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63 El uso de la piedra de moler, hoy, en Guatemala – Véronique Gervais y Raquel Macario Calgua – Simposio 15, Año 2001

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Gervais, Véronique y Raquel Macario Calgua

2002         El uso de la piedra de moler, hoy, en Guatemala. En XV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2001 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y B. Arroyo), pp.745-751. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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EL USO DE LA PIEDRA DE MOLER, HOY, EN GUATEMALA

Véronique Gervais

Raquel Macario Calgua

Curiosamente, la piedra de moler o metate, utensilio particularmente indispensable en la vida cotidiana de las poblaciones de Mesoamérica y los países del sur de América Central, no ha sido objeto de estudios específicos. Varios escritos existen sobre este tema, por ejemplo Carpio, Sharer, Popenoe de Hatch, Saquic Calel, Parsons, etc., pero más que todo se limitan al aspecto descriptivo.

Si este mobiliario es frecuentemente mencionado en los reportes de excavaciones en el capítulo “Objetos de piedra, concha y hueso”, en muchas publicaciones etnológicas éste queda generalmente como un simple objeto básico, que debe estar presente de manera forzosa.

Sin embargo, sería injusto no mencionar el excelente trabajo de Ursula Jones, publicado en Londres en 1992, titulado “Decorated Metates in Prehispanic Lower Central America”. En este libro, Jones presenta más de 450 piezas, descubiertas en varios países: Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, dispersas hoy día en museos o colecciones privadas. Jones realizó un estudio, no tanto sobre el objeto y sus diversas funciones, sino más bien sobre la decoración. En efecto, la mayor parte de las piezas examinadas son ante todo objetos de arte ú objetos rituales, como lo indica lo elaborado de la escultura, alejándolo de un uso doméstico.

Nuestro objetivo aquí, no es llenar esta laguna, sino sólo expresar nuestra curiosidad por este objeto cuyo rol en el transcurso de los últimos milenios no varió hasta nuestros días. Y lo cierto es que su futuro está indudablemente comprometido: la modernización de los utensilios de cocina, el uso generalizado de los electrodomésticos y las modificaciones de la dieta alimenticia van, en pocos años, a hacer desaparecer la piedra de moler de los hogares latinoamericanos, como lo podemos constatar ya en Guatemala.

Bajo el nombre “piedra de moler”, nos parece necesaria hacer la diferencia entre la piedra de moler, objeto utilitario, y la mesa de piedra, objeto ritual y de arte (Figuras 1 y 2). Puesto que solamente la piedra de moler “utilitaria” conlleva nuestra atención, podemos decir que a lo largo del tiempo y de las modas, la forma de este objeto ha evolucionado poco. Generalmente, se trata de una piedra de forma rectangular con esquinas más o menos redondeadas, raramente trapezoidal, ovalada o circular; la superficie de trabajo, o sea la cara superior, es más o menos cóncava, la concavidad ampliándose con el uso. Sobre la cara inferior, convexa, la piedra puede presentar soportes o patas, generalmente tres, de forma troncocónica (Figura 3). Que sepamos, no existe todavía en Guatemala un estudio completo sobre la cronología de las piedras de moler con o sin soportes.

Las dimensiones promedio son variables, entre 35 y 60 cm de largo, 25 y 40 cm de ancho; la altura con soportes no excede 20 cm y el espesor varía de 4 a 5 cm. El peso de una piedra de moler es muy grande, ya que la piedra es densa y de tamaño notable, implicando un esfuerzo importante para moverlo. Existen piedras de moler de dimensiones más reducidas pero son más escasas; muchas se pueden considerar como juguetes. La decoración es rarísima pero es posible observar efigies zoomorfas esculpidas en uno de los bordes anterior o posterior del objeto o sobre sus soportes.

Figura 1  Piedras de moler domésticas. Formas halladas en el sitio Lomas Entierros, Costa Rica

Figura 2  Piedras de moler ceremoniales. Formas halladas en el sitio Lomas Entierros, Costa Rica

Figura 3  Piedras de moler y morteros de El Chagüite, Jalapa. Dibujo: Stephen Rostain

Cuando se habla de piedra de moler, indirectamente se refiere la mano de moler (Figura 4), utensilio que se empareja con la piedra de moler, solera o yusera, sirviendo de machacador. La mano tiene generalmente una forma ovoide o elipsoide y presenta un corte circular o cuadrangular con esquinas redondeadas, sobre todo por el uso. El largo de la mano, muy a menudo hoy, no excede el ancho de la piedra de moler, y el diámetro varía entre 6 y 8 cm.

Los materiales más frecuentemente utilizados en la elaboración de la piedra de moler y de la mano son volcánicos, el basalto o la andesita. La porosidad de estas piedras es variable pero en los dos casos se trata de piedras de buena dureza; a veces, por ejemplo en sitios arqueológicos de Petén, se encuentra piedras de moler de piedra caliza dura y fina. Actualmente, en Guatemala, los centros de producción más importantes son San Luis Jilotepeque, departamento de Jalapa (tienen un ribete y son más cóncavos, la mano es cuadrangular y del ancho de la piedra), y Nahuala, en el departamento de Sololá (la mano es rolliza, sobresaliendo de ambas orillas de la piedra).

Figura 4  Tipología de las manos de moler de El Chagüite, Jalapa. Dibujo: Stephen Rostain

LA HISTORIA DE LA PIEDRA DE MOLER

El origen de la piedra de moler es ciertamente muy antiguo, quizá tan remoto como la aparición del hombre, cuando éste debía moler ciertos vegetales (granos, semillas o frutas de cáscara dura) para alimentarse. En Mesoamérica, ¿será absurdo asociar su aparición con el consumo del maíz, del maíz salvaje o domesticado? ¿Será que la sedentarización y la piedra de moler, van juntas? Tampoco tenemos la respuesta. Lo seguro es que la piedra de moler ya estaba presente a finales del periodo Arcaico.

Hoy, si la piedra de moler es un objeto muy común en el campo, su uso se reduce con la presencia del nixtamal, molino de motor más rápido y menos cansado, además de proporcionar un lugar de encuentro apreciado por las mujeres y las niñas. En las ciudades, con los cambios mencionados en la introducción, o a causa de la comercialización de las tortillas, su uso es limitado ahora, con gran acentuación de esta tendencia.

EL USO MODERNO DE LA PIEDRA DE MOLER : ¿Por qué?, ¿Por quién?, ¿Cómo?

¿Por qué? La piedra de moler es utilizada esencialmente para la fabricación de la masa, una pasta espesa trabajada a mano, mediante la mano de moler, durante largo tiempo. Esta operación precede a la confección y el cocimiento de las tortillas, base alimenticia para mucha gente. Cuando tomamos en cuenta que un adulto consume un promedio de 12 tortillas por día, es fácil calcular el volumen de masa necesario, y concluir que el tiempo pasado delante de la piedra de moler puede ser de dos horas diariamente, para una familia de 6 ó 7 personas.

La piedra de moler también es utilizada en la elaboración de alimento para algunos animales de corral, especialmente el cerdo; en este caso, se trata de maíz molido de manera a tosca.

¿Por quién? La fabricación de tortillas es una cuestión de mujeres, aun si la excepción confirma la regla, al citar el ejemplo de los guardianes del sitio arqueológico La Joyanca, quienes aislados de sus familias por trabajar en un plan laboral de 22 días continuos, cada día hacen su propia masa.

Si las niñas se inician en la labor de la masa desde la edad de 4 a 5 años, son las madres sobretodo las que se encargan con destreza, paciencia y fuerza a este trabajo. Estas tres cualidades son indispensables para obtener tortillas muy sabrosas.

¿Cómo? Según la forma de la piedra de moler, la posición laboral adoptada por la mujer es distinta; si se trata de una piedra de moler sin soportes, ésta más bien está en el suelo y la mujer trabaja arrodillada; con una piedra de moler con soportes, se trabaja de pie. En los dos casos el movimiento ejercido se hace en la parte más larga del utensilio. Con los brazos y los antebrazos, agarrando la mano de moler con las dos manos, se efectúa un movimiento de vaivén, de adelante para atrás, hasta dejar la parte central sin masa; luego se recoge las dos mitades de la masa, ubicadas en las partes delantera y trasera de la piedra, se hace una bola, se añade un poco de agua a veces, y se repite el movimiento durante cierto tiempo, hasta obtener una pasta fina y lisa.

Una vez esta operación está hecha, la mujer tiene que confeccionar las tortillas, lo que requiere otro esfuerzo físico, más que todo con los hombros, los antebrazos y las manos.

¿Cuáles son las partes del cuerpo más solicitadas en esta actividad? Conciernen a la vez los músculos, los huesos y las articulaciones por supuesto (Figura 5). Las manos, las muñecas, los antebrazos evidentemente, los codos, los brazos, los hombros, la columna vertebral y especialmente la columna lumbar, la parte baja de la espalda, las rodillas y los tobillos cuando se trabaja de rodillas. Hablando de los músculos, es evidente que la mujer “tortillera” presenta unas manos y unos antebrazos de aspecto robusto (Figura 6). Podemos deducir que si los músculos están tan desarrollados, las inserciones musculares, tendinosas y ligamentosas también conocen un desarrollo fuerte, lo cual deja huellas en el esqueleto óseo. Así que, haciendo el estudio osteológico de los vestigios humanos provenientes del sitio de Mixco Viejo, nos dimos cuenta de que entre individuos de sexo masculino e individuos de sexo femenino, los radios y los cúbitos presentaban una robustez similar, algo poco habitual. Sabiendo que la población enterrada en el cementerio de La Campana, cementerio relacionado con un barrio de artesanos, se podía suponer que las mujeres tenían una actividad doméstica intensa, la molienda siendo parte de esa actividad.

Pero el mal estado de conservación de la mayoría de los huesos no permitió hacer más observaciones. Hubiera sido interesante observar las articulaciones del miembro superior, la muñeca, el codo y el hombro, observar las vértebras lumbares para ver si había o no artritis prematura, osteofitis, desgaste articular y deformaciones como un aplastamiento.

Figura 5  Las cargas de trabajo impuestas sobre el cuerpo, en el proceso de molienda o durante labores de tejido en telar (Ilustración de Abadías y Malena Juárez, Raíces en Márquez Morfín 1996)

Figura 6  Piedra de moler y mano de El Chagüite, Jalapa. A pesar de su tamaño reducido, la mano se toma con ambas manos (Foto de Stephen Rostain)

Desdichadamente el estudio de los esqueletos provenientes de Nebaj, El Quiché, puesto que están igualmente en mal estado de conservación. No hablamos de los vestigios de El Chagüite, que son peores todavía. También en La Joyanca, enfrentamos el mismo problema.

¿Qué podemos hacer? Existen dos posibilidades: (1) compartir con otros antropólogos físicos esa investigación sobre un material en buen estado; (2) emprender un estudio sobre individuos vivos, aprovechando el hecho de que en Guatemala el uso de la piedra de moler sigue vigente, un estudio que comportaría dos partes. En primer lugar sería un informe descriptivo, o sea una descripción morfológica, con una serie de preguntas sobre la “patología”, el dolor. En segundo lugar, se haría un examen radiológico. Pero enfrentaríamos dos dificultades de orden distinto: las preguntas sobre la noción del dolor que no tiene nada que ver entre esta población y nosotros, trabajadores no manuales; por otra parte sería la dificultad de convencer a esta gente llegar hasta un hospital para tal examen.

A esto estuvimos confrontadas hace poco, cuando realicemos un trabajo sobre el uso del mecapal en poblaciones indígenas, en Chichicastenango (Gervais 2000).

Para concluir, mencionaremos a Pierre Becquelin, quien en un artículo publicado en 1973 en el Journal de la Société des Américanistes, dice que: “La mayoría de los arqueólogos son favorables a la utilización, a grados diversos, del método comparativo y de la analogía”. Es urgente hacer esta investigación antes de que la piedra de moler se vuelva un objeto de museo.

REFERENCIAS

Gervais, Véronique

2000                L’utilisation du mecapal et ses conséquences sur la colonne cervicale. En El cuerpo, sus males y sus ritos. Trace 38:44-52. CEMCA, México.

 

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