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39 Los entierros del Proyecto Rescate Arqueológico Santa Rosa, Izabal – Yvonne Putzeys, Edgar R. Ortega y Edgar Suyuc Ley – Simposio 12, Año 1998

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Putzeys, Yvonne, Edgar R. Ortega y Edgar Suyuc Ley

1999        Los entierros del Proyecto Rescate Arqueológico Santa Rosa, Izabal. En XII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1998 (editado por J.P. Laporte y H.L. Escobedo), pp.527-534. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

39

LOS ENTIERROS DEL PROYECTO

RESCATE ARQUEOLÓGICO SANTA ROSA, IZABAL

Yvonne Putzeys

Edgar R. Ortega

Edgar Suyuc Ley

Como parte de las obras de mejoramiento que ha implementado el actual gobierno, se encuentra el Proyecto de “Caminos de la Oportunidad”, cuyo objetivo principal es trazar caminos nuevos que conecten diferentes poblaciones. Uno de estos caminos fue la nueva carretera entre Río Dulce y el municipio de El Estor en el departamento de Izabal, misma que en un trayecto de 42 km atraviesa varios ríos y pasa a través de un sitio arqueológico de importancia como lo es Santa Rosa, ubicado dentro de la finca del mismo nombre, entre el río Sauce y el caserío El Boquerón, al pie de la sierra Santa Cruz.

Este sitio fue estudiado y excavado en 1979 (Vega de Zea 1984), obteniendo variada información que incluyó mapeo y levantamiento topográfico de los montículos, así como excavación de algunos entierros, incluyendo un análisis preliminar de la cerámica recuperada.

El presente trabajo corresponde a los resultados obtenidos durante la realización del Proyecto de Rescate Arqueológico Santa Rosa, el cual se efectuó con la cooperación del Instituto de Antropología e Historia (IDAEH), la Dirección General de Caminos (DGC) y la empresa ECOAGRO S.A., propietaria de la finca Santa Rosa. El proyecto tuvo una duración aproximada de un mes, en el cual se realizó rescate arqueológico en el eje que seguiría la carretera referida, específicamente en el tramo finca Santa Rosa – El Boquerón, el cual afectó aproximadamente un 5% del sitio, siguiendo el curso aprobado por el IDAEH.

Se dividió el área en tres sectores que se denominaron operaciones, de la forma siguiente (Figuras 1 y 2):

Operación A:        Pozos de sondeo en el eje del tramo carretero dentro de la finca

Operación B:        Montículos afectos por la carretera, afuera y dentro de la finca

Operación C:        Pozos de sondeo en el eje del tramo carretero fuera de la finca

La nomenclatura que se utilizó en el sitio fue la siguiente: SR-A-1-2, iniciales del nombre del sitio, literal de la operación, número del pozo y nivel arbitrario (0.20 m cada uno). En las excavaciones que fue preciso extenderse, como sucedió con los entierros, se le agregó una literal después del número del montículo, según fuera necesaria con cada operación. El tramo carretero que se excavó abarca una distancia total de 1,541.45 m lineales desde el punto topográfico 8+ 871.62 hasta el 10+ 413.07, con 83 pozos excavados, distribuidos en las tres operaciones, en una temporada de campo que abarcó del 8 al 30 de Septiembre de 1997, también se contó con el apoyo del Ing. Romeo García C. de la empresa constructora Cerro Alto S.A. y del Sr. Manuel Paredes, Alcalde Municipal de El Estor.

Figura 1 Mapa del lago de Izabal, con ubicación del sitio arqueológico Santa Rosa

Figura 2 Plano del área de trabajo del Proyecto de Rescate Arqueológico de Santa Rosa

        El área con mayor impacto con el trazo de la carretera, lo constituyeron 10 montículos que se distribuyen a lo largo del eje de la carretera que corre paralela al cauce el río Sauce, siendo este el límite oeste del sitio. Las alturas de los montículos variaban entre 0.40 m hasta 1.20 m, a excepción del Montículo 10 (SR-B-10), que aún se conserva y tiene una altura de 3 m. Sólo en los montículos se realizaron 53 unidades de excavación que incluyeron pozos, trincheras y calas.

El objetivo primordial de las trincheras fue determinar arquitectura, investigando en su exterior los muros que delimitan cada estructura, definir la fachada frontal y conocer el tipo de acceso, mientras que de los pozos llevados a cabo en la parte superior central de cada montículo, se buscaba información sobre los tipos de relleno, evolución constructiva y recuperación de materiales arqueológicos. El Montículo 10 fue el único donde solamente se excavó un pozo hacia el norte del mismo, para conocer su secuencia constructiva en relación con los pozos efectuados en el inicio del eje del tramo carretero y para recuperar algunos de sus materiales arqueológicos. Fue en este pozo donde se detectó el Entierro 20 en la esquina noreste, a una profundidad de 1.70 m (nivel 8) y debido a la falta de tiempo, pues era el último día de trabajo, no pudo excavarse más, sino solamente se señaló el lugar del hallazgo mediante el dibujo respectivo.

Durante los trabajos realizados en la operación B (montículos), se recuperaron un total de 7,610 tiestos cerámicos, 82 fragmentos de obsidiana, 41 fragmentos de lítica, 104 fragmentos de barro quemado, 10 fragmentos de figurillas, así mismo fue también en esta operación donde se rescató la mayoría de las piezas cerámicas y artefactos, los cuales por la humedad del suelo y del ambiente que caracterizan a la región, se encontraban con un alto grado de deterioro.

El total de piezas recuperadas se cuantificó de la forma siguiente:

Vasijas cerámicas (completas, fragmentadas e incompletas)        32

Objetos de jadeíta                                                 8

Objetos de pedernal                                                 2

Artefactos de basalto                                                 1

Objeto de feldespato                                                 1

Durante la realización del proyecto, se localizó un total de 20 entierros, de los cuales 18 fueron hallados en el Montículo SR-B-5 (Figura 5), uno en plaza, aunque a poca distancia del Montículo SR-B-4 y el último asociado al Montículo SR-B-10.

En el proceso de excavación del Montículo SR-B-5, el cual tiene una altura de 1.35 m, se realizó un pozo en la parte superior central del montículo de 2 m por lado y al llegar al nivel 6 (1.20 m) de profundidad se detectaron los primeros restos óseos que correspondían al Entierro 1 y que se encontraba debajo de un tendido (recubrimiento) de tiestos cerámicos y fragmentos líticos compactados con un grosor de 0.30 m que se extendía hacia el sur del pozo, por lo que fue preciso extender la excavación 1 m (SR-B-5ª) para excavarlo. Este individuo se encontraba en posición de decúbito dorsal flexionado y su estado, aunque bastante deteriorado, permitía reconocer a un adulto, el cual no presenta mayores ofrendas asociadas.

El Entierro 2 se localizó en un pozo de plaza (SR-A-7), aproximadamente 5 m al norte del Montículo SR-B-4, en la esquina noreste del pozo se ubicó el entierro a un costado de una alineación de piedras que se detectó originalmente en ese pozo y que se extendía en forma diagonal por el mismo. Posteriormente se excavaron dos trincheras y dos calas para seguirlo y determinar su principio y fin, por lo que pudo constatarse que se iniciaba en el Montículo SR-B-4, prolongándose de forma irregular como zigzag hacia el norte y terminar en la plaza. La función de esta construcción no ha podido determinarse con exactitud, pero dentro de las posibles explicaciones está la de que se trate de una subestructura en una época anterior a la ocupación más fuerte del sitio durante el Clásico Tardío (500-900 DC), la que quedará posiblemente inconclusa. El entierro se encontró en el nivel 4 (0.85 m) y su posición era de decúbito dorsal flexionado con una cuenta de feldespato y otra de cerámica asociadas al mismo. Su estado de conservación era malo, sin embargo el individuo pudo ser un infante de alrededor de 12 años de edad (Fernando Moscoso, comunicación personal 1997).

Los Entierros 3 y 4 se localizaron en el Montículo SR-B-5, en el nivel 2 (0.30 m; Figura 3) y se encontraban en posición de decúbito dorsal extendido con una orientación este-oeste y contenían una ofrenda cerámica que incluía 17 vasijas fragmentadas (completas e incompletas), su estado de conservación era pésimo, debido principalmente a la proximidad de la superficie. Para excavar y levantar estos entierros fue preciso realizar ampliaciones de 1 m (SR-B-5B) y de 1.50 m (SR-B-5C), hacia el este de la excavación original.

En el nivel 7 (1.41 m), se encontró el Entierro 5, hacia el oeste del #3 y #4; éste se encontraba en posición de decúbito dorsal muy flexionado, con una orientación norte-sur y debido a su estado de conservación fue uno de los que se levantó en maqueta y se trasladó al laboratorio del DEMOPRE, para su posterior análisis por un especialista.

Hacia el este del Entierro 5, a una profundidad de 1.36 m (Nivel 7), se localizó el Entierro 6, que era un adulto, posiblemente masculino y que se encontraba en posición de decúbito lateral muy flexionado y al que le “fracturaron la columna en dos partes” (Fernando Moscoso, comunicación personal 1997). Este entierro no presenta ninguna ofrenda y su orientación era este-oeste. Hacia el norte del Entierro 1, se encontró el Entierro 7, en el nivel 8 (1.50 m), el cual no estaba completo, orientado este-oeste y en mal estado de conservación, se conservaba el cráneo y presentaba una cuenta perforada de jadeíta, como ornamento.

Posteriormente, en los niveles 5 y 6 (0.95 y 1.10 m), debajo de los Entierros 3 y 4, se encontraron los Entierros 8 y 9 (Figura 4), los que también presentaban una ofrenda numerosa que incluía diez piezas: ocho vasijas cerámicas fragmentadas y dos placas pequeñas de jadeíta, estos entierros se encontraban en muy mal estado de conservación, aunque se distinguía su posición como de decúbito dorsal extendido. Estos entierros se levantaron también después de ser dibujados y fotografiados, para poder seguir excavando, ya que en niveles más profundos se distinguían nuevos entierros.

El Entierro 10 era solamente un cráneo al que se le colocaron dos placas de jadeíta pulida perforadas al centro con incisiones sobre la cuenca de los ojos, este cráneo no correspondía aparentemente con ninguno de los otros entierros encontrados, estaba en el nivel 6 (1.22 m) al parecer fue colocado como una aparente ofrenda para alguno de los otros entierros. Su estado de conservación era relativamente bueno y también fue traído al laboratorio del DEMOPRE, para su análisis posterior.

Otro entierro que tenía ornamentos fue el #11, que consistía en tres cuentas de jadeíta perforadas y pulidas, una de las cuales se encuentra en muy mal estado de conservación. El entierro estaba de forma aparente de decúbito dorsal flexionado y sin orientación aparente.

Los Entierros 12, 13 y 14, se encontraron hacia el noreste del Entierro 11, en el nivel 6 (1.15 m, 1.20 m y 1.10 m) y se trataba aparentemente de “infantes menores de diez años” (Fernando Moscoso, comunicación personal 1997), en posición de decúbito dorsal y lateral flexionados y en mal estado de conservación, no presentaba ofrenda aparente.

A una profundidad de 1.45 m (nivel 8) y en la esquina suroeste de la excavación se localizó el Entierro 15, para lo que fue necesario ampliarse hacia el suroeste 1.50 m más (SR-B-5D). Este entierro se encontraba en posición de decúbito dorsal extendido y a la altura de los hombros y el cráneo se encontró un agrupamiento de piedras de canto rodado, a las que no fue posible encontrarles una función determinada y dentro de las cuales se recuperaron dos dientes humanos. Este entierro se encontraba en buen estado de conservación y presentaba la particularidad de tener amputada la pierna derecha a la altura de la rodilla, amputación que no pudo estudiarse si era lesión antigua del individuo o si fue realizada en el momento de la muerte.

Los Entierros 16, 17, 18 y 19, se localizaron en pésimo estado de conservación en los niveles 7 y 8, (1.40 a 1.60 m), hacia el este del Entierro 11 y debajo del #14, parecían ser individuos adultos y en posición también de decúbito dorsal flexionado, aunque al #16 le faltaba la mandíbula inferior, no presentaban ofrendas.

CONSIDERACIONES FINALES

Al concluir todas las excavaciones programadas, en particular la del Montículo SR-B-5, se pudo evidenciar la importancia del sitio arqueológico Santa Rosa, tanto en su arquitectura como en la calidad de cerámica localizada en los entierros y en algunos basureros. Cerámica del sitio había sido previamente analizada y fechada por Lilian Vega de Zea (1984), determinando una ocupación prolongada para el Clásico Tardío y una posible anterior para el Clásico Temprano.

De igual manera, durante este rescate pudimos apreciar lo mismo, definiendo dos ocupaciones claras en los estadios constructivos y en la cerámica (Bernard Hermes, Juan Luis Velásquez, Héctor Paredes y Juan Pedro Laporte, comunicación personal), misma que puede clasificarse de la forma siguiente: tipos de fabricación local, tipos de las Tierras Bajas Mayas (Saxche y Palmar Naranja Policromo, Tinaja Rojo), tipos del valle del río Motagua y tipos de Verapaz.

Figura 3 Entierros 3 y 4 del sitio arqueológico Santa Rosa y sus ofrendas asociadas

Figura 4 Entierros 8 y 9 del sitio arqueológico Santa Rosa y sus ofrendas asociadas

Figura 5 Planta general de los entierros del Montículo SR-B-5, del sitio arqueológico Santa Rosa

        En el Montículo SR-B-5 se encontró al menos tres momentos de enterramientos distintos, aunque al parecer todos durante el Clásico Tardío, sin embargo es necesario hacer un análisis detallado de toda la cerámica para ofrecer datos más precisos. Lo que sí es factible deducir, es que este montículo tuvo una función funeraria específica, ya que debido a la premura del tiempo, no pudo llegarse al nivel estéril del mismo, por lo que no se descarta la existencia de más entierros en otros niveles del mismo montículo. Por el grado de erosión que presentaba en su superficie no se logró determinar su arquitectura de última época, pero en el interior se encontró un alineamiento de piedras formando un muro, el cual sugiere la presencia de una subestructura.

En su momento se recomendó a las partes involucradas, la necesidad y la importancia de conformar un proyecto en el sitio, donde pudiera excavarse con más amplitud en otras partes del sitio, así como la posibilidad de recuperar más materiales e información sobre el desarrollo del mismo y su relación con otras áreas contemporáneas, pero desafortunadamente, no se ha podido realizar hasta la fecha.

REFERENCIAS

Vega de Zea, Lilian

1984        La cerámica arqueológica de Santa Rosa, Izabal. Tesis de Licenciatura, Arqueología, Escuela de Historia, USAC, Guatemala.

 

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