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57 Laminados de textil y engobe: El redescubrimiento de una tecnología artesanal de la antigua Mesoamérica – Harriet F. Beaubien – Simposio 17, Año 2003

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Beaubien, Harriet F.

2004        Laminados de textil y engobe: El redescubrimiento de una tecnología artesanal de la antigua Mesoamérica. En XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2003 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía), pp.642-650. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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LAMINADOS DE TEXTIL Y ENGOBE:

EL REDESCUBRIMIENTO DE UNA TECNOLOGÍA ARTESANAL DE LA ANTIGUA MESOAMÉRICA

Harriet F. Beaubien

Se puede inferir que las máscaras y tocados, con los cuales se visten las élites en escenas pintadas y esculpidas, representan actividades verdaderas ya que tantos otros detalles de dichas escenas han sido confirmados por ejemplos excavados, tales como aspectos de arquitectura, muebles e implementos rituales. Desdichadamente, la evidencia arqueológica de los materiales de los tocados ha sido escasa. Se ha sugerido que los mismos fueron elaborados en piedra, madera o cerámica, pero los ejemplos conocidos que se tienen no son usados en una manera tan dimensional como en los dibujos artísticos y no parecen selecciones prácticas para usar en las ceremonias mismas. No había ninguna alternativa del tipo de material usado para elementos esculpidos, hasta que se realizaron algunos recientes hallazgos.

En 1998, se encontraron objetos fragmentados fabricados de un material desconocido en el sitio de Aguateca. Estos objetos fueron identificados como máscaras, junto con tres fragmentos similares descubiertos cinco años antes en la Cueva de los Quetzales, lo cual es doblemente significativo. Ellos proveen los primeros ejemplos de un material previamente no conocido, el cual voy a llamar “material laminado” o simplemente “laminado”. Además, los fragmentos presentan una opción intrigante sobre el material que pudo haber sido usado en la fabricación de tocados.

Este artículo resume las hipótesis que se tienen actualmente sobre el proceso de producción artesanal, basadas en la información obtenida a través de la conservación de los artefactos de Aguateca. También muestra el análisis técnico de las muestras y los experimentos de repetición del proceso, presentando los resultados de investigaciones recientes, las cuales identificaron ejemplos adicionales de este material. Estos datos establecen el laminado de textil y engobe como una tecnología artesanal, y son la base para el entendimiento de su producción e historia de uso en la antigua Mesoamérica.

INVESTIGACIONES TÉCNICAS PRELIMINARES

Los ejemplos que introdujeron esta clase de material fueron hallados en dos lugares arqueológicos, ambos en la región Petexbatun, Petén, Guatemala. En 1993, se encontraron los primeros fragmentos en depósitos rituales no estratificados del periodo Clásico en el sitio de la Cueva de los Quetzales, una cueva localizada debajo del centro ceremonial del sitio de Las Pacayas (Brady y Rodas 1994; Brady et al. 1997; Escobedo et al. 1994). Las investigaciones de la Cueva de los Quetzales (1993) fueron dirigidas por James E. Brady e Irma Rodas, como parte del Petexbatun Regional Cave Survey (PRCS), un sub-proyecto del Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun. El sitio de Las Pacayas, conectado directamente con la cueva, fue investigado por Héctor Escobedo, como parte del Proyecto Atlas Arqueológico de Guatemala.

El descubrimiento en 1998 de un material similar, en una residencia real en el sitio de Aguateca, hizo una contribución importante a la colección de datos (Inomata y Puga 1998; Inomata et al. 1998). Gracias a las circunstancias del ataque al sitio y su rápido abandono en 800 DC, y a la excavación y conservación cuidadosa, los fragmentos pudieron ser reensamblados, permitiendo una investigación más extensa del material desde una perspectiva tecnológica (Beaubien 2003). Algunos objetos reconstruidos parecen ser aparejos ceremoniales, incluyendo una máscara y los elementos de un tocado. El Proyecto Arqueológico Aguateca fue dirigido por Takeshi Inomata, Daniela Triadan y Erick Ponciano (temporadas de campo de 1996-2001). La temporada 2002 fue designada como el Proyecto Arqueológico de Laboratorio Aguateca, dirigido por Daniela Triadan y Anaité Galeotti.

PRODUCCIÓN ARTESANAL

Se realizó el trabajo fundamental sobre las dos colecciones de muestras bajo los auspicios del programa de conservación arqueológica del Smithsonian Center for Materials Research and Education (Beaubien 2001, 2003; Beaubien et al. 2002). El análisis técnico mostró que todos los fragmentos fueron hechos de un material cohesivo compuesto de capas múltiples de textil tejido y barro. El barro parece haber sido aplicado como un engobe para cubrir cada capa de textil y para servir como un “adhesivo” entre las capas, así creando una unidad laminada. Los textiles mismos ahora están ausentes, pero hay unas indicaciones de este componente. Las superficies externas de los fragmentos frecuentemente sugieren una topografía sutil de textiles. La indicación más clara es visible en las áreas erosionadas, que revelan impresiones del tejido. Las impresiones selectivas fueron documentadas con moldes, mostrando variaciones de tejido simple de varias densidades y unos ejemplos con filas parejas.

La estructura laminada es muy visible en el corte transversal. Los textiles producen series regulares de hoyos, frecuentemente en cinco o más capas, alternando con capas de engobe. La mayoría de fragmentos tienen un grosor de 2 a 5 mm, con un máximo de casi 1 cm.

Para fabricar un objeto con capas de textiles y engobe, es necesario un molde o algún tipo de forma. Como mostraron los experimentos de repetición del proceso, se crean rasgos modelados en esta etapa. Otras modificaciones pueden ser realizadas después de remover el laminado seco del molde. Con el humedecimiento localizado, se pueden reproducir los detalles como bordes pulcros, perforaciones o agujeros, similares a los vistos en el original. Otro tipo de modificación es la adición de un engobe pigmentado a la superficie externa, como lo que colorea la máscara de Aguateca.

Todas las muestras del laminado son convertidas por calor a un producto como cerámica. Aunque la exposición al calor (documentada y potencial) fueron una parte de la historia del depósito arqueológico de algunos fragmentos, es una suposición razonable que el endurecimiento con calor fue la etapa final de producción. Como se mostró con los experimentos de calentar réplicas, esta etapa hizo que fuera práctico utilizar el laminado: era rígido, resistente al agua, y muy ligero, el resultado de la porosidad de textiles quemados.

RESULTADOS DE INVESTIGACIONES EN COLECCIONES

El aumento del número de ejemplos conocidos emergió como una prioridad para establecer los laminados de textil y engobe como una tecnología artesanal y desarrollar una vista más completa de su producción e historia de uso. De las entrevistas con varios arqueólogos, las colecciones almacenadas más prometedoras parecían ser las de la región Petexbatun, de donde venían los ejemplos iniciales. Se realizaron las investigaciones con una beca de la Foundation for the Advancement of Mesoamerican Studies, Inc (FAMSI), en los siguientes lugares:

1.        Salón 3 del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, Ciudad de Guatemala, en donde se almacenaron las colecciones comunes, incluyendo los materiales procedentes de varios sitios excavados por el Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun entre 1989 y 1994 (Demarest 1997). El Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun (temporadas de campo 1989-1994) fue dirigido por Arthur Demarest y Juan Antonio Valdés. Incluyó investigaciones de numerosos sitios, cada una dirigida por varios arqueólogos, tales como Dos Pilas (Joel W. Palka), Aguateca (Takeshi Inomata), Arroyo de Piedra (Héctor Escobedo), y Tamarindito (Juan Antonio Valdés).

2.        El laboratorio del Proyecto Arqueológico Aguateca, Ciudad de Guatemala, en donde se almacenaron materiales excavados desde 1996, incluyendo más muestras de laminado encontradas después del hallazgo de las máscaras.

3.        La bodega del Departamento de Monumentos Prehispánicos del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, en el sitio de Aguateca, en donde se almacenaron varios materiales excavados en 1999 y 2000 por el Proyecto de Restauración Aguateca, y desde 2002 los cuales del Proyecto de Restauración Aguateca Segunda Fase. El Proyecto de Restauración Aguateca (1999-2000) fue dirigido por Juan Antonio Valdés. Este proyecto fue seguido por el Proyecto de Restauración Aguateca Segunda Fase (desde 2002), por la Corporación Antigua (dirigida por Oscar Santos Corea) con la dirección en el campo de Erick Ponciano y Takeshi Inomata. Incluye también nuevas investigaciones arqueológicas, designadas como el Proyecto Arqueológico Aguateca-Programa Complementario, dirigido por Takeshi Inomata.

4.        La bodega del Departamento de Monumentos Prehispánicos del Instituto de Antropología e Historia en la Ciudad de Guatemala, para revistar colecciones especialmente designadas, incluyendo unas del Proyecto de Restauración Aguateca.

5.        El laboratorio del Proyecto Arqueológico Piedras Negras, Ciudad de Guatemala, en el cual se examinó un ejemplo singular, encontrado inesperadamente durante una revisión de figurillas de cerámica. El Proyecto Arqueológico Piedras Negras fue dirigido por Stephen Houston y Héctor Escobedo.

Se identificaron muestras adicionales, procedentes de cinco sitios. Se presentaron las muestras nuevamente encontradas, juntos con los ejemplos previamente reportados en la Tabla 1. Una “existencia” es un grupo de fragmentos (o fragmento singular) procedente de un área relativamente discreta. Un código (letra) es asignado a cada existencia para su referencia en este texto. Se estimó el conteo de la concentración substancial y aquella de otras es después de un reensamblaje limitado. Los sitios, de donde proceden las muestras conocidas se indican en el mapa.

USO DEL LAMINADO

Los aspectos tecnológicos de las nuevas muestras son consistentes con las observaciones y análisis de muestras previamente estudiadas. Fueron generalmente algo quebradizo, como la mayoría de fragmentos midiendo menos de 3 cm, y exhibieron algunas variaciones en color y dureza. Sin embargo, todas habían sido expuestas al calor, produciendo un producto ligero de cerámica sin textiles sobrevivientes.

De todos los ejemplos ahora conocidos, solamente cuatro son concentraciones substanciales – originalmente objetos enteros – todos de Aguateca. Dos de las concentraciones son la máscara, y un elemento probablemente de un tocado en la forma de un monstruo, basado en sus rasgos faciales de un ojo grande y cuatro colmillos. Se encontraron ambos objetos en un cuarto al extremo este de la residencia real (Estructura M7-22) en el Grupo Palacio, con otros elementos de un vestido personal e instrumentos musicales. Estos artículos personales probablemente se utilizaban en funciones rituales conducidas por los residentes reales, los cuales se almacenaron normalmente o con prisa junto a otras cosas valiosas antes del ataque del sitio (Inomata et al. s.f.).

Aunque su forma original es desconocida, los fragmentos de la Cueva de los Quetzales ofrecen una comparación interesante. Es fácil imaginarlos como elementos faciales, por ejemplo en forma de pera. Se encontraron estos fragmentos en un basurero formado por materiales de alto estatus, incluyendo instrumentos musicales e incensarios. Fueron descartados por una abertura en la plaza directamente encima de la cueva. La abertura está en el centro ceremonial de Las Pacayas, y es posible que los fragmentos procedieran de una máscara utilizada allá (Brady y Rodas 1995).

El fragmento de Piedras Negras, con sus arrugas, también podría haber sido una parte de un objeto elaborado. Desdichadamente, venía del relleno de una plaza en un grupo de estructuras (Grupo U-13) probablemente ocupadas por la élite, sin otras piezas para clarificar su forma original (Urquizú 1999a).

Se encontró un tercera concentración de Aguateca al lado de una estructura administrativa en el Grupo Palacio (Estructura M7-26), y fue probablemente una máscara basada en los fragmentos de grandes ojo y oreja (Urquizú 1999b).

La cuarta concentración procedió de una residencia de alto estatus (Estructura M8-4), notable por la fuerte evidencia de actividades artesanales (Triadan 2000). Su posición – cerca de una banca en el área techada justo fuera del cuarto central – podría indicar una conexión con actividades públicas llevadas a cabo en este parte de la residencia. Alternativamente, así como muchas actividades ocurren hoy en áreas techadas fuera de los cuartos, es posible que allí estuvieran haciendo el objeto. Según el rango de ornamentos encontrados en varias etapas de producción, se ha sugerido que el residente pudo haber sido responsable de preparar o retocar el vestido real (Inomata et al. 2002). Acaso este objeto laminado fue un componente.

La mayoría de las existencias nuevamente registradas son más difíciles de identificar por tipo o uso posible. Se caracterizan por un pequeño recuento, tamaño pequeño y forma simple, y proceden de los contextos del colapso de pared o del descarte, tal como basurero o relleno de construcción. Solamente dos depósitos (ambos de Aguateca) tienen bastantes fragmentos para sugerir objetos parciales. Se encontró un grupo de fragmentos sencillos en el colapso de pared de un edificio administrativo en la zona de élite (Estructura M8-37), acaso los restos de un objeto conectado a las actividades públicas (Díaz-Samayoa 1999; Díaz-Samayoa y Valdés 2000). Otro grupo pequeño de fragmentos bastante gruesos forma un segmento con un borde, una perforación y un engobe rojo; procedieron del colapso de una pared en una residencia de élite (Estructura M8-11).

De Aguateca, la mayoría de las existencias pequeñas procedieron de contextos de colapso de paredes en estructuras residenciales. Tres estructuras están en la zona elitista: Estructura M8-4 (Inomata 1995; Triadan 2000); Estructura M8-10 (Inomata 1995; Inomata y Stiver 1998); y Estructura M8-11 (Inomata 1995; Díaz-Samayoa y Valdés 1999; Díaz-Samayoa y Martínez 2000). Tres estructuras están en las áreas fuera del epicentro, dos dentro del sistema cercano de paredes defensivas y la tercera más lejos: Estructura L7-5 (Inomata 1995); Estructura L7-42 (Inomata 1995), y Estructura 22 en el Grupo K5 (O’Mansky et al. 1994), respectivamente. Además, dos depósitos pequeños provinieron de contextos de descarte: abajo de un patio detrás de la Estructura L8-61 y 62 en el Grupo L8-9, y asociados con restos de construcción cerca de la Estructura L8-70 (Inomata y Murphy 2000). Este grupo de estructuras está inmediatamente detrás del templo mayor de Aguateca, en la zona de la gran plaza por lo que se asume una relación de servicio.

Aparte de Aguateca, todas las existencias fueron pequeñas y procedieron de contextos de descarte, tal como el caso de los fragmentos de la Cueva de los Quetzales, descrito anteriormente. Se encontraron los fragmentos del sitio de Arroyo de Piedra en un basurero inmediatamente detrás de un palacio pequeño en la Plaza Norte (Estructura 13; Stuart 1990; Escobedo 1997). Aquellos del sitio de Tamarindito procedieron del colapso de una pared o basurero al frente de un complejo real en el Grupo A (Estructura 5; Foias 1993; Valdés et al. 1994; Valdés 1997). Se halló el fragmento de Piedras Negras en el relleno de la plaza de Grupo U-13, un área probablemente ocupada por las élites o por las personas que les sirvieron (Urquizú 1999a).

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DEL LAMINADO

Las muestras del laminado de Aguateca, Arroyo de Piedra, Tamarindito y Las Pacayas confirman la práctica artesanal en la región Petexbatun, en la cuenca del río Pasión. En esta fase de la investigación fue sorprendente no encontrar ejemplos procedentes de Dos Pilas, fundado en al final del siglo VII o al inicio del VIII como la capital de esta región política. La prominencia de Aguateca en la colección de datos podría sugerir que era un centro de producción, corriendo paralelo a su importancia política como la capital secundaria y su ascendencia después de la caída de Dos Pilas en el 761 DC (Demarest 1997). De mayor importancia en esta investigación fue el hallazgo de un fragmento en Piedras Negras, que indica que la práctica artesanal del laminado era conocida también en la región del río Usumacinta. Sin embargo, la distribución del material en este sitio es desconocida.

CONCLUSIONES

El tamaño limitado de los datos influye en lo que se puede decir sobre la distribución geográfica y temporal o la amplitud de la práctica artesanal en la sociedad. El aumento del número de ejemplos es todavía una prioridad y toda muestra es importante. Como demuestra el fragmento de Piedras Negras, un ejemplo singular tiene la capacidad de contribuir significativamente – en dicho caso, a colocar la distribución del laminado fuera de la región Petexbatun por primera vez.

El número pequeño de los ejemplos refleja la dificultad de investigar un material desconocido y potencialmente sensitivo desde una perspectiva de preservación. Con un material de baja cocción, el ambiente de enterramiento, el proceso de excavación y de manejo pueden afectar el número de muestras que sobreviven en las colecciones. Por ejemplo, la representación fuerte de Aguateca podría ser también una función de las condiciones especiales de su abandono que permitieron que el material laminado sobreviviera desproporcionadamente mejor. Los procesos de la formación del sitio incluyen una fase principal de construcción, el abandono rápido con incendio y la no reocupación. En una situación como esa, el recubrimiento y registro adecuado de artefactos y la disponibilidad de asistencia de conservación, también aseguraron que se manejaran materiales frágiles con cuidado en el sitio. En el caso del laminado, el quemado podría haber endurecido más el componente de cerámica.

Se debe considerar también la dificultad práctica de localizar un material desconocido. Todas las muestras examinadas del laminado habían sido endurecidas con calor, pero hubo variación considerable en sus características visuales. Se encontraron fragmentos clasificados en un rango de categorías – otro, misceláneo, figurillas de cerámica, bajareque quemado – y probablemente hay muchos escondidos dentro de las colecciones. Los rasgos diagnósticos del laminado textil-engobe son algunas veces sutiles y el uso de un lente de aumento es muy útil para reconocerlos. Si hay alguna duda, la clasificación como “otro” o “misceláneo”, es altamente recomendada. Esos ejemplos clasificados en dicha manera podrían haber recibido menos manejo y lavado, acaso facilitando su sobrevivencia. Por cierto, esta clasificación facilitó su hallazgo en las colecciones.

El alcance de esta investigación fue una revisión sistemática de partes pequeñas de unas pocas colecciones, principalmente procedente de un área limitada de Guatemala y todas del periodo Clásico Tardío. Los contextos de donde vinieron la mayoría de las muestras son de élite, pero es importante recordar que los componentes de textil tejido y barro no son materiales exclusivos. Objetos laminados pudieron haber sido hechos también por personas que no pertenecían a la élite. Además, como un material versátil, pudo haber sido usado para un gran rango de productos. Sin embargo, algunos ejemplos demuestran que los artesanos entendieron bien las características del material para usarlo en productos formados elaboradamente, ligeros y bastante durables. Estas cualidades son justamente las que serían útiles para elementos de los tocados de las élites, y es probable que se continúe encontrando la evidencia de dicho uso especial en la antigua Mesoamérica.

Agradecimientos

Esta investigación es posible por el apoyo de FAMSI / Foundation for the Advancement of Mesoamerican Studies y del Smithsonian Center for Materials Research and Education.

REFERENCIAS

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