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67 – ANÁLISIS EPIGRÁFICO Y LINGÜÍSTICO DE LA ESCRITURA MAYA DEL PERIODO PRECLÁSICO TARDÍO: IMPLICACIONES PARA LA HISTORIA SOCIOLINGÜÍSTICA DE LA REGIÓN – David Mora-Marín – Simposio 21, Año 2007

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Mora-Marín, David

2008        Análisis epigráfico y lingüístico de la escritura Maya del periodo Preclásico Tardío: Implicaciones para la historia sociolingüística de la región. En XXI Simposio de Arqueología en Guatemala, 2007 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.1056-1079. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

67

ANÁLISIS EPIGRÁFICO Y LINGÜÍSTICO DE LA ESCRITURA MAYA DEL PERIODO PRECLÁSICO TARDÍO: IMPLICACIONES PARA LA HISTORIA SOCIOLINGÜÍSTICA DE LA REGIÓN

David Mora-Marín

University of North Carolina

Palabras clave

Epigrafía Maya, gramática, filiación lingüística, murales de San Bartolo, Preclásico Tardío

Abstract

EPIGRAPHIC AND LINGUISTIC ANALYSIS OF MAYA WRITING FROM THE LATE PRECLASSIC PERIOD: IMPLICATIONS FOR A SOCIOLINGUISTIC HISTORY OF THE REGION

This work describes the most recent results of intensive and extensive study of the orthography, grammar, linguistic affiliation, and social context for the earliest Maya hieroglyphic texts carried out by the author over the last seven years. Although the emphasis lies in the analysis of the dedicatory texts found on portable texts of the Late Preclassic period (400 BC – AD 200), one must also take into account, systematically, those found on stone monuments (Kaminaljuyu, Tak’alik Ab´aj, El Mirador, Loltun, San Diego) and painted murals (San Bartolo), and texts from the highlands as well the lowlands. I conclude with a sociolinguistic and historic model for the highlands and lowlands on the one hand, and an epigraphic model for the development of Maya writing and its relation to social complexity during the Preclassic period on the other.

La escritura Maya es uno de los sistemas de escritura más antiguos de Mesoamérica (Justeson 1986; Justeson y Mathews 1990), seguramente posterior a la escritura Olmeca (Kelley 1962; Gay 1973; Pohl et al. 2002; Rodríguez et al. 2006), pero contemporáneo al sistema Zapoteca (Marcus 1976) y el epi-Olmeca (Justeson y Kaufman 1993). Sin embargo, el estudio de los textos Mayas tempranos, que datan del periodo Preclásico Tardío (400 AC – 200 DC), se ha visto obstaculizado por cuatro factores:

  • La parvedad de los textos que datan de este periodo
  • El deplorable estado de conservación de muchos de los textos existentes
  • La carencia de suficientes contextos arqueológicos
  • La falta de documentación adecuada para muchos de los textos

Además, la mayoría de los estudios de textos tempranos se ha limitado a aquellos que conservan información calendárica. Aunque una gran ventaja de tal énfasis es el conocimiento detallado que existe ya para el desarrollo de los varios componentes calendáricos y astronómicos, o de aspectos generales escriturarios como lo son el formato textual (columnas dobles o simples) y la dirección de lectura (izquierda a derecha; de abajo a arriba) (Thompson 1941; Stirling 1943; Coe 1957, 1976; Prem 1973; Marcus 1976), la desventaja yace en la escasez de estudios del contenido no calendárico o astronómico, con muy pocas excepciones (Coe 1976; Ayala 1983; Fahsen 1987, 1988, 1995; Macri 1991; Grube 1994).

Con el fin de llenar algunos de los vacíos existentes, el presente autor realizó un proyecto de documentación y estudio epigráfico de textos Preclásicos Tardíos con componentes no calendáricos (Mora-Marín 1997, 2000, 2001, 2005), incluyendo textos monumentales, pero principalmente textos portátiles, la mayoría de proveniencia desconocida, pero todos fechados estratigráfica, calendárica, o estilísticamente entre el 400 AC al 200 DC. A continuación se resumen algunos de los resultados de tales estudios y también de los resultados de investigaciones más recientes incorporando los nuevos datos de los murales de San Bartolo (Saturno et al. 2005; Saturno et al. 2006). Antes de entrar de lleno a esa tarea, se provee un marco analítico basado en estudios previamente realizados sobre el tema y comenzando con una breve justificación de la necesidad de mejorar el registro de dibujos de línea de los textos Preclásicos Tardíos.

PROYECTO LAPIDA

El presente autor ha llevado a cabo un proyecto de documentación de textos tempranos denominado Late Preclassic Inscription Documentation Project (Proyecto de Documentación de Inscripciones del Preclásico Tardío), abreviado LAPIDA (Mora-Marín 2000). El objetivo ha sido la documentación de textos de los periodos Preclásico Tardío y Clásico Temprano, por medio de fotografías y dibujos de línea. Para ahondar más sobre los métodos y resultados se le aconseja al lector acudir al reporte de FAMSI de este proyecto.

PUNTO DE PARTIDA: EL PECTORAL DE DUMBARTON OAKS

Mora-Marín (2001) tuvo a su disposición dos docenas de textos Preclásicos Tardíos con contenido no calendárico. De éstos, el autor decidió utilizar cuatro como punto de partida para el estudio gramatical y ortográfico:

  • El pectoral de cuarcita de la colección de Dumbarton Oaks en Washington, D.C. (Figura 1)
  • La figurilla de esteatita hombre-jaguar del Peabody Museum en Yale, New Haven, Connecticut (Figura 2a)
  • La cuchara de jadeíta del Museo del Jade Fidel Tristán en San José, Costa Rica (Figura 2b)
  • El pectoral en forma de concha de jadeíta de proveniencia desconocida, archivada por Justin Kerr con el número K763 (Figura 2c).

Estos cuatro textos ofrecen varias ventajas para el estudio epigráfico porque muestran un estado de conservación excelente, haciéndolos legibles; están completos, por lo cual es posible hacer suposiciones basadas en tendencias de la estructura discursiva de los géneros jeroglíficos Mayas conocidos; comparten varios glifos y patrones estructurales extensos consistiendo de dos o más glifos; comparten una serie de convenciones caligráficas y ortográficas entre sí, lo que sugiere que fueron el producto de una misma escuela de escribanos, o por lo menos de varias escuelas de escribanos interrelacionadas entre sí; y pertenecen a la misma categoría general de artefactos portátiles, lo cual podría fomentar temas similares entre los textos, lo cual sería de gran utilidad para el análisis epigráfico. Ningún otro conjunto de textos preclásicos presenta la serie de controles estructurales y semánticos que estos cuatro textos nos proveen.

ESTUDIOS PREVIOS

La presente investigación comenzó con una serie de estudios como apoyo de base: Coe (1966, 1973, 1976), Ayala (1983), Schele y Miller (1986), Fahsen (1988, 1995), Fields (1989), Freidel y Schele (1989), Reents-Budet y Fields (1990), Chinchilla y Fahsen (1991) y Anderson (1993). A continuación se proporciona una sinopsis de éstos.

Coe (1966) fue el primero en describir el pectoral de cuarcita de Dumbarton Oaks, con supuesta proveniencia del estado de Yucatán o Quintana Roo (Figura 1). Este pectoral es un objeto de estilo Olmeca con un texto jeroglífico (Figura 1a) y una imagen pictórica (Figura 1b) esgrafiados en el reverso. Ha sido estudiado por varios autores, quienes han proporcionado claves esenciales para su análisis.

  • Coe (1966) identificó un nombre personal repetido dos veces en los bloques B6 y C2-D2, el cual corresponde al nombre glífico incrustado en la imagen pictórica de un personaje sedente (Figuras 3a-c).
  • Coe (1973, 1976) posteriormente lo relacionó con otro texto temprano esgrafiado en la espalda de una figurilla de esteatita en forma de hombre-jaguar (Figura 2a), observando la presencia de glifos y convenciones similares en los dos, entre ellos el “Dios Barbudo” (“Dios Mechudo”) (Figura 3d-f), incluso sosteniendo que fueron el producto de una misma tradición o escuela de escribanos.
  • Schele y Miller (1986) identificaron el glifo de acceso al poder que representa una figura humana parcial (solo parte del torso y las piernas son visibles), seguida por una forma ancestral del glifo para ‘dueño, gobernante, rey’ (Figura 3g-h).
  • Fahsen (1988) y Chinchilla y Fahsen (1991) estudiaron el glifo del “Dios Mechudo,” sugiriendo una función verbal entre otras posibilidades, y una relación posible con el glifo verbal dedicatorio de la Secuencia Estándar Primaria (SEP), el glifo DIOS.N. Coe (1973, 1976) de hecho ya había identificado el DIOS.MECHUDO en sus tres instancias en el pectoral de Dumbarton Oaks y en la figurilla de hombre-jaguar. Chinchilla y Fahsen (1991) encontraron ejemplos adicionales en otros textos del Preclásico Tardío (Figura 3i-j) y del Clásico Temprano (Figura 3k-l).
  • Ayala (1983) añadió la identificación del glifo T1023 pa dentro de dos cabezas glíficas en los bloques A3 y D4 del pectoral de Dumbarton Oaks (Figura 3m-n), y observó que el glifo C6c, el cual Coe (1966) ya había transcrito como T126.504, y el cual Mora-Marín (2001) ha traducido y leído como [’u]ya-’AK’AB’-li ‘su oscuridad, noche’, cuando se suma a la lectura el glifo T24 en el bloque D6, también se encuentra en el texto del hacha de Hatzcap Ceel (Figura 3ñ-o), el cual se leería hoy en día como ya-’AK’AB’ ‘su oscuridad, noche’, y que el glifo D6 del pectoral corresponde al glifo A7c de la placa de jadeíta de Dumbarton Oaks, ambos reconocibles como ejemplos de T24 li (Figura 3p-q).
  • Fields (1989) observó la relación estilística que tanto el pectoral de Dumbarton Oaks como la figurilla hombre-jaguar del Peabody Museum en Yale mantienen con el texto esgrafiado en el reverso de la cuchara de jadeíta del Museo del Jade en San José, Costa Rica (Figura 2b), al igual que la presencia de los glifos T712 y T504, tanto en el pectoral de Dumbarton Oaks como en varios pendientes de jade Mayas provenientes de Costa Rica (Figura 3r-s), a los que ella asignó una connotación ritual.
  • Freidel y Schele (1989) identificaron dos glifos en el pectoral de Dumbarton Oaks (Figura 3t-u) relacionados a la fórmula dedicatoria conocida como la Secuencia Estándar Primaria (SEP).
  • Anderson (1993) estudió los cuatro textos en conjunto y propuso que el glifo del “Dios Mechudo,” el cual él identificó también en la cuchara de jadeíta (Figura 3v), posiblemente corresponde a un verbo, dada su posición inicial al principio de tres de los textos, y también observó que varias cláusulas que comienzan con tal glifo parecen terminar con el glifo T168:518 ’AJAW.
  • Reents-Budet y Fields (1990) y Mora-Marín (1997) observaron que T504 ’IK’ parece haber sido un signo utilizado para nombrar a las placas de jade, y también sugirieron que la frecuencia de la expresión ritual basada en T712 y T503 podría ser crucial para el entendimiento de la función de las placas de jade Mayas.

Sirviéndose en gran medida de éstos, Mora-Marín (1997) realizó un estudio de los cuatro textos, el cual se desarrolló gradualmente, incorporando cada vez más textos, hasta culminar en una tesis doctoral (Mora-Marín 2001). La hipótesis central se basó en la posibilidad de que tales textos podrían mostrar semejanzas con textos portátiles del Clásico, los cuales frecuentemente contienen textos de géneros dedicatorios y propietarios (Houston et al. 1989; Stuart 1989; MacLeod 1990; Grube 1991) y de rituales asociados al acceso al poder (Fields 1989). También se supuso desde un inicio que los idiomas más propicios como marco teórico lingüístico serían los de los subgrupos Ch’olano-Tzeltalanos y Yucatecanos (Kaufman 1976; Justeson et al. 1985; Justeson y Fox 1989; Houston et al. 2000; Josserand y Hopkins 2002, 2004; Lacadena y Wichmann 2002; Mora-Marín 2003). Seguidamente se resumen los resultados más importantes.

Figura 1

Figura 2

Figura 3

Figura 4

RESUMEN DE ANÁLISIS EPIGRÁFICO

El autor se propuso determinar si el glifo “Dios Mechudo” (o “Dios Barbudo”), el glifo más frecuente en los cuatro textos ya discutidos, podría de hecho ser un glifo verbal y no solamente algún otro glifo que comúnmente aparece al inicio de cláusulas y textos —como por ejemplo, el silabograma T1 ’u, que sirve para representar el prefijo u- ‘tercera persona ergativa y posesiva’, y para cuyo valor silábico se conocen una multitud de variantes (Stuart 1991). Para ello fue necesario establecer tres tipos de controles:

  • Una posición gramatical consistente, al inicio de las cláusulas
  • Morfología verbal apropiada, dentro de los límites de representación permitidos por la ortografía, la cual no siempre fue muy explícita, aún para el periodo Clásico Tardío
  • Un control semántico-contextual, idealmente impartido por asociaciones iconográficas, sobre la función de los objetos mismos, y en base a tal función, sobre el posible contenido temático de los textos

El primer texto que proveyó los tres controles fue la cuchara de jadeíta (Figura 2b), en la cual se puede apreciar el glifo del DIOS.MECHUDO seguido por el glifo T504 ’IK’ ‘viento’ (Cuadro 1a). Si la hipótesis basada en los textos propietarios y dedicatorios fuese correcta, los glifos que concluyen la cláusula deberían de corresponder al nombre del dueño de la cuchara. Efectivamente, tal hipótesis es sostenible debido a la presencia de un título, posiblemente un Glifo Emblema, al final de esta cláusula, lo cual indica que es probablemente una frase nominal —el nombre y título de un gobernante.

Cuadro 1 Estructuras gramaticales paralelas

En lo que concierne al glifo T504, Reents-Budet y Fields (1990) lo habían relacionado a las cucharas y placas de jade (Figuras 4a y 4b), y Mora-Marín (1997) lo leyó como NAL ‘mazorca de maíz’ en tal contexto, dado los glifos na-li que aparecen a veces como sufijos de T504 y al mismo tiempo la asociación entre placas de jade y el maíz. Pero subsiguientemente, Mora-Marín (2001) adoptó la interpretación de T504 como ’IK’ ‘viento’ en este contexto, en base a las investigaciones de Taube (2004, 2005), quien ha demostrado que el signo T504 era usado para marcar objetos que podían servir como instrumentos musicales, incluyendo objetos de jade. Por esto es probable que en la cuchara se haya utilizado este glifo para referirse a la cuchara misma. Si es así, el glifo DIOS.MECHUDO, el cual precede al glifo T504 ’IK’ ‘viento’, podría haber servido como glifo verbal dedicatorio, refiriéndose a la dedicación de la cuchara. La evidencia epigráfica apoya este resultado, pues el glifo DIOS.MECHUDO parece ser el ancestro glífico del glifo DIOS.N de los textos dedicatorios. Si ahora consideramos los últimos tres glifos como una expresión nominal que termina con un título real, obtendríamos una cláusula con estructura V-O-S. Sin embargo, dado que una cláusula tal tendría que ser transitiva, requeriríamos que el verbo tuviera un prefijo ergativo, tal como el T1 ’u, del cual carece.

La solución a tal dilema radica en que los verbos transitivos Mayas pueden hacerse intransitivos y aún así mantener dos argumentos aparentes —el objeto y el sujeto— cuando se inflexionan con la voz antipasiva incorporativa (Lacadena 2000; Mora-Marín 2004). Generalmente hay dos sufijos glíficos que indican la presencia de una construcción de este tipo: un silabograma wV, ya sea T117 wi o T130 wa, y el silabograma T116 ni. Interesantemente, cinco de los seis ejemplos del DIOS.MECHUDO en el Cuadro 1 tienen un sufijo gráfico, el cual aparece gráficamente separado del DIOS.MECHUDO en tres de los seis ejemplos: el silabograma T116 ni. Éste bien podría servir en estos contextos para representar el sufijo de verbos antipasivos incorporativos. Aún más interesante es el hecho que de los seis casos del glifo DIOS.MECHUDO (Cuadro 1a-f), el único que no sólo parece ser parte de una cláusula Verbo-Objeto-Sujeto, sino que de una cláusula de tipo Verbo-Sujeto, es el único que carece del silabograma T116 ni (Cuadro 1g); la ausencia de este signo significa que el glifo DIOS.MECHUDO puede representar un verbo pasivo, mediopasivo, o incoativo, cuyos sujetos son comúnmente los objetos directos de un verbo transitivo en voz activa.

Los siguientes glifos verbales (o predicativos en general) han sido identificados por el autor en los cuatro textos ya mencionados (Figura 5):

Figura 5

        Los siguientes glifos se refieren a los objetos inscritos, ya sea al tipo de objeto en general, a una parte del objeto, o al nombre propio del objeto (Figura 6):

Figura 6

Los siguientes son nombres propios de individuos (incluyendo nombres de dioses) presentes en varios textos Preclásicos (Figura 7):

Figura 7

        Los siguientes glifos (Figura 8) constituyen títulos y epítetos de autoridad (Mora-Marín 2001, 2005):

Figura 8

Los títulos de ‘dueños de las montañas’ podrían aludir a la tarea dada a ciertos individuos poderosos de proteger a los espíritus animales de los miembros de una comunidad, los cuales se creía que habitaban una montaña sagrada. Con respecto al título T168:518 ’AJAW ‘dueño, gobernante, rey’, en el pectoral de Dumbarton Oaks (Figura 10a) se encuentra su forma más simple. No presenta ningún modificador, como T41/1016 K’UH(UL) ‘dios, divino’, el cual es parte de los títulos denominados Glifos Emblema durante el periodo clásico. Sin embargo, varios de los ejemplos preclásicos muestran un par de elementos que parecen descender directamente del conjunto de motivos CEJA.LLAMA-MERLÓN.DOBLE del arte Olmeca (Figura 9). Dado que en el arte Olmeca tal motivo se usa para marcar la cara de divinidades, es muy probable que este signo preclásico haya significado k’uh(ul) ‘dios, divino’ en estos textos Mayas tempranos, o inclusive ma:s(an), la palabra Mixe-Zoqueana equivalente, y que posteriormente haya sido sustituido por el glifo T41/1016 K’UH(UL) (Figura 9e-f). Hasta el momento no existe ningún ejemplo del uso de la versión clásica de T41/1016 K’UH(UL) en este contexto —con los títulos de autoridad— en un texto Preclásico, por lo que es posible que tal uso haya sido una innovación del Clásico Temprano. Cabe observar que en Saturno et al. (2005:39-41) se demuestra la relación entre las cabezas de los mascarones de estuco arquitectónico y la cabeza de un bulto en el mural norte de San Bartolo, y sostienen que en ambos casos la cara de estas cabezas es una versión del signo T1016, el glifo del Dios C. Muy interesantemente, el conjunto CEJA.LLAMA-MERLÓN.DOBLE parece ser parte del motivo iconográfico del cual emerge el signo T1016 durante el periodo Preclásico (Figura 9g-j), por lo que es posible que el conjunto CEJA.LLAMA-MERLÓN.DOBLE recién examinado sea en realidad una versión pars-pro-toto (“parte-del-todo”) del signo T1016 más antiguo.

Figura 9

        Los siguientes glifos (Figura 10) son ejemplos de la frase ritual basada en T712 y T503:

Figura 10

La siguiente comparación nos ayudará a describir los cambios más importantes en la evolución gráfica del signo T168, descritos en parte en Lacadena (1995) y Mora-Marín (2001). Primeramente se hace resaltar uno de los componentes del signo T168 en su versión más temprana: el elemento en forma de U, el cual se ve en varias ocasiones con un apéndice en forma del conjunto CEJA.LLAMA-MERLÓN.DOBLE descrito anteriormente (Figura 11a y 11d), sólo con el motivo MERLÓN.DOBLE (Figura 11b y 11e), o sólo con el motivo CEJA.LLAMA (Figura 11c y 11f).

Figura 11

Junto con el ELEMENTO.U, los motivos CEJA.LLAMA y MERLÓN.DOBLE forman parte del sistema iconográfico del Preclásico Tardío, donde se asocian a las cejas de personajes en posiciones de actividad ritual, como la estatuilla de jade de Uaxactun (Figura 12a y 12b). Las cejas de este personaje se asemejan claramente a un ejemplo de un texto de disco de pizarra que data del 200-416 DC (Figura 12c), y de los mascarones de estuco que flanquean las escalinatas de muchos templos Preclásicos (Freidel et al. 2002; Estrada-Belli 2006). El conjunto CEJA.LLAMA-MERLÓN.DOBLE-ELEMENTO.U de la placa de jade de Dumbarton Oaks (Figura 12d) corresponde iconográficamente al lado derecho de la cara de uno de tales mascarones (Figura 12e), mientras que el ejemplo de uno de los textos de San Bartolo (Figura 12f) corresponde al lado izquierdo (Figura 12g). Estos diseños son prácticamente idénticas a los de un mascarón en miniatura de un incensario de cerámica de San Bartolo (Figura 12h), excavado de una tumba que data del 150 AC. El motivo de MERLÓN.DOBLE puede verse también con un elemento triangular central en algunos casos, como en los mascarones de Cerros (Figura 12i). Es precisamente esta forma gráfica la que aparece atestiguada en el antepenúltimo texto de la Estela 1 de El Mirador (Hansen 1991), mostrado aquí en la Figura 12j.

Figura 12

En lo que respecta a la afiliación lingüística, hay referencias de los siguientes marcadores lingüísticos. Primero, en el pectoral de Dumbarton Oaks se encuentra el alomorfema uy- ‘tercera persona singular ergativa/posesiva prevocálica’ (Figura 13a), mencionado anteriormente, exclusivo del Ch’olano y del Yucatecano, y de mayor utilidad que una expresión similar en el hacha de Hatzcap Ceel (Figura 13b), con y-, el cual se registra en los idiomas Ch’olanos, Tzeltalanos, Yucatecanos y Q’anjob’alanos, por lo que es menos restringido en su distribución. Segundo, también en el pectoral de Dumbarton Oaks, podría aparecer el enclítico +ich ‘ya’ (Figura 13c), del proto-Maya *+ik (Kaufman 1989), con ch final en vez de k, y de esta forma restringido a los idiomas Ch’olanos. Por ello, se puede decir que si se toman en cuenta los marcadores uy- y +ich a la vez, el pectoral de Dumbarton Oaks parecería estar escrito un idioma Ch’olano.

Figura 13

El Cuadro 2 provee los signos Preclásicos que han sido identificados como silabogramas posibles o probables. La mayoría son silabogramas con valores de Ca (Consonante-a) y Ci (Consonante-i). En el caso de los silabogramas Ci parte de la razón de su frecuencia se debe a la representación del sufijo intransitivo -i ‘estatus completivo de intransitivos’. También se han atestiguado ejemplos de cada uno de los valores posibles para silabogramas yV, la mayoría en contextos en que se representa el alomorfema prevocálico y- de la tercera persona singular ergativa y posesiva.

Cuadro 2 Silabario preliminar del Preclásico Tardío

Finalmente, los textos de San Bartolo aportan evidencia muy importante de una esfera de difusión de prácticas escriturarias que abarcaba casi toda la zona del estilo artístico “izapeño”. Dos ejemplos de cuentas del calendario de días rituales de San Bartolo muestran rasgos sumamente parecidos a los ejemplos de cuentas similares halladas en Izapa, Kaminaljuyu y Jaina, comprendiendo la zona de la Costa del Pacífico, las Tierras Altas, las Tierras Bajas Centrales y las Tierras Bajas del Norte (Figura 14). Este ejemplo se une a otros rasgos caligráficos y ortográficos atestiguados en otros sitios del Preclásico Tardío (Kendal, Kichpanha, Loltun, Tikal) que son indicativos de los lazos de comunicación entre tradiciones escribanas de la región Maya, descritos en detalle en Macri (1991) y Mora-Marín (2001, 2005).

Figura 14

CONCLUSIONES

Los siguientes puntos sirven a manera de conclusión:

  • Los textos Preclásicos Tardíos contienen suficientes controles gramaticales, ortográficos y semánticos-contextuales para el análisis epigráfico y lingüístico
  • Los temas más comunes, muy consistentes con el modelo de la cosmovisión política Maya del periodo Preclásico elaborado por Freidel y Schele (1988, 1989), parecen ser los siguientes:
  • La dedicación de objetos rituales
  • Las referencias a ajawo’b, a veces denominados como “dueños de la montaña,” posiblemente en uno de sus papeles político-religiosos
  • Las referencias a animales espíritus como en la estatuilla de hombre-jaguar
  • Estos textos parecen enfatizar el papel del especialista ritual encargado de las dedicaciones, como lo indica el uso de la voz anti-pasiva. Es probable que el especialista ritual haya sido también el mismo actor que llevaba el título de Ajaw
  • El título de ajaw se origina en el conjunto de motivos CEJA.LLAMA-MERLÓN.DOBLE del arte Olmeca, y se desarrolla no sólo en la escritura, sino que también en el arte de los mascarones arquitectónicos, en la forma del conjunto de motivos CEJA.LLAMA-MERLÓN.DOBLE-ELEMENTO.U, el cual eventualmente es reemplazado por el glifo T1016 K’UH(UL) ‘dios/divino’, con el cual se encuentra iconográficamente ligado
  • La conservación y contextualización de los murales de San Bartolo aportan muchas ventajas al estudio epigráfico de los textos tempranos, incluyendo controles cronológicos más estrictos para las Tierras Bajas Mayas de los que se ha podido contar durante las últimas cuatro décadas de estudios de textos Preclásicos
  • La evidencia lingüística apunta generalmente a los idiomas Ch’olanos y Yucatecanos, pero cuando se puede restringir lo más posible, a los idiomas Ch’olanos en particular

Por último, es necesario retomar el tema de la relación entre las Tierras Altas y las Tierras Bajas. Con respecto a este tema, Saturno et al. (2006:46-47), de manera similar a Coe y Kerr (1998), se han expresado negativamente de la siguiente forma:

The opaque nature of these texts seems best explained by their extremely early date… The hieroglyphs so far exposed in the San Bartolo murals are among the earliest examples of lowland Maya writing, and there are few other Preclassic texts from lowland sites with which we can compare them. A near-contemporary inscription from Stela 10 at Kaminaljuyu, in the highlands, looks significantly different from the form of writing evident at San Bartolo, and we are willing to posit that the writing systems represented at these two sites are quite different. It has been widely assumed that the writing of Kaminaljuyu was the direct precursor of lowland Maya writing, but the initial evidence from San Bartolo raises the possibility that Maya writing in the lowlands had a far older and independent history.

Por lo contrario, la evidencia comparativa examinada en la presente ponencia y en varios estudios previos (Marcus 1976; Ayala 1983; Macri 1991; Fahsen 1995; Mora-Marín 2001, 2005) indica que los sistemas de escritura de Kaminaljuyu y de San Bartolo estaban ligados muy estrechamente. Si bien hay diferencias, éstas son posiblemente el resultado de diferencias ortográficas y caligráficas regionales, y sin duda de diferencias entre medios artísticos (pinturas murales versus esgrafiados sobre jade versus grabados sobre basalto); en otras palabras, eran del mismo tipo de diferencias que existía en el periodo Clásico en las Tierras Bajas. De ahí que la siguiente conclusión final es más que razonable:

  1. Los murales de San Bartolo comparten una serie de rasgos escriturarios con los demás textos contemporáneos, y se puede decir que son parte de la misma tradición, y seguramente, escritos en el mismo idioma.

AGRADECIMIENTOS

Esta investigación fue posible gracias al apoyo de la beca FAMSI #99049 y de la DeCormier Fellowship del Departamento de Antropología de SUNY-Albany, y más recientemente, de los fondos del University Research Council en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. El presente autor ha contado con la ayuda de muchos investigadores y especialistas a lo largo de esta investigación, la cual comenzó en la primavera de 1995: John Hoopes, John Justeson, Terrence Kaufman, Robert Carmack, Cliff Pye, Aaron Broadwell, Marilyn Masson, Zulay Soto, Juan Antonio Valdés, Federico Fahsen, Héctor Escobedo, Bárbara Arroyo, Dora Guerra de González, Nancy Monterroso, Carolina Sisniega, Barbara MacLeod, Justin Kerr, John Graham, Virginia Fields, Dorie Reents-Budet, Donald Hales, David Freidel, Julia Kappelman, Alfonso Lacadena, Erik Boot, Julie Jones, Diane Fane, Susan Matheson, Gloria Greiss, Sandy Gross, Loa Traxler, Jeffrey Quilter y John Hauberg.

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