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47 Monumento prehispánico frente al Edificio de Rectoría de la Universidad de San Carlos – Guillermo Mata Amado – Simposio 18, Año 2004

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Mata Amado, Guillermo

2005        Monumento prehispánico frente al Edificio de Rectoría de la Universidad de San Carlos. En XVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2004 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.511-516. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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MONUMENTO PREHISPÁNICO FRENTE AL EDIFICIO DE RECTORÍA DE LA UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS

Guillermo Mata Amado

Palabras clave:

Arqueología Maya, Guatemala, Altiplano, escultura, iconografía

En la parte central y al frente a la explanada norte del Edificio de Rectoría de la Universidad de San Carlos de Guatemala, está colocado un monumento prehispánico del que se conoce poco. El propósito de este trabajo es hacer un resumen de los datos que se han podido obtener. La primera mención del documento aparece en la página 361 de la obra de Villacorta (1926b), en cuyo pie de foto señala: “Cabeza gigante de Gucumatz, el Quetzalcoatl nahoa, encontrado en tierras de los antiguos Kaqchikel”.

Un año después, en otra publicación (Villacorta y Villacorta 1927), en la página 110, aparece la misma fotografía con la siguiente información al pie: “Cabeza gigantesca de Gucumatz el Quetzalcoatl nahoa, pieza de piedra hallada en el Molino de la Sierra, del Sr. D. Francisco Sosa, Depto. Chimaltenango”. Posteriormente, en la página 120, dice literalmente:

“con motivo de la celebración del cuarto centenario de la fundación de la capital española Iximche la Municipalidad de Tecpan exhibió algunos otros objetos arcaicos encontrados en aquel recinto, como vasijas, pedernales, etc., más ninguno de ellos da idea del grado de civilización alcanzada por los Kaqchikel en la época de su conquista; pero gracias a la acuciosidad de Don Francisco Sosa, dueño del Molino de la Sierra, ubicado en Patzum, cerca de Iximche, y que posee en la ciudad de Guatemala curiosa y extensa colección de objetos arqueológicos de aquella cultura encontrados en los terrenos de su citada finca, que indudablemente se encuentra en los terrenos en los dominios del antiguo reino Kaqchikel. Podemos ahora formarnos conceptos de los adelantos de aquel pueblo, como se verá por la somera descripción que de algunos de ellos daremos en seguida; no sin advertir que entre dichos objetos figuran muchos de piedra labrada, otros de barro crudo y quemado a fuego, como restos de vasijas, etc, otros de jade, cuentas y chalchigüites, y aún alguno de plata. Entre las piezas llama la atención una enorme cabeza de culebra con las fauces abiertas, asomando entre ella la cara humana de Gucumatz, viéndose la fila de dientes de la mandíbula superior de la serpiente sobre la frente del Dios, distinguiéndose también los ojos adornados con volutas y grecas. Esta cabeza es semejante a otra encontrada en Quirigua” (Villacorta y Villacorta 1927). En esta obra es la primera vez que se menciona el monumento cabeza de serpiente de Quirigua.

Como de este monumento se conoce poca información, se darán a conocer algunos datos. ¿Cuándo y por quién fue encontrada?, sería la primera incógnita. Los datos que se han podido obtener se pueden resumir en que esa cabeza que los autores llaman “Animal Monolítico o Cabeza de Serpiente”, y que puede verse en las fotografías de las páginas 8 y 9 (Villacorta y Villacorta 1927), desafortunadamente ya no se encuentra en el sitio. En el mapa de la guía de las Ruinas de Quirigua (Morley 1936), se señala que el monumento se encontraba a un lado de la Estructura 3 y posteriormente en la página 173, hace referencia a lo que refiere como Altar V (el único autor que lo menciona como altar). Este se localizaba en el extremo norte de la Plaza Principal y hoy se encuentra en el Museo Peabody de la Universidad de Harvard. El monumento es descrito como cabeza de cocodrilo con las fauces abiertas, mostrando en su interior una cabeza humana bien ejecutada. Tampoco se localizó información de cómo, cuándo y quién obtuvo el permiso para trasladarlo al museo en el cual se supone que hoy se encuentra en Estados Unidos.

En la obra de Thompson (1948), este autor dedica varios párrafos en las páginas 29 y 30 indicando datos referentes al monumento de Quirigua, refiriendo que en las exploraciones anteriores y mapas levantados del sitio esta pieza no aparece mencionada. Tampoco en el mapa de Hewett de 1911. Por ello, Thompson atribuye a Carlos Villacorta la primera información e ilustraciones publicadas. En el esquema del sitio de Quirigua, Villacorta y Villacorta (1927) señalan en la página 6, la cabeza de serpiente, igual que lo había indicado J.A. Villacorta (1926a). La iconografía que se aprecia en las fotografías de las obras de Villacorta y de Morley muestra características iconográficas parecidas a las del monumento que hoy aparece frente a la Rectoría.

Nuevamente, Villacorta (1938:177), presenta la misma fotografía del monumento, con la información: Monolito representando una deidad Kaqchikel “Parque la Aurora” Museo Arqueológico de Guatemala. Este museo fue inaugurado el 28 de junio de 1931 en lo que hoy se conoce como la Casa del Té, en la finca La Aurora (Díaz 1934:497). En 1930, el autor de este artículo aparece en una fotografía junto al monumento, lo cual indica que el monumento ya se encontraba en dicho parque antes de la inauguración del museo.

A su vez, Franz Termer (1931), menciona “que entre los pocos vestigios que encontró fue un bello y gran monumento que parece representar una serpiente emplumada con la cara de Gucumatz. Esta se encontraba en el Molino La Sierra, en el camino que va de Patzizia a Patzun. Relata que proviene de unas ruinas llamadas Santa Teresa y que debe de haber sido transportado con gran dificultad desde las ruinas al molino, debido al gran tamaño (cuyas medidas proporciona). Según esto, se cree que los datos del monumento frente a la Rectoría coinciden, así como un peso aproximado de cinco toneladas.

Otra información muy breve y que no aporta nuevos datos aparece en Miles (1985), quien dice que: “las canchas de juego de pelota del Clásico Tardío estaban equipadas con espigas marcadores representando efigies de serpientes o jaguares. Posiblemente la más importante escultura de este tipo es la cabeza de Patzun con una gran serpiente con el ojo trifoliar con una hermosa cara emergiendo de las fauces abiertas”.

Como ya se dijo, actualmente el monumento se encuentra en al centro de la parte anterior de la plaza que rodea el Edificio de Rectoría de la Universidad de San Carlos. Aún no se ha podido establecer la fecha exacta de cuándo se trasladó el monumento de La Aurora al lugar que hoy ocupa. Se consultaron varios de los ingenieros y arquitectos que participaron en el diseño y construcción del Edificio de la Rectoría, los cuales no recuerdan el traslado. Únicamente el arquitecto Roberto Aycinena informó que, siendo encargado de la parte museográfica del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, el maestro Guillermo Grajeda Mena decidió el traslado de dicho monumento hacia el lugar donde hoy se encuentra. Resalta así la ausencia de información al respecto del monumento (Cabrera 1996).

El maestro Julio Urruela Vásquez, cuando decoró con vitrales el Salón de Recepciones del Palacio Nacional de Guatemala en 1942 y 1943, en el ventanal conocido como “Historia Maya”, en su cuarta ventana en la parte inferior aparece un escultor Maya que está tallando la bella pieza objeto de este resumen (Luján 1996).

El monumento está registrado en el Departamento de Registro del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala bajo el número 1.3.4.1. El número 1 indica su ubicación actual y se refiere al departamento de Guatemala, el número 3 indica que es de una colección gubernamental, el número 4 señala que es la cuarta colección gubernamental y el otro número 1 corresponde al número de registro de la colección Universidad de San Carlos (sin que tenga un número propio de la colección de la USAC).

LUGAR DONDE SE SUPONE FUE ENCONTRADO

Casi todos los informes que se originan en las descripciones de Villacorta y Villacorta indican que pertenecía al Sr. Francisco Sosa, dueño de la finca Molino de La Sierra. Por lo que debe haber sido descubierto en algún lugar cercano o en la misma finca, ya que su enorme volumen y peso hacen muy difícil, sobre todo en esos tiempos y en un terreno muy montañoso, el traslado a largas distancias, considerándolo una tarea muy difícil, aunque no imposible. Se menciona que debe de haber estado relacionado con Iximche, por su cercanía. La majestuosidad del monumento, su gran peso y su excelente talla hacen suponer que proviene de un sitio importante.

En un reporte muy breve sobre un recorrido de exploración en el departamento de Chimaltenango, se menciona la localización de un sitio arqueológico importante llamado Chirijuyu, entre Tecpan y Patzun, muy cerca de la finca Molino de la Sierra, lugar donde Villacorta relata que el Sr. Francisco Sosa localizó el monumento (Lothrop 1933). Recientemente, se ha confirmado la existencia del sitio Chirijuyu, con un esquema de plano del sitio, y con la mención de otro sitio con el nombre de Molino de la Sierra, pero sin presentar un plano (García 1992). Por lo tanto, se supone que el origen del monumento es Chirijuyu.

DESCRIPCIÓN DEL MONUMENTO

El monumento mide 2.10 m de largo por 0.79 m de ancho, que disminuye al llegar a lo que constituye la espiga. El alto es variable: en el frente 1.17 m, donde termina la cabeza 0.90 m, y la espiga 0.80 m, con un peso aproximado de 3.2 toneladas, equivalente a 71 quintales. El material en el cual está esculpido es basalto (Figura 1).

Figura 1 Escultura de la Rectoría, Universidad de San Carlos

Este tipo de escultura se conoce como espiga, y se encuentra frecuentemente en la Costa Sur y el Altiplano Central de Guatemala. Algunos autores denominan a todos los monumentos de espiga como marcadores del Juego de Pelota, aunque no todos pueden entrar bajo este nombre. Un ejemplo de este tipo de marcadores es aquel encontrado in situ en contexto arqueológico en uno de los Juegos de Pelota de Mixco Viejo, de un tamaño y calidad muy inferior al monumento tratado en esta ocasión.

Ahora, en el caso que nos ocupa, por sus grandes dimensiones y su peso, la desproporción entre el tamaño de la cabeza y lo corto de la espiga para el anclaje, hace suponer que no estuvo sostenida en una pared. Por ello se deduce que una parte descansaba sobre el piso de la plaza donde estaba colocado y la espiga anclada en una pared o talud. Hay que considerar otros posibles usos de los mismos, posiblemente relacionados con el Juego de Pelota, pero no como marcador propiamente dicho.

Con respecto a la iconografía, hay otros monumentos de espiga en menores dimensiones que representan la misma escena: una cara emergiendo de las fauces de un monstruo. Cuando se supone que estuvieron sostenidos en alto, la espiga es más larga y la proporción cabeza y espiga mejor distribuida. Algunos autores llaman a este tipo de monumentos Espigas Visión.

La interpretación de la iconografía, como se ha mencionado a lo largo de este trabajo citando a varios autores, es compleja. La mayoría lo denominan Cabeza de Serpiente, con la excepción de Morley (1936), que le considera cabeza de cocodrilo. Sin embargo, no se cree que represente a una serpiente o un cocodrilo. Por su iconografía se puede suponer que es la representación de un Monstruo Antropomorfo del Inframundo, en el cual se conjugan varios animales y elementos icnográficos. El estilo preciso y bien definido se puede observar también en otras esculturas.

  • Las fauces abiertas de esta enorme cabeza tienen algo de serpiente, como la lengua bífida que se nota muy bien en la parte baja del frente del monumento, donde descansa la parte inferior de la cara que emerge de las fauces abiertas.
  • A los lados, a media altura, presenta los ojos en forma circular hundidos con una incisión en forma de V, con la apertura hacia adelante, representando la pupila de una serpiente.
  • Las fauces, abiertas en su porción anterior (maxilar superior), tienen una fila que aparentan ser dientes (incisivos), con la que se forma la parte superior de donde emerge la cara. La representación de estos dientes anteriores no corresponde a una serpiente.
  • La fila de dientes termina a los lados en un enorme colmillo dividido en dos partes y haciendo contacto con lo que pudieran ser los colmillos inferiores. Los colmillos inferiores son otro elemento que no representa al de una serpiente.
  • A los lados, las comisuras de las fauces no se encuentran abiertas. Todo animal, al abrir las fauces, lo hace completamente.
  • Se ve en esta región una serie de lo que parecen molares, tampoco elementos de serpiente.
  • El maxilar inferior no presenta decoración.
  • Los labios gruesos se notan sobre las líneas que demarcan las fauces abiertas.
  • Sobre el maxilar superior, en el centro, existió un elemento ya desaparecido por fractura, que se insinúa como una nariz cuya base se prolonga en el centro hacia arriba y después hacia atrás como una cresta, siendo la parte más alta del monumento.
  • Sobre los ojos presenta una ceja gruesa festonada que se proyecta hacia arriba terminando en una voluta.
  • Hacia atrás, siguiendo la comisura de los ojos, se inclina hacia abajo y da la vuelta para adelante terminando en otra voluta que queda atrás de la comisura de la boca.
  • De las fauces emerge una cara humana bien proporcionada y definida.
  • Arriba, bien encuadrados, aparecen los colmillos y en la parte inferior, sobre la base de la lengua bífida.

Por estas observaciones no se cree que se trate de una colosal Cabeza de Serpiente. Sería interesante que un especialista en iconografía realizara el estudio para identificar exactamente al personaje representado en este monumento.

CRONOLOGÍA

Por su asociación en la mayoría de reportes con Iximche y sus alrededores, se ha dicho que pertenece al Postclásico. Pero al estudiar su iconografía se puede observar la gran calidad de su manufactura, diseños y estilo tan bien definido. Propondría que puede pertenecer al periodo Clásico o a más tardar al Clásico Terminal. Morley (1936), también indica que por su manufactura podría ser más antiguo que los otros monumentos de Quirigua. Hasta que no se encuentre el lugar exacto del descubrimiento y se pueda examinar la cerámica de su contexto, no se podrá determinar al periodo que pertenece. Hay otros ejemplares con este estilo que han sido fechados para el Clásico, con iconografía parecida a la del Altiplano y cercanos al lugar del supuesto descubrimiento.

CONCLUSIONES

Este monumento es el mejor y único ejemplo tan completo y bien conservado de este tipo. Es de admirable belleza, buena manufactura y grandes dimensiones. Falta un estudio profesional e integral sobre el mismo. Es importante realizar un análisis iconográfico detallado para conocer exactamente qué animal o personaje representa este zoomorfo y a qué periodo corresponde. Debe conservarse su magnífica integridad, que desafortunadamente está en procesos de deterioro, pues en el lugar donde se encuentra está sujeta a lluvia ácida, microorganismos, etc, que están afectando la piedra. Además, el monumento está sujeto a acciones que aceleran su deterioro, como grafitos o la colocación de objetos sobre el monumento y otro tipo de destrucción.

Se podría construir un domo transparente que lo proteja y colocarlo en una isla en uno de los espejos de agua frente a la Rectoría. Una recomendación importante es su re-ubicación en la parte interior del edificio de Rectoría, donde le corresponde estar. Por todo esto, se sugiere a las autoridades de la Universidad de San Carlos que estudien el problema y que encuentren algún método para preservar y divulgar esta gran joya del patrimonio arqueológico.

REFERENCIAS

Cabrera, Tania L.

1996        La escultura de la Universidad de San Carlos. Revista Estudios 3-96:25-31. Escuela de Historia, Universidad de San Carlos, Guatemala.

García, Edgar Vinicio

1992        Reconocimiento arqueológico de las Tierras Altas Centrales de Chimaltenango. Tesis de Licenciatura, Escuela de Historia, USAC, Guatemala.

Díaz, Víctor Manuel

1934        Las bellas artes en Guatemala. Tipografía Nacional, Guatemala.

Luján, Luis

1996        Patrimonio Cultural Palacio Nacional. Serie Memorias El Roble Seguros y

Fianzas, Guatemala.

Lothrop, Samuel K.

1933        Atitlan: An Archaeological Study of Ancient Remains on the Borders of Lake Atitlan, Guatemala. Carnegie Institution of Washington, Washington, D.C.

Miles, Susan W.

1965        Sculpture of the Guatemala-Chiapas Highlands and Pacific Slopes, and Associated Hieroghyphs. Handbook of Middle American Indians, Vol.2:237-275. University of Texas Press, Austin.

Morley, Sylvanus G.

1936        Guía de las Ruinas de Quirigua. Carnegie Institution of Washington, Washington, D.C.

1937        The Inscriptions of Peten, Vol. V, Part 1. Carnegie Institution of Washington, Washington, D.C.

Termer, Franz

1931        Zur Archaologie von Guatemala. Baessler-Archiv 14:167-191. Berlin,

Thompson, J. Eric

1948        Archaeological Reconnaissance in the Cotzumalguapa Region, Escuintla, Guatemala. Carnegie Institution of Washington, Washington, D.C.

Villacorta, J. Antonio

1926a        Quirigua. Anales de la Sociedad de Geografía e Historia, Guatemala.

1926b        Monografía del Departamento de Guatemala. Tipografía Nacional, Guatemala.

1938        Prehistoria e Historia Antigua de Guatemala. Tipografía Nacional, Guatemala.

Villacorta, J. Antonio y Villacorta, Carlos A.

1927        Arqueología Guatemalteca. Tipografía Nacional, Guatemala.

 

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