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16 – INFORME DE LOS RESULTADOS FINALES DEL PROYECTO KAMINALJUYU – Carlos Alvarado Galindo y Matilde Ivic de Monterroso – Simposio 19, Año 2005

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Alvarado Galindo, Carlos y Matilde Ivic de Monterroso

2006        Informe de los resultados finales del Proyecto Kaminaljuyu. En XIX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2005 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.167-182. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

16

INFORME DE LOS RESULTADOS FINALES DEL PROYECTO KAMINALJUYU

Carlos Alvarado Galindo

Matilde Ivic de Monterroso

Palabras clave

Arqueología Maya, Tierras Altas, valle de Guatemala, Kaminaljuyu, excavaciones, La Palangana, Acrópolis, cerámica, figurillas, lítica, cronología, rellenos

FINAL RESULTS FROM THE EXCAVATIONS AT KAMINALJUYU PARK PROJECT

This paper presents the final results of the excavation in the Kaminaljuyu park finished in 2003 and 2004. The information is supported by an analysis of ceramics and other archaeological materials.

De julio de 2003 a febrero de 2004 se llevó a cabo un proyecto de investigación que consistió en la excavación de 74 pozos de sondeo en la periferia del Parque Arqueológico Kaminaljuyu y en las plataformas de sostén (Figura 1). Este proyecto se realizó gracias al apoyo financiero de las Fundaciones Wolley y Kirk. Estos fondos se canalizaron a través de la Universidad de Brigham Young en los Estados Unidos. Asimismo, se contó con el apoyo institucional de la Universidad del Valle de Guatemala.

En el XVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala se presentaron los resultados de las excavaciones realizadas en La Palangana y en La Acrópolis, los dos grupos principales que sobreviven en el Parque Kaminaljuyu (Ivic de Monterroso 2005). En esta oportunidad se presenta un análisis de los distintos niveles ocupacionales del entorno de las Estructuras C-II-3, C-II-6, C-II-8 y C-II-15. Para ello se utilizó un análisis del tipo de relleno apoyado en las conclusiones de la investigación de la cerámica realizada por Marion Popenoe de Hatch. Además, se presentarán los resultados del análisis cerámico, de figurillas, artefactos sonoros, lítica mayor y osteología, que permiten tener una visión más completa de la vida y las relaciones que los antiguos habitantes de Kaminaljuyu mantuvieron con otras regiones mesoamericanas.

CAMBIOS OCUPACIONALES EN CUATRO MONTÍCULOS DEL PARQUE KAMINALJUYU

MONTÍCULO C-II-6

Ubicado al suroeste de la Estructura C-II-8 y al este de la Acrópolis, bordeando la plaza donde actualmente se encuentra la entrada al parque. A su alrededor se autorizaron cuatro pozos de sondeo de cuyo análisis han podido elaborarse cortes hipotéticos uniendo los perfiles de algunas de las excavaciones y proyectando los distintos niveles ocupacionales (Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:110). Puede decirse que el montículo, tal como se observa hoy, pertenece al Clásico Tardío aunque es muy probable que haya tenido etapas constructivas del Clásico Temprano.

Figura 1  Plano del Parque Kaminaljuyu, Guatemala, con las unidades de excavación estudiadas en el proyecto Parque Kaminaljuyu

Figura 2  Corte Este/Oeste de la Estructura C-II-6, Kaminaljuyu, mostrando la proyección de los distintos niveles ocupacionales

De esa manera, uniendo las Unidades D6/23, C6/14 y C6/17 por medio de un corte hipotético en una orientación este-oeste (Figura 2), puede visualizarse la profundidad del talpetate estéril y los límites de la meseta donde se encuentra el Montículo C-II-6. La excavación en C6/14 reveló un relleno del Clásico Temprano que puede ser indicativo de alguna construcción de dicho periodo bajo el actual C-II-6, sobre restos culturales del Preclásico.

En la Unidad D6/23, excavada por Matilde Ivic de Monterroso y ubicada al este de C-II-6, se encontró un apisonado del Clásico Tardío que selló restos culturales pertenecientes al Preclásico Tardío, fase Arenal. Es posible que este apisonado guarde relación con el piso que aparentemente se levantó en la plaza de la entrada durante el Clásico Tardío. Los 0.50 m de contexto cultural perturbado encima del apisonado posiblemente son restos de la tierra que se extrajo de las excavaciones en la Acrópolis o de alguna nivelación de la plaza de la entrada realizada en tiempos modernos.

La Unidad C6/14, excavada por Matilde Ivic de Monterroso, se encuentra al oeste de C-II-6 y su análisis permite concluir que directamente bajo el humus superficial hay una capa de tierra con restos de bloques de pómez y barro quemado que posiblemente llegó allí por erosión de las áreas elevadas de C-II-6. Esto cubre un relleno de barro con poca pómez conteniendo materiales culturales del Clásico Tardío, Clásico Temprano y Preclásico Tardío que posiblemente forman parte de alguna terraza de la última fase constructiva de C-II-6. Sigue un relleno distinto que contiene restos culturales del Clásico Temprano y Preclásico Tardío –fase Santa Clara– que puede tratarse del relleno de alguna construcción del Clásico Temprano. Por último, sobre el talpetate estéril hay un posible apisonado con abundantes huellas de carbón y restos culturales del Preclásico Tardío –fase Santa Clara– que indica que existió una ocupación del Preclásico Tardío.

La Unidad C6/17, por el contrario, presenta evidencia de ocupación únicamente en el Clásico Tardío. Karen Pereira encontró restos de un posible piso del Clásico Tardío de barro quemado directamente sobre el suelo estéril. Las remodelaciones al oeste de C-II-6 y al sureste de la Acrópolis básicamente son del Clásico Tardío. Sin embargo, es probable que los restos culturales del Clásico Tardío fueran parte de un relleno. Los primeros 1.50 m excavados en esta unidad están formados por material proveniente de las excavaciones realizadas en la Acrópolis en la década de los años cincuenta.

MONTÍCULO C-II-3

Se encuentra en el sector norte del parque, colindando al oeste con la Acrópolis y con el grupo de estructuras C-II-15 hacia el sur. Es uno de los edificios más altos y su estado de conservación es deplorable, pues durante el invierno la erosión amenaza con destruir gran parte de su cima (Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:228).

A su alrededor se excavaron nueve unidades. Toda la periferia noreste presentó evidencia de ocupación del Preclásico Tardío, incluyendo los restos de una escalinata descubierta en la Unidad E9/2. En la periferia sur y oeste todos los rellenos descubiertos en las excavaciones pertenecen al Clásico Tardío. Con un corte hipotético se busca inferir los cambios sucedidos en distintas épocas culturales en el terreno que rodea C-II-3, partiendo de las pocas unidades que se excavaron. De esa manera se han entrelazado cuatro unidades que siguen un eje del noreste hacia el suroeste, atravesando la Estructura C-II-3 (Figura 3).

Figura 3  Corte Norte/Sur de la Estructura C-II-3, Kaminaljuyu, mostrando la proyección de los distintos niveles ocupacionales

La Unidad E10/12, excavada por Álvaro Paredes, se estableció en el sector norte del parque con el fin de obtener información sobre el tipo de ocupación que hubo en dicho sector. El examen de los resultados obtenidos muestra una ocupación del Clásico Tardío que sella un amplio relleno de 1.50 m, con materiales culturales pertenecientes al Clásico Temprano y Preclásico Tardío. El análisis cerámico reporta cerámica de uso doméstico en este sector (Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:197).

En la Unidad E9/2, excavada por Alejandro Seijas, se logró identificar al menos tres gradas de una escalinata del Preclásico Tardío sobre un piso de barro compacto con pómez que se encuentra a su vez sobre el nivel de talpetate estéril. Esto indica que hubo una construcción del Preclásico, quizá una plataforma baja, que posteriormente fue remodelada con construcciones más elevadas. Cubre la escalinata un relleno con cerámica del Clásico Temprano lo cual indica que posiblemente hubo una remodelación en dicho periodo. Finalmente, se hizo un pequeño relleno durante el Clásico Tardío que fue sellado con un piso de barro a 0.40 m de la superficie actual.

Persiste la duda si la escalinata pertenece a un edificio del Preclásico situado en el eje del actual Montículo C-II-3, o si solamente comunica a una plataforma más elevada que da acceso al supuesto edificio. Por otro lado, el relleno con restos del Clásico Temprano que cubre las gradas del Preclásico no deja claro si formó parte de una remodelación del Clásico Temprano que se extendió hacia el norte o si cubrió las gradas como resultado de la erosión de una construcción del Clásico Temprano ubicada más al centro del actual C-II-3. En todo caso, la excavación de esta unidad ha permitido definir la existencia de etapas constructivas del Preclásico Tardío y del Clásico Temprano bajo los restos del Clásico Tardío del actual C-II-3.

Por el contrario, en la Unidad D8/4 ubicada al sur de C-II-3 y excavada por Carlos Alvarado, se encuentran evidencias de modificaciones hasta el nivel estéril durante el Clásico Tardío. En un relleno que niveló la superficie casi en el estrato estéril, se utilizó tierra proveniente de un lugar con restos habitacionales del Clásico Temprano. Hasta el fondo se hallaron materiales del Preclásico Tardío, siempre mezclados con restos del Clásico Tardío. Es posible que originalmente en esta área hubiese construcciones domésticas del Preclásico que conectaban las plataformas ubicadas bajo C-II-3 con las edificaciones de C-II-15 del mismo periodo. Esto último se evidencia en la Unidad D8/23 ubicada al norte de C-II-15 que fuera excavada por Pablo Rodas, donde se encontraron 1.20 m de rellenos constructivos del Preclásico Tardío sobre 0.80 m de rellenos constructivos del Preclásico Medio. La escasa presencia de restos culturales del Clásico Temprano y Clásico Tardío indica que las construcciones y remodelaciones de estos periodos se concentraron en el sur de C-II-15 y en el Montículo C-II-3.

MONTÍCULO C-II-8

Se encuentra hacia el oeste de La Palangana y bordea la plaza de la entrada al parque. En su sección superior la erosión ha permitido exponer materiales culturales del Clásico Tardío así como técnicas constructivas propias de dicho periodo (Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:93). Sin embargo, persiste la interrogante sobre la existencia de subestructuras de periodos anteriores. Al Proyecto Parque Kaminaljuyu le fue autorizado excavar cinco unidades alrededor de C-II-8, con las cuales ha podido obtenerse información sobre remodelaciones profundas en el Clásico Tardío. No puede comprobarse la existencia de estructuras tempranas en C-II-8, sino sólo inferirse la existencia de alguna edificación del Clásico Temprano tal como sucede en la mayoría de los montículos que bordean la meseta sobre la que se edificó esta parte de Kaminaljuyu.

Con el corte realizado se pretende inferir cambios sucedidos en distintas épocas culturales en el terreno que rodea a C-II-8, y entre las unidades que se excavaron (Figura 4). Se han entrelazado tres unidades que siguen un eje sur-norte, atravesando el centro de la Estructura C-II-8: E4/12 y E5/9 se encuentran en la plaza de la entrada actual al parque y E6/10 en el área baja al noreste del edificio. Ambas áreas parece que sufrieron remodelaciones superficiales en tiempos recientes, la plaza de la entrada actual se aplanó rellenando con ripio y arena las irregularidades del terreno dejándolo al mismo nivel de la calle. En el área baja al noreste de C-II-8 hubo una cancha de fútbol todavía en uso en los años 70 cuando los arqueólogos trabajaron La Palangana. Es de suponerse que para el efecto se haya nivelado de alguna manera el área central de la pista de juego. Sin embargo, las excavaciones han permitido obtener algunos datos útiles para poder reconstruir algo del pasado de este sector. Puede inferirse que el nivel original del suelo baja unos 6 m inmediatamente al norte y al este del Edificio C-II-8, encontrándose este edificio al borde de una especie de meseta donde fueron construidos los principales edificios que sobreviven en el actual Parque Kaminaljuyu.

Figura 4  Corte Sur/Norte de la Estructura C-II-8, Kaminaljuyu, mostrando la proyección de los distintos niveles ocupacionales

Como se explicara anteriormente, la Unidad E4/12 permitió determinar que durante las remodelaciones que tuvo la plaza de la entrada durante el Clásico Tardío se respetó el Edificio C-II-12. Dichas remodelaciones llegaron hasta el nivel estéril limpiando así toda evidencia de construcciones anteriores. Pareciera que únicamente quedaron pequeños “bolsones” de restos culturales del Preclásico y del Clásico Temprano esparcidos en toda la plaza. La Unidad E5/9 ubicada frente al costado sur de C-II-8 y excavada por Matilde Ivic de Monterroso, muestra similares evidencias de remodelaciones de la Plaza de la entrada durante el Clásico Tardío que mezclaron los contextos culturales más antiguos que posiblemente hubo en ese lugar.

A 0.60 m de la superficie se encontraron restos de un ligero apisonado de tierra arcillosa con barro quemado y poca piedra pómez, que sella un relleno del Clásico Tardío. Este relleno forma parte de la remodelación del Clásico Tardío que removió y mezcló los restos culturales del Clásico Temprano y del Preclásico Tardío que quizá hubo en este sector. En una pequeña zanja con rumbo noreste que se encuentra dentro del suelo arenoso estéril, quedó un contexto del Preclásico Tardío con restos cerámicos de vajilla doméstica Sumpango y Guaque.

La Unidad E6/10 se estableció en una depresión natural en el área baja al norte de C-II-8. Su excavación fue realizada por Alejandro Seijas y permitió definir la profundidad a que se encontraba el nivel culturalmente estéril (a 5 m de la superficie). El análisis de esta excavación permite concluir que el suelo no perturbado en tiempos modernos es un relleno con material cultural del Clásico Tardío con muy poca mezcla de materiales culturales anteriores. A 2.20 m de la superficie actual hay un apisonamiento de barro que sella un gran relleno de casi 3 m de barro con pómez. Este apisonado posiblemente tuvo un pequeño canal pluvial orientado hacia el noreste. Posteriormente, en el Clásico Tardío terminó rellenándose parte de esta depresión con barro arenoso y tierra negra, mezclados con cerámica.

MONTÍCULO C-II-15

No presenta la figura piramidal de los tres montículos anteriormente analizados, sino más bien es un conjunto de edificaciones que manifiestan tres partes altas en su superficie, ubicadas en el límite este de la Acrópolis y limitada al sur por los Montículos C-II-6, C-II-8 y el supuesto Juego de Pelota II. Se tuvo la suerte de haber recibido autorización para excavar un pozo encima, el D7/9 investigado por Karen Pereira. Como resultado se supo que encima del nivel estéril hay 3 m de construcción de un antiguo montículo de la fase Providencia del Preclásico Medio, seguido por 0.40 m de relleno de la fase Verbena del Preclásico Tardío y, por último, 2 m de relleno con materiales mezclados del Preclásico, Clásico Temprano y Clásico Tardío (Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:123). Con el corte sur-norte se ha buscado relacionar cinco excavaciones al centro de C-II-15, desde su límite sureste hasta el límite norte (Figura 5).

Figura 5  Corte Sur/Norte de la Estructura C-II-15, Kaminaljuyu, mostrando la proyección de los distintos niveles ocupacionales

Así, el análisis de la Unidad D6/20 excavada por Carlos Alvarado indica que toda el área circundante se remodeló durante el Clásico Tardío removiéndose todo vestigio de ocupación más temprana hasta el talpetate estéril. Los cinco pisos –o apisonados– que aquí se hallaron fueron levantados en el Clásico Tardío, aunque en el relleno de los mismos aparecieron restos culturales tanto del Clásico Temprano como del Preclásico Tardío. No se encontró evidencia de que la depresión en que se ubicó esta unidad haya sido un Juego de Pelota. Para el efecto deberán realizarse excavaciones extensivas que permitan cortar el talud exterior y comparar si los pisos fuera del mismo mantienen alguna relación con los encontrados en D6/20.

Resultó interesante el hallazgo de unos pocos tiestos Chinautla del Postclásico a 0.80 m de la superficie. Aunque no pareciera existir alguna ocupación permanente en el Postclásico, es factible que estas tierras hayan sido utilizadas agrícolamente por algún pequeño grupo familiar, o era un área de paso cuando Kaminaljuyu se encontraba abandonado. En la pequeña depresión al sur del epicentro de C-II-15 y 2.50 m más arriba que la unidad anterior, sobreviven por lo menos dos pisos del Clásico Temprano que sellaron un relleno sobre el talpetate estéril que contiene restos culturales del Clásico Temprano y del Preclásico Tardío. Los 2.20 m de relleno del Clásico Tardío hallados en la Unidad D6/3, excavada por Carlos Alvarado, que separan estos pisos de la superficie sugirieron que buena parte del límite sur del actual C-II-15 fue levantado durante el Clásico Tardío sobre construcciones del Clásico Temprano (quizá plataformas y pequeñas plazas elevadas).

La Unidad D7/13, excavada por Pablo Rodas y ubicada en el límite oeste de la parte más elevada de C-II-15, permitió encontrar una superficie de barro mezclado con arena pómez con restos culturales del Preclásico Tardío sobre el talpetate estéril, que evidencia construcciones del Preclásico Tardío hacia el norte de la unidad. Durante el Clásico Temprano se excavó casi 1 m dentro del talpetate, habiéndose rellenado con barro y trozos del mismo donde se encontraron restos del Clásico Temprano, fases Aurora y Esperanza. Aunque no se halló evidencia de piso, es posible que haya existido una nivelación al pié de los restos del Preclásico Tardío, los cuales quedaron expuestos durante el Clásico Temprano hasta que fueron cubiertos por el relleno de 2.50 m del Clásico Tardío.

El límite norte de C-II-15 se exploró con la Unidad D8/23 excavada por Pablo Rodas, donde se hallaron evidencias del Preclásico Medio en una capa de barro sobre el talpetate estéril. Inmediatamente arriba hay rellenos de barro con arena y pómez del Preclásico Tardío. Una pequeña capa superficial denota restos de la ocupación del Clásico Tardío. Ello indica que el lado norte de C-II-15 presenta ocupación desde el Preclásico Medio y no fue tan intensamente ocupada en el Clásico Tardío como el lado sur.

Por último, la Unidad D8/3 excavada por Pablo Rodas se estableció en el límite norte de C-II-15 a la misma altura que D6/20 en el lado sur. Únicamente dentro de un pequeño canal tallado en el talpetate y que drena hacia el noroeste, se hallaron restos del Preclásico Tardío. El resto son materiales culturales del Clásico Tardío quizá llegados a esta área por erosión tanto de C-II-15 como del cercano C-II-3. En conclusión, puede decirse que este corte permite evidenciar que la ocupación del Clásico Tardío fue más hacia el sur. Lamentablemente solo quedan evidencias de la ocupación del Preclásico y del Clásico Temprano en el lado norte de C-II-15.

RESULTADOS DE LOS ANÁLISIS DE MATERIALES CULTURALES

ANÁLISIS CERÁMICO

La cerámica fue analizada por Marion Popenoe de Hatch y su investigación permitió:

  • Apoyar las observaciones anteriormente realizadas en los proyectos Kaminaljuyu San Jorge y Miraflores II, acerca del cambio de la tradición cerámica Las Vacas del Preclásico Tardío por la tradición cerámica Solano del Clásico Temprano.
  • La confirmación de la ocupación del Parque Kaminaljuyu, que va de la fase Providencia del Preclásico Medio hasta las fases Amatle y Pamplona del Clásico Tardío.
  • La identificación de nuevas vajillas cerámicas pertenecientes a los distintos periodos y fases de la secuencia.
  • Establecer y/o confirmar las relaciones con otras regiones de Guatemala y Mesoamérica.
  • Presentar hipótesis sobre el uso doméstico o ritual/administrativo de los grupos de estructuras, montículos aislados, y plazas del Parque Kaminaljuyu de los periodos Preclásico y Clásico.

En las excavaciones se localizaron las mismas vajillas del Preclásico ya explicadas en otras publicaciones sobre Kaminaljuyu (Popenoe de Hatch 1997; Shook y Popenoe de Hatch 1999). Únicamente para el Preclásico Medio se agregó la vajilla Cassatta (Figura 6), que se caracteriza por una superficie beige que puede variar a café o negro por los efectos de la cocción y que lleva engobe blanco y rojo pulido. Es una vajilla doméstica que presenta varias formas de cántaros y cuencos. Es muy común en el sitio Monte Alto, Escuintla, y se desconoce si en Kaminaljuyu la manufacturaron localmente como una copia o si es una importación. No obstante, sus paredes gruesas y su tamaño dificultan su portabilidad a lo largo de regiones distantes (Popenoe de Hatch en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:269).

Figura 6  Vajilla Cassatta, del Preclásico Medio

Respecto al complejo cerámico del Clásico Temprano, se concluyó que esencialmente es el mismo de Semetabaj, Sololá, y de otros sitios del Altiplano Central y noroccidente, tales como La Lagunita en Quiché (Ichon y Arnauld 1985), y Chirijuyu en Chimaltenango (Ivic de Monterroso 1998). Estos datos apoyan la observación que el complejo Solano se dispersó rápidamente desde el noroeste hasta que alcanzó el valle de Guatemala (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:262).

Al grupo de vajillas del complejo del Clásico Temprano se agregaron las vajillas Mamey de las fases Aurora y Esperanza, y la vajilla Tizne de la fase Esperanza. La vajilla Mamey es muy interesante (Figura 7), ya que cuenta con una sola forma de cuenco y probablemente era de uso ritual en el Clásico Temprano. Tiene similitud en forma y estilo con los cuencos del área de Tiquisate, Escuintla, asociados con la influencia Teotihuacana; también se relaciona con algunas formas de Semetabaj, Sololá. Su característica más notable es la forma de cuenco con base anular, con el exterior burdo y el interior con engobe café naranja o negro bien pulido (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:270).

Figura 7  Vajilla Mamey de las fases Aurora y Esperanza del Clásico Temprano (izquierda), y Vajilla Tizne de la fase Esperanza del Clásico Temprano (derecha)

La vajilla Tizne consiste en incensarios de pasta roja pálida (Figura 7), que típicamente llevan un baño blanco ralo y ocasionalmente pintura roja. Estos incensarios reflejan influencia Teotihuacana. Incluyen tapaderas en forma de campanas, que son comunes en el área de Tiquisate. También hay tapaderas en forma de pico o trompetas que funcionaban como chimeneas. La mayoría tienen pequeños pedazos de barro aplicados, mientras que unos pocos ejemplos presentan aplicados más elaborados en forma de discos, flores, lazos y picos estrechos. Al parecer, estas tapaderas se apoyaban en formas de “reloj de arena” (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:270-271).

En relación a las fases Amatle y Pamplona del Clásico Tardío se identificó las vajillas Alegría, Pensativo y Zapote, las cuales se agregaron al grupo de vajillas conocidas para dichas fases. Las dos últimas aparecen desde el Clásico Temprano (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:271-273).

La vajilla Alegría consiste principalmente en comales con pared (Figura 8), que evolucionaron de los comales Prisma del Clásico Temprano. La diferencia radica en que los de Alegría carecen del baño micáceo y en lugar de la perforación en las asas, únicamente muestran una impresión de dedo. Este tipo de comales también han sido descubiertos en El Baúl, Escuintla. Otra forma común en esta vajilla son las ánforas, que aparecieron en contextos del Clásico Tardío. Son vasijas pequeñas, con pared gruesa, cuerpo angosto y terminan en una punta. Al parecer, se les usó para ceremonias ya que muchas están quemadas en el exterior e interior y no se parecen a ninguna forma doméstica (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:271-272).

Figura 8  Vajilla Alegría de las fases Amatle y Pamplona del Clásico Tardío

La vajilla Pensativo posiblemente empezó a ser manufacturada en el Clásico Temprano, pero es mucho más común en contextos del Clásico Tardío. En el color se parece a la vajilla Amatle, pero difiere en que carece del pulimento mate y no tiene la cocción dura que la caracteriza. Pensativo es una vajilla doméstica que cuenta con varias formas de cuencos, cántaros y tecomates. Se han descubierto ejemplos en Semetabaj y en general en la región del lago Atitlán (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:272).

La vajilla Zapote empezó en el Clásico Temprano y continuó en el Clásico Tardío (Figura 9). Al parecer tenía naturaleza ritual, ya que las cuatro vasijas descubiertas formaban parte de una ceremonia. Tiene pasta roja, a veces en tono café claro rojizo y su superficie lleva un baño rojo o beige rosáceo. La forma más común es un cuenco trípode de pared curvada, con soportes sólidos y puntiagudos (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:273). En Chirijuyu, Chimaltenango, se identificaron cuencos de esta vajilla (Ivic de Monterroso 1998:629-644).

El análisis cerámico determinó que el grupo asociado al complejo Solano llegó abruptamente y empezó a construir rápidamente sus edificios. En el Preclásico Tardío, el área de La Palangana y sus alrededores había sido un área residencial densamente ocupada, la cual durante el Clásico Temprano fue nivelada y reconstruida en forma de grandes plataformas que albergaban un importante centro cívico-administrativo, cuyas estructuras presentan estilo Teotihuacano. Sin embargo, a excepción de una escasa cantidad de incensarios, las excavaciones no produjeron cerámica Naranja Delgado o vajillas locales con estilo Teotihuacano. Es más, los incensarios son parecidos, pero no iguales a los de Teotihuacan (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:262-263).

De igual forma, en el Clásico Temprano en la Acrópolis, aunque las técnicas de construcción sugieren la participación de ingenieros y albañiles procedentes de Teotihuacan o entrenados en dicha ciudad (Houston et al. 2004), la cerámica no incluyó tipos importados de Teotihuacan o una notable cantidad de modos de este lugar. La evidencia señala que la influencia fue llevada a Kaminaljuyu por la población Solano y no se sostiene la hipótesis de un contingente de población Teotihuacana (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:263).

Figura 9  Vajilla Zapote de las fases Amatle y Pamplona del Clásico Tardío

Es interesante mencionar que para el Clásico Tardío nuevamente hubo en la Acrópolis una enorme cantidad de remodelaciones, para construir residencias de la élite. Alrededor de la Acrópolis se encontró una cantidad substancial de basura residencial, consistente en tiestos de comales, cántaros, cuencos y tazas para comer, pertenecientes al final de la fase Esperanza y principios de la fase Amatle. Por su parte, de acuerdo con la cerámica, La Palangana mostró pocas modificaciones después del Clásico Temprano (Popenoe de Hatch, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:264).

ANÁLISIS DE FIGURILLAS

Las figurillas fueron analizadas por Matilde Ivic de Monterroso, quien seleccionó una muestra de 109 fragmentos antropomorfos, de los 378 descubiertos (Figura 10). El estudio apoyó las observaciones expresadas por Kidder, Jennings y Shook (1946), acerca de que en Kaminaljuyu se les elaboró principalmente durante el Preclásico, con muy pocos casos del Clásico Temprano y Tardío. Los tipos de figurillas del Preclásico se asignaron a las fases Providencia, Verbena, Arenal y Santa Clara, tanto por la comparación con otros ejemplares fechados en otros sitios, como también por encontrarse en contextos fechados dentro del Parque Kaminaljuyu. Las figurillas del periodo Clásico son reconocibles porque se manufacturaban parcial o totalmente con molde. Dado que en las excavaciones del Parque Kaminaljuyu los pocos casos hechos en molde se encuentran incompletos, pueden confundirse fácilmente con efigies de vasijas.

Se identificaron cuatro tipos:

  • El Tipo 1 o perforado, que se caracteriza por figurillas modeladas en pasta roja cubiertas por engobe negro, blanco o rojo pulido, que llevan los ojos y la boca hechos por dos agujeros profundos. La nariz es aguileña y las fosas nasales también están perforadas. Este tipo apareció principalmente en contextos de la fase Verbena de la primera parte del Preclásico Tardío, pero pudo haberse iniciado en Providencia. Los ejemplos de engobe blanco sobre pasta roja coinciden con el acabado de superficie de la vajilla Verbena (Ivic de Monterroso 2004:312-314).
  • El Tipo 2 coincide exactamente con el estilo Bolinas de El Salvador, por lo que se le denominó con el mismo nombre. Consiste en figurillas modeladas en pasta fina, de color beige y cocción dura, cubiertas por engobe blanco. Dado que sólo se cuenta con dos cabezas, es probable que se traten de importaciones. En el Montículo C-II-3 se encontró un ejemplo asignado a la fase Providencia del Preclásico Medio (Kidder 1965:150, fig.6c). En Santa Leticia se descubrió este tipo de figurillas junto con cerámica de la fase Chul y primera parte de Cainac (ca. 500 AC; Demarest 1986:219-220, Fig.122), correspondiente a la última parte de la fase Providencia y la fase Verbena de Kaminaljuyu. Las descubiertas en el Parque Kaminaljuyu pertenecen a contextos superficiales y mezclados, pero de la fecha del estilo confirmaría las relaciones tempranas con el oeste de El Salvador (Ivic de Monterroso 2004:314).

Figura 10  Figurillas, Kaminaljuyu

  • El Tipo 3 o pegado consiste en figurillas cuyos ojos y boca fueron elaborados a partir de pastillaje de bolitas pegadas a la cara, en las cuales cortaban una línea al centro y en el caso de los ojos agregaban un punzonado para formar la pupila. Algunos torsos presentan elaborados collares. Ejemplos de estas figurillas se encontraron en contextos de las fases Arenal y Santa Clara del Preclásico Tardío (Ivic de Monterroso 2004:315).
  • El Tipo 4 o delgado está formado por las típicas figurillas conocidas para la fase Arenal, de caras largas y delgadas, con los ojos hechos por medio de ranuras anchas y en medio algunas llevan un punzonado. Una variante de este tipo estaba pegada al torso, lo que permitió asignar a este tipo varios torsos. Algunos llevan complejos collares que podrían representar cuentas largas y redondas de jade, una prueba más del apogeo de Kaminaljuyu en el Preclásico Tardío (Ivic de Monterroso 2004:315-316).
  • Los Tipos 5 y 6 corresponden a figurillas hechas parcial y totalmente con moldes, correspondientes al periodo Clásico. En el Tipo 5 los ejemplos encontrados son muy incompletos. No está claro si presentan influencia Teotihuacana o si corresponden a figurillas del Clásico Tardío. Es más, algunos fragmentos podrían ser aplicaciones o efigies de vasijas o de incensarios (Ivic de Monterroso 2004:317).

ANÁLISIS DE ARTEFACTOS SONOROS

La cantidad de artefactos de este tipo fue poca, no mayor a una docena. Sin embargo, gracias al cuidadoso análisis del etnomusicólogo Matthias Stockli, se obtuvo importante información sobre la cultura musical de Kaminaljuyu. Todos los artefactos analizados son instrumentos de viento del tipo flauta, provistos de un dispositivo específico para producir sonido, consistente en un bisel por el cual se dirige la corriente de aire soplada. Se reconoció la presencia de flautas longitudinales y globulares con una o varias cámaras de resonancia, de soplo indirecto, con o sin agujeros de digitación. La mayoría no tenían agujeros de digitación por lo que producían un solo tono. Además, todas, excepto una, tenían representaciones de efigies humanas o de animales. En cuanto a las fechas, debido a que la mayoría están hechas a mano y no en molde, se cree que son del Preclásico (Stockli, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:328).

ANÁLISIS DE LA LÍTICA MAYOR

Los artefactos de piedra pulida fueron analizados por Edgar Carpio y Elisa Mencos. La muestra consistió en 160 objetos consistentes en piedras y manos de moler, aros de piedra (también conocidos como piedras dona), machacadores, alisadores y otros. En general, puede decirse que la cantidad de objetos de lítica mayor recuperados es baja, tomando en cuenta que se excavó 74 pozos hasta llegar al suelo estéril. Por medio de su estudio se pudo establecer patrones generales acerca de su función y aspectos relacionados con la adquisición de la materia prima, su consumo y ulterior deshecho (Carpio y Mencos, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:297).

Los artefactos están hechos de basalto, andesita, riolita, cantos rodados y en un caso se usó la piedra pómez como materia prima. En general, los artefactos de molienda elaborados de basalto estaban muy gastados. La mayoría de las piedras de moler se encontraron quebradas en rellenos constructivos, es decir, eran parte de los materiales que se usaron para dar consistencia a las estructuras, luego de terminar su vida útil. Las pocas que se encontraron casi enteras estaban asociadas a áreas habitacionales. Las manos de moler son pequeñas y la mayoría apareció completa; se les encontró en contextos especialmente domésticos.

Cabe destacar que lo más común fueron las piedras de moler y manos, se sugiere que la actividad principal llevada a cabo en el sitio se relacionaba con la molienda. La forma predominante de las piedras fue la cóncava con paredes y sin soporte, acompañada en ocasiones por manos rectangulares u oblongas. Algunas de éstas aparecieron en contextos del Preclásico Tardío. En las piedras de moler del sitio Casa Blanca, Chalchuapa, El Salvador, el Nobuyuki Ito definió características muy similares a las de Kaminaljuyu, como el ancho, la carencia de soportes, el tipo de materia prima y la forma de las manos de moler (Carpio y Mencos, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:306).

La mayoría de estas piedras y manos parecen estar relacionadas a molienda de alimentos. Sin embargo, también se descubrió unas pocas asociadas a pigmentos rojos, que tal vez se usaron para decorar cerámica, para usos rituales, etc. Los ejemplos más tardíos se reducen a un ejemplar con soportes y a las manos cilíndricas que acompañan a las piedras de lados abiertos. En cuanto a los aros de piedra, existen algunos ejemplares que están quebrados y que se descubrieron en contextos domésticos. En ellos se detectó la técnica de desgaste bicónico para la perforación.

ANÁLISIS OSTEOLÓGICO

El análisis de los huesos fue realizado por Andrew K. Scherer. De la muestra de huesos humanos recuperados durante las excavaciones, se seleccionó el Entierro 1 descubierto en KJP-F4/23-10, el Entierro 2 localizado en KJP-F4/23-8 y el Cráneo 1 encontrado en KJP-F4/23-8. Todos estos descubrimientos se realizaron en un depósito funerario colocado en la plaza inferior de La Palangana, justo al oeste del Montículo C-II-12.

El Entierro 1 se trató de un entierro único en mal estado de conservación. El esqueleto estaba semicompleto, ya que no se localizaron los huesos del cráneo, antebrazos, caderas y piernas. Por la robustez de la mandíbula, probablemente es un esqueleto masculino. No obstante, el esqueleto en general no es robusto y por su mal estado de conservación no se pudo determinar el sexo con certeza. Se descubrió artritis en las vértebras y el cóndilo de la mandíbula, lo cual junto con el desgaste dental, sugiere que era un adulto medio mayor de 40 años. El esqueleto no presentó señales de heridas violentas (Scherer, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:340).

El Entierro 2 se encontró en mejor estado de conservación y más completo, aunque la mayoría de los huesos de las piernas y los pies estaban ausentes. Es un esqueleto de un adulto joven del sexo femenino. El sexo pudo establecerse por las caderas y la mandíbula que mostraron características diagnósticas de una mujer, y se calcula que tenía una edad de entre 25 y 35 años. El esqueleto tiene evidencia de una infección sistémica, posiblemente relacionada con trepanematosis con erupción cutánea. El esqueleto estaba enterrado en una posición postrada, con las manos detrás de la espalda y no presentó evidencia de heridas violentas (Scherer, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:340-341).

Finalmente, el Cráneo 1 estaba depositado aislado y se le encontró en buen estado de conservación, y tiene los fragmentos de dos vértebras cervicales, tal vez la cuarta y la sexta. Corresponde a un hombre de unos 35 años o más y presenta deformación del tipo tabular-oblicua. Los dientes están bastante desgastados por lo que no es posible detectar si tenía modificaciones dentarias. Presenta patología en las vértebras, tal vez resultados de la tensión en la cabeza y el cuello, que resultó en la compresión de una de ellas y en osteoartritis. No hay evidencia de heridas violentas (Scherer, en Ivic de Monterroso y Alvarado 2004:341-342).

REFERENCIAS

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1999        El Altiplano Central: Preclásico y Clásico. En Historia General de Guatemala, Tomo I (editor J. Luján Muñoz). Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Asociación de Amigos del País. Guatemala.

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