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34 – LA GALERÍA DE LOS MONOS, ESTRUCTURA 5C6 DE CHICHEN ITZA – Peter J. Schmidt y Rocío González de la Mata – Simposio 20, Año 2006

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Schmidt, Peter J. y Rocío González De la Mata

2007        La Galería de los Monos, Estructura 5C6 de Chichen Itza. En XX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2006 (editado por J. P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.$$. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

34

LA GALERÍA DE LOS MONOS,

ESTRUCTURA 5C6 DE CHICHEN ITZA

Peter J. Schmidt

Rocío González de la Mata

Palabras clave

Arqueología Maya, México, Yucatán, Chichen Itza, arquitectura, excavación, chultun

Abstract

THE ‘GALLERY OF THE MONKEYS’, STRUCTURE 5C6 AT CHICHEN ITZA

The ‘Gallery of the Monkeys’, recently freed from the debris covering it, is one of the most interesting buildings of the Initial Series Group at Chichen Itza. It is composed of two sections: a series of narrow rooms on the south side and a large open gallery with arches that rest on two files of columns on the north. In both areas, there were collapses, repairs, and extensions, like simple benches and hearths. A history of tearing down features is clearly observable and ceramics have been found that date use and destruction. An immense midden of more than half a million sherds extends over the facade on the west side, almost exclusively from the Sotuta phase. Four upper facades show a frieze in relief, with representations of seated lords or gods alternating with scenes of monkeys and birds. The iconography of the frieze as well as the architectural development of the structure at Chichen Itza will be discussed. Another important feature of this building on its southeast side is a chultun at plaza level, fed by waters emitted from gargoyles located on the Gallery’s roof. The water was deposited on a platform that sloped toward the mouth of the chultun; this platform was completely excavated. Here, we present the results of this excavation and the differences between cisterns found at Chichen and other sites in the Maya Area.

En la sesión del año pasado de este mismo congreso, se presentó la excavación del Templo de Los Búhos (Estructura 5C7) en el Grupo de Chichen Viejo, de esta gran metrópoli del norte de Yucatán. Aquel templo formaba en cierto momento el límite meridional de la Plaza Suroeste del Grupo, como lo muestra el dibujo reconstructivo que fue publicado en la revista Arqueología Mexicana (Schmidt 2005:48).

El lado oriental de la misma plaza lo ocupa el Complejo Palaciego de los Falos (Estructuras 5C5, 5C14, 5C15), que contiene todo un laberinto de habitaciones, pasillos y patios internos, posee hasta una escalera interior que lleva a los dos cuartos de un segundo piso.

Al norte del complejo anterior se encuentra el Templo de las Caritas (Estructura 5C3), con sus dos atlantes altos interiores y su friso de búhos con alas extendidas. En el lado poniente, ligeramente desviado hacia el sur, se ubica la Galería de los Monos (5C6), una columnata compuesta con amplia galería abierta hacia la plaza en el norte y una sección de tres cuartos transversales en su sector sur, accesibles por una entrada tripartita en la fachada meridional y una puerta interior (Figuras 1 y 2).

Este edificio, que no había sido tocado en anteriores excavaciones, fue trabajado y parcialmente restaurado entre 1999 y 2005 por el Proyecto Arqueológico Chichen Itza.

Solamente existía un levantamiento preliminar, croquis y una breve descripción, en el excelente estudio sobre la arquitectura de Chichen Itza de Ruppert, una aproximación bastante cercana a la realidad (Ruppert 1952:123). Se equivocó solamente en el número de columnas de la fachada este (ocho en vez de nueve) y en la falta de una segunda hilera de columnas-pilares centrales, de las cuales ninguna estaba visible entonces.

Después de la excavación completa, se puede describir el edificio con bastante seguridad, ya que siguiendo su colapso final había sido afectado solamente por un intento de reacomodo y “reparación” parcial, no por la remoción sistemática de material de construcción pétreo que ha dañado tantas otras estructuras de Chichen. La relativa inaccesibilidad de “Chichen Viejo” ha sido una gran ventaja en este respecto.

       

Figura 1 Planta de la esquina suroeste del Grupo de la Serie Inicial

Figura 2 Planta de la Galería de los Monos

EL EDIFICIO 5C6 Y SU HISTORIA

El edificio tiene un largo total exterior norte-sur de casi 36 m y una extensión este-oeste de 5.45 m. Se levanta sobre una muy baja acera o zócalo de 0.60 a 0.70 m de ancho y entre 0.10 y 0.15 m de altura, cubierto de piso de estuco. Los muros y columnas arrancan unos 0.20 m abajo del último piso de estuco, que corresponde a la cubierta del zócalo y se asientan sobre una cobertura (piso de estuco) anterior de la plaza (Figuras 3 y 4). La altura exterior era de 4.50 m y las cuatro fachadas guardaban la misma composición: un paño inferior de 2 m de altura, una moldura media tripartita de 0.60 m, la franja de relieves de la fachada superior de 1.20 m, y otra moldura superior también tripartita de 0.80 m. Como motivo muy particular, las esquinas muestran una acanaladura vertical que, tanto abajo como arriba, termina en una superficie curva que deja los extremos de la esquina enteros.

La franja de relieves en la fachada superior ha sido descrita en otras ocasiones y basta decir aquí, que se compone de 16 grandes paneles en todo el rededor del edificio, de los cuales seis representan grandes señores, identificados por “glifos” ideográficos con el nombre “10 perro” (¿?) o “10 venado”, sentados sobre bandas celestiales y agarrando con ambas manos guías vegetales que terminan en cabezas de serpientes. Los otros diez repiten una animada escena, con hombres disfrazados (¿?) de pájaros atacando monos en actitud de bailadores y haciéndoles dejar caer bolas de excremento o semillas (¿?; Schmidt 2000).

Otros elementos iconográficos, son dos mascarones encimados en cada esquina y más de 60 monos en alto relieve que sobresalen de las bandas centrales de la moldura media y la superior, llenando de vida todo el edificio, con gestos muy propios a su especie.

La galería abierta del norte tiene los muros posterior (al oeste) y lateral norte sólidos, mientras que el muro sur tiene un vano de 1.50 m por 0.90 m, que conduce a la sección de tres cuartos. La fachada este consiste de una hilera de nueve columnas equidistantes de 0.45 m de diámetro cada una y dos alerones sólidos. El ancho de los vanos entre columna y columna es de alrededor de 1.90 m y la altura de las columnas es de 1.60 m, coronadas por capiteles rectangulares de 0.35 m de grosor.

A 2 m de distancia de las columnas de la entrada y a 1.80 m de la pared posterior, corre una segunda hilera de diez columnas del mismo diámetro y altura, y de capiteles un poco menores, que originalmente soportaban las gruesas vigas de madera que cargaban las dos bóvedas que, en sentido norte-sur techaban toda la galería. Estas vigas, al caerse al piso y quemarse, dejaron amplias manchas de combustión sobre el estuco, claro indicio de que la columnata terminó quemada, lo que es casi imposible imaginarse sin una actividad intencional y destructiva llevada a cabo por actores humanos.

Un rasgo importante de la segunda fila de columnas es la existencia de restos de un revestimiento, en cada una de ellas, hecho con piedras planas, cuñas y mucha mezcla, para convertirlas en pilares cuadrados. En algunos fragmentos hay restos de policromía (bandas) sobre el estuco, todavía reconocibles.

Al colapsarse las bóvedas, las piedras en forma de bota, las abundantes cuñas y las piedras-bolas del núcleo, formaron con la gran cantidad de estuco disuelto, el cuerpo macizo del núcleo que daba su aspecto al montículo antes de la excavación. Unas dos secciones de paño de bóveda se cayeron todavía como unidades sobre el piso, donde se están conservando en perfecto orden con espigas para arriba.

Sólo en la esquina noreste hay evidencia de alguna construcción secundaria interior: posiblemente protegido por un tramo de bóveda todavía en su lugar, se formó con piedras labradas del derrumbe, un crudo rectángulo elevado que hace el papel de una banqueta, ya que tiene otras lajas y piedras lisas integradas que la proveen hasta de una superficie más o menos horizontal.

La ya mencionada “remodelación del escombro” o “reparación” provisional del edificio colapsado y quemado, incluye además un intento observable de rescatar por lo menos unas piedras bien labradas y careadas, y unos tambores de columnas para producir algo como un muro bajo norte-sur frente a la “fachada” este del montículo.

Además se formaron unos escalones burdos para los que se usaron piedras rectangulares de revestimiento y hasta piedras con relieves que eran parte de los grandes tableros de las fachadas superiores. Con otras piedras lisas se trató de construir una especie de pared entre el alerón norte y las primeras dos columnas.

Es importante notar que este momento de re-ocupación, no llegó a más que la formación de unas bajas plataformas que pueden haber servido como bases de estructuras de material perecedero, que prácticamente no han dejado huella en el registro arqueológico. Es difícil imaginar que este re-uso haya durado por mucho tiempo.

Una reutilización de más larga duración de elementos de la Estructura 5C6 se puede observar en la edificación colindante en el suroeste, el Edificio 5C8. Tiene claramente dos fases de construcción arquitectónica, una primera que corresponde a la 5C6, y otra posterior que aprovecha en forma masiva piedras del derrumbe de ella y de otras construcciones aledañas, como el Templo de los Búhos (5C7) y hasta de más alejadas, como el Palacio de los Falos (5C14).

Lo sorprendente es que hasta ahora casi no se ha manifestado algún complejo cerámico diferenciable que corresponde a esta actividad, a no ser que los pocos restos observados del Complejo Hocaba cumplan con esta función.

Evidencia de un uso secundario e independiente de la función original aparece también en la sección sur del Edificio de los Monos. Mientras que la fachada sur con su doble entrada colapsó al mismo tiempo de la destrucción de la galería norte, un bloque que contenía los Cuartos 2 y 3 se conservaba obviamente por algún tiempo en pie todavía, ayudado quizá por lo sólido de la construcción de cuartos chicos y muros macizos, así como debido a la falta de vigas de madera que se pudieran incendiar y quemar. Se realizaron varios cambios para hacer los dos cuartos que quedaban en pie habitables:

Figura 3 Fachada de la Galería Norte de 5C6

Figura 4 Vista del norte del Edificio 5C6

  • Se tapió la puerta norte que comunicaba la galería norte con el Cuarto 3
  • Se abrió una puerta, ya no central sino pegada al muro este, entre los Cuartos 2 y 3
  • Se construyó una muy rudimentaria fogata cerca de esta puerta, ya en el Cuarto 3. El uso de esta fogata era suficiente para manchar el muro adyacente y las piedras planas que la formaban, pero no se acumuló suficiente material quemado alrededor para poder asumir un muy largo período de uso. La entrada utilizada en este momento debe haber sido la puerta entre los Cuartos 2 y 3.

EL POSIBLE USO DE LA GALERÍA NORTE

Uno de los problemas más discutidos en los últimos años es el probable uso de los edificios tipo galería y las columnatas, que se hacen muy frecuentes especialmente hacia el Clásico Terminal y en el Postclásico Temprano (Houston 1998; Arnauld 2001). Son parte esencial del equipamiento arquitectónico de Chichen Itza.

Aún con la añadidura de los tres cuartos transversales al sur, la Galería de los Monos es uno de ellos. Al momento de quemarse y colapsar tenía las huellas del último uso original, que se le estaba dando en la superficie arriba del piso, así que esta capa debe dar alguna idea sobre su funcionalidad. Para fecharla, puede decirse que casi todo el material recuperado (4444 tiestos) corresponde a la fase cerámica Sotuta (Figura 5).

Impresiona el gran número de vasijas grandes, sobre todo ollas y cántaros del tipo Balantun Negro-sobre-Pizarra. Son relativamente escasas otras formas, como platos y cazuelas chicas, normalmente frecuentes en contextos domésticos y supuestamente asociadas al consumo de alimentos (relación 25:1). Hay unas ollas de Piste Estriado, pero tampoco en la cantidad acostumbrada. En total, no da la impresión del inventario cerámico de una vivienda, ni de un lugar de culto o de una instalación militar, todos usos que se han propuesto para las columnatas. En la colección de cerámica destacan algunas piezas que deben haber estado enteras cuando les tocó el colapso, como un solitario cuenco de Silho Anaranjado Delgado y un muy elegante plato trípode Balantun-Tekit Compuesto, desde luego también un tipo extremadamente raro en la colección de más de un millón de tiestos de Chichen Itza.

Además de la cerámica, aparecieron un gran número de manos de piedra de moler, de las que tienen forma de pan, y bolas-martillos de piedra. Muy notablemente, no apareció ni una sola piedra de moler dentro de la galería ni en frente de ella. Seis malacates de barro son indicio de la actividad de producir hilos (¿y textiles?).

Hay relativamente muchos fragmentos de concha y caracol, trabajados y enteros todavía en espera de ser recortados. El más impresionante es un ejemplo de Pleuroploca Gigantea que tiene un fragmento rectangular del exterior recortado, con las huellas de los cuatro cortes, que obviamente fue utilizado para fabricar un colgante grande (Figura 6). Entre las bivalvas prevalecen ejemplares enteros y piezas de materia prima de concha nácar.

Restos de huesos son muy raros, metal no aparece, aunque en el contexto contemporáneo debe haber existido, como comprueba un ejemplar de cascabel del piso de plaza contemporáneo bajo el Templo de los Búhos.

El contraste de haberse encontrado todo este material más bien indicativo de ciertas actividades de artesanía doméstica adentro de un edificio con probable función pública, prácticamente abierto hacia la plaza con un altar central y frente al gran Complejo Palaciego de los Falos, en un edificio que además estaba decorado con una iconografía que más bien toca lo mítico y religioso, es evidente.

Figura 5 Vasijas de la fase Sotuta

Figura 6 Caracol

Por otro lado, es difícil explicar la presencia de tantos restos de cerámica que al momento del colapso no estaban enteros, aunque muchos representan casi medias vasijas. Algunas partes de este escombro deben de haberse llevado periódicamente al basurero, aunque la limpieza no fue muy a fondo o total.

Como una posible explicación para su función, se quiere sugerir algo que se asemeja a los famosos “portales de peregrinos” que abundaban en la época colonial. Eran sin duda edificios de cierta afiliación religiosa, donde se hospedaban y pernoctaban las multitudes de peregrinos que llegaban a las ciudades-santuarios-mercados para ciertas fiestas y celebraciones, pero que durante el resto del año pudieron servir para otras actividades económicas menores, cuando se aprovechaba más que nada la sombra y el techo protector y, al mismo tiempo, la entrada de luz que se daba a través de los vanos de la fachada.

Al final, se llama la atención sobre uno de los primeros planos que se han hecho de un asentamiento prehispánico y que contiene precisamente varios edificios que pudieran llamarse “columnatas” si hubieran sido construidos de piedra. Cuando Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés describe Tezoatega, el pueblo del cacique Agateyte o “El Viejo” cerca de León, Nicaragua, comenta sobre las grandes construcciones que conforman la plaza central y que en algo se asemejan a lo que en ciertas partes de área Maya se tiene en el Clásico Terminal y en el siguiente Postclásico (Figuras 7 y 8). No es sorprendente la semejanza, en ambos casos son pueblos mesoamericanos del horizonte tardío que los erigieron, por un lado: los Mayas, conocedores del centro de México también, y por otro los Nicarao que hablaban un idioma Nahua y eran portadores de una cultura tal vez originaria de México, pero enriquecida a través de su larga peregrinación hacia los países ístmicos.

En el plano acompañante, cuyo original, más de acuerdo con los patrones de dibujo del siglo XVI, todavía se espera encontrar algún día, las galerías y casas largas que interesan están distribuidas alrededor de una plaza rectangular de aspecto bastante semejante a la plaza de la Serie Inicial que se vio al principio. Nada más, aquí sus funciones están claramente marcadas: en el sur, el “portal cubierto (donde) hacen el pan del cacique” , en otras palabras, la cocina (de tortillas) para el complejo palaciego, y en el este, el palacio mismo “el bohío donde duermen el cacique e sus mugeres” y en el norte, bodegas (“bohío del maíz”) y otra construcción para el trabajo doméstico, “bohío de gente de servicio y cocina”, y en medio, una larga galería techada pero sin paredes que servía de estancia para los “capitanes y hombres principales”.

Los separaba y los expuso al mismo tiempo a la admiración pública. Dos pequeñas sepulturas al centro de la plaza y una larga construcción norte-sur, limitan al oeste de la plaza y “aquí están de día las mugeres del cacique e las que las sirven”. En otras palabras, eran las áreas de estar y obviamente de ocupaciones domésticas ligeras de las mujeres de rango y sus sirvientes, que de noche dormían en otro lugar. Parece un modelo no inapropiado para explicar la acumulación de un depósito de escombro selecto, no muy grueso, pero donde juegan un papel importante los recipientes de agua para el uso continuo, para tomar, mojar hilos, cortar con hilos y limar, etc., como se ha encontrado en la Galería de los Monos (Fernández de Oviedo 1959:Vol.IV:427-30, Vol.V:Lám.XIV).

Si el Edificio de los Monos en verdad tenía esta función, especialmente en temporadas que no se usaba para grandes aglomeraciones de gente, como ceremonias, actos públicos, etc, ofrecía además la ventaja de la fachada oriental abierta que permitía una discreta supervisión de los trabajos desde la plaza y el palacio de dos pisos al frente.

Otro rasgo que hace especial la Galería de los Monos es el chultun muy peculiar, con su área de captación elevada a 0.60 m sobre la plaza, que se halla en el pasillo norte-sur, entre los Monos y el Templo de los Búhos. Se llenaba con agua de lluvia captada en la azotea de la Galería de los Monos y dirigida hacia su boca de grandes piedras labradas con canales intermedios, por medio de un declive que debe haber existido. Una apertura en la moldura superior del techo con su caño o gárgola correspondientes, fueron localizadas en una excavación en su lugar de caída.

Figura 7 Plaza de Tezoatega

Figura 8 Plaza de Tezoatega

EL CHULTUN 5C3

Su excavación se llevó a cabo en el campo durante 1999, siendo al mismo tiempo parte del subproyecto para el estudio de las fuentes de agua de Chichen Itza. El Chultun 3 del Grupo de Serie Inicial, es uno de los once chultun reportados por los investigadores de la Institución Carnegie, quienes lo ubicaron dentro de los levantamientos que hicieron en este grupo, más no lo excavaron, como hizo G. Vaillant con el Chultun 1 en las cercanías.

Aunque anteriormente, dentro de este mismo simposio, se presentó un corto resumen sobre su excavación (González De la Mata 2001), con la exploración de la Galería de los Monos y el estudio de los restos óseos rescatados de su interior, se aporta nueva información.

Como se mencionó anteriormente, está asentado en el frente del sector sureste de la Galería de los Monos. Tiene una profundidad de 5.30 m, un diámetro de 3.20 m al fondo y una apertura en el brocal de 0.40 m (Figura 9).

Destacan sus paredes labradas en la roca y la adaptación hecha para recubrir las partes superiores de la cisterna con piedras peculiarmente labradas, a las que luego se cubrió con una capa de estuco delgada pero consistente, para resguardar el líquido captado y que no hubiera filtraciones.

La plataforma de captación del agua se elevó 0.60 m sobre el nivel de plaza y para facilitar la introducción del líquido, esta superficie circular se desniveló pronunciadamente hacia la boca del chultun, donde se introducía el agua a través de canales labrados en las piedras que formaban el brocal.

El escombro que cubría el interior, consistía de grandes piedras provenientes de los derrumbes de los edificios vecinos y numerosas piedras más pequeñas de los relieves de los frisos superiores, fragmentos de esculturas que los adornaban y partes de mascarones de las estructuras colapsadas. Una vez removido todo este material, se excavaron capas de tierra con gran cantidad de cerámica y diversos objetos, como manos de piedra de moler de variados tamaños, similares a las del tipo “bollo de pan”, que también se hallaron en la excavación del Edificio de los Monos, así como objetos diversos y de varios materiales, como serían las cuentas de turquesa y otros adornos.

Huesos de animal también abundaron, muy probablemente por haberse caído accidentalmente o por haber sido tirados allí por los habitantes del lugar. Se encuentran actualmente en estudio.

A excepción del Chultun 2 también del Grupo de la Serie Inicial, localizado al lado sureste de la Estructura 5C10 y que presenta una construcción, por lo menos en las paredes y en la forma, similar al descrito, ninguno de los chultun excavados o reportados en Chichen hasta este momento presenta características tan elaboradas como el Chultun 3.

Por su cercanía y comunión con la Estructura de los Monos, es posible suponer que el agua que se guardaba en su interior servía a propósitos especiales de los grupos que usaban esas instalaciones, y si se sigue con el posible panorama que se ilustró en páginas anteriores de la plaza de Tezoatega, podría recrearse una escena en que los sirvientes extraen el agua del chultun para llevarlo a las mujeres que hacen las comidas o tejen los vestidos del señor principal y su familia en la adyacente Galería de los Monos, abierta hacia la plaza.

También se podría suponer que este líquido, tan preciosamente guardado, era el utilizado para las ceremonias especiales durante las festividades particulares que se llevaban a cabo en esta plaza por su particular ubicación y por la forma tan elaborada de la cisterna que lo guardaba.

Figura 8 Chultun 5C3

Por los restos cerámicos obtenidos dentro del Chultun 3, se puede inferir que se utilizaba en la fase Sotuta y ligeramente después, al mismo tiempo que los edificios que lo rodean. Los tiestos que se hallaron como aplanado y que yacían bajo el piso de estuco del fondo de la cisterna, pertenecen al complejo Yabnal-Motul y, en menor medida, Sotuta, lo que indica que fue excavado y construido temprano en la fase Sotuta, cuando los desechos cerámicos de esta fase aún eran pocos. Los tiestos que se rescataron de las capas de tierra que colmaban el interior son en su mayoría pertenecientes a dicha fase.

En porcentajes muy menores, hay también de los complejos Hocaba y Tases, de las últimas fases de ocupación del sitio. Por lo tanto se puede suponer que esta cisterna fue habilitada en los años 850-1150 DC y en los años posteriores, terminó como depósito de escombros una vez que había llegado a su fin el auge del sitio.

El análisis de los fragmentos de seis cráneos rescatados del interior, casi a nivel de piso de la cisterna, estableció que pertenecían a dos adultos jóvenes, entre 20 y 25 años y dos a adultos de más de 30 años. A los dos restantes, por su desgaste, no se les pudo determinar edad o sexo.

Ya que por el crecimiento y desarrollo de los huesos se pueden medir aspectos de la salud y la dieta de los individuos, en ellos se detectaron condiciones que se refieren a características de manifestaciones primarias de anemia (criba orbitalia) y la osteoartritis, relacionada con la obesidad o con actividades continuas de carga y esfuerzos, tal vez en este caso por las acciones de transporte de bultos pesados.

Los dientes asociados a los cráneos mostraron desgaste de la superficie, lo que puede deberse a la clase de alimentación y también, tal vez en este caso, a la mutilación dentaria (Arias López 2003). Los datos aportados por este estudio hacen pensar que se trataba de individuos sin acceso a una buena alimentación y que fueron sometidos quizá a duros trabajos, por las condiciones artríticas que mostraban, así que difícilmente se trataría de los dueños de residencias palaciegas.

La no muy ceremonial disposición de estos huesos humanos lleva a relacionarlos con una labor de limpieza, general y apurada después de una catástrofe mayor, que no permitía un procedimiento más digno y normal.

Además, se entiende que esta limpieza general, tal vez relacionada con las huellas de destrucción en la Galería de los Monos misma, significaba el final de las actividades ordenadas y formales en la plaza y sus edificios, aunque la profundidad de los huesos en el depósito llama a cierta reserva. Definitivamente ya no fue posible usar el chultun para captar agua limpia, así que es también probable que las actividades a las cuales servía, no se reanudaran.

REFERENCIAS

Arias López, José Manuel

2003        Informe preliminar sobre el análisis de los materiales óseos de un chultun de Chichen Itza, Yucatán. Sección de Antropología Física. Informe, Centro INAH, Yucatán.

Arnauld, Marie Charlotte

2001        “Casa grande”: Evolución de la arquitectura del poder del Clásico al Postclásico. En Reconstruyendo la Ciudad Maya (editado por A. Ciudad Ruiz, M. J. Iglesias P y M. Martínez M.), pp.363-401. Madrid

Fernández de Oviedo y Valdés, Gonzalo

1959        Historia General y Natural de las Indias, Vols.1 a 4. Biblioteca de Autores Españoles, Editores Atlas, Madrid.

González De la Mata, Rocío

2001        Chultunes de Chichen Itza. En XVI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2002 (editado por J. P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía), pp.1009-1022. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Houston, Stephen D. (ed)

1998        Function and Meaning in Classic Maya Architecture. Dumbarton Oaks Research Library and Collection, Washington, D.C.

Ruppert, Karl

1952        Chichen Itza. Architectural Notes and Plans. Carnegie Institution of Washington, Publicación No.595. Washington.

Schmidt, Peter J.

2000         Nuevas páginas para la historia de Chichen Itza. Los relieves de la Galería de los Monos y otros edificios de Chichen Viejo. Ponencia, X Encuentro Internacional “Los investigadores de la Cultura Maya”. Campeche.

2005        Nuevos hallazgos en Chichen Itza. Arqueología Mexicana 13 (76):48-55.

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