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37 La organización del espacio en una ciudad del Clásico Maya: Las plazas centrales de Machaquila, Petén – Andrés Ciudad, María Josefa Iglesias, Jesús Adánez y Jorge E. Chocón – Simposio 18, Año 2004

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Ciudad, Andrés, María Josefa Iglesias, Jesús Adánez y Jorge E. Chocón

2005        La organización del espacio en una ciudad del Clásico Maya: Las plazas centrales de Machaquila, Petén. En XVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2004 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo y H. Mejía), pp.418-430. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

37

LA ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO EN UNA CIUDAD

DEL CLÁSICO MAYA:

LAS PLAZAS CENTRALES DE MACHAQUILA, PETÉN

Andrés Ciudad

María Josefa Iglesias

Jesús Adánez

Jorge E. Chocón

Palabras clave:

Arqueología Maya, Guatemala, Petén, Machaquila, arquitectura, monumentos, Clásico Tardío, Clásico Terminal

El programa que se desarrolla por parte de un equipo arqueológico de la Universidad Complutense de Madrid y el Atlas Arqueológico de Guatemala en la antigua ciudad Maya de Machaquila, se plantea como objetivo principal la comprensión de la estructura política interna de esta capital del Clásico, y conocer la organización de su territorio y sus relaciones políticas con otras entidades de su entorno para determinar su importancia en la geopolítica de los reinos del Clásico Tardío y Terminal en el sur de las Tierras Bajas Mayas.

En el marco de esta perspectiva general, los trabajos realizados hasta este momento se han orientado a desentrañar las relaciones de cronología y evolución del centro urbano, y la vinculación de los grupos domésticos, elitistas o no, con los focos de poder. Interesa conocer la función de los conjuntos arquitectónicos monumentales del sitio y precisar la relación existente entre éstos y los grupos domésticos más importantes, a partir de afinidades contextuales, del análisis de la cultura material y de otro tipo de documentos de índole arqueológica, iconográfica y epigráfica.

Con estos objetivos, se han llevado a efecto dos temporadas de campo en Machaquila que, a partir de diferentes sondeos realizados en las estructuras que componen sus grupos centrales y en su relación con las plazas que los ordenan, permiten profundizar en la historia constructiva del sitio. Han sido varios los objetivos:

  • Por una parte, se pretendía conocer las características arquitectónicas del centro urbano mediante un análisis externo de las construcciones y espacios principales, detectando las transformaciones de las que habría sido objeto.
  • Por otra, establecer una cronología más detallada, determinando los momentos de ocupación y el uso y reacomodación de los espacios a lo largo de su trayectoria.
  • Un tercer objetivo ha consistido en correlacionar estos eventos determinados por la excavación arqueológica con la reconstrucción histórica proporcionada por la documentación de carácter epigráfico e iconográfico.

LAS EXCAVACIONES DE MACHAQUILA EN LAS TEMPORADAS DE 2002 Y 2003

El programa de actuaciones se ha diseñado con el propósito de exponer la mayor cantidad de rasgos arquitectónicos superficiales pero con la mínima remoción de escombro. Junto con la apertura de pozos estratigráficos en la conjunción de las estructuras con las plazas – así como el examen de las trincheras abiertas por los saqueos -, esta aproximación de carácter predominantemente horizontal ha sido capaz de proporcionar una visión más completa de la arquitectura de Machaquila en sus fases últimas.

Los edificios y espacios en los que se ha intervenido se integran en las Plazas A, C, F y el patio más occidental de la Plaza G – en adelante Grupo G-1 (Figura 1) -, quedando pendiente la investigación de las Plazas G y E.

La Plaza A constituye un conjunto monumental ordenado en torno a edificios de carácter piramidal que incluyen las Estructuras 16 a 22, y cuya función básica parece haber sido la centralización religiosa y ritual de la población de Machaquila y de las localidades dependientes; seguramente operaba también como espacio funerario para los grupos dirigentes del asentamiento y no excluía una función residencial, como con toda probabilidad ocurre en el caso de la Estructura 45. La presencia, asociación y disposición de grupos de estelas y altares en relación con cada uno de los edificios piramidales entre las Estructuras 16 y 20 argumentan esta supuesta especialización funeraria; por otra parte, los restos de un pequeño recinto de forma cuadrilobulada en el centro mismo de la plaza pueden remitir igualmente a ese carácter (Graham 1967:Fig.42). Por desgracia, todas las estelas descritas a finales de la década de los sesenta han salido de la ciudad arqueológica (Graham 1967), la mayoría de ellas por saqueo, y en el sitio sólo quedan espigas y fragmentos lisos de estela resultantes de los cortes que se aplicaron a estos monumentos para expoliar las partes talladas con iconografía y epigrafía.

La Plaza C es el más amplio de los espacios públicos de la ciudad y su función básica parece haber sido residencial de élite y administrativa. Incluye las Estructuras 24, 43, 44, 38, 39, 40, 41, 37, 36, 31, 29 y 26, y está definida por la Estela 17, colocada en su centro. Excepto en el caso de las Estructuras 24 y 44, que cierran el conjunto por el este y pueden considerarse como la apertura al ámbito de tipo religioso, ritual y funerario representado por la Plaza A, todos estos edificios parecen haber cumplido la mencionada función, sirviendo algunos de ellos como plataformas de distribución.

El Grupo G-1 tiene también carácter residencial, aunque más privado – por tamaño y accesibilidad – que el que corresponde a la Plaza C (Figura 1). Fue su posición intermedia entre las Plazas C, G y E, y su mayor elevación con respecto a las dos primeras, lo que determinó la intervención en él, centrada en la escalinata que asciende a la Estructura 32 y en las Estructuras 3, 30 y 31. Como se indica más abajo, la excavación ha revelado que el grupo alcanzó la configuración que ahora muestra a raíz de una remodelación arquitectónica importante.

La Plaza F, que incluye un total de siete edificios (Figura 1), completa la relación de conjuntos investigados. Las informaciones precedentes concedían una notoriedad especial a la Estructura 4, en cuyo contexto se hallaron diversos sillares tallados con textos jeroglíficos y representaciones iconográficas asociados a su fachada principal, lo cual confiere un carácter especial a esta construcción, que pudo haber sido habitada por una familia de la élite dirigente de la ciudad. Ello ha motivado la decisión de excavar un ámbito que, constituyendo a todas luces un espacio privado, resulta particularmente interesante desde el punto de vista de la organización política y social.

ARQUITECTURA MONUMENTAL Y CRONOLOGÍA EN MACHAQUILA

El estudio arqueológico realizado (Figura 2), si bien incompleto aún, permite adelantar una serie de conclusiones de interés, con las cuales, a su vez, orientar las investigaciones de futuro sobre el sitio. La tesis general hacia la que apuntan sostiene una transformación arquitectónica importante, situada de manera tentativa a fines del siglo VIII o inicios del IX DC, en las fases finales del Clásico Tardío, que confiere una nueva fisonomía a Machaquila. Son varios los elementos que, relacionados entre sí, dan pie a esta tesis: la construcción del denominado Cuadrángulo, el sellado de sendos palacios abovedados en las Estructuras 36 y 29 asociable a la remodelación y construcción de escalinatas decoradas con cubos desde la Plaza C y, por último, la elevación y cierre del Grupo G-1 con respecto a la Plaza G. Aún no se cuenta con información suficiente para aventurar si el resto de los espacios públicos se vio también afectado; por el momento, parece que la Plaza F no lo estuvo, mientras que en el caso de la Plaza A puede haber indicios que, de confirmarse, implicarían que sí.

El Cuadrángulo (Estructuras 38 a 41; Figura 3), es un conjunto habitacional elitista asentado sobre un basamento rectangular, que dejaba en su interior una plaza privada, realzada con respecto a la Plaza C; el acceso a este conjunto se realizaba mediante una amplia escalinata situada en el lado norte, orientada hacia la gran plaza. Cuatro estructuras coronan este basamento y cierran el espacio interior; sus formas son rectangulares y tienen cimientos de piedra bien cortada sobre los que, presumiblemente, se asentaron paredes de carácter perecedero que descansaban en una banqueta de baja altura. Estos edificios manifiestan pequeñas diferencias en tamaño y accesibilidad, según estén acondicionados o no con escalinatas consistentes en un mayor o menor número de peldaños, siendo el más importante la Estructura 41. Los materiales hallados en excavación indican una cronología propia de finales del Clásico Tardío y el Clásico Terminal. Un altar central, liso, colocado en el centro del patio interior, remite a la realización de rituales privados por parte del grupo familiar que ocupó el conjunto (Ciudad et al. 2002).

Construcciones similares a este Cuadrángulo son escasas en el sur de las Tierras Bajas Mayas; al menos en su planta aproximadamente cuadrangular, parece recordar más a aquellas otras que son comunes en el centro y norte de la península de Yucatán, aunque una de características similares ha sido definida en El Chal (Morales 1995:32). Sin duda, el Cuadrángulo de Machaquila no alcanzó la complejidad que exhibe el levantado en El Chal (Figura 4), pues careció de formas abovedadas y de decoración escultórica asociada a la arquitectura, pero puede suponer la presencia de un tipo arquitectónico propio de finales del Clásico Tardío en la región, que ha sido incluido entre los rasgos relacionados con la penetración en el área de influencias estilísticas desde la península de Yucatán (Laporte y Mejía 2002a); más abajo se volverá a esta idea.

Es en la gran Plaza C, en cuyo sector sureste se integra el Cuadrángulo, donde con claridad se han detectado dos episodios de construcción monumental. El primero de ellos viene definido por la existencia de dos edificaciones situadas bajo la superficie superior de las Estructuras 36 y 29, precisamente las construcciones no rituales de superior volumetría en este gran espacio. Aunque la intervención en estas edificaciones se ha limitado a la limpieza de los saqueos abiertos en su seno, ello ha bastado para constatar que ambas se levantan sobre grandes rellenos compuestos por piedras calizas y tierra, sellados por un espeso piso compuesto de piedrín compactado cubierto por una gruesa capa de cal alisada y, en el caso del palacio oculto debajo de la Estructura 29, decorado con restos de estuco. Los pisos respectivos, con un grosor entre 0.14 y 0.17 m, sostenían paredes de piedra caliza muy bien cortada recubiertas con estuco. Cabe inferir, por último, la existencia de bóvedas en ambas estructuras, tanto por el espesor de los muros como por la anchura de los cuartos. Estas características remiten a un tipo arquitectónico propio del Clásico Tardío en el sur de las Tierras Bajas: los palacios abovedados.

Por lo que se refiere a la configuración de sus plantas, se dispone de menor información para el palacio de la Estructura 36; la destrucción provocada por el inmenso saqueo que afecta a buena parte de su lado oeste impide aseverarlo, pero la disposición general indica que tuvo un acceso por el este, desde la Plaza C. El palacio de la Estructura 29 también está muy saqueado, aunque resulta claro que estuvo compuesto por dos hileras de cuartos, orientados unos a la Plaza C, y otros a la Plaza G (Figura 5). Aún no ha sido posible definir el acceso a esta estructura, pero cabe estimar que el más importante debió mirar hacia la Plaza C, donde aparecen sendas puertas y se sospecha la existencia de una tercera; a partir de éstas puede aventurarse que hubo tres cuartos hacia la Plaza C y, quizá, otros tantos hacia la Plaza G. Un rasgo decorativo de interés en este edificio del Clásico es que su esquina sureste no es rectangular, sino que presenta una inflexión que sobresale hacia afuera en forma de L. La exploración arqueológica realizada no ha podido determinar la correspondencia de este detalle decorativo en los otros tres lados del edificio, ni siquiera en el suroeste, que se muestra por completo destruido.

Figura 1 Plano de la zona central de Machaquila (según Graham 1967:Fig.33)

Figura 2 Zona central de Machaquila con las sub-operaciones

 

Figura 3 Plano del Cuadrángulo, con las sub-operaciones realizadas

Figura 4 Cuadrángulo de El Chal (Morales 1995:Fig.4)

Figura 5 Perfiles de la Estructura 29

Estos dos palacios, asignables al Clásico Tardío, sufrieron una severa remodelación a finales de esta etapa, identificando quizá modas que definen el Clásico Terminal, la cual consistió en su cubrimiento mediante un relleno de piedras compactadas y forradas por un revestimiento de piedras bien cortadas, algunas de las cuales requirieron de cuñas de estabilización. Las nuevas superficies debieron sostener construcciones de carácter perecedero, ya que no se han encontrado huellas de edificios de piedra superpuestos. Para acceder a ellas se hizo necesario levantar o remodelar las antiguas escalinatas que conducían a los palacios, las cuales fueron decoradas con cubos arquitectónicos, dobles en el caso de la Estructura 36 (Figura 6). Aún no se ha identificado el acceso a la Estructura 29, pero este mismo elemento ha sido detectado también en la Estructura 26, si bien en este caso fue más simple, al contar con un solo cubo arquitectónico a cada lado de la escalinata, quizá por tratarse de una edificación de menor relevancia social; resta confirmar, pues, la presumible presencia de cubos en la base de la Estructura 26.

Cabe sostener que este tipo de decoración mediante cubos situados en la conjunción de los basamentos con las escalinatas, es posterior a la construcción de las plataformas y de los edificios originales y, en esa medida, característica en Machaquila de la fase de remodelación descrita; por un lado, porque están adosados a los muros antes que imbricados con ellos y, por otro, porque siempre se relacionan con la versión de las escalinatas que da acceso al edificio superpuesto. Los cubos están formados por una acumulación de piedra y tierra compactadas recubierta a modo de encofrado por piedras bien talladas, con forma y tamaño muy similar a las que componen las paredes de los edificios; en la Estructura 36, la base de cada uno de ellos muestra, además, una hilera de piedras que le sirve de reborde. Esta forma de decoración arquitectónica no es frecuente en la región, pero se detecta su presencia en la escalinata principal que da acceso a la Acrópolis Sur de San Luis Pueblito (Valdizón 1995:Fig.9), y en Ixkun. En El Chal, donde también aparece, se corresponde con la primera etapa constructiva de la Estructura 4 del Cuadrángulo (Morales 1995:32), un momento que los materiales cerámicos asociados sitúan en el Clásico Tardío-Terminal.

Los trabajos realizados en la Plaza C han permitido determinar otros elementos arquitectónicos no recogidos en el plano confeccionado por Graham (1967). Se trata, en primer lugar, de la escalinata de acceso a la Estructura 31, cuyo basamento sostenía una plataforma compuesta por dos hileras de piedra de forma rectangular, de similar fábrica y composición que las excavadas en el Cuadrángulo (Ciudad et al. 2002). El análisis de esta escalinata ha revelado que era exenta a la plataforma a la que servía de acceso, lo cual también parece remitir a una alteración en el acceso de este pequeño edificio, indicativa de la mayor relevancia de su lado sur, el que asoma a la Plaza C, durante las etapas finales del sitio.

Otra modificación respecto del plano confeccionado por Graham (1967), en lo que se refiere al sector más oriental de la Plaza C, es el hallazgo de una escalinata que da acceso a una plataforma en forma de L, la cual se levanta 1.20 m sobre el nivel de plaza. La carencia de edificios orientados hacia este pequeño espacio, hace sostener su exclusiva función distribuidora hacia otros edificios y plazas, principalmente la H. Se ha logrado asimismo aclarar bastante la fisonomía de la Estructura 24 (Figura 7), la cual se orienta hacia el sur, al encontrar su escalinata de acceso por este lado; esta orientación rompe un poco la estructura del conjunto de la Plaza C, hacia la cual se orientan los accesos del resto de los edificios, si bien es obvio que las Estructuras 24 y 44 se relacionan ya con el ámbito religioso y ritual de la Plaza A.

Los materiales obtenidos en el marco de las excavaciones de la Plaza C han sido muy escasos, quizá debido a su naturaleza pública, que debió permitir la continuada afluencia de gente tras la decadencia de la ciudad. Puede responder también al carácter extensivo del trabajo realizado, pero, en cualquier caso, las intervenciones más intensivas efectuadas en el Cuadrángulo y los pozos practicados en todo el sector tampoco han proporcionado mucho material cultural.

El Grupo G-1 (Figura 1), conforma un patio o sub-plaza sobre elevado con respecto a las Plazas G y C. Los trabajos realizados en este grupo sostienen aquí también la existencia de dos etapas constructivas, tentativamente asignadas al Clásico Tardío y al Clásico Terminal (Ciudad et al. 2003).

En su determinación han sido importantes los trabajos en la escalinata de acceso a la Plaza E, que dibuja en superficie un rectángulo de 17 por 5 m y desciende una altura de 0.80 m desde su entronque con el muro lateral de dicha plaza hasta la superficie de nivelación del grupo, restos de cuyo piso han podido encontrarse. Por debajo de este nivel, las gradas descienden 1.50 m más, enmarcadas por sendas alfardas, y decoradas – en la conjunción de la escalinata con el muro – por cubos, hasta alcanzar una nivelación anterior; este segundo sector, que en planta añade al anterior un rectángulo de 17 por 1.75 m, fue sellado con una capa de grandes piedras que cubría, como se ha podido comprobar mediante un pozo estratigráfico al pie de la Estructura 30, toda la extensión del grupo (Figura 8). La Estructura 30 fue, de hecho, erigida tras la remodelación, mientras que la Estructura 31 y, de manera dudosa aún, la 3, son anteriores. Se trata, en conjunto, de un engrandecimiento de la Plaza E, en particular de la Estructura 32 a la cual conduce la escalinata, que hurtó a la Plaza G su extremo occidental y ocultó los cubos y alfardas asociados al graderío original.

El material cerámico recuperado en excavación sitúa estos dos episodios arquitectónicos en el Clásico Tardío, si bien puede aventurarse que el más tardío de ellos se definió durante el Clásico Terminal. Su abundancia y no muy alto grado de fragmentación en el nivel superior permite suponer que los entronques sur y norte de la escalinata se utilizaron como basureros durante las últimas fases de ocupación.

Las restantes intervenciones en el Grupo G-1 han situado las esquinas sureste y noreste de la sub-plataforma inferior de la Plaza E. La primera está marcada por un sillar colocado a nivel con la superficie de la Plaza C y sobre un zócalo que se prolonga hacia el este para servir de base a la Estructura 31; su perfil sugiere la posible existencia de un escalonamiento de sub-plataformas que ascendían a la Plaza E de sur a norte. La esquina norte se apoya asimismo sobre un zócalo que se extiende hacia el este y cuyo término no ha podido ser aún establecido.

Figura 6 Plano y perfiles de la Estructura 36

Figura 7 Perfiles de la Estructura 24

Figura 8 Perfiles del Grupo G-1

La Plaza F (Figura 1), no parece haber sufrido grandes remodelaciones que implicaran superposición de estructuras o cambios decorativos, sino que fue construida de una forma progresiva en el Clásico Tardío. Como se ha señalado, se trata de un recinto privado, cerrado por cuatro plataformas, elevado – quizá de forma artificial – con respecto a las plazas vecinas, y con siete edificios, de los cuales las Estructuras 4, 5, 6, 9 y 10 fueron perecederas, mientras que la 7 y la 8 se construyeron con mampostería (Figura 2). La excavación, que se centró en las estructuras de sus lados norte, este y oeste y se combinó con la apertura de varios pozos diseñados para controlar la estratigrafía tanto de determinados edificios como del basamento general en que se asienta la plaza, revela que la Plataforma Oeste fue la primera en erigirse, dado que su base se extiende hasta el extremo norte del sitio, por un lado, y cruza a la que sostiene las Estructuras 7 y 8 en la Plataforma Sur, por otro. Sobre dicha base, que originalmente se completaba con un segundo nivel y quizá una banqueta superior, se encuentra la Estructura 4, la que habría de tener una mayor relevancia social a la vista de los sillares tallados que decoraron sus paramentos de fachada.

La intervención de que ha sido objeto en 2003 ha sacado a la luz varios sillares tallados asociados a la zona central de la fachada del edificio, unos de forma rectangular, y otros de cara combada hacia el exterior cuyos diseños están parcialmente panelados. Sin ninguna duda complementan a aquellos descritos por Graham (1967), y el comentado por Grube (1989:Fig.2), ya que coinciden con ellos en formato y disposición. No se ha podido determinar la organización definitiva de estos sillares, pero en principio se considera por su combinación en diferentes paneles que decoraron la fachada y que informaban acerca de los personajes históricos que ocuparon el edificio. En ellos se incluyen referencias al Glifo Emblema de la ciudad, cláusulas titulares correspondientes a personajes que ocuparon posiciones relevantes en su estructura política y los títulos de rango que ostentan. Estas informaciones, junto a la referencia explícita al nombre de un gobernante de Machaquila, K’UH-174-su-AJAW-wa, que de forma preliminar se ha transliterado como #-TI’-CHAHK-ki, indican que la Plaza F era un complejo palaciego de tipo real (Lacadena, en Ciudad et al. 2003; Iglesias y Lacadena 2003; Lacadena e Iglesias 2004; véase Lacadena e Iglesias, en este volumen).

Importante en el contexto exterior de esta fachada principal del edificio fue el hallazgo de gran cantidad de piedras de cara combada sin tallar en diferentes tamaños. Por desgracia, en ningún caso estas piedras están colocadas in situ, y por ello se hace muy complicado determinar la posición y el diseño que conformarían, así como su relación con aquéllos que estuvieron tallados. Sin duda, se combinaron con los paneles tallados para alcanzar un diseño festoneado que, seguramente, se distribuyó por toda la fachada principal del edificio. No se dispone de analogías con este sistema decorativo en la región, aunque se ha informado de que en una estructura de Calzada Mopan se detectó una decoración similar (Laporte et al. 2001). Este tipo de decoración en mosaico de piedra es más característica del centro y norte de Yucatán que del sur de Petén, pero, aunque se duda si este espacio se sumó a las transformaciones acaecidas a finales del siglo VIII en Machaquila, esta fachada constituye un dato a sumar a las posibles influencias norteñas que sufre la ciudad en esta época.

En la parte más alta de la estructura, casi en superficie, hizo su aparición una ofrenda consistente en una vasija de engobe rojo, y cuerpo globular, perteneciente al tipo cerámico Pantano Impreso, la cual estaba asociada a los restos de un espejo de pirita, formado a partir de una delgada laja de piedra arenisca a la que en el pasado estaban pegados hasta 17 fragmentos de láminas de pirita (1 mm de espesor), de formas mayoritariamente pentagonales.

Por lo que respecta a las Plataformas Norte y Este, alojan restos de los basamentos correspondientes a diversas estructuras perecederas, en torno a alguna de las cuales existen concentraciones de materiales de uso diario tanto cerámico como lítico, por lo que se le puede asignar de forma previa una convencional función doméstica. La exploración realizada en la más septentrional ha permitido detectar una amplia escalinata constituida por nueve o diez peldaños que sale de la plaza y conecta con el río. La excavación de la Plataforma Este ha sacado a la luz su relación con las Plataformas Norte y Sur, y ha detectado dos estructuras sencillas con banqueta ocupando los extremos de dicho espacio arquitectónico. En el contexto más meridional de la Estructura 10 se han hallado tres sillares de piedra tallados, que guardan cierta relación formal con aquellos encontrados en la Estructura 4 y que inciden en la función real de este conjunto de la Plaza F.

Una funcionalidad distinta se puede asignar a las Estructuras 7 y 8 de la Plataforma Sur, que se levantaron en su totalidad de mampostería y fueron abovedadas. Su reducido tamaño impide considerarlas como un palacio, aunque en cualquier caso recalcan la naturaleza elitista de la plaza; ello no obstante, aún no ha sido explorado.

Las excavaciones realizadas en la Plaza A, completando así la presente relación de conjuntos del centro urbano investigados, han tenido un desarrollo más lento de lo deseado debido a la existencia de ingentes derrumbes que dejan los edificios a más de 4 m de distancia del escombro, que en zonas bajas llega a superar los 5 m de profundidad. Sin embargo, la exploración realizada ha permitido obtener restos de escultura arquitectónica que debió desarrollarse en forma de mosaico. Son fragmentos tan pequeños que apenas si es posible distinguir la representación que componen, pero partes significativas hacen referencia a mascarones de piedra formados a partir de pequeñas piezas ensambladas, de quizá similar configuración a la encontrada en Calzada Mopan y San Luis Pueblito (Laporte et al. 1997). Se carece de marcadores cronológicos para este rasgo, pero dado que se ha supuesto como característico del Clásico Terminal (Laporte y Mejía 2002a:68), podría pensarse que este espacio se mantuvo ocupado en estos momentos al igual que otros de la ciudad.

EL CONTEXTO HISTÓRICO DE LA ARQUITECTURA DE MACHAQUILA

Las evidencias descritas sostienen la existencia de una transformación arquitectónica importante en el sector monumental más meridional de Machaquila, la cual supone la reinstalación de los pisos de las plazas y su preparación para un nuevo desarrollo arquitectónico; así pues, obedece no sólo a una cuestión de mantenimiento, sino más bien a remodelaciones en su concepto (Grupo G-1), o a la superposición de edificios por nuevos y más grandes basamentos y estructuras. Este cambio se ha situado de manera tentativa a fines del siglo VIII o inicios del IX, y confirió una nueva fisonomía a Machaquila. Parece significativo el que esta remodelación no supusiera un desplazamiento de los monumentos, pues el conjunto de estelas y altares se sitúan en la Plaza A, quizá su principal foco ideológico y funerario, y tan sólo la Estela 17 se encuentra instalada en la Plaza C. Ello aporta matices a la hora de interpretar el nuevo énfasis político concedido a estos espacios, en la medida que indica un grado o voluntad de continuidad; esta misma continuidad puede desprenderse de los materiales culturales rescatados: la cerámica asociada a las plazas y edificios explorados está afiliada a la esfera Tepeu, y más en concreto a Tepeu 2 y 3, con materiales cerámicos que representan a los complejos regionales Río Poxte y Tanjoc. En cualquier caso, aún es pronto para aventurar el tipo y relevancia de los acontecimientos que aconsejaron la transformación señalada; por el momento no se han podido determinar con cierto detalle las relaciones de Machaquila con otros centros circundantes, y está pendiente la comprobación de una posible correspondencia en los grupos habitacionales del sitio. Sí es posible, no obstante, enmarcarla en el contexto más amplio del paso del Clásico Tardío al Terminal en la región.

La investigación realizada es, por ahora, insuficiente para identificar las causas políticas, sociales, económicas o culturales que subyacen a los procesos arqueológicos advertidos; se debe tratar de distinguir aquéllas que obedecen a fenómenos locales o regionales, eminentemente de carácter político, de los que son reflejo de procesos históricos más amplios – migraciones, influencia foránea o cambios en la ideología.

El análisis regional (Laporte et al. 2004), sostiene que en este territorio el poder queda relegado a unos pocos centros a la conclusión del Clásico Tardío, entre los que se encuentran Ceibal, Cancuen, San Luis Pueblito o Machaquila, mientras que los demás sitios languidecen, cuando no desaparecen. La cuestión, entonces, es la siguiente: los cambios detectados en Machaquila ¿constituyen un fenómeno local o regional, o son reflejo de procesos más amplios y complejos?

El análisis epigráfico de los textos recuperados en Cancuen y Machaquila permite vincular las transformaciones señaladas con acontecimientos políticos regionales, como puede ser la revitalización de la dinastía real de Machaquila en la persona del rey Ochk’in Kalo’mte’, quien accede al poder en 9.18.9.15.10 (800 DC), después de un periodo indeterminado de gobierno en Machaquila de Tajal Chan Ahk, rey de Cancuen, quien, en dos monumentos y momentos diferentes – en el Panel de los Doscientos Glifos (9.18.5.0.0, 795 DC), y en el recientemente descubierto Panel de Cancuen (9.18.8.6.14, 799 DC; Fahsen 2004) – se proclama rey de Machaquila (Lacadena e Iglesias 2004). Si esto fuera así, sus descendientes dinásticos, los Gobernantes E, Siyaj K’in Chaahk III, y F, Juntz’ahk Tok’, quienes patrocinaron diversos monumentos entre el 815 y el 841 DC, habrían sido también protagonistas de este cambio en la fisonomía urbana de la ciudad.

Pero esta explicación, basada en las lecturas epigráficas, no satisface la interpretación del cambio detectado por el análisis regional al que se ha hecho referencia. En años pasados, Laporte y Mejía (2002a, b), han llegado a la conclusión de que algunas zonas del sureste de Petén sufrieron una importante transformación que afectó a determinados rasgos arquitectónicos, escultóricos, artifactuales, funerarios, políticos y culturales entre los siglos IX y XI DC, la cual confirió un estilo diferente al proceso cultural en la región y está definida por tres episodios que identifican el Clásico Terminal. El primero de ellos se inicia hacia el 800 DC con la introducción de una escultura arquitectónica a base de mosaicos de piedra caliza muy bien montada. El segundo, que identifica con plenitud el Clásico Terminal y parte del siglo IX, está protagonizado por el engrandecimiento de las plazas centrales de Ucanal y la adición de plazas en el área ritual, junto a la erección de monumentos lisos y tallados, la remodelación y engrandecimiento de estructuras, y la construcción de más grupos residenciales. En el tercer momento, que va desde finales del siglo IX hasta el siglo XI, pierden importancia los Conjuntos de tipo Grupo E y se magnifican las Acrópolis y los edificios de planta circular y hemiciclos; estos rasgos anuncian los de calado más profundo, propios del Postclásico en el sur de las Tierras Bajas Mayas de Guatemala y de Belice, con influencias cada vez más marcadas del centro y del norte de Yucatán, un proceso tal vez relacionado con la intrusión de la etnia Mopan (Laporte y Mejía 2002a:66).

Las investigaciones que en la actualidad se llevan a cabo en la zona por diferentes proyectos, están proporcionando nuevas visiones sobre el desarrollo histórico y cultural de un área tan interesante como compleja, tanto a nivel interno como en sus relaciones regionales. Sin duda las próximas temporadas serán fundamentales para aclarar los acontecimientos que tuvieron lugar en el marco de la dinámica de poblaciones a lo largo del fascinante siglo IX.

AGRADECIMIENTOS

El proyecto de investigación titulado “La entidad política de Machaquila, Guatemala, durante el Clásico Tardío y Terminal”, ha sido financiado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte español, en el marco de la Convocatoria de Ayuda para Excavaciones Arqueológicas en el Exterior realizada por la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales, que ha patrocinado las campañas de 2001 y 2002. Al mismo tiempo, la temporada de campo de 2003 se enmarca en un programa del mismo nombre financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología español (Nº de Referencia BHA2002-03729). Dicho proyecto opera vinculado, así mismo, con el Atlas Arqueológico de Guatemala.

REFERENCIAS

Ciudad Ruiz, Andrés, María Josefa Iglesias y Jesús Adánez Pavón

2002a        Proyecto: La Entidad Política de Machaquila (Guatemala) en el Clásico Tardío y Terminal. Informe de la Temporada 2001. Dirección General de Bellas Artes, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Madrid.

2002b        Proyecto: La Entidad Política de Machaquila (Guatemala) en el Clásico Tardío y Terminal. Informe de la Temporada 2002. Dirección General de Bellas Artes, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Madrid.

Ciudad Ruiz, Andrés, María Josefa Iglesias, Jesús Adánez Pavón y Alfonso Lacadena

2003        Proyecto: La Entidad Política de Machaquila (Guatemala) en el Clásico Tardío y Terminal. Informe de la Temporada 2003. Ministerio de Ciencia y Tecnología, Madrid.

Fahsen, Federico

1983        Notas sobre la secuencia dinástica de Machaquila. Mesoamérica 6:417-433. CIRMA. Antigua Guatemala.

1984        The Dynastic Sequence of Machaquila. American Antiquity 49 (1):94-104.

Graham, Ian

1967        Explorations in El Petén, Guatemala. Middle American Research Institute. Pub.33. Tulane University, New Orleans.

Grube, Nikolai

1989        Archaeological Investigations in the Southern Peten (Machaquila, San Miguel). Mexicon XI (3):44-45. Möckmühl.

Houston, Stephen

1993        Hieroglyphs and History at Dos Pilas. Dynastic Politics of the Classic Maya. University of Texas Press, Austin.

Iglesias, María Josefa y Alfonso Lacadena

2003        Nuevos hallazgos glíficos en la Estructura 4 de Machaquila, Petén, Guatemala. Mayab 16: 65-71. Madrid.

Laporte, Juan Pedro, Jorge E. Chocón, Gustavo A. Amarra, Ana Lucía Arroyave, Brenda I. Castillo, Claudia Quintanilla, Liliana M. Rosales, Luis Enrique Salazar, Milton J. Sarg y Mynor Silvestre

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