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53 Contribuciones para la historia del municipio de Santa María de Jesús, departamento de Sacatepéquez – Carmen E. Ramos, Paulino I. Morales y Zoila Rodríguez – Simposio 15, Año 2001

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Ramos, Carmen E., Paulino I. Morales y Zoila Rodríguez Girón

2002         Contribuciones para la historia del municipio de Santa María de Jesús, departamento de Sacatepéquez. En XV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2001 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y B. Arroyo), pp.642-657. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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CONTRIBUCIONES PARA LA HISTORIA DEL MUNICIPIO DE

SANTA MARÍA DE JESÚS,

DEPARTAMENTO DE SACATEPÉQUEZ

Carmen E. Ramos

Paulino I. Morales

 Zoila Rodríguez Girón

A continuación se presentan los resultados de las excavaciones realizadas en agosto y diciembre del año 2000, en la sección oeste de la plaza central del municipio de Santa María de Jesús, del departamento de Sacatepéquez. Estos trabajos fueron patrocinados por la municipalidad, y constituyeron el paso previo a la construcción del mercado municipal, el cual contó con la autorización respectiva del IDAEH.

Para mayor comprensión de los datos recopilados, se presenta en la primera parte una “reconstrucción del proceso de asentamiento del pueblo”, basada en un reconocimiento de los monumentos coloniales existentes, la correlación de fechas registradas en ellos y, la aplicación de las disposiciones gubernamentales de la época; en la segunda parte se presenta una síntesis de los análisis de laboratorio aplicados a los materiales recuperados.

Para la integración de estas dos fuentes de información se entrevistó a los vecinos de esta comunidad. Así se correlacionó a los eventos con las fechas registradas en las paredes de los monumentos históricos y en las campanas de la iglesia colonial, con fechas anotadas en placas conmemorativas, así como de los desastres naturales que impactaron y promovieron los cambios más notables a lo largo de su historia.

ORÍGENES Y PROCESO DE ASENTAMIENTO COLONIAL

El pueblo de Santa Maria de Jesús descansa a 2,220 m sobre el nivel del mar, en las faldas del volcán de Agua, hacia el sur del valle de Antigua Guatemala, en el departamento de Sacatepéquez (IGN Hoja ND l5-8). Los 34 km2 que forma su territorio son atravesados por las antiguas rutas comerciales que comunicaban a Ciudad Vieja con Amatitlán al noreste, Palín al oeste, y Escuintla al sur. En la columna sur aparece escrito “…Exploración Geográfica 2,220 msm, en el punto 5/5/57”. El texto está grabado en letras de molde sobre una delgada capa de cemento. El uso de este material y la caligrafía sugiere que la misma corresponde al año de 1957, pero se desconoce quién fue su autor. Sus coordenadas geográficas son 14° 29’ 36” latitud norte, y 9Q° 42’ 36” de latitud oeste. El clima frío es predominante.

La tradición oral y documentos coloniales indican que este pueblo se formó por el traslado forzoso de cinco familias oriundas de Santa María, del departamento de Quetzaltenango. La economía colonial estaba basada en la agricultura de maíz, fríjol y café, y la elaboración de tejidos de algodón, muebles de madera, morrales de pita y jarcia, etc. Los principales días de mercado son los martes, jueves y domingos, la actividad comercial se intensifica por las tardes, al retornar las familias de los campos agrícolas y de quienes cotidianamente salen a vender sus productos a los mercados de la región. La fiesta patronal es dedicada a la Virgen María, y se celebra el 15 de enero.

Puede decirse que la cultura autóctona está desapareciendo progresivamente por el influjo de nuevos productos de vestir, materiales y técnicas de construcción. Estos se ven reflejados principalmente en las prendas de vestir de los jóvenes y en las construcciones modernas. Incluso en las costumbres funerarias y los lugares de enterramiento (Asturias de Barrios et al. 1991). El traje típico de las mujeres comprende una faja colocada alrededor del cabello, huipil bordado con rombos, morga o corte de color azul. Antiguamente los varones usaban pantalones de manta de distintos colores, pero éste fue sustituido por el uso de saco y pantalones de color oscuro, camisa blanca y calzado de cuero. El uso de caites está siendo abandonado por el calzado de cuero y materiales sintéticos. La población habla principalmente Kaqchikel y Castellano.

SECUENCIA DE CONSTRUCCIÓN DE LOS EDIFICIOS ECLESIÁSTICOS COLONIALES

Las evidencias de construcción más antiguas que se localizaron corresponden a la fachada frontal de lo que fuera la primera iglesia construida por la orden franciscana. El templo se encontraba orientado hacia el valle de Antigua Guatemala. Estos vestigios se encuentran en medio de terrenos de cultivo y en el paraje conocido como “Pueblo Chiquito”, y en total abandono. El edificio está construido con piedra volcánica, y sillería de ladrillos de barro y mortero de cal. En la parte posterior del edificio parecen existir evidencias de la casa que habitaba el sacerdote. Dentro del área del templo se observaron excavaciones ilícitas y restos de huesos humanos. Los vecinos mencionan que las mismas son fomentadas por los buscadores de piezas de oro (datos proporcionados por Heliodoro Marroquín, propietario del terreno).

El templo y las casas vecinas fueron destruidas por uno de los deslaves del volcán. Los zanjones que surgieron y el temor de las personas, dieron lugar al reasentamiento del pueblo en terrenos más elevados ubicados a 300 m al este, y se construyó el templo de El Calvario. El nuevo templo se construyó 50 m más arriba del anterior, pero éste da la espalda al lugar de aquel desastre. Por ahora se sabe que el atrio y las gradas de ingreso al templo fueron construidos con las piedras arrancadas al anterior edificio (Figuras 1 a 3).

Este edificio ha sido reparado en distintas épocas, los daños observados son atribuibles a los temblores registrados a mediados del siglo XVII, y al terremoto de 1976. Las reparaciones incluyen la colocación de “muros contrafuertes” en los lados del templo, y la reconstrucción de los muros laterales y la sección superior del frontispicio con paredes de block y hormigón armado. Es importante mencionar que los cimientos de esta estructura se encuentran expuestos en su lado norte por las nivelaciones hechas al terreno de los últimos años.

INFRAESTRUCTURA HIDRÁULICA DE USO PÚBLICO

En los alrededores se localizan un lavadero comunal y casas de adobe que conservan los rasgos arquitectónicos coloniales. El agua que alimentaba sus instalaciones se acarreaba por medio de un acueducto hecho con ladrillos de barro y mezcla. La “vena de agua” se encuentra hacia el lado norte del poblado. Sobre el acueducto se instalaron tubos de metal en fecha no establecida. Los vecinos que han hecho limpieza de esta infraestructura, dicen que en su interior se conservan en buen estado “grandes ollas de barro”, que fueron llenadas en tiempos antiguos con agua de mar para que no se secara la fuente.

Las calles que surgieron a raíz del crecimiento demográfico se adaptan a la configuración del terreno y sirven para delimitar los cuatro cantones que rodean la plaza central. En sus inicios, la plaza central de Santa María de Jesús fue dispuesta con el patrón que caracteriza a los pueblos coloniales. Es decir, la integración de los edificios de gobierno y la iglesia, una fuente pública y una cruz de atrio. Otro elemento importante de este patrón de asentamiento lo constituyen la implementación de áreas cercanas a la iglesia, destinadas para el enterramiento de personajes importantes de la sociedad.

Figura 1  Ubicación geográfica de Santa María de Jesús, Sacatepéquez

Figura 2  Ubicación de las tres iglesias de la época colonial de Santa María de Jesús, y planta de cimentación del primer templo

Figura 3  Planta de excavación y perfil estratigráfico de la plaza central de Santa María de Jesús

La plaza estuvo delimitada por tapiales perimetrales, mientras que las salidas hacia Ciudad Vieja y Palín estaban indicadas por pares de altas columnas rematadas, como las que hoy marcan la ruta de ascenso al cráter del volcán de agua, y el camino por donde los cortejos fúnebres dirigen sus pasos al cementerio actual. La primera transformación de la plaza corresponde a la erección del busto de Justo Rufino Barrios, y la construcción de un kiosco en el sector norte. Al parecer su implantación promovió la anulación del cementerio utilizado en la época colonial y la creación del cementerio situado al oeste de poblado moderno.

Podemos decir que el año de 1976 marcó una nueva etapa de cambios que reflejan el crecimiento demográfico y desarrollo de la infraestructura pública. El terremoto registrado en esta fecha trajo consigo la demolición del edificio municipal, las antiguas instalaciones del colegio fundado por el Obispo Mariano Navarrete, y el antiguo kiosco. Esto también dio lugar a la habilitación de aulas escolares. El cambio de milenio será recordado por la construcción del moderno mercado y el adoquinamiento de las calles del pueblo.

CONFIGURACIÓN FINAL DEL ASENTAMIENTO

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La distribución espacial de los edificios eclesiásticos parece reflejar el temor a las fuerzas contenidos por el volcán Junapú o Agua. En el mapa del pueblo podemos notar que las tres iglesias comparten un mismo eje. Sin embargo, el templo del calvario le da la espalda al lugar del desastre, mientras que la fachada del tercer templo está orientada hacia la boca del volcán.

CONSIDERACIONES CRONOLÓGICAS

Los parámetros temporales que marcan este proceso de cambios son inferidos por los fenómenos naturales ampliamente registrados en la historia de construcción de Antigua Guatemala. Recordemos la trágica muerte de doña Beatriz de la Cueva, en 1541, como consecuencia de la inundación provocada por el volcán de Agua. Aunque la fecha de construcción del Calvario no puede establecerse con certeza, consideramos que su construcción pudo ser paralela a la construcción del “templo principal”, pero que la misma fue inaugurada un poco antes. El templo principal tiene como fecha conmemorativa el año 1736, pero las fechas registradas en las campanas corresponden a 1764, 1768 y 1842, respectivamente. Cabe mencionar que la más antigua de las tres, está rota. Una de las reparaciones de este templo también refiere el año 1951.

La creación del segundo cementerio seguramente es posterior a la colocación del busto del general Barrios, por lo que situarse alrededor del año 1900 (Rodas 1998). Esta fecha es apoyada indirectamente por registrarse el año 1951 en uno de los más antiguos existentes en el nuevo cementerio. Cabe mencionar que el libro número uno del registro de vecinos de esta comunidad fue abierto en 1900.

ANÁLISIS OSTEOLÓGICO

Previo a presentar los resultados de excavación del cementerio colonial, y para contextualizar su historia, es oportuno traer a colación algunos datos relacionados con las prácticas funerarias de la época colonial. Primero, que las poblaciones prehispánicas no utilizaban ataúdes, ya que los difuntos eran envueltos en petates de hoja de palma y los cuerpos podían o no ser enterrados en cistas, en diferentes lugares de un sitio y bajo la observancia de rituales específicos.

Durante la época colonial se siguieron utilizando mortajas de petates y surgen los entierros en criptas y osarios dentro de los edificios públicos, la construcción de panteones y los cementerios comunales. Estas construcciones fueron utilizadas principalmente para la población española, pero con el correr del tiempo se permitía su uso, por parte de personas de alta estima y por quienes hicieron favores o donaciones a la iglesia.

El gobierno prohibió su utilización en el siglo XVIII debido a daños de estas construcciones ocasionados por los terremotos y para la prevención de enfermedades (Lemus 1993). Los cementerios comunales obviamente fueron utilizados para el enterramiento de la población española, la indígena y la población mestiza.

Definen la entrada dos bajos muros de parapeto redondeados en su parte superior, y construcciones cuadradas de un metro de alto que servía como osarios comunales, los muros se elevan 1 m sobre el nivel actual del terreno, las paredes rematan en molduras salientes. Los vecinos recuerdan que antes existían tres o cuatro osarios. Aunque los mausoleos que exhiben arquitectura colonial son escasos, y que algunos fueron remodelados al incorporarse nichos adicionales, su antigüedad se percibe por la técnica de construcción y el acabado de los mismos. La lápida más antigua que se conserva hace referencia al año de 1949. Al tomar en consideración que estas obras eran ordenadas por las familias acomodadas, la habilitación del nuevo cementerio puede situarse un poco antes de esta fecha.

Puede decirse que la colocación de objetos y ofrendas junto a los difuntos constituye una conducta funeraria que es compartida por todas las personas. Por lo que, las diferencias sociales y étnicas pueden manifestarse a la hora de la muerte, principalmente por las características materiales de los objetos enterrados. Ya que éstos contienen información relativa al sistema de creencias, acerca de las actividades cotidianas de la persona. El tratamiento del cuerpo y los análisis osteológicos detallados nos proporcionan información relativa de la salud del individuo y la probable causa de muerte.

Las excavaciones se efectuaron únicamente en la sección oeste de la plaza central, dentro del perímetro que fue seleccionado para la construcción del nuevo mercado. El primer acercamiento se hizo por medio de la excavación 11 pozos de sondeo al azar. La segunda fase corresponde al rescate de materiales procedentes de las 48 zapatas de cimentación. Es importante mencionar que en el pozo maestro se bajó hasta los 6.70 m, y que las evidencias culturales recuperadas se encuentran únicamente hasta los 2 m de profundidad. Por debajo de este nivel se observa una serie de estratos naturales de arena, piedrín fino, y ceniza volcánica en colores rojo, café, amarillo y negro. La excavación se suspendió al alcanzar un estrato formado por grava y roca volcánica de color café oscuro.

El pozo maestro aparece registrado como KJ-23,KJ-24: los primeros 20 cm corresponden al piso de adoquín y humus; a 1.5 m de profundidad aparece un estrato de tierra café-amarillo parecido al talpetate, que cubre una franja de tierra (de 0.20 m) de color café con inclusiones de pequeñas piedras de color rojizo; un estrato de arena y piedrín de color rojizo y amarilla-gris, seguido por un estrato transicional mezclado con tierra oscura negro-café, se encuentra hasta los 3.70 m de profundidad. A partir de los 4.60 m de profundidad se encuentra un estrato de tierra colorada mezclada con piedra de grava de hasta 0.15 m de diámetro, este mismo estrato se localizó a 6.70 m de profundidad.

La penetración de raíces de árboles y la superposición de múltiples enterramientos alteró constantemente el contexto funerario, por lo que fue imposible reconocer un patrón de enterramiento en el estricto sentido de la palabra, pero la recopilación de datos en un cuadro de registro global nos permite hacer algunas interpretaciones preliminares (ver cuadro anexo). Las columnas registraron el número de lote, en tanto que las filas registraron variables relacionadas con la ubicación espacial de los restos óseos y de los materiales recuperados, la forma de los objetos, los materiales en que fueron elaborados. Se utilizaron como criterios para hacer inferencias relativas a la probable función de los mismos, como del estatus social de los individuos. La observación detallada de los restos óseos se utilizó para estimar el sexo y la edad de los individuos, también se hicieron observaciones relacionadas con la salud dental.

ASPECTOS FUNERARIOS

En términos generales podemos decir que las fosas son de planta rectangular con ancho oscilando entre 0.40 m y 0.60 m de ancho. Se considera que las fosas que representan a la cultura prehispánica corresponden a aquellas en que la cabeza del individuo aparece colocada dentro de pequeños agujeros cavados en el talpetate. Otra manifestación prehispánica corresponde a la colocación de objetos utilitarios elaborados con técnicas y materiales ampliamente recuperados en el área Maya, y por la recuperación de delgadas capas de tierra de color café que resultan seguramente de la descomposición de petates usados como mortaja. En ningún caso se recuperaron vestigios de cajas mortuorias, pero sí una considerable cantidad de objetos de cerámica y cuentas pertenecientes a rosarios collares (Rodríguez, Ramos y Morales 2000; Figuras 4 a 6).

En la sección norte del terreno se registró una mayor concentración de entierros; la sección sur se caracteriza por la presencia de profundos agujeros que contenían basura y ripio. Las osamentas se encontraban en posición de decúbito dorsal extendido, predominando la colocación este-oeste sobre las demás orientaciones. Los materiales recuperados están elaborados en diversas clases de materiales, la mayoría en buen estado de conservación.

A la tradición prehispánica se adscribe una hachuela de serpentina, una cuenta de jadeíta, una concentración de conchas y caracoles de origen marino, fragmentos de piedras y manos de moler, malacates de barro, vasijas monocromas y policromas decoradas con representaciones zoomorfas y diseños geométricos. Corresponden a la tradición foránea las vasijas de cerámica mayólica monocromas y policromas, juguetes y figuras zoomorfas de tamaño miniatura vidriados, botellas y fragmentos de vasijas reutilizados como incensario candados, llaves, cucharas, anillos, crucifijos, medallas y clavos de metal, así como botones, cuentas de vidrio y plástico pertenecientes a rosarios. Las diferencias en la calidad y la palidez de colores, y la recuperación de un separador de cerámica, son indicativos de la producción de cerámica mayólica dentro de región.

ANÁLISIS GLOBAL DE LOS MATERIALES ÓSEOS Y LOS ARTEFACTOS

Los restos óseos corresponden aproximadamente a 220 individuos; de los 209 lotes de materiales arqueológicos, el 32 % (n=67) de casos fueron clasificados como ofrendas mortuorias. Los restos que proporcionaron mayores datos pueden corresponder a 49 individuos de sexo masculino, y 23 de sexo femenino. El tamaño y grosor de los huesos, así como la etapa de desarrollo de las piezas dentales recuperadas, sugiere que la edad de los individuos está distribuida de la siguiente manera: el 25 % corresponde a niños comprendidos entre 5 y 14 años de edad, el 45 % puede estar representado personas comprendidas entre 15 y 25 años de edad, y un 5 % por personas mayores a los 26 años de edad.

Para el análisis de los restos humanos se utilizaron los criterios de identificación contenidos en el libro Human Osteology: A Laboratory and Field Manual. Y estudios específicos acerca de las afecciones dentales. El número de individuos fue establecido principalmente por medio de la recuperación de piezas dentarias y/o huesos asociados a diferentes fosas. Las estimaciones de edad y sexo se derivan de observaciones macroscópicas relacionadas con la robustez y longitud de los huesos de las extremidades, como por el tamaño de los dientes, también se tomó en consideración la sensación al tacto del mentón o maxilar inferior, y las características de los puntos de inserción de los músculos del fémur (Bass 1995).

Es interesante mencionar que algunas osamentas de individuos adultos presentaban un color más oscuro, textura arenosa y presencia de diminutos cristales brillantes, por lo que es probable que su muerte pudo ser causada por alguna epidemia. También se observó en el fémur de un individuo adulto de sexo femenino un crecimiento anormal que pudo ser el resultado de algún tumor.

IMPLICACIONES SOCIALES

Es innegable que durante la época Colonial prevalecieron las diferencias sociales. En el contexto que nos ocupa, esta distinción social puede reflejarse en los materiales usados en los objetos colocados como ofrendas postmortem, tales como la colocación de vasijas sin engobe, y objetos de metal.

De las 67 ofrendas registradas, 24 vasijas muestran rasgos de tradición autóctona, 26 de tienen un origen foráneo, y 10 presentan una mezcla de ambas tradiciones. El sistema de creencias implantado por el gobierno Español está representado por el uso de crucifijos, medallas y rosarios, así como por el reciclaje de las bases de vasijas de cerámica mayólica y sin engobe al ser utilizadas como incensarios o candeleros.

Cuadro 1  Cuadro de análisis de materiales arqueológicos recuperados

Figura 4a  Objetos de tradición prehispánica (silbatos, cuenta de jadeíta, hachuela de serpentina, las figuritas zoomorfas reproducen las formas implementadas en la época Colonial)

Figura 4b  Objetos de tradición prehispánica (malacates)

Figura 5  Objetos de tradición foránea (objetos de metal)

Figura 6a  Vasijas de tradición foránea

Figura 6b  Vasijas de tradición local

Entre los objetos de tamaño miniatura figuran vasijas monocromas y policromadas que se fabricaban en Chinautla. Cabe señalar que la producción de cerámica tipo Chinautla es de origen prehispánico y que en la época colonial su producción llegó a estar en manos de los frailes dominicos radicados en la Antigua Guatemala (Paredes y Romero 1997). La muestra incluye juguetes zoomorfos que recuerdan las figuritas que adornan los nacimientos navideños, práctica que como sabemos fue difundida por el Hermano Pedro de Betancourt en Antigua Guatemala. Los depósitos de basura, además de relacionarse con las actividades propias del cementerio, contenían fragmentos de ladrillo, teja, huesos de animal y restos de madera quemada que pueden ser productos de desastres naturales.

Como podemos observar, la utilización de los métodos de excavación y reconocimiento de superficie, así como los criterios aplicados en los análisis de materiales arqueológicos son de utilidad en la interpretación de la historia, particularmente en áreas de las cuales los documentos escritos pueden estar pendientes de localización y estudio.

Para finalizar, podemos decir que el pueblo de Santa María de Jesús fue establecido en forma paralela a la fundación de la ciudad colonial de Santiago de los Caballeros, a mediados del siglo XVI. Y que por su ubicación geográfica manifiesta su participación en las redes de intercambio regional que operaban en la época de conquista y seguramente de la época prehispánica, entre quienes habitaban el valle de Panchoy, el valle de Amatitlán y la Costa Sur de Guatemala.

Los aspectos funerarios observados corresponden a dos grandes grupos de población, las ofrendas y tratamiento de los difuntos reflejan una práctica ancestral y elementos del sistema de creencias. Los edificios eclesiásticos y el patrón de asentamiento del pueblo, además de registrar el proceso de desarrollo de este pueblo, pueden reflejar indirectamente la preocupación constante por los desastres naturales que hemos mencionado (Malvido, Pereira y Tiesler 1997; Lemus 1993; Rodríguez 1996).

Finalmente, agradecemos a todos los vecinos de Santa María de Jesús, por contribuir a la recopilación de la historia de esta comunidad. Y pedir a las autoridades respectivas que unan esfuerzos para proteger y conservar las ruinas que marcan el lugar en que se tiene sus orígenes este pueblo.

REFERENCIAS

Asturias de Barrios, Linda, Idalma Mejía de Rodas y Rosario Miralbés de Polanco

1991        Santa María de Jesús: Costume and Cofradía. Museo Ixchel del Traje Indígena. Guatemala.

Bass, William M.

1995        Human Osteology. A laboratory and Field Manual. Special Publication No.2. Missouri Archaeological Society.

Balfet, Hélène, Marie-France Fauvet-Berthelot y Susana Monzón

1991        Normas para la descripción de vasijas cerámicas. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos.

Díaz Samayoa, Irma Carolina

1999        El vidrio como material arqueológico encontrado en contexto colonial: Análisis tipológico del mismo, resultado de las excavaciones realizadas en el ex convento de Santo Domingo, La Antigua Guatemala. Tesis de Licenciatura, Área de Arqueología, Escuela de Historia, USAC, Guatemala.

Lemus, Elizabeth

1993        Comunicación interna de criptas y túneles en algunos edificios religiosos de Antigua Guatemala, mito y realidad. Tesis de Licenciatura, Área de Arqueología, Escuela de Historia, USAC, Guatemala.

López, Nora María

1991        Sistema funerario de Uaxactun: Implicaciones bio-culturales y socio-políticas evidentes en las características de los restos óseos. Tesis de Licenciatura, Área de Arqueología, Escuela de Historia, USAC, Guatemala.

Malvido, Elsa, Grégory Pereira y Vera Tiesler (coordinadores)

1997        El cuerpo humano y su tratamiento mortuorio. Serie Antropología Social. Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH, México), Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA).

Paredes, José Héctor y Luis E. Romero

1997        La cerámica Tipo Chinautla del Convento de Santo Domingo. En XI SIMPOSIO DE INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN GUATEMALA (editado por J. P. Laporte y H. Escobedo), pp. 667-676. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Rodas Estrada, J. Haroldo

1998        El despojo cultural: la otra máscara de la Conquista. Impresos Caudal S.A., Guatemala.

Rodríguez Girón, Zoila

1996        Las vasijas vidriadas del Ex-Convento de Santo Domingo. Catálogo, Antigua Guatemala.

Rodríguez Girón, Zoila y Lori Wright

1996        Prácticas de enterramiento en Antigua Guatemala y la Nueva Guatemala de la Asunción durante la época Colonial y Republicana (1543-1836). Apuntes Arqueológicos, Vol.4, No.2, pp.113-148. Área de Arqueología, Escuela de Historia, USAC, Guatemala.

Román Ballereza, Juan Alberto y Martha Carolina Rodríguez García

1997        Las patologías dentales en Individuos localizados en ofrenda a los Dioses de la Lluvia. En El cuerpo humano y su tratamiento mortuorio. Serie Antropología Social. Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH, México), Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA), pp.213-255.

 

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