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44 El Clásico Terminal en el Sureste del Área Maya: Una visión desde El Salvador – Rafael Cobos – Simposio 12, Año 1998

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Cobos, Rafael

1999        El Clásico Terminal en el Sureste del Área Maya: Una visión desde El Salvador. En XII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1998 (editado por J.P. Laporte y H.L. Escobedo), pp.573-582. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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EL CLÁSICO TERMINAL EN EL SURESTE DEL ÁREA MAYA:

UNA VISIÓN DESDE EL SALVADOR

Rafael Cobos

El Salvador ha sido considerado como una de las fronteras de Mesoamérica por su ubicación dentro de la geografía de esta área cultural. Es más, la región por donde pasa la línea divisoria que separa a Mesomérica de Centroamérica fluctuó de acuerdo a los diferentes periodos de la prehistoria de El Salvador y, durante el lapso comprendido entre 800 y 1100/1200 DC, varios investigadores pensaban que la frontera entre Mesoamérica y Centroamérica se encontraba en el río Lempa. Por ejemplo, tanto los datos lingüísticos presentados por Lehman (1910) y Weber (1922), como los resultados de los análisis arqueológicos realizados por Lothrop (1939), Haberland (1960) y Longyear (1966), sugirieron que el centro y occidente de El Salvador presentaban fuertes nexos con Mesoamérica, en tanto que el oriente se relacionaba más bien con Centroamérica.

Sin embargo y como resultado de las diferentes investigaciones realizadas en las últimas tres décadas, se reconoce que el oriente de El Salvador también participó de los mismos procesos culturales que ocurrieron en varios puntos de Mesoamérica y no fue un área relacionada exclusivamente con el centro de Honduras, Nicaragua y otras regiones de Centroamérica. Por lo tanto, para el periodo comprendido entre 800 y 1100/1200 DC, un cuerpo substancial de datos arqueológicos apoyan interacciones y similitudes culturales entre el oriente, centro y occidente de El Salvador y la zona Maya, Costa del Golfo de México y el Altiplano Central de México.

El cuerpo de datos arqueológicos revela que durante el periodo Clásico Terminal la frontera Sureste de Mesoamérica llegaba hasta el oriente de El Salvador e incluye: el hallazgo de materiales arqueológicos diagnósticos cuyas fuentes de origen se localizan más allá de las fronteras de este país; los análisis cerámicos y el estudio de la tecnología empleada en la elaboración de piezas en obsidiana y metal reportados de varios asentamientos en El Salvador; el fechamiento de los contextos en los que se han hallado estos materiales tanto en Mesoamérica como Centroamérica. Por lo tanto, la línea divisoria entre Mesoamérica y Centroamérica para el periodo Clásico Terminal debe ubicarse en el Golfo de Fonseca y no tanto en la zona central de El Salvador.

Otros investigadores han destacado la interacción entre Mesoamérica y su frontera Sureste, especialmente cuando han estudiado los nexos culturales con Chiapas y las Tierras Altas Mayas durante los periodos Preclásico Medio y Tardío; los contactos entre Copan, el occidente de Honduras y Tierras Altas Mayas durante el Clásico Tardío; la migración y establecimiento de Aztecas en el Posclásico Tardío. Sin embargo, el objetivo del presente trabajo consiste en demostrar la interacción cultural entre Mesoamérica y su frontera Sureste, particularmente durante el periodo Clásico Terminal. Para lograr este objetivo, en la primera parte se hace una revisión de los materiales diagnósticos hallados en contextos arqueológicos en El Salvador y que se fechan entre 800 y 1100/1200 DC. En la segunda parte se destaca el papel jugado por los diferentes asentamientos de El Salvador en la interacción cultural de Mesoamérica y la frontera Sureste durante el periodo Clásico Terminal.

EL PERIODO CLÁSICO TERMINAL (800-1100/1200 DC) EN EL SALVADOR

A mediados de la década de 1920, Samuel K. Lothrop excavó en la hacienda Los Almendros y en el Cerro El Zapote. En la hacienda Los Almendros, Lothrop (1927) encontró en el mismo nivel estratigráfico alfarería Tohil Plomizo, cerámicas Maya y Nicoya Policromo y fragmentos de figurillas que representan a la deidad Tlaloc. El Cerro El Zapote fue el segundo sitio excavado por Lothrop (1927) y ahí volvió a encontrar en el mismo nivel estratigráfico cerámica Maya, alfarería Tohil Plomizo y vasijas con la imagen del dios de la lluvia o Tlaloc. Como resultado de sus trabajos, Lothrop propuso una secuencia cultural para el periodo prehispánico en El Salvador y reconoció que las culturas Maya perteneciente al periodo Clásico y Pipil fechada para el periodo Postclásico, estaban representadas por sus correspondientes alfarerías, además de que fueron contemporáneas en algún momento.

El mérito de las conclusiones de Lothrop radica en haber reconocido estratigráficamente una contemporaneidad entre las cerámicas Maya y Pipil y, a tres cuartos de siglo después de realizadas sus excavaciones en El Salvador, la secuencia cultural propuesta por Lothrop se mantiene vigente para el periodo Clásico Terminal. Además, esta secuencia ha sido enriquecida por el hallazgo de otros materiales arqueológicos reportados de varios asentamientos de El Salvador. Por ejemplo, la contemporaneidad entre las cerámicas Maya y Pipil duró hasta el siglo XII DC en Chalchuapa; el uso de cerámicas locales hasta fines del siglo X DC, sin llegar a la continuidad o presencia de alfarería Pipil, se ha documentado en San Andrés, Los Llanitos, Quelepa y Antiguo Cuscatlán; la presencia de alfarería Pipil en Cihuatán y Santa María se fecha entre 900 y 1100 ó 1200 DC. A continuación se revisa la evidencia.

CHALCHUAPA (TAZUMAL)

Los vestigios de la ocupación Clásico Terminal en Chalchuapa se observan en varios materiales arqueológicos como son el uso del talud-tablero en la Estructura B1-2 y la existencia de una plataforma redonda en la Estructura B1-8, dos esculturas que representan chacmooles, presencia de obsidiana verde procedente del centro de México y gris de la fuente de Ixtepeque, cerámicas de comercio del tipo Tohil Plomizo, Nicoya Policromo y posiblemente Naranja Fino Silho, tres piezas de tumbaga procedentes de Centroamérica consistentes en una cuenta tubular, la cabeza rota de un animal y el cuerpo entero de un segundo animal, tres hachas y tres yugos (Boggs 1943b, 1944, 1945, 1962, 1963; Fowler 1989; Sharer 1978; Sheets 1978). En el caso de la alfarería local, Sharer (1978 [3]:211) reconoció tanto “una continuidad en la tradición alfarera doméstica”, así como un patrón de ocupación ininterrumpido que duró hasta el periodo Postclásico.

LOS LLANITOS

De acuerdo a lo reportado por Longyear (1944, 1966), Los Llanitos es un asentamiento que yace en el valle del río Grande de San Miguel. El asentamiento consiste en aproximadamente 10 montículos agrupados alrededor de dos plazas y un Juego de Pelota cerrado. La alfarería de Los Llanitos incluye tiestos similares a los de Quelepa pero no se reportó haber encontrado cerámicas policromas Quelepa ni Copador (Longyear 1944). Además, Los Llanitos Policromo es una cerámica muy similar a Las Vegas Policromo reportado en valle de Comayagua en la parte central de Honduras (Longyear 1966).

SAN ANDRÉS

El último momento de ocupación asociado al periodo Clásico de este sitio ocurrió entre 900 y 1000 DC (Black 1983; Boggs 1943a; Cobos 1996). Los materiales arqueológicos de San Andrés incluyen cerámica Copador, alfarería producida localmente en el centro de El Salvador representada por los grupos cerámicos Guazapa, Chilama, Gualpopa Policromo, Campana Policromo, navajas de obsidiana gris, jadeíta, pirita. Además, unos cuantos tiestos Tohil Plomizo, cinco incensarios anulares con espigas, un brasero circular y un yugo fueron hallados ya sea en la Estructura 1 o asociados a ella (Boggs 1943a; Cobos y Sheets 1997; Dimick 1941).

QUELEPA

El último momento de ocupación de Quelepa ocurrió durante la fase Lepa fechada ente los años 650 y 950 DC y la evidencia procede del Grupo Oeste. Este grupo está compuesto por una plaza rectangular, un Juego de Pelota cerrado y plataformas de varios tamaños (Andrews V 1976, 1977). Alfarería del tipo Copador Policromo, tan característica del centro y occidente de El Salvador, no se halló en Quelepa. Sin embargo, la cerámica de la fase Lepa incluye los grupos Quelepa Policromo y Los Llanitos Policromo y ambos han sido reconocidos como alfarería de comercio. Además, desde el punto de vista tipológico, Quelepa Policromo no parece ser originario del oriente de El Salvador y tampoco se relaciona a Ulúa Policromo ni a Los Llanitos Policromo. Aparentemente, la pasta fina que integra la cerámica Quelepa Policromo presenta más afinidades con la alfarería del tipo Naranja Fino hallada en las Tierras Bajas Mayas y la costa de Veracruz en el Golfo de México. Es más, tomando en cuenta la decoración, engobe y forma de las vasijas, la cerámica que integra el grupo Quelepa Policromo tiene mayor relación con la tradición cerámica de pasta fina de la costa del Golfo de México (Andrews V 1976:122; Braswell, Andrews V y Glascock 1994:176).

Otros de los hallazgos interesantes de Quelepa incluyen figurillas con ruedas, varias ocarinas, tres yugos, dos palmas, un hacha y varias piezas de obsidiana. La palma más grande “representa a un individuo de labios protuberantes, probablemente Quetzalcoatl en su aspecto de Ehecatl, dios del viento” (Andrews V 1976:169, Figura 174-180). El análisis tanto visual como de activación de neutrones de la obsidiana de Quelepa reveló que durante la fase Lepa el sitio se abasteció principalmente de obsidiana de Ixtepeque, fuente localizada en el oriente de las Tierras Altas de Guatemala (Braswell, Andrews V y Glascock 1994).

LOMA CHINA

Varios entierros se encontraron asociados a vasijas del tipo Naranja Fino Silho, Tohil Plomizo, Nicoya Policromo y obsidiana verde (Boggs 1981). El fechamiento asignado a Loma China corresponde al siglo X DC, es decir, entre 900 y 1000 DC.

El entierro principal (# 1), se halló acompañado de cuatro pequeñas placas de mosaico compuestos por turquesa, pirita, concha y jadeíta. En dos de estas placas se puede distinguir a un individuo que aparenta ser un guerrero, ya que porta “casco”, “chaleco”, sandalias, un escudo en una mano y en la otra mano tiene agarrada una serpiente emplumada (Boggs 1982:64; Fowler 1989:42-43).

CIHUATÁN Y SANTA MARÍA

Estos dos sitios fueron ocupados únicamente durante la fase Guazapa fechada entre 900 y 1200 DC (Bruhns 1980, 1987; Fowler 1978, 1989; Fowler y Earnest 1985; Fowler y Solís 1977; Kelley 1988). Las construcciones principales de Cihuatán y Santa María evidencian la utilización de talud-tablero en las fachadas y balaustradas de los edificios, uso de almenas, columnas, plataformas-templo con planta arquitectónica en forma de T, dos juegos de pelota cerrados. La presencia de estos rasgos tanto en Cihuatán y Santa María le sugirieron a Fowler (1995:147, ver también Fowler 1978, 1989) la presencia de un “complejo cultural” asociado con la Costa del Golfo y Altiplano Central de México.

Desde el punto de vista del asentamiento, una muestra de los nexos entre Cihuatán y el centro de México se aprecia claramente en la distribución espacial de rasgos que incluyen el Juego de Pelota, la presencia de una plataforma alargada y una estructura formada por varios cuerpos o basamentos superpuestos. Es decir, la estructura principal de Cihuatán tiene al norte una plaza y una estructura alargada de planta rectangular, esta estructura parece delimitar un espacio cerrado o pequeño patio el cual conduce, por una escalinata ubicada en su lado norte, al Juego de Pelota Norte de Cihuatán. El arreglo arquitectónico observado en Cihuatán es muy semejante a los reportado en el sitio de Cantona ubicado en la cuenca oriental de Puebla, México (García Cook y Merino 1998).

Desde el punto de vista cerámico, el complejo cerámico Guazapa está integrado principalmente por los grupos Lajas Burdo, Tamulasco Plano y García Rojo. Una característica particular del complejo cerámico Guazapa es que toda la alfarería fue elaborada localmente y es básicamente homogénea (Fowler 1989:153; Fowler y Earnest 1985:25). Sin embargo, la alfarería Lajas Burdo “forma un subcomplejo ceremonial con incensarios grandes, bicónicos con espigas y efigies modeladas a un tamaño natural, [estos] incensarios están cercanamente relacionados con aquellos de Tula” (Fowler y Earnest 1985:26).

Cerámicas Policromo Firme y Policromo Laca originarias de la zona Mixteco-Puebla en el centro de México y los tipos Tohil Plomizo y Nicoya Policromo se hallaron en Cihuatán. Por otra parte, en Santa María, excluyendo a las dos primeras, Tohil y Nicoya se hallaron en este sitio (Bruhns 1980; Fowler y Earnest 1985). Cabe destacar que no se reportó haber encontrado alfarería Naranja Fino Silho en ambos sitios. Otros materiales cerámicos hallados en Cihuatán incluyen varias piezas fragmentadas de incensarios, tapaderas que representan el rostro de Tlaloc, pequeñas estatuas efigie de jaguares sentados, figurillas con ruedas (Boggs 1972).

Los resultados del análisis por medio de fluorescencia de rayos-X practicado en 20 piezas de obsidiana de Cihuatán revelaron que 12 piezas son originarias de Ixtepeque, siete de El Chayal, una fue importada desde San Martín Jilotepeque (Fowler et al. 1987). De acuerdo a Bruhns (1980:98), las excavaciones realizadas en Cihuatán durante la década de 1970 no revelaron la presencia de obsidiana verde. La ausencia de obsidiana verde en Cihuatán es otra evidencia que relaciona a este sitio de El Salvador con Cantona, es decir, después de tres años de investigaciones efectuadas entre 1992 y 1994 en Cantona no se encontró un solo fragmento de obsidiana verde en el sitio (García Cook y Merino 1998:214).

ANTIGUO CUSCATLÁN

Un rescate arqueológico realizado en dos estructuras de este sitio reveló la presencia de vasijas Tohil Plomizo, Nicoya Policromo, incensarios estilo Mixteca-Puebla y varias navajas prismáticas de color verde (Velásquez y Hermes 1996, 1997). De acuerdo a Velásquez y Hermes (1997:254), los materiales encontrados en Antiguo Cuscatlán se fechan entre 900 y 1200 DC.

Con los datos presentados sobre los asentamientos antes mencionados se nota que durante el periodo Clásico Terminal en El Salvador llegaron materiales originarios tanto de Centroamérica como de Mesoamérica. Aquellos originarios de Centroamérica incluyen cerámica Nicoya Policromo de Costa Rica, o bien, Policromos de estilo Papagayo originarios en algún punto de Honduras (ver Healy 1988), oro y tumbaga de Costa Rica y Panamá (ver Bray 1977, 1996). Materiales propios de Mesoamérica que fueron importados a El Salvador incluyen alfarería Tohil Plomizo del occidente de Guatemala (Neff 1984; Neff y Bishop 1988), Naranja Fino de las Tierras Bajas Mayas Occidentales (Bishop 1994; Foias y Bishop 1994), incensarios tipo Mixteca-Puebla (Coggins 1984) e incensarios bicónicos con efigies modeladas del dios de la lluvia o con espigas (Andrews IV 1970; Diehl 1993), obsidiana verde de la fuente de Pachuca y gris de la fuente de Ixtepeque (Braswell 1997), jadeíta del valle del Motagua (Bishop y Lange 1993; Bishop, Sayre y Mishara 1993; Garber et al. 1993; Harlow 1993), yugos, hachas y palmas originarios aparentemente del sureste del área Maya y no tanto de Veracruz (Shook y Marquis 1996).

La revisión cronológica de los materiales arqueológicos antes mencionados revela que en algunos casos se encontraban presentes en la zona Maya desde el siglo III DC, como por ejemplo la obsidiana verde. En otros casos, materiales tales como las cerámicas Tohil Plomizo, Naranja Fino, los incensarios tipo Mixteca-Puebla, los yugos, hachas y palmas, surgieron entre 800 a 900 DC y no se les puede asociar con un grupo o grupos étnicos en particular, ya que se intercambiaron por varios puntos de la zona Maya y Mesoamérica. Por otra parte, los incensarios bicónicos con efigies modeladas del dios de la lluvia o solamente con espigas presentan estrechas semejanzas con aquellos reportados en Tula, Hidalgo, en el centro de México y en la gruta de Balamcanche en Yucatán. Estos incensarios bicónicos parecen haberse elaborado después del siglo X DC y se han encontrado en los contextos estratigráficos superiores de Quelepa y Cihuatán.

La aparición de materiales alóctonos en contextos arqueológicos fechados entre 800 y 1000 DC en El Salvador es contemporáneo total o parcialmente con tres procesos socio-culturales importantes:

1.        Asentamientos tales como San Andrés, Los Llanitos y Quelepa llegaron al final de su principal ocupación entre 900 y 1000 DC. Al momento de ocurrir este evento, San Andrés, Los Llanitos y Quelepa contaban con sus propios sistemas culturales además de que participaron de la cultura de Mesoamérica.

2.        Chalchuapa continuó ocupado hasta 1200 DC, según se infiere por la arquitectura y cerámica del sitio. Además, se ha demostrado que no hubo una invasión o llegada de nuevos pobladores a Chalchuapa, aunque se reconoce que los habitantes de Chalchuapa adoptaron ciertos elementos arquitectónicos de uso generalizado en Mesoamérica tales como el talud-tablero, plataforma circular y aparecen las esculturas del tipo Chacmool en el sitio. Al igual que San Andrés, Los Llanitos y Quelepa, Chalchuapa participó de la cultura de Mesoamérica.

3.        Cihuatán y Santa María evidenciaron un surgimiento, apogeo y colapso que duró entre 200 y 300 años. Los datos etnohistóricos, lingüísticos y arqueológicos apoyan el argumento de que Cihuatán y Santa María fueron ocupados por individuos Nahua/Pipil que emigraron desde el centro y/o Costa del Golfo de México después de 800 DC.

Los tres procesos socio-culturales que ocurrieron en El Salvador reflejan en gran medida las transformaciones y transiciones que sucedieron en otras partes de Mesoamérica después de la caída de Teotihuacan y durante el surgimiento y florecimiento de capitales regionales, particularmente después de 700 DC. Estas transformaciones y transiciones que se hacen presentes en la frontera Sureste de Mesoamérica se atribuyen tanto al desarrollo evolutivo local de varios sitios Clásicos, como por la interacción que presentaron estos sitios con regiones localizadas más allá de las fronteras de El Salvador.

Robert Sharer (1984) sugirió a principios de la década de 1980 que el aspecto económico pudo haber jugado un papel importante en las transformaciones y transiciones culturales en la frontera Sureste de Mesoamérica. Es decir, sitios de El Salvador pudieron haber funcionado como focos a lo largo de un sistema de distribución, o bien, que existieron capitales regionales las cuales controlaban el sistema de circulación y distribución de materiales. La existencia tanto de focos y las capitales regionales pudo haber sido contemporánea, aunque geográficamente excluyente.

Por ejemplo, en el caso de Quelepa, Braswell, Andrews V y Glascock (1994:188) argumentan que este sitio “pudo haber sido un enclave colonial establecido para propósitos económicos”. De acuerdo a estos investigadores, la obsidiana de Quelepa formó parte de un sistema que se abasteció de la misma fuente, produjo los mismos artefactos y presentó la misma ruta de transferencia, es decir, el sistema del que formó parte Quelepa estaba muy organizado en comparación al sistema Centroamericano. El sistema Centroamericano predominó en el centro de Honduras, Nicaragua y una gran parte de Costa Rica, estaba menos organizado que el anterior, el intercambio se realizó por medio de trueque y las industria de navajas prismáticas tan característica de Mesoamérica apareció hasta después de 1000 DC (Braswell 1997:19-29; Braswell, Andrews V y Glascock 1994:189; Sheets et al. 1989).

Otro ejemplo de enclave en El Salvador pudo ser Cihuatán. Este sitio pudo haber sido establecido por Nahua/Pipiles procedentes de la región del oriente de Puebla, México, con el fin de obtener tanto productos locales como el cacao y el algodón, como otros procedentes de Centroamérica como la cerámica Nicoya Policromo, versiones regionales de esta cerámica como Papagayo Policromo y metales.

Por otro lado, es posible que Chalchuapa haya funcionado como una capital regional, la cual controló el sistema de circulación y distribución de materiales tanto Mesoamericano como Centroamericano. La posición geográfica de Chalchuapa en el Sureste de la zona Maya, occidente de El Salvador y su cercanía con la llanura costera del Pacífico debieron sin duda haber influido en el papel que jugó Chalchuapa como punto importante en el paso de productos entre Centroamérica (tumbaga, cerámica Nicoya Policromo) y Mesoamérica (obsidiana verde de Pachuca, obsidiana gris de Ixtepeque, cerámicas Tohil Plomizo y posiblemente Naranja Fino Silho, hachas y yugos).

Posiblemente San Andrés haya también funcionado como capital regional debido a su ubicación en la parte central de El Salvador. Es decir, la localización geográfica de San Andrés cerca de los ríos Sucio y Agua Caliente y dada la corta distancia que existe entre el río Lempa (al norte) y la llanura costera del Pacífico (al sur), San Andrés debió de haberse beneficiado en parte de los productos que circulaban entre el oriente y el occidente de El Salvador. Si este fue el caso, esto explicaría la presencia materiales alóctonos de El Salvador en el sitio.

Por lo tanto, durante el lapso comprendido entre 700 ó 750 DC y 1100 ó 1200 DC, El Salvador no estuvo aislado de los procesos culturales que ocurrieron en otras partes de Mesomérica. De hecho, las condiciones generadas ya sea por factores internos y/o externos, dieron como resultado el establecimiento de un sistema de focos y capitales regionales que controlaron la circulación y distribución de materiales a todo lo largo de El Salvador. La evidencia arqueológica muestra que entre 800 y 1100 ó 1200 DC, la frontera Sureste de Mesoamérica llegó hasta el Golfo de Fonseca.

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