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22 – TESORO O BASURA: UN ESTUDIO SOBRE LA TERMINACIÓN DE MURALES DE SAN BARTOLO, CIVAL Y LA SUFRICAYA, PETÉN – Heather Hurst, Jessica Craig, William Saturno, Francisco Estrada-Belli, Boris Beltrán y Edwin Román – Simposio 21, Año 2007

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Hurst, Heather, Jessica Craig, William Saturno, Francisco Estrada-Belli, Boris Beltrán y Edwin Román

2008        Tesoro o basura: Un estudio sobre la terminación de murales de San Bartolo, Cival y La Sufricaya, Petén. En XXI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2007 (editado por J. P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.351-360. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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TESORO O BASURA: UN ESTUDIO SOBRE LA TERMINACIÓN DE MURALES DE SAN BARTOLO, CIVAL Y LA SUFRICAYA, PETÉN

Heather Hurst

Jessica Craig

William Saturno

Francisco Estrada-Belli

Boris Beltrán

Edwin Román

Yale University y Proyecto Arqueológico San Bartolo

Palabras clave

Arqueología Maya, Guatemala, Petén, San Bartolo, Cival, La Sufricaya, pintura mural, conservación, ritual de terminación, Preclásico Tardío, Clásico Temprano

Abstract

TREASURE OR GARBAGE:

A STUDY OF THE END OF MURALS AT SAN BARTOLO, CIVAL, AND LA SUFRICAYA, PETEN

In Maya culture the repetitive process of image destruction was common. To study this development in Maya mural painting tradition, we have to consider the end of these works of art. The creation of a new art program is only one phase in the complete mural cycle, which includes the creation, use, and the discontinuance of the images. The end of murals filled with iconography involves a complex appropriation and negation of power and symbolism. The treatment of murals when they lose their visual use has significance with respect to the social and political structure of a society: Was it an act of violence or systematic preparation? Did they preserve fragments or reuse materials? The recent discovery of murals at three Peten sites and the excavations of their architectural phases through time, with recovery of painted fragments, represent an opportunity to study the complete cycle of Maya murals in the Late Preclassic and Early Classic periods. This work presents a brief summary of the different techniques used in the destruction of the San Bartolo, Cival, and La Sufricaya murals, as well as preliminary work understanding the broadest concepts of social organization.

En la cultura Maya el proceso de destrucción de imágenes era común. Para estudiar el desarrollo en la tradición de pintura mural Maya, se tiene que considerar la terminación de estas obras de arte. La creación de un nuevo programa de arte es solo una fase en el ciclo completo del mural, se incluye la concepción, el uso y la cesación de las imágenes. La terminación de murales cargados de iconografía envuelve una apropiación compleja y una negociación de poder y simbolismo. El tratamiento del mural cuando se termina su uso visual, tiene un significado de respeto a la estructura social y política. El descubrimiento reciente de murales en tres sitios de Petén: San Bartolo, Cival y La Sufricaya, así como las excavaciones contextuales de sus fases arquitectónicas a través del tiempo, con la recuperación de los fragmentos pintados, representa una oportunidad para estudiar las distintas técnicas utilizadas en la destrucción de los murales Mayas en el Preclásico Tardío y el Clásico Temprano.

Los rituales son actos simbólicos, llevados a cabo en orden con el objetivo de práctica religiosa. Hay dos tipos de actividades rituales que los Mayas realizaron: actos de dedicación o escondites, y actos de terminación. Los escondites se hacían con la intención de conmemorar construcciones nuevas o fases de uso. Los depósitos de terminación, en contraste, usualmente acompañan el uso final de una estructura, la terminación tiene la intención de “matar” el edificio (Coe 1959; Freidel 1998; Garber 1983).

James Garber (1983) ha usado la condición de los contenidos de las ofrendas para distinguir entre escondites y depósitos de terminación. Él afirma que mientras los escondites contienen vasijas completas, los objetos que fueron usados en rituales de terminación usualmente están quebrados. Cuando se considera el contexto, la distribución y condición de los materiales, se reconocen ofrendas diferentes y la basura. Entre los materiales más comunes que se encuentran en las ofrendas Mayas, están la cerámica, jade, obsidiana y pedernal. Aunque un material que no recibe tanto estudio es el estuco.

En los estudios Mayas, pocos sitios han producido evidencia por uso de estuco como una ofrenda. Aunque en el sitio Cerros se ubicó estuco en depósitos rituales en varios lugares. El mejor ejemplo reportado, es del de Jim Garber (comunicación personal 2007), que localizó en un depósito, estuco pintado asociado con la Estructura 5C1. En la base de la primera terraza, hallaron agujeros rellenados con fragmentos grandes de estuco modelado y pintado de la fachada original. Además, las excavaciones de la Estructura 2A-sub 4-1, revelaron evidencia de un evento de terminación del Preclásico Tardío: se localizó rastros de quema, vasijas y jades quebrados, y depósitos de estuco modelado y pintado, en agujeros a lo largo de la escalinata (Garber 1983).

Otra evidencia de tratamiento ritual de estuco, incluye la destrucción intencional de la Estructura 5E-52 de Yaxuna, al fin de su ocupación residencial (Freidel et al. 1998). Según Freidel y sus colegas, hallaron fragmentos del friso modelado de la fachada en una concentración distinta. El templo Rosalila de Copan, posee un tratamiento diferente de terminación. En este ejemplo, las fachadas de estuco modelado y pintado de Rosalila fueron enterradas intactas (Agurcia Fasquelle 2004). Además de ceremonias y ofrendas dentro de los cuartos del templo, el objetivo fue la preservación de la escultura de estuco; se pintaron todas las fachadas con una capa de estuco blanco y se rellenaron con muros de contención, con tierra suave al frente para proteger la superficie.

La terminación de objetos artísticos, es una parte importante en el sistema de producción del arte que es frecuentemente pasado por alto. Investigaciones recientes en los sitios de San Bartolo, Cival y La Sufricaya, sugieren que el estuco pintado y modelado, era utilizado frecuentemente como ofrenda en la región de Petén.

SAN BARTOLO

La estructura denominada Las Pinturas, se sitúa en el núcleo ceremonial del sitio de San Bartolo. La última fase de esta compleja pirámide data del Preclásico Tardío. Durante la ocupación del Clásico Tardío las piedras de su fachada fueron saqueadas, dejando solo la sombra de la calidad y monumentalidad de las fases pertenecientes al Preclásico. Recientemente fue publicado por Saturno, Stuart y Beltrán (2006) que la estructura de Las Pinturas tuvo siete fases constructivas, la más temprana data más o menos del 300 AC, y la penúltima cerca del 100 AC. Las excavaciones del 2005 revelaron que los murales de Sub 1A (100 AC), fueron solamente uno de varios murales contemporáneos; siendo estos la culminación de más de dos siglos de estuco pintado y textos en la Estructura de Las Pinturas (Hurst 2006; Saturno et al. 2006). Los estucos encontrados incluyen murales interiores y exteriores, textos, frisos modelados y pintados.

La buena preservación de los muros norte y oeste en Pinturas Sub 1A, son la excepción a la regla en San Bartolo. En solo una temporada de excavación, fueron recuperados más de 3000 fragmentos de estuco interior pintado y casi 6000 fragmentos de estuco pintado y modelado exterior, en el relleno que cubría la penúltima fase y la fase más temprana de Las Pinturas (Beltrán 2005; Hurst 2005a; Román 2005). Estudios sobre la destrucción proporcionaron una evaluación del posible origen de los fragmentos recolectados, también se debe tomar en cuenta el alcance del comportamiento asociado con la remoción de un objeto artístico de circulación. Se resumirá a continuación brevemente cinco eventos de terminación de los murales en la Pirámide de Las Pinturas: 1) Sub 1A, 2) Sub 1B, 3) Plataforma Yaxche y Estructura Ixim, 4) Ixbalamque, y 5) la última fase de la Estructura 1. Concluyéndose con unos estucos localizados en el Grupo Jabalí del noroeste del sitio San Bartolo.

1         El cuarto de Las Pinturas Sub 1A tiene murales in situ en los muros norte y oeste; los muros este y sur fueron cortados por la construcción de la última fase de la pirámide. De los muros dejados in situ de Sub 1A, se observaron acciones de preparación y terminación del cuarto. En el mural oeste, alrededor del texto, arriba, el tercer Hunahpu estaba astillado, pero sin quitar ni desfigurar este fragmento de escritura. El segundo Hunahpu se hallaba desfigurado con una mancha negra en la cara y posiblemente el ojo astillado. Además, el segmento con el Dios del Maíz bailando adentro del cuatrifoliado se encontraba astillado. Aquí la superficie se ubicaba dañada, pero al parecer la intención no era quitar los fragmentos intactos, ni era el resultado de desmontado de la arquitectura. Las partes del mural oeste donde está lo más extensivamente dañado se haya debajo de las vigas, y en el lugar donde construyeron unos muros de contención. Es notable que el estado de preservación del mural norte sea excepcional, los Mayas cortaron a la altura del muro teniendo mucho cuidado con las imágenes.

Dentro de Sub 1A, la concentrada distribución de fragmentos del mural y de los fragmentos exteriores en el túnel longitudinal, demuestran una dispersión con alta densidad mayormente entre los muros de retención. En tres dimensiones, se hacen visibles dos episodios de enterramiento del estuco pintado: 1) la capa de fragmentos sobre el piso (una capa de tierra fina, estuco y argamasa pulverizada), y 2) fragmentos colocados en el relleno después de un 1.50 m vertical de altura (Hurst 2006). Saturno (Saturno, Taube y Stuart 2005) presentó una secuencia de la destrucción del edificio y del relleno, en la que la esquina noroeste del cuarto de los murales fue llenada primero, con celdas de escombros segmentadas por muros de contención, y fragmentos de mural que se acumularon en este relleno a la altura del techo, al mismo tiempo que las paredes fueron destruidas. Las excavaciones por Hurst y Saturno de la temporada 2005 en el eje longitudinal de Sub 1A, apoyan la secuencia propuesta en 2003; el registro detallado de la procedencia de los mismos permite saber exactamente la manera en la que el cuarto fue desmontado, al mismo tiempo que se unieron las piezas nuevamente. En adición al acto organizado de depositar los fragmentos de los murales, algunas piezas fueron desechadas alrededor del cuarto, tal es el caso de tres partes del muro oeste halladas cerca al centro del muro opuesto. La secuencia indica que no corresponde a un tratamiento especial de los fragmentos de pintura mural; aunque, cuando se consideraron todas las excavaciones contextuales, el tratamiento observado era diferente. El relleno afuera de Sub 1A estaba limpio de estucos, casi todos los fragmentos de pintura mural de Sub 1A (y solo de Sub 1A) eran ubicados y enterrados adentro del cuarto Sub 1A.

2.        La destrucción de la penúltima fase de Las Pinturas incluyó cortar todo el Edificio Sub 1B de manera lateral, dejando menos de un tercio de la estructura intacta. La Estructura Sub 1B posee un programa preservado de pintura mural exterior de una banda celestial alrededor de la cornisa, una figura de un hombre hincado con un hacha en la esquina remetida, y unos glifos pintados en la fachada sur (Hurst 2005a). Al igual que en Sub 1A, en Sub 1B se rellenaron con cuidado las superficies pintadas.

El programa de murales exteriores y específicamente la pintura roja interior que resalta en el borde del friso, sugiere que Sub 1B pudo haber tenido murales interiores, sin embargo no hay evidencia directa que apoye esta afirmación dado que todo el estuco interior del friso fue removido de forma intencional. No se encontró una cantidad significativa de estuco pintado dentro de Sub 1B (Hurst 2005a). La remoción del estuco interior y el relleno “limpio”, indican que se realizó una preparación sistemática del edificio previo a su destrucción.

Los trozos de estuco localizados en el exterior de Sub 1B se dividen en dos categorías: 1) los que cayeron del exterior más o menos in situ cuando el edificio fue enterrado, y 2) los fragmentos de un mural interior hallados en pequeños grupos. Estos fragmentos del interior fueron ubicados concentrados en la esquina suroeste de la estructura. Varios de los fragmentos del interior comparten ese mismo tipo de estuco, grosor, preservación, estilo de pintura y el tema tratado coincide con el muro oeste de Sub 1A (Hurst 2006). Saturno y Hurst creen que estos fragmentos con fuertes asociaciones morfológicas y pictóricas encontrados afuera de Sub 1B, probablemente provienen del muro sur de Sub 1A, particularmente de la esquina suroeste.

Los próximos tres eventos presentan fragmentos de los murales de San Bartolo de contextos originales desconocidos. En estos ejemplos se conoce el estado final en el ciclo completo del mural: solo la terminación en la forma de pedazos quebrados y enterrados.

3.        El tercer evento de terminación de imágenes está asociado con la plataforma y estructura denominada Yaxche e Ixim, las que se localizan al oeste de las Estructuras Sub 1A y Sub 1B. Yaxche/Ixim dominó el penúltimo complejo arquitectónico Las Pinturas, con una fachada principal al lado oeste, y Sub 1A y 1B en la base este (Saturno et al. 2006). Los fragmentos excavados por Edwin Román (2005) en la cara este del primer cuerpo de la plataforma Yaxche, y en el tercer cuerpo de la Estructura Ixim, pertenecen a eventos de destrucción contemporáneos con el enterramiento de Sub 1A y Sub 1B. Los fragmentos de Yaxche/Ixim son posiblemente del mismo mural, pero uno diferente al de Sub 1A y Sub 1B. La evidencia que apoya esta hipótesis es la cantidad similar y el tipo de matriz de estuco adherida a la superficie pintada, la preservación homogénea de la superficie (en contraste con las calcificaciones de Sub 1A), el estilo de pintura utilizando una calidad de línea muy fina y contornos caligráficos delicados, la distintiva paleta de colores (amarillo, rosado, anaranjado, el uso único de pigmento verde), y un contenido pictórico unificado entre las dos concentraciones que difieren de la imaginería asociada con Sub 1A o Sub 1B (Hurst 2006). Cada concentración de fragmentos interiores tiene estuco exterior (modelado y pintado) alrededor del depósito. También, no hubo otros materiales, por ejemplo cerámica o tierra, mezclada con los depósitos; este tratamiento diferente apoya que fueron ofrendas.

4.        La estructura más temprana en la que se ubicaron fragmentos de pintura mural, hasta el momento, es denominada Ixbalamque, al oeste de Sub 1A y Sub 1B, al mismo nivel de la roca madre (Saturno, Stuart y Beltrán 2006; Saturno et al. 2006). Aquí, se halló bloques de estuco pintado en la plataforma Ixbalamque (300 AC; Beltrán 2005). Al parecer fueron dejados intencionalmente en forma agrupada en el lugar en vez de tirarlos afuera de la estructura, quebrarlos o destruirlos. Los fragmentos asociados con Ixbalamque no están completos, pero es notable que los bloques encima de la plataforma tengan iconografía importante, por ejemplo glifos y el Dios del Maíz.

5.        Finalmente en Las Pinturas, Estructura 1, 43 fragmentos de estuco pintado fueron hallados en la esquina noroeste de la última etapa constructiva (Craig 2005:432). Se encontró el escondite de fragmentos entre dos piedras que estuvieron directamente sobre el piso de la plaza y formaban parte de la mampostería de la última etapa de Estructura 1 (100 DC). La densa concentración de fragmentos, la separación de un espacio especial por las piedras y la ausencia de otro materiales (tierra, argamasa, tiestos) indican que era una ofrenda ritual de estuco pintado.

6.        En las afueras de Las Pinturas, Mónica Pellecer (2006) excavó un grupo de fragmentos de estuco modelado colocados en la esquina exterior noroeste de la Tumba 1 de Jabalí. La frecuencia era baja y este depósito de fragmentos es notable. Además, en la misma tumba se reutilizó lajas pintadas en la construcción de la cámara (Pellecer et al. 2005; Pellecer 2006). Esta selección de materiales para la preparación de la tumba de un hombre de alto rango, sugiere que se desmontó un edificio importante asociado con él o que tuvo un valor ritual que queda en los fragmentos.

La terminación de los murales a través de la constante ocupación de Las Pinturas, puede ser tomada como una mezcla entre tratamiento destructivo y un manejo especializado, que en ocasiones parece ser de índole ritual. En general, las paredes pintadas (interiores y exteriores) no fueron destruidas en su totalidad, pero el estuco fue removido de su superficie, colectado y luego depositado en distintas capas o en concentraciones dentro del relleno. El manejo especializado incluye el colocar los grupos de fragmentos en las esquinas de los edificios. En el proceso de destrucción y reconstrucción, se distinguieron fragmentos de murales y estucos modelados del exterior, de otro material de construcción del edificio y que fueron tratados de forma especial. Los rituales de terminación en la construcción de edificios, también se llevaron a cabo dentro de la estructura (quemando una olla en el centro del cuarto en Sub 1A; Hurst 2005a); sin embargo, la terminación de estuco es una actividad especializada dentro de la progresión arquitectónica de San Bartolo.

CIVAL

El sitio de Cival se sitúa 37 km al este de San Bartolo, y 6.5 km al norte de Holmul. Cival es preclásico y fue reportado por Ian Graham en la década de 1980. Se han realizando excavaciones desde 2001, por el Proyecto Arqueológico Holmul, demostrando que la mayoría de construcción y ocupación estuvo desde el Preclásico Medio hasta cerca del 250 DC (Estrada-Belli 2006). Investigaciones en el centro del sitio revelaron actividades rituales en el Grupo tipo E Central, y una secuencia larga de arquitectura monumental (Bauer et al. 2005; Estrada-Belli et al. 2006). El macizo Grupo 1 se ubica en el núcleo ceremonial, en su última etapa fue conformado por una plataforma cuadrangular orientada hacia el oeste, mide 70 m (norte-sur) por 39 m (este-oeste) de base, con altura de 20 m. En su parte superior hay un grupo triádico, con un templo mayor (Estructura 1) al lado este, de 13 m de altura, dos templos en el norte y sur de 5 m, y dos templos adicionales a ambos lados de la escalinata remetida principal hacia el oeste. El Grupo 1 poseyó por lo menos, cinco fases constructivas, la más temprana data cerca del 300 AC y la última, cerca del 100 DC (Estrada-Belli et al. 2006).

Excavaciones por Ángel Castillo revelaron dos mascarones grandes adornando la fachada oeste de la penúltima fase del templo de la Estructura 1 (Castillo 2003; Estrada-Belli 2006). La penúltima fase de arquitectura consiste en una plataforma de 26 m de alto, con el templo de la Estructura 1-Sub 1 ascendido 6 m en su parte superior. La construcción de la Estructura 1-Sub 1 data de cerca del 200 AC (Estrada-Belli 2006:65). Los mascarones están en su mayoría bien preservados y demuestran el talento y técnica de los artistas de estuco de esta época en Cival. Además, hay un programa de pintura mural asociado con la superestructura de la misma edificación. Desafortunadamente, la superestructura de Estructura 1-Sub 1, se halla severamente destruida por la acción de la construcción de la última fase y la excavación de túneles ilícitos. El programa mural se divide en dos, 1) la pared medial in situ de la superestructura de la penúltima fase donde se ubicaron pinturas en negro y rojo, y 2) unos bloques estucados y pintados en el relleno que cubría los mascarones (Castillo 2003; Velásquez 2005).

Dos eventos de terminación afectaron las pinturas de Cival en la Estructura 1 – Sub 1:

1.        Se localizaron bloques en el relleno, mezclados con piedras cortadas y rústicas desde el nivel del piso de la terraza superior hasta el piso de la superestructura, y a 3.5 m de distancia hacia el oeste, frente a los mascarones. Es probable que los bloques pintados pertenecieran a la superestructura, apoyándose en el contexto asociado y estilo compartido. El programa de la pintura en los bloques, sugiere que Sub 1 pudo haber tenido unas columnas o muros pequeños que dividían las puertas de la fachada. Unos bloques portan pintura en dos o tres caras, indicando la existencia un programa polícromo con campos de colores fuertes, opuesto a un muro blanco-gris con contornos de figuras en negro y rojo. Las pinturas de estos bloques de muros fueron descartadas durante el proceso de rellenado, no removidas, ni tiradas de forma especial.

2.        La manera en que los muros in situ fueron enterrados conforma el segundo evento en la terminación de la Estructura 1-Sub 1. El muro medial que separó el cuarto este del oeste está preservado al lado sur hasta 1.85 m arriba del piso; el mismo muro medial y parte del muro posterior (muro este) fueron destruidos por el túnel ilícito. El programa de pinturas interiores del lado este del muro medial, incluyó registros de figuras paradas en perfil, también hay unas cabezas sin cuerpos. Cada figura representaba individuos con detalles diferentes, que comparten las caras y los tocados del Dios de Maíz (Castillo y Hurst 2007; Estrada-Belli 2006; Velásquez 2005). Aunque en los registros aparecen formales, otras figuras sugieren que fueron pintadas en episodios separados, por manos artísticas de diferentes niveles de talento.

El piso del cuarto fue quemado antes de rellenarlo, y marcado el muro con una mano de estuco blanco. Cuando se rellenó el cuarto, las piedras no fueron colocadas con mucho cuidado. Este año se encontró al otro lado del muro medial, evidencia de un friso modelado con colores rojo, amarillo, blanco, y negro; desafortunadamente el peligro del corte del túnel ilícito y el relleno inestable impidió las excavaciones esta temporada (Castillo y Hurst 2007). Esta pared fue preservada a una altura mayor que el muro este y oeste (los muros detrás y de frente), pero el manejo del proceso de rellenado no propició la preservación de las pinturas. Los eventos de quemando del piso y marcando de superficie con la mano eran actividades rituales, cuando la pintura se hallaba en uso o en el momento de enterrarlo. Con el friso en el otro lado del muro medial, y los bloques con pintura polícroma y dibujos similares, es posible que los registros de contornos de figuras y caras fueran pintados durante el evento de desmontado de la estructura. Más investigaciones sobre la técnica de pintura, análisis de materiales y estudio de la organización, ayudará con estas preguntas.

LA SUFRICAYA

La Sufricaya es un sitio ubicado 7 km al suroeste de Cival, y 1.2 km al sureste del centro de Holmul. Aunque La Sufricaya está dentro de la región residencial del sitio Holmul, fue un centro político con un patio para juego de pelota, templos funerarios, monumentos con inscripciones y un complejo arquitectónico (Estructura 1) que tenía aspectos de un palacio. Reportado por Ian Graham en la década de 1980, las primeras excavaciones en La Sufricaya inician en 2001, cuando unos murales fueron descubiertos dentro de un túnel ilícito (Estrada-Belli 2002). Las excavaciones del Proyecto Arqueológico Holmul, revelaron que la Estructura 1 de La Sufricaya fue construida y ocupada entre los años 350 hasta 500 DC, en el Clásico Temprano (Estrada-Belli 2003; Estrada-Belli y Foley 2004; Estrada-Belli et al. 2006; Foley 2003, 2005; Tomasic y Estrada-Belli 2003). Los más de 15 cuartos conectados que sugieren su función como palacio, poseen una secuencia de pinturas murales; unos son privados y otros grandes en espacios abiertos.

El desarrollo arquitectónico todavía está en proceso de análisis, ya que existe el problema que los murales no parecen haber sido pintados en secuencia de la construcción de los muros posteriores. Sin embargo, los Murales 1, 6, 7 y 9 se terminaron al mismo tiempo. Para el año 450 DC, la Estructura 1 fue un laberinto de cuartos, pasillos y banquetas, pues cerca del 500 DC, todo el complejo arquitectónico estuvo rellenado hasta la altura de los techos y cubierto con un piso, para hacer una plataforma grande con solo un cuarto en su parte superior (Foley 2003, 2004).

En La Sufricaya los cuartos con murales se prepararon previos a su terminación. Los murales fueron cubiertos con una capa delgada de estuco blanco y hay evidencia de quema en unas esquinas y en los ejes centrales de los cuartos. Existen unos casos documentados por Jennifer Foley (2004) donde las ofrendas de dedicación se removieron antes del rellenando del cuarto. Todas las pinturas en La Sufricaya se terminaron con el relleno, sin destruir las imágenes, solo fueron cubiertas para no ser vistas y enterradas en una ceremonia.

Una nota final de La Sufricaya es que, aunque la terminación del grupo fue un evento singular e igual en todos los cuartos, el Mural 9 muestra una historia individual. Aquí, el Mural 9 fue desfigurado por un grafiti hecho en la superficie. La iconografía y el estilo de Mural 9 son Mayas, hay dos figuras sentadas cara a cara, probablemente el Dios Viejo “D” hablando con un mensajero con cabeza de pájaro (Estrada-Belli et al. 2006). Entre las dos figuras existen tres líneas de glifos. Sobre el brazo izquierdo del Dios Viejo, se realizó el inciso de un guerrero del estilo Teotihuacano. Esta figura, a una escala más pequeña, lleva el tocado de los guerreros Teotihuacanos del Mural 1 de La Sufricaya y tiene un cinturón de plumas y tres flechas en la mano izquierda. Hay otros dos grafiti geométricos que cubrieron el texto de glifos y parte del cuerpo del viejo. No se conoce cuando se hicieron los grafiti, ni si era un acto de estimar o desacatar. La diferencia de las culturas representadas en la iconografía y el talento de la mano en el Mural 9, compartido con la mano rústica del grafiti han elaborado esta historia, pero todavía no se tienen conclusiones. La investigación del ciclo de concepción, uso y cesación de una pintura en su contexto arqueológico proporciona un camino por el que se estudian las relaciones políticas, económicas e ideológicas dentro de una sociedad.

CONCLUSIÓN

Este trabajo presenta las observaciones sobre la destrucción de los murales pintados y ejemplos del tratamiento de sus fragmentos en San Bartolo, Cival y La Sufricaya. Este sumario de las actividades de terminación en tres sitios Mayas de Petén, demuestra la variabilidad del comportamiento en la destrucción de arquitectura con programas de arte pintados. Estos estudios contextuales investigan el rol de la pintura mural y la iconografía en las terminaciones. En tres sitios de Petén se tiene evidencia de actividades de terminación ordenadas desde la preservación, escondites rituales, hasta la destrucción completa. La evaluación de las acciones asociadas con la terminación de los murales con pintura, del Preclásico Tardío hasta el Clásico Temprano, desarrolla el conocimiento de actividades rituales y demuestra que los fragmentos de pintura mural eran un material más común en las ofrendas Mayas.

Los depósitos y eventos de terminación documentados en Cerros, Yaxuna y Rosalila, y ahora San Bartolo, Cival y La Sufricaya, indican que los fragmentos de estuco pintado fueron percibidos por los Mayas como objetos poderosos.

En los ejemplos de Cerros, Yaxuna y San Bartolo, el edificio fue destruido, pero antes recibió un tratamiento ritual especial. Estos depósitos necesitaron la colección, transportación y deposición de fragmentos durante las actividades de destrucción. En los ejemplos de Rosalila, San Bartolo Sub 1a y La Sufricaya, parte o todo el edificio con pintura mural fue preservado, celebrándose actividades rituales antes o durante el proceso de rellenado. La terminación de la Estructura 1-Sub 1 de Cival, es más ambigua, pues las paredes con pintura mural fueron destruidas parcialmente sin esfuerzo de dirigir los fragmentos, ni intento de preservar los muros que dejaron en su lugar, más hay evidencia de quema asociada con lugares de pinturas, y finalmente, el relleno sobre los mascarones fue fuerte y colocado para proteger la escultura. Para el futuro, se necesitan más estudios contextuales donde se encontraron las pinturas murales y los fragmentos de pintura mural, para comprender la abundante variabilidad de actividades rituales relacionadas con materiales, imágenes y secuencias arquitectónicas.

El estuco pintado, como las vasijas, lítica trabajada o jade, es un objeto cargado con significado y valor que los Mayas del Preclásico y Clásico Temprano consideraron importante para hacer una ofrenda ritual. Así como los fragmentos de una vasija parcial, en una ofrenda, los fragmentos quebrados de pintura mural mantienen su significado al término de su uso. El estuco proporcionó una manera para los Mayas de expresar ideas sobre su mundo sagrado. Por eso, los objetos de estuco tenían un poder más amplio que el arte en la superficie, y eran parte importante en las vidas ceremoniales de los Mayas. Se necesitan definiciones mejores para separar “terminación” y “basura”, también se deben extender las concepciones de “ofrenda”, para incluir todos los materiales, como el estuco, que se ubica en depósitos especiales.

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