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94 – LA CERÁMICA DE IMPORTACIÓN DE SANTO DOMINGO, ANTIGUA GUATEMALA – Luis A. Romero – Simposio 20, Año 2006

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Romero, Luis A.

2007        La cerámica de importación de Santo Domingo, Antigua Guatemala. En XX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2006 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp. 1529-1545. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

94

LA CERÁMICA DE IMPORTACIÓN DE SANTO DOMINGO,

ANTIGUA GUATEMALA

Luis A. Romero

Palabras clave

Arqueología Colonial, Guatemala, Antigua Guatemala, cerámica mayólica, cerámica de importación, cerámica española, cerámica de China, cerámica oriental, clasificación cerámica

Abstract

THE IMPORTED CERAMICS OF SANTO DOMINGO, ANTIGUA GUATEMALA

In the collection of ceramic sherds from the Ex Convento de Santo Domingo in Antigua Guatemala there are many examples of imported ceramics that were brought to the city during the Colonial period.

La colección de materiales de Santo Domingo es una de las mayores de Guatemala, producto de más de diez años de investigaciones sistemáticas realizadas dentro y fuera del complejo arquitectónico. Las evidencias recuperadas de los pozos maestros dieron como resultado una larga ocupación en la localidad donde los Dominicos se asentaron después de su traslado del valle de Almolonga.

En la actualidad, el laboratorio de materiales arqueológicos de Santo Domingo está bajo la dirección del Departamento del Paseo de Museos, teniendo como objetivo principal convertir a dicho laboratorio en interactivo, para que permita la investigación dinámica y objetiva de todos los materiales que se encuentran resguardados en él.

Los trabajos de laboratorio también incluyen actividades de conservación preventiva, con una sección dedicada exclusivamente a esta tarea. La sección o taller de restauración, tiene como finalidad la conservación, restauración y limpieza de todas las piezas arqueológicas producto de los trabajos de análisis y selección del laboratorio de arqueología.

Los materiales cerámicos fueron clasificados en vajillas y tipos, que responden a una serie de características propias de cada uno, así como también por materias primas, técnica de manufactura, técnicas decorativas, motivos y diseños decorativos, formas y localidad. Cada vajilla se analizó por separado, ya que el resultado del análisis buscado en cada una fue distinto (Paredes y Romero s.f.).

El laboratorio de materiales arqueológicos de Santo Domingo, ha estado habilitado desde 1990, a partir de esta fecha se han realizado una serie de estudios sistemáticos con los diferentes materiales, producto de las intensas excavaciones. Hasta la fecha han transcurrido más de 15 años de trabajos arqueológicos en el conjunto arquitectónico de Santo Domingo, dando como resultado todo su legado patrimonial. En la actualidad el laboratorio de materiales arqueológicos aún sigue funcionando, con diferente modalidad y objetivos distintos a los que se plantearon cuando se inició el trabajo arqueológico en el lugar.

Por medio del estudio de la cerámica se han podido identificar muchas de las procedencias de manufactura de las vasijas recuperadas, el comercio interactivo trajo consigo una serie de mercancías, entre ellas cerámicas finas transportadas desde la península ibérica y el lejano oriente. Los alfareros locales en las nuevas colonias españolas, rápidamente copiaron modos que particularizaron la cerámica colonial en el Nuevo Mundo, haciendo de ellas una técnica propia de manufactura y el ser muy apetecidas por las clases locales.

Dentro de las cerámicas localizadas en Santo Domingo se pudo identificar piezas procedentes de distintos lugares.

LA CERÁMICA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

En la opulencia de Bagdad y en la cercana Samarra, durante el siglo IX surgieron dos inventos que darían un vuelco importante a la cerámica en los siglos venideros: la loza y la decoración de reflejo metálico, los cuales fueron conocidos y tuvieron muy buena aceptación fuera de sus fronteras. Las notas que se presentan a continuación están tomadas del conocido estudio de Florence Lister y Robert Lister (1987).

La mayólica es un término español que se refiere a la técnica de vidriar las vasijas producidas en arcilla, empleando el plomo como elemento principal. En estos inicios las decoraciones no eran muy buenas, ya que las pinturas se reflejaban en el plomo y tendían a diluirse en las superficies, siendo hasta el siglo IX cuando se realiza un descubrimiento muy importante, al añadir óxido de estaño al plomo, creándose una superficie opaca de tonalidades blancas, que resultó ser una base muy buena para la decoración con pinturas de óxidos de otros minerales.

Durante el siglo X los musulmanes introdujeron a España la técnica de la mayólica, algunos investigadores creen que el vocablo se deriva de la palabra “Malica”, el antiguo nombre de Málaga, uno de los primeros pueblos españoles que usó el vidriado con óxido de estaño. Otros lo atribuyen a la isla de Mallorca, desde donde se trasportaba esta cerámica a todo el Mediterráneo.

En Talavera de la Reina, los loceros fueron famosos por su popular estilo renacentista, y la ciudad alcanzó un alto renombre por la tradición de su producción de alfarería vidriada, Manises por su cerámica de reflejo metálico, y Sevilla por su producción de azulejos y su vasta variedad de utensilios domésticos (Gamboa 1989a, 1989b). De esta cuenta, Andalucía era considerada como la cuna de la nueva invención de la cerámica mayólica. En los siglos venideros se registraron centros alfareros muy importantes por toda la región, fueron los más famosos Córdoba, Granada, Jerez, Cádiz, Málaga y Sevilla, la cerámica de esta última localidad fue la más importante durante siglo XVI (Figura 1).

En el siglo XVI, Sevilla fue el puerto más importante de la península ibérica, pues era una de las ciudades con mayor opulencia de la época, desde allí se embarcaban todas las mercancías con destino a las nuevas colonias españolas. La producción cerámica en esta ciudad también fue muy importante, ya que las familias acaudaladas mandaban hacer sus vajillas a importantes locerías sevillanas.

En la región que correspondía a Sevilla se identificaron centros principales de producción alfarera en las localidades de Morería, Puerta de Osario, San Vicente, San Salvador, Santa Maria, Arenal, Judería, Alcázar, Puerta de Goles, La Cartuja, Castillo, San Pedro y La Puerta de Triana, de donde proceden la mayoría de las cerámicas encontradas en Santo Domingo (Figura 2).

Los materiales cerámicos provenientes de la península ibérica están representados por cerámicas características de Sevilla, estas vajillas llegaron al Nuevo Mundo con los españoles y rápidamente incorporaron su estilo a la alfarería local, aunque esta tradición cerámica no fue muy aceptada.

Figura 1        Identificación de los primeros centros alfareros de producción mayólica en España

Figura 2        Importantes centros alfareros cercanos a Sevilla.

Las cerámicas finas localizadas son de los tipos Morisco con una fuerte influencia árabe, otro sobresaliente y abundante es el llamado Columbia Plain, mostrando variantes en tonalidades del esmaltado, en color amarillento, blanco y almendrado, de fácil identificación por su superficie burda. Las formas más significativas son platos planos de base remetida, cuencos o fuentes de silueta compuesta con gruesos soportes anulares; la pasta puede presentarse blanca, amarillenta, hasta rosada con apariencia de talco, siendo este material extraído en diferentes localidades cercanas a las riberas del río Guadalquivir.

La cerámica Columbia Plain o Columbia Liso es también conocida como Loza de Triana, destinada a tareas domésticas, producida en grandes cantidades y a bajo costo, el esmalte es más delgado que el de las otras mayólicas y por lo general tiende a erosionarse o desprenderse de las paredes, su tonalidad es blanca aunque pueden encontrarse otras variantes. De este mismo tipo se producían otros que incorporaban algunos elementos decorativos para diferenciar la calidad del producto. Estos tipos se han identificado como Sevilla Azul sobre Blanco, Sevilla Verde sobre Blanco, Sevilla Azul, Sevilla Azul sobre Celeste, Yuyal Azul y Sevilla Morisco (Figura 3).

Figura 3

El Sevilla Azul sobre Blanco se caracterizaba por ser un tipo de cerámica hecho exclusivamente para los frailes dominicos, quienes los mandaban a pedir a las diferentes locerías de la localidad de Triana, se puede identificar fácilmente, ya que la mayoría de ejemplares tiene pintado el fondo de platos y cuencos con la cruz dominica, parte del escudo de esta orden, decoración que se hacía con finas líneas de azul cobalto.

El tipo Sevilla Verde sobre Blanco, posee un esmaltado más fino y era un producto más caro, accesible solo para la clase poderosa, la decoración que presenta es significativa y podían representarse motivos florales o frutas. Además se colocaba una mancha de color verde, tanto en el fondo como en la base de las piezas.

El esmaltado que presenta este tipo es más brillante y resistente que el de los tipos anteriores. Aún más restringido que este tipo fue el denominado Sevilla Azul sobre Celeste, que era sin duda alguna una de las cerámicas más finas manufacturadas en los talleres, esta cerámica requería de mayor tiempo y elementos para su fabricación; su fina y delicada decoración, hizo de ella muy costosa, es muy parecida a la cerámica Italiana hecha en Liguria, pero con la diferencia de la tonalidad y el brillo de la superficie.

El tipo Sevilla Azul era el equivalente al Sevilla Verde, este tipo mostraba una serie de decoración en tonos azules, pero el esmaltado era tan malo como el Columbia. Otro de los tipos fabricados en las locerías de Sevilla es el denominado Yayal Azul, decorado con gruesas líneas en forma de arcos entrecruzados tanto en el exterior como interior de las piezas, y una de las formas especiales eran los albarelos, objetos fabricados para resguardar medicamentos, estos por lo general estaban pintados de azul en su totalidad.

El tipo Sevilla Morisco es uno de los finos, presenta un brillante y resistente esmaltado en tonalidad café y almendra, la superficie es muy lisa y brillante, en raras ocasiones se le colocaban decoraciones en color verde en forma de palmas, que solo se podía apreciar poniendo la vasija en donde no reflejara la luz

La Cerámica Café Melado es una loza que tiene un grueso y brillante vidriado color miel o café (Figura 4), este tipo de vidriado es logrado tras la aplicación de óxido de hierro al esmaltado, y fue un tipo de cerámica muy popular al suroeste de Andalucía, desde donde llegó a las islas americanas del Caribe como Puerto Rico, Cuba y República Dominicana, se ha clasificado con el nombre de Honey Colored Ware (Goggins 1960b), por medio del comercio intercolonial vino a Guatemala, en donde se produjo con las variantes de verde, café y amarillo.

Este tipo de cerámica fue la que dio inicio a la tradición de cerámica vidriada en Guatemala, dicho tipo con su respectiva variante se mantuvo durante toda la colonia y sobrepasó el tiempo, llegando hasta estos días. En la actualidad, la cerámica vidriada que se fabrica en Totonicapán, Jalapa y Colotenango, es la evolución de la cerámica que llegó desde Sevilla y que fue incorporada a la tradición Criolla de Santiago de Guatemala.

Durante el siglo XVI existían varias localidades en Sevilla dedicadas a la fabricación de cerámicas con diferentes usos para satisfacer las necesidades de la comunidad y para proveer de utensilios a sus colonias recién descubiertas. El comercio de cerámica fue muy importante, ya que introdujo consigo una serie de características que más tarde se convertirían en los elementos esenciales de la producción local de las colonias españolas del Nuevo Mundo.

De la cerámica más diagnóstica de la tradición española, se tiene una muestra considerable de vasijas conocidas como ánforas, botijas o peruleras, las cuales se han denominado como Vajilla Tolosa, siendo una extensión en el tiempo con legado romano y fenicio. Se han identificando cuatro tipos sobresalientes que responden a su uso y función. El atributo consistente en esta vajilla es la forma, ya que los demás elementos responden únicamente a la funcionalidad específica de cada uno de los atributos, convirtiéndose estos a la vez en el elemento diagnóstico para la conformación de un tipo dentro de una misma vajilla.

Este tipo de cerámica es de una tradición europea con influencia árabe morisca, romana y fenicia, representa el momento del contacto con la cultura española. Fue introducida por los españoles al continente americano en contenedores para transportar mercancías y las botijas de uso doméstico, por lo general encargadas por comerciantes para almacenar y envasar productos.

Figura 4

Figura 5

Figura 6

Las vasijas son ánforas que poseen diversidad de formas de acuerdo a su función, tienen base convexa, cuerpo alargado y boca restringida con un cuello corto agudo engrosado, hay otras que poseen el borde redondo y la boca más abierta, que responde exclusivamente a su utilidad (Goggins 1960a). Su funcionalidad se ha atribuido a la contención de vinos, aceites, granos y especias.

Esta vajilla muestra cuatro acabados de superficie diferenciados, el tipo más abundante es la Sevillana, con únicamente baño de pintura rala, en tonalidades de blanco, rosado y amarillento, solo en la superficie exterior. Es muy abundante y con frecuencia se encuentra en cualquier excavación de asentamientos coloniales.

El segundo tipo se llama Valencia, se distingue por presentar un vidriado en tonalidades de verde y amarillo en ambas superficies, se utilizaban específicamente para trasportar y guardar vinos.

El tercer tipo se denomina Castillo, identificándose por tener un vidriado en tonos de verde y amarillo en la superficie interior, en el exterior puede mostrar un baño de pintura blanca amarillenta o únicamente alisado, el acabado de este tipo responde principalmente a su funcionalidad para el resguardo de aceites.

El cuarto tipo es Córdova, reconocido por poseer solamente vidriada la superficie exterior, fue utilizado específicamente para contener granos y especias.

Esta vajilla por lo general tiene un sello en el borde, que establece la casa artesanal en donde fue elaborada, la variación de la forma del cuerpo de las vasijas, la forma y orientación de los bordes responden a cualidades temporales y artesanales. Son varios los investigadores que se han dedicado al estudio especifico de estas cerámicas, en el laboratorio de Santo Domingo, también se está realizando un estudio de registro de los sellos presentes, para identificar los centros alfareros.

Dentro de la colección de materiales también se tienen muestras producidas en Francia, que por sus características no tuvieron mayor implicación en la cerámica de las colonias españolas. Por los contextos donde fueron ubicadas estas, llegaron en una época más tardía, introducidas por diferentes actividades del sistema colonial de las Américas. Esta clase de cerámica importada no es muy frecuente, pues tiene un porcentaje muy bajo.

Más variedad se ha encontrado en la cerámica italiana, producida en dos localidades de Liguria y Montelupo, con las características de Azul sobre Celeste, Verde sobre Blanco, Morado sobre Blanco y Azul sobre Blanco, estos últimos ilustraban parte del paisaje circundante. De todos estos tipos de cerámica, la que tuvo mayor presencia en América fue la producida en Liguria, la cual es muy similar a la Sevilla Azul sobre Celeste, con la diferencia que la cerámica italiana es más opaca.

LA CERÁMICA DE PUEBLA

Dentro de los materiales cerámicos de producción extranjera, se ha localizado una gran cantidad procedente de Puebla, México (Figuras 8, 9 y 10). Esta cerámica se caracteriza por sus variados diseños decorativos en tonalidades de azul; uno de los aspectos principales es la saturación de la decoración sobre los fondos blancos. Dentro de los tipos más importantes se pueden mencionar el Puebla Policromo, San Luis Policromo, Abo Policromo y el más común, el Pueblo Azul sobre Blanco.

La diferencia entre los tipos Puebla Policromo y San Luis Policromo consiste principalmente en la saturación del color sobre la superficie blanca, los diseños representados en la cerámica Puebla Policroma son más sencillos que los de San Luis, mientras que la cerámica Abo Policromo tiene otra característica estilística en la decoración, al tratar de emular las decoraciones de los jarrones chinos y europeos.

Figura 7

Figura 8

Figura 9

Figura 10

Este tipo de cerámica es mejor conocido como Talavera de Puebla, y es una de las cerámicas mayólicas más antiguas producidas en América, tuvo una gran difusión, alcanzando mucha importancia en el comercio intercolonial (Gamboa 1989a, 1989b). Las investigaciones realizadas por Edwin Barber afirman que la cerámica de Puebla fue introducida por los frailes dominicos, recién fundada la ciudad de Puebla, trayendo consigo alfareros de Talavera de la Reina para que difundieran las técnicas de fabricación, registrándose la primera locería durante 1580 y 1585 (Castro Morales 32:1989).

Puebla rápidamente se caracterizó por su producción cerámica, la más sobresaliente fue la Puebla Azul, también se produjeron otros tipos bicromos y policromos, pero no alcanzaron la nitidez que presentaban las mayólicas producidas en Guanajuato, otro de los centros alfareros famosos durante la colonia. En la colección de Santo Domingo se han identificado cerámicas provenientes de ambos lugares, pero por lo costoso de la cerámica policroma, la cerámica azul de Puebla fue la más comercializada, alcanzando una trayectoria que perduraría durante varios siglos, en la actualidad Puebla es bien conocida por su producción alfarera.

La colección de cerámica extranjera también ha permitido identificar otros tipos procedentes de Panamá, aunque no con la misma frecuencia que la cerámica de Puebla (Cruxent 1979; Toral 1983). Dentro de los tipos más comunes panameños están los conocidos como Panamá Policromo, con su característico color verde menta, amarillo, azul y negro, así como otras clases, producto de la combinación de las distintas tonalidades de estos colores, como Isabela Policromo, Verde y Negro sobre Blanco, y Azul sobre Blanco, del tipo Ichtucnee de Panamá. No se sabe con certeza si el Isabela Policromo fue producido en Panamá o en Republica Dominicana, pues es muy abundante en este último lugar. Podría tratarse de una copia hecha en cualquiera de ambos lugares. La muestra recuperada en Santo Domingo no es muy nutrida y pudo haber llegado a la capitanía del Reino de Guatemala bajo diferentes circunstancias.

LA CERÁMICA ORIENTAL

Dentro de la colección de cerámica de importación no podía quedarse fuera la cerámica oriental producida en diferentes localidades Chinas (Figuras 11, 12 y 13). Los orígenes de dicha cerámica datan de épocas muy remotas; las notas que se presentan a continuación fueron tomadas de los estudios de George Kuwayama (1997) y Suzanne Valenstein (1975). Este tipo muestra la excelencia y maestría del arte de la manufactura de la cerámica y el dominio de los elementos para la fabricación de piezas tan exquisitas. Las más representativas y populares fueron las hechas durante los periodos de la Dinastía Ming (1368-1644 AC) y Chiing 1644-1911 AC), finamente decoradas con pinturas florales, pájaros y animales mitológicos, en tonalidades de azul, rojo naranja y dorado sobre blanco.

En las excavaciones en Santo Domingo también se obtuvieron fragmentos de esta cerámica, identificándose dos tipos principales que fueron producidos en épocas distintas, durante el gobierno de dos dinastías de la realeza China.

Uno de los tipos más abundantes corresponde a la cerámica elaborada durante la Dinastía Ming, producida al sur de China, en la localidad de Cantón, caracterizada por su exquisita decoración floral en tonalidades azules, representaciones de dragones y paisajes estilizados, que son los elementos más diagnósticos de este tipo de cerámica. Si esta cerámica era manufacturada por alfareros reconocidos por la realeza, estos colocaban en la base un sello que identificaba a la dinastía. Existieron otros centros que producían cerámicas finas, pero la que alcanzó mayor renombre fue la de Cantón.

Durante el periodo de la Dinastía Ming, se hicieron cerámicas de una fineza incomparable, estos productos se hicieron muy populares en las casas reales europeas, mostrando mucho interés en su adquisición. Pero no solo las casas reales apetecían la delicada cerámica Ming, los bandoleros utilizaron sus habilidades, controlando rápidamente las rutas comerciales más importantes, para apoderarse de los valiosos cargamentos procedentes de China.

Figura 11

Figura 12

Figura 13

Con el decaimiento de la Dinastía Ming, la producción cerámica tuvo un desequilibrio, pero al entrar al poder la dinastía Chiing, pronto se restableció el prestigio de la producción cerámica China. Fue en el periodo Kang Shi que la cerámica China alcanzó su máximo esplendor, se caracterizó por la saturación del azul sobre el blanco y la incorporación del dorado en las decoraciones policromadas, también por la utilización de tonos rojos en los coloridos diseños florales con la combinación de aves en vuelo.

Además se fabricaron cerámicas con una técnica nueva, que consistía en colocar las decoraciones con los tonos esparcidos, dando una apariencia de traslucidez en los objetos decorados. Otra cerámica se caracterizó por presentar poca decoración, los diseños representados eran simples, pero contenían mucho simbolismo. Por lo general las decoraciones se hacían en el fondo de los tazones, o en forma de bandas por debajo del borde, ya fuera en el interior o exterior de las piezas.

Es importante mencionar que las rutas comerciales fueron controladas para garantizar la comercialización de productos muy preciados, traídos desde China, dentro de los que se pueden mencionar las sedas y las finas vajillas cerámicas.

Al Nuevo Mundo las cerámicas procedentes de la península ibérica y Cantón, llegaron por dos rutas principales, una saliendo directamente desde China, pasando por Filipinas, importante enclave de la corona española en el oriente, desde donde lograron controlar el comercio en la época de los grandes descubrimientos.

Los barcos zarpaban con valiosos cargamentos dirigidos hacia la Nueva España, de allí eran distribuidos por diferentes rutas, tanto marítimas como terrestres, a las nuevas colonias españolas, hacia Panamá y Perú, y por el Atlántico a Florida y a la isla La Española. De esta ruta comercial de oriente es muy conocido el famoso Galeón de Manila, transportando ricos cargamentos hacia América.

Otra de las rutas importantes fue la del Atlántico saliendo directamente de Sevilla, pasando por las islas Canarias y llegando a la isla La Española, de allí se redistribuían las mercancías, hacia Cartagena, Florida y la Nueva España. Pero llevar este tipo de cargamentos no era fácil, pues las largas travesías eran surcadas por piratas que saqueaban los valiosos productos, para luego distribuir las mercancías como contrabando.

No se sabe con exactitud cuáles fueron las circunstancias en que este tipo de cerámicas finas llegaron a la Capitanía General, posiblemente por encargos de familias adineradas, obsequios recibidos por las diferentes órdenes religiosas o simplemente por tráfico y contrabando, pero es importante mencionar que tanto la cerámica China como Ibérica tuvieron una fuerte influencia sobre los patrones decorativos de la cerámica del Nuevo Mundo durante la Colonia, uno de los ejemplos más comunes son las representaciones decorativas que determinaron grandemente la cerámica de Puebla.

La cerámica oriental hizo su entrada a las América por dos rutas principales, desde China a los países europeos, que también se vieron influenciados por esta tradición cerámica y posteriormente se trasladó a la Nueva España ya con los rasgos propios de la cerámica europea con toda la influencia China, y más directamente desde China hacia Filipinas por un largo viaje por el Pacífico hasta llegar a las costas mexicanas, para luego ser distribuidas a su destino final en donde fueron incorporadas rápidamente a la cultura criolla.

Sin duda alguna la cerámica más influyente en la alfarería guatemalteca, fue la que llegó de Talavera de la Reina en Palma de Mallorca, así como a los primeros loceros de Puebla, que impusieron su propio estilo a la cerámica poblana. Al arribo de loceros al Reino de Guatemala, estos crearon su único y propio estilo de la muy famosa cerámica mayólica guatemalteca.

En el futuro se dará a conocer más sobre la importancia de la cerámica mayólica de Guatemala.

REFERENCIAS

Castro Morales, Efraín

1989        Puebla y la Talavera a través de los siglos. En La Talavera de Puebla (editado por A. Ruy). México.

Cruxent, José M.

1979        Elementos decorativos de la mayólica colonial panameña: Reconstrucción tentativa siglos XVI y XVIII.

Gamboa, Fernando

1989a        De la Talavera y otras cerámicas. En La Talavera de Puebla (editado por A. Ruy). México.

1989b        El mundo de la Talavera. En La Talavera de Puebla (editado por A. Ruy). México.

Goggins, John

1960a        The Spanish Olive Jars: An Introductory Study. Anthropology 62. Yale University Press.

1960b        Spanish Mayolica in the New World, Types of the XVI to XVIII Centuries. Anthropology 72. Yale University Press.

Lister, Florence y Robert Lister

1987        Andalusian ceramics in Spain and New Spain, a Cultural Register from the Third Century B.C. to 1700. The University of Arizona, Tucson Press.

Kuwayama, George

1997        Chinese Ceramic Colonial México. Los Angeles County Museums of Art.

Paredes, Héctor y Luis Romero

s.f.        Los materiales cerámicos de Santo Domingo, una propuesta tipológica para el análisis de la cerámica colonial. Manuscrito, Antigua Guatemala.

Toral, Demetrio

1983        La cerámica histórica del istmo de Panamá. Instituto Nacional de la Cultura, Dirección General del Patrimonio Histórico.

Valenstein, Suzanne

1975        Handbook of Chinese Ceramics. The Metropolitan Museum of Art, New York.

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