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46 La arqueología de San Miguel Dueñas, Sacatepéquez – José E. Benítez – Simposio 18, Año 2004

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Benítez, José E.

2005        La arqueología de San Miguel Dueñas, Sacatepéquez. En XVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2004 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.504-510. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

46

LA ARQUEOLOGÍA DE SAN MIGUEL DUEÑAS,

SACATEPÉQUEZ

José E. Benítez

Palabras clave:

Arqueología Maya, Guatemala, Altiplano Central, Sacatepéquez, San Miguel Dueñas, volcán de Agua, volcán de Fuego, volcán de Acatenango

Durante el año 2003 se hicieron reconocimientos arqueológicos en los alrededores del municipio de San Miguel Dueñas. La cabecera municipal dista de Antigua Guatemala aproximadamente a 8.5 km hacia el suroeste siguiendo la ruta nacional 10. Esta misma ruta comunica con la parte alta en donde se encontraron algunas de las fincas investigadas.

La observación indica que el territorio estudiado se divide en dos: una parte baja, que se encuentra a una altura promedio de 1500 m sobre el nivel del mar, y otra parte más alta a 2100 m, con algunos cerros que se elevan arriba de los 2400 m. En la parte baja se puede observar en su mayor parte sembradíos de café donde predominan los árboles de gravilea que sirven de sombra a los cafetos, así como leguminosas. En esta parte ha sido transformado drásticamente el paisaje debido a la agro-industria del grano aromático. Actualmente, se pueden observar grandes galeras que dan cobijo a la producción de flores y algunas hortalizas, así como aves de corral. Probablemente la finca San Sebastián sea el mayor latifundio que exista en esta zona, sembrado con café, perales, melocotón y bosque de ciprés (Cupressus lusitanica).

La población de San Miguel es atravesada por el río Guacalate, principal fuente de agua que bordea la mayoría de las poblaciones que se encuentran asentadas en los valles de Panchoy y Almolonga. Es probable que en época prehispánica hubiese numerosos riachuelos que formaban parte de la cuenca del Guacalate. Muy pocos van quedando debido a la grave deforestación que sufren las montañas, aunque se puede observar uno muy importante para la zona conocido como Ramaxat. Éste, a juzgar por la cuenca que usa y las rocas de sus orillas, tuvo que haber sido caudaloso. Pero ahora, aún en época lluviosa, no es más que un hilo de agua que va a morir al Guacalate. El Libro Viejo de la Fundación de Guatemala (1991:XVII), es claro al señalar que donde estuvo la primera ciudad que se asentó en el valle de Antigua Guatemala (valle de Almolonga), existieron muchos manantiales y ríos. Por extensión se puede colegir que la misma situación ambiental tuvo que haber existido en lugares vecinos de San Miguel Dueñas.

De acuerdo con la clasificación fisiográfica para la república de Guatemala (Holdridge 1983), es posible observar al menos dos zonas de vida en esta región: en la parte baja que va de una elevación de 1300 m a 1600 m, bosque muy húmedo subtropical cálido, donde el régimen de lluvias es de mayor duración por lo que influye grandemente en la composición florística y en la fisonomía de la vegetación. La vegetación predominante es el llamado palo volador (Terminalia oblonga), el conacaste (Enterolobium cyclocarpum), palo colorado (Sickingia salvadorensis), mulata (Tripalis Sp.), palo blanco (Cybistas donnel smithii), chaperno o almendro colorado (Andina inermis). La segunda zona de vida se encuentra a una elevación que va de 1600 m a 2400 m, aquí se encuentra la vegetación típica del Altiplano, representada por el encino o roble (Quercus Sp.), asociados generalmente con el llamado pino triste (Pinus pseudostrobus), y pino de ocote (Pinus montezumae). Ocurren también como indicadores en esta zona, el cerezo de montaña (Pronus capuli), y el madrón de tierra (Arbustos xalapensis).

Respecto a la fauna, la crónica colonial da cuenta que era numerosa, llegando a estar representada desde grandes mamíferos como el tapir, jaguar, puma y venados, los cuales se encontraban principalmente en las faldas de los volcanes de Agua, Acatenango y Fuego (Fuentes y Guzmán 1932:53). Al interrogar a campesinos que ocasionalmente salen de cacería, afirmaron que ninguno de estos animales existe actualmente en los alrededores. Como observación especial se comprobó la existencia de algunos trogones de montaña (Trogon mexicanus), parientes del quetzal, otras variedades de aves, drásticamente han quedado reducidas, debido a la desaparición gradual de las especies arborícolas que les dan alimento.

En cuanto a los suelos, siguiendo la terminología señalada por Simmons (1959), se pueden señalar dos: el denominado de la Altiplanicie Central, siendo de origen volcánico y que se encuentra presente en las partes quebradas, y el conocido como de aluvión o misceláneo, encontrándose principalmente en la parte baja, es decir, el valle. Es posible que la tierra fuera de mejor calidad en tiempos prehispánicos y se haya gastado por el uso intensivo que se le ha dado durante este siglo, ya que las cosechas se levantan con fertilizantes químicos. Aun así, el potencial agrícola de las faldas de las montañas se puede ver, pues es de donde salen los diferentes cultivos que los campesinos siembran cada año y donde se encontraron la mayoría de los remanentes arqueológicos que pertenecían a épocas tempranas.

Importante es señalar la presencia de la laguna de Quilisimate (actualmente seca), como una de las principales fuentes de agua que se encuentra aledaña a San Miguel Dueñas. Asentados en las márgenes de lo que fue la laguna, se encuentran las poblaciones de San Andrés Ceballos, San Antonio Aguas Calientes, Santa Catarina Barahona y Santiago Zamora. Es indudable el papel que jugó en época antigua esta importante porción de agua, fue vital para los productos comestibles como peces y plantas.

El reciente descubrimiento de pinturas murales que se encuentran en la finca Urías, sobre una pared de granito que corre paralela al río Guacalate y muy cerca de la laguna, dan la razón de pensar que esta laguna fue esencial para la vida de los pobladores que habitaron los alrededores. En estos murales se pueden observar más de 300 figuras de animales y figuras antropomorfas que probablemente tuvieron un sentido mágico-religioso. Según Navarro (1874), en el siglo XIX la laguna se extendía hasta las faldas del volcán de Agua. En el mapa 1:50,000 de Chimaltenango, hoja 2059 IV, se puede observar que su extensión cubrió aproximadamente 5 km², aunque como aporta Navarro, esta laguna tuvo únicamente tres varas en su parte más profunda.

Estudios realizados alrededor de esta situación (Chinchilla 1991:4-5), señalan que la laguna Quilisimate pudo haberse secado debido a un proceso de eutrofización acelerado por diversas causas tales como: arenas de las erupciones volcánicas, la desaparición de la cubierta boscosa en los cerros que la rodean, etc. En lo que queda de la laguna todavía crece silvestremente un junco o tul (Typha angustifolia), que se utiliza para fabricar petates, industria aún importante para algunos pobladores de San Antonio (Annis 1987:47), y que probablemente tuvo mucha importancia en el pasado debido a la costumbre indígena de su utilización para el descanso y reposo en las casas de habitación.

LOS RECORRIDOS

La metodología para la búsqueda de indicadores arqueológicos se centró principalmente en montículos y cerámica sobre la superficie. Se iniciaron los recorridos en la parte baja de la región de San Miguel Dueñas con muy pobres resultados, debido a dos factores:

  • El primero al celo de los propietarios de las fincas por no dejar que extraños lleguen a hurgar sus tierras no importando el motivo. En los pocos lugares donde se pudo efectuar la prospección, se constató la presencia de pocos indicadores cerámicos, principalmente burdos y micáceos.
  • El segundo factor se debió a que recientes erupciones del volcán de Fuego, como la de 1999, dejó arena sobre estos terrenos enterrando los vestigios que pudieron existir.

Además, por experiencias que se han tenido de investigaciones anteriores (Benítez 1991, 2003; Matas 2000), se sabe que los valles de estas regiones no fueron ocupados intensamente como en las faldas y cimas de las montañas adyacentes. Una razón importante para que no hayan fructificado los asentamientos la dan los cronistas como Fuentes y Guzmán (1932), Navarro (1874), Tobilla (1960), y Ximénez (1967), quienes informaron sobre las innumerables crecidas y desbordes de los ríos, que con su fuerza arrastraron arena, enterrando y llevándose todo lo que encontraron en su camino. Esto da paso a creer del por qué los indígenas prefirieron no habitar los valles. Los españoles, en cambio, se asentaron en las partes planas, en donde sufrieron constantemente la destrucción de sus ciudades por las repentinas corrientes de agua que bajaban de las montañas, principalmente durante la época de lluvia.

Los recorridos en la parte alta de la región fueron más alentadores y dieron sorprendentes resultados. A la altura de la finca Concepción Calderas – que es más bien una aldea, donde residen varias familias permanentemente – se encuentran a la vera del camino varios montículos. Uno de ellos es una plataforma de aproximadamente 50 m de largo por 20 m de ancho. Aparentemente es un cerro natural posteriormente modificado. Muy cerca de donde habita la población de la finca se encuentran otros montículos, la iglesia católica dedicada a la Virgen de Concepción, da la impresión que está asentada en un cerro. Desde este lugar, hasta la cabecera de la otra finca conocida como San José Calderas que dista a 1 km, es un continuum de deposición cerámica por todas partes. En esta región se investigaron cerros como el Sanai, que se encuentra a 2648 m sobre el nivel del mar, y un gemelo sin nombre a 2570 m, en ninguno se encontró vestigios arqueológicos. Estos dos cerros están muy cerca del parcelamiento agrario La Soledad.

En la población de San José no fue posible vislumbrar ejemplares de cerámica antigua, probablemente porque las calles fueron emparejadas con tractor y los vecinos del lugar no permitieron entrar a sus patios para investigar. Esta población muestra un trazo moderno con amplias avenidas y casas nuevas de ladrillo o block; hacia el oeste muy cerca del pueblo, hay un pequeño cerro desde donde se vislumbra todo el paisaje semi-ondulado con vista hacia el este. En este cerro fue extraordinaria la cantidad de material arqueológico que se encontró. La investigación apunta a que probablemente fue el epicentro de lo que sucedía en toda el área. La finca Concepción tiene un sembradío de duraznos y peras sobre el extremo norte del volcán de Acatenango. Se encontró bastante cerámica hasta una altura de 2100 m, siendo el único lugar de este volcán en donde se han encontrado vestigios de habitación. La razón pudiera ser la proximidad de un zanjón, donde corrió agua en el pasado.

La investigación se centró también en lugares conocidos como El Rosario, Tampico, El Pozo y El Tigre. Los tres primeros fueron aldeas que desaparecieron por diversas circunstancias, quedando la última con pocos pobladores, todos estos lugares son muy ricos en vestigios cerámicos. El recorrido se hizo siguiendo dos direcciones, primero se comenzó desde la población de San Miguel Dueñas en un lugar conocido como el vado, debido a que aquí pasa el minúsculo río de Ramaxat. El ascenso es fatigoso y lento, ya que en ambos lados del sendero se encontró mucha cerámica, luego se hizo el viaje en dirección contraria, usando la carretera que va de Parramos hacia Yepocapa, en un punto donde parte un sendero hacia el caserío La Comunidad, se comenzó a caminar para ir bajando gradualmente hasta llegar a San Miguel durante cuatro horas aproximadamente.

En todas estas montañas se pudieron observar zanjones, que probablemente en el pasado fueron ríos permanentes, no de gran fuerza, pero sí de suficiente caudal como para no secarse en verano. Esa es la razón fundamental para que los asentamientos se mantuvieran desde épocas muy tempranas. Un ejemplo actual lo representa el caserío El Tigre, donde pasa un riachuelo que no se seca durante el verano, además es uno de los lugares con más ejemplares de cerámica.

Nuevamente, como en anteriores investigaciones en esta región de los altos guatemaltecos, los trabajos de los campesinos en sus parcelas facilitó el trabajo. Esto es debido al movimiento de tierra que año con año efectúan para sus siembras de temporada, pues afortunadamente el uso de azadones permite que no haya absoluta destrucción de todos los vestigios.

LA CERÁMICA

La investigación de superficie persigue fundamentalmente los yacimientos de cerámica. Estos son los indicativos que guiarán hacia la consecución de una temporalidad, filiación y al final, la historia del lugar. La mayoría de los ejemplares recolectados son de cerámica utilitaria, de paredes gruesas, sin engobe y aplicación sobre las paredes. Dentro de la muestra más antigua se tienen varios ejemplares del conocido como Sacatepéquez, muy singular por ser de pasta blanca y policroma, generalmente aparece con detalles pintados en rojo. Estos fueron recolectados en los terrenos que ocupa la aldea El Tigre, así como en algunos lugares camino hacia este lugar. Algunos también se encontraron en Concepción y San José Calderas.

Estos ejemplares ya fueron reportados para Parramos, San Juan Alotenango, y San Andrés Itzapa, en trabajos anteriores (Benítez 2003; Matas 2000, 2002). También los menciona Robinson (1998), sobre el sitio Chitak Tzak conocidos como Alotenango Crema, variedad Alotenango, se caracterizan por su engobe blanco duro que contrasta con una pasta fina roja. Tabacal Blanco sobre Rojo variedad Tabacal, es un tipo cerámico pintado de blanco con diseños zoomorfos y geométricos en los cuencos y cántaros. De acuerdo con Wetherington (1978), la tradición de cerámica blanca aparece en Kaminaljuyu en el 500 AC.

Neff (1990) menciona que el probable origen de la cerámica blanca conocida como Sacatepéquez pueda ser el sitio de Zacat, el cual se encuentra al oeste de Kaminaljuyu y al norte del territorio de San Miguel Dueñas. Así mismo, los ejemplares de cerámica Amatle fueron abundantes, caracterizados por las aplicaciones como botón que tienen en el cuello de las vasijas. Estos se encontraron principalmente cerca de la aldea El Tigre. Borhegyi (1950), quien los reportó en su investigación en la falda norte del volcán de Agua, los llama Tejar Ware. También son notorios los restos de vajilla que se conoce como Esperanza Flesh, y que está identificada con el Clásico Temprano (Hatch 1997:113). La muestra de cerámica micácea fue escasa, se encontró principalmente en algunos terrenos cercanos a la población de San Miguel Dueñas.

ARTEFACTOS DE OBSIDIANA

La muestra es más bien pobre, en total se recolectaron 35 piezas. Se trata de lascas, algunas navajas prismáticas y fragmentos de ellas, diez son de El Chayal y el resto de San Martín Jilotepeque.

LOS MONTÍCULOS DE CONCEPCIÓN CALDERAS

Por la forma en que se encuentran, es decir, en un espacio totalmente abierto, se considera que bien pudieran haber sido del Preclásico. Podría representar el primer emplazamiento que tiene mucha afinidad, con el patrón de asentamiento de dos sitios observados en Parramos. La ubicación es estratégica, ya que domina el paso hacia el valle de Almolonga. Éste es un cañón natural que se forma entre la falda noreste del volcán de Acatenango y una montaña que va paralela hasta terminar justo donde comienza el vado por donde pasa el río Ramaxat, que más adelante se llama Blanco.

CONCLUSIONES

El estudio arqueológico de San Miguel Dueñas siguió el patrón que guardan los límites municipales impuestos por la administración actual que tiene el país. Indudablemente que en la antigüedad esto no fue así y la razón la da el dato empírico recolectado durante esta investigación. Por un lado se tiene un zona baja con un clima más bien templado con diferente flora y por el otro, existe otra región que más bien es helada debido a la altura en que se encuentra, con vegetación donde se identifican ejemplares pino montanas. Es por eso es que se dividió en región alta y baja como un indicador natural. Las dos ofrecen distinta oportunidad para el habitante. La región baja podría más bien haber estado relacionada con las sociedades que se asentaron en lo que es ahora San Juan Alotenango, Los Terrenos y Pompeya, situados en la falda oeste y sur del volcán de Agua, respectivamente (Benítez 1991). La región alta fueron los pueblos que habitaron las montañas de lo que hoy es Parramos.

Los indicadores arqueológicos para la zona baja son más bien limitados, pero no necesariamente esto apunta a que la población fue escasa o inexistente. Los factores ambientales tales como erupciones volcánicas, crecidas de ríos, terremotos y periodos de lluvia intensos, pudieron haber incidido notablemente para ocultar los remanentes de poblaciones que habitaron en estas alturas. Un ejemplo moderno de esto se ha visto durante el paso del huracán Mitch, el cual en 1998 causó grandes estragos en poblaciones del Altiplano. El terremoto de 1976 fue otro elemento que cambió la morfología de muchas montañas de Tierras Altas. Las erupciones del volcán de Fuego que se dieron al terminar el siglo XX, también ayudaron a que muchos lugares cercanos al coloso sufrieran cambios. Durante las épocas precolombinas las poblaciones debieron ser más bien escasas al sufrir el embate de calamidades como las arriba citadas, aunque es posible que moverse a otro lugar para huir de estas aflicciones fuera más fácil.

Distinto a lo anterior, las poblaciones que habitaron las partes altas pudieron haber capeado fácilmente algunos de estos fenómenos. Los ríos durante la época de lluvias no crecen, las faldas de las montañas no necesariamente están expuestas a las arenas arrojadas por los volcanes, ni las que arrastran ríos turbulentos alimentados por otros mansos que se vuelven bravos con un invierno copioso. Los indicadores arqueológicos, tales como cerámica, obsidiana y montículos de habitación, fueron más notorios en la parte alta. Se han conservado mejor, probablemente porque no hubo fenómenos naturales de gran poder que los ocultaran. Edwin Shook (1952), en las investigaciones que hizo en el valle de Panchoy, aseguró que aquí probablemente hubo montículos que se encuentran tapados por el asolvamiento que cada año arrastra el río Pensativo.

El clima de la región alta de San Miguel Dueñas no es tan riguroso como el observado a la misma altura de Parramos, por ejemplo. Es menos ventoso y guarda más calor. Esto probablemente se deba a las características geográficas tan especiales que tiene esta región, por eso es que se observó tanta cerámica en cualquier lugar que se visitara. Es decir que hubo facilidades para los asentamientos todo el tiempo. No es así en Parramos, donde en zonas amplias no se registró ningún hallazgo arqueológico. Por otro lado, la cerámica recolectada está apuntando hacia un comercio especializado, tal es el caso de la vajilla Sacatepéquez, que como bien apunta Neff, eran bienes suntuarios controlados por una elite que gobernaba Kaminaljuyu.

Es muy probable que durante la época formativa hubiese asentamientos únicamente en la parte alta. Que las sociedades habitantes de la zona controlaran el comercio que iba no sólo hacia la parte del valle de Almolonga, sino también hacia la Costa pasando por el actual pueblo de Yepocapa. Esto se podría hacer en conjunción con los pueblos que en ese entonces se habían asentado en las montañas de Parramos. Ya para el periodo Clásico pudo haber sido un cacicazgo poderoso, del cual quedaron los montículos que actualmente se observan en Concepción y San José Calderas. El hallazgo de cerámica que pertenece al Clásico Temprano y al Clásico Tardío, señala que la población fue constante por lo menos durante 1200 años. El periodo Postclásico está representado con algunas cerámicas Micáceas, pero más que todo en la parte baja. Esta situación coincide con las áreas investigadas en Parramos aledañas a la parte alta de San Miguel Dueñas, es decir, que la población durante esta época fue escasa en ambas regiones.

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