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50 Rescate arqueológico en El Chiquirín, golfo de Fonseca, La Unión, El Salvador – Marlon Escamilla y Shione Shibata – Simposio 18, Año 2004

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Escamilla, Marlon y Shione Shibata

2005        Rescate arqueológico en El Chiquirín, golfo de Fonseca, La Unión, El Salvador. En XVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2004 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.535-539. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

50

RESCATE ARQUEOLÓGICO EN EL CHIQUIRÍN,

GOLFO DE FONSECA, LA UNIÓN, EL SALVADOR

Marlon Escamilla

Shione Shibata

Palabras clave:

Arqueología Maya, El Salvador, Golfo de Fonseca, concheros, arqueología de rescate, Costa del Pacífico, entierros

La investigación arqueológica de rescate del sitio El Chiquirín, en el departamento de La Unión, se llevó a cabo como consecuencia de un hallazgo casual hecho por pescadores de la zona durante el mes de noviembre del 2002. Un entusiasta pescador Unionense – José Odilio Benítez – decidió, como muchos compatriotas, emigrar ilegalmente en el año 2000 hacia los Estados Unidos en busca de un mejor futuro para él y su numerosa familia. Su objetivo principal fue el de trabajar y ahorrar para lograr construir una casa digna. Es así como en septiembre del 2002, a su reciente arribo a El Salvador, inicia los trabajos de construcción de su casa ubicada en el caserío El Chiquirín, cantón Agua Caliente del departamento de La Unión, a las orillas del golfo de Fonseca.

Hacia finales del mes de noviembre del mismo año, mientras se realizaban trabajos de excavación para la construcción de una fosa séptica, se encontraron diversos materiales arqueológicos tales como restos malacológicos, cerámicos y óseos. El hallazgo llamó mucho la atención de la comunidad de pescadores, del mismo Alcalde Municipal de La Unión, y de los medios de comunicación, los cuales dieron una amplia cobertura del hallazgo.

Fue a través de la prensa escrita que la Unidad de Arqueología del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) se enteró del descubrimiento. Por lo tanto, la Unidad de Arqueología realizó una inspección arqueológica a aquel lugar de habitación, durante la cual se logró constatar que el hallazgo obedecía a un “conchero” prehispánico ubicado en el patio de su casa, aproximadamente a 150 m de la playa. Los materiales anteriormente extraídos consistían en un lote de 20 piezas cerámicas policromas entre vasos, cuencos y ollas, así como un innumerable lote de tiestos cerámicos y restos óseos. Todos los materiales arqueológicos fueron trasladados a los depósitos del Museo Nacional de Antropología “Dr. David J. Guzmán” para su debida custodia y análisis. En base a lo anterior se decidió realizar una investigación arqueológica de rescate en el lugar del hallazgo.

CONTEXTO GEOGRÁFICO

Ubicado en el sector sureste del área cultural mesoamericana, el actual territorio que comprende la república de El Salvador constituye una región densa en concentración de sitios arqueológicos, los cuales se distribuyen en las cinco diferentes unidades geográficas con que cuenta el país. El sitio arqueológico El Chiquirín está ubicado al extremo sureste de El Salvador, en las tierras bajas que forman la llanura costera y que bordean el golfo de Fonseca, aproximadamente a 160 km al este de San Salvador. Localizado específicamente en el caserío El Chiquirín, cantón Agua Caliente del departamento fronterizo de La Unión, el sitio se encuentra 8 km al sur de la actual ciudad de La Unión, en una saliente terrestre del golfo de Fonseca conocida como punta El Chiquirín. La topografía en esta zona no es uniforme, la llanura es interrumpida por dos porciones montañosas que constituyen los extremos terminales de la Cordillera Central y de la Cadena Costera. El volcán Conchagua es un exponente de la Cordillera Central y constituye la única porción de la cordillera que bordea el mar con una altura aproximada de 1243 m sobre el nivel del mar.

El golfo de Fonseca es un sistema de estuario tropical, cuyo perímetro es compartido entre los países de El Salvador, Honduras y Nicaragua. La entrada del estuario tiene una orientación sureste-noroeste y una longitud promedio de 35.5 km. El golfo cuenta con cuatro bahías: la bahía de La Unión, que pertenece a El Salvador, las bahías Chismuyo y San Lorenzo al este, pertenecientes a Honduras, y la última ubicada al sureste que pertenece a Nicaragua. La superficie que representa el cuerpo de agua marina posee un área aproximada de 2.02 km², sin tomar en cuenta los humedales. El área del golfo que le pertenece a El Salvador cuenta con doce islas, destacándose por su extensión territorial Meanguera, Zacatillo, Conchagüita, Perico, Martín Pérez e Ilca. Estas islas ocupan un 27% del área del golfo (Gómez 2002).

Esta zona está comprendida dentro de la clasificación climática de Sabana Tropical Caliente, cuyas temperaturas aquí son mucho más elevadas que en cualquier otra zona del país, registrándose hasta 45°C como máxima absoluta y una media de 27°C. Las características geológicas son variadas, aunque predomina el aluvión. La forma predominante de llanura con intrusiones de colinas y cerros pertenecientes a la Cordillera Central y a la Cadena Costera hace que la zona tenga características geológicas variadas. La geomorfología muestra principalmente llanuras antiguas, llanuras aluviales y planicies de inundación, siendo esta última la zona donde se ubica el sitio El Chiquirín. Las planicies de inundación son áreas sin disección, con pendientes que varían de 0 a 2 %, que rodean las orillas del golfo de Fonseca. El suelo está constituido por capas inferiores de aluvión como talpetates, tobas o basaltos no fracturados y de poca permeabilidad. Por otro lado, los ríos principales de la zona son dos: el Sirama y el Goascorán, que forma el límite oriental con Honduras, y los cuales desaguan en el golfo de Fonseca. Actualmente, el uso del suelo en las tierras de las planicies de inundación está destinado a la actividad agrícola y se cultiva principalmente maíz y maicillo.

ZONA ORIENTAL: ANTECEDENTES DE INVESTIGACIÓN

Lamentablemente, la zona oriental de El Salvador ha sido un área con poco desarrollo de investigaciones arqueológicas en comparación con la zona occidental del país. Asombrosa en la actualidad el que, a pesar de las modernas vías de comunicación existentes, pareciera ser que el principal río del país, el río Lempa, continúa siendo una frontera natural y probablemente hasta cultural como lo fue en tiempos prehispánicos.

Las primeras investigaciones en la zona oriental las realiza John Longyear en el año de 1941, las cuales comprendieron un extenso reconocimiento de la zona, incluyendo excavaciones en el sitio Los Llanitos ubicado al sur de la ciudad de San Miguel (Longyear 1944). Aparentemente Longyear es el primer arqueólogo que publica información sobre sitios arqueológicos del golfo de Fonseca. Hacia mediados de la década de 1950, Wolfgang Haberland realiza investigaciones en el sitio Río Gualcho, ubicado en el departamento de Usulután (Haberland 1960). Uno de los proyectos más importantes para la región oriental fue desarrollado hacia finales de la década de 1960 en el sitio arqueológico Quelepa, ubicado en el departamento de San Miguel. Dicho proyecto fue dirigido por Wyllys Andrews, quien proporcionó una secuencia cronológica para el área (Andrews 1986). Durante de 1979 y 1980, Hamed Posada realizó excavaciones de rescate en el sitio Asanyamba, ubicado en el golfo de Fonseca, el cual consiste de un conchero del periodo Clásico (Fowler 1995). Las investigaciones aportaron datos sobre la producción y comercio de la sal, así como un importante análisis y clasificación cerámica elaborada por Marilyn Beaudry-Corbett (1982). Para la década de 1980, las investigaciones arqueológicas se vieron interrumpidas debido al conflicto armado que afectó al país. Fue hasta mediados de la década de los 1990 que Elisenda Coladán efectuó investigaciones sobre las manifestaciones gráfico-rupestres del sitio arqueológico Gruta del Espíritu Santo, ubicado en el departamento de Morazán (Coladán 1996). Durante el año 2002, Esteban Gómez desarrolló un reconocimiento arqueológico del golfo de Fonseca, el cual aportó el registro de nuevos sitios arqueológicos localizados en las islas del Golfo y un análisis de las condiciones actuales de los mismos (Gómez 2002). Para el año 2003, la Unidad de Arqueología de CONCULTURA registró el sitio Plan de La Montaña, el cual consiste en una concentración de 17 concheros de baja altura ubicados en el municipio de Conchagua, departamento de La Unión (Erquicia 2003).

REGISTRO DE CONCHEROS

Los rasgos arqueológicos conocidos como “concheros” pueden considerarse como montículos hechos a base de conchas (Gendrop 2001), las cuales probablemente fueron utilizadas como alimento y subsecuentemente depositadas. Actualmente, la Unidad de Arqueología, cuenta con un registro de 25 sitios arqueológicos a nivel nacional que presentan características de concheros. De estos 25 sitios, 24 se encuentran localizados en el golfo de Fonseca, en el fronterizo departamento de La Unión, ubicado en el extremo oriente del país.

TRABAJOS DE EXCAVACIÓN

Los trabajos de investigación se desarrollaron entre el 12 de diciembre de 2002 y el 21 de febrero de 2003. El objetivo principal de la excavación fue documentar y registrar rasgos arqueológicos asociados al “conchero” a través de excavaciones controladas que permitieran conocer la forma de deposición del material malacológico, la ubicación in situ de rasgos y la temporalidad de los mismos.

En base a lo anterior, la primera actividad realizada consistió en un corto reconocimiento superficial del área, durante el cual se identificaron algunas elevaciones que podrían sugerir la existencia de estructuras prehispánicas. Sin embargo, no se logró comprobar la existencia de más estructuras. Posteriormente, se continuó con el mapeo topográfico del sitio, el cual incluyó la localización del banco de marca, aproximadamente a unos 2 km de distancia del sitio, para lograr obtener la altura absoluta. Debido a la extrema cercanía del sitio con el mar, el conchero había sido cubierto por una capa aproximada de 0.80 m de arena, por lo cual se procedió primeramente a la remoción de esta capa, así como a extraer la tierra, las rocas y el material malacológico suelto y disperso a consecuencia de la excavación no oficial realizada por el dueño del terreno, con medidas de 4.50 m de largo por 2.50 m de ancho y 1.50 m de profundidad, ubicada al centro del conchero.

Una vez limpia la estructura, se procedió a efectuar una cuadrícula con unidades de 1 x 1 m, y se decidió excavar un total de 6 unidades correspondientes a los cuadrantes 12H, 12I, 12J, 13H, 13I y 13J, ubicadas al costado sureste. En los primeros niveles excavados, a una profundidad de 0.10 m de la superficie actual se registró un rasgo denominado como Ofrenda 1, compuesta solamente por una vasija monocroma zoomorfa de paredes levemente globulares y con la representación de un ave, probablemente un búho, adosada a la altura del cuello.

En las unidades 12J y 13J se registró un muro hecho de piedra con una orientación norte-sur, el cual se extendía hacia el norte de las unidades con un largo aproximado de 6 m, que fue denominado como Muro Este. Debido a la inestabilidad en las orillas del orificio hecho anteriormente y a la visita de curiosos nocturnos, cada día se encontraban derrumbes nuevos, los cuales continuaron agrandando el agujero, situación que en cierta medida ayudó al descubrimiento de más rasgos. Durante los trabajos de excavación y de limpieza de los derrumbes mencionados, se percató de la existencia de varios muros más hechos de piedra localizados a los costados norte y oeste del conchero. Por lo tanto se decidió realizar excavaciones en ambos costados.

En la trinchera norte se logró encontrar restos del Muro Norte orientado sobre el eje este-oeste, con una longitud de 1 m. Las excavaciones en la trinchera oeste brindaron datos sobre el ancho de los muros, ya que se logró descubrir los dos rostros del Muro Oeste, el cual está orientado sobre su eje norte-sur con una extensión aproximada de 3 m y un ancho de 0.90 m. Alternamente, las excavaciones de las 6 unidades continuaban su desarrollo, de las cuales se decidió extraer muestras de los materiales malacológicos en lotes arbitrarios de 0.10 m para su posterior análisis, recolectando un total de 284 bolsas de una arroba cada una.

A menos de una semana de finalizar los trabajos de rescate, en las unidades 12H y 12I se encontró un entierro con diversas ofrendas al fondo del conchero, por lo cual se decidió extender la excavación a las unidades 11H y 11I. El rasgo se denominó como Ofrenda 2 y consistía en un entierro secundario compuesto por fragmentos de huesos humanos con ausencia del cráneo y en mal estado de conservación. Los restos óseos se encontraron asociados a una ofrenda colocada alrededor de los huesos en forma semicircular y compuesta por nueve piezas cerámicas, una masa de pigmento rojo y fragmentos de roca volcánica.

CONSIDERACIONES FINALES

Las investigaciones de rescate en el sitio arqueológico El Chiquirín brindaron información interesante acerca del uso de los concheros y su significado en la zona del golfo de Fonseca. Las consideraciones que a continuación se presentan son preliminares debido a que actualmente se sigue el análisis de algunos de los materiales producto de las excavaciones.

En cuanto al sistema constructivo, en base a los datos obtenidos en campo se puede inferir que la construcción de los muros de piedra se realizó con el objetivo de delimitar un espacio cerrado, probablemente de forma rectangular (aunque no se logró excavar el sector sur por falta de autorización del dueño del terreno y por falta de tiempo), creando una especie de “caja” con dimensiones aproximadas de 6 m de largo por 3 m de ancho. El motivo de la construcción de esta “caja” no se puede concluir, tomando en cuenta que este es el primer ejemplo registrado en El Salvador de un conchero asociado a muros de piedra; sin embargo, se puede argumentar que la “caja” fue construida con el objetivo de crear un espacio exclusivo para el entierro registrado durante las excavaciones, lo cual indicaría que posterior a la construcción de los muros se colocó el entierro junto a sus ofrendas y más tarde se depositó el material malacológico.

En relación al entierro registrado, se puede concluir que se trataba de uno de tipo secundario, y que los restos óseos, probablemente pertenecían a un personaje importante de la época. Lamentablemente los huesos no han sido analizados aún, lo cual dificulta la identificación de aspectos como sexo, edad y patologías, entre otros. Tomando en cuenta la innumerable cantidad de tiestos recuperados, las 20 piezas cerámicas y los restos óseos que fueran levantados anteriormente, se infiere que probablemente el hallazgo se trataba de un entierro múltiple.

En base al análisis de los materiales cerámicos, El Chiquirín se ubica cronológicamente en el Clásico Tardío (600-900 DC). Se logró identificar tipos cerámicos pertenecientes al complejo cerámico Lepa, en base a la clasificación cerámica hecha por Wyllys Andrews en Quelepa (1986).

La muestra malacológica está compuesta por conchas, ostras, cascos de burro y caracoles, entre otros. Un total de 90% son ostras. El análisis del muestreo de los materiales malacológicos actualmente está por iniciarse y será realizado por biólogos del Museo de Historia Natural de El Salvador.

En resumen, las investigaciones finales de El Chiquirín colaborarán al entendimiento del desarrollo cultural que aconteció en el golfo de Fonseca en tiempos prehispánicos. Actualmente, el desarrollo de la arqueología de rescate y de proyectos de investigación depende en gran medida del papel protagónico que juegan los pobladores que viven en las cercanías de los sitios arqueológicos. Estas comunidades deben formar parte de una estrategia regional que pretenda salvaguardar y rescatar el patrimonio cultural de una eminente destrucción. La idea es hacer partícipes a los pobladores que comparten sus vidas enteras con los sitios. La arqueología es una ciencia sin vida si no podemos cultivar en la mentalidad de los pobladores la necesidad de rescatar y proteger nuestro patrimonio cultural (Escamilla 2002).

REFERENCIAS

Andrews, Wyllys

1986        La arqueología de Quelepa, El Salvador. Dirección de Publicaciones e Impresos, Ministerio de Cultura y Comunicaciones, San Salvador, El Salvador.

Beaudry-Corbett, Marilyn

1982        Preliminary Classification and Analysis: Ceramic Collection, Asanyamba. Informe inédito presentado al Museo Nacional, El Salvador.

Coladán, Elisenda

1996        Pinturas rupestres e industrias líticas lasqueadas del oriente de El Salvador. La Gruta del Espíritu Santo en Corinto y sus alrededores. Informe preliminar presentado a CONCULTURA, San Salvador.

Erquicia, José Heriberto

2003        Informe de inspección arqueológica en el terreno propiedad de DIPSA S.A. de C.V., en el municipio de Conchagua, departamento de La Unión, El Salvador, C.A.. Inédito en el Archivo de la Unidad de Arqueología de CONCULTURA, San Salvador.

Escamilla, Marlon y Fabio Amador

2002        Reconocimiento y levantamiento arqueológico en los municipios de Izalco, Nahuizalco y Caluco, departamento de Sonsonate. En Propuesta para la identificación de políticas programas y proyectos culturales para el desarrollo en el departamento de Sonsonate (editado por L. Peretti), Tomo I pp.112-122. Cooperazione Italiana, PNUD, San Salvador.

Fowler, William R.

1995        El Salvador, Antiguas Civilizaciones. Fomento Cultural, Banco Agrícola Comercial de El Salvador. San Salvador.

Gendrop, Paul

1997        Diccionario de Arquitectura Mesoamericana. Trillas, México.

Gómez, Esteban

2003        Reconocimiento Arqueológico del Golfo de Fonseca. Informe inédito presentado a CONCULTURA. Universidad de California, Berkeley.

Haberland, Wolfgang

1960        Ceramic Sequences in El Salvador. American Antiquity 26 (1).

Instituto Geográfico Nacional “Ing. Pablo Arnoldo Guzmán”

1971        Diccionario Geográfico de El Salvador. Tomo I, A-K, San Salvador, El Salvador.

Longyear, John

1944        Archaeological Investigations in El Salvador. Museo Peabody de Arqueología y Etnología. Universidad de Harvard.

 

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