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20 – EL PROYECTO COSTA DEL CARIBE: RESULTADOS PRELIMINARES DE LA PRIMERA TEMPORADA Zachary X. Hruby, Griselda Pérez Robles, Alejandro Gillot y Melanie Kingsley – Simposio 21, Año 2007

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Hruby, Zachary X., Griselda Pérez Robles, Alejandro Gillot y Melanie Kingsley

2008        El Proyecto Costa del Caribe: Resultados preliminares de la primera temporada. En XXI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2007 (editado por J. P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.313-326. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

20

EL PROYECTO COSTA DEL CARIBE: RESULTADOS PRELIMINARES DE LA PRIMERA TEMPORADA

Zachary X. Hruby

Griselda Pérez Robles

Alejandro Gillot

Melanie Kingsley

Proyecto Costa Caribe

Palabras clave

Arqueología Maya, Guatemala, Izabal, Costa del Caribe, San Gil, Nito

Abstract

THE CARIBBEAN COAST PROJECT:

PRELIMINARY RESULTS OF THE FIRST SEASON

This project represents the first systematic study of the area around the site San Gil, possible locality of the contact town of Nito. We will discuss to the site San Gil and in addition other sites registered in the region of the Caribbean Coast of Guatemala, that already have been identified by other archaeologists. Integrating the data of GPS and the preliminary map in the GIS system, it will allow a general understanding on the settlement of the eastern section of the Department of Izabal, and a better understanding on the Maya systems of interchange in pre-Columbian times.

El Proyecto Costa del Caribe (PCC) está planificado para ser un trabajo a largo plazo que se enfocará en la Costa del Caribe de Guatemala o en las zonas adyacentes relacionadas con ésta. Aunque se define por las modernas fronteras internacionales de Belice y Honduras, la Costa Norte de Guatemala puede ser considerada como una región distinta, tanto geográfica como arqueológicamente, con base en las calzadas naturales que se extienden a lo largo de las montañas asociadas con el río Motagua al sur, el río Sarstún al norte y Río Dulce al centro. El área representa una clave económica y un nexo cultural para los periodos mayores de la época prehispánica, así como en el momento de contacto, el periodo colonial, hasta llegar a la era moderna.

Según Leventhal (1981), el paisaje geográfico funciona de tal modo que separa la cuenca del Motagua de la porción principal de las Tierras Bajas; además la barrera creada por la Sierra de las Minas, la depresión del lago de Izabal y la Sierra de Santa Cruz, podrían haber desalentado el contacto directo vía terrestre entre Quirigua y las Tierras Bajas del Sureste. De modo que los ríos circundantes y la costa podrían haber sido esenciales para todas las actividades comerciales. De hecho, los tres grandes ríos representan pasajes naturales hacia las áreas más ricas de Guatemala y el oeste de Honduras, de donde se obtenía el jade en la Sierra de las Minas, la obsidiana procedente de las Tierras Altas de Guatemala, el chocolate en el lago de Izabal y el bajo Motagua, así como productos exóticos como las plumas de quetzal provenientes del bosque nuboso del Altiplano que alberga a los últimos quetzales que aún habitan en esa zona.

Por esta razón, éste se ubicaba en una zona de vital importancia para controlar el movimiento de los bienes intercambiables más valiosos hacia otras partes de las Tierras Bajas Mayas, así como a sitios más distantes. Además, la diversidad del paisaje debe haber permitido la producción masiva de agricultura, la cual probablemente tuvo un efecto sobre las rutas primarias y secundarias de intercambio que se movían a lo largo de esta área; podría ser un factor que pudo haber tenido mayor incidencia durante el Clásico Terminal.

La temporada de campo del 2007 estuvo caracterizada por el reconocimiento y la realización de mapas de sitios incluidos dentro del área delimitada por las ciudades modernas de Río Dulce, Morales, Puerto Barrios y Livingston. Esta zona ocupó nuestro interés inicialmente debido a que ya había sido reconocida previamente por el Proyecto Arqueológico Izabal (PAI) a principios de los años noventa (Orozco y Bronson 1991), de modo que propició un punto de partida para la comprensión de los patrones de asentamiento en, al menos, un área de la región costera, localizada al suroeste del Cerro San Gil (Figura 1). Además, en esta zona se encuentra la supuesta ubicación del famoso puerto de comercio del periodo de contacto llamado Nito, descrito por Cortés en sus cartas al rey Carlos V de España.

Aunque esta área es vasta de por sí, el reconocimiento será extendido en los años subsecuentes de una forma sistemática, de modo que se pueda alcanzar hasta la frontera de Belice al norte y, hacia el sur, hasta la frontera con Honduras, con el fin de obtener una comprensión regional suficientemente amplia de esta área tan compleja como una forma de obtener respuestas a algunas de las muchas preguntas que surgen en la investigación.

Al final de la presente versión digital se ha incluido una serie de esquemas y fotografías que ilustran los planteamientos expuestos en este trabajo (Figuras 4 a 12).

Figura 1

PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN EN EL ÁREA DE ESTUDIO

AFILIACIÓN ÉTNICA

En primer lugar, se desconoce cuál es la identidad o afiliación étnica de las personas que vivieron en la región costera. Durante el Preclásico la información es dispersa, y no parece haber tenido un esquema arquitectónico bien definido hacia el cual todos los habitantes de la costa pudieran adherirse. El sitio Lote Seis, por ejemplo, muestra los rasgos que hemos denominado en nuestro proyecto como “El Patrón de no Patrón”, que consiste de un espontáneo o improvisado grupo de estructuras o montículos bajos conformados por rellenos de tierra con piedras de río en el exterior y muy poca cerámica, de modo que aún es incierto referirse a esos sitios como Mayas.

Mientras que el Clásico Temprano es casi desconocido, el periodo Clásico Tardío revela una explosión demográfica en el área de estudio, o al menos un considerable aumento en la construcción de plazas cuadrangulares y montículos de medianas dimensiones. Sitios pequeños y medianos fueron construidos virtualmente a lo largo de todos los ríos. Esos centros pequeños estaban dominados por plazas cuadrangulares, las cuales usualmente se alineaban hacia el norte. La arquitectura parece variar en el uso de cantos rodados y lajas de serpentina (como en el caso de Benque Amatillo), a toscos bloques de piedra metamórfica local, como es notorio en el sitio El Amatillo. La cerámica parece haber sido influenciada por los grandes centros Mayas del periodo Clásico, pero aún es necesario recuperar más materiales y completar el análisis de los mismos, con el fin de compararlos con los materiales del lago de Izabal, Quirigua y probablemente el sur de Belice.

¿Eran esas personas Mayas del periodo Clásico? El esquema arquitectónico se asemeja hasta cierto punto con el sistema de la cuenca baja del Motagua y, ciertamente, a las montañas del oeste de Honduras que han sido exploradas por Canuto, Nakamura, Schortman y otros (Canuto y Bell 2003; Schortman y Nakamura 1991). Ninguno de esos centros de medianas dimensiones en nuestra área de estudio parece haber tenido escultura de ningún tipo.

En resumen, se podría decir que ellos no eran Mayas Clásicos en el sentido de que no figuran los elementos culturales característicos de la civilización Maya Clásica, y la arquitectura es más semejante a la de los sitios del bajo Motagua y el oeste de Honduras, pero parecen haber estado involucrados en el intercambio emanado de las relaciones entre Quirigua y Copan, las grandes potencias de la periferia sureste del área Maya.

El área de estudio representa un hoyo negro en el conocimiento del asentamiento Maya del Clásico. ¿Por qué los centros con todas las características y atavíos de los Mayas Clásicos no aparecen forzosamente en el área de estudio?, esto aún es incierto; ¿acaso las embarcaciones de Copan y Quirigua navegaban en costas de gente no Maya?, si ese fuera el caso, las nuevas estructuras necesitan ser mejor comprendidas con respecto a las relaciones entre esos grupos no Mayas o al menos no Mayas Clásicos. Se espera que en el futuro, los trabajos de investigación recuperen artefactos que puedan esclarecer la afiliación étnica de los pobladores de esta zona, aunque Schortman y Nakamura piensan que podrían existir afiliaciones étnicas con Copan.

La población parece haber menguado en el Postclásico, aunque no está claro aún cuál era la apariencia de la arquitectura durante este periodo, no se conoce la totalidad de los sitios en dicha zona. Por las cartas de Cortés y otras fuentes, se sabe que los Mayas hablantes de Ch´ol vivían en la costa en el momento del contacto, ya que esas personas tenían nexos familiares con habitantes del Golfo de México y la Chontalpa.

ORGANIZACIÓN DE COMERCIO Y RUTAS DE INTERCAMBIO

Otro aspecto a esclarecer se relaciona directamente con la identificación de las rutas de intercambio vía terrestre, marítima y fluvial. Mientras tanto, se sabe que los sitios Preclásicos de Belice se asentaron directamente en la Costa.

Las investigaciones llevadas a cabo por el PAI en el sitio conocido como Miramar en la desembocadura de Río Dulce, no han permitido identificar los bienes que debieron intercambiarse en la costa para ese momento. Podría pensarse que el jade, las plumas de quetzal y la obsidiana, entre otros bienes suntuosos, fueron transportados en la zona. Aun así es claro, gracias a las investigaciones arqueológicas recientemente efectuadas en relación con las regiones de jade alrededor del medio Motagua, Jalapa y Zacapa, que los grandes centros Preclásicos del Golfo de México estuvieron importando grandes cantidades de jade azul-verde del oriente de Guatemala, sin que se conozca a ciencia cierta el modo de transportarlo hacia las Tierras Bajas Mayas y el área Olmeca.

Estudios y excavaciones adicionales de los centros Preclásicos pueden esclarecer cómo se desarrolló el comercio marítimo en el Caribe en ese periodo y, en todo caso, su desarrollo como ruta de intercambio de jade, versus las rutas terrestres en las Tierras Altas y a lo largo de la Costa Sur de Guatemala.

El periodo Clásico ofrece posibles respuestas a las interrogantes que se refieren a las rutas de intercambio y el movimiento de materiales a través del área de estudio, debido a que puede proporcionar un mejor y más completo registro arqueológico, incluyendo restos de cerámica y textos jeroglíficos, así como las relaciones entre Copan, Quirigua, los sitios del sur de Belice y las Tierras Bajas Mayas.

Mientras que las rutas de intercambio entre Honduras y a través de Quirigua han sido ampliamente discutidas por décadas, nuestro conocimiento de las mismas termina abruptamente en la zona del río Motagua. ¿Cuáles fueron las relaciones económicas entre Copan, Quirigua y el resto del mundo Maya? ¿Acaso esos centros explotaron las rutas fluviales y perdieron repentinamente el interés en ellas? ¿Fueron ellos los expertos del intercambio marítimo en el periodo Clásico? ¿Anularon ellos por completo las rutas fluviales y enfocaron el intercambio en las rutas terrestres directamente hacia el centro de Petén?

Nuestro análisis preliminar de la obsidiana recolectada en superficie durante el reconocimiento (Figura 2), indica que la fuente más común parece ser El Chayal con 53.5 %; en segundo lugar la obsidiana entrando de Ixtepeque con 6.2% de la muestra y, una muestra dispersa de Jilotepeque y Ucareo, México, para redondear la parte baja de la muestra en 1.3 y 0.9% respectivamente. Este énfasis en El Chayal es verdadero para la región también.

Una advertencia necesaria es que la mayoría de artefactos se compone de lascas y nódulos que fueron arrastrados por los ríos pequeños, lo cual dificultó el reconocimiento visual. Sin embargo, estos hallazgos sugieren que estas comunidades no tuvieron acceso a las materias primas ni, presumiblemente, a las tecnologías de conocimiento necesarias para producir los bienes de alta de calidad tales como navajas prismáticas.

Adicionalmente, parece ser que estas comunidades obtenían sólo los restos de artículos de comercio que los sitios más grandes, como Quirigua, no querían controlar y por eso dejaban pasar, lo cual podría indicar que ese gran comercio marítimo los evitaba a todos juntos. El foco, sin embargo, no debe ser únicamente en “bienes de intercambio de alto prestigio”, sino más bien debemos tener presente que el intercambio, especialmente en los sitios no Clásicos de las Tierras Bajas Mayas, podría haber implicado otros bienes no valorados por reyes de la región tales como textiles, comestibles, y la evidencia en el registro arqueológico de los sitios más pequeños que no presentan el complejo estela-altar ni la arquitectura masiva de piedra cortada.

Sin embargo, esto nos lleva a que aún permanece difícil el definir la interacción intrasitio en el área de Izabal y la Costa Caribe de Guatemala, y sus conceptos existentes tales como: puertos de comercio y las comunidades de entrada. Todo esto necesita un mayor refinamiento para acomodar mejor las particularidades de las distintas regiones. Sin embargo, nuestra área de proyecto se acomoda extraordinariamente para entender mejor el movimiento de bienes de comercio fuera del  a cuenca del río Motagua, y para caracterizar la Costa como un eslabón en la cadena del comercio marítimo o como lugar de prominencia como el ancla de todo el comercio marítimo precolombino debido a su ubicación en el medio de esta confluencia de rutas. Definir estas rutas de comercio y los bienes que circularon en ellas es clave para el entendimiento de la naturaleza multiétnica de la costa guatemalteca.

Figura 2

SITIOS EN EL ÁREA DEL PROYECTO

Como se mencionó anteriormente, la primera parte de nuestro reconocimiento se fue construyendo sobre el trabajo previo que Bronson y el PAI realizaron a principios de los años noventa. PAI identificó tres zonas arqueológicas mayores y dos zonas menores en esta área, todas se centran en los principales ríos medianos que corren desde los nacimientos en Cerro San Gil hacia el lago de Izabal o Río Dulce. Los tres ríos mayores son Juan Vicente, San Marcos y Amatillo; asentamientos menos densos se identificaron también en Colorado Creek y Río Frío.

El Proyecto Costa del Caribe se enfocó primeramente en los asentamientos en Juan Vicente, San Marcos y Amatillo, usando coordenadas del Proyecto Atlas en IDAEH y PAI para volver a localizar esos sitios con la ayuda de un sistema nuevo de GPS. Esta tarea se dificultó debido a que las antiguas coordenadas no son precisas, como tampoco lo es el sistema de mapas, sumado al crecimiento excesivo de la vegetación o la destrucción de sitios (han pasado más de 15 años desde la investigación de PAI).

La hostilidad encontrada por los dueños de las tierras y otros locales, especialmente bajo los recientes rumores de que extranjeros eran los responsables de robar niños y órganos humanos en las comunidades indígenas, fue otro de los factores que impidieron desarrollar el reconocimiento como se planificó originalmente. No obstante, y a pesar de estos problemas, fue posible volver a ubicar Juan Vicente B y D, Rax Choc, y algunos de los otros sitios ya reportados; aunque parece ser que el sitio llamado Joya de Oro fue destruido por arboricultura. De todas formas, y debido a que será muy útil para la investigación a largo plazo, se dio inicio al proceso político de informarnos y presentarnos con comunidades y gobiernos locales.

El sitio preclásico Lote Seis fue en especial muy interesante, ya que la estructura del sitio es muy distinta a lo que habíamos visto previamente y no parecía tener ningún verdadero atributo Maya. Sitios similares como La Colonia, que no fueron localizados, representan este mismo modelo, el cual describimos como el “Patrón de no Patrón”. Estos parecen similares a los sitios llamados “mound builder” en Norteamérica, por su construcción de barro. Tales sitios quizá representen una fase habitacional más temprana en el área, o quizá un grupo étnico o político diferente en la misma región existiendo simultáneamente. Con la ausencia completa de cerámica en la superficie, aún en las trincheras de saqueo, será necesario y muy valioso el futuro trabajo de excavación en el sitio.

Los sitios Clásico Temprano y Tardío son muy similares entre sí, en relación de espacio y arquitectura. Aunque los grupos más pequeños no parecen tener un esquema central planificado, casi cada área habitacional mayor del periodo Clásico presenta un grupo cuadrangular de plaza. A menudo muchos de estos grupos, con una plaza grande y otras más pequeñas, son réplica del grupo más grande. Esto se pudo observar en Amatillo, Rax Choc y Benque Amatillo, en los sitios previamente registrados por Bronson, y fue también el caso en los nuevos sitios que PCC descubrió.

Uno de estos sitios, el cual llamamos tentativamente Sitio A (Figura 3), muestra los planes de plaza cuadrangular similares a los mencionados por Schortman y Nakamura (1991). Cuando la naturaleza montañosa del terreno no permitió una estricta adherencia a esta idea, la tierra misma fue modificada y replicada para mantener las direcciones cardinales y una posición semi-cuadrangular. El sitio cubre un área de 1.5 por 1 km, pero el asentamiento a través de todo el paso parece ser casi continuo.

Otro de los sitios descubiertos, denominado Monte de Los Olivos, se localizó también en un terreno alto y montañoso. Aunque este de ninguna forma iguala el nivel de construcción o manipulación del terreno presente en el Sitio A, es evidente que este pequeño sitio fue organizado según los planes geográficos de las montañas.

En el lado oeste del Cerro San Gil encontramos un asentamiento extremadamente denso en las tierras entre la costa y las montañas. La piedra caliza, pedernal y abundante agua pudieron haber sido factores que atrajeran a los Mayas de las Tierras Bajas hacia esta área. Se localizó una pequeña pirámide megalítica del periodo Preclásico y artefactos asociados tales como: desechos de núcleo de navaja, cerámica y hachas de jade. También aparecieron artefactos del Clásico Tardío, pero no fue posible localizar algún centro mayor en esta temporada.

Finalmente, se recolectaron algunos artefactos y se dibujó nuevamente un fragmento de estela en el centro Preclásico, Clásico y Postclásico de Miramar. Bronson realizó excavaciones y mapas preliminares de este sitio. Algunos de estos informes han sido publicados (Velásquez y García 1994). El fragmento de estela refiere a las insignias reales de la periferia del sureste de Copan, Quirigua, y de otros sitios al sur de Belice. Creemos que quizá se encuentren más monumentos en este sitio y que este centro y otros sitios mayores en los alrededores, poseen gran valor para lograr entender el comercio marítimo, especialmente durante el periodo Clásico.

Figura 3

CONCLUSIONES

El trabajo de reconocimiento permitió observar que, en primer lugar, existe poca evidencia de asentamiento denso en los valles bajos que cruzan el paso al final de la Sierra de las Minas y, en su lugar, se encontró tal evidencia en los cerros y cumbres. Este patrón es interesante por varias razones pero la principal, con respecto al análisis arqueológico, es que el análisis de movimiento de bajo costo puede estar seleccionando de forma incorrecta el terreno por el cual ocurrió el comercio.

Modelos similares han sido encontrados por PRASL en las Tierras Bajas Mayas del Oeste. Es claro que en esta zona los Mayas preferían caminar lentamente los cerros inclinados para la visibilidad elevada y mayor protección, mientras los que protegían las rutas de comercio preferían mayor visibilidad y la posibilidad de señales de fuego a larga distancia advirtiendo la venida de caravanas de comercio o grupos guerreros. Por tal razón es importante poner atención en las cumbres en busca de nuevos sitios y, en este caso, adoptar la idea de que las cuencas no fueron la única vía para transportar los bienes. Encontrar tales sitios ayudará a entender por completo el movimiento de bienes entre sitios y regiones.

En segundo lugar, se encontró una presencia más fuerte de Mayas de Tierras Bajas en las áreas costeras de la zona estudiada. Así, la frontera entre lo Maya de Tierras Bajas y lo no-Maya existe precisamente dentro del área de estudio. Adicionalmente, el reconocimiento y las excavaciones sistemáticas en la región de Izabal permitirán la resolución de algunos temas de interés que hacen falta en relación a la economía Maya y sus relaciones interregionales. Estos temas podrían ser:

  • La identificación de las verdaderas rutas de comercio utilizadas por los Mayas y grupos no-Mayas de las Tierras Bajas en la periferia del sureste
  • El reconocimiento de la verdadera forma y naturaleza de la frontera en la periferia del sureste
  • La naturaleza de las relaciones sociales entre los llamados grupos Maya y no-Maya en el área costera
  • Reconocer el origen y la estructura del comercio marítimo del periodo Clásico Tardío

Nuestro profundo agradecimiento a Leon Reinhart y la Reinhart Foundation por financiar generosamente esta primera temporada de investigación a lo largo de la Costa Caribe de Guatemala.

REFERENCIAS

Canuto, Marcello A. y Ellen E. Bell

2003        Classic Maya Borders and Frontiers: Excavations at El Paraíso, Copan, Honduras, 2003 Season. FAMSI.

Orozco, Rebecca y Richard Bronson

1991        Proyecto Arqueológico Izabal: Fase II. Shell Exploradora y Productora Guatemala, B.V. y Fundación La Ruta Maya, Guatemala.

Schortman, Edward M. y Seiichi Nakamura

1991        A Crisis of Identity: Late Classic Competition and Interaction on the Southeast Maya Periphery. Latin American Antiquity 2(4):311.

Velásquez, Juan Luis y Edgar Vinicio García

1994        Excavaciones en Miramar y su cerámica asociada. En VII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1993 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.605-620. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Figura 4 Zona de Izabal

Figura 5 Bienes de la región

Figura 6 Sitio Miramar

Figura 7 Fuentes de obsidiana

Figura 8

Figura 9 Plano de Cerro Azul

Figura 10

Figura 11

Figura 12

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