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33 Patrón funerario en el sitio arqueológico Ujuxte – Ernesto Arredondo – Simposio 15, Año 2001

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Arredondo, Ernesto

2002         Patrón funerario en el sitio arqueológico Ujuxte. En XV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2001 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y B. Arroyo), pp.413-420. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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PATRÓN FUNERARIO EN EL SITIO ARQUEOLÓGICO UJUXTE

Ernesto Arredondo

Nota de la edición:        presentada en el XIV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2000

El contenido de la presente ponencia refiere al análisis del patrón funerario llevado a cabo a partir de los restos óseos y culturales asociados recuperados por el Proyecto Arqueológico Ujuxte. Los resultados preliminares fueron expuestos con anterioridad en 1998, durante el XII Simposio de Investigaciones Arqueológicas de Guatemala realizado en esta misma sede (Arredondo 1998). A la fecha, los resultados presentados en dicha ocasión han sufrido algunas modificaciones al avanzar la investigación y, sobre todo, se plantean aquí algunas interrogantes a partir de los datos obtenidos. El grueso de la exposición se centra en las conclusiones y comentarios finales de la investigación, incluyéndose al final las tablas de datos obtenidos. Además se incluyen principios teóricos que se ha he tomado en cuenta para el análisis.

ARQUEOLOGÍA DE LA MUERTE: REVISIÓN TEÓRICA

Los principios que dictan que el trato funerario es un reflejo de la vida y muerte del individuo y de su status dentro de la sociedad en que vivió (Brown 1971:2; Saxe 1971:39), así como un reflejo de la sociedad misma y su complejo cognoscitivo (Binford 1971:7, citando a H.C. Yarrow) han sido aceptados desde hace tiempo. Bárbara Arroyo (1990:1) subraya el hecho de que los restos óseos en contextos arqueológicos “son la evidencia más directa de la población que habitó una región y por lo tanto,… permite una reconstrucción de la sociedad de los antiguos habitantes y una mejor comprensión de su desarrollo”.

Esta estrecha relación entre el individuo y su sociedad, y el tratamiento mortuorio apoyado por Saxe (1971), sin embargo, encuentra algunos problemas planteados por nuevas corrientes de pensamiento. Bryan Bird y Christopher Monahan (1995:253), basados en parte en la Antropología Simbólica de Víctor Turner, admiten un factor multidimensional en los ritos funerarios, es decir, pueden hacer referencia a diferentes aspectos sociales y no estrictamente representar a uno sólo. Estos autores prestan suma importancia al “status supuesto” del individuo dentro de la sociedad en los estudios de patrón funerario: “… los rangos sociales pueden existir sin estar expresados en las prácticas funerarias” (Bird y Monahan 1995). Además desarrollan ampliamente el tema del status logrado (el que el individuo logra por su propio esfuerzo en vida) y el status atribuido (resultado de la herencia, por ejemplo) a un individuo, el cual podría estar, o no, representado en el momento de su muerte.

Basándose en la Teoría Social (la cual toma al poder “… como un factor central en el estudio de los sistemas sociales”), Michael Parker (1982:100), incluye en el estudio funerario el tema de las relaciones regularizadoras de interdependencia entre individuos, y le asigna a la ideología un papel importante en la modificación y elaboración de tales prácticas. El autor resalta la importancia de la ideología como medio para legitimizar cualquier evento social. En una línea de pensamiento similar, Michael Shanks y Christopher Tilley (1982:130) ven en los rituales mortuorios “una fuerza particular de legitimación ideológica del orden social…”, es decir, el rito funerario como medio. Como ejemplo, se puede citar a Patricia McAnany (1995:8) en su estudio sobre veneración a los ancestros, quien afirma la importancia de tal costumbre (la veneración) en la legitimación sobre posesión de tierras y herencia: “…lazos fuertes con ancestros del pasado proveen también… derechos y privilegios…acceso a tierra, agua,… y otros bienes, propiedades y recursos”. Ante esto, y aceptar el supuesto que la ideología “legitimiza los intereses seccionales de grupos hegemónicos… (convirtiéndose en) …percepción distorsionada de la realidad …” (Shanks y Tilley 1982:130), Parker concluye que: “la muerte es consecuentemente susceptible a manipulación por ciertos grupos para mantener o realzar su influencia sobre otros” (Parker 1982:101).

Luego de esta breve revisión teórica, el argumento evolucionista de Saxe de afirmar que el tratamiento mortuorio es reflejo de la posición social en vida del individuo (Saxe 1971:39), debe abrirse a la nueva posibilidad. Ésta se relaciona con una visión que aprecia al trato funerario no como un hecho, sino como una metáfora (Shanks y Tilley 1982:150).

En conclusión, estos últimos argumentos de bases estructuralistas intentan proveer una visión más incluyente, encaminándose a ver las prácticas mortuorias como “formas del comportamiento humano, activamente escogidas por los actores en relación a creencias específicas y a una más amplia visión del mundo y temas simbólicos, más que un reflejo directo de la organización social” (Kuijt 1996:315).

En el caso de la arqueología en Guatemala, y específicamente en el caso de la Costa Sur guatemalteca, el tema ha sido tratado con interés y ha obtenido valiosos resultados por medio de investigadores como Bárbara Arroyo (1990) y su trabajo en Balberta, Vicente Genovés (1997) en los sitios de Los Chatos y Manantial, y Susan Colby (1989, 1993) con sus reportes sobre los restos óseos de Sin Cabezas, Escuintla. Estos autores han producido una serie de escritos posteriores sobre sus particulares experiencias y son el grueso de la literatura referente a patrón funerario en la región. Por el momento todos estos trabajos permiten iniciar el camino hacia la comprensión de la tradición o tradiciones funerarias en la planicie costera y conocer algo más de la cultura precolombina de esa región.

LOS RESTOS FUNERARIOS DE UJUXTE

La ubicación geográfica de los restos se encuentra en el sitio arqueológico Ujuxte, un sitio de la Costa Sur occidental guatemalteca, lo cual lo relaciona inmediatamente con los sitios en la región del río Ocosito y las costas cercanas de Chiapas, pero más estrechamente con dos sitios de menor tamaño, Cuatunco y Chiquirines, localizados en un radio de 4 km desde Ujuxte. Las fechas de los materiales se ubican entre el final del Preclásico Medio y el final del Preclásico Tardío. Por lo tanto, el estudio puede definirse como el análisis del patrón funerario en el sitio arqueológico Ujuxte durante el final del Preclásico Medio y el Preclásico Tardío. Su proyección de comparación con el área circundante se ve limitada al carecer de estudios similares profundos en la región inmediata.

Las excavaciones en Ujuxte expusieron un total de 38 individuos. Luego de recolectar toda la información posible de cada uno de ellos, se procedió a realizar un análisis de los diferentes patrones de enterramientos. Por comportamiento de la muestra se pudo clasificarlos en tres categorías (Figuras 1 a 3), basadas principalmente en el contexto en que aparecieron: 1) entierros; 2) restos humanos en ofrendas; y 3) restos varios. La primera incluye todo resto humano enterrado adrede por los antiguos habitantes de Ujuxte. La segunda incluye a todos los restos colocados dentro de vasijas que fueron parte del ajuar funerario de individuos enterrados o dentro de vasijas cuyos contextos apuntan a su identificación como ofrendas. La tercera categoría incluyó a todos los restos humanos encontrados dentro o asociados con basureros. También se incluyeron aquí aquellos restos dentales aislados encontrados en la Operación 18 y cuya ocurrencia se debe posiblemente a su entierro no premeditado.

Dentro de la descripción de los entierros se ha incluido el Rasgo 19. En él no se ha encontrado ningún entierro directamente asociado. Sin embargo, por sus semejanzas con las ofrendas funerarias dentro del sitio, se toma en cuenta la posibilidad que éste pertenezca a un individuo no encontrado dentro de los límites de la excavación. Bajo las mismas circunstancias también se incluyó al Rasgo 113 dentro de la descripción de Entierros. En ambos casos su inclusión no asignó al rasgo número de individuo alguno pues, como ya se dijo, su existencia (de algún individuo a quien fueran ofrendados los rasgos) no es segura. Nótese que en el caso del Rasgo 113, éste contiene a un individuo cuya descripción se realiza en el inciso “C” de “Restos humanos en ofrendas” puesto que su contexto corresponde al criterio utilizado para esta categoría.

CONCLUSIONES Y COMENTARIOS

Luego de haber analizado los datos obtenidos durante las excavaciones en Ujuxte, se presentan aquí algunas conclusiones breves sobre el patrón funerario del mismo. Por el momento es muy arriesgado decir que las inferencias realizadas sean palabra final al respecto pues, como ya se ha mencionado antes, el material de estudio fue limitado y su estado de conservación pobre. Faltan en el muestreo entierros dentro de estructuras ceremoniales y, para un mejor análisis, sería necesario contar con restos funerarios de sitios cercanos como Cuatunco y Chiquirines. Además, el periodo cronológico al cual pertenecen los restos es limitado y no permite observar variaciones a través del tiempo. Los datos osteobiográficos también tuvieron problemas ante el mal estado de conservación de la mayoría de los huesos. Sin embargo, este trabajo constituye el primer acercamiento al estudio del patrón funerario en la zona y como tal, deberá ser completado por investigaciones futuras.

De acuerdo a la evidencia de las excavaciones en Ujuxte, a la muerte de un miembro de la sociedad, se escogía la estructura habitacional como depósito de los restos. La ubicación más común fue hacia el centro de la estructura. Su ocurrencia fuera del centro de la misma puede deberse a los cambios constructivos que ocurrieron en las estructuras al paso de los años. Su localización dentro de la estructura habitacional puede relacionarse con un esfuerzo por subrayar la importancia de la herencia dentro de los miembros de la sociedad o del linaje. Sin embargo, aún no se cuenta con evidencia suficiente para apoyar la idea de Michael Love de un cambio en la ubicación de los entierros de fuera hacia adentro de las estructuras habitacionales en el periodo del Preclásico Medio al Tardío. Hay que tomar en cuenta también que la metodología de excavación se centró en estas zonas de los montículos, lo cual puede haber modificado los resultados. Una excavación más extensiva en los mismos podría dar datos más exactos.

Los entierros tendieron a ser directos primarios colocados sobre pisos o rompiendo éstos para ser depositados, sin embargo fuera de esta acción no se nota ninguna preparación especial del terreno. La posición más común fue en decúbito ventral extendida con las piernas cruzadas, derecha frente a izquierda, a la altura distal de la tibia y el peroné que provocó en ocasiones la flexión de una de las rodillas. La posición ventral no pudo relacionarse a ningún sexo en específico como ocurrió en Balberta (Arroyo 1989:57), en donde el sexo masculino estuvo directamente asociado a esta posición. Por otro lado, la posición ventral en otros sitios como Chalchuapa, se ha asociado a entierros de personas sacrificadas, pero en Ujuxte parece ser diferente. Mientras que en aquellos sitios los individuos muestran evidencia de atadura en los tobillos por la proximidad inmediata de los tarsos y carpos, carencia de ofrendas en la mayoría de casos, muestras de mutilaciones y asociación directa a pisos, así como su localización dentro de edificios especializados, en Ujuxte la evidencia apunta en dirección contraria. No existe evidencia de ataduras, en su mayoría los entierros presentaron ofrendas, vasijas y sacrificios humanos, ubicación dentro de estructuras habitacionales desde el centro hasta la periferia del sitio, y rituales de veneración postmortem.

El entierro en urna de taxcal y en posición sedente, puede ser una muestra de la relación de Ujuxte con el área del Soconusco en donde los entierros en dicha posición son comunes para el Preclásico Medio y Tardío (Arroyo 1990:60), y/o puede representar un ejemplo de variedad ideológica de la concepción de la muerte dentro de los habitantes de Ujuxte.

En Ujuxte, la orientación de los cuerpos enterrados estuvo marcada definitivamente por la arquitectura. Los cuerpos estuvieron orientados principalmente sobre el eje norte – sur del sitio, es decir sobre un eje de orientación cardinal 45º noreste. La utilización de los ejes del sitio aleja a los entierros de toda orientación respecto de cualquier evento solar, siendo el único caso del individuo del Rasgo 114. Este fue el único que estuvo orientado hacia el solsticio de invierno de verano. El resto de las orientaciones de los cuerpos estuvo incluso localizado fuera del área donde transita el sol durante los amaneceres y atardeceres de todo el año.

La sociedad de Ujuxte otorgó importancia a la muerte y al ritual funerario. Los restos materiales así lo confirman, aunque no se puede afirmar ningún tipo de concepción de vida después de la muerte como ocurre en otras sociedades mesoamericanas. Por otro lado, al comparar Ujuxte con el sitio de Balberta al centro de la Costa del Pacífico de Guatemala, no se encontró una marcada orientación de los cuerpos hacia el oeste y el este, como sucede en aquel sitio. En Balberta la orientación hacia estos puntos cardinales se asoció a la salida y ocaso solar, evento ligado a la concepción de nacimiento y muerte. En Ujuxte, el uso de cinabrio, con similares asociaciones, fue escaso. Sin embargo, vasijas con diseños en pintura roja aparecieron dentro de la muestra de ofrenda. Esto puede indicar la participación de la sociedad de Ujuxte dentro de la cosmovisión mesoamericana central donde el uso de este color se asocia al nacimiento y el este.

No se determinaron diferencias de status social a través del tamaño y calidad de las ofrendas. Aunque se podría haber esperado encontrar una disminución en el número de ofrendas conforme las excavaciones que se realizaban hacia las afueras del sitio, éstas no presentaron variación notable. Se observa una estandarización en el número de las mismas, grupos de tres vasijas por lo regular, con frecuente sacrificio de infantes como parte de rituales postmortem en todo el sitio. El único caso de relevancia notable en la calidad de los restos ofrendados puede ser el Rasgo 39 donde, al parecer, dos individuos adultos fueron sacrificados a la muerte de un tercero, siendo acompañados de un grupo de tres vasijas y una cuarta sobre el cuerpo desmembrado de uno de los individuos. Esto ocurrió en una habitación presumiblemente de élite hacia el centro del sitio.

Aunque no existió dentro de la muestra evidencia suficiente para afirmar la manufactura de una vajilla exclusiva de uso funerario, la vajilla Tona Rojo sobre Blanco parece haber sido la favorita a utilizar dentro de los conjuntos de ofrenda al momento de la muerte. Los diseños pintados en rojo de líneas formar triángulos y encerrar a su vez puntos pintados del mismo color, aparecieron en las ofrendas de esta vajilla. Sí fue clara la común colocación de grupos de tres vasijas, conformados por dos cuencos o un cuenco y un cántaro, más un plato que cubrió al cuenco o cántaro más grande. Dentro de éste mismo se colocaron los restos de cráneos infantiles cuando los hubo.

Los rituales postmortem ocuparon un lugar importante dentro del ritual funerario. En casi todos los casos donde se encontraron cráneos de infantes (todos entre 0 y 6 años), su colocación fue de tipo intrusivo a los estratos funerarios. Aún queda por establecer la identidad de estas víctimas de sacrificio y su parentesco con el fallecido. Por su carácter intrusivo se puede pensar que luego de la muerte de un individuo, se esperó cierto tiempo para encontrar a un infante “apto “para el sacrificio, quizá el nacimiento del mismo. Su colocación dentro del ritual puede preliminarmente relacionarse a una concepción de sacrificio-renacimientos (Matos 1997:55). Este mismo autor comenta la posibilidad de reencarnación de niños muertos a temprana edad dentro de la cosmovisión Azteca. Su ocurrencia denota, por otro lado, un rigor claro dentro de la ejecución de las normas sociales de la sociedad de Ujuxte. A pesar de esta afirmación sobre la práctica de sacrificio de infantes, en un periodo postmortem de algún miembro de la sociedad de Ujuxte, también se debe considerar la posibilidad de una práctica de infanticidio o de la existencia de alta mortandad infantil como una explicación alternativa a la aparición de estos cráneos infantiles en las excavaciones.

Las muestras de corte en huesos y su quema, sumado a la presencia de cráneos y mandíbulas (relacionadas por otros investigadores a trofeos de guerra y/o sacrificios), así como su ubicación fuera del montículo habitacional (No.38), y en área presumiblemente de élite, apuntan hacia la práctica de canibalismo ritual dentro esta esfera alta de la sociedad de Ujuxte. Se deja sin embargo abierta la posibilidad, debido a la difícil comprobación de canibalismo, a la de descarnamiento de los individuos encontrados en las excavaciones.

El estado de conservación y el reducido número de los entierros hace difícil un análisis osteobiográfico profundo de la muestra. A pesar de ello, el mismo todavía se lleva a cabo. Se reconocieron casos de malnutrición, diarrea y parasitismo con base a evidencias de hiperostosis porótica, hipoplasia, hipocalcificación y artritis. Se encontró también evidencia de muerte violenta en cuatro casos. Otras patologías fueron caries y enfermedad periodontal. La mayoría de los individuos fueron adultos de más de 18 años con edades que alcanzan los 40 o más años. El grupo de edad que siguió a éste en frecuencia, fue el de los infantes entre 0 y 12 años, la mayoría en contextos de ofrenda a otros individuos fallecidos. Se pudieron hacer una aproximación al sexo en sólo ocho casos, donde cuatro fueron del sexo masculino y en igual cantidad del sexo femenino. No existe por el momento evidencia de deformación craneana ni de inserciones musculares provocadas por el uso de mecapal.

Se puede afirmar que la sociedad de Ujuxte, aunque compartió ciertas características respecto del tratamiento mortuorio con otros sitios a lo largo de la Costa Sur de Guatemala y el Soconusco durante el Preclásico Tardío (especialmente en el área de la costa de los departamentos de San Marcos y Retalhuleu, y el área de Izapa en Chiapas), tuvo características particulares. La posición de decúbito ventral extendida en individuos enterrados en montículos habitacionales y no ceremoniales, las piernas cruzadas, ofrendas en grupos de tres con ocurrencia de sacrificio de infantes dentro de las mismas, el ritual postmortem, y la orientación fuera del rango de los sucesos solares y sobre los ejes del sitio, muestran a este grupo social como poseedor de una estructura rígida en cuanto a su costumbre funeraria.

Si bien al momento no se puede afirmar con cierta seguridad la pertenencia de Ujuxte a un mismo grupo étnico compartido con otros sitios de la Costa Sur guatemalteca, sí se nota una diferencia con los sitios de El Jobo y El Sitio. Estos sitios se ubican más al norte que Ujuxte y están asociados a una tradición cerámica diferente, la Ocosito, lo cual podría dar las primeras evidencias sobre una diferenciación de etnia basada en el patrón funerario y el análisis cerámico.

La semejanza en el tratamiento de los restos de los muertos en toda la extensión del sitio, empuja a retomar ciertas ideas expresadas en la introducción de la presente tesis. Al seguir el pensamiento de Parker (1982:100) que propone que “la ideología niega las contradicciones y legitimiza las estructuras de dominación”, se puede pensar que la rigidez en el trato mortuorio puede derivar del interés de ciertos grupos dominantes. Con este trato semejante en, y a todos los sectores del sitio (o sociedad), negarían las diferencias entre los grupos presentes e incluirían con ello a todos los individuos dentro de una colectividad supuestamente armónica. Como Shanks y Tilley (1982:134) afirman “un énfasis en la identidad y solidaridad del linaje local…. incluirá una negación de los sistemas de dominio”. Si M. Love ha acertado en definir en Ujuxte a una élite dominante, estos argumentos cobran mayor fuerza al poder identificar al grupo interesado en promover una idea de solidaridad. Al agregar más argumentos a esta propuesta, se puede sugerir que, si bien en Ujuxte la estratificación social no puede ser definida sobre la base de la calidad de las ofrendas, puede afirmarse su existencia sobre la base de la estandarización del patrón de ofrenda: “el declive en los bienes mortuorios… puede también significar un esfuerzo en enfatizar similitudes y enmascarar diferencias” (Byrd y Monaham 1995:283). La evidencia de estratificación, pues, no responde únicamente a la riqueza de los entierros. Se debe reconocer, sin embargo, que es necesario tener una muestra más amplia de evidencia en toda la amplitud del sitio para poder reforzar o reevaluar estas afirmaciones.

Si las causas de un patrón rígido en el sitio son las anteriormente expuestas, Ujuxte es un ejemplo en donde la ideología sirve para fines propios de grupos particulares. Estos serían seguramente los mismos grupos que durante el periodo de tiempo comprendido entre 300 y 100 AC acapararon en sus residencias los bienes materiales más preciados. Serían de igual forma, los mismos que propiciaron la construcción de espacios rituales y grandes estructuras ceremoniales, así como los que se encargaron de la planificación espacial del asentamiento arquitectónico y su difusión a sitios menores en el área.

El patrón funerario de Ujuxte puede dar alguna luz sobre algunos de los factores que influyeron en el colapso del sitio. Se cita el ejemplo ocurrido en el Imperio Inca expuesto por Conrad y Demarest (1989), donde el culto a los muertos provocó una desequilibrada distribución de las tierras, al conllevar a una posterior guerra civil, es posible pensar que ciertos sucesos o ideologías provocaran en Ujuxte un desequilibrio en el orden social. Según Conrad y Demarest (1989:263), la legitimación de ideologías crea necesidades que, crean a su vez, desequilibrios dinámicos dentro de las sociedades. ¿Pudo el requerimiento de sacrificios de infantes, como parte del ritual postmortem, haber provocado inconformidad en ciertos grupos o individuos de la población? Si bien no se conoce la procedencia de los infantes sacrificados, se puede sugerir dos orígenes de los mismos: 1) provinieron de la misma sociedad de Ujuxte; 2) provinieron de otros sitios o poblados. En el primero de los casos, el sacrificio de miembros de la sociedad pudo haber provocado a la larga inconformidad debido a sentimientos de filiación sanguínea o bien de filiación colectiva. En el segundo, la obtención de individuos pudo haberse llevado a cabo por medio de incursiones bélicas que, también a la larga, pudieron haber debilitado a la sociedad, como en el caso Azteca descrito por Conrad y Demarest (1989). La inconformidad de la población, producto de cualquiera de estos dos eventos, pudo haber traído desequilibrio a la sociedad y un debilitamiento en su sentido de identidad y/o colectividad. Hay que recalcar que se ve a estos factores sólo como una posibilidad y, en dado caso su ocurrencia, como parte de una serie de eventos producto de otros varios factores aún no definidos.

Uno de estos factores por esclarecer es la influencia externa en Ujuxte, por su cercana ubicación con sitios tales como Izapa y Tak´alik Ab´aj. En el caso de Izapa, Lowe (1994, Lowe et al. 1976), Gómez (1996) y Sharer (1994), entre otros, han mencionado la importancia e influencia del sitio en la Costa Sur durante el Preclásico Tardío y Terminal, cuando tuvo un desarrollo económico notable. Este desarrollo pudo haber afectado de alguna manera a Ujuxte. Si Ujuxte en ese momento presentaba inestabilidad de cualquier tipo, el efecto pudo haber sido mayor. En el caso de Tak´alik Ab´aj, que también presentó un desarrollo notable, su posición geográfica pudo haber puesto a Ujuxte en una posición difícil, pues se encuentra prácticamente en medio de ambos sitios. La presencia de cerámica con posible filiación del Altiplano de Guatemala en la región de Izapa y en Izapa mismo, ha motivado a algunos investigadores a sugerir la expansión del alcance económico de Tak´alik Ab´aj o de grupos Mayas para el momento en discusión (Lowe 1994:259; Love et al. 1995:22). Si esta última afirmación sobre la cerámica es cierta o no, queda fuera de los propósitos inmediatos del presente estudio. Sin embargo, la importancia de Tak´alik Ab´aj es innegable y debe estudiarse a fondo su influencia en la región.

Queda por sugerir estudios sobre patrón funerario en otros sitios cercanos para reforzar o desechar las propuestas aquí presentadas. En especial es importante que se realicen estudios en los sitios de Cuatunco y Chiquirines por su cercanía y similitudes en la distribución espacial de sus estructuras, semejantes en algunos aspectos a la de Ujuxte. Más excavaciones en este mismo sitio son vitales para una mejor comprensión de su sociedad antes que de se pierda este patrimonio cultural guatemalteco. Estudios de ADN son necesarios para la identificación de los infantes sacrificados. Por medio de ellos se puede establecer el parentesco entre individuos respondiendo a las preguntas de si son los infantes familiares a los individuos mayores enterrados, o si bien son infantes pertenecientes a grupos de otras regiones. Estos análisis sólo darán frutos con la recuperación de cuerpos en otros sitios de la región (a manera de grupo control) y su posterior comparación a las secuencias de ADN que puedan obtenerse en el futuro de los restos encontrados en Ujuxte.

Para concluir, hay que reconocer la motivación otorgada a este estudio por los trabajos sobre el mismo tema de Arroyo y Genovez mencionados insistentemente a través de la discusión y análisis de la presente investigación. Se espera que el mismo incentive a su vez nuevos trabajos sobre patrón funerario en Ujuxte y en otras áreas.

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