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13 – LOS ZOQUES DEL OCCIDENTE DE CHIAPAS DURANTE EL PERIODO CLÁSICO – Lynneth S. Lowe – Simposio 19, Año 2005

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Lowe, Lynneth S.

2006        Los Zoques del occidente de Chiapas durante el periodo Clásico. En XIX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2005 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.143-148. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

13

LOS ZOQUES DEL OCCIDENTE DE CHIAPAS DURANTE EL PERIODO CLÁSICO

Lynneth S. Lowe

Palabras clave

Arqueología Maya, México, Chiapas, Altos de Chiapas, Chiapa de Corzo, cronología

THE ZOQUES OF WEST CHIAPAS DURING THE CLASSIC PERIOD

This paper highlights the distinguishing characteristics of the principal Zoque settlements in western Chiapas from an analysis of various excavations carried out in the area during the last decades. Once the strong influence of Teotihuacan disappeared in the Middle Classic, there was a cultural reorganization in the region with the abandonment of some sites, while others gained more importance. Amongst other elements, during the Late Classic we can notice a marked rise in the quantity of sites, the presence of formal regional centers with associated ball courts and steam baths, and the substitution of smoked ceramics for fine clay orange vessels.

Aunque tradicionalmente se ha dado un mayor énfasis a las fases de ocupación temprana en la región Zoque del occidente de Chiapas, es importante destacar que el periodo Clásico fue una época de marcada expansión, como sucedió en otras regiones de Mesoamérica. Gracias a la información recuperada en diversas excavaciones realizadas en las últimas décadas en la región, ha sido posible identificar algunos de los elementos que caracterizaban a los principales asentamientos Zoques.

CLÁSICO TEMPRANO Y MEDIO

Siendo una de las capitales regionales desde el Preclásico, Chiapa de Corzo sostuvo una importante población durante el Clásico Temprano y Medio –fases Jiquipilas y Laguna– como resultado de una larga tradición local y cuyas evidencias materiales reflejan una gran continuidad cultural (Lowe 1997:17). Aunque los vestigios Clásicos han sido los más dañados por los siglos de abandono y erosión, gracias a los datos obtenidos a lo largo de varias temporadas de excavaciones por la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo (NWAF), ha podido realizarse un bosquejo tentativo de cómo parecía el núcleo de la ciudad a mediados del periodo Clásico (Figura 1).

Destaca por sus proporciones la gran Acrópolis o Montículo 1, que cierra por el sur la extensa plaza principal. Durante el Clásico Temprano o fase Jiquipilas, el gran basamento parece haber alcanzado más de 60 m de largo por 40 de ancho y unos 4 m de alto, conformado por tres cuerpos escalonados En la parte superior sustentaba varias series de plataformas que sostenían templos, las cuales fueron aumentadas constantemente en el transcurso de unos seis siglos. El patrón de plazas y templos continuamente remodelados sobre una misma plataforma basal daba seguimiento a una práctica establecida desde el Preclásico Tardío. El templo central, en su última época cubría casi toda la superficie e incluía un baño de vapor en su extremo suroeste (Lowe y Agrinier 1960:34).

Evidencias contemporáneas fueron detectadas en otras de las estructuras excavadas (Montículos 5, 5b, 7, 12, 13 y 67). El Conjunto de tipo Grupo E formado por los Montículos 11 y 12 parece haber sufrido una última remodelación durante esta época. Los escasos entierros identificados se hallaron muy mal preservados, pero al menos tres de ellos –Entierro 116 y Tumbas 2 y 3– consistían en tumbas de piedra con cubierta de lajas y un ajuar funerario que incluía vasijas de cerámica ahumada, así como delicados ornamentos de concha y hueso (Mason 1960:22-28). La presencia de objetos importados y relativamente “extravagantes” en los ajuares funerarios, indica una época de esplendor y solemnidad coincidente con las tradiciones comunes en Mesoamérica en aquel momento. Al parecer las relaciones continuaban siendo más intensas con la región occidental que con el área Maya. Es posible que la destrucción sufrida por las tumbas sea un indicador de una mala situación sociopolítica o religiosa que motivara el abandono casi total del sitio al finalizar este periodo (Agrinier 1964:75).

Figura 1        Perspectiva de Chiapa de Corzo

En otros sitios del occidente de Chiapas –como Mirador, Ocozocoautla y Piedra Parada– los patrones arquitectónicos son similares, con la presencia de palacios que se caracterizan por la complejidad de las superestructuras y por el uso de columnas cilíndricas en los portales, hechas a partir de lajas circulares de piedra superpuestas las unas sobre las otras. En Ocozocoautla, por ejemplo, se encontraron cuartos rectangulares construidos a diferentes niveles alrededor de un patio, con abundancia de columnas hechas con lajas de piedra caliza en la base, o alternadas con piedras pequeñas. Al igual que en Chiapa de Corzo se incluyó un baño de vapor dentro del complejo (Agrinier 1992).

La cerámica característica de esta época en todo el occidente de Chiapas son las vasijas negras ahumadas o de cocción diferencial, cuyo desarrollo se inicia desde el Preclásico Temprano, pero que se vuelven predominantes durante la primera mitad del Clásico. Enormes cantidades de ellas se depositaron como ofrendas en las cuevas de los valles de Jiquipilas y Cintalapa. Una fuerte influencia de tipo Teotihuacano fue registrada en la cerámica del sitio Mirador, en el extremo occidental de la Depresión Central de Chiapas, sobre la ribera derecha del río La Venta – Soyatenco. Durante el Clásico Medio predominan las formas de vasos y vasijas cilíndricas, en ocasiones trípodes, elaboradas en un barro negro de tradición local, con decoración incisa. Al igual que en Chiapa de Corzo, al finalizar este periodo parecen suceder una serie de disturbios que resultaron en la destrucción de los templos de Mirador y en el abandono de algunas estructuras ceremoniales en Ocozocoautla (Agrinier 1974:7).

CLÁSICO TARDÍO

Al comenzar el Clásico Tardío se produce una fuerte recomposición cultural en el occidente de Chiapas. La mayor parte de los grandes asentamientos son abandonados casi por completo, mientras otros adquieren importancia, entre ellos Miramar, Vistahermosa, Varejonal y Santa Cruz (Warren 1977). Como una excepción puede señalarse a San Isidro, en el Grijalva Medio, que resiste a la crisis del Clásico y continúa manteniendo su superioridad por algún tiempo.

De acuerdo con los datos obtenidos por el salvamento arqueológico de la presa de Malpaso, la región del Grijalva Medio alcanzó su máximo auge demográfico durante el Clásico Tardío, con una gran cantidad de asentamientos ubicados en terrazas y zonas llanas a la orilla del río o de los arroyos que bajaban de las montañas (Lee 1974a, 1974b; G. Lowe 1969, 1999; L. Lowe 1998; Navarrete 1966). El centro de mayor importancia, y que probablemente controlaba toda la región, era San Isidro, estratégicamente ubicado como cabeza de puerto fluvial desde épocas tempranas; en la parte final del periodo Clásico, el sitio estaba formado por una treintena de plataformas y basamentos piramidales, de hasta 13 m de alto, dispuestos en torno a varias plazas, incluyendo además, dos patios de Juego de Pelota y una zona habitacional.

Además, existía una serie de centros regionales menores, como San Antonio (MP-22), Banco Nieves (MP-17), y El Achiote (MP-11), sobre el río de La Venta; y La Reforma (MP-2), sobre el río Grijalva. Estos sitios presentan plazas centrales con estructuras recubiertas de piedra cortada de hasta 5 m de alto, por lo regular con un patio de Juego de Pelota. Los asentamientos de mayor importancia se caracterizan por la presencia de plataformas largas y basamentos piramidales de cuerpos escalonados que probablemente sostenían edificios elaborados con materiales perecederos. Estas plataformas contaban con una escalinata central y alfardas.

Por lo general, el patio de Juego de Pelota se ubicaba en la plaza principal de los sitios. Un ejemplo excepcional es el patio de Juego de Pelota doble de San Isidro, ya que presentaba una plataforma central que separaba las dos canchas, al tiempo que las cabeceras quedaban comunicadas. Fue construido con piedra tallada, y taludes que llevaban un recubrimiento de barro (Matos 1966b).

En San Antonio se excavó un baño de vapor ubicado junto a la cabecera oeste del patio de Juego de Pelota, asociado tal vez a los rituales de purificación. En su última etapa constructiva, el baño medía 10 m de largo por 3 de ancho y era de tipo casi subterráneo; se hallaba dividido en dos partes por medio de un muro que presentaba un acceso: la cámara de combustión, con gran cantidad de carbón, ceniza y fragmentos de grandes ollas, y un recinto principal con bancas adosadas a los muros laterales, con capacidad para 30 personas (Agrinier 1966, 1969).

Por lo regular, durante el Clásico Tardío las plataformas y basamentos mayores llevaban implícita una función funeraria, ya que era una práctica común el depositar en su interior entierros de personajes importantes, una costumbre presente en la región desde fines del Preclásico Medio. Dichos entierros se depositaban en tumbas de forma rectangular, construidas con piedras talladas y cubiertas con lajas, acompañados por un rico ajuar funerario.

Por sus características, se puede destacar las Tumbas 2 y 3 de San Isidro, que fueron depositadas en la parte superior del gran basamento de la Estructura 1. En el interior de la Tumba 2 se encontraron los restos de dos individuos colocados en decúbito dorsal extendido, orientados al oeste, uno masculino y el otro femenino. Como parte del ajuar funerario, el personaje masculino llevaba un collar de colmillos de jaguar, y la mujer una vasija sobre el pecho. Junto al cráneo se colocaron dos caracoles y un vaso de alabastro amarillo con soportes globulares, y en el extremo opuesto había un vaso con pedestal de alabastro gris y otro vaso trípode pequeño de alabastro amarillo, así como tres cuencos de pasta fina. Además, se encontraron orejeras, collares y dos pendientes antropomorfos de jade, de clara filiación Maya (Matos 1966a:figs.1 y 5).

Por otro lado, en la Tumba 3 fueron encontrados los restos muy deteriorados de un personaje depositado en decúbito lateral extendido, orientado al oeste. Sobre el techo de lajas de la tumba se colocaron diez vasijas de pasta Naranja Fina, varias de ellas con decoración negativa o pintada en rojo sobre blanco. En el interior se hallaron seis vasijas, dos piedras de moler y una mano de piedra, un caracol marino y varias conchas, así como tres grandes cuentas globulares de piedra verde.

En otros sitios de la cuenca, como San Antonio y Banco Nieves, se encontraron varios entierros en el interior de las plataformas de la plaza central colocados en tumbas o cistas de piedra con cubierta de lajas; llevaban como parte del ajuar funerario vasijas de pasta Naranja Fina y algunos ornamentos de piedra verde. Ejemplos comparables a éstos proceden de las tumbas de la fase Maravillas de Chiapa de Corzo, que se concentraron en el pequeño montículo 5b, en el sector suroeste de sitio (Agrinier 1964:57-59).

Uno de los elementos distintivos del Clásico Tardío consiste en que se generaliza el uso de la cerámica de pasta Naranja Fina con engobe blanco, lo cual representa un cambio abrupto con respecto a la cerámica ahumada o negra con borde blanco, característica de épocas anteriores. El tipo Zuleapa Blanco es uno de los más frecuentes durante el Clásico Tardío en toda la región, y constituye un excelente marcador cronológico. Siguiendo la hipótesis inicial de Warren (1977), es probable que el acogimiento de esta cerámica bien oxidada, cocida a alta temperatura, se relacione con la introducción de innovadoras técnicas en la región aplicadas al barro local, como la utilización de hornos reportada en otras zonas de Mesoamérica.

La cerámica Zuleapa se encuentra con abundancia en todos los contextos, desde basureros y áreas residenciales, hasta las ofrendas y tumbas más importantes. Los tipos de decoración característicos de este grupo cerámico se realizaron por medio de incisión, excavado o pintura, comúnmente negativa, representando diseños geométricos o glifos convencionales; en ocasiones muestran diseños antropomorfos o zoomorfos, especialmente monos. Por lo general se trata de vasijas abiertas o profundas, cuya función probable era contener alimentos y bebidas. De acuerdo con Navarrete et al (1995:134): “(…) Esta cerámica es típica de la costa tabasqueña y constituye una tradición que abarca desde el Preclásico hasta el Posclásico Terminal. Se trata de una arcilla regional y de una técnica alfarera adaptada a la moda de cada época en sus formas vigentes”. Efectivamente, esta tradición se extiende desde el bajo Grijalva hasta el cañón de La Angostura y en todo el occidente de la Depresión Central, mostrando relaciones con la Costa del Golfo y la región del bajo Usumacinta.

CONSIDERACIONES FINALES

En síntesis, se considera que en el occidente de Chiapas, los elementos característicos –que aparecen desde el Protoclásico– y que continuaron siendo comunes hasta el Clásico Medio, fueron la cerámica ahumada con manchas o bordes blancos, así como los edificios con columnas cilíndricas en los portales. Sin embargo, al finalizar este periodo se da una recomposición cultural en la región que se refleja en el registro arqueológico con el abandono casi completo de algunos de los sitios más importantes, como Chiapa o Mirador, mientras otros consolidan su presencia. Así, por ejemplo, en la cuenca media del río Grijalva se aprecia un marcado aumento en la cantidad de los asentamientos, la presencia de centros regionales con complejos arquitectónicos formales, encabezados por San Isidro, y la sustitución de la cerámica ahumada de larga tradición en la región Zoque, por las vajillas naranja de pasta fina, asociada probablemente a la introducción de innovaciones tecnológicas.

Aparentemente, las influencias Mayas avanzan desde el este con gran fuerza durante esta época de expansión máxima, quizá con la intención de controlar zonas estratégicas para la producción y el intercambio; sin embargo, de acuerdo con las evidencias, resulta factible que la región conservara cierta independencia cultural, permeable, sin duda, a las influencias de la época.

REFERENCIAS

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1992        El Montículo 1 de Ocozocoautla, Chiapas. En Antropología Mesoamericana. Homenaje a Alfonso Villa Rojas (editado por V. Esponda, S. Pincemin y M. Rosas), pp.237-251. Instituto Chiapaneco de Cultura, Tuxtla Gutiérrez.

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