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65 Las investigaciones arqueológicas en Santo Domingo, La Antigua Guatemala – Zoila Rodríguez Girón – Simposio 17, Año 2003

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Rodríguez Girón, Zoila

2004        Las investigaciones arqueológicas en Santo Domingo, La Antigua Guatemala. En XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2003 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía), pp.720-727. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN

SANTO DOMINGO, LA ANTIGUA GUATEMALA

Zoila Rodríguez Girón

Esta plática es un resumen de tres temporadas de investigación arqueológica llevadas a cabo en el complejo monumental del Convento de Santo Domingo en la Antigua Guatemala. En esta oportunidad nos centraremos en una apretada síntesis de las excavaciones en el templo dominico.

LA ANTIGUA GUATEMALA

Situada en el Altiplano Central de Guatemala, en el Valle de Panchoy, está rodeada de montañas y de los volcanes de Agua o Junajpu, Fuego y Acatenango. Tiene una altura sobre el nivel del mar de 1530 m. Su clima es templado, cálido durante el día y fresco por la noche. Esta ciudad, conocida hasta finales del siglo XVIII como Santiago de Guatemala, cuenta con una historia rica en acontecimientos, sin embargo ha sufrido fuertes embates de la naturaleza. Después de una devastadora inundación, se traslada a un segundo asentamiento en el valle de Panchoy. Aquí inicia su vida pública el 10 de marzo de 1543, cuando el Ayuntamiento celebra su primer cabildo. A partir de esta fecha comienza su desarrollo como una de las primeras ciudades urbanizadas del nuevo mundo, a pesar de que durante el siglo XVII hubo de padecer tres grandes temblores en 1651, 1679 y 1689.

Un siglo después, fray Felipe Cadena documenta para Santiago seis grandes sacudimientos, sin embargo, dos de ellos fueron decisivos: el de San Miguel en 1717 y el de Santa Marta en 1773. Ambos arrasan con los edificios gubernamentales, eclesiásticos y las señoriales casas de habitación. Posterior al último terremoto, la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala es traslada a un nuevo asiento con nuevo nombre: la Nueva Guatemala de la Asunción. La antigua ciudad se sumerge en el abandono. Sin embargo, con el correr del tiempo es reocupada. Personas ajenas a su historia toman posesión de las grandes casas y antiguos palacios de gobierno. Algunas órdenes religiosas restauran sus templos y vuelven a oficiar el culto.

Pero no ocurre así en Santo Domingo, porque este espacio fue el más dañado, no sólo por el terremoto de Santa Marta y los temblores posteriores, sino porque los solares sirvieron de botadero de ripio y de basura. Posteriormente, sus muros destruidos fueron utilizados como material de construcción. Sólo algunos restos arquitectónicos del antiguo convento fueron restaurados para ser utilizados como casas de habitación. Edwin Shook fue el último ocupante del convento dominico, antes que éste se convirtiera en hotel.

Por estas razones, cuando Annis estuvo en Guatemala entre 1934 y 1935, hizo el levantamiento de varios edificios tanto eclesiásticos como gubernamentales, y algunas residencias de familias conocidas. Sin embargo no fue posible hacer el de Santo Domingo, ya que más del 80% de su fábrica se encontraba soterrada.

LA INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA

Cuando se solicitó la intervención arqueológica en estos terrenos, se sabía que la firma Promociones Turísticas Nacionales, S. A., había adquirido varias propiedades particulares para iniciar la construcción de un posible complejo hotelero. Ya se tenía conocimiento que en tiempos de la colonización española, éstas fueron ocupadas por el antiguo templo y convento dominico. Por esta razón el Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala, antes de la autorización del complejo, promovió la realización de los trabajos arqueológicos que fueron encomendados a Miguel Santiago Valencia, quien durante la primera etapa de investigación se desempeñó como Director de Campo.

Posterior a la primera temporada (1989-1990), se tuvo una segunda que duró varios años, desde 1994 hasta finales de 1998, y una tercera en 2002. En las dos primeras se realizaron trabajos de investigación arqueológica, levantamientos y gabinete. En la última temporada, se concluye el estudio de los materiales recolectados en más de cinco años de excavaciones. Se recopilan todos los informes parciales generados por estos trabajos y se plantean nuevas inquietudes de investigación. Estas dos últimas temporadas de investigación han estado bajo mi cuidado.

METODOLOGÍA

La metodología arqueológica para llevar a cabo la investigación en esta oportunidad estuvo basada inicialmente en la división del área total del terreno en cuatro sectores u operaciones. Se procedió a la limpieza de ripio y basura superficiales, acumulados en el área por cerca de 200 años. Luego, se trazaron trincheras sustantivas en ejes constructivos visibles en la superficie o determinables en el levantamiento topográfico. Se trazaron calas y también se recurrió a los pozos estratigráficos y de sondeo. En estas excavaciones fue posible conocer la estratificación del suelo antigüeño, así como los rasgos superficiales existentes en el área: pisos, niveles constructivos y de ocupación, drenajes, entradas de agua, entre otros.

La sistemática extracción de ripio, así como la excavación, permitió conocer todo el sistema hidráulico introducido vía subterránea. Fueron evidentes grandes remodelaciones arquitectónicas, pisos nuevos sobre otros anteriores, ambientes arrasados, muros reconstruidos, ventanas y puertas tapiadas, etc.

La excavación permitió efectuar diferentes divisiones de ocupación en el terreno trabajado, por ejemplo fueron evidentes los sectores litúrgicos-públicos, residencial y de servicios. Los levantamientos efectuados así lo confirman. Para mayor detalle puede apreciarse una perspectiva de conjunto (Figura 1).

Mediante este trabajo fue posible localizar los claustros: el principal y secundario, el primero de ellos con remanentes de una fuente circular al centro y estanques a los lados, así como su sistema hidráulico completo. Hubo suficientes vestigios de los pilares de mampostería, que sirvieron de base para las arcadas de los cuatro corredores cubiertos posiblemente con terraza española.

En los muros y las columnas de este espacio aún se evidencia el uso de pintura de color rojo con decoraciones en motivos geométricos y vegetales. Los pisos de baldosa, alrededor de la fuente, mostraron azulejos de medio pañuelo en colores negro y blanco. El segundo claustro fue muy semejante al primero, también conserva vestigios de una fuente un poco más pequeña, con relación a la del claustro principal.

El oeste de uno de los corredores del claustro desemboca en la portería de la iglesia, con accesos en el atrio y el convento. Al lado de la misma está la Sala Capitular, uno de los lugares más importantes de las órdenes religiosas. Actualmente lo ocupa el museo arqueológico de Santo Domingo.

Las excavaciones mayores se llevaron a cabo en la investigación de varias criptas que actualmente se conocen con los nombres de Cripta Conventual, del Monje, de los Candeleros y la del Calvario. En todas ellas hubo abundante presencia de restos óseos y otros materiales, como telas, encajes, clavos, restos de madera, cuentas, etc.

Figura 1

LAS EXCAVACIONES EN EL TEMPLO

En enero de 1995 se iniciaron los trabajos arqueológicos en el templo. El primer pozo de sondeo dio la clave para reconocer el volumen del relleno y el último nivel de ocupación del mismo. Conocido el piso, que consistía en baldosas de barro en forma de tinajón, por medio de cuadrantes se procedió a un vaciado sistemático. Conforme se iba excavando, entre toneladas de ripio, fue evidente la destrucción casi en un 75% de la fábrica de la iglesia.

Concluida la limpieza general fueron notorios los siguientes rasgos arquitectónicos: el templo fue construido de oriente a poniente, con una longitud de 68 m por 28.50 m de ancho. A partir del crucero se conservan doce pilastras con base de piedra gris. Al poniente está el ingreso al mismo. A los lados, destruidos, los muros que sostuvieron los campanarios y un reloj público.

Tiene tres cuerpos: una nave central y dos laterales integradas por varias capillas. Rumbo al sector norte se excavaron también dos capillas mayores que actualmente tienen acceso por la Calle de Rubio. Una de éstas, suponemos, estuvo posterior a los terremotos de San Miguel la Capilla del Rosario de Españoles.

EL ALTAR MAYOR

La evidencia arqueológica de esta área informa que hubo un arco triunfal sostenido por dos pilastras con base de piedra, así como tres escalones para acceder al altar mayor, que en tiempo de la colonia fue uno de los más suntuosos y engalanados. Está aún presente la mesa de piedra de cantería de color gris que corre adosada al muro oriental y que sirvió de base al retablo. Como mudo testigo de los terremotos de Santa Marta, encima de esta mesa estaba una pequeña plancha de cobre con la representación de una joven virgen pintada al óleo. Al sur está la puerta de acceso a la sacristía. Al norte, al principio de la investigación existía una pequeña puerta tapiada, la que fue abierta. Se constató que el espacio era un exterior de la iglesia utilizado como campo santo para infantes. Actualmente se muestra en este lugar una pila que posiblemente se utilizó como abrevadero. Este espacio fue adaptado para un museo de imaginería, pintura y platería coloniales.

EL CRUCERO

En la capilla norte, adosados a los muros existen tres altares. Este lugar no fue posible excavarlo en su totalidad ya que un enorme bloque de mampostería de cerca de 9 m de diámetro lo impidió. En la capilla opuesta, al sur, está la puerta de acceso al convento y al templo. El crucero, en su parte media, está delimitado por cuatro arcos torales que sostuvieron la bóveda central de la iglesia. En la limpieza final de este sector se encontraron 87 fragmentos de vidrio de diferentes formas: flores, hojas, uvas, entre otros. Es posible que éstos formaran parte de la lámpara que alumbró el transepto del templo. En las capillas del norte y sur del crucero se excavaron dos sepulturas, que presentaban indicios de saqueo. A pesar de ello se recogió material arqueológico consistente en clavos, restos de madera y telas.

LOS MATERIALES ARQUEOLÓGICOS

Todos los materiales localizados en las excavaciones fueron lavados y marcados para su posterior estudio. Actualmente se encuentran en este proceso objetos diversos: piezas cerámicas completas, fragmentos de los horizontes prehispánico, colonial y contemporáneo, de tradición local, europea y novo hispana, fragmentos de lítica, hueso, metal, vidrio, madera, textiles, estucos, conchas, etc.

Tras conocer algunos de estos materiales, puede asegurarse que el suelo de la orden dominica estuvo ocupado anteriormente por habitantes precolombinos, ello lo evidencia el material localizado en varios pozos efectuados en el terreno. Estamos seguros que los solares ocupados hacia 1541 por frailes dominicos tuvieron una ocupación anterior suficientemente documentada. Cuando ocurren los terremotos de Santa Marta, termina una segunda fase de ocupación y se empieza una nueva etapa a partir de los inicios del siglo XIX hasta el presente.

RESULTADOS

Desde que iniciamos las investigaciones, uno de nuestros objetivos era relacionar la historia del convento con el dato objetivo que ofrece la arqueología. Si ello se lograra en la publicación final, la meta original será una realidad. Por ejemplo, los resultados de la excavación en el templo informan sobre varios momentos constructivos. Las crónicas coloniales ofrecen datos para Santo Domingo de cuatro etapas.

1.        La más temprana seguramente se inició en 1543, cuando la ciudad ya se había trasladado al valle de Panchoy. Fray Tomás de las Casillas inició la construcción con horcones, paredes de caña cubiertas con lodo y techo de paja (Remesal 1932). El padre Ximénez (1929-1931), agrega que las celdas de los religiosos eran unas chozuelas apartadas las unas de las otras, antecedente esto último de lo que fuera el espacioso convento.

2.        El estado de cosas había variado en diez años, bajo el priorato de fray Tomás De la Torre, la iglesia ya mostraba una estructura más formal. Hasta estuvo lista una torre, la del lado izquierdo, para colocar el primer reloj público que hubo en Santiago. A finales del siglo XVI, según estos datos, el complejo dominico luciría la segunda etapa de construcción. Tanto templo como convento tuvieron para esta época cubiertas de artesonado. Sin embargo, Remesal (1932), se queja de la estrechez de las celdas, de lo vetusto de los adobes y el maderamiento podrido. Pero a pesar de lo anterior, el espacio debió ser más amplio porque para 1573 en el Convento residían 47 religiosos.

3.        Hacia 1600, varios connotados artistas de la época trabajaron en Santo Domingo: Quirio Cataño, Thomas de Villalsanta, Antón de Rodas, entre otros. La pobreza de antaño es superada, puesto que pudieron hacerse contratos pagados para engalanar los altares. Se conoce también la presencia de un rico inventario de platería, manteles, capas, casullas, palios, entre otros, la mayoría de ellos depositados en la sacristía. Por si eso fuera poco, también se inaugura la portada de la iglesia y la pila del claustro principal. Estas obras junto con un cristo de tamaño natural estrenado en 1618 son obras del religioso Félix de Mata. Seguramente esta sería la versión de lo que Thomas Gage vio, vivió y sintió en aquella ciudad. La descripción que ofrece en su obra no puede ser más elocuente:

“Apenas había yo andado mil pasos desde la iglesia de Jocotenango cuando empecé a advertir que las cuestas y las montañas se separaban unas de otras como para proporcionar a la vista un espacio considerable donde pudiese extenderse por el valle.

La reputación de esta ciudad y lo que de ella había yo oído decir en México y en Chiapa me habían hecho creer estaría fortificada con buenas murallas, torres y bastiones para resistir a los que pretendiesen atacarla.

Pero habiéndome acercado, cuando menos pensaba me encontré dentro de ella sin haber visto murallas, sin haber pasado puertas ni puentes, y sin haber encontrado ningunos guardas que me preguntasen de dónde venía o a dónde iba. Al pasar por una iglesia nuevamente construida que se hallaba rodeada de casas chicas, techadas unas de teja y otras de paja, pregunté cómo se llamaba aquella población y se me contestó que era la ciudad de Guatemala, que la iglesia se llamaba San Sebastián, y era la parroquia del lugar.

Esto disminuyó mucho la opinión que yo había concebido de la grandeza de esta ciudad, de suerte que me pareció me hallaba otra vez en Chiapa, hasta que me adelanté hacia unas casas que se hallaban a la derecha y frente de las cuales no había sino muladares. Entonces ya entré en una calle más ancha con casas por ambos lados que presagiaban la proximidad de la ciudad. Al volver los ojos vi un magnifico convento que era el punto donde debía terminar mi viaje y descansar de tantas fatigas” (Gage 1946:172).

Puede afirmarse entonces que el templo lucía hacia el Siglo XVII, como una construcción que sobresalía de las demás en Santiago de Guatemala.

4.        Los datos para pensar en una cuarta etapa de construcción la ofrece el fallecimiento de un connotado personaje conventual, se trata de fray Andrés Del Valle. Dice Ximénez que a su muerte el cadáver fue depositado al pie del altar mayor, donde permaneció hasta 1626. Por alguna razón es trasladado a la Capilla de Santo Tomás, que estaba del lado del evangelio. Pero la situación no termina allí, en 1653, con motivo de introducir el material para emprender el cañón corrido de la iglesia, fue necesario abrir una puerta en aquella capilla. Los restos del padre Del Valle fueron nuevamente trasladados al altar de la sacristía.

Independientemente de la importancia del padre Del Valle dentro de la orden dominica, el dato histórico ofrece la siguiente información: el artesonado es cambiado al de cañón corrido. Tenemos entonces para mediados del siglo XVII un templo renovado, con cúpulas, bóvedas y medio cañón. La puerta a que se hace referencia fue localizada en la excavación arqueológica. Actualmente aún puede observarse un tapiado de la misma en la pared oriente de la Capilla Norte del crucero.

Annis (1968), y otros autores están de acuerdo en afirmar que los trabajos del templo dominico concluyeron en 1666, a finales del siglo XVII. Sin embargo esta última versión sufrió serios quebrantos en 1717. Diego de Porres, el Arquitecto Mayor, ofrece la siguiente información: “Reconocida la iglesia del convento de Santo Domingo halló estar caído el cimborrio y el crucero, cañón del cuerpo, un campanario…”. Tres años después del desastre, él mismo hace un nuevo reconocimiento en aquel lugar e informa: “…haberse fabricado en ella cimborrio mayor, presbiterio, un campanario, compuesto el cañón de la iglesia, crucero de calidad, que está perfectamente acabado y se dedicó nuevamente y además de lo referido está construida una capilla hermosísima que nuevamente se ha añadido a dicha iglesia para Nuestra Señora del Rosario y asimismo está reparado todo el convento, oficinas y techumbre que fue el daño que recibió con los terremotos” (Luján et al. 1968).

O sea que para 1720, la cuarta etapa de construcción sufrió posiblemente una de sus varias remodelaciones. La investigación arqueológica así lo confirma.

LA CAPILLA Y LA CRIPTA DE EL CALVARIO

La supuesta Capilla de la Virgen del Rosario y la Cripta del Calvario están relacionadas con los trabajos de investigación arqueológica del templo. Fue a mediados de 1996 cuando dio principio a los trabajos arqueológicos en la escalinata que accede a esta cripta. Este hallazgo consiste en la presencia de cuatro imágenes integradas al muro oeste. Éstas están trabajadas en medio relieve. La figura de Cristo está al centro, a su derecha la Virgen María, a la izquierda, a sus pies, hincada, María Magdalena, a la par de esta última, San Juan Apóstol. La parte superior de estas imágenes está cubierta por un baldaquín que presenta, arriba, pintados en naranja, blanco, rosado y azul-negro, la composición del sol y la luna. Ambos con características humanas. En los laterales, pintados en negro, Dimas y Gestas (Figura 2).

Figura 2

        Los análisis a que éstas fueron sometidas posteriormente informan que las mismas fueron modeladas en argamasa alrededor de un núcleo de ladrillo recortado. Presentan como acabado una capa fina de cal y arena cernida, luego pintura de colores minerales. No se exponen más detalles sobre este hallazgo porque el mismo ha sido publicado en otro lugar.

LA ARQUEOLOGÍA COLONIAL, LA HISTORIA Y SU TRASCENDENCIA ACTUAL

Para terminar, quisiera llamar la atención de cómo los datos histórico-arqueológicos nos permiten conocer de un culto iniciado antes 1580 y que ha trascendido hasta nuestros días.

El padre Montesinos contrata a los plateros Francisco de Bozartes, Nicolás de Almayna y Lorenzo de Medina, discípulos del platero sevillano Andrés Revolledo, para que, mediante un molde sacado de la virgen llamada La Dómina, se fundan en plata una nueva imagen: la de la Virgen del Rosario de Plata para españoles (Alonso de Rodríguez 1980). Sin embargo, Remesal (1932), informa que fueron dos las vírgenes de plata, una de ellas fue llevada a Chiantla, Huehuetenango, y la otra quedó en la iglesia de Santiago de Guatemala. La Dómina, que posteriormente se conoció como La Antigua, conservó a sus fieles y tuvo su propia capilla dentro de la iglesia.

La Virgen de plata se constituyó en la patrona del convento dominico. Se levantó una elegante capilla para ella, misma que fue celebrada por todos los cronistas de la época. Fuentes y Guzmán (1932), dice que “…una elegante y maravillosa capilla tiene la milagrosa y soberana imagen de Nuestra Señora del Rosario de Plata, sumamente devota y sumamente bella. De estatura perfecta dos cumplidas varas fuera de la corona, y la de su divino, soberano, gracioso niño, dormido sol, en brazos de la aurora Virgen Madre”.

Es posible que la “hermosísima capilla” a que hace referencia Diego de Porres no fuera la misma que celebrara Fuentes y Guzmán. Seguramente ésta última sufrió serios daños durante los terremotos de San Miguel y hubo de trasladarse la imagen a un nuevo lugar. Creemos que esta capilla – a la que hace referencia Porres – está localizada justo encima de la Cripta del Calvario, aunque evidentemente ambas construcciones no son contemporáneas.

La Dómina, que posteriormente se conoció como La Antigua, conservó a sus fieles. Esta imagen también tuvo su propia capilla dentro de la iglesia. Pero no sólo los españoles rindieron culto a la Virgen del Rosario. Los negros también tuvieron un culto similar en la Capilla del Rosario de Morenos. Según datos históricos, ésta estuvo localizada en el interior del templo, debajo del coro. Aunque aún no sabemos si ésta estaba en el sector norte o sur de la iglesia. Sólo futuras excavaciones ayudarían a una correcta localización. Remesal (1932), dice que la capilla era muy visitada “…principalmente el día de San Blas, por el altar de este glorioso mártir que está en ella”.

Los indígenas tampoco fueron ajenos a esta creencia, porque ellos también tuvieron su propio espacio para rendir culto a la Virgen del Rosario, pero fuera del templo, junto al campanario norte. Esta se denominó Capilla del Rosario de los Naturales. En este lugar también estuvo la Cofradía de Jesús Nazareno, que a finales del siglo XVII fue traslada a la iglesia de La Candelaria.          Es interesante observar cómo tres etnias totalmente distintas – los blancos conquistadores, los indígenas conquistados y los esclavos negros – pudieron olvidar sus diferencias y unirse en un sentimiento común: el culto a la Virgen del Rosario.

REFERENCIAS

Alonso de Rodríguez, Josefina

1980        El arte de la platería en la Capitanía General de Guatemala. Universidad de San Carlos de Guatemala.

Annis, V.L.

1968        The Architecture of Antigua Guatemala, 1543-1773. Universidad de San Carlos de Guatemala.

Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio

1932        Recordación Florida. Tipografía Nacional, Guatemala.

Gage, Tomás

1946        Nueva relación que contiene los viajes de Tomás Gage en la Nueva España. Sociedad de Geografía e historia, Guatemala.

Luján Muñoz, Luis, José Joaquín Pardo y Pedro Zamora

1968        Guía de Antigua Guatemala. Sociedad de Geografía e Historia, Guatemala.

Remesal, Fray Antonio de

1932        Historia General de las Indias Occidentales y Particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala. Tipografía nacional, Guatemala.

Ximénez, Fray Francisco

192931        Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala. Biblioteca Goathemala, Sociedad de Geografía e Historia, Guatemala.

 

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