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63 Investigaciones en las misiones coloniales de Petén – Matthew Rockmore – Simposio 17, Año 2003

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Rockmore, Matthew

2004        Investigaciones en las misiones coloniales de Petén. En XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2003 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía), pp.702-709. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

63

INVESTIGACIONES EN LAS MISIONES COLONIALES

DE PETÉN

Matthew Rockmore

Cuando se menciona el término arqueología colonial en el área Maya, la mayoría de personas piensa en las iglesias y los magníficos conventos de Antigua Guatemala y Mérida, ya que éstas representan ciertamente las ciudades centrales del colonialismo español. Sin embargo, dichas ciudades realmente no aportan muchos datos sobre las experiencias comunes de la población colonial Maya, dispersa a través de una región amplia. Es allí precisamente en donde la arqueología de las misiones hace su contribución.

Entre los arqueólogos mesoamericanos, el periodo colonial trae a la mente una serie de proyectos que han proveído información sobre las misiones coloniales más humildes del siglo XVI en Belice, Yucatán y Quintana Roo. La exploración de la zona del lago Petén Itza también ha sido importante para conocer la ocupación colonial en las Tierras Bajas Mayas. En particular, en lo referente a los cambios que ocurrieron en los patrones económicos al nivel de la unidad residencial dentro de las misiones.

En mayo y junio de 1999, comencé una búsqueda informal de los sitios coloniales de las misiones en la región de los lagos de Petén, utilizando el mapa publicado por Grant Jones (1998:390). Dicho mapa muestra las localizaciones aproximadas de 16 misiones coloniales localizadas en la vecindad inmediata al lago Petén Itza (Figuras 1 y 2), que fueron fundadas antes de 1703. Además, Jones fue muy generoso al enviarme copias de mapas coloniales de la región, como punto de partida para mis investigaciones. En mis esfuerzos por localizar los sitios, utilicé una combinación de entrevistas etnográficas, topónimos geográficos que se han conservado, y un reconocimiento arqueológico de campo. La búsqueda se centró en los establecimientos occidentales ubicados en las orillas del lago Petén Itza por razones esencialmente logísticas.

De los 16 sitios que aparecen en el mapa de Jones, 10 cayeron dentro de mi alcance informal. Cinco de ellos tuvieron una utilidad obviamente limitada para el reconocimiento arqueológico, ya que continúan siendo ocupados hasta la fecha, incluyendo las ciudades de San Andrés, San José Nuevo (ahora simplemente San José), San José (el establecimiento original en la localización actual de Santa Elena), San Miguel, y por supuesto, Nuestra Señora de los Remedios (actualmente Ciudad Flores, la cabecera departamental). Pasé algún tiempo en cada una de estas ciudades, identificando el área de sus núcleos históricos y considerando la posibilidad de hacer algunas investigaciones arqueológicas urbanas limitadas, pero al final decidí concentrarme en los sitios abandonados.

El área de búsqueda de las cinco misiones restantes en el reconocimiento, Jesús María, Nuestra Señora de la Candelaria, San Bernabé, San Jerónimo y San Pedro, fue delimitada fácilmente con base en los mapas coloniales y la retención de los topónimos geográficos. Solamente San Bernabé y San Jerónimo están bien documentados en los mapas coloniales; ninguno de los dos, San Pedro o Nuestra Señora de la Candelaria, parecen haber perdurado hasta el primer censo de la región en 1712, mientras que Jesús María fue enumerado en el censo de 1766. Los nombres de las cinco misiones continúan siendo aplicados a características geográficas específicas, en las localizaciones postuladas por los habitantes locales hasta este día (Figura 3), por ejemplo, la ensenada de San Jerónimo, la península de Candelaria, punta de Jesús María, y las playas de San Bernabé y San Pedro.

Figura 1

Figura 2

Figura 3

Se hicieron visitas a cada una de estas localidades en búsqueda de restos arqueológicos. Infortunadamente, Punta Jesús María fue reocupada en los ochenta y es actualmente la localización del pueblo pequeño de El Arrozal. Playa San Bernabé también está muy perturbada por el asentamiento moderno, sobre todo por la gran cobertura de concreto de un hotel que nunca fue terminado.

Esto plantea un tema que llegó a ser rápidamente obvio cuando hacía encuestas informales de los sitios. Específicamente, el lago Petén Itza ha sido un foco de ocupación humana desde por lo menos el Preclásico Tardío. El problema, por lo tanto, no consiste en localizar señales de dicha ocupación, sino algo que sirva para identificar el periodo al que pertenecen los sitios. Debido a que el reconocimiento fue informal, la búsqueda de la evidencia fue complicada por la carencia de excavaciones, por lo que las identificaciones temporales tuvieron que basarse en las características arquitectónicas visibles y los artefactos superficiales. Aunque no quiero dar una conclusión sobre el asunto, esta técnica no ha demostrado ser particularmente confiable.

San Bernabé y San Pedro se sitúan dentro de la zona arqueológica de Tayasal, una región poblada sobre todo en el Clásico, pero con por lo menos cierta ocupación Preclásica. Aunque la playa de San Pedro está cubierta de bosque por no ser habitada actualmente, se pudieron localizar por lo menos cinco estructuras y artefactos superficiales que sugieren ocupaciones tardías, al menos del Clásico Terminal y Postclásico. Sin embargo, no se encontró ninguna evidencia de una capilla colonial (que es el indicador arquitectónico más obvio de una presencia colonial), debido a que la maleza era bastante densa y el reconocimiento fue incompleto. San Pedro sigue siendo un candidato viable para excavación o, al menos, para un mejor reconocimiento, pero dada su breve ocupación tendría que ser considerado menos que óptimo para un estudio general del periodo colonial. No localizamos el asentamiento de Nuestra Señora de la Candelaria, pero por razones similares al anterior, nunca fue considerado como buen candidato para la investigación arqueológica.

Esto hace que San Bernabé y San Jerónimo sean las mejores posibilidades para organizar un proyecto arqueológico completo. Los intentos por localizar San Bernabé tuvieron poco éxito debido a la combinación del desarrollo moderno, la falta de cooperación de algunos propietarios y de una ocupación Clásica grande. Algunos de los montículos visibles cerca del playa de San Bernabé son probablemente de la época colonial, pero no hay manera fácil de decir cuáles son y la localización más probable de la capilla colonial (encima de una plataforma Clásica con una vista magnifica), ahora aloja una residencia privada grande.

Consecuentemente, el enfoque principal se trasladó a dos sitios de San Jerónimo. Antes de 1734, este asentamiento fue movido de su localización original en la península de Candelaria a la orilla occidental sur de San Andrés. La ensenada de San Jerónimo incluye varios kilómetros de orilla, así que la búsqueda comenzó con una serie de entrevistas etnográficas con ancianos peteneros, en las ciudades vecinas de San Andrés y San José. Una docena de informadores fueron entrevistados y la mayoría de ellos sugirió que la última localización del sitio puede estar cerca de la punta Ni’hul, generalmente llamada “punta piedra”, un afloramiento rocoso pequeño que se proyecta en el lago cerca de 1.5 km al suroeste de San Andrés. El reconocimiento del sitio sugirió que, aunque el desarrollo moderno ocasionó la pérdida de varias estructuras, los edificios restantes incluyen por lo menos dos grupos domésticos y una posible capilla colonial (Figura 4).

Figura 4

También se pudo identificar un candidato probable para el primer sitio de San Jerónimo (Figura 5). Por consejo de algunos arqueólogos del Proyecto Maya Colonial quienes exploraron grandes porciones de la península de Candelaria en 1995, cartografiando Nixtun-Ch’ich’, un sitio grande del Clásico y Postclásico, me dirigí a una estructura grande y anómala construida cerca de la base de la península. Su sugerencia, y la de al menos un informador de San Andrés, fue que dicha estructura pudo ser una iglesia colonial. Al reexaminar el edificio se confirmó una construcción de piedras sin cortar muy grandes, así como también una serie de estructuras vecinas, pero no se encontraron artefactos superficiales en cualquiera de las estructuras.

Desde una perspectiva teórica, San Jerónimo tiene una ventaja adicional sobre el resto de sitios coloniales en las orillas del lago. Dado mi interés en el cambio de los patrones económicos, es particularmente útil que el poblado de San Jerónimo volviera a asentarse dentro de la misma región. Esto dio la oportunidad de procurar un examen de los índices de cambio, así como identificar la naturaleza de esos cambios. Es decir, San Jerónimo ofrece la posibilidad de precisar los cambios que ocurrieron en los primeros 30 años del establecimiento y de otros más que ocurrieron posteriormente. La ciudad parece haber desaparecido cerca del final del siglo XVIII, o por lo menos dejó de ser mencionada en los libros de bautismo, matrimonio y defunción de la parroquia local, según un control temporal razonablemente bueno.

Después de localizar sitios potenciales para la misión de San Jerónimo en 1999, retorné en mayo y junio de 2001 para explorar los sitios más a fondo y generar mejores mapas a los realizados durante la primera temporada. Los mapas nuevamente fueron hechos con brújula y cinta métrica, pero se mejoró su exactitud. Se encontraron varias estructuras adicionales, particularmente en San Jerónimo 1, el potencial sitio temprano.

Figura 5

Sin embargo, no fue sino hasta este año cuando pude obtener un financiamiento de la NSF para hacer un proyecto formal de investigaciones arqueológicas. El plan del proyecto programaba una serie de excavaciones en ambos sitios que implicarían la excavación horizontal de 7 a 10 estructuras, generalmente pequeñas, de la última ocupación en cada sitio, así como de áreas limitadas de su espacio circundante. El objetivo era, en primer lugar, verificar la ocupación colonial en los dos sitios, y en segundo lugar, obtener una muestra arqueológica de los grupos domésticos coloniales en la región. La excavación en ambos sitios proveería un control temporal útil y permitiría mayor precisión en el análisis de los patrones de cambio. La temporada de campo del Proyecto San Jerónimo Siglo XVIII, comenzó el 17 de marzo y la etapa del campo del proyecto fue terminada el 7 de julio. El análisis de los artefactos apenas ha comenzado.

Infortunadamente, se presentaron varios problemas durante el curso de la temporada de campo, que hicieron que desde la perspectiva de la arqueología colonial de los Mayas, no fuese un éxito. El proyecto quizá debería haber entendido como un aviso las primeras dificultades en la identificación de los sitios coloniales. Los problemas básicos fueron dobles: las negociaciones con uno de los propietarios se atascaron eventualmente, dando como resultado la imposibilidad de trabajar en el potencial primer sitio de la misión de San Jerónimo. Aunque se pudo trabajar en San Jerónimo II, y de hecho, se amplió la muestra prevista de 7 a 10 estructuras a 13, parece haber existido solamente una presencia colonial de menor importancia en el sitio. Algo más es que la ocupación principal parece ir más allá del Clásico Terminal y el Posclásico Temprano. Por supuesto, este es un tema muy interesante, pero no ayuda mejorar nuestro entendimiento de los cambios en el periodo colonial.

Es posible que podamos identificar cerámica colonial a medida que continúe el análisis de los artefactos, pero no abrigo muchas esperanzas al respecto. Esto se complica por el hecho que nadie sabe cómo es la cerámica colonial petenera del siglo XVIII, que posiblemente muestra una continuidad considerable con los últimos tipos del Postclásico. Desde una perspectiva económica, Petén era una región periférica con una población muy pequeña en el siglo XVIII. Su intercambio limitado afuera de la región era al norte para Campeche, con algunas conexiones igualmente limitadas al sur. Por esta razón, es seguro asumir que pocas mercancías importadas habrían llegado a manos de los Mayas en una misión tan pequeña, periférica a la ciudad más grande de San Andrés, así mismo del poder económico y social concentrado en la isla de Flores. Se había postulado mucha continuidad en la cultura material antes de comenzar las exploraciones y de hecho se encontró bastante cerámica Postclásica durante las excavaciones. Además, a medida que explorábamos una nueva estructura, esperábamos comenzar a encontrar por lo menos algunos indicadores de la presencia colonial.

De hecho, solamente se han documentado dos artefactos claramente coloniales en el sitio. Ambos son pedazos pequeños de metal colonial. El primero, un terrón de posible desecho de producción, fue dado al proyecto por un propietario local, quien lo encontró mientras construía una cabaña en su hotel. El segundo, la bala de un arma, fue encontrado durante el curso de excavaciones en uno de los edificios encima de la plataforma nombrada como Estructura 1 en el mapa original. Sin embargo, hay muchas explicaciones probables para la presencia de la bala de un arma, varias de las cuales no requieren de ninguna ocupación real, además de que un artefacto mal documentado también puede prestar solamente una ayuda limitada. Ambos artefactos sugieren, junto con los mapas coloniales, que hubo un establecimiento colonial cercano, que no parece ser el sitio nombrado como San Jerónimo II.

Hay algunos tiestos que sugieren afinidades con la cerámica de la fase Iglesias de las misiones de Belice (Graham 1987), pero las conexiones estilísticas son bastante flojas, como se esperaría de un sitio ocupado 150 años más adelante y localizado a 150 km de distancia. Así mismo, se encontró la cabeza de una figurilla de forma de pájaro con pico recto y cresta – que más bien parece ser un pollo que cualquier pájaro indígena – aunque tales figurillas son notoriamente burdas y se prestan bien a una amplia gama de interpretaciones, ya que podría ser una representación extremadamente pobre de un carpintero.

La cerámica Postclásica encontrada se entremezcla con una cantidad aproximadamente igual de cerámica del Clásico Terminal, aunque las frecuencias varían de estructura a estructura. De manera más específica, hasta ahora se ha podido determinar que aparentemente la cerámica Postclásica parece ser más temprana que tardía. No obstante, esto es algo difícil de demostrar, pues localmente hay mucha continuidad cerámica entre el Postclásico Temprano y el Postclásico Tardío. Hecha esta advertencia, los tipos Paxcaman Rojo y Pozo Sin Engobe, que constituyen la mayoría de la cerámica Postclásica, tienen rasgos que sugieren una forma temprana (Prudence Rice, comunicación personal 2003). Igualmente sugerente de una ocupación Posclásica Temprana es el hecho que no encontramos ningún rastro de los grandes incensarios con efigies humanas que son tan característicos de los sitios del Postclásico Tardío en la región. Todo esto en conjunto conduce a pensar que la ocupación del sitio atraviesa el Clásico Terminal y el Postclásico Temprano, y que cualquier ocupación colonial fue absolutamente de menor importancia.

¿Qué lección podemos aprender de esta desilusión? Pues, para comenzar, sirve como una reafirmación del tema básico de un artículo anterior publicado por David Pendergast, Grant Jones y Elizabeth Graham (1993), que las ocupaciones españolas coloniales en regiones periféricas son extremadamente difíciles de identificar. Es indispensable contar con mapas coloniales para tener la posibilidad realista de localizar los sitios, pero estos tienden a ser muy imprecisos haciendo más difícil la búsqueda. Los artefactos obviamente coloniales nunca son comunes y no se debe esperar encontrarlos en la superficie, como se ha demostrado en Lamanai, en donde no se encontró ningún artefacto colonial en las recolecciones de superficie (Pendergast et al. 1993:66). Los detectores de metales podrían ser útiles, como lo sugieren proyectos más sistemáticos de este tipo, pero cualquier ocupación moderna en el área complicará la búsqueda debido a la presencia de artefactos modernos de metal similares a los coloniales. Sin embargo, sigo pensando que la búsqueda de los establecimientos coloniales es un esfuerzo de mérito. Hay muy pocos estudios de ese tipo en la región Maya, pese a todo lo que puede decirse sobre la manera en que los Mayas se adaptaron a los sistemas coloniales españoles y, en términos más generales, sobre los procesos diversos del cambio cultural. Espero poder continuar mis investigaciones en el futuro próximo y así llegar a una conclusión más acertada.

REFERENCIAS

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