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060 – INVESTIGACIONES RECIENTES EN LA ARQUEOLOGÍA DE LA CUENCA MEDIA DEL RÍO CANDELARIA, CAMPECHE, MÉXICO: UN ACERCAMIENTO AL “COLAPSO” – Ciprian F. Ardelean – Simposio 22, Año 2008

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Ardelean, Ciprian F.

2009        Investigaciones recientes en la arqueología de la cuenca media del río Candelaria, Campeche, México: Un acercamiento al “Colapso”. En XXII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2008 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.791-808. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

60

INVESTIGACIONES RECIENTES EN LA ARQUEOLOGÍA DE LA CUENCA MEDIA DEL RÍO CANDELARIA, CAMPECHE, MÉXICO: UN ACERCAMIENTO AL “COLAPSO”

Ciprian F. Ardelean

Unidad Académica de Antropología, Universidad Autónoma de Zacatecas

ABSTRACT

RECENT INVESTIGATIONS IN THE ARCHAEOLOGY OF THE MIDDLE BASIN OF THE CANDELARIA RIVER, CAMPECHE, MEXICO: AN APPROACH TO “COLLAPSE”

The “Proyecto Arqueológico El Chechén, Candelaria, Campeche” has carried out four seasons of field work in its first phase (2003-2005) and will now begin a new stage of explorations. The study area, situated in the wetlands of El Chechén in the middle basin of the Candelaria River, offers an interesting and complex sample of five Maya settlements with Preclassic to Terminal Classic occupations. Archaeological materials from the surface and excavated contexts at one of the sites indicate abrupt historic events and social processes taking place at the end of the Classic period, which suggests to us a relationship between these events and what could have characterized the metamorphosis of Maya society known as “the collapse”.

El “Proyecto Arqueológico El Chechén, Candelaria, Campeche” comenzó como iniciativa del autor de este artículo con el total respaldo de la Unidad Académica de Antropología de la Universidad Autónoma de Zacatecas, México y se enfoca en una de las regiones menos estudiadas del suroeste de la Península de Yucatán (conocida también como las Tierras Bajas Noroccidentales), específicamente la cuenca del Río Candelaria.

Las investigaciones a nivel microregional comenzaron en el año 2003, después de haber definido un área de trabajo de aproximadamente 40 km² en torno a una zona de humedales definida por pantanos, manglar y terrenos bajos dispuestos a inundaciones. Esta región se ubica unos 10 km al oeste-suroeste de la ciudad de Candelaria, en su límite oriental.

El epicentro escogido fue el pequeño sitio Maya de El Chechén, identificado primero en fotografías aéreas del INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática de México), partiendo de menciones y breves recorridos publicados por otros investigadores en décadas anteriores (Pincemin 1993; Ochoa y Vargas 1985). Al principio, los objetivos del proyecto eran modestos: buscaban realizar un recorrido detallado del área en torno al asentamiento de El Chechén cuya existencia era segura, identificar otros eventuales sitios, realizar los mapas topográficos detallados de los mismos, la recolección y análisis de materiales de superficie, es decir los objetivos lógicos para una investigación inicial en un área nunca antes trabajada de manera sistemática. Los arqueólogos que habían trabajado incidentalmente la zona advirtieron sobre la existencia de al menos otros dos sitios importantes que se situaban dentro de nuestra poligonal original de recorrido; se trataba de Las Palmitas y El Astillero e inclusive había algunos croquis muy sumarios de los mismos (Pincemin 1993). De este modo, se planteaba un recorrido inicial combinado con recolección de materiales de superficie y levantamientos topográficos de al menos tres sitios. No se preveía realizar excavaciones, al menos no en esa etapa del proyecto.

En el periodo verano de 2003 – verano de 2005 se llevaron a cabo cuatro temporadas de campo. En ellas se logró la identificación de los sitios existentes en torno a los humedales, la delimitación de los mismos, el registro de sus montículos, la recolección de material arqueológico de superficie, así como el levantamiento topográfico detallado de la mayor parte de las superficies que muestran ocupación prehispánica. En las últimas dos temporadas se realizó la excavación extensiva de una pequeña estructura arquitectónica en el asentamiento de El Astillero, misma que inició como un rescate. El proyecto, así como había sido planteado en su fase inicial, ha concluido, por lo que en los años futuros continuaría en una nueva forma y con nuevas metas que buscarán resolver algunas de las problemáticas surgidas de las investigaciones efectuadas hasta ahora.

LA REGIÓN DE ESTUDIO

La región de estudio se ubica en el sur del estado de Campeche, en el suroeste del municipio de Candelaria casi sobre su deslinde occidental con el municipio de Carmen, muy cerca de la frontera con el estado mexicano de Tabasco, así como a unos 55 km al noroeste de la esquina noroccidental del departamento de Petén, Guatemala. Se ubica sobre el curso medio del Río Candelaria, donde éste forma su gran curva en el sur después de pasar la cabecera municipal, importante artería fluvial que formaba una vía de comunicación entre el norte de Petén y el Golfo de México (Figura 1).

Por su individualidad ecosistémica y geográfica, pero también por su tamaño reducido, se le definiría como microrregión, que se conoce ahora como Los Humedales de El Chechén. El nombre es apropiado no sólo debido a que el primer sitio que estudiamos se llama así, situado justo en la orilla sur del sistema de humedal, sino también porque de los varios asentamientos identificados en la microregión, este tiene la toponimia más adecuada, de origen Maya, aludiendo al árbol Chechén que en sus dos variedades (el Chechén blanco, Sebastiana longicuspis, y el Chechén negro, Metopium brownei) todavía abunda a orillas de los cauces secundarios del río, en los manglares y en los reducidos segmentos de selva alta que sobreviven en la región.

Esta región se compone de dos grandes nichos ecológicos. En primer lugar, los humedales propiamente dichos, todavía bastante bien conservados ecológicamente a pesar de la intermitente incidencia de quemas agrícolas clandestinas y pesca excesiva. Sin duda, la variedad faunística y floral sugiere un estado sano del ecosistema, incluyendo segmentos de selva alta. En segundo lugar, y de manera contrastante, los terrenos más altos, que apenas llegan a rebasar los 50 metros de altitud, anteriormente cubiertos por abundantes y tupidas selvas, casi en totalidad taladas desde la gran colonización de la región iniciada en los años sesenta del siglo XX como una supuesta solución de la Federación mexicana a los problemas agrarios de las zonas desérticas del norte del país. Ello generó una sostenida destrucción del bosque tropical y su remplazo por pastizales dedicados a la ganadería extensiva de bovinos y ovinos. Actualmente, todos los sitios que estamos trabajando se encuentran en terrenos de propiedad privada, latifundiaria, dedicada a la ganadería exclusivamente.

No existen poblaciones modernas significativas dentro del territorio explorado, aunque la pequeña ciudad de Candelaria, al este, y el ejido de Vicente Guerrero, al norte, se sitúan cerca. Destaca solamente la ranchería de Las Palmitas, misma que le otorga el nombre a uno de los sitios, pero que apenas tiene una docena de habitantes, ya que la zona adolece de la carencia de fuentes de trabajo. Además, solamente los ranchos El Astillero, El Palmar, El Chechén y La Bendición, actualmente absorbidos en la propiedad del anterior.

UNA VISIÓN GENERAL SOBRE LOS RESULTADOS

En este artículo, solamente se presentarán de manera general los resultados previos y habrá más énfasis en la discusión y en algunos materiales arqueológicos. Presentaciones más detalladas de algunos sitios, así como de la excavación realizada se encuentran ya publicadas, por lo que de manera atenta se sugiere al lector remitirse a las respectivas referencias para consultar mapas, dibujos de planta y de entierros (Ardelean 2005; Ardelean 2006).

En los recorridos se han explorado tanto los humedales como los pastizales situados sobre todo al sur del área de humedal y hemos identificado cuatro asentamientos prehispánicos Mayas: El Chechén, precisamente en la orilla sur de la zona pantanosa; Las Palmitas, a unos 3.5 km al este del anterior; El Astillero, a la misma distancia de El Chechén hacia el sureste y a poco más de 2 km al suroeste de Las Palmitas; finalmente, Isla Montuy, el más septentrional de los cuatro, del otro lado de los humedales, unos 3 km al noroeste de El Chechén, cercano al ejido de Vicente Guerrero (Figura 1). En los registros del proyecto se tienen otros dos sitios, El Palmar y El Achotal, pero por su ubicación, reducido tamaño y poca distancia respecto a los sitios mayores, se les considera como barrios o conjuntos situados en ambos casos en el noroeste de los sitios de El Chechén y Las Palmitas, respectivamente. Todos estos asentamientos se sitúan fuera de los humedales propiamente dichos, en terrenos que suelen estar más secos, para permitir la ocupación humana. Se han conservado las toponimias locales, a pesar de los nombres poco sonoros de los sitios, antes que nada para no forzar la terminología y para no inducir errores innecesarios en los registros.

La principal característica de los asentamientos situados en torno a los humedales es su muy baja densidad ocupacional. En primer lugar, el patrón es muy disperso, hay amplios espacios entre las estructuras, entre los conjuntos, las plazas mismas son amplias en relación al tamaño de los sitios y, en segundo lugar, cuentan con muy pocos montículos. Entre los cuatro sitios, apenas rebasan 400 montículos y en este número se incluyen los grandes de hasta 12 m de altura, pero también los medianos, pequeños y hasta aquellos que miden escasos 0.20 m de altura, visibles mejor después de realizar la microtopografía de los sitios. No podemos apreciar todavía cuantas estructuras habrán tenido función de vivienda y cuantas habrán existido contemporáneamente, pero sin lugar a duda la región parece haber contado con una población muy reducida a finales del Clásico. A ello se agrega otro detalle espacial importante: los amplios espacios que separan los sitios, de 2 hasta 3 km, carecen totalmente de montículos y de material arqueológico en superficie. Estos espacios pudieron estar cubiertos de bosque, sabana antrópica resultante de la tala o tierras de cultivo. Los materiales detectados en superficie dentro de los sitios nos indican que el Clásico Terminal es el periodo final de ocupación de la zona.

El cuadro espacial mencionado contrasta claramente con el elevado índice ocupacional, la alta densidad demográfica y la dilución de los límites entre asentamientos que se acostumbran encontrar para esta temporalidad en la mayoría de las zonas de las Tierras Bajas. Esta investigación se encuentra todavía muy lejos de poder responder a tales incógnitas, pero a manera de hipótesis se podría afirmar que estos sitios habían tenido una fase preclásica o clásica temprana con un relativo abandono durante el Clásico (situación sugerida por lo materiales de superficie en nuestros sitios, pero a la cual aluden también los hallazgos de otros arqueólogos en la zona) y volvieron a surgir posteriormente en el Clásico Tardío con relativamente poca anticipación al “colapso”. Ello no les dio el tiempo necesario para crecer de manera significativa y además la situación económica, política y tal vez ambiental ya no era propicia para la concentración demográfica en esta área. Cabe mencionar también que el material propiamente dicho del Posclásico es casi inexistente.

También es relevante el dato de que no se ha encontrado ningún juego de pelota. En ninguno de los cuatro asentamientos o en sus sectores satelitales mencionados ha aparecido alguna disposición de montículos cuya relación recíproca, forma y tamaño sugiera la posible presencia de un juego de pelota. En el núcleo del sitio El Chechén existen dos estructuras muy pequeñas dispuestas de forma paralela (E3 y E4); lo mismo se puede decir de las estructuras E7 y E8 en el sureste de la Gran Plaza de Las Palmitas. Sin embargo, en los dos casos el tamaño y forma de los montículos dejaría espacio para una cancha extremadamente pequeña e irregular. La aparente ausencia puede deberse a varias razones diferentes: las características culturales y conductuales de los asentamientos no hacían imperativa la presencia de este atributo arquitectónico mesoamericano; las modificaciones espaciales y arquitectónicas del Clásico Tardío o Terminal han ocultado la eventual presencia anterior de un juego de pelota; o bien, el estatus regional de estos sitios, su posición en la eventual jerarquía local de asentamientos y entidades políticas no era satisfactoria para la realización de los rituales que implicaría la presencia de esa cancha.

Adicionalmente, estos asentamientos carecen totalmente de estelas o monumentos de despliegue público de la ideología de la élite. Ello no es un rasgo necesariamente general para el río Candelaria. Existen estelas en El Tigre, situado a unos 50 km río arriba, aunque éstas aparecen lisas y debieron haber tenido decoración y escrituras pintadas o estucadas, ahora erosionadas por completo. Además, hacia el norte-noreste, sobre el curso del río Caribe, en un sitio de dimensiones similares a los de El Chechén, conocido por los lugareños como Cerro de las Campanas, existen al menos dos estelas fragmentadas que conservan apenas el contorno de los cartuchos glíficos, como se pudo constatar en una visita en la primavera del 2007. La carencia de este rasgo apuntaría nuevamente hacia una pluralidad de causas probables: diferenciación cultural y conductual (en plano social y político) respecto a las zonas más “tradicionales” de las Tierras Bajas o la reocupación de los sitios en el Clásico Terminal después de que la “moda” de las estelas se haya extinguido en las Tierras Bajas.

En esta misma categoría de los atributos “negativos” podría entrar la arquitectura poco llamativa o poco monumental en el sentido “clásico”. Lo que podemos observar en superficie son montículos totalmente cubiertos por sedimentos y piedras sueltas que no muestran ningún rasgo arquitectónico que sugiera la presencia de una arquitectura formal de piedra. En algunas estructuras hay pozos de saqueo o rudimentarios intentos de hacer túneles, obra de los primeros campesinos instalados en la zona en los años setentas del siglo pasado, según los mismos lugareños llegan a confesar. Los cortes y “perfiles” dejados por estas destrucciones intencionales muestran solamente rellenos arquitectónicos hechos por acumulaciones sucesivas de piedras (dispuestas de todos modos en un orden calculado), tierra y sascab. No se observan subestructuras, ni líneas de pisos antiguos, tampoco restos de paredes de mampostería, ni cajones de piedra para el relleno. Existen alineamientos, sobre todo en los montículos medianos y pequeños, los típicos alineamientos de piedras que marcan los contornos de las paredes hechas con materiales perecederos de madera y bejucos. En los montículos grandes, en las modestas pirámides locales que suelen tener entre 3 y 12 m de altura, lo que se puede asegurar es la presencia de escalinatas, apenas visibles mediante el ordenamiento característico de piedras burdamente labradas en forma paralelepipédica, tanto en el cuerpo de la estructura como en los costados de las plataformas más amplias que las sostienen. También se observan tales alineamientos en los ángulos formados por la superficie y el talud de las plataformas, rasgo quizás asociado más bien con la resistencia y la contención de los rellenos. Aún así, la plataforma superior de los montículos mayores es muy pequeña, corta y angosta, en la mayoría de los casos de las estructuras “picudas”, por lo que es poco probable que hayan sostenido construcciones de material perecedero en la cima por el simple motivo de que no cabrían. A lo que se asemejan más estas puntas de pirámide es al techo angosto, abovedado, trapezoidal, de una construcción de mampostería. Existen sin duda grandes montículos de probable función residencial que destacan no por su altura, sino por su amplitud, con plataformas superiores lo suficientemente amplias como para soportar grandes construcciones de material perecedero o grupos de ellas.

Sin embargo, otros rasgos de estos asentamientos sugieren que los sitios de la microrregión de El Chechén no eran tan poco importantes, a pesar de la falta de juegos de pelota o estelas y a pesar de la reducida población que los habitaba.

Antes que nada, la argumentación recaería de nuevo sobre las estructuras arquitectónicas mayores. Por ejemplo, la estructura 1 de El Chechén, baja pero amplia, ocupa un cuarto de hectárea en su base. El volumen implica sin duda importancia en la jerarquía funcional de los edificios y también la capacidad de los líderes de emplear suficiente mano de obra para su construcción. Las plazas pueden ser muy grandes, como la de Las Palmitas que, en el centro de la modesta acrópolis que concentra el núcleo del sitio, se extiende por media hectárea, rodeada por estructuras lo suficientemente ostentosas como para sugerir una leve imagen típicamente “petenera”. Tales plazas y sus edificios asociados sugieren antes que nada la capacidad o disponibilidad de congregar gran número de personas, sobre todo Las Palmitas. Pero ello es común en El Astillero y El Chechén también. Y ello los convierte, por lo menos hipotéticamente, en centros poblacionales, aunque la demografía no fuese impresionante y la escala de las actividades que se llevarían a cabo no sería comparable con los enormes centros estatales.

Existe un tipo de estructura de rango mayor que es bastante común en los tres sitios más grandes. Esta es conformada en primer lugar por un basamento masivo aunque de poca altura, de planta rectangular o cuadrada, con lados inclinados en talud y orientada a los puntos cardinales, que en su parte superior sostiene una estructura piramidal que descansa sobre uno de los lados cortos del basamento y cuya longitud es igual a la anchura del basamento. De esta forma, la plataforma mayor conserva un espacio abierto a manera de plataforma menor o plazuela a un lado de la pirámide. Lo interesante es que esta superficie plana suele encontrarse no hacia la plaza sobre cuyo lado se encuentra el edificio, sino en sentido opuesto. De este modo, lo que se ve desde la respectiva plaza es la estructura piramidal cuya fachada del lado de la plaza es aumentada en altura debido a que a su talud forma una pendiente continua con el talud del basamento que la sostiene. De modo que la “plazuela” y los accesos situados sobre los taludes del basamento mayor quedan a manera de “puerta trasera” para la estructura orientada a la plaza. Esta no es una regla estricta, ya que se dispone de casos en que la orientación es al revés o en que existe otra plaza de menor tamaño también del lado de la plataforma. En algunos casos, los restos de una segunda estructura, muy pequeña, se sitúan sobre una esquina del basamento.

Es acostumbrado saber que las zonas nucleares o “cívico-ceremoniales” se sitúan realmente en el centro de los sitios y están rodeadas por conjuntos de estructuras de diferentes tamaños en todas las direcciones. En el caso de estos sitios es importante destacar que la situación es algo distinta. En los tres casos más relevantes (El Chechén, Las Palmitas y El Astillero) la concentración principal de montículos mayores está cerca del agua y a la periferia. Y este no puede ser un detalle accidental.

En El Chechén se encuentra a escasos metros de la actual orilla del humedal, además está flanqueada por bajos de gran tamaño y por pequeñas plazuelas hundidas (“patios hundidos”) con respecto al nivel de pisada de sus bordes elevados que parecen haber sido utilizados para almacenar agua o para distribuir el exceso de la misma en épocas de crecidas del nivel del agua en el humedal con sus inminentes inundaciones. En El Astillero, el arroyo que hoy lleva el mismo nombre bordea el centro ceremonial del sitio, formando un cinturón a su alrededor, muy cerca de las estructuras. Éste suele crecer mucho en época de lluvias, pero inclusive en su nivel más elevado (de hasta 2 metros de profundidad) no toca el desplante de los montículos, cuidadosamente distribuidos sobre las curvas de nivel seguras. En Las Palmitas, la “acrópolis” (elevación natural de caliza que soporta el núcleo del sitio) es delimitada al sur y al oeste por un arroyo similar y al norte por una gran bajo que forma una verdadera laguna que se conecta con el sistema de humedal. Es más, el núcleo de Las Palmitas marca de hecho la periferia sur del sitio, todas las demás estructuras distribuyéndose en un amplio patrón disperso hacia el norte. En los tres casos, las demás estructuras se distribuyen en direcciones más alejadas de estos rasgos hidrográficos, dejando las estructuras principales en sus cercanías. Una posible explicación sería que las prácticas culturales, ceremoniales e ideológicas otorgaban cierto papel importante al agua.

En Las Palmitas existe también un edificio que se denominó “palacio”. Su nomenclatura es E23, con sus subdivisiones A-F. Se encuentra al este de la “acrópolis”, separada de ésta por un amplio espacio sin muchos rasgos arquitectónicos visibles, sobre una plataforma, dando una altura total de más de 4 m. Seis montículos angostos y alargados se distribuyen de modo que encierran dos patios a manera de los “conjuntos departamentales” de las élites de Petén. Es un edificio quizás único en la región. Forma parte de una aglomeración mayor de estructuras que fue bautizada como “Conjunto Kan”, todos los demás siendo montículos individuales dispuestos en patrón de plazuelas. La presencia de este edificio quizás de función oficial o residencial de élite, aunada a la imponente presencia de estructuras grandes alrededor de una enorme plaza, podrían ser pruebas a favor de la posición predominante de Las Palmitas en el área.

Isla Montuy es un caso especial, ya que se trata simplemente de una pequeña aldea con poco más de una veintena de pequeños montículos distribuidos en tres grupos que ocupan una “isla”, pequeña elevación de caliza y pedernales en medio de los humedales, en la orilla norte de los mismos. No existe ninguna estructura de gran tamaño o que supere la altura de 2 m. La forma de los grupos marca la línea del terreno que queda seco durante las crecidas. La principal característica de este pequeño sitio, probablemente el más tardío y de posible filiación posclásica, dirige la atención hacia el último aspecto que se mencionará en este apartado analítico: los yacimientos de pedernal.

En las escasas 3 ha del sitio se han identificado unas 100 concentraciones de materia lítica. Con ello no se asume que se tratase en totalidad de talleres, sino de presencia de pedernal en diferentes manifestaciones. En la mayoría de los casos se trata de afloramientos: grandes abultamientos de pedernales con córtex de caliza, por lo general pedernales impuros, con muchas intrusiones, de colores blancos, cremas y grisáceos, sobre todo. En segundo lugar se ubican concentraciones de astillas de pedernal que pueden aparentar restos de talla, pero en realidad se trata de afloramientos reducidos a astillas por el fuego durante años de quema de los campos. En tercer lugar están los restos de puntos de talla de pedernal, función apoyada por la presencia, aunque escasa, de restos de talla y preformas. Isla Montuy tiene la mayor concentración de tales elementos. Pero los hay también en El Chechén, en el extremo norte del conjunto periférico de El Palmar, muy cerca del límite del pantano. En El Astillero, concentraciones de afloramientos se manifiestan sobre todo en la periferia oeste del sitio, pero esa es una zona muy poco conocida todavía. El caso más notorio es Las Palmitas, donde el conjunto El Achotal, situado también a orillas del humedal, al noroeste del sitio, tiene claros indicios de talleres de lítica, manifestándose como acumulaciones de preformas en cercanía de afloramientos y sobre todo como notorias acumulaciones de núcleos y nódulos a manera de los famosos “chert-mounds” de Becan, dando la impresión de marcar la forma de extintas pequeñas bodegas de materiales perecederos.

Los humedales de El Chechén representaron una fuente de materia prima para la elaboración de instrumentos líticos. Pero este material no es de muy buena calidad y resistencia, además no se han observado afloramientos rocosos de colores cafés, amarillos, blancos translúcidos, rojizos u oscuros. Muchos otros rasgos espaciales merecerían atención y análisis, aunque la investigación de los humedales de El Chechén continúa en una etapa incipiente. El espacio que este artículo debe respetar obliga que la discusión pare en este punto para pasar ahora a realizar un panorama general de los materiales arqueológicos.

LA ESTRUCTURA 27 DE EL ASTILLERO

En la temporada de invierno de 2004, en diciembre, durante la topografía del sitio El Astillero, se procedió a la limpieza y el registro de un perfil de 12 m de largo cortado a través de un pequeño montículo durante la construcción de un camino de rancho unos años atrás. A la mitad del mismo, en la parte superior de la estratigrafía, la presencia de restos de diáfisis de fémures humanos requirió de la intervención, con permiso del Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia, a manera de excavación de rescate. El descubrimiento de dos cuerpos en posible relación contextual determinó una segunda temporada de excavación, esta vez extensiva, sobre toda la superficie conservada de la estructura 27. En el verano de 2005 han sido descubiertos nuevos entierros en la misma estructura.

Los datos que la excavación arroja se pueden interpretar preliminarmente de la siguiente forma. El montículo ha tenido por lo menos cuatro fases representadas por pisos estucados de entre 5 y 18 cm de grosor, visibles en el perfil (Ardelean 2006:66). El último piso de sascab estucado, de muy buena calidad es el resultado de una remodelación de un piso muy similar, anterior, del cual le separa una muy delgada capa de nivelación. Este último piso (unidad estratigráfica –u.e.– 2) era el nivel de pisada de un edificio quizás del Clásico Tardío de cuya planta han sobrevivido pocos elementos en parte también debido a la destrucción reciente de la mitad norte del montículo. Pero se puede notar fácilmente que este piso formaba parte de una construcción con elevación de materiales perecederos, cuya entrada estaba marcada al sur (orientada hacia la plaza del conjunto) por un alineamiento hecho con bloques rectangulares de sascab, representando un umbral o el basamento de un pórtico. En la esquina sureste de esta fase constructiva se encuentra un elemento arquitectónico circular, un basamento de mampostería de 0.40 m de altura y 3 m de diámetro, definido provisoriamente como “altar” (Figura 2). En su lado noroeste, en el borde superior, se observan los huesos del parietal de un cráneo de infante, por lo que probablemente contiene un entierro en decúbito dorsal o solamente un cráneo empotrado. Esta etapa ha sido bruscamente desafectada y, sin indicio alguno de fase de abandono o demolición agresiva, fue rellenada, enterrada cuidadosamente bajo un relleno de alrededor de 40-50 cm de grosor formado por tierra, piedras medianas y grandes, arcillas y una enorme cantidad de tiestos cerámicos. Este relleno soportó al menos dos estructuras de materiales perecederos y de probable función habitacional cuyos pisos ya desaparecidos tenían subestructura densa de pedrejones. En el relleno mencionado fueron enterrados al menos 12 individuos en diferentes episodios de inhumación. El material arqueológico ubica el proceso para el Clásico Terminal.

LOS RESTOS HUMANOS

Sin volver a describir los entierros (Ardelean 2006), baste mencionar que ellos corresponden a hombres y mujeres desde la infancia temprana hasta la edad adulta avanzada. No todos han sido recuperados. Los entierros se hacían en fosas bastante estrechas, cavadas en el relleno y algunas veces alcanzando la superficie del piso estucado de la fase anterior. Una vez depositado el cuerpo, éste se cubría con piedras acomodadas a lo largo del cuerpo, a los lados y encima de la cabeza, formando un pequeño túmulo alargado que aparece en la excavación a manera de un pequeño basamento de muro. No tienen casi nada de ofrendas. El esqueleto 1 tenía cerca los restos de una gran olla tipo Chinja Impreso, el esqueleto 2 un cuenco invertido sobre su rostro, quizás del tipo Tumba Negro sobre Naranja del grupo Altar, mientras que el individuo 10 había recibido 12 celtas y preformas de celtas de pedernal a lo largo de su cadáver. Llama la atención el reducido o nulo inventario de los entierros. Por otro lado, la presencia de algunos fragmentos de extremidades dispersas en el relleno, un cráneo solo (núm. 5) y la asociación de dientes infantiles en torno al torso de un esqueleto de adulto mayor sugiere prácticas funerarias que necesitan de especial atención en el futuro.

El estudio de los restos óseos está a cargo de la Dra. Vera Tiesler Blos de la Universidad Autónoma de Yucatán en Mérida, México, por lo que los resultados de los análisis se darán a conocer en el futuro cuando el acervo esquelético haya aumentado y se considere pertinente la difusión de los datos. Por el momento, queda decir que todos presentan patrones de deformación craneal, mutilación dental intencional por limado en distintos patrones visuales, así como indicadores patológicos que remiten a condiciones de vida, esfuerzo y alimentación desfavorables.

EL MATERIAL MALACOLÓGICO

Sin entrar en detalles que requerirían de una extensa discusión, es importante enfatizar sobre todo la concentración de restos de bivalvas comestibles en la cercanía de los entierros, en un área claramente definida, probablemente como efecto del consumo ritual de mariscos en relación con la inhumación de uno o varios de los individuos descubiertos. Aparte de la presencia dispersa de fragmentos de moluscos con función más bien ceremonial como Strombus sp., llama la atención la presencia de ostiones de dos especies: el ostión oceánico del Atlántico (Crassostrea virginica) y el ostión de manglar (Crassostrea rhizophorae), el primero importado y el segundo probablemente local; muchas de las valvas excavadas presentan indicios de exposición prolongada al calor, aunque sin presencia de carbón, por lo que se puede inducir que los ostiones fueron cocinados a las brasas en otro lugar antes de ser consumidos y depositados durante la ceremonia fúnebre.

EL MATERIAL ZOOARQUEOLÓGICO

Es reducida la incidencia de material de origen animal en el registro arqueológico de la excavación y casi nula en superficie. Algunos datos relacionados a este tipo de material merecerían mayor discusión, pero el espacio limitado no deja más que mencionar la especial concentración de pequeños restos óseos de animal en la esquina suroeste de la excavación, proviniendo quizás de desechos de la unidad habitacional tardía y/o de desechos de fases anteriores. Algunos restos son intrusiones tardías o modernas a través de procesos de transformación del contexto. Se cuenta con restos de venado (quizás Odocoileus virginianus), pecarí de collar (Tayassu tajacu), coyote (Canis latrans), alguna especie de felino pequeño, pero también caballo, oveja, lagartijas, ratas, una serpiente y aves pequeñas. El esqueleto 8, probablemente un bebé, presenta tres vértebras de pescado cerca de su codo, quizás a manera de pulsera.

LA LÍTICA

Al igual que en el caso de los otros materiales, no podemos abundar en los detalles y las discusiones de las cuales serían merecedores, por lo que se apuntarán solamente algunos de los aspectos relevantes de la colección lítica del proyecto que en el momento de la redacción de este texto cuenta con 461 piezas. Esta cantidad es el resultado de las cuatro temporadas de campo llevadas a cabo hasta el momento e incluye tanto artefactos terminados como también preformas y algunos fragmentos, lascas y núcleos. Las piezas provienen en su mayoría de la excavación de E27 en El Astillero (50.33%), de la superficie del sitio El Astillero (12.58%), de la superficie de Las Palmitas (12.36%), la superficie de El Chechén (12.14%), superficie de Isla Montuy (10.62%) y solamente unas pocas del grupo El Achotal (1.95%).

La clasificación de las piezas, en la fase que presenta actualmente, dio como resultado 71 unidades taxonómicas, entre tipos y variedades. Se adoptó un enfoque morfo-funcional, es decir se partió de los aspectos formales o morfológicos de los objetos, tomando en cuenta su probable categoría funcional. La mayoría absoluta le pertenece a las hachas bifaciales del tipo de los “celtas”, como era de esperarse, grupo taxonómico que a su vez presenta una diversidad de variedades cuyas diferencias seguramente se basan en funcionalidades distintas. Antes de continuar con la presentación de este material, es importante aclarar que en este grupo no se incluye la obsidiana, la cual recibirá un tratamiento separado. Por el momento, solamente se cuenta con 26 fragmentos de navajas prismáticas delgadas y muy pequeñas, en su mayoría segmentos mediales y procedentes de puntos dispersos en el relleno arquitectónico de la E27.

Se podría hacer una diferenciación entre un material lítico fino y uno de uso común, una distinción sin implicaciones más allá de la sistematización de los datos. En la categoría del material fino se ubicarían las piezas que presentan un alto grado de elaboración, sobre todo las bifaciales delgadas, de las cuales forman parte las piezas interpretadas como cuchillos (Figuras 3 y 4). Sin embargo, su función debió haber sido variada, ya que también podrían ser utilizadas como puntas de lanza, tomando en cuenta que el extremo distal extraordinariamente bien afilado bien podía ser letal como daga o en el extremo de un asta larga. Son puntas pedunculadas y no pedunculadas alargadas, de formas lanceoladas, amigdaloides, cordiformes, ojivales, presentando alto nivel de manufactura, así como indudable valor estético aunado a la alta calidad y variedad de colores de los pedernales empleados. Tales artefactos, una minoría en el conjunto de la muestra, han sido recuperados dispersos en el relleno arquitectónico subyacente a las chozas. No muestran huellas visibles de uso y ello nos remite a las costumbres de ofrendar cuchillos como parte de los ritos de fundación-terminación. Sin embargo, su disposición dispersa no ofrece suficientes indicios para asegurarlo.

Una categoría importante pero reducida en ejemplares la representan las indudables puntas de lanza de guerra, artefactos bifaciales pedunculados que equilibran su peso y fuerza entre un cuerpo corto puntiagudo y un pedúnculo largo y sólido que ofrecía un enmangue estable y resistente a golpes (Figura 5). Su morfología, sobre todo las variables de peso y forma, sugieren a nivel de hipótesis un uso de lanza para combate cuerpo a cuerpo, ya que su efecto letal sería reducido en caso de ser arrojadas. Sólo se cuenta con una punta de flecha de base redondeada y muescas simétricas bilaterales que facilitan su fijación a la varilla.

La categoría abarcadora del material de uso común son artefactos que requieren en menor medida una sofisticación en la elaboración, pero no así menor adaptación a las actividades para las cuales han sido diseñados. Los celtas son artefactos que podían ser utilizados para cortar madera, terrones, caliza suave como sascab, etc. Algunas variedades de celtas son “estranguladas” con la extremidad proximal muy angosta, otros tienen rasgos unifaciales con la cara ventral plana, mientras otros son alargados y angostos. Estas formas sugieren funcionalidades específicas como sería probablemente la carpintería y la producción de canoas. Por fin, una diversidad de tipos se encuentra también en la categoría de los artefactos de uso mecánico directo, sin mediación de mangos, como las manos de piedras de moler (de formas cónicas, cilíndricas, etc.), los machacadores, los percutores, martillos y raspadores-curtidores para cortezas y pieles de animal.

LA CERÁMICA

La mayoría absoluta de la cerámica proviene de la excavación de la E27 de El Astillero, concretamente del relleno arquitectónico que cubre la etapa del piso de caliza y soporta las chozas de material perecedero. Más de diez mil tiestos han sido recuperados de esta unidad estratigráfica de medio metro de profundidad y en su gran mayoría han resultado inútiles para el estudio debido a su tamaño y erosión. Otro aspecto del contexto es la mezcla de tiestos del Preclásico y el Clásico Tardío y Terminal en la misma unidad de deposición, por lo que su potencial inferencial es reducido. La abundancia de cerámica preclásica en excavación y en la superficie de los sitios indica una ocupación obvia y sostenida para esa época; su presencia en el relleno del Clásico Terminal sugiere que ha sido traída con el suelo excavado de algunas partes del asentamiento y empleado por los constructores.

Antes de hablar de vasijas es importante mencionar las figurillas. Sólo se han descubierto tres figurillas antropomorfas, dos de las cuales podrían ser variedades de los tipos Jonuta. Lo que llama la atención es el hallazgo de una pequeña cabeza humana de anciano, sólida e intacta, salvo por un fragmento del tocado, en los niveles clásico terminales del perfil cortado por la maquinaria en la E27 de El Astillero, pudiendo haber estado asociada originalmente a un contexto funerario (Figura 6). La particularidad reside en el estilo de la figurilla, ya que sus más cercanas analogías se encuentran en la cultura Mokaya, es decir en el Preclásico Temprano de la Costa Pacífica de Soconusco (Ceja 1985:86-87). La explicación de su presencia en El Astillero 22 siglos más tarde requerirá de un estudio más profundo.

Las excavaciones han producido solamente dos vasijas intactas o casi intactas. En primer lugar, una gran olla Chinja Impreso que fue depositada en el relleno a espaldas del esqueleto 1 y “matada” con grandes bloques de piedra, aunque su relación directa con el entierro es dudosa. La segunda, en el mismo contexto, es un cuenco abierto hallado en posición invertida cubriendo el rostro del esqueleto 2. Características de la pasta, los restos de engobe anaranjado pálido y de pintura oscura en el borde la ubican tentativamente como variedad de Tumba Negro sobre Naranja, también del Clásico Terminal (Figura 7).

A este periodo pertenece la mayoría de los tiestos recuperados y que conservan suficientes atributos como para inscribirse en algún taxón ya definido. El mayor número de tiestos son variedades de Encanto Estriado, mostrando una amplia variabilidad en el acabado de las estrías. Entre otros tipos, los que aparecen bien representados son: Cambio sin engobe (con algunas variedades), Chinja Impreso, Chaquiste Impreso y tiestos Tres Naciones del grupo Gris fino (Chablekal). De especial importancia son los tiestos de Anaranjada Fina del grupo Balancan, pero también con presencia del grupo Altar. Se cuenta con varios tiestos claramente diagnósticos del tipo Provincia Relieve Plano, Provincia variedad Glífica, así como una variedad esgrafiada-excisa de bajorrelieve (Figura 8). Pero se han descubierto fragmentos que presentan un acabado de superficie espectacular, en altorrelieve, obtenido mediante profundos esgrafiados y excisiones, así como por molde (Figuras 9 y 10). El tamaño de los tiestos no permite interpretaciones iconográficas, pero se observan motivos variados y complejos, así como fragmentos de glifos. Su taxonomía permanece incierta, pero parecen pertenecer a los grupos arriba mencionados.

El Clásico Temprano es pobremente representado por algunos tiestos Triunfo Estriado –Triunfo, Lucha Inciso–, Lucha y probablemente Balanza Negro. De mucho mayor incidencia, en realidad abundantes, son los fragmentos del Preclásico, sobre todo Tardío, como Sierra Rojo, Altamira Acanalado, Repollo Impreso y Polvero Negro. Completando las más de cien unidades taxonómicas cerámicas, muchos otros tiestos sin tipología asignada muestran también características generales de pasta y acabados del Clásico Terminal.

CONCLUSIONES

Las investigaciones sobre la cuenca media del río Candelaria, Campeche se encuentran en una fase incipiente y las problemáticas abordadas requerirán de muchas excavaciones extensivas. Por el momento se puede afirmar, a manera de hipótesis, que la región de los humedales de El Chechén muestra una (re)ocupación Clásica Tardía y Terminal sobre una Preclásica Tardía. La baja densidad demográfica de los asentamientos y su débil crecimiento pueden relacionarse con circunstancias sociales, políticas y económicas derivadas de la complejidad de fenómenos que han definido el final de la época Clásica. La desafectación de la estructura 27 de El Astillero y su reutilización como plataforma para unidades habitacionales de materiales perecederos, aunado a las particularidades contextuales y antropofísicas del complejo de entierros, sugieren la llegada de individuos pertenecientes a segmentos sociales inferiores como efecto de las mutaciones sociales y políticas que caracterizaron el “colapso” en las Tierras Bajas.

REFERENCIAS

Ardelean, Ciprian F.

2005        Proyecto Arqueológico El Chechén, Candelaria, Campeche: resultados de la primera temporada. En Memorias del XIV Encuentro Internacional los Investigadores de la Cultura Maya, 2004. Volumen 13, tomo 1, capítulo 10, pp.121-156. Universidad Autónoma de Campeche, Campeche.

2006        De El Chechén a Kimilna: patrones de asentamiento y funerarios en la cuenca media del Río Candelaria, Campeche. En Memorias del XV Encuentro Internacional los Investigadores de la Cultura Maya 2005. Volumen 14, tomo 1, capítulo 6, pp.57-73. Universidad Autónoma de Campeche, Campeche.

Ceja Tenorio, Jorge F.

1985        Paso de la Amada: An Early Preclassic site in the Soconusco, Chiapas, Mexico. Papers of the New World Archaeological Foundation No. 49. Brigham Young University, Provo.

Ochoa, Lorenzo y Ernesto Vargas

1985        Informe del reconocimiento arqueológico realizado en la cuenca del río Candelaria, Campeche. En Estudios de Cultura Maya XVI. UNAM, México.

Pincemin, Sophia

1993        Remontando el río… Universidad Autónoma de Campeche, Campeche.

Figura 1 Ubicación del área de estudio con los cuatro asentamientos descubiertos en torno a los humedales de El Chechén, sobre el curso medio del río Candelaria, Campeche

Figura 2 Dibujo de planta de la Estructura 27 de El Astillero en la fase “del piso de sascab” mostrando la estructura circular en el sureste, el umbral de bloques de caliza en el sur y el contorno de los entierros en el relleno que cubre esta etapa (tomado de Ardelean 2006:69)

Figura 3 Bifacial fina delgada de tipo cuchillo y/o lanza, tallada en pedernal blanco translúcido, proveniente de la Estructura 27 de El Astillero (escala de 2 cm, dibujo: Jaime Castrellón Esparza)

Figura 4 Variedad lanceolada de cuchillo/lanza, tallada en pedernal de color marón, descubierta en la Estructura 27 de El Astillero (escala de 2 cm, dibujo: Jaime Castrellón Esparza)

Figura 5 Punta de lanza pedunculada de cuerpo corto, tallada en pedernal color gris-amarillo, descubierta en la Estructura 27 de El Astillero (escala de 2 cm, dibujo: Jaime Castrellón Esparza)

Figura 6 Figurilla de cabeza de anciano, de probable filiación Mokaya del Preclásico Temprano en la costa de Soconusco, descubierta en la mitad oriente de la Estructura 27 de El Astillero, perteneciente al último relleno arquitectónico (dibujo: Jaime Castrellón Esparza)

Figura 7 Cuenco del Clásico Terminal descubierto en posición invertida sobre el rostro del Esqueleto 2 en la Estructura 27 de El Astillero (foto: C. Ardelean)

Figura 8 Fragmento de cuenco del grupo Balancan, tipo Provincia, una variedad esgrafiada-excisa, en bajorrelieve, procedente de la Estructura 27, El Astillero (dibujo: Jaime Castrellón Esparza)

Figura 9 Fragmento de cuenco probablemente del grupo Altar, con pasta Anaranjada Fina y engobe café oscuro–ocre, con acabado esgrafiado y exciso profundo que generó registros en relieve (dibujo: Jaime Castrellón Esparza)

Figura 10 Tiesto de Anaranjada Fina probablemente del grupo Balancan, de tipo desconocido, sin engobe, con decoraciones figurativas complejas obtenidas mediante técnica de molde, procedente de la Estructura 27, El Astillero (dibujo: Jaime Castrellón Esparza) 

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