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053 – COMERCIO, INTERCAMBIO DE BIENES Y LA COSTA DEL CARIBE – Zachary Hruby, Griselda Pérez Robles, Melanie Kingsley y Alejandro Gillot – Simposio 22, Año 2008

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Hruby, Zachary, Griselda Pérez Robles, Melanie Kingsley y Alejandro Gillot

2009        Comercio, intercambio de bienes y la Costa del Caribe. En XXII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2008 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.678-686. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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COMERCIO, INTERCAMBIO DE BIENES Y LA COSTA DEL CARIBE

Zachary Hruby

Griselda Pérez Robles

Melanie Kingsley

Alejandro Gillot

ABSTRACT

COMMERCE, INTERCHANGE AND THE CARIBBEAN COAST

Recent reconnaissance in the area between the Motagua and Dulce Rivers has uncovered a variety of architectural styles and settlement patterns that do not clearly fit within the known standards of the Lower Motagua or Classic Maya sites. Preliminary reconnaissance carried out by the Proyecto Costa del Caribe fill some of the key lacunae in our understanding of the Classic Maya frontier of the southeastern lowlands and the organization of sea, river, and land trade during the Late Classic period. Such data are particularly interesting considering the little that is known with respect to the mode of interaction between the ethnically isolated political entities of Copan and Quirigua and those located in the heart of the Maya Lowlands.

Mucha tinta se ha derramado tratando de describir la importancia del intercambio, el control de éste y el intercambio de bienes de élite como el jade y las plumas de quetzal en el antiguo mundo Maya, pero no se le ha puesto suficiente atención a:

  • Los auténticos mecanismos de intercambio a escala individual y entre entidades políticas (opuestos a los modelos de intercambio que siguen el rastro del movimiento de bienes.
  • Cómo se consiguió el control del intercambio, si acaso se logró.
  • La forma en que se desarrolló la extracción de materia prima y la producción de bienes de intercambio.

En otras palabras, tenemos información acerca de la ubicación de las fuentes, las áreas de producción primarias y los grandes sitios consumidores en las Tierras Bajas Mayas, pero se conoce muy poco sobre los sitios intermedios que conectan las Tierras Bajas Mayas con el Altiplano y el valle del río Motagua al este de Guatemala. El Proyecto Cancuen ha llenado muchas de las lagunas en el conocimiento de la interacción entre el Altiplano y las Tierras Bajas Mayas; sin embargo, hace falta profundizar en los estudios del este de Guatemala, en las áreas de Jalapa, Zacapa, Alta Verapaz, El Progreso e Izabal, regiones donde se ubican las fuentes geológicas de obsidiana, piedra verde, jade y plumas de quetzal, así como la zona en la que convergen los ríos Motagua y Dulce con la Costa del Caribe, principales rutas de comercio marítimo y fluvial desde la época precolombina hasta el periodo de contacto, sin mencionar la época actual.

LA ANTIGUA ECONOMÍA MAYA

Intercambio entre individuos, regalos y presentaciones en eventos festivos e intercambio a larga distancia, son formas poderosas de conceptualizar las relaciones económicas en la sociedad Maya antigua. Varias formas de intercambio recíproco han sido formuladas por McAnany (1993) y otros (Masson y Freidel 2002; Mauss 1990; Godelier 1999); el rol del sistema del mercado en las teorías económicas de intercambio (Sabloff 1975) ha tomado un reciente impulso gracias a los murales de Calakmul, aunque siguen dejando vacíos en nuestro conocimiento de los tipos de intercambio socioeconómico.

En particular, se sabe poco respecto a: (1) cómo fue la extracción de materia prima en las fuentes; (2) cuál fue el desarrollo de las etapas de producción en relación con la riqueza y el prestigio; y (3) cuánto cambiaba el valor de los objetos, no sólo en base a la distancia geográfica de la fuente, sino también de acuerdo al contexto social. De hecho, el contexto social de la actividad de producción podría ser un elemento clave en la determinación del valor.

Por momentos, es más fácil conceptualizar el intercambio interpersonal en las Tierras Bajas Mayas que en otros lugares, ya que los artistas y artesanos del periodo Clásico a menudo producían objetos únicos y personalizados, de los cuales los más elaborados poseían hasta firmas. Por otro lado, también es fácil conceptualizar el intercambio a larga distancia de objetos como núcleos de obsidiana, plumas de quetzal o nódulos de jade, porque dicha materia prima no refleja el conocimiento esotérico ritual de la élite. Nosotros proponemos que la extracción de materia prima a gran escala, y la producción masiva de bienes de prestigio de valor moderado, pudo haber sido parte de un esfuerzo comunitario en la parte este de Guatemala, así como pudo haber ocurrido en las grandes fuentes de pedernal de las Tierras Bajas Mayas.

En un estudio reciente de fuentes primarias de jade en Jalapa y Zacapa llevado a cabo por Taube, Hruby y Romero (2004), se encontró que solamente arquitectura modesta se encontraba asociada con extracción y reducción inicial de la materia prima más valiosa de Mesoamérica durante el periodo Clásico. Sitios de características elaboradas, arquitectura de élite y grandes montículos, como Guaytán o La Vega del Cobán, entre otros, presentaron más evidencia de las etapas finales de producción de hachas, manufactura de cuentas, tabletas de jade, e incisiones con caña en motivos básicos, sin mencionar la producción a gran escala de lascas de obsidiana y navajas.

Estos bienes de jade fueron producidos en masa y, de acuerdo al trabajo de Rochette, Walters, y Romero, probablemente a una escala comunal. Es importante notar que los sitios del valle del Motagua Medio y Bajo, y sus montañas circundantes (que constituyen un área geográfica casi del tamaño del centro de Petén) no presentan arquitectura, patrones de distribución o escultura al estilo Maya clásico. Este patrón también se ve reflejado en el tipo de bienes de jade tallado que se produjeron en esos sitios; mientras las imágenes básicas del dios del maíz, cocodrilos y otros símbolos comunes eran tallados en jade usando la técnica de perforación con caña, su producción no requería de los conocimientos esotéricos religiosos o de escritura, necesarios para producir los jades y diademas clásicos de la cultura Maya. Los jades perforados con caña pudieron haber sido producidos de forma masiva y comercializados en grandes cantidades y, en efecto, esta clase de bienes de jade se encuentra en cada rincón de Mesoamérica, desde el Valle de Oaxaca hasta Veracruz, el centro de México y Teotihuacán.

Esta caracterización en la producción de bienes de jade y obsidiana para el Motagua contrasta ampliamente con el tipo de producción descrito para Cancuen y otros centros de las Tierras Bajas Mayas. A diferencia de la producción a gran escala de jades pulidos de manufactura relativamente rápida, Kovacevich (2007) ha argumentado que muchos objetos de exquisita calidad, también fueron producidos en los talleres de jade de Cancuen. Esto no quiere decir solamente que Cancuen produjo cuentas de jade a gran escala, sino que la escala de producción fue mucho menor que la de los sitios del Motagua, y ciertamente mucho más pequeña que la producción combinada del Motagua Medio.

La organización de la producción Maya durante el periodo Clásico puede ser mejor definida en el término de oficio. Como se propuso para Piedras Negras (Hruby 2006), maestros y aprendices productores de objetos estaban formados de manera horizontal pero con una estructura jerárquica interna que brindó unidad a los artesanos en el sentido de la estructura del oficio como un gremio o asociación; este es un sistema ocupacional de organización con implicaciones para la formación individual y social. Esta clase de organización en la producción debe haber contribuido a incrementar el valor del individualismo en la producción de objetos durante el Clásico Maya.

Tales patrones de producción de artefactos, así como las evidencias arquitectónicas, nos obligan a preguntarnos si las culturas del Motagua eran étnicamente Mayas o no. Tal pregunta no puede ser respondida en este momento, pero el punto es más bien que las culturas del Motagua son distintas, y pudieron no haber tenido acceso, no haber valorado los mismos productos o no manejar el conocimiento religioso aparentemente controlado por la élite del Clásico Maya. Evidencia de esto puede ser vista en escondites y entierros del Motagua, en los cuales parece que cantidades masivas de núcleos de agotamiento y lascas de obsidiana fueron los objetos de riqueza deseados, sin ser una sombra de los objetos con inscripciones jeroglíficas y los excéntricos de obsidiana valorados por los Mayas de las Tierras Bajas. Entre muchas posibilidades se puede mencionar que (1) las culturas del Motagua valoraban la expresión Maya del Clásico, pero estaban limitadas al acceso de los productos terminados o a ceremonias político-religiosas, o (2) que los Mayas del Clásico y las culturas del Motagua pudieron haber valorado cosas muy diferentes o al menos de forma diferente, y recibieron alguna comodidad aún desconocida en el intercambio de jade y bienes de obsidiana. En cualquier caso, fue esta relación la que permitió la existencia de las entidades políticas satélite de Copan y Quirigua, que encontraron gran éxito económico en el medio de un verdadero mar de personas no Mayas durante el Clásico.

GEOGRAFÍA

Mientras que los sitios del Motagua Alto y Medio asociados con la producción de bienes de jade y obsidiana son distintos, también lo son Quirigua y los del Motagua Bajo. Sitios del Motagua Medio y Bajo descritos por Schortman y Nakamura (1991) comparten muchas características con aquellos del oeste de Honduras. El año pasado se propuso como una hipótesis, que sitios registrados en la región del Lago de Izabal por Bronson y Flores (1993) representan una extensión del complejo cultural del oeste de Honduras descrito por Canuto y Bell (2003) y Nakamura y Schortman (1991), que alcanza hasta el norte del río Dulce, el sur de la frontera beliceña y posiblemente más allá del oeste del valle del Polochic. Mientras que los sitios no Mayas del Clásico, o al menos esos que reflejan algo de la influencia de Copan, son con frecuencia atribuidos a un grupo predecesor de los Lenka, nosotros usamos el término “Tradición del Motagua Medio” puesto que la afiliación étnica no es clara hasta hoy.

El punto es que la arquitectura y los patrones culturales no-Mayas del Clásico dominan el paisaje de Izabal y Zacapa, y que Copan y Quirigua están literalmente circundados por sitios no Mayas del Clásico por unos 60-100 km a la redonda. La respuesta obvia a la pregunta de por qué esas dos entidades políticas estaban localizados a tal distancia del corazón Maya del Clásico es que ellos estaban extrayendo bienes de intercambio de la periferia sureste y este de Guatemala, siendo poco claro cómo movilizaron tales bienes hacia las Tierras Bajas Mayas y cuáles fueron los mecanismos socioeconómicos.

Canuto y Bell (2003) han propuesto que Copan y Quirigua estaban en contacto cercano y eran sólidos socios en el intercambio conectado por el Valle La Entrada, al norte de Copan (Canuto et al. 2002). Basado en la existencia de escultura y arquitectura de estilo copaneco, ellos proponen que la ruta norte de intercambio de Copan cambió, y que comenzó a mover bienes más directamente a través de la zona baja del Motagua Medio. Asimismo, notan la similitud en los estilos arquitectónicos entre esos sitios intermedios y aquellos del valle del Motagua; sin embargo, para probar tales hipótesis y comprender cómo los bienes fueron realmente movidos fuera de la periferia sureste hacia las Tierras Bajas Mayas, es necesario un examen detallado del asentamiento en la región costera y el noreste de Izabal.

CERRO AZUL

En el 2007, el PCC condujo un reconocimiento vehicular y a pie por el paso suroeste de las Montañas del Mico, examinando la posibilidad de una ruta norteña de comercio a través de la región baja del Motagua Medio (Hruby et al. 2008). Aunque es posible que ambos, Quirigua y Copan, utilizaran la ruta del Motagua para llegar a la costa caribeña, la distancia más corta para viajar es a través del río y sobre esas montañas (Figura 1). Allí se registró el sitio denominado Cerro Azul, que se localiza más bien en las cordilleras y cimas de las montañas que conforman la ruta más corta hacia el lago de Izabal y el río Dulce.

Generalmente hablando, Cerro Azul puede ser descrito como un pequeño a mediano centro cívico ceremonial. Exceptuando el grupo A, la distribución de estructuras y plazas en el sitio es dispersa y parece localizarse en las áreas más planas alrededor del centro. Cada uno de los grupos subsidiarios se localiza cerca de las fuentes de agua o de una clara vista del valle en las cordilleras y parecen haber sido de naturaleza residencial, pero construidos de varios tamaños y calidad en donde puede reflejarse la diferencia de status. La mayoría, si no todos los grupos, se localizan en posiciones altamente defensivas que permitieron a los ocupantes ver a los intrusos o visitantes desde largas distancias, y tener un panorama ventajoso del río Motagua.

El Grupo A, localizado cerca de 250 msnm, es el más grande en el sitio y posee la estructura más alta y más larga del área. La organización básica de las estructuras en este grupo es una plaza rectangular encabezada por una estructura de alto rango, flanqueada por un grupo de cuatro montículos al norte y una plaza adicional separada por montículos bajos complementarios. Aunque raro entre los sitios del Motagua Medio, un edificio ubicado abajo de la plaza principal puede haber funcionado como juego de pelota, una estructura frecuentemente asociada con rituales festivos en otros contextos mesoamericanos (Fox 1991).

Nosotros proponemos que este sitio fue construido específicamente durante el Clásico Tardío para facilitar el intercambio vía terrestre hacia el lago de Izabal y el río Dulce. El grupo de la plaza principal fue construido como para entretener a los comerciantes que pasaban por el camino.

Ninguna excavación ha sido llevada a cabo aún; sin embargo, la recolección de superficie indica que el sitio no tuvo mucho acceso a navajas prismáticas de obsidiana o a cerámica policroma; en cambio, la reducción de pequeños nódulos de obsidiana así como de lascas de núcleos parece ser normal. Este posible patrón en los artefactos nos hace reflexionar respecto a qué pudo haber estado ganando la elite de Cerro Azul con el paso de comerciantes a través de su territorio. Sólo futuras excavaciones pueden responder tales preguntas.

MIRAMAR

A diferencia de esta ruta norte a río Dulce y las Tierras Bajas Mayas, suponemos junto con Sharer y Schortman (1993), que Quirigua cruzaba las montañas más al sur por el paso de Mariscos. Tal paso añade un elemento marítimo a las posibles estrategias de comercio de Quirigua y Copan, cuando sus lazos políticos eran amistosos (Figura 2).

La pregunta es ¿por dónde movía Quirigua sus bienes de comercio hacia el norte? Dado que las montañas directamente al otro lado del lago son masivas, difíciles de pasar y posiblemente sujetas a una fácil obligación tributaria, parece más probable que ellos se movieron por canoa atravesando el lago de Izabal y río abajo por el río Dulce, o hacia sus fuentes por tierra hacia el norte y a través del paso al sur de Petén. Ciertamente ambas rutas pudieron haber sido explotadas simultáneamente, pero enfocándonos en el aspecto marítimo y fluvial de este intercambio, argumentamos que los comerciantes de Quirigua y Copan estaban entre los pioneros del comercio marítimo, pudiendo ser el sitio de Miramar su punto de salida deseado.

En nuestra breve investigación de Miramar volvimos a dibujar el fragmento de estela ubicado en la escuela local y se investigó un corte fresco en uno de los montículos ubicado en el centro del pueblo. Allí se recuperaron fragmentos de jade, navajas prismáticas y cerámica policroma, objetos ausentes por completo en otros sitios al este de la región de Izabal. El fragmento de estela revela un personaje con tocado al estilo de Copan, probablemente sosteniendo un emblema pop (Figura 3). Estos elementos por sí solos no comprueban la existencia de lazos familiares o políticos directos a Copan o Quirigua, pero dada la ubicación estratégica de Miramar, en la porción más restringida del río Dulce, habría sido de interés para estas entidades políticas al explotar el comercio marítimo, cortando más de 100 km de una ruta directa entre Quirigua y las Tierras Bajas Mayas.

De hecho, la mayoría de sitios en el área sur de Belice revelan lazos estilísticos y, algunos argumentan lazos epigráficos con la periferia sureste (Wanyerka 2004). Por su parte, Braswell ha contradicho que todas las posibles referencias glíficas de Pusilha son erróneas y que la carencia de estilos cerámicos de Copan y Quirigua, así como particularmente la falta de obsidiana de Ixtepeque en Pusilha, argumenta a favor que no hubo contacto entre dichas entidades políticas (Geoffrey Braswell, comunicación personal 2008). Aún así, posibles referencias glíficas y la plétora de similitudes estilísticas y esculturales entre Lubaantun, Nim Li Punit, Pusilha y ahora Miramar, sugieren que hubo alguna transferencia de rasgos culturales entre todos estos sitios y la periferia sureste.

Sospechamos que Copan y Quirigua tenían en mente mayores intereses, intentando controlar el comercio marítimo en el lado este de la península de Yucatán, moviendo grandes cantidades de artículos de jade producidos en masa del Motagua medio, núcleos de obsidiana de El Chayal, cacao, plumas de quetzal y otros artículos de riqueza del valle del río Motagua. Quizá, de acuerdo a posibles conexiones dinásticas reveladas por David Stuart con Caracol, la meta del intercambio por tierra era Caracol, mientras Altun Ha fue una meta importante fuera de la región de la bahía de Amatique.

Mientras Braswell argumenta que la carencia de obsidiana de Ixtepeque demuestra la falta de conexiones socio-económicas con Copan y Quirigua, quisiéramos señalar que la obsidiana de Ixtepeque es rara en todos los sitios de las Tierras Bajas durante el periodo Clásico, con la excepción de Copan, Quirigua y los sitios subsidiarios de Copan como vecinos inmediatos. En nuestro reconocimiento, por ejemplo, no encontramos obsidiana de Ixtepeque en ninguno de los sitios de Izabal y del Motagua medio, con la excepción de Miramar. La obsidiana de Ixtepeque es tan rara como la obsidiana verde de Pachuca del centro de México, por todas las Tierras Bajas. En otras palabras, creemos que la obsidiana de Ixtepeque fue controlada de forma rigurosa por la élite de Copan y Quirigua, fue usada para concretizar y fortalecer vínculos políticos locales y pudo haber sido restringida para elevar este material a un bien de prestigio.

Para probar esta hipótesis necesitaremos un análisis detallado del material de Quirigua y Miramar, así como un reconocimiento más lejano en la porción de tierra entre el río Dulce y el río Sarstún, en donde se ha localizado un pequeño sitio subsidiario en la desembocadura del río, así como la posibilidad de un sitio de mayor dimensión tierra adentro, que se encuentra bastante saqueado. Es absolutamente necesario un futuro reconocimiento para comprender estos intervalos finales de conocimiento entre Miramar y el resto de los sitios del sur de Belice. Es posible que este sitio sea solamente otro centro no Maya clásico que explotaba el comercio subsidiario fluvial y terrestre; sin embargo, éste también puede ser un centro Maya clásico responsable de supervisar el principio de la ruta de comercio por tierra en el borde de la frontera entre las tierras no Mayas y el corazón de la cultura Maya Clásica.

REFERENCIAS

Bronson, Richard y Mario Flores

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Wanyerka, Phil

2004        Classic Maya political organization: epigraphic evidence of Macro-political organization in Southern Belize and adjacent Southeastern Guatemala. Tesis Doctoral. Department of Anthropology, Southern Illinois University, Carbondale.

Figura 1

Figura 2

Figura 3 

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