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04 El Clásico Tardío y el Postclásico Temprano en el Oriente de Honduras – Christopher Begley – Simposio 15, Año 2001

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Begley, Christopher

2002        El Clásico Tardío y el Postclásico Temprano en el Oriente de Honduras. En XV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2001 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y B. Arroyo), pp.36-47. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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EL CLASICO TARDÍO Y EL POSTCLÁSICO TEMPRANO

 EN EL ORIENTE DE HONDURAS

Christopher Begley

En la época prehistórica, la parte oriental de Honduras formó parte de un límite cultural documentado desde la llegada de los primeros europeos en la región (Figura 1). Se ha descrito esta región como un límite en el que grupos con fuertes afiliaciones suramericanas encontraron culturas participando en una tradición mesoamericana (Kirchhoff 1943). El concepto de frontera, sin embargo, desmiente el hecho que la región era un complejo y dinámico cruce cultural, en la prehistoria, al tiempo de contacto, y así en el presente. A pesar de un aumento actual de interés en el área, está es una de las partes menos investigadas de la periferia mesoamericana.

Figura 1  Honduras

La posición del oriente de Honduras en el antiguo paisaje político, normalmente se caracteriza en términos de “áreas culturales”. En este esquema, se posiciona el oriente de Honduras un poco más allá de los límites de Mesoamérica, en la frontera norteña de la parte inferior de Centroamérica, y está típicamente identificada como la primera región al sur de la frontera mesoamericana con una orientación cultural más hacia América del Sur que hacia el norte. Se han notado ampliamente las diferencias significativas entre el material cultural del oriente en relación con el centro y occidente de Honduras. Mientras el resto de Honduras comparte muchos rasgos con áreas tradicionalmente definidas como mesoamericanas, la parte oriental parece diferente y no-mesoamericana en material cultural. Debido a esta diferencia, las sociedades prehistóricas del oriente de Honduras han sido vistas como extensiones norteñas de culturas esencialmente Suramericanas. Esta categorización como ‘no-mesoamericano’ contrasta fuertemente con las descripciones del centro y occidente de Honduras, que se ha definido como “claramente en la zona de influencia mesoamericana” y que adoptaron más rasgos mesoamericanos, tal como pirámides con paredes verticales, campos de pelota, y otros rasgos tradicionales, que no se esperaba encontrar en el oriente de Honduras.

Algunos investigadores han rechazado ciertos elementos de esta visión popular de la zona, utilizando evidencia etnohistórica para sugerir que por lo menos algunas poblaciones del oriente de Honduras se originaron en Mesoamérica. Algunas evidencias existen de que el Nahua, un idioma centro-mexicano, fue hablado por ciertos grupos en partes del oriente de Honduras al tiempo del contacto, y existe la hipótesis de que poblaciones inmigrantes, hablantes de Nahua, habitaron por lo menos algunas partes de la región entre 1000-1530 DC. Hipótesis más extremas sostienen que poblaciones “mexicanas’” subyugaron a los habitantes indígenas del área, y que estas poblaciones “mexicanas” construyeron los sitios más grandes en el oriente de Honduras.

Esta posición era potencialmente apoyada por los resultados de mis investigaciones en el oriente de Honduras (Begley 1991, 1999), en las que hay muchos elementos “mesoamericanos” en los sitios arqueológicos, fechado al Clásico Tardío o Postclásico Temprano, o Periodo V (500-1000 DC) y VI (1000-1530 DC) en el esquema de la parte inferior de Centroamérica. Estos elementos “mesoamericanos” incluyeron no sólo artículos del comercio portátiles (como cerámica, jade u obsidiana), pero también algunos de estos ‘rasgos tradicionales’, tal como campos de pelota y plazas formales (Figuras 2 y 3). Estos elementos arquitectónicos, particularmente los campos de pelota, han sido de los rasgos que definen los sitios mesoamericanos, y se han asumido para indicar la presencia de una población mesoamericana. Por ejemplo, los campos de pelota son estructuras simbólicamente cargadas y asociadas con una variedad de actividades rituales, y figuran de forma prominente en el mito e iconografía en Mesoamérica por más de 2000 años.

MATERIAL CULTURAL

Aparte de los rasgos arquitectónicos que parecen mesoamericanos, los demás materiales de la zona son similares a materiales de otras partes de la parte inferior de Centroamérica, y no muestran ninguna similitud a los artefactos de Mesoamérica. En términos de material cultural, las diferencias más obvias son en la cerámica. La cerámica de la parte oriental de Honduras se ubica firmemente entre la tradición inciso y modelado, en vez de pintado, mostrando más similitud con la cerámica de la parte inferior de Centroamérica y poco relacionada con la cerámica de la zona mesoamericana. Aunque en el Clásico Tardío hay algunos policromos, y algunos investigadores han sugerido una influencia mesoamericana, se puede ver esta influencia como muy superficial. A finales del Clásico Tardío y en el Postclásico Temprano, la cerámica muestra muy poca similitud con Mesoamérica, y sigue con muchos de los mismos motivos, aunque incisos en vez de pintados (Figura 4). Además de la cerámica, hay una industria lapidaria impresionante que es muy similar a la industria en áreas al sur, especialmente el litoral Atlántico de Costa Rica. Esta industria incluye los famosos metates elaborados, que se encuentra en varios tamaños, de pequeños hasta gigantescos.

Figura 2  La Cooperativa

Figura 3  Suyapita

Figura 4  Cerámica del oriente de Honduras

        Hay algunos artefactos portátiles que se encuentran en el oriente de Honduras que claramente muestran una conexión con Mesoamérica, como la obsidiana. Hay una cantidad impresionante de piedra verde también, pero casi todo viene de fuentes de piedra verde blanda y no de jadeíta, que están ubicadas en la Mosquitia y posiblemente en las Islas de la Bahía. Estos artefactos son evidencia de una interacción o una influencia mesoamericana, pero no indica ninguna presencia de gente mesoamericana.

ARQUITECTURA

Como mencioné antes, uno de los rasgos más interesante en la región son los campos de pelota. Se habían ubicado cuatro sitios con campos de pelota en la región en la parte oriental de Honduras, tres probablemente fechados al Clásico Tardío (ver Figura 3), y un sitio llamado La Cooperativa, posiblemente del Postclásico (ver Figura 2). La ubicación dentro del sitio, sus orientaciones, y su forma deja poca duda que estos campos de pelota estuvieron relacionados a los de Mesoamérica. Aparte de su forma general y ubicación, la arquitectura de los campos de pelota en el oriente de Honduras es distinta de la del occidente. No hay evidencia, por ejemplo, de muros verticales o del uso de piedra trabajada en la construcción de los campos de pelota en el oriente.

También las estructuras de otros tipos en el oriente no fueron construidas en la manera típica de las otras partes de Honduras. Aunque hay evidencia del uso de piedra de río, muy poca evidencia existe para construcciones utilizando muros verticales de retención. En vez de una forma con gradas, las estructuras en el oriente parecen haber tenido una forma de montículo, con los lados inclinados. Todavía no se sabe la manera que utilizaron para evitar que las estructuras fueran dañadas por el agua.

LA RELACIÓN CON MESOAMÉRICA

Sugiero que no existió una población intrusiva responsable de la presencia de elementos mesoamericanos presentes en los sitios arqueológicos del oriente de Honduras. Es evidente que las poblaciones del oriente de Honduras actuaban recíprocamente con algunas culturas mesoamericanas desde los periodos más tempranos de los que se tiene información (aproximadamente 250 DC). El grado al que se manifestó una conexión con Mesoamérica varió con el tiempo, pero siempre había una diferencia muy evidente entre las poblaciones orientales y aquellas consideradas como mesoamericanas. En algún momento entre 250-650 DC, se desarrollaron sociedades complejas en el oriente de Honduras, y la población empezó a establecerse en asentamientos más nucleados, y a construir por primera vez en una forma monumental. Esto se toma como evidencia de que el equilibrio del poder había girado a un lado, y había surgido una élite. Los individuos o grupos que diseñaron y organizaron estas construcciones monumentales claramente emularon o copiaron los modelos de las sociedades grandes al norte, posiblemente el único ejemplo disponible. Antes, este cambio fue fechado para el Postclásico Temprano, pero ya se puede ubicar en el Clásico Tardío.

Esta interacción con Mesoamérica es más evidente en elementos de planificación de los sitios. Hoy, los rasgos más visibles de sitios arqueológicos en el oriente de Honduras son arquitectónicos. Los indicadores más fuertes de una conexión con Mesoamérica son los campos de pelota, cuya forma, tamaño, orientación, y colocación dentro del sitio no deja duda que son del tipo encontrado en todo Mesoamérica. Esto contrasta con otros estilos de campo de pelota, tal como los del Caribe y del suroeste de los Estados Unidos, que son substancialmente diferentes del tipo mesoamericano. Ellos no indican la misma interacción significativa con Mesoamérica con base al tipo de cancha con dos montículos paralelos que se encuentra tanto en Mesoamérica como en el oriente de Honduras. Adicionalmente, otros elementos aparecen junto con los campos de pelota, tal como las plazas formales y plazuelas o patios, que son rasgos arquitectónicos comunes en toda Mesoamérica.

Por la forma como se organizan los sitios en una manera muy mesoamericana, y muy diferente a las culturas más al sur, surge la impresión de una “mesoamericanización” radical, descrita por Stone (1972) como una pátina Mexicana, o Mexican veneer. Siempre había una tendencia entre los arqueólogos en identificar fuertes periodos de ‘”mesoamericanización” por la periferia sureste mesoamericana (Willey 1968). En verdad, se ve una apariencia de rasgos mesoamericanos en formas muy específicas, principalmente en arquitectura pública. Sería útil pensar en los campos de pelota, las plazas y estructuras asociadas, como parte de un complejo arquitectónico elitista. La tarea ahora es entender las maneras en que la adopción de este complejo arquitectónico, que carga un simbolismo exótico, sirvió a las élites como una manera de ganar o mantener el poder.

Para entender la utilidad de adoptar este complejo arquitectónico, es necesario repasar unas ideas sobre las maneras en que las élites adquieren el poder político. Earle (1997), tomando la idea de Mann (1986), identifica tres tipos de poder utilizados en cacicazgos: poder económico, militar e ideológico. Ningún dato sobre aspectos militares existe en el oriente de Honduras, y dada la baja densidad de la población, imagino que éste fue un factor menos importante que los otros, sobre todo en las fases iniciales del desarrollo de las élites. Tampoco existe mucha evidencia del papel de fuerzas económicas en el desarrollo de las sociedades del oriente, excepto que no hay ninguna evidencia de la entrada de cantidades significativas de artículos extranjeros. En cambio, parece que el papel del poder ideológico era importante, debido al tipo de elementos importados. ¿Por qué debe ser que los elementos importados más significativos son símbolos y planos arquitectónicos? ¿Por qué son tan pocos los otros materiales que pueden marcar una relación con las sociedades poderosas al oeste? ¿Y sobre todo, porqué se utilizaba complejos simbólicos mesoamericanos en una tradición que no parece usar estos símbolos normalmente? Mary Helms sugiere que la adquisición de conocimiento, especialmente conocimiento esotérico, es importante en las metas de una élite recién establecida, pero ¿cómo funciona este conocimiento en la adquisición del poder? ¿Por qué adoptaron esta estrategia? ¿Quiero decir, por qué estaban utilizando los planos arquitectónicos y símbolos mientras no utilizaron los marcadores portátiles materiales, tal como cerámica y obsidiana? Mientras Helms (1979, 1988) hizo un trabajo importante en demostrar que “en sociedades tradicionales, espacios y distancias geográficas no son conceptos neutrales, pero tienen importancia sociológica, política, y especialmente ideológica” (Helms 1988:4), se puede conceptualizar un intercambio significativo que no se basa en mercancías, además de demostrar el mecanismo en que una interacción enfocada en conocimiento esotérico puede ser convertido en poder político. El decir que espacios geográficos son equivalentes o asociados con espacios míticos es una cosa, pero explicar cómo y porqué se usaron símbolos extranjeros con éxito de parte de las élites en el oriente de Honduras es otra cosa.

Primero, es probable que el simbolismo de los campos de pelota y estructuras asociadas no sea radicalmente diferente a elementos de la cosmología panamericana evidente en mitos y ritos asociados con juegos de pelota de hule desde Norteamérica hasta Suramérica. Las élites en el oriente de Honduras fueron poniendo rasgos arquitectónicos extranjeros sobre un sistema de creencias que ya existía. Segundo, había bastantes ejemplos del uso del juego de pelota para establecer posiciones políticas en sociedades vecinas inmediatamente al norte. Tercero, la emulación o imitación de las sociedades poderosas al norte posiblemente era una manera en que las élites del oriente podían demostrar una conexión con sus vecinos poderosos, y ser más efectivos en su propia búsqueda de poder.

ESTRATEGIAS DE PODER DE LAS ÉLITES

Aquí voy a considerar una de las precauciones metodológicas de Foucault (1980:97, traducido por el autor), quien enfatiza que, en un análisis de poder, “el análisis no debe preocuparse con poder al nivel de intención consciente o decisión. En cambio, es un caso para estudiar el poder donde su intención, si tiene una, se invierte completamente en prácticas reales y eficaces”. En este caso, el explicar la introducción de campos de pelota y otros elementos mesoamericanos como un esfuerzo de las nuevas élites por ganar y mantener el poder social y político, no pareció muy satisfactorio, como tampoco me explico la manera en que estos cambios resultaron en un aumento de poder. Estas explicaciones no contestan la pregunta, pues no tratan con el mecanismo específico por el que la relación de larga distancia y la introducción de estos elementos extranjeros sirvieron para aumentar el poder político de la élite.

Para ir más allá de algunas declaraciones relativamente vacías sobre intercambio de larga distancia y prestigio, intento determinar una manera en la que las relaciones de larga distancia se convirtieron en poder político. Me acercaré al poder de otro ángulo, examinando las “prácticas reales y eficaces” por las que el poder de la élite se manifestaba.        Con esta perspectiva, no empiezo con una búsqueda de posibles estrategias utilizadas por la élite, sino con un examen de los tipos de cambios que acompañaron el surgimiento de la élite, que permita la demostración de las maneras en el que el poder funcionó en la vida cotidiana. Éste finalmente termina en una discusión de las estrategias de la élite, pero es una discusión de estrategias informada por un examen de las manifestaciones concretas de poder.

Al considerar la “precaución metodológica” que la aplicación concreta de poder debe ser el objeto de estudio, se debe enfocar en uno de los pocos cambios visibles asociados con el surgimiento de la élite que es evidente en el registro arqueológico: la introducción de planificación del sitio tipo mesoamericano, y sobre todo la introducción de campos de pelota. De allí, era cuestión de reconstruir los cambios de la sociedad que representaron los cambios materiales.

APLICACIÓN DE ESTRATEGIAS DE PODER

De este estudio, se puede ver al oriente de Honduras como un área en que están ocurriendo cambios sociopolíticos importantes que no son comprensibles en términos de interacción tanto como en un juego de poder entre la élite. Sugiero que la élite recién surgida estaba en el proceso de “materializar” su pretensión de poder, anteriormente basada en la ideología, usando un término de DeMarrais et al. (1996). El contacto con Mesoamérica, no importa la forma, proporcionó a la élite con el conocimiento esotérico con el que podían continuar su “producción de la verdad” (en los términos de Foucault) o mantener su santidad o “asociación con la última verdad”, para usar un concepto de Rappaport (1971). Giddens (1979) y Mann (1986) han sugerido que hay una variedad de ideologías en cualquier sociedad, incluso ideologías de resistencia sostenidas por aquellos no en el poder. La ideología se vuelve una herramienta estratégica, que, según DeMarrais et al. (1996), debe materializarse en prácticas y objetos que pueden ser controlados o manipulados por la élite como una manera de ganar poder político. El crear ritual de ideología sería uno de los primeros pasos en el proceso de materialización. Earle (1997:153) nota que los eventos ceremoniales públicos “crean el nexo simbólico para una sociedad” y es “probablemente la forma más básica y simple de ideología materializada”. Se puede controlar o limitar la participación en rituales, o la élite aumentaría la “complejidad organizativa” de los ritos, o sea, la naturaleza especializada y número de componentes requeridos para su ejecución”. Así, la élite es cada vez más indispensable.

DeMarrais et al. (1996) también sugieren que este proceso de materialización debe ir más allá de la creación de prácticas o de rituales. Eventos ceremoniales son “necesariamente transitorios; no son inversiones importantes como la construcción de un lugar ceremonial o la creación de parafernalia ritual” (Earle 1997:154). Un monumento ritual se puede poseer, puede ser heredado, y puede ser visto y experimentado por un gran número de personas a la vez. Por consiguiente, no es una inversión débil y transitoria, pero una manifestación más permanente del evento ceremonial. Entonces, los campos de pelota y arquitectura relacionadas, representan una ideología ya materializada.

La táctica específica utilizada aquí en la “producción de verdad”, y en particular la introducción de los campos de pelota, no era sólo una manera para materializar conocimiento ritual, pero también una manera para apropiar efectivamente elementos poderosos de la cosmología. Es posible que los campos de pelota mesoamericanos sean una versión del axis mundi, un concepto central de las cosmologías en América y casi ciertamente central a las poblaciones antiguas orientales hondureñas mucho antes de la introducción de campos de pelota. Este símbolo, el axis mundi, existe en muchas formas, aunque muchas veces hay uno primario entre los muchos. Por su tamaño, el campo de pelota sería un símbolo poderoso del axis mundi. El hecho de que los campos de pelota sean monumentales y que se asocien necesariamente con la élite, quienes son especialistas religiosos de facto, como Helms (1979) y otros han demostrado, da autoridad a esta nueva versión del axis mundi, que efectivamente apropia la importancia ideológica de los axis mundi previos.

Además de la autoridad encarnada en una estructura pública e ideológicamente importante, construida por la élite local, también el uso de un símbolo del axis mundi relativamente poderoso y establecido, asociado con los grupos poderosos al oeste, debe haber proporcionado un beneficio. Esta asociación incluiría esta versión del axis mundi con otra clase de autoridad basada en ambos el poder y precedente, ganando su propio poder de aquel manifiesto de los grupos mesoamericanos. Así, el potencial para la “producción de verdad” por una ideología alternativa por medio de rituales invocando el axis mundi se habría reducido dramáticamente. Quienes desafiaran simplemente no podían haber competido con el axis mundi oficial patrocinado por la élite. La asociación de este concepto poderoso y fundamental con arquitectura monumental, que no se podía reproducir fácilmente, disminuyó la amenaza potencial de las ideologías alternativas. El hecho de localizar rituales en un rincón monumental quitó efectivamente estos rituales de las manos de la plebe. Dada la relación “natural” entre la élite y lo sobrenatural, la introducción de un patrón arquitectónico encima de una ideología que ya existía no se habría resistido fácilmente.

CAMPOS DE PELOTA

Hasta ahora, he discutido la adopción de un complejo arquitectónico que incluye campos de pelota como parte de una estrategia de recolección de poder en un nivel abstracto, hablando de asuntos de legitimación y la materialización de conocimiento ritual. Se requiere un nivel más concreto de la discusión para contestar la pregunta; ¿por qué campos de pelota? ¿Por qué eran los campos de pelota y los rituales asociados un medio eficaz o apropiado para que una élite recién surgida pueda consolidar su poder?

El hecho que una parte del complejo ritual asociado con campos de pelota era un juego no se debe pasar por alto. Lévi-Strauss (1966:32) sugiere que los juegos constituían una categoría única de rito, que “terminan en el establecimiento de una diferencia entre jugadores individuales o equipos donde originalmente no había ninguna indicación de desigualdad.” Fox (1996:493) nota la calidad no predecible del juego de pelota y otros rituales involucrando juegos y deportes. Fox sugiere que los juegos, junto con los festejos asociados, proporciona una situación donde los caciques locales podrían aumentar su prestigio a través de un despliegue público. Él sugiere que la fiesta hubiera seguido al juego, como “un intento de transformar la competencia y el conflicto en coordinación y obediencia.” Visto de esta manera, los juegos de pelota proporcionarían patrocinadores con un medio de engrandecimiento de sí mismo, que era parcialmente predecible (las fiestas asociadas). El juego mismo era menos predecible, y habría interesado a facciones desafiantes como un medio de ganar prestigio relativo a la facción patrocinadora.

Ha habido numerosas sugerencias sobre la existencia de una relación inversa entre el número de sitios con campos de pelota y el grado de centralización política en una región (Fox 1996; Kowalewski et al. 1991; Santley et al.1991), sugiriendo que los ritos asociados con los juegos de pelota estaban involucrados en la competencia por la hegemonía política. Fox (1996) escribe que los rituales relacionados al juego de pelota eran un medio de reorganizar el paisaje político en el oeste y centro de Honduras. Este precedente habría sido otro factor en la adopción de campos de pelota y rituales asociados por la élite del oriente de Honduras. No sorprende que un complejo ritual ya asociado con la negociación de este tipo de relaciones sociales fuera adoptado por una élite cercana que estaba empezando el proceso de solidificar su lugar en el orden social.

Mucha de la discusión hasta ahora se ha concentrado en el papel de la ideología como una herramienta de la élite. No se debe interpretar eso como un ingenuo funcionalismo que trata de explicar fenómenos ideológicos como si ellos funcionaron para apoyar o reforzar desigualdades. Es improbable que el complejo ritual asociado con campos de pelota hubiera sido percibido por la plebe de la sociedad hondureña oriental solamente como un medio de legitimización para la élite. Más bien, los juegos de pelota habrían constituido una negociación interesante y creíble de asuntos cosmológicos, aunque se puede imaginar que su papel como forma de negociar el poder de la élite y la competencia entre facciones no pasaba inadvertido por el pueblo en general. Demostrar que la “función” de los campos de pelota sirvió como una manera de negociar relaciones sociales es, en un sentido, sólo un paso lejos de las explicaciones funcionales de ideología del pasado, que es un problema que ha plagado los intentos recientes de explicar la ideología como una fuerza mayor en los cambios sociales (ej. Conrad y Demarest 1984). Aquí he tratado de mitigar un poco este problema al enfocar no sólo la manera en que los campos de pelota y los rituales asociados funcionaron como una herramienta de la élite, pero también identificar las maneras en el que los campos de pelota funcionaron dentro de la cosmología existente. Los campos de pelota y los rituales relacionados se habrían presentado y entendido tanto como una negociación entre sociedad y lo sobrenatural, como una negociación entre facciones competitivas de la élite. Los campos de pelota eran importantes en ambos papeles, tanto cosmológico como socio-político.

Dietler y Herbich (1998), usando el ejemplo de la construcción de casas entre los Luo de Kenya, demuestran que los cambios que tienen el efecto de hacer que el orden social parezca “no natural”, pueden dar como resultado una gran preocupación dentro de la sociedad. Utilizando el concepto de “doxa” (la percepción que el orden social es “natural”) de Bourdieu (1977, 1984:257-258), se nota que “experimentos con cambios en la posición de las casas debido a escasez de terreno ha sido una causa de ansiedad considerable, de preocupaciones sobre consecuencias sobrenaturales, y de discusión que intenta establecer, en una forma racionalmente, una ortodoxia”. Es razonable pensar que tal preocupación habría acompañado la adopción de un complejo ritual nuevo. El hecho que los campos de pelota son fundamentalmente “axis mundi “ habría facilitado su aceptación.

CONCLUSIONES

Aunque hay algunas evidencias etnohistóricas de presencia extranjera o mesoamericana en el oriente de Honduras al momento del contacto, no hay ninguna evidencia arqueológica de tal presencia en los periodos investigados aquí (el Clásico Tardío y Postclásico Temprano, o Periodos V y VI). La organización sociopolítica compleja se desarrolló entre 250-600 DC, cuando la interacción con grupos mesoamericanos es evidente. Las élites de la parte oriental de Honduras utilizaron ciertos rasgos arquitectónicos mesoamericanos como parte de su estrategia de mantener su poder. Indudablemente, la adopción de algunos rasgos extranjeros no era la única estrategia empleada en el oriente de Honduras, pero es lo único de lo que hay evidencia.

El enfoque de este estudio es finalmente el desarrollo interno de las antiguas sociedades de esta zona en vez de las conexiones externas. Aunque conexiones externas existieron, e interacciones interregionales eran ciertamente importantes, no quiero poner demasiado énfasis en las influencias externas. He tratado de explorar una parte particular de los mecanismos que utilizaron las élites para poner sus estrategias en acción. Lo identificado aquí es solamente una parte del mecanismo total, pero es el comienzo para comprender las sociedades del oriente de Honduras en sus propios términos. Al explorar el aspecto interno de las afiliaciones externas, es posible examinar procesos internos sin pensar que estas sociedades constituyeron sistemas cerrados, y es posible discutir la influencia mesoamericana sin simplificar demasiado las estrategias de la flor y nata del oriente de Honduras.

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