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79 Aspectos de las exploraciones de rescate arqueológico en el Centro Histórico de Popayán, Colombia – Miguel Méndez Gutiérrez – Simposio 16, Año 2002

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Méndez Gutiérrez, Miguel

2003        Aspectos de las exploraciones de rescate arqueológico en el Centro Histórico de Popayán, Colombia. En XVI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2002 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía), pp.896-903. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

79

ASPECTOS DE LAS EXPLORACIONES DE RESCATE

ARQUEOLÓGICO EN EL CENTRO HISTÓRICO

DE POPAYÁN, COLOMBIA

Miguel Méndez Gutiérrez

Los fenómenos sísmicos del suroeste colombiano han marcado claramente la fisonomía arquitectónica de la ciudad. En especial, el sismo de 1736 destruyó buena parte de las viviendas civiles y asoló los considerados ahora monumentos representativos de la época colonial temprana, entre la segunda mitad del siglo XVI hasta comienzos del XVIII.

Antes del último terremoto de marzo de 1983, se iniciaron exploraciones de rescate arqueológico en iglesias y conventos. Luego de la catástrofe, se intervinieron las unidades conventuales de Santo Domingo, El Carmen y La Encarnación. En todas ellas, al observar paredes y cimientos, se pudo dilucidar la tecnología constructiva y las soluciones antisísmicas producto de la experiencia con este tipo de fenómenos. A continuación se mencionarán algunos rasgos de los resultados de estos trabajos.

POPAYÁN

La ciudad de Popayán, capital del departamento del Cauca y cabecera del municipio del mismo nombre, está ubicada en el suroeste del país. Está recostada sobre las estribaciones occidentales de la cordillera central colombiana. Tiene una elevación aproximada de 1737 m SNM, temperatura promedio entre 19.8º centígrados y precipitación anual de 1.941 mm. Actualmente, el municipio cuenta con una población de 240,000 habitantes, que se divide en urbana (90%) y rural (10%).

Tanto en el área urbana como en algunas zonas rurales del municipio se han encontrado evidencias precolombinas de la época de cazadores y recolectores, alrededor de 8000 años antes de nuestra era. También se han recuperado evidencias de los periodos Arcaico, Formativo, desarrollos regionales y cacicazgos, hasta el momento de contacto con los Españoles.

La ciudad histórica fue fundada en nombre del Adelantado Sebastián de Belalcázar, por su lugarteniente el capitán Juan de Ampudia en el 13 de enero de 1537 (Figuras 1 y 2). El primer alcalde fue don Pedro de Añasco. A la llegada de los europeos la población indígena se denominó “pubenenses” por el cacique que los gobernaba “Pioyá” o “Pubén” (Castrillón 1994:110).

Por el año 1550 se estableció la Real Audiencia de Santa Fe, como primer tribunal civil de la Nueva Granada, iniciándose así el periodo Colonial. No obstante, la ciudad sigue por un tiempo bajo la jurisdicción de la Audiencia de Quito, por mayor cercanía y facilidad de comunicación.

UNIDAD CONVENTUAL DE LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO (Calle 4ª. Carrera 9ª)

A partir de 1981 se emprendieron las primeras exploraciones arqueológicas en el centro histórico de Popayán. Las pruebas iniciales se realizaron en la huerta de la entonces Imprenta Departamental (actualmente Escuela de Restauración), espacio que formaba parte del sector del exconvento de San Francisco. Allí se halló la estructura o contrafuerte de un muro ya desaparecido del claustro, formado por hiladas sucesivas de ladrillos completos, casi completos y fragmentos consolidados con calicanto. Era una estructura anti-sísmica fabricada como respuesta técnica a los frecuentes temblores en la región (Castrillón 1986:300). Luego del terremoto de 1983 y con miras a la restauración del sitio, se emprendieron exploraciones dirigidas por el autor con el concurso de Colcultura, el Ministerio de Cultura, el gobierno Español y otros grupos particulares. Se realizaron cinco campañas a cargo del autor (1983-1984, 1985, 1991, 1993a y b).

Figura 1  La ciudad de Popayán en Colombia

Figura 2  Plano del área central de la ciudad de Popayán, Colombia

Recordemos que los primeros Franciscanos arribaron a México hacia 1524, a Perú a fines de 1531, a Quito entre 1535 a 1538. La más remota presencia Franciscana en el territorio de la Nueva Granada se dio en 1510, con un precario conventillo levantado en Santa María la Antigua del Darién en el Golfo de Urabá. Hacia 1534, arriba a Tumbes (Perú), el Franciscano fray Jodoco Ricke, y luego viaja a Quito junto con los seráficos Gosseal y Rodeñas, donde fundan el primer convento franciscano de América el 25 de enero de 1535 (González 1881:107).

Popayán fue erigida como diócesis en 1546. Hacia 1550 se funda el convento de La Purificación en Santa Fe. En 1569 arriba fray Jodoco Ricke a Popayán, donde vive por 9 años y parece ser uno de los fundadores del monasterio franciscano. Es posible que Fray Jodoco muriese en esta ciudad. Por 1550 otros frailes de la Observancia entraron por Santa Marta y Cartagena, y se erige entonces la provincia Franciscana del Nuevo Reino (Méndez V. 1992:381).

El inicial convento de Regulares Observantes de San Bernardino de Popayán fue el noveno de los conventos Franciscanos instaurados en el Nuevo Reino (1568-1570). El convento subsistió hasta la segunda mitad del siglo XVIII, siendo sustituido por el Colegio de Misiones de Nuestra Señora de las Gracias hasta 1753. Luego fue Centro Misionero desde ese año hasta 1863. El monasterio establecido debió funcionar al principio en casas particulares de bahareque y paja porque “los conventos primigenios generalmente se establecieron en casas civiles adaptadas al culto”. Sobre el primer templo monacal se comenta: “la primitiva iglesia que edificaron los padres de la advocación de San Bernardino era una simple capilla que daba a una estrecha calle” (Méndez V. 1994:117).

UNIDAD CONVENTUAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN

(Carrera 5ª entre  calles 5ª y 6ª)

Fray Agustín de La Coruña, segundo obispo de Popayán llega a la ciudad entre 1565-66. Este fraile empleó buena parte de su celo pastoral en fundar un monasterio de monjas con la doble función educativa y contemplativa. De gran preocupación intelectual, Fray Agustín contribuyó, entre otros escritos, a la conformación de las reglas de los Agustinos de Popayán (“Las Constituciones”, Génova 1693), también se le atribuye la erección del monasterio de frailes Agustinos en 1578.

Para la fundación del monasterio de La Encarnación, por escritura del año anterior, el obispo renunció a todos sus bienes “habidos y por haber, para más y mejor emplear su santo servicio lo que ha habido de la renta de mi obispado o para remedio de doncellas pobres y aumentar la nobleza de esta ciudad…. he comenzado a fundar un monasterio de monjas en esta ciudad e para sustento de ellas…Dios Nuestro Señor permitiere que la dicha obra y casa de monjas…” (Méndez V. 1994:117).

Una vez que la Real Audiencia de Quito permitió la fundación del Convento de las Agustinas Descalzas, se compraron solares y casas, y la instalación solemne se realizó el 23 de marzo de 1591.

Durante 272 años las agustinas permanecieron en el monasterio atestiguando los variados hechos históricos de la ciudad y del país durante la colonia y república, hasta 1863 cuando fueron exclaustradas. Desde esta época no conocemos aún las funciones desarrolladas allí. Pero entre 1898 y 1920, las “Josefinas” o comunidad de San José de Tarbes, se hicieron cargo del claustro y ejercieron la enseñanza en la rama femenina y desde 1927 hasta 1977 lo fueron las salesianas. El terremoto de 1983 las obligó a abandonar el edificio. Luego el recinto fue ocupado por la Gobernación del Cauca. Durante la permanencia de la Gobernación en el sitio se efectuaron las exploraciones iniciales en el llamado “patio de clausura” (pozos de prueba 1 y 2, 1981). Luego de la restauración el recinto fue entregado en 1985 al Colegio Mayor para impartir docencia en carreras intermedias universitarias, función que aún persiste.

La labor educativa femenina está confirmada en diversos documentos, fray Agustín quiso que en este monasterio se educaran hijas tanto de los conquistadores como de los indígenas. Más tarde, en 1607, en un documento proveniente de Quito se aclara que “para erigir el convento de monjas“ porque “el Ordinario puede con el dicho convento y convertirlo en colegio hacer colegio de monjas por su autoridad.”

Otra prueba se observa en un censo de 1807, cuando se alude que “allí había un número apreciable de mujeres con el adjetivo de educandas” (Méndez V. 1994:117). Dos campañas de rescate arqueológico se efectuaron en el claustro (Méndez G. 1981-83 y en el templo 1998-99).

UNIDAD CONVENTUAL E IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE EL CARMEN

(Calle 4ª entre carreras 3ª y 4ª)

Las Carmelitas Descalzas llegaron a Popayán durante el siglo XVIII (1729). La iniciativa de fundar un monasterio se produjo hacia 1720 por parte de los marqueses de San Miguel de La Vega, Don Baltazar Pérez de Viveros y doña Francisca Manrique y Camberos. Se solicitaron las licencias de rigor y aunque al comienzo hubo oposición por parte de las comunidades ya establecidas, finalmente se obtuvo la anuencia real en el 1729 y desde este año hasta 1732 se comenzaron las obras. El terremoto de 1736 afectó lo ya edificado, por tal razón doña Dionisia invitó al arquitecto Gregorio Causí para que culminara el trabajo.

Desde Santa Fe llegaron las cinco primeras monjas. La marquesa las recibió en un alojamiento provisional en el costado sureste de la Plaza Mayor (hoy Parque de Caldas), donde entraron en clausura el día 14 de octubre de 1729. El 29 del mismo mes y año, el Vicario General del Obispado dictó el auto de erección del claustro y se le nombró capellán. Debido a la incomodidad y a falta de mayor silencio, la marquesa adquirió dos solares y una antigua casa en la calle 4ª, suficientes para la construcción del claustro e iglesia donde las religiosas ejercieron su misión contemplativa durante 134 años hasta su exclaustración en 1863 (Méndez G. 1998-1999:75).

En 1870, el Gobierno destinó parte del claustro para Escuela Normal de Varones y otro sector para niñas. Pero en 1889 el sector femenino fue cedido en contrato a la comunidad de los Hermanos Maristas para instalar únicamente un colegio de varones. En 1936, se rescindió dicho contrato y se instaló un cuartel de la policía hasta 1952. En este último año sirvió para un colegio de bachillerato femenino, regentado por las Madres Franciscanas hasta que ocurrió el terremoto de 1983. Luego del suceso y la consiguiente restauración se instala definitivamente allí la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad del Cauca (Méndez G. 1996a:10).

ASPECTOS GENERALES DE LA ARQUEOLOGÍA HISTÓRICA DE POPAYÁN

Desde 1981 se inició un amplio proyecto de investigación arqueológica de rescate en el sector histórico de la ciudad, sobre todo en sitios de monumentos religiosos, templos y conventos, de los cuales se han seleccionado las unidades de San Francisco, La Encarnación y El Carmen, para reseñar en este trabajo. Se pondrá un poco de mayor énfasis en lo referente a la unidad de El Carmen. Otros sitios de esta área han sido muy parcialmente intervenidos: Facultad de Artes (carrera 6ª y calle 3ª), Claustro de Santo Domingo (calle 4ª y Carrera 4ª y 5ª), Caja de Previsión de Unicauca, antiguo Hotel Victoria (calle 4ª entre carreras 3ª y 4ª). Además, aparte de este proyecto se han hecho intervenciones en unidades domésticas, pero hasta el momento se desconocen los resultados de esas pruebas. A continuación nos referiremos especialmente a uno de los sitios mencionados y a los hallazgos allí registrados.

UNIDAD CONVENTUAL DE NUESTRA SEÑORA DE EL CARMEN

Luego del terremoto de 1983 y previo a la planeación y reconstrucción de El Carmen,

la Oficina de Reconstrucción de la Universidad del Cauca decidió dar prioridad a la exploración arqueológica tanto del claustro como de la iglesia. Tres campañas se realizaron en el convento totalizando siete meses, de octubre a diciembre de 1984, y de febrero a mayo de 1985. Ahora se está procesando un notable acopio de materiales culturales menores representativos de las actividades desarrolladas en el interior del claustro, desde el siglo XVIII hasta el siglo XX (e.g., vidrios, monedas, cerámicas, metálicos, etc). Una campaña previa en el interior del templo fue realizada entre marzo y abril de 1966, a cargo de la arquitecta Amparo Bastidas y con el auspicio del Instituto Nacional de Vías, en desarrollo del proyecto de estudios básicos (Méndez V. 1996:46).

El colegio de bachillerato femenino de las Franciscanas ocupó el edificio hasta el día de la conflagración. La comunidad abandonó entonces el sitio y la Universidad del Cauca, con su Oficina de Reconstrucción, ejecutó la obra y la adaptación para las nuevas funciones. Allí se instaló la Facultad de Humanidades que funciona hasta el presente, en donde se desarrollan diferentes programas académicos de pre-grado y post-grado. Dentro de la planeación de las obras se dio importancia y prioridad a los trabajos de rescate arqueológico. Algunos de los elementos evidenciados y registrados fueron:

MUROS

Se observaron muros de ladrillo, tapia pisada y adobe, así como combinaciones de las tres modalidades en sectores; en algunas esquinas refuerzos de piedra de cantera, cantos rodados y ladrillo. Se observó que los sectores de algunos vanos de los muros habían sido clausurados.

VANOS

Estas aperturas se dejaron para nichos o para instalar confesionarios, como en el caso del muro norte de la iglesia que intercomunica el claustro con la iglesia, estos elementos fueron clausurados, algunos de ellos a partir de la exclaustración en 1863, siendo reabiertos algunos de ellos durante las exploraciones de 1984.

CHORRO

En el Patio 3 se restituyó la estructura hemicíclica de un chorro con ocho gradas. Este elemento se halló totalmente destruido, pero se pudo restituir a partir de las huellas de los ladrillos observadas en la cara norte del patio. Su función fue como lugar para el baño de las religiosas de clausura.

TÚNEL

Al interior de un cuarto o habitación se exploró el subsuelo (Cala Int. 27-84) hallándose un túnel de 1 m de ancho por 1.90 m de profundidad. El piso del túnel constituido por losas de piedra, el espacio completamente relleno de arriba a abajo con tiestos de cerámica común y vidriada locales. La trayectoria se dirigía hacia una casa de la carrera 3ª, frente al ala este del convento, funcionando como punto de entrada y salida. La región del Cauca ha sido azotada desde la colonia por contiendas de diversa índole, sobre todo las independentistas y las guerras civiles partidistas de los siglos XIX y XX. El túnel sirvió obviamente para penetrar y refugiarse temporalmente allí las personas acosadas y perseguidas.

CIMENTACIONES

En el muro sur del claustro se implantó la cala (4E-84) para conocer las técnicas de cimentación. En efecto, bajo el piso terminal de baldosas y su correspondiente primario se profundizó y detectó una superposición hasta de cinco hiladas de grandes cantos rodados, cada hilada estaba aglutinada con gravilla y arena. En cada jornada de cantos se encontraron fragmentos de huesos largos de animales domésticos en el relleno. Todo el sistema muestra una cuidadosa ejecución. El muro tiene una anchura de 1.10 m. Se profundizó en esta observación hasta los 1.65 m y la estructura continuaba. En las excavaciones de 1966, dedicadas únicamente al interior del templo, se realizó otra prueba de cimentación (Cala 1-96) contra el mismo muro (en este caso el del norte del templo). La secuencia estratigráfica de la estructura es la siguiente, de arriba abajo.

Piso 1, terminal de baldosas (2 cm), instalado hace unos 60 años; primario de cemento (4.6 cm.); arcillas de tonalidades cafés con escaso material cultural (0.56 cm). Piso 2, de ladrillos rectangulares (15 x 10 x 05 cm), muchos irregularmente colocados, indicando remociones y el reemplazo del piso original del templo, generalmente compuesto de ladrillos cuadrangulares (28 x 28 x 5 cm). Todo este tendido fue dispuesto sobre un relleno de arcillas amarillo-café y aparentemente se colocó hacia 1740, debajo una delgada capa de calicanto a manera de primario (0.5 cm), relleno de arcillas cafés con escaso material cultural, luego cantos rodados como sistema para deshumedecer, enseguida siete hiladas de cantos de cimentación apisonados con arcillas amarillo café muy húmedas al final. La profundidad máxima llegó hasta los 2.24 cm, unos 20 cm por debajo de la última hilada de cantos. La fábrica de esta estructura se implementó entre 1729 y 1734. Los dos sistemas observados son diferentes estructuralmente, pero los principios son los mismos. La experiencia sísmica de la región y la anchura y peso de los muros está plasmada en este cuerpo arquitectónico, al mismo tiempo que sus componentes le daban cierta elasticidad.

PALINOLOGÍA

El sistema de provisión de agua hasta por lo menos el final del siglo XVII estuvo compuesto de aljibes, pozos y el carguío en mulas. El primer acueducto fue donado en 1712 por Jacinto Mosquera y Figueroa, descendiendo el líquido desde el Morro de Tulcán por acequias y estructuras de barro. En 1766, Don Pedro Agustín de Valencia, fundador además de la Casa de Moneda de Popayán, construyó otra red a sus costas. Por último en 1788 Francisco Arboleda y Hurtado construyó otro para dotar de agua potable a varios conventos, entre ellos el de El Carmen. Este sistema perduró hasta 1935 cuando se construyó el nuevo acueducto de Popayán (Méndez G. 1983-84:65). Los desagües del convento, como también los observados en La Encarnación y San Francisco, son cajetas de ladrillo. En El Carmen, al descubrir el chorro ya enumerado y localizar este tipo de estructura, se destapó y se recogieron muestras de sedimentos, las que fueron enviadas al laboratorio BIOSS-Bogotá en 1991 junto con otras del sitio prehispánico Molanga, cercano a la ciudad (edad 1100 años AC). El resultado de este cotejo indicó la similitud botánica de los dos sitios con una mezcla de especies de plantas inferiores (helechos) y superiores (angiospermas), interpretándose la zona como de relicto boscoso andino. No hay evidencia de flora de cultivo ni de pastoreo. El ambiente es de menor humedad, de temperatura más elevada y con predominio de plantas superiores (Méndez G. 1996b:127).

EVIDENCIAS FUNERARIAS

Desde el comienzo de la historia urbana los templos de la ciudad fueron habilitados para lugares de enterramientos, costumbre que fue modificándose al ser habilitados los cementerios universales en los alrededores de los poblados. No obstante, como se ha observado, se siguieron utilizando las iglesias sobre todo para depositar los restos de monjes y monjas de la comunidad, y por algún privilegio, civiles adultos y excepcionalmente hasta niños, miembros de cofradías y mecenas de la unidad conventual.

En la Cala l-1966 del templo, en el nivel 1.20 m de profundidad, aparecieron partes muy deterioradas del esqueleto post-craneal de un adulto femenino, orientado este-oeste. Así mismo, se observó la huella café-rojiza de un ataúd de madera. Este enterramiento (T1) fue primario y puede ser del siglo XVIII ó XIX.

En la Cala 3, en el nivel 20-40 cm de profundidad se descubrió el Enterramiento T2, con restos en regular estado de conservación, de un fémur derecho y una tibia, depositados en medio de arcillas café oscuro, junto con fragmentos de ladrillo, teja, cantos rodados, cerámica y vidrio. A 50-60 cm de profundidad, debajo de uno de los cantos, se encontró un cráneo y algunos molares relacionados con los huesos largos ya señalados. Indudablemente se trata de un área removida por los escombros observados. Los restos se depositaron un tanto caóticamente y el entierro quedó orientado este-oeste, protegido por una solada trasladada de una bóveda o de otro lugar de la iglesia.

ASPECTOS ARQUITECTÓNICOS

Algunos de los elementos observados configuran definiciones del plan y distribución de los espacios, donde no se observan modificaciones notorias. La estructura de los edificios no parece haber sido sustantivamente modificada en el transcurso de los 134 años de existencia del recinto sagrado y del convento. Quizá se debe tener en cuenta más bien algunas clausuras, como el cierre de los vanos que sirvieron como confesionarios y algunos otros accesos al templo durante la vida regular y diaria del convento de las Carmelitas Descalzas. Estos hechos se pudieron producir a partir de la exclaustración de las religiosas en 1863.

Más bien, como producto de las decisiones de las obras de restauración del convento, luego del sismo de 1983 se ampliaron algunas zonas, sobre todo en la segunda planta para unir los claustros y tornar más expedita la circulación, pero no se perdió la idea estructural inicial. También aconteció la restitución de dos escaleras que habían sido derrumbadas, la situada en el costado oriental y la del costado occidental del claustro mayor o patio principal del convento. Por tanto, en su mayor parte, siguen vigentes las ideas originales de la marquesa de San Miguel de La Vega y del arquitecto Gregorio Causí.

CONCLUSIONES

En este trabajo se ha hecho un breve recorrido de las investigaciones de rescate arqueológico efectuadas en el centro histórico de la ciudad de Popayán desde 1981 hasta 1996. Dificultades de diversa índole han impedido la publicación total de los resultados, los que únicamente se han dado a conocer por medio de avances incluidos en la revista “Novedades Colombianas”, órgano de difusión del Museo de Historia Natural de la Universidad del Cauca (Méndez G. 1989, 1990, 1991, 1996). También existe una serie de informes de campañas y resultados parciales depositados en el Taller de Arqueología de la Facultad de Humanidades: Claustro de Santo Domingo (septiembre 1984), Claustro de El Carmen (1984a, 1984b, 1984c), Templo de San Francisco (1985a, 1985b), Convento de San Francisco (1991, 1993a, 1993b, 1993c), Iglesia y Convento de San Francisco (1994). Se ha ejemplarizado aquí algunas de las observaciones hechas y actualmente se está preparando la publicación sobre la historia y la arqueología el Claustro y Convento de San Francisco.

REFERENCIAS

Castrillón Arboleda, Diego

1994        Muros de Bronce: Popayán y Sus Estancias Históricas. Impresora Feriva, Cali.

1996        Muros de Papel. Editorial Universidad del Cauca, Popayán.

González Suárez, Pbro. Federico

1881        Historia Eclesiástica del Ecuador. Imprenta del Clero, Quito.

Méndez G.,  Miguel

1983-4         Diarios de campo. Imprenta Departamental y Claustros de La Encarnación y El Carmen. Manuscrito, Unicauca, Popayán.

1996a        Exploraciones arqueológicas en el Templo de El Carmen de Popayán. Revista de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales 1 (2). Editorial Universidad del Cauca, Popayán.

1996b        El sitio Molanga en la arqueología del Municipio de Popayán. Editorial López Hermanos, Popayán.

1998-9        Exploraciones de rescate arqueológico en el Templo de La Encarnación de Popayán. Manuscrito, Unicauca, Popayán.

Méndez V., María Alejandra

1992        Rasgos antropológicos e históricos de la Orden Franciscana en Popayán. Manuscrito, Unicauca, Popayán.

1994        Aspectos documentales del Claustro de Nuestra Señora de La Encarnación de Popayán. Editorial Feriva, Cali.

1996        Aproximaciones a la evolución arquitectónica del Templo Monacal de Nuestra Señora de El Carmen de Popayán, Siglos XVIII a XX. Informe, Popayán.

 

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