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58 La vajilla hospitalaria del Ex-Convento de Bethlemitas de la Ciudad de México – Marisol Sala Díaz – Simposio 12, Año 1998

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Sala Díaz, Marisol

1999        La vajilla hospitalaria del Ex-Convento de Bethlemitas de la Ciudad de México. En XII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1998 (editado por J.P. Laporte y H.L. Escobedo), pp.767-768. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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LA VAJILLA HOSPITALARIA DEL EX-CONVENTO DE BETHLEMITAS DE LA CIUDAD DE MÉXICO

Marisol Sala Díaz

En el año de 1993, el Banco de México decide comprar un edificio ubicado en las calles de Tacuba y Bolívar en el Centro Histórico de la Ciudad de México, para instalar una biblioteca, un museo numismático y oficinas generales, ya que este inmueble es un importante edificio colonial del siglo XVIII que fue construido ex profeso para albergar al convento y hospital para convalecientes de Nuestra Señora de Belén y San Francisco Javier de la Orden guatemalteca de los Bethlemitas; se requirió de la intervención de un grupo de arqueólogos que, dirigidos por Elsa Hernández Pons, ha realizado investigación, excavación y análisis de diversos materiales, lo que ha dado a este proyecto una visión bastante completa de la vida cotidiana de este convento-hospital.

Como resultado de la excavación arqueológica de contextos, que presumiblemente pertenecen a la época de ocupación del convento por los monjes Bethlemitas, a la localización y exploración de un “basurero” que creemos es resultado de una de las muchas epidemias que azotaron a la capital de la Nueva España y del cual se recuperaron alrededor de 30,000 tiestos, 25 piezas completas de cerámica, varios cientos de huesos de animales y otros materiales diversos (vidrio, lítica, etc); así como a la consulta de algunos documentos de la orden en México y a otros que refieren la vida en los conventos guatemaltecos, hemos podido inferir la existencia de una vajilla con la cual se le daba servicio a los enfermos convalecientes de este hospital.

Dicha loza la podemos dividir en dos tipos de menaje, tomando en cuenta las características que nos definen cada grupo cerámico, la forma y función de cada una y su acabado de superficie.

El primer menaje corresponde a la función de proporcionar alimentos, líquidos y sólidos y, posiblemente, también para medicamentos a cada uno de los enfermos. Está compuesta por cuatro piezas: un plato semi-hondo de borde y cuerpo recto divergente, con fondo plano y soporte anular somero; un tazón grande de borde ligeramente evertido, cuerpo esférico y soporte anular; tazón chico con las mismas características que el anterior y un vaso pequeño de borde y cuerpo rectos, también con soporte anular.

Todo este conjunto está elaborado en cerámica del Grupo Mayólica y se presenta en dos tipos distintos: el primero y más abundante es el que se ha definido como Blanco Ciudad de México, sin decoración y cuyo tono superficial va del crema al gris, siendo su acabado a veces muy bueno y otras algo deficiente; el otro tipo con que contamos y que parece que se utilizó para las mismas funciones que el anterior, ya que lo encontramos también en abundancia dentro del “basurero de epidemia”, es el tipo Puebla Azul/Blanco, que en cuanto a formas se aprecia en: el plato semi-hondo, el tazón grande y el vaso; la decoración que tiene esta vajilla está dada por motivos geométricos y fitomorfos. En el borde de platos, franjas y conjuntos de hojas estilizadas y en el fondo una pequeña flor; los tazones y vasos presentan pequeños conjuntos de hojas distribuidas en el cuerpo exterior.

Este primer menaje nos aporta una característica muy especial y distintiva, algunos de los platos semi-hondos del tipo Blanco Ciudad de México, presentan en el fondo una “B” (mayúscula), lo que nos ha permitido plantear la hipótesis de que éstos los hacían especialmente para uso de este convento-hospital.

El segundo grupo o menaje estaría relacionado con el servicio personal, higiene y confort al enfermo; está compuesto por bacines y candeleros, los primeros van desde los tradicionales de borde evertido, cuerpo recto y fondo plano, hasta unos muy característicos en forma de “vaso” alto con un asa y soporte anular, que pensamos, podrían compararse con lo que actualmente es el “cómodo”, sobre todo en este caso donde la población del hospital era masculina.

Los candelabros son los que cotidianamente debieron utilizarse en todas partes, de porta vela cilíndrico y palmatoria en forma de plato pequeño; ambos objetos pertenecen al grupo de cerámica con baño de barniz de plomo (vidriada), que además de ser en la que se elaboraban la mayoría de los elementos para uso doméstico, no tiene decoración, es de buena manufactura y ha de haber sido muy económica, dado su uso extensivo en formas y tamaños de uso doméstico, como lo evidencia cotidianamente la arqueología urbana de la Ciudad de México. Los ejemplares vidriados de Bethlemitas, serían del tipo Ciudad de México.

De acuerdo a lo anterior, contamos probablemente con lo que sería la vajilla de uso cotidiano y hospitalario necesaria para los enfermos de este convento, definida con la “B” característica, lo que nos refiere la existencia y fabricación de una cerámica dirigida al consumo específico del Hospital de Bethlemitas, aunque este tipo de cerámica no es el único ejemplo con que contamos de la actividad alfarera enfocada a usos específicos en otros lugares de la propia Ciudad de México, conocemos la vajilla del Hospital de San Juan de Dios, cuyo texto al fondo de los platos es mayor y también en tinta sepia o negra, localizada durante los trabajos de remodelación de dicho convento o la mayólica blanca del Convento de Santo Domingo, en Antigua Guatemala, trabajada recientemente y que conserva la marca “Do.” en una proporción considerable; por citar como ejemplos comparativos de un tema muy poco trabajado hasta la fecha.

En cuanto al menaje bacín-candelero, vendría a completar los utensilios utilizados para la higiene, confort y buena convalecencia del enfermo, lo que era uno de los principales motivos en que los monjes Bethlemitas tuvieron tanto éxito, en una época en que dichos menesteres dejaban mucho que desear, amén de las sucesivas epidemias que azotaron a la población de la Nueva España.

Por otro lado, los grupos cerámicos estudiados no son de lujo y corresponden a materiales de uso cotidiano extenso en todos los grupos sociales de la época colonial.

Algunos documentos de archivo y listados de compras del convento de Antigua Guatemala, mencionan la programación anual de adquirir vajilla nueva para el hospital; no hemos encontrado las listas de compras del Convento de la Ciudad de México, pero consideramos que no pueden ser muy distintas de su otra sede, debido a las funciones específicas de esta orden hospitalaria.

El presente trabajo, sólo pretende aportar algunos datos para la mejor comprensión del trabajo y desarrollo cotidianos de la rama masculina de la Orden, que todavía en la actualidad sigue proporcionando alivio a enfermos y cuidado a la gente que se acerca a sus atenciones. Además, aportar a la discusión sobre las particularidades y formas de vida interna que tuvieron las diferentes órdenes religiosas durante la época colonial americana.

 

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