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28 El Proyecto Arqueología del Valle de Maltrata, Veracruz – Yamile Lira López – Simposio 17, Año 2003

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Lira López, Yamile

2004        El Proyecto Arqueología del Valle de Maltrata, Veracruz. En XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2003 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía), pp.293-304. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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EL PROYECTO ARQUEOLOGÍA DEL VALLE DE MALTRATA, VERACRUZ

Yamile Lira López

Este trabajo presenta de manera sucinta los resultados de cuatro años de trabajo de campo y de laboratorio en el valle de Maltrata, lugar que funcionó como parte de una ruta de comunicación entre la Costa del Golfo de México y el Altiplano Central. Maltrata se localiza en un medio geográfico bien delimitado del cual no se tienen antecedentes de investigación sistemática, aunque es suficientemente pequeño para estudiarlo de manera integral. Las referencias indican que la región ha sido habitada desde el periodo Olmeca, hace por lo menos 3000 años hasta nuestros días, lo que hace suponer la existencia de una superficie cultivable suficientemente grande para sostener una población fija y además producir un excedente para los viajeros de paso.

El valle de Maltrata, enclavado en la Sierra Madre Oriental, se encuentra al oeste del centro del Estado de Veracruz, entre los límites estatales de Veracruz y Puebla, a 1680 m sobre el nivel del mar y a 25 km de la ciudad de Orizaba (Figura 1). El piso del valle tiene una superficie aproximada de 12 km2. En medio se localiza la villa de Maltrata y al oeste, donde se angosta por las pendientes de los cerros, la pequeña población de Aquila, ambos poblados mestizos. El valle está rodeado de cerros formados por calizas, y lo atraviesa de oeste a este un río estacional que forma parte de la cuenca alta del río Blanco.

El Proyecto Investigaciones Arqueológicas en el Valle de Maltrata, está llevando a cabo investigaciones científicas desde 1999. Este lugar fue inicialmente reportado por Manuel de Segura en 1839, quien informó de los monolitos de Maltrata (Segura 1854:37). Éstos son mencionados por Joaquín Arroniz en 1867 (Arroniz 1959), pero no es sino hasta 1905 cuando Leopoldo Batres describe de manera muy general los vestigios arquitectónicos, hace referencia al Monolito I (Figura 2), y establece un vigilante en la zona. A partir de entonces, Carlos I. Betancourt (1917), Cayetano Rodríguez Beltrán (1927), Eduardo Noguera (1930), y Ellen Spinden (1933), reconocieron los monolitos y la zona arqueológica. En 1931, Arroyo Cabrera descubrió en la cima del cerro “La Mesita”, una ciudadela antigua ubicada a 300 m sobre el nivel del valle. Estos investigadores promovieron la limpieza y difusión de algunos edificios centrándose en la descripción de los relieves del monolito, desarrollando algunas interpretaciones.

Posteriormente, Alfonso Medellín Zenil por parte de la Universidad Veracruzana efectuó la primera excavación en el asentamiento que ahora se conoce como Rincón Brujo. En su publicación de 1962 describió dos entierros primarios, asociados a materiales del Postclásico Tardío, encontrados al retirar el Monolito I para trasladarlo al Museo de Xalapa, mencionando que los Popolocas u Olmecas Históricos fueron los autores de esos entierros. Así también reportó elementos “arcaicos”.

Luego desapareció la vigilancia de la zona y las visitas de inspección de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, a partir de 1983, reportan graves deterioros debido al saqueo y destrucción intencional de los vestigios (Sánchez 1983; Reyna 1995; Miranda 1995). A estos informes y primeras interpretaciones se suman los estudios relacionados con la antropología e historia de la región que Carlos Serrano Sánchez, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas empezó a promover en 1987.

Figura 1  Localización de Maltrata en México y el Estado de Veracruz

Figura 2  El monolito de Maltrata, según Medellín, 1962

METODOLOGÍA

Durante cuatro temporadas de campo se utilizó un recorrido sistemático intensivo, un recorrido selectivo y se excavaron 22 pozos estratigráficos para poder delimitar los asentamientos humanos en espacio y tiempo, y analizar la importancia del valle (Figura 3).

Figura 3  Mapa topográfico de Maltrata, se indican los pozos (INEGI. Orizaba E 14B56)

El primero se concentró en el piso del valle, registrando cualquier evidencia cultural para definir la distribución espacial de los asentamientos desde grandes conjuntos arquitectónicos hasta pequeñas unidades habitacionales; el segundo fue útil para definir la traza de las rutas prehispánicas y coloniales, e inferir el posible uso antiguo de los caminos y las probables vías de comunicación o accesos hacia el Altiplano y la Costa (Daneels y Lira 1998). Se recorrió en las laderas y cerros alrededor del valle, a partir de los 1800 hasta los 2500 m sobre el nivel del mar, delimitando una superficie de 67 km2.

Con los pozos estratigráficos se logró sondear el terreno prospectado con mayor presencia de material arqueológico, principalmente cerámica y estructuras, para tener un panorama general de la estratigrafía en el valle y obtener materiales culturales con los que se pueda elaborar la cronología local (Lira 1999, 2000).

RESULTADOS

En un área de aproximadamente 14 km2 que comprende el piso del valle y el pie de monte, se encontró en el recorrido intensivo diversos asentamientos del Preclásico, Clásico, Posclásico y Colonial, en los cuales se han identificado rasgos de las culturas Olmeca, Zapoteca, Teotihuacana, Azteca, Puebla-Tlaxcala e hispana.

Preliminarmente, se pueden definir los asentamientos de manera espacial y temporal. La cronología relativa asignada toma en cuenta los periodos mayores utilizados tradicionalmente para Mesoamérica, proponiendo un desarrollo cultural en el valle, en un marco regional y mesoamericano. Para ello las inferencias temporales que aquí se presentan se apoyan en la comparación con tipos cerámicos existentes en otras áreas como el valle de Puebla-Tlaxcala, cuenca de México, Teotihuacan, Costa del Golfo y el valle de Morelos, entre otras. Los principales marcadores temporales usados son la cerámica y las figurillas, pero se consideró también las técnicas constructivas y las prácticas funerarias.

Durante la época prehispánica todo el valle estuvo habitado y en diferentes periodos, con relaciones o influencias culturales externas pero con un marcado sello local. Aunque todavía no es posible detallar los límites exactos de los asentamientos, periodos y culturas, puesto que casi todo el material se distribuye muy homogéneamente en cantidades abundantes, se encontró una población extensa y compleja. Por lo mismo se puede adelantar que hubo una alta densidad de población probablemente mayor que en tiempos modernos, en un área donde convivieron diversos grupos.

De manera preliminar se puede reconstruir en parte su historia cultural a través de la cerámica y las figurillas diagnósticas de temporalidades bien definidas que han sido tomadas como evidencia de “influencias”, contactos o legados de importantes culturas mesoamericanas identificadas en el valle. Sin embargo, se cuenta con una larga lista de artefactos en proceso de análisis que complementarán y ampliarán las propuestas iniciales, como navajas prismáticas, lascas, punzones, bifaciales y cuchillos de obsidiana gris veteada, negra y verde; cuchillos y bifaciales de sílex; piedras de moler de variadas formas, manos de moler y cajetes de basalto; hachas y hachuelas; pulidores, machacadores. También hay diferentes materiales de construcción como adobe, bajareque, estuco, caliza, “ladrillos” de caliche, apisonados de barro, rellenos de piedra bola y tierra. Herramientas de hueso como punzones agujas y pulidores. Otros materiales de barro como tejos y malacates, y distintos tipos de enterramiento. Correlacionándolos con los lugares en que fueron hallados nos permiten asociarlos a determinados periodos de tiempo y otras áreas culturales.

En cuanto al patrón de asentamiento, en el valle de Maltrata existen tentativamente 14 sitios prehispánicos y cuatro coloniales, determinados éstos sobre la base de características geográficas, distribución de estructuras, presencia o ausencia de las mismas, densidad cerámica y lítica observada, así como su ubicación cronológica. Así tenemos conjuntos de estructuras que forman plazas cuya disposición entre ellas está claramente definida y sitios en donde se distingue un solo montículo o varios dispersos con abundante material arqueológico. Es posible que los montículos dispersos sean parte de los sitios, sin embargo se presentan de esta manera a reserva de especificar más adelante sus límites y función con el análisis de los materiales (Lira, Salazar y Robles 1999; Lira, Flores y Medina 1999; Lira, Puga, Rivera y Torres 2000).

En casi todas las excavaciones encontramos evidencia clara de unidades domésticas como cimientos, pisos, entierros, pozos tronco-cónicos y basureros, tanto en depósitos arcillosos como en los niveles inferiores y superiores de capas de grava, indicadores de inundaciones. Otros pozos proporcionaron indicios de estructuras residenciales, viables de explorar en futuras temporadas de campo. A continuación se presentan los datos sintetizados por periodo.

PRECLÁSICO (1500 AC-150/200 DC)

Este periodo, representado en Mesoamérica por asentamientos pequeños y dispersos, podría haber iniciado en el sitio designado como “Tetel de Rancho Verde”, localizado al oeste del valle, en donde se distinguen elementos que indican una temporalidad muy antigua, desde el Preclásico Inferior, por el 1500 AC, evidenciado en figurillas con rasgos muy burdos de un grupo pre-Olmeca. Sin embargo, no se ha encontrado cerámica de este periodo (Figura 4).

Figura 4  Figurillas del periodo Preclásico

El número de habitantes parece haber aumentado hacia el Preclásico Medio y Superior en los sitios de Aquila, Rincón de Aquila, Teteles de la Ermita y Barriales, ubicados en la parte oeste del valle y cerca del río, tanto en el terreno plano como en las laderas. Seguramente constituían una o varias comunidades de carácter agrícola con casas dispersas. Se caracterizan por la presencia de rasgos con presencia, influencia o contacto Olmeca evidenciados principalmente en materiales cerámicos con decoraciones incisas, esgrafiadas de motivos triangulares, de cocción diferencial, con baño blanco y líneas incisas paralelas al borde, en figurillas Tres Zapotes (Classic Beatific Type), cara de niño (baby face), Tlatilco, así como también formaciones troncocónicas y construcciones de adobe con apisonado de barro (Figura 5).

CLÁSICO (150/200-900 DC)

El Clásico se define en el valle de Maltrata, por el momento, con la presencia de materiales relacionados con la cultura Teotihuacana identificados en los asentamientos de Rincón de Aquila y Tepeyacatitla (Figura 6), principalmente el tipo Anaranjado Delgado, platos de fondo plano, paredes divergentes con pulimento de palillos y frecuentemente con soportes de botón, vasijas de paredes cilíndricas con pulimento de palillos con pintura café y otras con franjas de pintura roja; navajas de obsidiana verde y figurillas moldeadas con rasgos teotihuacanos, elementos que han sido tomados como evidencia de “influencia” o control Teotihuacano, “de filiación Teotihuacana” o de un “carácter fuertemente Teotihuacano” (Plunket y Blanco 1989:125, 126), pero no precisamente productos hechos en Teotihuacan. Especialmente la cerámica Anaranjada Delgado fue producida en el sur de Puebla y distribuida por Teotihuacan, durante sus fases Tlamimilolpa (200-400 DC), y Metepec (650-750 DC).

Figura 5  Figurillas del periodo Preclásico Superior

La relación indirecta con Teotihuacan es clara. Sin embargo es importante resaltar que no hemos localizado vasijas cilíndricas incisas con soportes rectangulares huecos, ni candeleros que indicarían una ocupación de gentes Teotihuacanas.

Analizando la presencia de materiales Teotihuacanos en el valle se puede argumentar lo siguiente: si una de las rutas de intercambio en Mesoamérica, bajo control Teotihuacano iba desde Teotihuacan hasta el área Maya cruzando la Costa del Golfo, es muy probable, con base en las evidencias encontradas, que esa ruta pasó por el valle de Maltrata, siguiendo el río Blanco y probablemente el Atoyac alcanzando Matacapan en la región de los Tuxtlas, considerado como un enclave Teotihuacano para apoyar el tráfico comercial hacia las tierras Mayas, “cuya función debió ser la de mantener el control y la distribución no precisamente de la obsidiana, sino de la serie de recursos naturales de la región de Los Tuxtlas” (Ortiz 1995:115). Aunque faltan evidencias claras de la presencia Teotihuacana a lo largo del río Atoyac, para el Valle de Maltrata ésta es muy notoria.

Cabe la posibilidad de que funcionó, entre 200-650 DC, como un pequeño enclave Teotihuacano insertado entre la población local y estuvo ligado a la organización y mantenimiento de una de las importantes rutas de comercio de Teotihuacan, es decir como un lugar de intercambio, asentamiento colonial y puerto comercial hacia la Costa del Golfo, quizá a semejanza de Atlixco, al sur de Cholula, que tiene una posible función comercial-administrativa o como una “parada” en un corredor Teotihuacano, como lo sugiere Vega Sosa para el sitio Teteles de Ocotitla, Tlaxcala (Plunket y Blanco 1989; Vega Sosa 1981). Es probable que después de la caída de Teotihuacan hacia 650 DC, la ruta se mantuviera y que el asentamiento de Tepeyacatitla haya sido importante en el comercio posterior a Teotihuacan.

Por otra parte, no se han encontrado evidencias que muestren la presencia de la cultura del Clásico del centro de Veracruz, como caritas sonrientes, dioses narigudos, cerámicas con decoración roja sobre blanco, rojo sobre naranja, rojo y naranja sobre laca esgrafiado y raspado, e incluso yugos, hachas y palmas características de la cultura Remojadas que Medellín ubica en sitios y áreas como La Mixtequilla, Zapotal, Nopiloa, Loma de los Carmona y Dicha Tuerta (Medellín 1960).

Figura 6  Figurillas del periodo Clásico

EPICLÁSICO (700-900 DC), Y POSTCLÁSICO (1900-1521 DC)

El Epiclásico en Mesoamérica se relaciona con la caída de Teotihuacan, Matacapan, Kaminaljuyu y Monte Albán, entre otros, y el surgimiento de sitios que toman el control de las rutas como Xochicalco, Tula, El Tajín, Cacaxtla, Kabah y Sayil. En Maltrata se puede caracterizar por medio del Monolito I que comparte elementos iconográficos con Xochicalco, El Tajín, Teotihuacan, Cacaxtla y la zona Maya; y cabría la posibilidad que las estructuras identificadas en La Mesita, cerro localizado al norte del centro del valle, correspondan a ese periodo de transición por la cercanía del monolito.

La situación de Maltrata durante el Epiclásico aún está por investigarse, es probable que la ruta se haya mantenido, pero nos faltan evidencias para afirmarlo. Posiblemente a semejanza de Teotihuacan también fue afectado por la inestabilidad política y los cambios que afectaron al Altiplano.

Los estudios de fuentes escritas y pictográficas muestran que durante el Epiclásico y Posclásico varios grupos llegaron al valle. Origen, orden cronológico, duración e intensidad de su presencia varían, lo que debe reflejarse en la cantidad de materiales arqueológicos producto de cada uno de esos grupos.

Algunos rasgos Toltecas pudieron haber llegado al valle de manera indirecta a través de Cholula, durante las invasiones de los Chichimecas, quienes debieron introducir la cerámica de tradición Mixteca-Puebla. Los Chichimecas parecen haber colonizado el valle, y buena parte del centro de Veracruz, siendo ellos quienes recibieron a los Pinome y Aztecas.

Existen claras evidencias del Postclásico principalmente en el área del sitio de Rincón Brujo, al norte de Maltrata, en Teteles de los Barriales, La Mesita, Tetel del Calvario, Tetel de la Barranca Apiaxco y gran parte de la villa (ubicados al este del valle). Se caracteriza este periodo por el momento con base en algunas figurillas más elaboradas y cerámica del complejo Mixteca-Puebla como los tipos Cholulteca, Fondo Sellado, Negro sobre Crema y cerámicas Aztecas que evidencian relaciones con el Altiplano, el valle de Puebla-Tlaxcala (Cholula), el valle de Tehuacan y la cuenca de México.

Se podría suponer que en el área de Rincón Brujo se ubicaría el altepetl de Matlatlán porque la presencia de material cerámico Mixteca-Puebla y Azteca relacionados con los Chichimecas y Aztecas, eran los grupos que habitaron la región, además está más cerca de la República de Indios de San Pedro Maltrata, hoy en día la villa de Maltrata (García Márquez 2002).

EVIDENCIAS CULTURALES ALREDEDOR DEL VALLE

Durante los recorridos selectivos se encontraron dos montículos aislados, un conjunto de cuatro montículos con un patio hundido, un posible taller de pedernal, dos puestos estratégicos en la parte más alta del cerro, con un dominio visual del territorio. Tres vestigios de calzadas que datan seguramente de la época colonial y el inicio de otras tres, además tres probables fortines cerca de dos de ellas, dos de forma circular y otro cuadrangular.

La evidencia arqueológica se localizó principalmente en la parte alta de los cerros y de manera dispersa en los lomeríos. Esta situación se puede observar en la distribución de los poblados actuales, y nos podría indicar un paralelismo en la utilización del mismo terreno en periodos de tiempo distintos.

En cuanto al material arqueológico, la cerámica varía en sus características físicas, tenemos de pastas finas, burdas, con pintura, mayólicas vidriadas y figurillas. Entre la lítica existen artefactos de basalto como fragmentos de manos y de piedras de moler; en la obsidiana identificamos lascas, puntas de flechas y un excéntrico. El color de la obsidiana es verde, gris opaca, transparente, veteada y negra. Hay gran cantidad de lascas de pedernal de varias tonalidades: obscuras, claras o algunas casi transparentes, sin embargo no se encontraron puntas de proyectil terminadas. Asimismo existe abundante calcita de varias tonalidades.

Con respecto a las probables rutas seguidas en la época prehispánica, definidas éstas por la presencia de material cerámico, se considera que el actual camino que inicia al suroeste, en el cementerio de Maltrata pasando por Cruztitla, es el más ligero para el Altiplano pero más largo, en relación con las rutas seguidas por las calzadas, que pasan por terrenos muy accidentados entre las barrancas. Este camino además nos comunica con el valle de Acultzingo, el cual inicia desde Ciudad Mendoza y es otra ruta para el Altiplano utilizada posiblemente desde la época prehispánica hasta la actualidad. El tiempo que se necesita para ir al Altiplano puede variar, dependiendo de la vereda utilizada; el más cercano se encuentra al inicio de la parte designada localmente como los Tepetates y se dirige a las cumbres de Maltrata, la distancia aproximada es de 7 km los que pueden ser caminados en un tiempo de una hora y media, partiendo de una altura de 1740 m hasta los 2440 m sobre el nivel del mar en el Altiplano.

Otra se ubica al oeste de Aquila: iniciando en Maltrata, la distancia a Aquila son 4 km recorridos en un tiempo de 40 minutos, con una altura inicial de 1740 a 1900 m sobre el nivel del mar, después la pendiente con mayor desnivel se prolonga hasta 2440 m, con una distancia aproximada de 5 km con un tiempo aproximado de una hora, en total 9 km recorridos en una hora con 40 minutos. El camino con mayor distancia pero con menor inclinación, inicia al sur de Maltrata y se dirige a Cruztitla, después al Altiplano. El tiempo aproximado es de dos horas y media con una distancia de 15 km, iniciando a una altura de 1740 m y termina a 2700 m sobre el nivel del mar.

De acuerdo al material obtenido y a su ubicación se puede decir que el camino al Altiplano no es uno solo, éste varía según la temporalidad y tal vez existen algunos caminos secundarios que comunicarían con lugares cercanos, ya sean entre las unidades habitacionales localizadas en las laderas, los puestos de vigilancia o entre regiones cercanas como Acultzingo.

CONCLUSIONES

La información que se está recabando es relevante para analizar la infraestructura socio-económica y política de asentamientos cuya principal función fue la de apoyar y controlar un tráfico multi-direccional.

Los antecedentes de investigaciones en el valle fundamentaban su importancia en su relación con la ruta Costa-Altiplano. Los datos muestran una intensa ocupación en el valle a la que no se le había dedicado el tiempo y dinero suficientes. De hecho el oeste del Estado de Veracruz ha sido muy poco estudiado mediante proyectos formales. Los investigadores interesados en la arqueología veracruzana no veían la importancia de la región concentrados en estudiar grandes zonas de monumentos como El Tajín, Cempoala, San Lorenzo, Filobobos, el área Olmeca, entre otras.

No sólo fue un lugar de paso sino que tuvo asentamientos complejos por la forma en que modificaron la topografía entre otros. El recorrido selectivo demostró que existen sitios en los pasos de montaña, tanto prehispánicos como coloniales, que aparentemente servían para controlar el flujo de viajeros.

El valle no sólo permite un acceso viable, también cuenta con una variedad de recursos naturales para sostener las necesidades de una gran población local, con excedentes de producción suficientes para atender a los viajeros y realizar intercambio.

Aunque el medio ambiente actual del valle, concretamente la vegetación, no debe ser el mismo que hace 3000 ó 3500 años, su relación con los asentamientos humanos no es muy difícil de entender. Asentados principalmente cerca de las fuentes de agua como el río Maltrata, así como manantiales subterráneos aún existentes y posiblemente zona lacustre, en la parte noreste. Contaron con el elemento básico para vivir de manera permanente y estable, y facilitaron a los pobladores de fauna y vegetales acuáticos semejantes a los existentes en regiones como la cuenca de México, valle Puebla-Tlaxcala y valle del río Atoyac. Asimismo, las corrientes fluviales provenientes de las barrancas arrastraron sedimentos que generaron una planicie aluvial de suelos fértiles, propicios para la agricultura. Los bosques de montaña media y alta que rodean al valle proveían de recursos de cacería, madera y especies vegetales. Además, los yacimientos naturales calcita, pedernal, basalto y roca caliza, así como la obsidiana del Pico de Orizaba, proporcionaban materia prima para la elaboración de artefactos y de materiales de construcción.

Todo lo anterior sostiene la hipótesis de que el valle ha sido un punto clave en la comunicación, entre la Costa y el Altiplano Central. Se trata de una región con información clave, debido a la diversidad de grupos humanos que utilizaron sucesivamente el valle de Maltrata como paso.

Por las observaciones geológicas, de paleo-dieta y arqueología sabemos que existió un ambiente lacustre en la parte este del valle, fuente de una dieta, básicamente acuícola, de los habitantes del Preclásico que ocuparon la parte oeste del valle, en tierra seca.

Así mismo, el propio valle ha ofrecido evidencias de elementos antes desconocidos en el centro de Veracruz, como las tumbas tronco-cónicas, uso de adobes y tipos cerámicos. Las formaciones tronco-cónicas o en forma de botellón son conocidas en regiones de Guerrero, del valle de México, de los valles de Oaxaca y comienzan desde el Preclásico inferior terminando en el Preclásico Superior. Sobre su uso existen diferentes opiniones: barreras, graneros, baño de vapor, tumbas o habitaciones subterráneas (Walter 1971). En el caso de las formaciones descubiertas en Maltrata se piensa que unas fueron usadas como tumbas y otras posiblemente como graneros y basureros.

Destaca el área explorada por las condiciones aceptables de conservación, tanto de bienes muebles como inmuebles, así como la abundancia y variedad del material cerámico, lítico y óseo; debe decirse que ahora se cuenta con una colección osteológica analizándose en el laboratorio del Instituto de Investigaciones Antropológicas (UNAM), por lo que será el primer estudio osteo-biográfico de la antigua población veracruzana, desde el Preclásico hasta la Colonia. La arquitectura monumental tuvo el uso constante de estuco, piedra labrada, apisonados de barro, montículos de tierra, amplias plazas con piso de estuco, drenaje pluvial y terrazas en el pie de montaña.

El impacto de los resultados se está dando poco a poco en el ámbito académico pues no se había considerado que en un pequeño valle se encontraran tantos datos. Por ello la finalidad de los productos que se presentan es dar a conocer en el ámbito de la profesión los nuevos hallazgos y aportaciones al conocimiento de la arqueología e historia regional y mesoamericana para someterlos a discusión.

Actualmente se continúa en la etapa de análisis de los materiales que darán datos más precisos para poder realizar excavaciones en área en lugares concretos, surgiendo otras líneas de investigación.

Agradecimientos

El proyecto recibió financiamiento de CONACYT durante 1999-2002, asimismo obtuvo apoyo académico y financiero al formar parte del proyecto multidisciplinario “Entre la Costa y el Altiplano: Tres mil años de cultura y sociedad en el valle de Maltrata” y del “Del altepetl a la urbe: población y cultura indígena en la región de Orizaba” coordinado por el Dr. Carlos Serrano Sánchez, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Finalmente se cuenta con el apoyo del H. Ayuntamiento de Maltrata, Veracruz. El trabajo de campo se realizó con pasantes de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana, quienes tuvieron la oportunidad de desarrollar un tema de tesis de licenciatura, asimismo se contó con la colaboración de investigadores del Centro INAH-Veracruz, INAH-Puebla y la UNAM.

REFERENCIAS

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