Asociación Tikal

88 Globalización cultural y folklorización de lo “Maya”: El caso de la arqueología guatemalteca – Marcelo Zamora Iyaxel Cojtí – Simposio 18, Año 2004

 Descargar este artículo en formato PDF

Zamora, Marcelo e Iyaxel Cojtí

2005        Globalización cultural y folklorización de lo “Maya”: El caso de la arqueología guatemalteca. En XVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2004 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.913-917. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

88

GLOBALIZACIÓN CULTURAL Y FOLKLORIZACIÓN DE LO “MAYA”:

EL CASO DE LA ARQUEOLOGÍA GUATEMALTECA

Marcelo Zamora

Iyaxel Cojtí

Palabras clave:

Sociología, Guatemala, identidad cultural, etnicidad, folklore

Este trabajo constituye un esfuerzo preliminar y el comienzo de un proceso de investigación muy amplio, sobre la relación entre nacionalismo, arqueología e identidad. Por tanto, se parte de un caso muy concreto, la arqueología guatemalteca, que ha sido poco estudiada desde su relación con la construcción de los proyectos de nación, y particularmente con el tema de lo Maya. Pero también es la época de las redefiniciones identitarias y la formulación de propuestas culturales locales para incidir en el ámbito global y nacional (Zárate 1995; Hannerz 1996).

EL MODELO DEL ESTADO NACIONAL MONO-CULTURAL

Se partirá del concepto de “nación” de Benedict Anderson (1993) para establecer las relaciones entre arqueología y estado. El estado nacional es la forma hegemónica de organización social y política de las llamadas “sociedades modernas”. Para Anderson, la nación es una comunidad política imaginada desde sus miembros, una subjetividad desde donde los individuos comparten un territorio, un idioma, una historia, una mitología, un pasado y un destino común (1993:23). Es importante anotar que esta “comunidad imaginada” se instala sobre otras previas, es decir, las comunidades religiosas y los reinos dinásticos que le preceden, y que algunas veces llegaron a formar estados, pero no estados nacionales.

No hay que olvidar el contexto donde surgen los estados nacionales: la expansión del capitalismo, la imprenta y la imposición de idiomas “oficiales” y “nacionales”, que permiten también una expansión del estado nacional como forma predilecta de organización social y política durante el siglo XIX hasta la actualidad (Anderson 1993:63-68).

Si en los estados dinásticos previos, la soberanía residía en la delegación divina del poder de una deidad hacia un gobernante, en los estados nacionales dicha soberanía reside en una ciudadanía concebida desde el individualismo liberal (Anderson 1993:25). En ese sentido, los miembros de una nación se imaginan como “parientes” entre sí aunque no se conozcan ni se lleguen a conocer, o aunque tengan diversas identidades de origen – culturales, religiosas, sanguíneas, etc. (Anderson 1993:23, 200 y 217). Así, la nación puede entenderse como una narrativa que aglutina la diversidad cultural y la constituye en una matriz donde sus individuos creen compartir presente, pasado y futuro, espacio y territorio (Anderson 1993:25; Alonso 1992:398-399).

La narrativa nacional necesita una historia oficial que la respalde y reproduzca. Así, ante la diversidad cultural usualmente pre-existente al estado nacional, aparece un grupo dominante que se encarga de construir la historia oficial. Para darle esa apariencia homogénea a la nación se estandariza un idioma oficial, se definen las expresiones artísticas “nacionales”, se enseña en la escuela la “historia de la nación”. Y es esta historia la que narra un pasado oficial, que al mismo tiempo relativiza a anteriores otredades, grupos, culturas e identidades que precedieron la llegada del estado nacional.

Si se usa el concepto de folklore de Ana María Alonso (1994), es posible plantear que en la construcción del pasado oficial, el estado usa instrumentalmente los rasgos culturales que no serán parte definitoria de la cultura nacional, más que como folklore y patrimonio cultural que hereda la nación como su propiedad. Dicha concepción fundamenta el modelo de estado-nación mono-cultural, en el cual los rasgos culturales indígenas y su pasado aparecen fosilizados dentro de la historia oficial de la nación (Alonso 1994:398-399). Así, dentro de la homogeneidad cultural que supone la nación, los rasgos de culturas diferentes a la nacional serán por definición folklore y patrimonio nacional. Pero existen también otros modelos contemporáneos de estado-nación, que se abordarán posteriormente.

NACIÓN Y ARQUEOLOGÍA

Pero, ¿qué tiene que ver ese estado folklorizador del que da cuenta Alonso con la arqueología en Guatemala? De acuerdo con Anderson (1993:251), la disciplina arqueológica ha jugado un papel importante en la construcción de los nacionalismos alrededor del mundo. Los museos en el sureste asiático, por ejemplo, son para este autor una muestra de cómo el estado nacional exhibe ante sus ciudadanos las culturas o civilizaciones supuestamente extintas. A mediados del siglo XIX la nueva arqueología colonial, bajo el patrocinio del estado, fue quien se encargó de conformar el patrimonio cultural para legitimar la historia oficial de los nuevos estados nacionales. Pronto el estado nacional se interesó en la restauración de monumentos imponentes de las antiguas civilizaciones y su difusión pública en mapas y ediciones impresas.

LOS SUPUESTOS DE LA INVESTIGACIÓN

Si la arqueología ha jugado un papel relevante en la configuración de un imaginario de nación, entonces esta ponencia parte del supuesto de que los arqueólogos, vistos como sujetos sociales, participan activamente en la construcción de dicho discurso. En ese sentido, los arqueólogos con sus prácticas y su producción académica participarían en la construcción de la nación guatemalteca, produciendo conocimientos para el consumo académico, público y turístico (Castañeda 1997).

Al ver a los arqueólogos guatemaltecos como “sujetos constructores de nación”, se analizaron las opiniones de una muestra de colegas, esperando encontrar grupos definidos con discursos elaborados sobre sus diversos imaginarios de nación. Se preguntó acerca de lo que entendían por “lo Maya”, sus motivaciones para estudiar la carrera, y sobre quienes debían administrar los sitios arqueológicos. También sobre cómo pensaban la relación entre arqueología y turismo. Dado lo corto del tiempo y los pocos recursos con que se ha estado haciendo el sondeo, no fue posible alcanzar niveles estadísticos significativos basados en datos cuantitativos. La continuidad de este trabajo puede establecerse con distintos patrones como la edad, escuela donde estudia o estudió, y el origen y adscripción étnica de los arqueólogos.

Con estos sesgos metodológicos en mente, se encontró que un sector de arqueólogos se adscribió muy claramente al discurso de la nación culturalmente homogénea. Para ellos los Mayas eran una civilización extinta circunscrita a una temporalidad y un territorio específico, como lo argumenta este arqueólogo al preguntarle: Para usted ¿quienes son los Mayas? “La población indígena antigua que logró alcanzar los parámetros de desarrollo que caracterizan una civilización”.

Todas las citas provienen de la base de datos en construcción, que se basa en las encuestas que se realizaron a estudiantes y arqueólogos profesionales de las escuelas que enseñan arqueología en el país. No se citan los nombres de los colegas porque nuestro sondeo fue anónimo. Se agradece la participación y la apertura a las personas que colaboraron contestando nuestras preguntas. Al preguntar sobre sus motivaciones para estudiar arqueología, algunos arqueólogos hacían explícita la función histórica de la disciplina, su rol en la construcción de la nación, como lo indican estas respuestas: “Para comprender el futuro de las naciones por medio de su pasado… Apoyar a la reconstrucción del pasado para solidificar una identidad nacional”.

Esta concepción de la identidad nacional puede entenderse como un refuerzo al modelo de nación culturalmente homogénea que se apropia de otras culturas y las convierte en parte de su patrimonio cultural. Por ejemplo, al preguntar ¿Qué opina sobre el que las comunidades indígenas administren sitios arqueológicos? Un arqueólogo responde “creo que es patrimonio nacional y pertenece a todos los guatemaltecos y no a un grupo en particular”. Otro arqueólogo responde a la pregunta: “¿Cuál cree que debe ser la relación entre arqueología y turismo? “El turismo interno permite que el visitante valore sus recursos, aprenda más sobre su historia… participe directa e indirectamente en la conservación del patrimonio natural y cultural tangible e intangible”.

Frente al discurso de la nación homogeneizadora, también hay arqueólogos que ven lo Maya desde otra perspectiva, más culturalista. Responden a la pregunta sobre quiénes son los Mayas: “Son una sociedad que fue conformada desde años atrás y que continúa actualmente con ciertos cambios en sus aspectos culturales, sociales, políticos y religiosos”. O bien: “Los hablantes nativos de cualquier idioma de la familia lingüística Maya”. Estas concepciones permiten ver lo Maya como una identidad cultural vigente, y que “convive” con la cultura nacional, como responde este arqueólogo a la pregunta sobre si existe alguna relación entre los Mayas antiguos y la actual población indígena: “Si se habla de cultura, ésta va de generación en generación, por supuesto con cambios o variaciones dentro de la misma…los indígenas actuales tienen un vínculo con los antiguos, ya sea en la política, religión y aspecto social”. Esta versión también encuentra su contradicción en argumentos como: “Ascendencia de Mayas “Clásicos” quizá, y solo quizá, podrían tener los Lakandon, los Itza´ o los Mopan, pero eso también es relativo… Ha pasado mucho tiempo desde el Clásico Terminal para acá”.

EL TURISMO Y LA FOLKLORIZACIÓN

El otro aspecto que se resalta en esta ponencia es el manejo de lo Maya como consumo del mercado. Para eso se toma de forma crítica el modelo de nación multi-cultural que el estado guatemalteco articula desde los años 90 hasta la fecha. Se trata de un discurso de nación multi-cultural pensado desde el modelo de nación homogénea, donde las otras identidades culturales no nacionales son folklorizadas. En el modelo actual de Guatemala multi-cultural, aunque ya se reconocen las identidades culturales como culturas vivas, parecen ser vistas todavía por el estado, por algunas poblaciones indígenas, y por promotores turísticos no indígenas como folklore que se vende en el mercado turístico. Por tanto, no sorprende que la mayoría de arqueólogos encuestados vean el turismo en ciudades prehispánicas como un vehículo de desarrollo para comunidades indígenas vecinas a éstos. Se trata del discurso más adecuado en tiempos de globalización económica, donde el turismo juega un papel vital para generar riqueza, pero también para reforzar la nación homogénea, el folklore y el patrimonio cultural en donde entran “las otras culturas” diferentes a la nacional. De nuevo esto no permite que lo Maya sea visto más que como patrimonio cultural y menos como una cultura moderna y legítima.

Al preguntarle a los arqueólogos ¿cómo imagina la relación entre arqueología y turismo?, un colega argumentó: “El concepto del fomento de turismo como estrategia de desarrollo local es definitivamente una alternativa viable para buscar el despegue de esta nación. Sin embargo, esto requiere de una planificación cuidadosamente balanceada de la necesaria creación de infraestructura y capacitación, y las prioridades de protección y conservación del patrimonio cultural y natural”.

Si el turismo puede fomentar un modelo particular de “nación guatemalteca”, los arqueólogos pueden dotar de contenidos esos modelos de nación que aún están en construcción. Como lo indica este otro colega, “el turismo se promueve generalmente en un nivel internacional dejando de lado el nivel nacional, el cuál es importante para el desarrollo de nuestro país en especial en la formación de las nuevas generaciones. Es necesario promover la cultura guatemalteca”. Uno se pregunta a cuál de las culturas de la nación guatemalteca se refiere esa respuesta. Lo importante de esto es que los arqueólogos estén concientes de cómo el estado y el mercado usan los datos arqueológicos que se generan, y qué modelo de nación y de culturas dentro de ésta se apoya.

CONCLUSIONES: LOS USOS FUTUROS DE LA ARQUEOLOGÍA

Es un hecho histórico que la arqueología a nivel global ha servido para construir naciones mono-culturales (Anderson 1993). En la historia nacional oficial se nota que “lo Maya” fue tratado como un todo homogéneo, extinto o “muerto”, presto para ser exhibido en el museo nacional. Pero hay que notar que en la actualidad ese interés del Estado y el mercado por usar la arqueología se vuelve más intenso. Cada día el turismo se hace más importante para el sostenimiento económico del país. Por tanto, llama la atención el uso que el Estado le está dando en la actualidad a la arqueología, y que probablemente refuerce en la población la práctica de imaginarse como “nación guatemalteca” homogénea. Y ahí los Mayas – pasados y presentes – no dejan de ser patrimonio nacional, folklore, y además un producto de exportación (Castañeda 1997).

Si los arqueólogos están conscientes del uso que se le da a los datos que se generan, así como de los marcos teóricos y epistémicos de donde provienen las interpretaciones hegemónicas que dictan qué debe o no ser “lo Maya”, podrá decidirse de forma más clara qué modelo de estado nacional se está ayudando a crear. Debe tomarse muy en cuenta el grado de información actual que manejan los arqueólogos con respecto a otras disciplinas, que aportan información acerca de la relación del indígena pasado y presente – por ejemplo la lingüística – las cuales ayudarían al arqueólogo a ser más sensible a las continuidades frente a las rupturas.

Los escenarios de nación a construir o reconstruir pueden ser tres: el estado-nación mono-cultural, el estado nación multi-cultural, y el estado multi-nacional.

En el primero, la nación guatemalteca no se imaginó como una nación mestiza, sino que fue construida con diacríticos de las ladinidades para ciudadanizar y nacionalizar a sectores no indígenas, dejando a la población indígena en el estatus de “ciudadanos menores de edad” que debían ser tutelados hasta que se modernizaran (Taracena 2002:396, 414-416). En el primer modelo, los Mayas seguirán siendo imaginados como una cultura ya extinta y de la cual solo queda su estética dentro del folklore nacional, resguardado como “patrimonio nacional”.

Para el segundo modelo, el Estado nación multi-cultural, cada grupo cultural es parte del Estado, y puede adscribirse a una sola nación, como el caso de Estados Unidos donde, sin dejar de mencionar la línea de color y la discriminación existente, una persona puede adscribirse como judía americana, alemán americana, afro americana, etc, guardando su identidad cultural original. La arqueología podría ayudar a que se reconozca lo Maya como “cultura viva” dentro del imaginario nacional. Esto llevaría a pasar del nivel estético al ético (Diené, comunicación personal 2004), al de las relaciones, el respeto y la tolerancia cultural. La población Maya actual tendría pleno derecho a identificarse y ser reconocida constitucionalmente como Mayas guatemaltecos. La arqueología podría abrir nuevas interconexiones que superasen las visiones artefactuales, y partir de un marco teórico de la identidad, más allá del rasgo y el artefacto para entender la etnicidad. El problema con este modelo es que el patrimonio cultural sería disputado y tendría que ser compartido, si como reacción la cultura ladina es redefinida como mestiza desde los sujetos que se adscriben como tales. Estos demandarían que lo Maya también forma parte de su historia y subjetividades, pero mejor sería si fuera parte de su presente e identidad. Habría que esperar hasta que punto y en qué situaciones, este grupo logra articular el discurso de lo mestizo como elemento aglutinador que permita a más personas imaginarse como parte de una nación mestiza.

En el tercer modelo, el estado multi-nacional, existe un solo estado con varias naciones y sus respectivas culturas nacionales. El caso español ilustra el modelo. Ahí se reconocen las nacionalidades Catalana, Vasca, Gallega y Española, y cada una guarda, además de su territorio, su propia identidad cultural y nacional, con sus respectivas tensiones y conflictividades (Bastos, comunicación personal 2004).

Actualmente el movimiento Maya, al igual que otras propuestas en México y Suramérica, reivindica de varias formas la posibilidad concreta de que el Estado guatemalteco reconozca otras naciones o pueblos, como Mayas, Xincas, Garífunas. En México, por ejemplo, surgen las demandas de la nación Purhépecha (Zárate 1995), la Zapoteca, la Mixteca (Bastos 1998), o en Bolivia la organización nacionalista Tupak Katari que aglutina a Quechuas y Aymaras. Estas narrativas nacionales paralelas reclaman para sí lo que el Estado había concebido como su patrimonio nacional. En este tercer modelo, la arqueología daría cuenta de los Mayas como una nación con su propia cultura nacional y patrimonio cultural, que como todas, se construye dentro de la trama de las relaciones sociales, el poder y la reinvención de la tradición (Hobsbawn 2002).

La arqueología entonces narraría la historia nacional Maya, de sus héroes y su panteón nacional oficial. Como tal, la disciplina que construye el pasado también puede construir futuro, tolerancia y respeto.

AGRADECIMIENTOS

Los autores agradecen las críticas y comentarios para elaborar esta ponencia, recibidos de Santiago Bastos, Manuela Camus, Eduardo Zárate y Lucía Robles.

REFERENCIAS

Alonso, Ana María

1994        The Politics of Space: State Formation, Nationalism and Ethnicity. En Annual Review of Anthropology 23: pp.379-405.

Anderson, Benedict

1993         Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el surgimiento y difusión del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica, México.

Bastos, Santiago

1998        Los indios, la nación y el nacionalismo. En La construcción de la nación y la representación ciudadana (editado por C. Dary), pp.87-157. FLACSO, Guatemala.

2004        Curso sobre etnicidad. Capacitación a equipo de diálogo sobre relaciones interétnicas. CIRMA-PROPAZ-Cooperación Española, Antigua Guatemala.

Castañeda, Quetzil

1997        Chichen Itza y la invención del mundo Maya. Cultura de Guatemala 1:(11-25). Primer Congreso de Estudios Mayas, Universidad Rafael Landívar, Guatemala.

Diéne, Dou Dou

2004        Discurso Inaugural de la Campaña Nacional de Diálogo Interétnico, Quetzaltenango, Guatemala. CIRMA, Antigua Guatemala.

Hannerz, Ulf

1996        Conexiones Transnacionales. Cultura, gente, lugares. Frónesis, Madrid.

Hobsbawn, Eric

2002        Introducción: La invención de la tradición. En La invención de la tradición (editado por E. Hobsbawn y T. Ranger), pp.7-21. Editorial Crítica, España.

Taracena, Arturo

2002        Etnicidad, Estado y Nación en Guatemala, 1808-1944. Nawal wuj, Guatemala.

Zárate, Eduardo

1995        Etnografía, cambio cultural y poder local. En Estudios de Historia y Sociedad. El Colegio de Michoacán, México.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *