizo fue localizar el sitio donde se levantaría el altar temporal para la ceremonia. Don Concepción escogió el espacio apropiado atrás del Grupo de las Mil Columnas. Allí marcó el punto exacto e instruyó a los trabajadores para que empezaran a construirlo. El altar consiste en una mesa de madera de 2.80 m de largo por 1.60 m de ancho. Está sostenida por cuatro arcos que se desplantan a 1.80 m desde el suelo, formados por nueve horquetas los del frente y de la parte posterior, y por tres horquetas los de los costados. La estructura se amarra con majagua (bejuco) y, a manera de mantel, se tienden sobre ella hojas de javin. En la parte posterior se coloca una gran cruz, de 1.20 m, una más chica al frente y una vela (Figura 3).

Mientras eso sucedía, acompañamos a ambos h-menob a recorrer los diferentes grupos que iban a ser intervenidos. El ritual comenzó en la zona más alejada, el Grupo de los Tres Dinteles, con oraciones y abluciones de licor.

Los rezos y cantos mencionan a muchos santos católicos: San Martín, San Bartolomé, San Gabriel, San Juan Bautista, la Virgen María, etc., y también aluden a los balames y a los aluxes del monte. En cada lugar que iba purificando, el oficiante tomaba un trago de licor, no así su ayudante.

Como a las 2:00 de la tarde, ya de nuevo en el área central de Chichen, nos trasladamos a buscar el “agua sagrada” (suhuy ha), objeto vital para el buen curso de la ceremonia, que debe obtenerse de un manantial que no haya sido profanado por intrusos. En este caso, el requisito lo cubría un cenote localizado adentro de la rejoyada del Ramón o Ramoncito, ubicada como a media hora de camino desde Chichen hacia Halakal, un buen tramo por brecha (Figura 4).

En el lugar, Don Concepción emprendió cánticos y plegarias, mientras algunos de los trabajadores disponían con maderas una mesita para que allí se situaran las jicarillas llenas de alimento que se ofrendarían a los dioses. Otros preparaban pozole de maíz con miel. Como una concesión excepcional, el h-men pidió permiso a los dioses del monte para que pudiera una mujer descender al manantial. El permiso fue concedido con la advertencia de no tocar el agua, ya que si una mujer la toca, el pozo se seca. Se juntó el agua necesaria y ya en la superficie, todos tomamos del pozole de maíz y miel y partimos de regreso a Chichen.

Alrededor de las 5:00 de la tarde, el h-men colocó 12 jicarillas a lo largo de la mesa, y la jicarilla restante frente a la cruz; acomodó el vino y el pozole juntos, en uno de los costados de la tabla, y prosiguió a ofrendar los animales: cada uno de nosotros sujetaba una ave y se la llevaba a él, que se encontraba al pie del altar. Don Concepción cantaba y rezaba, preguntando nuestro nombre, rociaba agua bendita en la boca del animal y lo descuartizaba.

Convocó a los balames y a los espíritus malignos o vientos con los que conviene estar en buenos términos entonando cánticos y oraciones. A las 7:15 de la noche, el h-men hizo un receso para comer (pollos asados traídos de Piste), mientras algunos de los trabajadores preparaban en guiso los animales ofrendados, que se iban a cocinar a la lumbre en las cazuelas grandes. Las entrañas de estos animales fueron enterradas lejos del lugar.

A las 8:00 de la noche se reanudó la ceremonia cuando el ayudante se hincó ante el altar y empezó a rezar. Al mismo tiempo, uno de los trabajadores que fungía como ayudante secundario, quemó incienso y lo emanó de un lado al otro del altar. A las 8:10 p.m. se prendió la leña para el pib (horno excavado en la tierra), y empezó la preparación del pan (tutwa): sobre las hojas de booj, se extiende una tortilla de masa, luego se pone una capa de pepita, otra de masa, así hasta completar 13 capas en unos, 9 capas en otros y 7 capas en otros más. Al final se adornaron con bolitas hechas de pepita y se amarran para poner a cocinar dentro del pib (Figura 5).

Éste, tal vez, fue el momento más emocionante de la ceremonia. En la solemnidad de la noche, ante aquellos antiguos edificios por testigo, participamos al unísono en el ceremonial, a pesar de que algunos éramos ajenos hasta el momento a este tipo de culto. Ese sentido de unión en torno a una tradición nos hizo reflexionar sobre la solidez de estos rituales que brindan alianza y cohesión social a los individuos y que ofrecen desahogo al cansancio a través de un alegre e importante acontecimiento.

A las 9:00 p.m., con los panes listos, se empezó otro turno de plegarias y cánticos, con abluciones de incienso. Al término de esta nueva sesión, Don Concepción se dirigió a los trabajadores comentándonos los pasos a seguir en adelante y exhortándonos a descansar un rato, a meditar y ponernos en paz, para bien lograr los fines de la rogación. A las 9:30 p.m., se quitaron las maderas del pib para acomodar los panes. Encima de ellos, se echaron más piedras hirviendo, luego una capa de hojas de booj y de guano, encima de las cuales se arrojaron hojas de javin y de yaxnik, para luego cubrirlo de tierra (este guiso tiene que permanecer allí alrededor de una hora para que se cueza bien el pan).

A las 10:00 p.m., el h-men dispuso entre la concurrencia el pozole que quedaba y la bebida de balche, la bebida ceremonial (“vino”) hecha a base de miel disuelta en agua y la corteza del árbol de balche. No se escatimaba el licor. Al repartir el pozole, sobre la mesa se puso una jicarilla en cada esquina del altar y en el suelo cuatro recipientes de incienso, uno a cada lado de las patas de la mesa. A las 10:25 p.m. se inició otra sesión de plegarias recitadas por Andrés, el ayudante, y al concluirlas, se distribuyó balche.

A las 11:05 p.m. reiniciaron las oraciones y cánticos y la purificación de los sitios que serían intervenidos. Se dividió a toda la concurrencia en dos grupos que se encaminarían por los diferentes conjuntos arqueológicos; a cada integrante se le otorgó una rama de sipche (árbol de la región al que se le atribuyen poderes mágicos). La procesión se inició cantando alabanzas a la Virgen María y, al llegar al lugar escogido, con las ramas se “barría” el lugar y las estructuras a fin de que los malos espíritus se ahuyentaran. Se hicieron varias pausas dentro de las cuales aprovechaba el h-men para ingerir algunos tragos de licor, haciéndolo extensivo a los participantes. Aquél trabajador que no pudiera tomar, por razones religiosas o personales, era conminado a que se derramara sobre su cuerpo el licor.

Al regresar, se sacó el pan del horno y se desmenuzó en un kol (salsa a base de maíz) previamente cocido. La carne se puso aparte. Don Concepción arregló las ofrendas sobre el altar: el vino en las jicarillas, a lo largo de la mesa; a los costados, los botes con el guiso de las gallinas y el pavo, con sus pezuñas amarradas con guano y sobresaliendo dentro del líquido; una vela en cada esquina y el incienso esparciéndose encima y bajo el altar.

Con todo listo, Don Concepción procedió a hacer otra rogación dedicando las ofrendas a los espíritus del monte y exhortando a los malos vientos para que nos dejaran trabajar en paz. Mojó unas ramas de sipche dentro del licor, la sacudió hacia los cuatro puntos cardinales, invocando a la Santísima Trinidad, a las vírgenes y santos y a todas aquellas deidades del panteón maya que habitan en el monte, mencionando cada uno de los sitios que se trabajarían. Sin duda, este fue el momento más solemne de la ceremonia (Figura 6).

Luego de descansar por un rato, a la 1:55 de la madrugada, el h-men Andrés nos hizo una limpia a cada uno, azotándonos por todo el cuerpo con las yerbas y hojas de sipche mientras ingeríamos licor. A las 2:25 a.m. se concluyó con este ritual (Figura 7).

Se repartió luego la comida, que tenía muy buen sabor. Cuando ya todos habíamos comido y bebido (cosa que a todos reconfortó, ya que estaba haciendo un frío húmedo y penetrante), se empezó a desmantelar el altar alrededor de las 4:00 a.m. Don Concepción tomó la cruz grande, la amarró a un árbol cercano, hizo algunas oraciones y sacó su sastun (artefacto de cristal en forma de huevo que utilizan los h-menob para adivinar), contemplándolo y girándolo a la luz de una vela que había encendido a los pies de la cruz. Poco después, con gran satisfacción, nos mostró el cristal completamente transparente lo que significaba que los espíritus invocados mostraban su buena voluntad y disposición la realización de los trabajos (Figura 8). En este momento, el h-men nos hizo saber que la conclusión del ritual se lograba cuando se hubiera consumido por completo la vela que dejaba prendida al pie del altar. Para dar tiempo a que los vientos malignos terminaran de salir del sitio, nos advirtió que era indispensable que ninguno de nosotros trabajara en Chichen durante los dos días posteriores a la ceremonia. Nos retiramos del lugar y le pagamos $500 al él y su ayudante.

CEREMONIA LOH DEL 3 DE DICIEMBRE DE 1998

Al iniciar la temporada de excavaciones en el Grupo de la Serie Inicial, decidimos contratar otra vez los servicios de Don Concepción Cen para efectuar una ceremonia similar a la anterior en esta nueva etapa de trabajos arqueológicos. Formalizamos el día preciso para llevarla a cabo y, siguiendo sus instrucciones, hicimos las compras de maíz, pepita, pozole, pimienta, sal, azúcar, gallinas, pavos, licor y cigarrillos, mientras él, por su parte, preparaba también sus materiales.

El nuevo ritual transcurrió como el anterior, por lo que nos limitaremos a resaltar las diferencias. La primera fue que esta vez el h-men, con su hijo Teodoro Cen como ayudante, traía seis cruces de madera.

Dio inicio la ceremonia con la construcción del altar de las mismas características del que se hizo en 1993, pero localizado ahora al noreste del grupo, también mirando hacia el oriente (Figura 9). Fuimos a buscar el “agua virgen” a la rejoyada del Ramoncito y se efectuaron plegarias y abluciones antes de bajar a la cueva por el agua, pidiendo especialmente permiso para que las dos mujeres presentes pudieran participar.

De regreso a Chichen Itza se hicieron plegarias, se ofrendaron y sacrificaron las gallinas y el pavo, se elaboraron los panes y se pusieron a cocer al pib. En este momento, a diferencia de la ceremonia de años atrás, fuimos en procesión a enterrar las cruces que había traído el h-men. Una de ellas se colocó en el sacbe No. 25 de acceso al grupo de la Serie Inicial (dedicada a San Bartolomé) la otra, en el sacbe No. 33 de la entrada del Grupo Principal del Suroeste, o del Castillo Viejo, dedicada a San Juan Bautista (Figura 10). Las otras cruces se pusieron en los cuatro puntos cardinales de Serie Inicial y se ofrecieron, con plegarias y agua bendita, a San Pedro la de este, la del sur a San Pablo, la del norte a San Martín y la del oeste a San Gabriel. Al enterrarlas en sus lugares, el h-men colocó al fondo una bolsita de “contras” (hierbas especiales con contenido secreto), con plegarias y abluciones de agua bendita y licor.

Ya en la madrugada, con canciones y plegarias se efectuó la “barrida” con ramas de sipche y albahaca a los sitios en que se trabajaría. Al regreso, después de un prolongado descanso, se hizo la “limpia” a todos los participantes, se repartió la comida y el h-men concluyó el ritual con el sastun de cristal, diciéndonos que todo iba a ir muy bien, los espíritus protectores del monte habían aceptado nuestras ofrendas y el permiso se extendía para todo el tiempo que quisiéramos trabajar en Chichen Itza. Se desmontó el altar, se dejó la vela prendida junto a la cruz grande del mismo y nos abstuvimos de laborar en el campo por dos días.

BALANCANCHE, 1959 (ANDREWS 1970)

En 1959, José Humberto Gómez, guía de turistas, descubrió accidentalmente la entrada sellada de uno de los pasajes de la Gruta de Balancanche. Ya para entonces se habían efectuado estudios, especialmente de carácter biológico, concernientes a la cueva. El Dr. E Wyllys Andrews IV tomó nota del descubrimiento, pidió autorización al INAH en México y emprendió la exploración de esta nueva cámara en la gruta con el fin último de abrirla al público. Al entrar, él y su equipo descubrieron todo un vergel de artefactos arqueológicos en su lugar original, tal y como habían sido colocados antes de que los antiguos mayas sellaran la entrada.

En aquel momento, el h-men Romualdo Hoil, del cercano pueblo de Xcalacoop, se puso en contacto con los exploradores de la cueva para advertirles que, por el carácter sagrado del lugar, era necesario realizar varios rituales propiciatorios a los espíritus del sitio a fin de que escaparan del daño sobrenatural que ellos podían inflingir a los profanadores de la gruta.

Al acordar la ejecución del ceremonial, el h-men solicitó los siguientes componentes: un pavo, 13 gallinas, incienso (3 pesos), 13 velas de cera de abeja, una carga de maíz, dos botellas de aguardiente, cuatro paquetes de tabaco, fanega y media de pepita (semilla de calabaza), dos kilos de sal gruesa, 13 botellas de miel virgen, 250 gramos de pimienta negra, 250 gramos de dientes de ajo, 250 gramos de achiote, una medida de semillas de comino y un puño de clavo. Calculó su salario multiplicando 4 pesos por 13 (gallinas) y solicitó 15 pesos para sus ayudantes. El día escogido, llegó el oficiante a Balancanche temprano en la mañana, con trece ayudantes. La noche anterior habían hecho una mesa como altar. No había presencia de mujeres, no estaba permitido.

No nos detendremos en los detalles de esta ceremonia, publicada desde 1970 por Barrera Vázquez (Andrews 1970:72-78) con gran minuciosidad. Consistió de los mismos pasos descritos aquí para los rituales de Chichen de 1993 y 1998. Siempre basada en las celebraciones agrícolas para la milpa, la diferencia de esta ceremonia radicó en que se efectuó al interior de una gruta, recorriendo las diferentes cámaras con plegarias, peticiones y limpias, acompañado todo con libaciones de licor y ofrenda de comida.

COMENTARIOS FINALES

La introducción del Cristianismo con la llegada de los españoles a Yucatán enriqueció, más que sustituyó, con nuevos actores las ceremonias propiciatorias relativas al campo. Los oficiantes adecuaron y adoptaron a la Trinidad y a los santos Juan Bautista, Pedro, Miguel, Bartolomé, Pablo y la Virgen María, invocándolos al lado de balames (Mistun Balam, Kulu Balam), chakes (Nicte Chac, Yum Chac) y bacabes.

No sabemos a ciencia cierta con qué cambios estas ceremonias llegan a nuestros días. Tratadas como supersticiones o productos de la ignorancia, los rituales, básicamente agrícolas, han pasado de generación en generación por tradición oral, no hay un “manual” que rija los textos recitados. Muchos de sus actores principales, los h-menob, son inclusive analfabetas.

Relatadas desde la época del arribo de los españoles pero sin conocer el protocolo preciso de las mismas, podemos suponer que la diferencia principal de aquellas ceremonias prehispánicas con las que se efectúan hoy en día es la introducción de los santos de la tradición católica. Los rezos y cánticos en susurros mezclan ininteligiblemente el castellano y la lengua maya, y se fusionan los dioses cristianos y los seres del panteón Maya. La forma en que se recita reproduce en gran medida la manera en que los sacerdotes oficiaban las misas católicas, como para imbuir de esoterismo estas prácticas.

En su tratado sobre los indios Mayas del sur de Yucatán y norte de Honduras Británica de 1918, Thomas Gann narró una ceremonia similar efectuada para los espíritus de la milpa y es notable advertir la semejanza de los pasos de aquel ritual con los aquí descritos, hasta en sus más nimios detalles, por ejemplo, el uso de ramas y hojas de javin para hacer el altar (Gann 1918). Son casi 100 años de diferencia entre una y otras ¡una quinta parte de tiempo desde la conquista!

Morris Steggerda, durante sus estudios en Chichen Itza como parte de la Institución Carnegie, también presenció una ceremonia de milpa en los alrededores de Piste por los años treinta del siglo pasado y la describió en su libro sobre los indios de Yucatán (Steggerda 1941). Las similitudes con las efectuadas en 1993, 1998 y 1959, materia de este escrito, son asombrosas.

Aún así, las tradiciones se modifican: entre 1959 en Balancanche y 1993 y 1998 en Chichen hay cambios en el ritual: la participación de mujeres y el permiso para filmar. Pero se conservan las etapas de la ceremonia y el ambiente de participación. Cabe anotar que, aunque el ritual efectuado en Balancanche se reseñó como si fuera una ceremonia especial para cueva, la primera transcrita, creemos que por su similitud con las otras dos es esencialmente la misma que se hace para las milpas.

Hoy en día, la vida de las comunidades alrededor de Chichen, que hasta hace pocos años vivían un tanto aisladas del mundo moderno, se ha trasformado de golpe por el contacto con multitud de visitantes. Los “promotores turísticos” echan mano de cualquier cosa para conseguir dinero y han promovido que las tradiciones antiguas se transformen en un teatro para los turistas. Alrededor de la zona han proliferado las asociaciones de “sacerdotes mayas”, que realizan “ceremonias” por una buena paga, con la introducción de aspectos para agradar a un público que los mira como objetos de museo. No sabemos las consecuencias que esta nueva introducción de actores vaya a causar en los rituales tradicionales ni por cuánto tiempo estos sobrevivirán, pero aquí por lo menos queda evidencia de ellos en época todavía reciente. Ya Don Concepción Cen no las volverá a oficiar, no volverá a ser su actor principal, murió durante el año 2007. Esta ponencia está dedicada a él como un pequeño tributo.

Nota: los nombres mayas utilizados para referirnos a elementos botánicos son los de uso común, y muy locales, en el norte de Yucatán. No siempre coinciden con los nombres científicos que se utilizan para esas especies.

REFERENCIAS

Antochiw, Michel

1996        Historia del poblado de Chichen (Piste). Cecijema, Yucatán.

Barrera Vásquez, Alfredo

1970        The ceremony of Tsikul T’an Ti’Yuntsiloob at Balancanche. En Balamkanche: throne of the Tiger Priest. Middle American Research Institute, publication No. 32. Tulane University, New Orleans.

Ciudad Real, Antonio

1993[1872]        Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España (editado por J. García y V. Castillo). Serie Historiadores y Cronistas de Indias No. 6, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México.

Gann, Thomas W.F.

1918        The Maya indians of Southern Yucatán and Northern British Columbia. Bureau of American Ethnology, Bulletin 64. Smithsonian Institution, Washington DC.

González De la Mata, Rocío

1993        Las fuentes de agua. Proyecto Chichen Itza. Temporada 1993. Ceremonia Loh (Abril 22 y 23 de 1993) Yucatán. Archivo Técnico CNA-INAH, México.

Steggerda, Morris

1941        Maya Indians of Yucatan. Carnegie Institution of Washington. Washington DC.

Stephens, John L.

1963        Incidents of travel in Yucatan. Dover Publications Inc., New York (1843).

Figura 1 Don Concepción Cen del pueblo de Dzeal, Yucatán en 2005

Figura 2 Altar en el consultorio de Don Concepción Cen. Dzeal, Yucatán, 2005

Figura 3 Altar de la ceremonia Loh en Chichen Itza en 1993

Figura 4 Rejoyada del Ramoncito, en busca del agua sagrada (suhuy ha), 1993

Figura 5 Los panes (tutwa)

Figura 6 Ofrenda de la comida

Figura 7 Se hace la limpia a los concurrentes, entre ellos, dos mujeres, 1993

Figura 8 El h-men leyendo el sastun al finalizar la ceremonia, 1993

Figura 9 Altar de la ceremonia Loh de 1998

Figura 10 Ofrenda de las aves, ceremonia Loh de 1998 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *