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043 – UN REENCUENTRO CON CHIAPA DE CORZO: RESCATANDO Y AUMENTANDO LOS DATOS DE UN CENTRO MAYOR MESOAMERICANO – Bruce R. Bachand, Lynneth S. Lowe y Emiliano Gallaga Murrieta – Simposio 22, Año 2008

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Bachand, Bruce R., Lynneth S. Lowe y Emiliano Gallaga Murrieta

2009        Un reencuentro con Chiapa de Corzo: Rescatando y aumentando los datos de un centro mayor Mesoamericano. En XXII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2008 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.546-561. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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UN REENCUENTRO CON CHIAPA DE CORZO: RESCATANDO Y AUMENTANDO LOS DATOS DE UN CENTRO MAYOR MESOAMERICANO

Bruce R. Bachand

Lynneth S. Lowe

Emiliano Gallaga Murrieta

Brigham Young University, Universidad Nacional Autónoma de México, y Centro INAH-Chiapas

ABSTRACT

REVISITING CHIAPA DE CORZO:

RECOVERING AND INCREASING THE DATA FROM A GREAT MESOAMERICAN CENTER

From excavations carried out in the 1950s to 1960, the archaeological site of Chiapa de Corzo has become a central point for reconstructing the cultural history of southern Mesoamerica. In spite of this, some original analyses and investigations were not finalized or completely published. The current research project was designed precisely to recover this ancient stratigraphic information and also to broaden our understanding on key locations in the central part of Chiapa de Corzo. In this work we will present the findings of the 2008 field season and review their relevance for confirming or modifying our understanding of this center.

Chiapa de Corzo constituye un centro arqueológico clave del cual procede una parte fundamental de nuestro conocimiento de Mesoamérica, específicamente en lo que refiere al periodo Formativo. Fue una activa comunidad en épocas antiguas y fungió como intermediaria cultural entre las civilizaciones Olmeca y Maya. La secuencia ocupacional de 3000 años del sitio, una de las más largas en la región, sigue siendo utilizada como base para ordenar y relacionar cronologías culturales a lo largo del sur de México y América Central.

El sitio ostenta una de las mayores muestras de entierros del periodo Formativo, tal vez sólo superada en cantidad por Tlatilco. Además, posee abundante evidencia de una época poco conocida como es el Protoclásico, junto con un cementerio único del Formativo Tardío. La fragmentada Estela 2, descubierta bajo el Montículo 5b, muestra la fecha más antigua de Cuenta Larga hallada hasta el momento en Mesoamérica con una fecha de 36 años AC. Aunque la ocupación de Chiapa de Corzo fue menor durante el periodo Clásico, la región circundante creció y eventualmente floreció como la capital Postclásica de los chiapanecos antes de la Conquista Española.

En la actualidad, el sitio arqueológico se encuentra dividido en numerosas propiedades públicas y privadas, y ha sido cubierto por extensos asentamientos habitacionales modernos y construcciones comerciales (Figura 1). Notablemente, algunos de los mayores montículos del sitio permanecen en gran medida sin ser afectados por las intrusiones modernas.

Tal como se ha señalado, la secuencia cerámica de Chiapa de Corzo ha constituido el punto de partida de muchos de los proyectos arqueológicos llevados a cabo en el centro y occidente de Chiapas a partir de los años cincuenta. A pesar de su valor científico, nunca se ha publicado un resultado completo del análisis cerámico desarrollado a partir de casi dos millones de tiestos y varios miles de vasijas recuperados durante las exploraciones del sitio. Los límites y duración de las fases cerámicas de Chiapa de Corzo fueron establecidos a partir de sólo seis muestras de radiocarbono. Tales muestras proporcionaron ocho fechas pre-AMS que corresponden a cinco de las diez fases del sitio (Dixon 1959: 41; Lowe y Mason 1965).

Las mayores trincheras estratigráficas excavadas en Chiapa de Corzo en aquellos años nunca fueron ampliamente descritas o publicadas, a pesar de que diversas inferencias fundamentales acerca de la historia del sitio se originaron a partir de los datos procedentes de dichas exploraciones. Una de ellas, la Trinchera A-100, se localizó en la parte posterior de la Estructura 1, y la otra, denominada Trinchera A-121, se extendía a través de la plaza principal entre las Estructuras 4c y 5.

Nuestro objetivo central en la Temporada 2008 consistió en recuperar la mayor cantidad posible de información de tales excavaciones. También planteamos la necesidad de obtener una mejor comprensión de otras secciones que no habían sido investigadas adecuadamente. Tal es el caso de la plaza del Montículo 11 (Área C), que nunca había sido explorada hasta el presente proyecto.

RECUPERANDO LA INFORMACIÓN

La aclaración de la secuencia arqueológica del sitio fue lograda en gran parte, gracias a la liberación, reexaminación y expansión de las Trincheras A-100 y A-121 ya mencionadas. Su localización fue estimada a partir del estudio de fotografías aéreas de la época y de los registros de campo originales. Para ello, se excavaron calas transversales someras sobre las ubicaciones supuestas con el fin de detectar los antiguos límites de las trincheras. Una vez logrado esto, el relleno secundario fue retirado en forma manual para exponer los perfiles que fueron entonces rectificados, limpiados y registrados adecuadamente, los artefactos procedentes de la limpieza ayudaron a aclarar la secuencia estratigráfica. Ya con la estratigrafía registrada y mejor entendida, se iniciaron nuevas excavaciones en zonas seleccionadas a lo largo de los perfiles de las trincheras y en zonas circundantes.

Las nuevas exploraciones proporcionaron la oportunidad de practicar acciones que no se habían realizado con anterioridad -tales como la excavación por medio de capas naturales, la recolección de suelos para flotación y análisis geológicos, la obtención de muestras cribadas de obsidiana, pedernal, hueso y otros materiales, así como de muestras bien controladas para fechar por Carbono 14. Los sondeos practicados en los alrededores de la plaza sirvieron para conformar una imagen espacial más amplia de la plaza en diversos periodos cronológicos.

TRINCHERA A-100

El propósito principal de nuestras exploraciones en la parte posterior de la Estructura 1 consistió en localizar y re-excavar una parte de la antigua Trinchera A-100, investigada originalmente por Carlos Navarrete en 1959 (Lowe 1962:37) con el fin de realizar un adecuado registro de su estratigrafía, y obtener también una muestra representativa de los materiales arqueológicos. Asimismo, se practicaron excavaciones adicionales en la zona circundante con la intención de conocer mejor los procesos de deposición y la cronología de la orilla sur de la gran plataforma que sostiene la plaza principal del sitio.

En el momento de su excavación original, la Trinchera A-100 constituyó una exploración de impresionantes dimensiones, ya que medía 44 m de largo por 4 m de ancho, y corría en forma perpendicular a la Estructura 1, descendiendo por la barranca que forma el límite sur de la meseta (Figura 2). Aunque los resultados nunca fueron publicados en detalle, revisten una importancia fundamental para comprender la historia constructiva de esta sección central del sitio. En esta temporada se re-excavó una sección de 8 m de longitud, retirando el relleno secundario para liberar los perfiles de la antigua trinchera y explorar además algunas extensiones adyacentes a la misma.

Los perfiles mostraron una compleja estratigrafía formada por gruesas capas de relleno de diversos tipos, fundamentalmente grandes rocas, arcillas de colores y arena de río, lo cual refleja la presencia de una importante actividad deposicional en esta sección del sitio, aparentemente con fines de nivelación del terreno. Los estratos estériles fueron alcanzados entre 5.30 m y 5.50 m por debajo de la superficie (Figura 3).

En términos generales, por encima de los niveles naturales (Estratos 13 y 14) se aprecia un grueso relleno formado por grandes rocas irregulares con arcilla negra y arena (Estratos 10 y 12) que incluía algunos tiestos, todos de la fase Cotorra o Chiapa I, correspondiente al Formativo Temprano, además, de los restos de un piso de arcilla quemada (Estrato 13). Por encima de este relleno fueron colocadas diversas capas de arena de río y arcilla negra y amarilla (Estratos 3-9), cuyos materiales pertenecen en su mayoría a la fase Chiapa I, con escasos ejemplos de cerámica Escalera o Chiapa III, correspondiente a la parte final del Formativo Medio.

La presencia de tales materiales parece indicar que el relleno fue trasladado en esa época desde otra zona del sitio con ocupación primaria del Formativo Temprano, con fines de nivelación, lo cual concuerda con las observaciones realizadas durante la excavación de la trinchera original (Lowe 1960: 7). Los últimos episodios de deposición se manifiestan en un estrato de arcilla café (Estrato 2) que incluía materiales mezclados de diversas épocas y algunos elementos arquitectónicos consistentes en alineamientos de piedra y plataformas bajas de piedra burda careada, que corresponden a la fase Horcones (Chiapa VI) del periodo Protoclásico. Tal nivelación corresponde a la última época constructiva del gran basamento de la Estructura 1 en su costado sur.

Otras unidades excavadas al este de la trinchera (Unidades 2 y 5) confirmaron la estratigrafía previamente registrada y además, permitieron localizar el límite original de la antigua plataforma natural de esta meseta o terraza, consistente en una laja delgada de piedra caliza cubierta por un grueso estrato estéril limo arenoso amarillo. Asimismo, los niveles inferiores proporcionaron una muestra representativa de cerámica Chiapa I, incluyendo fragmentos de cuencos ahumados de paredes rectas, con bordes engrosados y engobe de hematita roja al exterior, así como tecomates y vasijas con engobe blanco. Los análisis de radiocarbono de las muestras aquí obtenidas permitirán obtener un contexto cronológico mejor definido para tales contextos.

TRINCHERA A-121

La Trinchera A-121 fue excavada por el arqueólogo Bruce Warren en 1956 al centro de la plaza central del sitio, entre los Montículos 4c y 5 con el fin de obtener mayores datos acerca de la secuencia cerámica local (Figura 2). Fue excavada de acuerdo con el sistema de unidades y muros testigos intermedios propuesto originalmente por Sir Mortimer Wheeler (1954), aunque no existe ninguna foto o dibujo de la estratigrafía encontrada. La trinchera medía entre 6 y 7 m de ancho, de 1.50 a 2.50 m de profundidad y de 45 a 50 m de longitud; considerando sus extraordinarias dimensiones, decidimos exponer solamente su perfil norte.

Para ello, se excavaron tres calas transversales a lo largo de la posición supuesta para la trinchera, y una vez ubicada con exactitud y delineado un perfil adecuado de la misma, se procedió a retirar el antiguo relleno con el fin de exponer un segmento de 40 m de largo de la excavación original. En el proceso de rectificación y limpieza del perfil norte de la misma, encontramos depósitos culturales no perturbados que variaban en fechas desde el Formativo Medio Temprano hasta el Clásico Temprano. Con tal información, fue posible obtener muestras estratigráficas y de radiocarbono controladas a lo largo de todo el corte.

En la Trinchera A-121 fueron registrados catorce niveles estratigráficos (Figura 3). La evidencia obtenida en los pozos de sondeo en los alrededores indica que la plaza del Cuadrante Suroeste fue modificada fundamentalmente durante tres fases de ocupación cultural: Dili (Formativo Medio Temprano), Francesa (Formativo Tardío) y Jiquipilas (Clásico Temprano). Es decir, algunas de las fases representadas en los edificios circundantes no resultan evidentes en la plaza; entre ellas, las que pertenecen a la fase Escalera del Formativo Medio Tardío y la de Guanacaste, Horcones e Istmo del periodo Protoclásico.

La fase Dili (1000-600/550 AC) estuvo representada por un gran depósito de basura que rellenaba una depresión de la roca madre en el centro de la plaza. En dichos niveles se halló abundante cerámica, figurillas, carbón, piedra tallada, concha y huesos de animales. También se identificó un muro de piedras y un apisonado de barro delimitado con cantos de río encima de este basurero, que fueron cubiertos a su vez por un segundo depósito de desechos de la fase Dili. Entre los materiales hallados en este último contexto se incluía un sello cilíndrico sólido (Figura 4c). Es posible que estos alineamientos de piedra tuviesen un carácter doméstico pero la excavación fue demasiado limitada para poder determinar su naturaleza.

En el nivel subsiguiente de la fase Francesa (450-250 AC) se encontraron nueve entierros primarios, en conjunto con los 27 entierros de esta fase excavados en 1956 como parte de la Trinchera A-121, esto contribuye a sustentar la idea de Warren en el sentido de que la plaza funcionaba como un cementerio durante los tiempos del Formativo Tardío. Todos los entierros eran de tipo directo y carecían de cistas o tumbas formales y estaban acompañados por vasijas monocromas de silueta compuesta sin ningún tipo de ornamentos. Los individuos eran de edades diversas.

En algunos casos era evidente que algunos huesos fueron removidos post-mortem e in situ, aunque no fue posible observar indicios en la estratigrafía de perturbación o remoción en las tumbas. También se encontraron algunos cráneos humanos aislados. Los entierros estaban colocados en una matriz de suelo muy uniforme que contenía abundantes desechos de la fase Francesa. La historia deposicional y carácter de tales enterramientos necesitan aún más estudios para su mejor comprensión.

Por encima de este nivel funerario, se encontró un estrato que debe haber estado asociado a las construcciones protoclásicas de los Montículos 1 y 5. Tal estrato, sin embargo, era prácticamente idéntico en color, textura, dureza y aún en contenido cerámico, al nivel subyacente de la fase Francesa. De aquí fue recuperado un fragmento de sello plano con diseño glífico (Figura 4b).

El último nivel cultural de la trinchera consistía en un suelo orgánico, de 40 a 50 cm de grosor, correspondiente a la fase Jiquipilas del Clásico Temprano. Tal nivel estuvo presente en todos los sondeos de la plaza, y su creación parece haber representado un importante esfuerzo comunal; en muchos lugares se encuentra recubriendo un empedrado previo de cantos de río. Su función no resulta clara, pero existe la posibilidad de que la plaza hubiese tenido algún tipo de utilidad agrícola en aquel momento.

NUEVOS HALLAZGOS

Las excavaciones de sondeo efectuadas durante la temporada en otros lugares del sitio, aportaron diversos hallazgos relevantes especialmente en lo que se refiere a la ocupación del Formativo Medio. Se obtuvieron evidencias de la presencia de un cuerpo de agua, posiblemente un estanque perenne cerca de la Trinchera A-121 en la plaza del Cuadrante Suroeste, y también se encontró un pozo de basura de la misma época detrás de la Estructura 1. Finalmente, a los pies del Montículo 11 fue localizada una ofrenda que contenía más de 120 hachas rituales, e incluía otros objetos que indican relaciones con los Olmecas de la Costa del Golfo y parecen fecharse estilísticamente hacia los inicios de la fase Escalera (ca. 600 AC).

EL CUERPO DE AGUA DE LA PLAZA DEL CUADRANTE SUROESTE

Uno de los descubrimientos más interesantes fue un elemento que carecía de artefactos localizado a unos 15 m al norte de la Trinchera A-121. En el centro de la plaza (Unidad 10), se localizó un estrato denso de arcilla húmeda negruzca directamente por debajo del nivel de la fase Francesa del Formativo Tardío. Dicho estrato continuaba por 1.50 m hasta llegar al estrato de limo suave estéril. La arcilla también resultó ser estéril, era idéntica en color, dureza y textura a la que se encontraba como relleno en la depresión hallada al centro de la Trinchera A-121, y fue fechada hacia los inicios de la fase Dili.

El mismo tipo de arcilla fue identificada 30 m al norte, en la Unidad 4, en una depresión que fue considerada por los investigadores originales como el remanente final de un pantano o un área de acumulación de agua previa a la fase Francesa (Lowe 1962: 36). De igual forma, tal elemento era estéril y tenía de 1.50 a 2 m de profundidad.

Las excavaciones de este año pudieron confirmar entonces que efectivamente existió un gran cuerpo de agua durante las fases Dili y Escalera. Diversos sondeos efectuados en la plaza y el perfil de la Trinchera A-121 muestran que tal elemento se extendía desde la esquina suroeste de la Estructura 7 hacia el norte, cerca de la parte media de la Trinchera A-121, un área que corresponde al centro mismo de la plaza principal, aparentemente varias construcciones de la fase Dili bordeaban la orilla sur del mismo. Posteriormente, el pantano fue rellenado, creando la base de lo que sería la zona de enterramientos durante el Formativo Tardío.

EL BASURERO DEL FORMATIVO MEDIO

Al practicar excavaciones adicionales de sondeo cerca de la esquina sureste del basamento del Montículo 1, se descubrió la esquina de una pequeña plataforma de finales del Formativo Tardío o inicios del Protoclásico, y a un nivel ligeramente inferior, aparecieron dos entierros correspondientes a la fase Francesa del Preclásico Tardío, cuyo único ajuar funerario consistía en vasijas de silueta compuesta, en concordancia con las costumbres de la época.

Posteriormente, al profundizar en este sector, se identificó la presencia de un pozo de basura correspondiente a la fase Dili del Formativo Medio, que fue cavado directamente al interior del estrato estéril de talpetate amarillo hasta llegar a la roca madre (Figura 5). El basurero tenía forma ovalada, y parecía como una intrusión de tierra café oscura, con abundantes materiales arqueológicos. Sus dimensiones eran 2.70 m de largo por 1.50 m de ancho, y casi un metro de profundidad. En el fondo, cerca de su parte central, fue posible observar una ligera depresión circular sobre la superficie de la roca madre, que pudo haber sido producida por una coa o instrumento puntiagudo al momento de su excavación original.

El basurero fue subdividido en cuatro niveles arbitrarios de 20 cm cada uno para llevar un mejor control de los materiales durante la excavación. Su contenido era bastante homogéneo, e incluía abundantes fragmentos de cerámica, tejos, carbón, varios fragmentos de figurillas zoomorfas y antropomorfas, algunos huesos de animales, almejas y un ornamento de concha. En la parte baja del basurero se recuperaron los fragmentos (algunos de ellos quemados) de una figurilla hueca de tipo baby-face, elaborada en cerámica de color mate con engobe crema, que pudo ser parcialmente restaurada aunque faltaba la cabeza (Figura 5). Por las características de la pasta y el desgrasante parece tratarse de una pieza de manufactura local, aunque su estilo se inscribe dentro de los cánones de la tradición Olmeca.

El análisis preliminar de la cerámica recuperada indica que correspondía en su totalidad a la fase Dili (Chiapa II) del Formativo Medio. Incluye abundantes fragmentos de cuencos y platos de color mate, gris y negro, varios de ellos con la típica decoración de doble línea quebrada, además de tecomates estriados e incensarios gruesos, entre otros. En el límite superior del basurero aparecieron unos cuantos tiestos diagnósticos de la siguiente fase Escalera (Chiapa III), indicando la continuidad en la ocupación de la zona.

Una pequeña sección de la orilla este del basurero fue retirada con el suelo que incluía, con el fin de recuperar muestras de polen y artefactos menores de su interior, lo cual permitirá determinar con mayor detalle su contenido. En la pequeña área investigada en esta excavación no fue posible identificar ningún elemento arquitectónico o doméstico contemporáneo al pozo de basura. A pesar de ello, el hallazgo resulta de importancia al permitirnos estudiar un conjunto primario de desechos de época temprana, aunque su carácter doméstico queda aún por ser confirmado.

EL POZO DE HACHAS DEL MONTÍCULO 11

El Grupo Tipo E de Chiapa de Corzo, formado por los Montículos 11 y 12, es uno de los mayores y más antiguos de Mesoamérica (Figura 6). En el núcleo de la plataforma larga, en el Montículo 12, se había identificado cerámica fechada entre 1200 a 700 AC (Mason 1960:2). En la plaza de este conjunto, explorada durante la temporada 2008, fue recuperada parte de una gran ofrenda colocada en un pozo al pie de la pirámide del Montículo 11, que incluía un hacha de serpentina con la figura incisa de una deidad Olmeca, junto con 126 hachas y un entierro. Aunque no se excavó en su totalidad, esta ofrenda representa un hallazgo significativo en el contexto de la Arqueología de Chiapas.

La ofrenda de las hachas ha sido fechada por su cerámica hacia los inicios del Formativo Medio Tardío (ca. 700/600 AC), aunque el 90% de los tiestos (alrededor de 1,000) datan de fases más tempranas (1200-700 AC). El pozo donde fue colocada la ofrenda parece haber sido excavado directamente en la roca madre y sus dimensiones totales pueden haber sido 6 m de largo, 4.50 m de ancho y 4.50 m de profundidad.

Las hachas depositadas en ese pozo variaban de 3 a 38 cm de largo y fueron elaboradas en diversos materiales, tanto locales como importados, incluyendo jade, serpentina, andesita, caliza, arenisca y cantos de río. Alrededor de la mitad de ellas consistían en seudo-hachas, con formas mínimamente modificadas o no alteradas. Las hachas fueron colocadas en posición vertical y horizontal en diversas configuraciones asociadas a los rumbos cardinales, pero su amplia separación las distingue de otros depósitos de hachas reportados en Mesoamérica.

La estratigrafía indica que el pozo fue creado en un sólo episodio muy breve, posiblemente durante una temporada seca (Figura 7). Al rellenarlo se fueron colocando numerosas capas laminares de tierra y artefactos en una sucesión ordenada. La posición de las hachas y sus arreglos iba cambiando a cada nivel, y se alternaba el uso de arcilla arenosa amarilla y arcilla densa oscura, tanto vertical como horizontalmente. También se observó la presencia de pigmento rojo cubriendo algunas de las hachas y piedras del pozo.

La parte superior del pozo contenía diversas ofrendas de vasijas y en una de ellas se halló un pequeño cuenco con un pequeño pendiente de madre perla y media cuenta de jade en su interior, cubiertos con pigmento rojo. Otra vasija burda, posiblemente un incensario, incluía tres fragmentos de una placa de cerámica, tal vez representando un hacha. La placa no mostraba perforaciones, se encontraba alisada en sus cuatro bordes y presentaba un engobe característico del tipo Nicapa Anaranjado Negativo de la fase Escalera del Formativo Medio. Asimismo, en el nivel superior del pozo de la ofrenda apareció un hacha pulida de jade (Figura 8). Aunque podría ser intrusiva, esta hacha parece representar el inicio de una progresión escalonada de hachas que descendían al interior del pozo.

Este mismo patrón escalonado se continuaba en forma vertical en un segundo conjunto. En este último, entre las Hachas 6 y 9 fueron encontradas otras dos hachas de piedra fina en posición vertical (Figura 8). Se trataba de una hachuela de jade muy pulido elaborada a partir de una placa perforada, y de una pequeña hacha de serpentina de color verde grisáceo oscuro con el diseño finamente inciso de una deidad Olmeca en uno de sus lados. La imagen Olmeca se encontraba mirando hacia el oeste al frente de la pirámide.

El hacha de andesita sobre la cual desplantaban ambas piezas formaba la punta oeste de un arreglo de hachas en forma de cruz (Figura 9). A partir de aquí, fueron colocadas diversas hachas en posición horizontal a lo largo del eje este-oeste. En la esquina suroeste del pozo, cuyos límites sur y oeste eran ya visibles, se encontró un cuenco con diseños de triángulos incisos que se sobreponía al cráneo del Entierro C-1, aunque ambos objetos se encontraban separados por unos 15 cm de tierra.

El Entierro C-1 fue localizado en el siguiente nivel (Figura 10). Era de tipo primario y el individuo se encontraba en posición sedente, aunque los huesos de manos y pies estaban ausentes. El marcado ángulo del maxilar inferior y la forma cuadrada de la barbilla sugieren que era de sexo masculino. Debajo del cráneo apareció una cuenta tubular de serpentina y una concha. El ajuar funerario, colocado cerca de las piernas, consistió en tres vasijas, un par de orejeras de serpentina y tres piedras pulidas de jade con pigmento rojo, una de ellas en forma de hacha.

El vaso de color mate presentaba un diseño negativo de flores y bandas diagonales foliadas. La vasija modelada en forma de caracol resulta muy similar a otras documentadas en la región Olmeca del Golfo (Drucker 1952: Fig. 41d, Lám. 19f; 1959: Fig. 52d), y la tercera vasija era una ollita con asa. Las dos últimas piezas estaban bruñidas y/o cubiertas por un engobe ligero de color blanco a gris claro, tonalidades populares durante la fase Dili.

Resulta posible que ambas conformasen un conjunto funcional y simbólico, como lo sugiere la presencia de un par de vasijas similares halladas en la Tumba C y en la Ofrenda 14 de La Venta (Drucker 1952:70; Drucker et al. 1959:187-189). Las orejeras de serpentina, aunque grandes y pesadas, estaban burdamente elaboradas y sin pulir. A esta profundidad resultó posible identificar el lado norte del pozo aunque continuaba hacia el este por fuera del límite de nuestra excavación.

Las hachas y los cambios en el relleno continuaron apareciendo en los siguientes niveles. A diferencia de las anteriores, casi todas fueron colocadas en posición vertical formando varias líneas rectas. Esta posición fue la predominante en los dos siguientes niveles, sumando en conjunto 72 hachas colocadas en diversos patrones lineales.

El fondo del pozo de las hachas fue alcanzado a 4.50 m bajo la superficie. El elemento central de este nivel fue una depresión ovalada, de 20 a 25 cm de profundidad, cavada en la roca madre y cubierta por 3 a 5 cm de arcilla gris antes de ser rellenada con arcilla café grisácea oscura a negra (con tonalidades rojizas y amarillas en ciertos sectores). En el centro de la cavidad fueron colocadas tres pseudo-hachas pequeñas y otras más fueron situadas horizontalmente en su perímetro en un doble patrón cruciforme, en cruz y en X.

La roca madre sólida al fondo era ligeramente más elevada en el lado sur del pozo. De particular interés resultan las pequeñas oquedades semi-circulares excavadas en la roca madre en las esquinas y el centro de cada lado con el propósito de sostener algunas hachas en forma vertical. Tales oquedades fueron recubiertas con arcilla café, negra y gris; en algunos casos la arcilla gris cubría la capa café.

CONSIDERACIONES FINALES

Para concluir, consideramos que la temporada de campo 2008 logró resultados fundamentales al mejorar nuestra comprensión del antiguo asentamiento de Chiapa de Corzo. Las exploraciones nos han proporcionado un registro más claro, y también más complejo de los depósitos ubicados fuera de los montículos en el sector suroeste del sitio, planteando nuevas interrogantes acerca de la naturaleza de dicha área a través del tiempo. Parte de la información que no había sido dada a conocer podrá ahora ser parcialmente recuperada y presentada. Las técnicas modernas de exploración han permitido obtener muestras bien controladas, y se ha recuperado una gran cantidad de artefactos en forma sistemática.

Asimismo, ha sido posible conocer información novedosa e importante de la plaza de los Montículos 11 y 12, confirmando que las hipótesis planteadas previamente con relación a su antigüedad y significado cultural eran correctas. El depósito masivo de hachas del Formativo Medio hallado al pie del Montículo 11 representa un hallazgo notable para la Arqueología de la región, y nos proporciona información adicional acerca de los inicios del asentamiento y de sus relaciones con los habitantes olmecas de la Costa del Golfo de México.

Los nuevos hallazgos establecerán entonces una base sólida para la investigación arqueológica actual en el sitio, y para la comprensión de su destacado papel cultural a nivel local y regional. La información de campo y los análisis programados y en proceso serán utilizados a futuro para lograr sintetizar y dar una visión coherente de los datos arqueológicos conocidos sobre el desarrollo cultural de Chiapa de Corzo a través del tiempo.

AGRADECIMIENTOS

Los autores desean expresar su reconocimiento a la Arqueólogo Roberto García Moll, Presidente del Consejo de Arqueología de Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, por su aprobación para realizar el proyecto en Chiapa de Corzo y al Centro INAH-Chiapas por su apoyo al mismo. Todos los aspectos de esta investigación fueron patrocinados por la Fundación Arqueológica Nuevo Mundo de la Universidad Brigham Young.

REFERENCIAS

Dixon, Keith A.

1959        Ceramics from Two Preclassic Periods at Chiapa de Corzo, Chiapas, Mexico. Papers of the New World Archaeological Foundation, No. 4. Brigham Young University, Provo.

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Drucker, Philip, Robert F. Heizer y Robert J. Squier

1959        Excavations at La Venta, Tabasco, 1955. Bureau of American Ethnology, Bulletin 170. Smithsonian Institution, Washington, D. C.

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1965        Archaeological Survey of the Chiapas Coast, Highlands, and Upper Grijalva Basin. En Handbook of Middle American Indians. Volume 2: Archaeology of Southern Mesoamerica, Part One, (editado por G. R. Willey), pp. 195-236. University of Texas Press, Austin.

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Wheeler, R. E. M.

1954        Archaeology from the Earth. Oxford University Press, Oxford.

Figura 1

Figura 2

Figura 3

Figura 4

Figura 5

Figura 6

Figura 7

Figura 8

Figura 9

Figura 10

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