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44 Nuevas perspectivas sobre la Acrópolis de Kaminaljuyu, Guatemala – Stephen D. Houston, Zachary X. Nelson, Carlos Chiriboga, Carlos Alvarado, Héctor L. Escobedo y Karl Taube – Simposio 18, Año 2004

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Houston, Stephen D., Zachary X. Nelson, Carlos Chiriboga, Carlos Alvarado, Héctor L. Escobedo y Karl Taube

2005        Nuevas perspectivas sobre la Acrópolis de Kaminaljuyu, Guatemala. En XVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2004 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.491-497. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

44

NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE LA ACRÓPOLIS

DE KAMINALJUYU, GUATEMALA

Stephen D. Houston

Zachary X. Nelson

Carlos Chiriboga

Carlos Alvarado

Héctor L. Escobedo

Karl Taube

Palabras clave:

Arqueología Maya, Guatemala, Altiplano Central, Kaminaljuyu, Clásico Temprano, Clásico Tardío, estilo talud-tablero, relación con Teotihuacan, monumentos de Kaminaljuyu

Entre los años 1958 y 1962, el arqueólogo guatemalteco Gustavo Espinoza llevó a cabo una serie de excavaciones profundas en la Acrópolis de Kaminaljuyu (Grupo C-II-4). En su época, estas fueron las investigaciones más amplias a cargo de un equipo exclusivamente nacional, con sondeos extensivos y túneles delimitando las orillas de edificios de tipo talud-tablero. La evidencia de pisos definidos por cucharas de albañil, sondeos con claros objetivos de conocer edificios sobrepuestos, muestran en conjunto una sensibilidad bastante desarrollada en cuanto a los estratos arqueológicos. Espinoza utilizó un método de excavar túneles en forma de flecha (con la punta hacia arriba), para mantener la estabilidad estructural, muy a menudo siguiendo el alineamiento de un rasgo arquitectónico detectado para asegurar un alto nivel de seguridad.

Es posible que Espinoza recibiese una de sus primeras experiencias de campo en la Acrópolis bajo la supervisión de A. Ledyard Smith, quien investigó la supuesta “cancha de pelota” en C-II-4, al principio de la Segunda Guerra Mundial (Shook y Smith 1942:265). En esta ocasión, Smith encontró un modo arquitectónico afiliado con Teotihuacan – el talud-tablero – al final de su trinchera. Se supone que en este momento Espinoza empezó a considerar la Acrópolis como un enfoque futuro de investigación por el Museo Nacional de Arqueología.

Hoy en día, el área excavada por Espinoza constituye un parque urbano bajo control del Estado, que sirve al público como lugar de interés turístico y foco de actividad ritual indígena como sitio sagrado. No obstante, este conjunto de cavidades y cortes, perfiles y túneles, el origen de casi 4000 m3 de relleno y tierra sacados por Espinoza, no ha sido publicado – salvo por un reporte escrito por Charles Cheek en 1962, con base en dibujos realizados por Tatiana Proskouriakoff.

Por lo tanto, se decidió empezar un registro exhaustivo de las excavaciones de Espinoza como parte del Proyecto Parque Kaminaljuyu, con apoyo financiero de la Universidad de Brigham Young. Hay algunas preguntas que pasan por la mente de cada persona que visita la Acrópolis: ¿Cuál es la secuencia y cronología constructiva, la función de los edificios y, sobretodo, la relación que existió entre los edificios talud-tablero de la Acrópolis y sus rasgos análogos arquitectónicos de Teotihuacan? Cada pregunta fue respondida, en diferentes niveles de confianza, por medio de la investigación realizada en 2003 (Houston et al. 2003).

Los primeros niveles en la Acrópolis se remontan supuestamente a la época Preclásica. Sin embargo, no existe evidencia explícita de este fechamiento y la mayoría de estratos detectados en los pozos alrededor de la Acrópolis contienen tiestos del Clásico Temprano (Popenoe de Hatch, comunicación personal 2003). Lo que sí se puede confirmar es que los niveles más tempranos representan áreas extensivas, en forma de terraplenes, posiblemente hasta los márgenes de la orilla original de la Acrópolis. La única manera de determinar la índole de tales rasgos, al menos tres, uno encima del otro, es por medio de más túneles o trincheras acercándose a los depósitos desde el exterior.

Las fases constructivas más ilustrativas son las del estilo talud-tablero. El problema principal de este tipo de modo arquitectónico, al menos en términos interpretativos, es determinar su significado antiguo en diversos contextos. Los hallazgos de Laporte (1988), y Plunket y Uruñuela (1998), demuestran la complejidad del origen de dicho modo. Aunque muy erosionado, no cabe duda que el Edificio F, en realidad solamente un componente de la Estructura A/F, a pesar de una hipótesis contraria propuesta por Proskouriakoff, exhibía murales de círculos colorados en su tablero sur. Diseños parecidos se observan en la Subestructura 3 del Templo de los Caracoles Emplumados (Miller 1973:33-34, Figs.58 a 62). En este caso, el tablero tal vez sirvió como lugar de exposición, con diseños – hasta de textiles – protegidos de los elementos por el alero estructural. Desafortunadamente, las proporciones de los ejemplares de talud-tablero no ofrecen mucha información, ya que la ubicación de los pisos adicionales, como en los Edificios E y A, redujeron el tamaño del talud, a la vez que hicieron equivalentes las medidas del tablero.

No cabe duda que el primer edificio con talud-tablero fue el Edificio E, una estructura que, según Ellen Spensley (Houston et al. 2003:55), demostró un cambio fundamental en su material constructivo, desde el barro de los presuntos niveles del Preclásico hasta una matriz de pómez y barro, con señas de bruñido. El piso alrededor de la última etapa del edificio mostró clara evidencia de un perímetro de postes o esculturas desaparecidas que dejaron huellas en el Edificio G y K, junto con algo semejante en la Estructura A-2 excavada por el proyecto de la Institución Carnegie de Washington (Kidder et al. 1946:Fig.106b). Es probable que el Edificio E de la Acrópolis también se vinculara con una plataforma de dos terrazas ahora oculta detrás del Edificio G, lo cual implica que este último nunca estuvo expuesto como un edificio completo, sino como una fachada. Otro rasgo de interés del Edificio E es la presencia de una etapa constructiva que falló por la inestabilidad del tablero, lo que provocó que los arquitectos de la antigüedad añadieran otras etapas, a veces con vestigios de colores azul, amarillo y rojo. Por último, es necesario observar que la orientación final del Edificio E, en relación con el Edificio A/F, es muy parecida a los “altares” en los sectores de Atelelco, el Conjunto de la Plaza Oeste, Tetitla y Yayahuala en Teotihuacan. En consecuencia, no hay un acuerdo con Geoffrey Braswell (2003b:121, Fig.4.2), quien sugiere una diferencia considerable entre las plantas de los edificios del centro de México y los del estilo “teotihuacano” en Kaminaljuyu. De hecho, la información reciente de la Acrópolis subraya el riesgo de comparar rasgos superficiales, ya que por lo general, los atributos arquitectónicos que son visibles datan del Clásico Tardío.

Un pozo realizado en el Edificio A/F por Espinoza, que nunca fue publicado, fue dibujado en 2004 por Carlos Alvarado. La secuencia interna confirma que este conjunto de dos componentes de talud-tablero pertenece al mismo episodio constructivo. Al revisar la cima del Edificio A/F fue claro que la estructura disponía aún de otro nivel, en esta instancia con medio-tablero, es decir, sin su elemento inferior. Este talud-tablero fue sumamente dañado por un acto de nivelación en una época posterior. Por consiguiente, se puede contemplar un efecto de éntasis inverso, un tipo de perspectiva exagerada. Cada nivel exhibió al público localizado en la plaza un efecto de tamaño progresivamente más reducido, hasta que ya no pareció ser necesario el elemento inferior del tablero en el tercer nivel, es decir, el acento funcional disminuyó de manera decisiva en la vista o mirada de los observadores desde la plaza hacia arriba. Al contrario, el efecto visual en la época Amatle (Clásico Tardío), se distinguió por su énfasis en perspectivas horizontales en las plazas, tal vez para ceremonias de índole más cívica, de bailes o procesiones.

En el Edificio G se encuentra un rasgo enigmático que presenta otro aspecto hasta ahora no reconocido de los edificios talud-tablero en Kaminaljuyu (Houston et al. 2003:Fig.6). Un pozo excavado por Espinoza contiene una caja de mortero y piedras que funcionó como recipiente para un poste de al menos 0.30 m de diámetro Es probable que un poste paralelo, destruido por la construcción posterior de un desagüe, hecho en parte de lajas sacadas de un tablero, fue ubicado de una manera simétrica al otro lado del Edificio G. George Cowgill (comunicación personal 2003), informó que un rasgo con los mismos atributos fue excavado en la Plataforma Adosada del Templo de la Serpiente Emplumada en Teotihuacan.

En este contexto se suele mencionar la manera tan distintiva de las construcciones de talud-tablero en la Acrópolis. Sin excepción, sus rellenos incluyen algunos fragmentos de carbón y poca evidencia cerámica, como si fuesen depósitos especialmente aventados o sacados de nuevas fuentes de material constructivo. Además, sus superficies fueron hechas de un tipo de concreto especial, fabricado en forma viscosa, tal vez, a juzgar por su apariencia colorada, “cocido” antes de su aplicación y formado por molduras como en la tecnología moderna de construcción. Como sostén, los tableros tienen unas piedras bifaciales talladas con una exactitud impresionante, sin desviarse un solo centímetro de su línea de ubicación. Otro atributo sorprendente fue el método de aplicar el concreto de manera vertical: por el patrón de traslape se distinguen “tareas de trabajo”, cada una tiene aproximadamente de 3 a 4 m de largo, colocada de manera contra-reloj, empezando en el eje de la escalinata, terminado en el mismo lugar después del proceso de cubrir el talud-tablero con su capa final de pómez y piedrín.

Al interpretar esta información es conveniente revisar las fechas “absolutas” tomadas de estos edificios talud-tablero. Hasta el momento, las únicas fechas cronométricas proceden del trabajo de Daniel Wolfman, con base en la metodología arqueomagnética (Wolfman 1973, 1990; Braswell 2003a:91). Las fechas se concentran en 490-525 DC y 500-520 DC (Edificio A), y 585-610 DC (Edificio D), con la presunción que todas estas estructuras se remontan antes del 610 DC. Gracias a varios fragmentos de carbón detectados en los perfiles, se logró extraer muestras para un proceso de cronología normal de radiocarbono y de AMS (Figura 1). Desde una procedencia directamente encima del Edificio E, el talud-tablero más antiguo en términos estratigráficos, reveló una fecha calibrada de 1520±35BP (AA55657) y, en la capa encima del último nivel de la época talud-tablero, una fecha calibrada de 1475±30 (AA57656). Con la ayuda de Ian Robertson de la Universidad de Stanford, estas fechas fueron calibradas, junto a otras fechas de contextos talud-tablero en la Acrópolis, a las primeras décadas después del 500 DC, es decir, en pleno acuerdo con las propuestas de Wolfman.

Figura 1 Fechas de A.M.S., relacionadas con edificios talud-tablero

El depósito que cubre estos niveles, en la parte superior de un túnel detrás de la cumbre del Edificio F, proporcionó una fecha del 770 DC (entre 620 DC y 920 DC [A-13080, 1180±150, n.b., no calibrada]), obviamente de la fase Amatle. Lo más impresionante de estas fechas es su consistencia interna y la evidencia de que el intervalo entre los primeros y últimos edificios con estilo talud-tablero en la Acrópolis, comprenden estadísticamente un solo episodio, con sucesos rápidos de construcción. Dicha observación suscita dos implicaciones:

  • Que las fechas son más tardías que la supuesta “entrada” de los Teotihuacanos a Tikal en el 378 DC y de los actos relacionados con la fundación de la dinastía de Copan, Honduras.
  • Que en la Acrópolis se puede considerar este evento como un periodo muy restringido de contacto con otros lugares.

Una posibilidad es que la tecnología de los edificios talud-tablero, un modo arquitectónico obviamente introducido, aunque no seguramente del mismo Teotihuacan, fue resultado de un grupo muy pequeño de especialistas foráneos: o sea, no se trata de un evento representado por la intrusión de un grupo de “guerreros” o “pochtecas”, ni de soberanos del centro de México, sino de un proceso histórico sumamente limitado que fue supervisado por los mismos gobernantes de Kaminaljuyu. Por tanto, esta pauta parece alejarse mucho de las observaciones de Bove y Medrano para la Costa Sur de Guatemala, en donde hay evidencia de contacto directo con Teotihuacan (Bove y Medrano 2003:72-73).

Los nuevos datos concuerdan con varios modelos recientes que enfatizan el comportamiento autónomo de Kaminaljuyu en cuestiones de contacto con Teotihuacan (Braswell 2003, ed., passim). Por ejemplo, según Marion Popenoe de Hatch y Zachary Hruby, no se recuperaron más de unos pocos tiestos de carácter Teotihuacano durante las excavaciones realizadas por este proyecto en Kaminaljuyu, así como una cantidad sumamente escasa de obsidiana verde de Pachuca. Existe la sospecha de que el uso de concreto refleje algún contacto más intenso con la costa del Golfo de México. No obstante, esta especulación no evita el gran problema que el entendimiento actual de la entidad política en Kaminaljuyu durante la fase Esperanza es prácticamente nulo, dada la ausencia de textos jeroglíficos que sí existieron en épocas anteriores. Además, aunque el contacto foráneo puede tener un aspecto fuerte, parece estar limitado al nivel más alto de la sociedad urbana del sitio. Los datos disponibles en Kaminaljuyu no permiten la refutación de personajes tales como Sihyaj K’ahk’ de Tikal o Yax K’uk’ Mo’ de Copan.

La escultura de la Acrópolis representa otro problema de interpretación. En los estudios de Kaminaljuyu se ha llegado a desarrollar una especie de dogma, combatido valerosamente por Federico Fahsen entre otros, de que hay poca o ninguna escultura de la fase Esperanza en Kaminaljuyu (aunque veáse Parsons 1986:81-83). Es indudable que los “arquitectos” de los edificios talud-tablero en Kaminaljuyu incorporaron esculturas de las fases Verbena o Arenal, de lo cual es un buen ejemplo el hasta el momento no reconocido edificio talud-tablero situado al otro lado de la calle detrás de La Palangana (Figura 2).

Allí aún se encuentran los Monumentos 42 y 43 – el segundo es una representación de un tocado – sobre una plataforma, tal y como los encontró Cheek en sus excavaciones en la plaza de La Palangana. Es algo sorprendente que las dos esculturas actualmente en la Acrópolis, un jaguar (una escultura de espiga), y una calavera (con función de incensario y señas de su base en la primera terraza del talud-tablero, el Edificio G), no hayan sido descritos por otros autores (Figura 3). No cabe duda que el jaguar representa a este felino en un estilo puramente Teotihuacano, casi metropolitano, como en el caso de la espiga, en forma de una serpiente, encontrada en Coba, Quintana Roo (Benavides 1981:Fig.28). Otro monumento de Kaminaljuyu, la Estela 13 (Parsons 1986:Fig.188), de procedencia desconocida, probablemente funcionó como parte de una alfarda en puro estilo Teotihuacano (véase la foto en Kerr #8037). Otra escultura, la Estela 23 (Parsons 1986:Fig.190), aparenta incluir un signo de día, pero otra vez, en la forma de un personaje de la ciudad de Teotihuacan.

Figura 2 Edificio talud-tablero afuera de los límites del Parque Kaminaljuyu

Figura 3 Esculturas de la Acrópolis de Coba en el lado inferior izquierdo, y de Kaminaljuyu en el lado derecho

En las últimas etapas constructivas de la Acrópolis de Kaminaljuyu se encuentra evidencia que no se puede discutir con mucho detalle en este trabajo. Después de la época talud-tablero continúa sin interrupción una fase de utilización, con construcciones hechas por una especie de adobe (bloques de talpetate cubiertos por capas delgadas de barro). En la última etapa, fase Amatle, se ve un cambio fundamental en el proceso constructivo de los edificios de la Acrópolis. En vez del método sumamente especializado de los edificios talud-tablero, y al contrario de la época de talpetate pintado de color rojo, con huellas de una exposición continua de ejemplares del modo talud-tablero, se cubrieron todos los edificios anteriores con capas profundas de barro, con cimientos y alineamientos de cantos rodados, extraídos de algún barranco a juzgar por sus formas modeladas por el movimiento de agua.

Ahora es importante mencionar la cuestión de la especialización: los edificios de la época Amatle, de gran extensión pues ocupan casi toda el área superficial que es visible hoy en día, representan inversiones enormes de energía, con implicaciones en la organización social, pero con formas constructivas tan simples que podían ser reproducidas por cualquier campesino. Es evidente que la época de especialización arquitectónica ya había pasado y Kaminaljuyu pronto empezaría el largo viaje hasta su deterioro urbano actual.

REFERENCIAS

Benavides C., Antonio

1981        Coba: Una ciudad prehispánica de Quintana Roo. Instituto Nacional de Antropología Historia, México.

Bove, Frederick J y Sonia Medrano Busto

2003        Teotihuacan, Militarism, and Pacific Guatemala. En The Maya and Teotihuacan: Reinterpreting Early Classic Interaction (editado por G. Braswell), pp.45-79. University of Texas Press, Austin.

Braswell, Geoffrey E.

2003a        Dating Early Classic Interaction between Kaminaljuyu and Central Mexico. En The Maya and Teotihuacan: Reinterpreting Early Classic Interaction (editado por G. Braswell), pp.81-104. University of Texas Press, Austin.

2003b        Understanding Early Classic Interaction between Kaminaljuyu and Central Mexico. En The Maya and Teotihuacan: Reinterpreting Early Classic Interaction (editado por G. Braswell), pp.105-142. University of Texas Press, Austin.

Braswell, Geoffrey E. (ed)

2003        The Maya and Teotihuacan: Reinterpreting Early Classic Interaction. University of Texas Press, Austin.

Houston, Stephen D., Zachary Nelson, Carlos Chiriboga y Ellen Spensley

2003        The Acropolis of Kaminaljuyu, Guatemala: Recovering a “Lost Excavation”. Mayab 16:49-64. Madrid.

Kidder, Alfred V., Jesse D. Jennings y Edwin M. Shook

1946        Excavations at Kaminaljuyu, Guatemala. Carnegie Institution of Washington Publication 561. Washington, D.C.

Laporte, Juan Pedro

1988        Arquitectura Clásica Temprana de Tikal y el modo talud-tablero. Antropología e Historia de Guatemala 7:1-48. Guatemala.

Miller, Arthur G.

1973        The Mural Painting of Teotihuacan. Dumbarton Oaks, Washington, D.C.

Parsons, Lee A.

1986        The Origins of Maya Art: Monumental Stone Sculpture of Kaminaljuyu, Guatemala, and the Southern Pacific Coast. Dumbarton Oaks, Washington, D.C.

Plunket, Patricia y Gabriela Uruñuela

1998        Preclassic Household Patterns Preserved Under Volcanic Ash at Tetimpa, Puebla, Mexico. Latin American Antiquity 9:287-309. Washington, D.C.

Shook, Edwin M. y A. Ledyard Smith

1942        Guatemala: Kaminaljuyu. Carnegie Institution of Washington Yearbook 1941:263-267. Washington, D.C.

Wolfman, Daniel

1973         Re-Evaluation of Mesoamerican Chronology: A.D. 1-1200. Tesis de Doctorado, University of Colorado, Boulder.

  1. Mesoamerican Chronology and Archaeomagnetic Dating, A.D. 1-1200. En Archaeomagnetic Dating (editado por J. L. Eighmy y R. S. Sternberg), pp. 261-308. University of Arizona Press., Tucson.

 

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