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06 Proyecto Costa Maya: Reconocimiento arqueológico de la esquina noroeste de la Península de Yucatán – Fernando Robles Castellanos y Anthony P. Andrews – Simposio 17, Año 2003

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Robles Castellanos, Fernando y Anthony P. Andrews

2004        Proyecto Costa Maya: Reconocimiento arqueológico de la esquina noroeste de la Península de Yucatán. En XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2003 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía), pp.41-60. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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PROYECTO COSTA MAYA:

RECONOCIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA ESQUINA NOROESTE DE LA PENÍNSULA DE YUCATÁN

Fernando Robles Castellanos

Anthony P. Andrews

La esquina noroeste de la península de Yucatán es quizá la región más árida de las Tierras Bajas Mayas. Esta parte del área Maya, que abarca una superficie de 2221 km², está demarcada al sur y al este por los tramos carreteros que comunican al puerto de Celestun con la ciudad de Mérida y a ésta con el puerto de Progreso, en tanto que por el norte y el oeste termina en la costa del Golfo de México (Figura 1). La región comprende cuatro zonas fisiográficas de marcados contrastes:

1.        La costa está formada por una estrecha franja de arena, periódicamente es sajada en varias partes por los embates del mar y de los huracanes que a menudo azotan el Golfo de México. Este fenómeno permite la entrada de la corriente marina hacia el interior y forma una serie de rías o esteros detrás de la franja de arena.

2.        La zona de manglar corre paralela al litoral del Golfo y constituye una selva fangosa que cierra el paso entre la ría y tierra firme.

3.        La sabana es una zona de humedales que se caracteriza por el tzekel o terreno calizo, que se inunda en la temporada de lluvias, en donde aflora la laja caliza y puebla un mosaico de escasa vegetación de zacatales, plantas xerófitas y arbustos espinosos. En esta zona aparecen esporádicamente “islas” de selva alta conocidas como petenes, que contienen vegetación exuberante, con manglares, palmeras, palo de tinte, y frecuentemente, afloramientos de agua dulce.

4.        Tierra adentro: la naturaleza da paso a una planicie calcárea de monte bajo, de raquítica sedimentación y escasa precipitación pluvial. En esta parte existe una cantidad numerosa de cavidades en el suelo calizo que facilita la extracción de agua dulce de las corrientes subterráneas, ya que en muchos lugares el nivel freático se halla muy cerca de la superficie.

A pesar de su cercanía a la ciudad de Mérida, la investigación arqueológica de la esquina noroeste de la península de Yucatán estuvo rezagada hasta finales del siglo XX. En parte, esto último ocurrió por tratarse de una zona semi-árida supuestamente sin capacidad agrícola para soportar poblaciones de importancia en la época precolombina. Los primeros vestigios prehispánicos que se reportaron fueron los montículos costeros de Progreso, cuya existencia se “descubrió” en la década de 1860, y se destruyeron durante la edificación del moderno puerto de Progreso (Castro 1869). En las décadas de los años 1940 y 1950 es cuando se emprendieron las primeras investigaciones arqueológicas en el noroeste de Yucatán, conducidas por la Institución Carnegie Institution de Washington.

Figura 1  Mapa del noroeste de Yucatán, que muestra la ubicación de sitios prehispánicos

En ese entonces se localizaron el centro mayor de Tzeme (Andrews 1942), y los vestigios prehispánicos de los pueblos de Caucel, Ucu, Hunucma, Kinchil, y del sitio Tuc/Zapote (CY-264; Roys 1949, 1952, 1957; Shook y Proskouriakoff 1951; Shook 1955; Thompson 1951). En el curso del Programa de Investigación Arqueológica en Dzibilchaltun, conducido en los años de 1960 por el Middle American Research Institute de la Universidad de Tulane, se cartografiaron y excavaron los sitios Preclásicos de El Mirador (# 257), y Komchen (# 187; Andrews y Andrews 1980). Este último se volvió a investigar intensivamente a principios de los años 80 (Andrews et al. 1984; Ringle 1985). Como parte del mismo programa, en 1968 Jack Eaton llevó al cabo un recorrido por la costa oeste y norte de la península de Yucatán, en donde localizó 12 sitios costeros entre Celestun y Progreso (Eaton 1978; Ball 1978). Posteriormente, en 1971 el periodista Luis Ramírez reportó la existencia de Tzikul (# 123), un asentamiento costero situado en la margen posterior de la ría de Chuburna puerto (Ramírez Aznar 1971).

En la segunda mitad de la década de los 70, los miembros del proyecto Atlas Arqueológico del Estado de Yucatán, bajo los auspicios del INAH de México, volvieron a registrar y ubicar la posición de 25 sitios previamente reportados en nuestra región de estudio, así como la de 41 sitios prehispánicos adicionales (Garza y Kurjack 1980). Posteriormente, durante los recorridos de prospección arqueológica del trayecto de una línea de transmisión eléctrica, el personal del Centro INAH de Yucatán descubrió la existencia de tres sitios más en el noroeste de la ciudad de Mérida. En resumidas cuentas, hasta antes de comenzar nuestras labores en el campo existía información arqueológica, en menor o mayor grado, sobre tan sólo 69 sitios prehispánicos en toda la región en cuestión.

Desde enero del 2000, los autores de este artículo hemos estado dirigiendo los trabajos de investigación arqueológica de los sitios prehispánicos e históricos que se localizan en esta zona. Como una continuación de los trabajos de prospección arqueológica realizados por el proyecto del Atlas, nuestras actividades en el campo han tenido los objetivos de:

1.        Localizar y documentar arqueológicamente la mayor cantidad posible de los sitios prehispánicos e históricos en la región noroeste de Yucatán – esta información viene a ampliar la base de datos de los archivos del Atlas Arqueológico del Estado de Yucatán, que tiene entre sus propósitos servir de fundamento a la planificación de las estrategias de preservación e investigación futura del patrimonio cultural de Yucatán.

2.        El investigar la índole de las interrelaciones entre los sitios costeros y los de tierra adentro, así como las distintas formas en las que éstas fueron afectadas no sólo por las vicisitudes de carácter político tanto del área Maya como del resto de Mesoamérica, sino también por las modificaciones a las redes de intercambio a larga distancia y los drásticos cambios climáticos en el litoral campechano-yucateco. En un nivel local, pretendemos obtener evidencias arqueológicas que nos ayuden a discernir las formas de interacción política y económica que se establecieron entre los grandes centros rectores Mayas del norte de la península y los sitios del litoral yucateco.

PROCEDIMIENTO EN EL CAMPO

La región investigada fue dividida en tres zonas, cada una de los cuales se exploró sucesivamente en las temporadas de campo de 2000-2002. En cada sitio efectuamos una minuciosa exploración de la parte central, y recorrimos sus contornos para delimitar la extensión aproximada del asentamiento con un GPS. Con brújula y cinta levantamos planos individuales de los núcleos arquitectónicos de los sitos más importantes de la región. Asimismo, recogimos material cerámico y lítico y recopilamos información sobre los rasgos arquitectónicos y escultóricos visibles en los edificios, todo ello con el fin de poder determinar los periodos de ocupación en cada uno de los sitios. En el caso de los sitios coloniales y de la época reciente, los registros históricos también nos ayudaron a datar el periodo en el que algunos de los sitios estuvieron habitados y también nos proporcionaron datos sobre su función.

Concluidos los recorridos, nos encontramos con un total de 247 asentamientos prehispánicos y 153 sitios históricos registrados, cuya lista incluye caseríos, pueblos, puertos costeros y centros urbanos prehispánicos (Figura 1, 1A y 1B), así como ranchos, haciendas y pueblos y puertos coloniales e históricos (Figura 2, 2A y 2B). La cronología cerámica de la región ha revelado una sucesión continua de asentamientos, que se inicia durante la segunda parte del Preclásico Medio (700-400 AC), y llega hasta la actualidad, y cuyos aspectos histórico-culturales más relevantes se discutirán a continuación.

LOS ASENTAMIENTOS PREHISPÁNICOS

Si bien el análisis de la cerámica es aún preliminar, hemos comenzado a descubrir en la esquina noroeste de la península de Yucatán una serie sucesiva de patrones generales de distribución espacio-temporal de los sitios explorados. Parece ser que los primeros pobladores arribaron a la esquina noroeste de Yucatán alrededor del 700 AC. Étnicamente, éstos fueron grupos Mayas que ya contaban con una avanzada organización socio-cultural y una elaborada tradición cerámica, a la cual se le designa como Nabanche Temprano, análoga a la alfarería Mamom de las Tierras Bajas Centrales de la segunda mitad del Preclásico Medio (Andrews 1990). La mayoría de los sitios que los Mayas fundaron se concentraron entre lo que hoy es la ciudad de Mérida (T’ho), y el pueblo de Hunucma. En tanto que más al oeste, en la amplia porción de terreno que existe entre Hunucma y el litoral del Golfo, fueron escasos los sitios que se establecieron y éstos exhiben un patrón disperso. Significativamente, a la fecha no hemos hallado evidencias cerámicas que nos sugieran que la costa noroeste de la península hubiese estado ocupada durante el Preclásico Medio y sólo en el sitio costero de Tzikul (# 123), situado al costado sur de la ría de Chuburna, pudimos hallar unos cuantos tiestos Nabanche Temprano. Porqué los primeros pobladores optaron por asentarse mayormente entre Hunucma y Mérida es aún una incógnita, pero suponemos que la mejor calidad de la tierra influyó en esa decisión.

Figura 1A  Mapa del noroeste de Yucatán, Sección A

Figura 1B  Mapa del noroeste de Yucatán, Sección B

Figura 2  Mapa del noroeste de Yucatán, que muestra la ubicación de sitios históricos

Figura 2A  Mapa del noroeste de Yucatán, Sección A

Figura 2B  Mapa del noroeste de Yucatán, Sección B

Según parece, durante el Preclásico Medio existió una jerarquía de sitios compuesta de tres rangos, de los cuales Xtobo 1 es sin duda el sitio más grande de esa época (# 166), que encontramos en nuestros recorridos. Situado a 7 km al oeste de la ciudad de Mérida, el asentamiento de Xtobo 1 abarca un área mayor de 1.5 km² y cuenta con un núcleo arquitectónico imponente para tan temprana época. La inmensa mayoría de los tiestos hallados en la superficie y en tres pozos de prueba, data del Preclásico Medio, y sólo unos pocos tiestos atestiguan esporádicas ocupaciones en el sitio durante el Clásico Temprano y Tardío. La parte central está configurada por una plaza cerrada en cuyos costados norte y este desplantan sendos basamentos piramidales de más de 7.50 m de altura. De la esquina noroeste de la plaza salen dos pequeñas calzadas de piedra o sacbeoob que llegan a un par de conjuntos arquitectónicos monumentales situados a corta distancia. Contigua al costado al sur de la plaza se encuentra una pequeña cancha de Juego de Pelota. De ahí parte hacia el sur otro sacbe de 100 m de largo, que comunica al Juego de Pelota con el Grupo Triádico más grande de los tres que descubrimos en el sur de la parte central del sitio (de hecho los únicos grupos triádicos hallados hasta el momento en el noroeste de Yucatán). Por todo lo anterior, consideramos que Xtobo 1 es el asentamiento que más probabilidades tiene de haber sido la capital regional del noroeste de Yucatán en el Preclásico Medio (Anderson 2003).

Una serie de asentamientos con núcleos arquitectónicos de tamaño mediano conforman el siguiente rango en la jerarquía, en tanto que pequeños caseríos y sitios en donde las evidencias de ocupación se restringen a unos cuantos tiestos constituyen el tercer rango. En particular, los sitios secundarios de esa época cuentan con estructuras de modestas dimensiones, entre las que destacan las llamadas “Chan Acrópolis” (acrópolis pequeña), o amplias plataformas bajas sobre las que se levantaron estructuras residenciales y basamentos piramidales de entre 3 y 5 m de altura, que delimitan patios cerrados.

La mayor parte de dichos sitios también cuenta con pequeñas canchas de Juego de Pelota. Así, concluida la temporada de campo de 2002, pudimos registrar en el noroeste de Yucatán un total de 25 sitios con canchas de Juego de Pelota (Figura 3, 3A y 3B). Excepto en dos sitios, los tiestos recogidos tanto en la superficie como sobre las estructuras de los Juegos de Pelota datan predominantemente del Preclásico Medio, y sólo una cantidad insignificante de tiestos corresponde a periodos posteriores. También obtuvimos un reducido número de tiestos procedentes de varios pozos de prueba y de los núcleos constructivos de algunas estructuras de los Juegos de Pelota, que habían quedado expuestos por la acción de los saqueadores. Asimismo, salvo unos cuantos tiestos del Clásico Tardío recuperados en las primeras capas de algunos pozos de prueba, todos los tiestos corresponden al horizonte cerámico Nabanche temprano.

Todas las canchas de la región tienen una orientación astronómica hacia el norte, entre 345º y 25º Azimut. Las estructuras paralelas que conforman los Juegos de Pelota miden entre 20 y 25 m de largo, 5 y 8 m de ancho, 1.50 y 2.20 m de altura, en tanto que el espacio para jugar varía entre 6 y 7 m de ancho. También cuentan con una plataforma que cierra uno o dos de los extremos de la cancha. Por lo común, los Juegos de Pelota se localizan en la parte central de los sitios, cerca de las “Chan Acrópolis”, y en algunos es la estructura principal y eje del asentamiento lo que indica la importancia que tuvieron para los primeros habitantes de la región (Lawton y Medina 2002). Esta peculiar concentración de sitios del Preclásico Medio, con sus respectivas canchas para el Juego de Pelota, no tiene paralelo en el área Maya y, de hecho, tampoco en otra región de Mesoamérica.

En el subsiguiente periodo Preclásico Tardío (300 AC – 250 DC), los centros rectores primitivos se abandonan y parece que hubo un declive en el número de sitios ocupados en la zona del interior, que se acentuó en el Clásico Temprano (250-550 DC). De hecho, las únicas estructuras fechadas al Preclásico Tardío son las de Komchen (# 187), en el extremo oriente de la zona de investigación. Este sitio llegó a abarcar 2 km² de extensión (Ringle 1985). Además se cuenta con los trabajos de salvamento arqueológico más recientes efectuados tanto en el centro de la ciudad de Mérida como su periferia, mismos que han hecho evidente que la metrópolis Maya de Ichcanziho o T´ho, fundada en el Preclásico Medio, inició su ascenso regional en el Preclásico Tardío y que en el Clásico Temprano entró en un periodo de auge demográfico y actividad constructiva monumental de estilo “megalítico”.

Figura 3  Mapa del noroeste de Yucatán, que muestra la ubicación de sitios con Juegos de Pelota

Figura 3A  Mapa del noroeste de Yucatán, Sección A

Figura 3B  Mapa del noroeste de Yucatán, Sección B

Para el Clásico Temprano, se estima que el antiguo asentamiento de T’ho llegó a abarcar 9 km² de extensión (Ligorred s.f.; Fernández 1992; Peña Castillo 2002; Vargas y Sierra 1991). Así, es probable que durante el Preclásico Tardío y el Clásico Temprano, la creciente demanda de servicios y de mano de obra propició que la mayor parte de los habitantes del noroeste de Yucatán terminara radicando en los grandes centros de población como T’ho y Komchen, mientras que el resto de la región se transformó en una zona rural.

Por otra parte, a partir del Preclásico Tardío, en la costa comenzaron a establecerse varios caseríos en un patrón disperso, algunos de los cuales llegaron a transformarse en el Clásico Temprano en importantes puertos costeros, tales como Cerros de Caracoles (# 13), y Tzikul (y poco más al oriente de nuestra región de estudio, Tamul y Xcambo; Ceballos Gallareta 2003; Eaton 1978; Ramírez Aznar 1971; Robles y Andrews 2003; Sierra Sosa 1996-98). De estos, Tzikul es el más extenso y monumental. Situado al costado sur de la ría de Chuburna, el asentamiento portuario de Tzikul abarca un área de un 1.5 km². La parte central está compuesta de una plaza cerrada de 100 m por lado en cuyos costados norte y sur se yerguen sendos basamentos de más de 5 m de altura. El puerto también cuenta con una pequeña cancha de Juego de Pelota y un temascal o baño de vapor de forma circular. La mayor parte de los tiestos recogidos en la superficie del sitio, así como en los núcleos constructivos de algunas estructuras expuestos por la acción de los saqueadores, data del Preclásico Tardío/Clásico Temprano y sólo unos cuantos tiestos se han fechado para el Preclásico Medio.

Sin duda, en el Clásico Temprano Tzikul se erigió en el principal puerto de comercio a larga distancia del litoral noroeste de Yucatán y en el eje del intercambio costero con los grandes centros de población aledaños de tierra adentro. Asimismo, es probable que Tzikul formara parte de la serie de enclaves marítimos emplazados en el litoral yucateco-campechano, a través de los cuales los Mayas yucatecos en el Clásico Temprano llegaron a establecer contacto con Teotihuacan, la gran metrópoli del centro de México. Ahí, en el “Barrio de los Comerciantes” en contextos de la fase Xolalpan (350-550 DC), se han hallado cerámicas Mayas de incuestionable procedencia del noroeste de la península de Yucatán (Ceballos Gallareta 2003; Rattray 1991).

Durante el Clásico Tardío/Terminal (550-1100 DC), hubo un aumento gradual en la ocupación de sitios en la esquina noroeste de Yucatán, que suman un total de 128, distribuidos a través de la zona. De hecho, el Clásico Tardío/Terminal representa el periodo de mayor densidad demográfica, complejidad socio-política y diversificación de la cultura de los Mayas prehispánicos del norte de la península de Yucatán. En particular, la evidencia a la mano nos permite suponer que para entonces los sitios del noroeste de Yucatán llegaron a formar parte de tres comarcas político-culturales distintas. Dos de ellas interiores, tuvieron como epicentros a las metrópolis de Tzeme y Dzibilchaltun, cada una con su distintivo repertorio cerámico. Por otro lado, los sitios costeros pasaron a formar parte de otra comarca costera que hoy sabemos abarcó el litoral campechano-yucateco que se extiende entre Sabancuy al sur y las Bocas de Dzilam al norte, y sus cerámicas guardan estrecha relación con las tradiciones de alfarería del centro-suroeste de Campeche (Ball 1978:135; Jiménez Álvarez 2002; Jiménez, Ceballos y Sierra 2000).

Nuestros recorridos no han dejado duda de que Tzeme es el asentamiento más extenso y monumental que hubo en el Clásico Tardío/Terminal en el interior de la esquina noroeste de Yucatán, y para entonces la capital indiscutible de su comarca. Dicha metrópolis cubre una área de más de 4 km² y su arreglo urbano consta de varias acrópolis o “grupos plaza” con arquitectura monumental, comunicados por siete sacbeoob (Lawton 2003). Otros sitios coetáneos de relevancia regional, pero mucho más chicos, son Ku’uk (# 2), Chunchen (# 3), Chu’ku (# 52), Kaxek (# 49), Chuk’te (# 32) y Muka (# 195). Todos ellos son sitios de rango 3 en la clasificación del Atlas Arqueológico del Estado de Yucatán, la mayoría de los cuales se localiza a más de 10 km de distancia de Tzeme.

A estos le siguen pueblos menores y caseríos dispersos, que en su totalidad presentan un patrón de asentamiento jerárquico de cuatro niveles, característico de un sistema estatal. Al igual que en el resto del septentrión peninsular, tanto en Tzeme como en los sitios circunvecinos la alfarería pizarra (grupos cerámicos Muna y Ticul), es abundante y constituye el “marcador” por excelencia del Clásico Tardío/Terminal. Sin embargo, la vajilla pizarra local se distingue por tener un engobe de color “crema-caolín”, que la distingue de las vajillas pizarras que se produjeron en otras regiones, cuyos colores de base son el café-claro o el gris (Robles 2000).

La vajilla Anaranjado Fino “X” o grupo Silho, tan abundante en la distante Chichen Itza y que probablemente se importó de la costa sur de Campeche, constituye un integrante exótico del inventario cerámico distintivo de los sitios de la “comarca cerámica” de Tzeme. La distribución de este particular repertorio cerámico en la esquina noroeste de Yucatán abarcó por el norte y el oeste hasta la zona de los manglares, en tanto que por el sur se extendió por lo menos hasta el sitio de Cuzamal, distante 15 km al sur de Tzeme. Tal parece que el límite oriental se encontraba en Muka, sitio ubicado 19 km al oriente de Tzeme, pues a partir de ahí y hacia el este, en los sitios explorados ya no se encuentran tiestos de “Pizarra Tzeme” y de Anaranjado Fino Silho, y en su lugar comienzan a aparecer fragmentos de una variante diferente de la alfarería Pizarra y de otros tipos cerámicos contemporáneos (Lawton 2003; Robles y Andrews 2003).

En efecto, en los sitios que caen al este de nuestra región de estudio, aledaños a la ciudad de Mérida, predominan los tiestos de una vajilla Pizarra de color café mate y las tinajas Ich Cansiho Estriado, así como las ollas Chuburna Café. Además, los tiestos Gris Fino Chablekal reemplazan a los del Anaranjado Fino Silho. Todas estas cerámicas, que corresponden al complejo Copó I-II de Dzibilchaltun de los periodos Temprano y Floreciente (Clásico Tardío/Terminal; Andrews y Andrews 1980: 272-75; Pool 1997), son prácticamente inexistentes en la “comarca cerámica” de Tzeme. Por lo cual, es probable que los sitios del levante más bien estuvieron vinculados de manera cultural y política con Dzibilchaltun, que en el Clásico Tardío parece haber desplazado a T’ho como capital de su comarca.

Por otra parte, las extensas excavaciones arqueológicas realizadas en Dzibilchaltun, ciudad Maya situada a12 km al norte de T’ho (centro de Mérida), han dejado en claro que durante el Clásico Tardío/Terminal dicha urbe se erigió en el asentamiento más extenso y monumental de lo que hoy es el distrito de Mérida (Andrews y Andrews 1980; Kurjack 1974; Maldonado 1999-2000), en tanto que en la antigua capital de T’ho y sus alrededores, si bien continuó la actividad constructiva, ésta se concentró en la edificación de plataformas habitacionales y de estructuras abovedadas de estilo “Puuc”, algunas de las cuales parece que se levantaron sobre los grandes basamentos del Clásico Temprano, pero no a la construcción de obras nuevas de carácter monumental (Josep Ligorred, comunicación personal; Fernández 1992; Pool 1997; Vargas y Sierra 1991).

Por todo eso resulta posible que durante el Clásico Tardío/Terminal Dzibilchaltun substituyera a T’ho como sede rectora de su comarca, cuyo nombre ancestral, o el de sus sedes políticas, parece haber sido Ch’iy Chan Ti’ho’ (Maldonado et al. 2002).

En lo tocante a los sitios explorados del noroeste de Yucatán, cuyas cerámicas están relacionadas con la “comarca cerámica” de Dzibilchaltun, dos de ellos parecen haber sido los asentamientos más relevantes: Ch’el (# 138), y Kakamul Uilub (# 229). Ch’el es un sitio de más de 1.5 km² de extensión que se localiza 20 km directamente al oeste de Mérida (T’ho), en el límite poniente de la “comarca cerámica” de Dzibilchaltun. El centro del sitio está formado por una gran plaza en donde se alza un basamento de cerca de 15 m de altura y otros montículos de considerable tamaño, cuyo arreglo arquitectónico se asemeja a un Conjunto de tipo Grupo E o complejo astronómico del Preclásico (Anderson 2003). Sin embargo, la cerámica hallada en la superficie y en tres pozos de prueba no deja duda de que las construcciones de Ch’el datan, cuando más temprano, del Clásico Tardío. Todo lo anterior nos permite suponer que Ch’el fungió como centro intermediario entre Dzibilchaltun y Tzeme.

Por otro lado, Kakamul Uilub es un asentamiento de 2 km² de extensión que se localiza 25 km al norte de Mérida, a corta distancia al sur de la ría de Progreso (Ramírez Aznar 1976). En la parte central existen varias estructuras alargadas, así como un montículo de 4.50 m de alto y un sacbe de 25 m de largo. Probablemente Kakamul Uilub fue el centro de enlace entre Dzibilchaltun y los sitios de la costa noroeste de Yucatán.

Entre tanto, la mayoría de los caseríos del litoral del Preclásico Tardío/Clásico Temprano continuaron habitados en el Clásico Tardío/Terminal. Sin embargo, tanto Tzikul como los puertos menores de Cerros de Caracoles y Tamul (este último situado poco más al oriente de nuestra región de estudio), parecen haber caído en el abandono. En el Clásico Tardío (después del 550 DC), el centro de control de la costa noroeste se desplazó a Xcambo, sitio ubicado en la ría cercana a actual puerto de Telchac, que entonces se erigió como el asentamiento portuario más extenso y monumental de todo el litoral centro-oeste de Yucatán (Sierra Sosa 1996-98; Jiménez Álvarez 2002; Robles y Andrews 2003).

Más aún, en el Clásico Tardío/Terminal los sitios de la costa noroeste de Yucatán exhiben en su repertorio cerámico un desarrollo cultural divergente al de sus vecinos del interior, vinculado más que nada con las tradiciones de alfarería del litoral campechano-tabasqueño (Ball 1978; Jiménez Álvarez 2002; Jiménez, Ceballos y Sierra 2000).

Otros sitios coetáneos de relevancia son los “puertos-islotes” de El Cerrito (229), ubicado en la ría de Progreso, y Xlabarco (14), emplazado al norte de la ría de Celestun (que sustituye a Cerros de Caracoles como puerto de su rumbo), a través de los cuales seguramente Xcambo mantuvo el contacto con los sitios del litoral campechano de su misma entidad político-cultural. Alrededor del año 700 DC, Xcambo es abandonado (Jiménez Álvarez 2002), y el panorama de la costa noroeste de Yucatán cambió. Si bien a partir de entonces no vuelve a haber un puerto dominante, en la parte terminal del Clásico (900-1100 DC), en la costa noroeste de Yucatán, surgen dos puertos de relativa importancia: uno situado en el sitio ahora ocupado por Progreso (# 227), y el “puerto-islote” de Xkopte (# 87), este último situado a 5 km al oeste del actual puerto de Chuburna, en tanto que más al suroeste el pequeño puerto de Xlabarco (# 14), parece haber continuado en función. En dichos puertos siguen predominando las cerámicas “campechanas” distintivas de la costa, empero, también existe una presencia significativa de materiales cerámicos del complejo Sotuta de Chichen Itza. En Xkopte incluso pudimos hallar varias navajas de obsidiana verde de Pachuca y una cuenta de turquesa. El conjunto de todo esto nos sugiere que antes de la caída del Clásico, los sitios costeros del noroeste de Yucatán llegaron a formar parte de las redes de intercambio a larga distancia que Chichen Itza estableció con el Golfo de México (Andrews 1978; Ball 1978; Robles y Andrews 2003).

Concluida la temporada de campo 2002, pudimos darnos cuenta de que en los sitios de la región en cuestión sólo encontramos unos cuantos tiestos de los tipos cerámicos Mama (Mayapan) Rojo y Yacman Estriado del Postclásico (1100-1542 DC), y que éstos prácticamente no se encuentran en la superficie de los sitios más apartados de Mérida, excepto en Tzeme. De hecho, no encontramos en nuestra región de estudio estructuras asociadas con tiestos de este periodo. Esta evidencia nos hace suponer que a la caída del Clásico la inmensa mayoría del noroeste de Yucatán se despobló, sobre todo el occidente, en lo que fuera la “comarca cerámica” de Tzeme y de la costa del Golfo de México adyacente.

Esta catástrofe parece haber sido consecuencia tanto de la desaparición del poder central regional (Tzeme), como de la ruptura de las antiguas redes marítimas de intercambio a larga distancia y del agotamiento de la escasa tierra cultivable de la región, probablemente a causa del desmesurado crecimiento demográfico que hubo en el Clásico Tardío/Terminal. La situación parece haberse agravado por el impacto adverso de dos fenómenos ambientales que tuvieron lugar entre los siglos X y XII DC. El primero de ellos fue una serie de sequías que en esa época azotó el norte de la península de Yucatán (Hoddel et al. 1995; Leyden et al. 1996), misma que sin duda tuvo mayor repercusión en la región semi-árida del noroeste de Yucatán. El otro fue el aumento en más de un metro del nivel del mar, que pudo ocasionar que el agua salada se infiltrara en los mantos acuíferos de la esquina noroeste de Yucatán más cercanos a la costa. De hecho, a la llegada de los españoles en el siglo XVI, la mayor parte de la esquina noroeste de Yucatán continuaba deshabitada y la escasa población nativa que quedaba radicaba principalmente en los pueblos de Kinchil, Tetiz, Hunucma, Ucu, Caucel y Oxcum, pertenecientes a los cuchcabaloob de Ah Canul (norte), y Chakan. Todos estos pueblos estaban alejados de la costa y dependían para su subsistencia de los recursos de los montes del interior (Okoshi 1993; Roys 1957). También contamos con referencias documentales de que en el Postclásico existieron pequeñas aldeas de pescadores y recolectores de sal en Chuburna puerto y Sisal (Ball 1978:34, 36), de cuya existencia no pudimos hallar evidencias arqueológicas.

LOS ASENTAMIENTOS HISTÓRICOS

Durante el periodo Colonial (1542-1821 DC) nuevos poblados de corte europeo se levantaron sobre las ruinas de los asentamientos prehispánicos de Kinchil, Tetiz, Hunucma, Ucu y Caucel. Las iglesias coloniales de Hunucma y Ucu se erigieron sobre amplios basamentos Mayas, y muchas piedras labradas de sus edificios prehispánicos se pueden apreciar hoy en día empotradas en los muros de las iglesias, casas y haciendas coloniales de la región (Roys 1949, 1952, 1957). Al oeste de la recién fundada ciudad de Mérida (1542 DC), se construyó el camino real a Sisal, que a partir de la segunda mitad del siglo XVI se convirtió en el principal puerto de embarque de Yucatán. Y si bien los hispanos también establecieron una “vigía” costera en Chuburna, la mayor parte del litoral e noroeste de Yucatán estuvo abandonada hasta la segunda mitad del siglo XIX. De igual modo, la amplia porción de terreno que se existe entre Hunucma y la costa del Golfo de México, que en el Posclásico había quedado abandonada, continuó deshabitada hasta finales de la Colonia, con la excepción de dos pequeños asentamientos, en Tzeme (Góngora, Andrews y Robles 2001), y Kaxek (# 49).

Por otra parte, a más tardar en los albores del siglo XIX se establecieron en la parte remota de la esquina noroeste de Yucatán dos comunidades muy poco conocidas: Kaxek y de San Francisco de Paula (o “de los negros”, # 77). El sitio de Kaxek se localiza a 27 km al oeste de Hunucma, e incluye los vestigios de un caserío del Clásico Tardío/Terminal, así como los solares y cimientos de casas absidales de una pequeña villa Maya que estuvo habitada entre la Colonia y principios del siglo XX. Este fue un centro de recolección de palo de tinte (Haemotoxylum campechianum), y de otros productos forestales. Por otro lado, San Francisco de Paula fue un antiguo asiento de “negros huidos”, que se localiza 7 km al sur del puerto de Sisal. La “aldea” abarca un área de 400 x 300 m con una serie de cerca de 28 lotes de forma irregular demarcados por una red de albarradas de piedras levantadas “a junta seca”. Los predios están separados por callejones y en su interior aun se pueden apreciar partes de los muros de lo que otrora fueron las casas, cocinas y pequeñas “bodegas”. Con base en la evidencia cerámica y en ciertas noticias históricas, suponemos que San Francisco de Paula se fundó a fines de la Colonia como refugio de los negros que habían huido de la esclavitud. Según informantes locales, el último mulato que allí vivió abandonó el lugar en la década de 1920.

En su mayor parte, los otros sitios históricos que exploramos en el interior de la región noroeste de Yucatán son de índole rural y pueden dividirse en dos categorías:

1.        Pequeñas estancias, ranchos o haciendas del periodo anterior a la Guerra de Castas (pre-1847 DC), que estuvieron dedicados a la cría de ganado, al cultivo de maíz, a la apicultura y, en menor proporción, a la explotación de los productos del monte tales como las maderas finas, la palma del guano (Sabal sp.), y el palo de tinte.

2.        Grandes haciendas de plantación de henequén del periodo posterior a la Guerra de Castas (post-1850 DC), tales como San Antonio Ch’el, Yaxche de Peón, Texan Palomeque, San Antonio Ool, etc, que tuvieron su auge económico en la “época dorada del henequén de Yucatán” (1880-1920 DC). Es importante señalar que en la mayor parte de las estancias y ranchos del periodo Colonial el régimen de la tenencia de la tierra fue el de pequeña propiedad comunal o privada, mismo que después de la independencia se fue transformando en vastos latifundios que caracterizan a las haciendas del auge henequenero del siglo XIX. Después de las reformas agrarias de la segunda y tercera décadas del siglo XX, los latifundios henequeneros volvieron a convertirse en tierras comunales (ejidos), y en pequeños ranchos particulares.

En la actualidad, la mayor parte de la esquina noroeste de la península de Yucatán está constituida por tierras ejidales, y se encuentra mayormente despoblada y cubierta de monte. La escasa población radica en los pueblos de Hunucma, Ucu, Caucel, Sierra Papacal, Tetiz y Kinchil, y en algunas haciendas que ahora son pueblos, todos ello cercanos a la ciudad de Mérida. La agricultura se ha convertido en una actividad económica marginal y muchas de las tierras del cultivo de henequén han sido reclamadas por la maleza o se han destinado a la cría del “ganado de monte”. Otras actividades productivas son la apicultura, la caza, y la tala de árboles para polines, y el corte de hoja de guano utilizado en la construcción de casas. Afuera de Mérida, Hunucma continua siendo el centro poblacional y económico más importante del noroeste de Yucatán, en donde una limitada cantidad de vecinos se ocupa en la producción de zapatos y en las “maquiladoras”. Sin embargo, muchos lugareños provenientes de todos los pueblos de región trabajan en Mérida como asalariados y regresan a sus casas sólo en los fines de semana. Por otro lado, en el litoral la producción salinera ha decrecido considerablemente en los últimos 50 años y la pesca se ha convertido en el eje de la economía costera, sobresaliendo los puertos de Progreso, Chelem, Chuburna, Sisal y Celestun que cuentan con pequeñas flotas pesqueras. Inmediato al este de Sisal recientemente se han construido inmensos tanques para el cultivo del camarón, y entre Progreso y Chuburna existe una extensa cadena de casas veraniegas, todo lo cual ha comenzado a dañar severamente el frágil balance ecológico de la costa noroeste de Yucatán.

Agradecimientos

Este proyecto fue auspiciado por la National Geographic Society con soporte adicional del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, y del New College of Florida, la Universidad del Sur de Florida, y la Universidad de Tulane. Participaron en la investigación David Anderson, Antonio Benavides R., Rafael Burgos, Ángeles Cantero, Teresa Ceballos., Ángel Góngora., Concepción Hernández, Socorro Jiménez, Crorey Lawton, Juan Carlos Manzanilla, Edgar Medina, Kimberly Sumrow, y Angélica Torres. Agradecemos a Alfredo Barrera Rubio, Luis Millet Cámara, E. Wyllys Andrews V, Miguel Covarrubias Reyna, Tomás Gallareta Negrón, Susan Kepecs, Shirley Mock, Jeremy Sabloff, Diana Trejo, Joann Andrews y Beatriz Repetto Tió, por la asistencia que nos brindaron en varios aspectos de la investigación y del desarrollo del reconocimiento.

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