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31 – ESTRUCTURA URBANA Y ARQUITECTURA EN LA BLANCA, PETÉN – Gaspar Muñoz Cosme – Simposio 19, Año 2005

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Muñoz Cosme, Gaspar

2006        Estructura urbana y arquitectura en La Blanca, Petén. En XIX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2005 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.340-351. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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ESTRUCTURA URBANA Y ARQUITECTURA EN LA BLANCA, PETÉN

Gaspar Muñoz Cosme

Palabras clave

Arqueología Maya, Tierras Bajas, Guatemala, Petén, La Blanca, río Mopan, río Salsipuedes, arquitectura, gratitos

URBAN STRUCTURE AND ARCHITECTURE IN LA BLANCA, PETEN

Recent studies carried out at the site of La Blanca, Melchor de Mencos, Peten by means of prospecting systems, and typological and architectural works, have revealed the urban structure and the principal characteristics of the architecture in the Central Acropolis. Using the information obtained, and the formal and architectural analysis, it is possible to establish some first hypotheses on the quality of the palatial architecture, the singularity of some of its typographical and structural solutions, and the principal characteristics of this urban settlement bordering of the lower basin of the Mopan River.

La estructura urbana de cada ciudad es sin duda el reflejo y la herencia de la sociedad que la creó, la ocupó, la utilizó y la transformó adecuándola a sus necesidades políticas, económicas, funcionales y sociales. Esto ha ocurrido y sigue ocurriendo en todas las civilizaciones, y si se halla la capacidad de analizar la materialidad de estas estructuras se podrá descubrir una gran cantidad de información sobre la sociedad que las originó y mantuvo. Las ordenaciones sociales pueden ser sencillas o complejas, homogéneas o heterogéneas, jerarquizadas o equilibradas, y todo ello queda grabado en la arquitectura urbana, en la caracterización de sus edificios, en los volúmenes y en los espacios que se ordenan para constituir la trama urbana.

Todas estas reflexiones pueden ser aplicadas en el análisis de la estructura urbana de una ciudad. Las recientes investigaciones realizadas en el sitio de La Blanca, Melchor de Mencos, Petén, mediante sistemas de prospección y levantamiento topográfico y arquitectónico, han develado su estructura urbana y las características principales de la arquitectura de la Acrópolis central. Mediante el estudio de la información obtenida y el análisis formal y arquitectónico, se pueden establecer unas primeras hipótesis sobre la calidad de su arquitectura palaciega, la singularidad de algunas de sus soluciones tipológicas y estructurales, y las características principales de este asentamiento urbano fronterizo de la cuenca baja del río Mopan.

Esta urbe Maya ya había sido descubierta en los albores del siglo pasado por algunos de los exploradores que recorrieron el territorio petenero en busca de la arquitectura Maya visible. Así, Teobert Maler, en 1905, ya había localizado algunas de sus estructuras bautizándolas con el nombre de El Castillito, situándolo en uno de los mapas de la zona. Pero quizá la información más precisa del lugar es la obtenida en una de las expediciones del Museo Peabody de la Universidad de Harvard por Raymond F. Merwin en 1913, que lo visitó en su recorrido por toda el área, inspeccionando también otras poblaciones cercanas como Yaltutu y Ucanal, y la rebautizó con el nombre Maya de Chac-Ha, obteniendo algunas fotografías que han llegado hasta aquí (Figura 1).

De estas visitas consta que lo que más le llamó la atención a estos exploradores fue una enorme Acrópolis en la que se podían contemplar grandes lienzos de muro con una sillería de notables proporciones y algunos cuartos y bóvedas en buen estado. En las fotos de Merwin se puede observar estos extremos e incluso, en una de ellas el dato anecdótico de un grafito fechado en el siglo XVIII y en el que un tal Pedro Montañés dejaba constancia de su paso por estas ruinas en 1752, lo que indica que en esa fecha estos paños de muro estaban visibles e incluso eran susceptibles de ser utilizados circunstancialmente como refugio para pasar la noche. Algunos autores relacionan este dato con las actividades llevadas a cabo por el Sargento Mayor Melchor de Mencos hacia mitad del siglo XVIII para expulsar a los traficantes de madera que operaban en aquel entonces, por la zona (Quintana 1996, 2005; Figura 2).

Figura 1  Fotografía realizada por Raymond F. Merwin en 1913 (Cortesía de Ian Graham)

De estos primeros datos históricos sobre La Blanca se puede deducir la fuerte jerarquización de sus estructuras urbanas y en concreto de su Acrópolis como hito arquitectónico que conseguía sobresalir y llamar la atención, a pesar de la enorme densidad de vegetación que se supone la rodeaba en esa época. Sin embargo, estos exploradores no repararon en mayores detalles en cuanto a las características urbanas del asentamiento, posiblemente por la dificultad de poder percibir la realidad de los restos de las construcciones y espacios públicos que estaban sepultados por una espesa capa de escombro y vegetación.

La primera identificación reciente del lugar se debe al investigador Ian Graham quien en 1980 publicó un plano de la zona que recogía la información que había recopilado en las prospecciones realizadas en años anteriores. Y más recientemente, desde los años noventa del pasado siglo, con las actuaciones del Atlas Arqueológico de Guatemala (Laporte y Mejía 2000), y del Proyecto Triángulo Yaxha-Nakum-Naranjo (Quintana y Wurster 2001).

No obstante lo anterior, y como consecuencia de ello, en la pasada temporada se inició un proyecto sistemático de investigación auspiciado por el Ministerio de Cultura de España, la Universidad de Valencia y la Universidad Politécnica de Valencia, y cuyo fin es el investigar y poner en valor esta ciudad de La Blanca.

Figura 2  Grafito de 1752 con la firma de Pedro Montañés

En la actualidad, las ruinas de la ciudad de La Blanca aparecen como una isla de vegetación en un territorio que ya ha sido invadido por los potreros y zonas de cultivo. Dentro de su ámbito fue preciso realizar una limpieza de vegetación o chapeo que permitiera utilizar los instrumentos topográficos con suficiente eficiencia. Como ya se ha indicado, este lugar había sido objeto de algunas prospecciones y exploraciones por parte de los proyectos guatemaltecos Atlas Arqueológico y Triángulo Yaxha-Nakum-Naranjo y, fruto de ellas, son los croquis que se conocían sobre el sitio en los que destacaba la existencia de los edificios y espacios antes mencionados y de un grupo de edificaciones denominado Grupo Sur, compuesto por tres montículos de cierto tamaño, aunque el resultado de la actual investigación del lugar ha sido sorprendente por el gran número de edificios y estructuras detectados, que abarcan una superficie total en una primera apreciación de más de 11 hectáreas.

Los trabajos se iniciaron con un levantamiento topográfico, realizado con una estación total, en el que se pretendía sacar un modelo representable por curvas de nivel situadas cada 0.50 m que fuese la más fiel muestra de la realidad física del asentamiento, sin introducir inicialmente factores de interpretación cultural. Así se logró obtener el plano topográfico de una amplia zona que recoge la mayoría de los edificios y montículos detectados. Este documento se considera de gran valor, tanto para el análisis e interpretación del sitio, como por la necesidad de disponer de una base cartográfica fiable para iniciar los trabajos de prospección arqueológica que se realizaron la pasada temporada y que tendrán su continuidad en la del presente año y en las sucesivas. Se desea hacer hincapié en esos dos aspectos importantes que han podido ser detectados en estos primeros trabajos y que hacen de La Blanca un sitio singular: su estructura urbana y la notoriedad de su arquitectura palaciega.

LA ESTRUCTURA URBANA

Las investigaciones están todavía en una primera etapa aunque se podría aventurar que la Acrópolis de La Blanca es la edificación más notable del entorno y sin duda, la residencia y el lugar desde donde se detentaba el poder en la ciudad. Su situación dominante espacialmente y la privacidad de su patio interior parecen indicar claramente estos extremos. Es importante también destacar la sucesión de terrazas que van descendiendo hasta lo que aparentemente fue una aguada o estanque al sur de la Acrópolis, siendo esta zona quizá un espacio de recreo o de reserva hídrica del palacio principal.

Al norte de la Acrópolis se sitúa la que se denomina Gran Plaza Norte, un espacio urbano notable de planta cuadrada y de unos 70 m de lado, es decir, con una superficie aproximada de 4900 m². Es el gran espacio público en el que desemboca la escalinata principal de acceso de la Acrópolis, que se encuentra bajo el montículo de derrumbe y que, sin duda, ha de tener una anchura notable. No existen muchos ejemplos de este tipo de conjuntos. Quizá la Acrópolis de Tayasal, también con un palacio al oeste y de dimensiones similares, o las de Ixlu o Kinal, con una sucesión de escalonamientos hacia el sur, son las que pueden presentar una mayor similitud, aunque haría falta una investigación de mayor profundidad para poder compararlas. En cualquier caso, si se atiende a las apreciaciones y datos que se han examinado, se pude concluir que se trata de un conjunto característico del Clásico Tardío en esta región de Petén (Quintana y Wurster 2001:146; Figura 3).

Otro de los espacios urbanos notables es la calzada que desde la Plaza Norte, y en paralelo con la Acrópolis, describe un recorrido hacia el sur que podría alcanzar los 300 m, con una anchura aproximada de 30 m, lo que supone una superficie de calzada de unos 9000 m², lo que puede dar idea de la importancia que pudo tener La Blanca y la capacidad económica de la que disfrutó en su época de esplendor. La posición de la calzada situada de forma paralela al occidente de la Acrópolis es una característica que se puede encontrar en otras ciudades de Petén, tales como Kinal, aunque de forma opuesta, es decir al oriente de la Acrópolis, pero es difícil hallarlo en otras ciudades del entorno.

De su estructura urbana llama la atención la inclinación de aproximadamente 12º hacia el oeste que presentan sus ejes principales; esto es especialmente relevante puesto que en la mayoría de las ciudades conocidas de las que se tiene levantamientos cartográficos fiables, esta declinación suele ser de parecida magnitud pero en sentido contrario, es decir, hacia el oriente. Por otro lado hay que considerar también como factores singulares, la ausencia de templos piramidales y de Conjuntos de tipo Grupo E. Esto último podría incluso tener relación con el sistema de orientación general ya, que últimamente se está considerando que estas estructuras podrían tener vinculaciones con el primer asentamiento de las ciudades, poseyendo una misión reguladora para marcar la pauta del trazado general de la urbe. Así se observa en las ciudades de mayor tamaño, como Yaxha o Naranjo, en donde el Conjunto de tipo Grupo E ocupa una posición central y pudo ser un elemento fundacional y de referencia en el diseño de la ciudad.

Por último, y en relación con el trazado urbano, habría que destacar la ordenación en tres ejes virtuales trazados de norte a sur. El primero de ellos ordena la zona más notoria de la ciudad, es decir, la Gran Plaza Norte, la Acrópolis y la sucesión de terrazas que descienden hasta la aguada. El segundo sigue el eje de la calzada, quizá con un carácter más ritual. Y el tercero es el que ordena la sucesión de plazas que restan al oeste de la calzada, donde se ha podido comprobar la existencia de un gran número de montículos y plataformas de menor tamaño y volumen, lo que denota que era una zona de gran ocupación.

Figura 3  Plano de Kinal (Tomado de Quintana y Wurster 2001: fig.93)

Este tercer eje discurriría por el centro de tres grandes plazas. La primera, al norte, es de gran tamaño, con algunas plataformas menores y delimitada al este por el mismo edificio que la separa de la Gran Plaza Norte. Es una plaza más elevada y habría un cambio de nivel importante, posiblemente con una escalinata para acceder a la segunda plaza o Plaza Central Oeste, detrás del edificio que delimita la calzada por ese lado. La posición y tamaño es casi simétrica a la Acrópolis al otro lado de la calzada y está delimitada al sur por un edificio de unos 30 m de longitud que, a su vez, cierra por el norte la llamada Plaza Sur Oeste, que es la última de esta sucesión de plazas que discurren en paralelo a la gran calzada. Al oeste de esta zona aparece un gran número de montículos y plataformas de menor tamaño y volumen que se investigarán en las próximas campañas y que posiblemente conformen espacios urbanos menores.

Un dato destacable es que al este de la ciudad no aparecen grandes huellas de asentamientos, montículos o plataformas, y el terreno parece descender más rápidamente. Sin duda, la ciudad no creció hacia esta zona y es posible que la razón fuese que estos territorios eran susceptibles de ser inundados con las crecidas de los ríos Mopan y Salsipuedes.

LA ARQUITECTURA

Uno de los aspectos por lo que La Blanca siempre destacó fue sin duda su arquitectura palaciega que hoy día se puede observar. De ella se puede destacar la factura de sus muros de sillería, el diseño de sus bóvedas, la singularidad tipológica de la Acrópolis y las decoraciones de grafitos de gran calidad artística que aparecen en algunos de sus estucos interiores. Una de las sorpresas que aguarda en La Blanca es la buena construcción de sus muros, mediante sillares de gran tamaño y grosor cortados en todos sus lados con gran precisión, que carean unos anchos muros de cerca de 2 m y rellenos de mampostería y mortero de cal. El acabado exterior de estos muros está muy cuidado y la fábrica perfectamente coordinada y trabada. De hecho, pueden recordar algunas construcciones palaciegas aisladas de otros lugares tales como Tikal, pero sorprende encontrar esta gran calidad edilicia en un entorno tan distinto de las grandes ciudades de Petén. La muestra que mejor se conserva de ellos son los lienzos de muros que delimitan el patio privado interior por sus fachadas norte, oeste y sur, en el que, tal vez por la ausencia de vanos, su solidez es mayor, llegándose a apreciar, en algunos casos, hasta la colocación de las piedras que conformaban la cornisa (Figura 4).

Figura 4  Sillares de los muros de la Acrópolis

La tipología de esta Acrópolis se distingue por poseer un recinto interior de gran privacidad. Su traza parece deducirse de un cuadrado generador de aproximadamente 36 m de lado, circundado por construcciones ciegas hacia el interior y abiertas hacia el norte, oeste y sur. Con posterioridad se erigió el palacio situado al este, que cierra así el recinto por esa orientación, dejando dos entradas laterales en contraposición al resto de las fachadas que tendrían entradas centrales. Este palacio, sin duda el principal, era el único que poseía el privilegio de abrir sus vanos hacia el interior. No hay la menor duda que fueron los aposentos de los gobernantes que dirigieron los destinos de esta ciudad y que la dominaron políticamente.

Un hecho curioso, en relación con la factura y erección de los muros de la Acrópolis, fue el hallazgo durante los trabajos de reconocimiento y levantamiento arquitectónico, de un hacha de pedernal de muy buena calidad encastrada en el interior de la fábrica del muro norte del recinto. Con un tamaño de 13.5 cm de longitud y 225 gramos de peso, estaba colocada con la parte más afilada hacia fuera, en dirección sur y levemente levantada; el hallazgo sólo fue posible porque los sillares exteriores habían caído y ya no estaban en su lugar, dejando al descubierto el relleno del interior del muro en donde estaba empotrada con el mortero de la construcción. Sin duda, se trata de un objeto especial, ya que se pudo contemplar que en la parte más próxima a la punta exhibe tres incrustaciones brillantes que lo distinguen y lo hacen singular. Este hallazgo hace pensar que su colocación en este lugar fue fruto de un ritual o ceremonia vinculada con la erección de este edificio y no debido al olvido de sus constructores (Figura 5).

Figura 5  Hacha encastrada en el muro

Es difícil identificar tipológicamente estos edificios cuando todavía no han sido excavados, pero ya se puede deducir que el edificio principal poseía cinco estancias, estando las de sus extremos construidas con unas bóvedas cuyos lados presentan longitudes equivalentes, una de las características que se identifican como propias de La Blanca, y que raramente se encuentran en otros lugares de Petén (Quintana y Wurster 2001:145-151). En este caso, estas bóvedas presentan unas dimensiones que las hacen excepcionales, llegando a alcanzar hasta cerca de los 4 m de lado, lo que revela una avanzada técnica constructiva para resolver un problema estructural que empieza a ser bastante más complejo que el de la simple bóveda de aproximación, y una sensibilidad arquitectónica especial en la concepción de estos espacios. Los demás cuartos del edifico presentan características más habituales a los de la zona, aunque siempre con una gran altura interior.

Es especialmente notoria la fachada este del edificio, que está constituida por un muro ciego en el que se pueden encontrar algunas características que muestran cómo fue en su época de esplendor. Se conserva la huella de la cornisa y aún permanecen algunos sillares en su sitio marcando la línea de esta cornisa o moldura media. Los sillares de la cornisa son de 0.22 m de altura y 0.10 m de voladizo, y están situados a 3.80 m por encima del resalte exterior que corresponde con el piso del edificio. Debajo de ellos se extiende un gran paño de muro con once hiladas de sillares de dimensiones próximas a los 0.35 m. Más abajo se puede observar que el muro continúa, posiblemente 4 ó 5 m más, hasta encontrar el nivel equivalente al de la plaza. La coronación superior por encima de la cornisa consta de un muro que alcanza casi los 3 m en algunos puntos y que está fabricado por un sillarejo de menor dimensión, de un tamaño parecido a los que se utilizan en los templos superiores de Tikal, y que, posiblemente, debió tener la función de soporte de un gran friso de estuco que coronaría el edificio. Así, este gran muro, de unos 32 m de longitud y una elevación de 12 ó 13 m, era la gran pantalla que cerraba la Acrópolis hacia el oriente (Figura 6).

Figura 6  Muro Este del palacio oriental de la Acrópolis

El resto de los edificios de la Acrópolis constituyen una sucesión de cuartos de diferentes tamaños que abren sus puertas hacia el exterior, y entre los que inicialmente se pueden apreciar al menos tres de ellos diseñados también según este patrón de bóvedas de lados equivalentes, aun cuando la dimensión de sus lados es inferior a los 3 m de lado. Es destacable que la posición de estos cuartos singulares está siempre próxima a las esquinas que conforman el edificio exterior, es decir la noroeste y al suroeste de la Acrópolis. La luz interior hasta la clave debe estar próxima a los 6 m y la línea de impostas se sitúa sobre los 4 m sobre el piso. Estas medidas resultan de un tamaño excepcional en la arquitectura del entorno, lo que unido a la buena factura de su sillería indican la existencia de una arquitectura de gran calidad. Así, el conjunto de la Acrópolis en su situación primitiva debió tener una altura entre 15 ó 16 m sobre el pavimento de la Gran Plaza Norte o de la calzada del oeste (Figuras 7 y 8).

Figura 7  Croquis de uno de los cuartos de lados equivalentes

Ya en las primeras prospecciones realizadas en los años noventa se pudo detectar que en el estuco interior de algunos de estos cuartos aparecen grafitos antiguos que posiblemente son contemporáneos con la última ocupación de los edificios. En las primeras investigaciones realizadas al efecto se ha podido comprobar que algunos de ellos son de gran calidad artística. Son especialmente reseñables los hallados en el cuarto que se encuentra al oeste del acceso sur de la Acrópolis y que tuvo sus puertas mirando hacia esa dirección, lo cual es una buena orientación para que la entrada de luz solar destacara la calidad de los grafitos, y del que ya había algunas referencias en las investigaciones realizadas anteriormente (Fialko 1997). Se han encontrado muy diversos motivos ocupando una gran superficie de sus muros, entre los que sobresalen los relativos a la fauna del lugar o a personajes en distintas posturas, algunos de ellos tañendo instrumentos musicales (Figura 9). Aún, es pronto para caracterizar la arquitectura de estos edificios, pero se ha podido comprobar que sus vanos poseyeron dinteles de chicozapote de gran escuadre y que las dimensiones interiores eran de similar tamaño a la de los otros palacios, alcanzando los 6 m de altura desde pavimento a clave.

Del modelo extraído del levantamiento topográfico, y a falta de una excavación pormenorizada, se puede deducir que el acceso al patio central de la Acrópolis se hacía desde tres pasos situados en el centro de cada uno de los lados norte, oeste y sur. El del norte parece el más importante y ya se ha reseñado. El paso sur debió ser más recóndito y privado y daba a las terrazas que conducían a la aguada, mientras que el acceso situado en la fachada oeste conduciría a la terraza externa circundante de la Acrópolis, que debió ser un excepcional balcón para observar la calzada desde unos 5 m de altura sobre ella.

Como conclusión, se puede indicar que se encuentra ante una ciudad perfectamente trazada, de forma muy ordenada y siguiendo unos ejes reguladores norte-sur que, sin embargo, declinan levemente en sentido contrario al habitual de los demás asentamientos conocidos, y que además cuenta con una arquitectura palaciega notoria, casi un ejemplo único en la zona puesta de manifiesto en la forma, diseño y recursos tecnológicos desplegados en la construcción de los palacios de la Acrópolis.

Todo ello lleva a pensar que esta ciudad disfrutó de un amplio periodo de esplendor económico que posibilitó la erección de estas magníficas construcciones y la realización de los espacios urbanos que ordenan la ciudad. Y para ello, sin duda, tuvo que contar con recursos tecnológicos muy avanzados y con la posibilidad de disponer de los arquitectos, constructores, canteros y albañiles que en ese momento realizaban una arquitectura más refinada de esa zona de Petén.

Figura 8  Bóveda de una de las edificaciones de la Acrópolis en su estado actual

Figura 9  Grafito prehispánico que representa a un flautista

REFERENCIAS

Fialko, Vilma

1997        Arqueología regional de intersitios entre los centros urbanos de Yaxha y Nakum. Beiträge zur Allgemeinen und Vergleichende Archäologie 17:311-324. Mainz.

Laporte, Juan Pedro y Héctor E. Mejía (ed)

2000        Registro de sitios arqueológicos del sureste de Petén. Reporte 14, Atlas Arqueológico de Guatemala, IDAEH, Guatemala.

Muñoz Cosme, Gaspar y Cristina Vidal Lorenzo (ed)

2005         La Blanca, Arqueología y desarrollo. Universidad Politécnica de Valencia, Valencia.

Quintana, Óscar

1996        Sitios Mayas menores en el noreste del Petén, Guatemala. Un programa regional de rescate del proyecto Triángulo Yaxha, Nakum y Naranjo. Beiträge zur Allgemeinen und Vergleichende Archäologie 16:227-262, KAVA, Philipp von Zabern, Mainz.

2005         La cuenca baja del río Mopan (Petén, Guatemala), y su patrimonio cultural Maya. En La Blanca. Arqueología y desarrollo (editado por G. Muñoz y C. Vidal), pp.17-23.Universidad Politécnica de Valencia, Valencia.

Quintana, Óscar y Wolfgang W. Wurster

2001        Ciudades Mayas del noreste del Petén, Guatemala, KAVA, Philipp von Zabern, Mainz.

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