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65 El Epiclásico, Clásico Terminal y Postclásico Temprano: Una visión cronológica desde Teotihuacan, Chichen Itza, Kaminaljuyu y Copan – Geoffrey E. Braswell – Simposio 11, Año 1997

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Braswell, Geoffrey E.

1998        El Epiclásico, Clásico Terminal y Postclásico Temprano: Una visión cronológica desde Teotihuacan, Chichen Itza, Kaminaljuyu y Copan. En XI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1997 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.931-937. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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EL EPICLÁSICO, CLÁSICO TERMINAL Y POSTCLÁSICO TEMPRANO: UNA VISIÓN CRONOLÓGICA DESDE

TEOTIHUACAN, CHICHEN ITZA, KAMINALJUYU Y COPAN

Geoffrey E. Braswell

En una publicación reciente, George Cowgill (1996:325-326) define cuatro sentidos arqueológicos para el tiempo. La primera se llama “el tiempo de reloj,” una variable física independiente de pensamiento y actividad humana. Los arqueólogos aproximan el tiempo de reloj rutinariamente al emplear escalas como años de radiocarbono, orientaciones arqueomagnéticas y grosor de los bordes de hidratación. Un segundo sentido arqueológico para el contexto temporal se llama “tiempo de fase.” De acuerdo con Cowgill, “el tiempo de fase refiere a conjuntos distintivos de categorías arqueológicas cuya presencia, o presencia en ciertas proporciones, se considera diagnóstica de algún intervalo relativamente limitado del tiempo de reloj” (1996:325). Las fases cerámicas, arquitectónicas o líticas son ejemplos de tiempo de fase. Un tercer tipo de tiempo es el de la “caracterización temporal”, un lapso de tiempo de reloj o tiempo de fase que los arqueólogos definen conforme a rasgos más amplios de cultura y sociedad los cuales se perciben interesantes o diagnósticos. La última clase de tiempo definida por Cowgill se llama “tiempo social,” que es una categoría emic que abarca calendarios locales, percepciones de ritmos y ciclos y actitudes al pasado, al presente y al futuro. El tiempo social fue una parte esencial de la cosmología Maya antigua, pero también dispone de nuestras reconstrucciones de la prehistoria.

El periodo mesoamericano es una mezcla confundida de tiempo de reloj y de fase. Aunque Cowgill (1996:325) dice que la caracterización temporal apenas existe en la arqueología mesoamericana, este sentido del tiempo frecuentemente se ha utilizado en definiciones del periodo. El uso original de “Postclásico” para indicar una época de la decadencia artística, política y moral es un ejemplo, así como el uso del periodo Formativo para describir una temporada de pueblos asentados y agrarios. Aunque el tiempo social quizá no afecta nuestras definiciones de periodos individuales, provee un armazón para arreglos más grandes de unidades temporales. Durante la época medieval, esquemas históricos e interpretativos reflejaron la creencia en la decadencia del estado físico y moral de la humanidad desde la tentación de Adán y su caída de la gracia. En el Nuevo Mundo, esquemas semejantes fueron comunes a lo largo del siglo XIX. Por otro lado, la evolución cultural, la creencia que sociedades saludables se desarrollan a niveles más altos de complejidad, es una parte integral del acercamiento de la Nueva Arqueología a la prehistoria. Es también una construcción de la filosofía occidental que puede remontarse a la Iluminación, si no al Renacimiento (Trigger 1989).

Este artículo examina los periodos Epiclásico, Clásico Terminal y Postclásico Temprano en Mesoamérica, por medio de las definiciones de acercamientos arqueológicos al tiempo de Cowgill. Mi propósito es el de examinar las diferentes maneras que los arqueólogos utilizan estos términos y demostrar que muchas veces se confunden en vez de aclarar explicaciones. Específicamente, aunque arqueólogos definan unidades temporales en base de caracterizaciones, ellos las identifican por el uso de datos de tiempo de fase. Esta confusión, revelada a continuación, frecuentemente es contradictoria. A continuación, examinaré la pertenencia de estos periodos a diferentes sitios y regiones del área Maya.

EL PERIODO EPICLÁSICO

Empiezo con el Epiclásico, un periodo definido para México Central pero raramente utilizado en el área Maya (Ichon 1992; Kepecs et al. 1994). Simplemente, el término Epiclásico refiere al lapso entre la caída de Teotihuacan y el ascenso de Tula. Price (1976) prestó un término alternativo de la arqueología andina para el mismo periodo o sea “el segundo periodo intermedio”. Los dos términos se definen por la caracterización temporal, es decir, implican que en contraste a los periodos Clásico y Postclásico, el intervalo de tiempo de reloj entre Teotihuacan y Tula no puede y no debe ser caracterizado por solo un horizonte pan-mesoamericano. Paradójicamente, el Epiclásico se reconoce más frecuentemente por datos compartidos de tiempo de fase, particularmente la presencia de cerámica Coyotlatelco o Mazapan. En otras palabras, un periodo de tiempo que se caracteriza por la falta de horizonte se identifica por los marcadores de un horizonte cerámico.

¿Cómo hacemos una mejor conversión de estas definiciones contradictorias al tiempo de reloj? En otras palabras, ¿cuándo cayó Teotihuacan y cuándo ascendió Tula? Todavía hay un debate significativo sobre eso. Cowgill (1996) usa nuevos datos de radiocarbono de Rattray (1991) para proponer una cronología nueva para Teotihuacan, diferente a las de Sanders (1979:93) y Millon (1981:201). El colapso de Teotihuacan ha sido tradicionalmente fechado con el fin de la fase Metepec, marcado por una caída demográfica, la desaparición de producción especializada, quema amplia en el epicentro del sitio y el fin de la continuidad significativa en cerámica. La nueva cronología retrasa la fase Metepec al 550-650 DC (Cowgill 1996:326).

El fechamiento del fin del Epiclásico también se debate. Dos cronologías en conflicto se han propuesto recientemente para Tula. La diferencia principal entre ellas relaciona la interpretación de tiempo de fase para la cerámica Coyotlalteco. La primera de las cronologías plantea una fase distintiva de Coyotlalteco antecedente a la fase Tollan (Cobean 1990; Cobean y Mastache 1989:37). Es decir, que el asentamiento en Tula empezó durante el Epiclásico, aproximadamente 750 DC, pero la ciudad se mantiene relativamente pequeña hasta cerca de 900 o 950 DC cuando comenzó la aparición de la cerámica diagnóstica del Postclásico Temprano. La cronología alternativa plantea que no se distinguen las fases Coyotlatelco y Tollan. En otras palabras, que los periodos Epiclásico y Postclásico Temprano son muy poco pertinentes en tiempo de fase.

EL PERIODO CLÁSICO TERMINAL

El término Clásico Terminal se usa únicamente en el área Maya. Fue aplicado por primera vez por Adams y Trik (1961) por ser una caracterización de depósitos post-constructivos en el epicentro de Tikal. Hoy, Clásico Terminal se utiliza más frecuentemente en el centro y oriente de Petén para describir materiales y contextos que son contemporáneos con la fase Tepeu 3 de Uaxactun. En Tikal, la cerámica Eznab del Clásico Terminal es semejante al material más temprano de Imix e Ik del Clásico Tardío, pero reflejan un decaimiento general en variabilidad (Culbert, comunicación personal, 1997). Un marcador cerámico claro es Naranja Fino que refleja vínculos con áreas al norte y al oeste. Estos criterios son el medio principal de reconocer el Clásico Terminal como una unidad de tiempo de fase. El Clásico Terminal del centro de Petén también se puede describir en términos de cambios en los patrones de asentamiento, demografía y organización política; en Tikal, por ejemplo, el Clásico Terminal refiere a un intervalo de tiempo después de una reducción por 90% de la población.

A causa de sus componentes de tiempo de fase y de la caracterización temporal, es difícil determinar el principio y el fin del periodo Clásico Terminal respecto al tiempo de reloj. A lo largo de Petén, es razonable fechar el comienzo del Clásico Terminal en los primeros años del siglo IX, pero puede empezar más temprano en el suroeste de Petén. El fin del Clásico Terminal, por lo menos en las Tierras Bajas Mayas Centrales, se determina por el abandono último de un sitio en particular. Creo que estamos de acuerdo que podemos estimar el intervalo del tiempo de reloj como 800 a 950 o 1000 DC. Pero fuera de las Tierras Bajas Centrales, una definición del Clásico Terminal es más compleja y menos útil.

El Proyecto Carnegie (Brainerd 1958) definió dos periodos secuenciales de construcción y ocupación en Chichen Itza, cada uno por criterios arquitectónicos y cerámicos del tiempo de fase. El primero fue una fase “Mya pura” en que la arquitectura y cerámica del estilo Puuc pertenecían a lo que ahora se llama la esfera cerámica Cehpech. Smith (1971:Cuadro1) calculó que esta ocupación fue más o menos contemporánea con los años del tiempo de reloj del Clásico Terminal que acabo de mencionar. Un segundo periodo de ocupación se definió de fecha Postclásica.

EL PERIODO POSTCLÁSICO TEMPRANO

En México Central, el término Postclásico Temprano tiene su origen en el concepto de un horizonte de estilo. En este sentido, es una caracterización temporal. Específicamente, el periodo Postclásico Temprano una vez fue identificado con una influencia tolteca pan-mesoamericana. En las Tierras Bajas Mayas del Norte, el término también ha tenido esta connotación. El concepto de Carnegie del periodo “Maya-Tolteca” en Chichen Itza, por ejemplo, tiene sus raíces en la creencia de que la arquitectura Itza es esencialmente una copia de formas similares en Tula. En México Central, documentos etnohistóricos hablan del sol Tolteca como un periodo de éxitos artísticos e intelectuales. Por esta razón, arqueólogos del centro de México nunca han usado el término Postclásico en un sentido despectivo. En contraste, muchos mayistas del pasado clasificaron el periodo Postclásico como una época de decadencia cuando las normas del arte, arquitectura y escritura del Maya Clásico fueron eclipsadas por tradiciones empobrecidas, militaristas y esencialmente analfabetas procedentes del centro de México.

El periodo Postclásico Temprano más comúnmente se reconoce por criterios de tiempo de fase, especialmente la presencia de cerámica diagnóstica como Plomizo Tohil y los polícromos Las Vegas o Nicoya. Estas cerámicas, si bien raras en muchos sitios y regiones, se encuentran a lo largo de Mesoamérica y Centroamérica. La existencia de un “imperio Tolteca” de comercio fue citado frecuentemente como la razón de la distribución amplia de éstas y otras cerámicas de intercambio. Además de estos marcadores de horizontes, tipos regionales y modos decorativos también son usados frecuentemente como diagnósticos de tiempo de fase. En el Altiplano Central y Septentrional de Guatemala, por ejemplo, soportes con la forma de animales o pájaros sirven como buenos marcadores temporales (Braswell 1996).

La duración de tiempo de reloj del periodo Postclásico Temprano depende si usamos la caracterización temporal o atributos del tiempo de fase para definir su duración. De la perspectiva de Tula y la cronología de Cobean y Mastache (1989), parece razonable emparejar el periodo Postclásico Temprano con la fase Tollan, o sea 900 o 950 a 1150 DC. Por otro lado, la producción de Plomizo Tohil en el Soconusco y su distribución amplia probablemente fechan a algo como 900 a 1200 DC (Shepard 1948). Para Chichen Itza, Smith (1971:Cuadro 1) supuso que el complejo cerámico Sotuta, que contiene tanto Naranja Fina como Plomizo Tohil, probablemente tuvo una fecha de 1000-1200 DC. Esta aproximación del tiempo de reloj para el Postclásico Temprano cabe bastante bien con la cronología de Tula y la caracterización del horizonte Tolteca, pero como vamos a ver, ya no cabe con los datos de Chichen Itza.

CONFUSION TEMPORAL EN VEZ DE CLARIDAD

¿Qué pertinencia tienen estas definiciones para el área Maya? Específicamente, ¿cómo nos ayudan o nos confunden para organizar datos temporales?

El Epiclásico de México Central comenzó durante el Clásico Temprano Maya y continúa por 100-150 años después del colapso político y demográfico de las Tierras Bajas Mayas Centrales. Entonces, no parece tener mucha relevancia con respecto a la caracterización temporal. Como una unidad de tiempo de fase, es aún menos significativa. No se encuentra cerámica Coyotlatelco ni Mazapan en el área Maya. Aunque ha habido algún uso del término Epiclásico en las Tierras Bajas del Norte (Kepecs et al. 1994) y el Altiplano Guatemalteco (Ichon 1992), recomiendo fuertemente que se elimine de nuestro vocabulario.

La nueva cronología Teotihuacana contiene implicaciones importantes para el área Maya, no importa si seleccionamos emplear el concepto del Epiclásico. Siempre ha sido difícil asignar precisamente fechas del tiempo de reloj a la época de la influencia Teotihuacana en el área Maya; de hecho, es difícil asignar a cualquiera de las vasijas teotihuacanoides encontradas en Kaminaljuyu, Tikal o la región de Escuintla a fases particulares en la cronología Teotihuacana. Estilísticamente, parecen corresponder más estrechamente con material de la fase Xolalpan, pero probablemente es mejor considerarlas como variantes regionales. La cronología nueva de Teotihuacan sitúa la fase Xolalpan aproximadamente 350-550 DC. Si suponemos que el prestigio económico e ideológico de Teotihuacan comenzó a decaer primero en regiones más lejanas, es razonable fechar el fin de dicha influencia en el área Maya en el año 500 DC o aún más temprano. Popenoe de Hatch y Shook (s.f.) recientemente han fechado la fase Esperanza en Kaminaljuyu en los años 400-550 DC. Si la nueva cronología de Teotihuacan sigue siendo aceptada, eventualmente puede ser útil limitar la fase Esperanza en el siglo V.

A medida que la distancia de las Tierras Bajas Centrales incrementa, las caracterizaciones temporales del periodo Clásico Terminal son más vacías de sentido y las distinciones del tiempo de fase son ofuscadas. En Kaminaljuyu y el Altiplano Guatemalteco, la cerámica Naranja Fina, importada o en imitación local, es sumamente rara (Wauchope 1975). El único criterio para distinguir la fase Clásica Tardía de Amatle (alrededor de 550-800 DC de la fase Clásica Terminal de Pamplona (cerca 800-900 DC) es la presencia o ausencia de Plomizo San Juan. La falta de una cerámica rara e importada en contextos particulares no debe de interpretarse con significado temporal. Al presente, sería más cauto abandonar totalmente la fase Pamplona.

Encuestas recientes en el Grupo 10L-2 y El Bosque nos han permitido definir componentes Clásico Terminal y Postclásico Temprano en Copan. Cassandra Bill, de la Universidad de Tulane, ha dividido la fase Coner entre tres componentes, uno de los cuales es la subfase Coner Tardío del Clásico Terminal con fechas de 800 a 900 años DC. La cerámica Coner Tardío, que fecha inmediatamente antes y después del fracaso dinástico del sitio, es semejante a sus antecedentes del Coner Temprano y Medio, pero carente del rango de variabilidad del conjunto Clásico Tardío. La disminución en variedad es particularmente notable en la policromía elitista. En este sentido, el Clásico Terminal de Copan se asemeja mucho el Clásico Terminal del centro de Petén. La cerámica Naranja Fina, sin embargo, no aparece hasta la fase Ejar del Postclásico. Tres fechas de radiocarbono, las más tardías del sitio, fijan la fase Ejar entre 900 y 1000 DC (Manahan, comunicación personal 1996). No hay evidencia confiable para una ocupación después de 1000 DC. El complejo Ejar incluye no solamente Naranja Fina sino también Plomizo Tohil, Polícromos Las Vegas o Nicoya y dos vajillas utilitarias identificadas recientemente por Kam Manahan de la Universidad de Vanderbilt (1996). La cerámica Ejar no está ampliamente distribuida y claramente fecha a un periodo después del colapso demográfico.

Varios proyectos recientes en las Tierras Bajas del Norte redefinen dramáticamente las cronologías regionales. Se aclara que las caracterizaciones viejas del Clásico Terminal y Postclásico Temprano ya no sirven en esta área. Hace 18 años, Joseph Ball (1979) y Charles Lincoln (1986) argumentaron convincentemente que los complejos cerámicos Cehpech y Sotuta se traslapan cronológicamente. En otras palabas, las fases “Maya puro” y “Maya-Tolteca” propuestas por el Proyecto Carnegie para Chichen Itza, no pueden distinguirse en base de la cerámica. Cinco años de excavaciones extensivas en Chichen Itza, dirigidas por Peter Schmidt del Centro Regional de Yucatán del INAH, soportan dicha conclusión. Por todo el sitio, incluso áreas con arquitectura estilo Puuc, excavaciones revelan que la cerámica Sotuta siempre se encuentra debajo de rasgos arquitectónicos. Krochock (1995) ha propuesto que el texto jeroglífico en el Grupo de Las Jambas Esculpidas tiene una fecha de 832 DC. Linda Schele ha interpretado textos del Osario, los cuales apoyan fechas de construcción tardía en el siglo IX o en el siglo X. Estos datos sugieren que la construcción de estructuras y grupos “Maya-Toltecas” empezaron más temprano que lo propuesto por el Proyecto Carnegie y antes del auge de Tula. Pero, ¿cuándo se terminó la construcción en Chichen Itza? Cantidades pequeñas de cerámica Hocoba, particularmente Peto Crema, se encuentran por todo Chichen Itza, pero siempre en contextos encima de rasgos arquitectónicos. Encuestas en Isla Cerritos y Mayapan han sugerido que el complejo cerámico Hocaba fecha alrededor de 1000-1200 DC. Por eso, el cálculo más consistente del tiempo de reloj para actividad constructiva en Chichen Itza es aproximadamente 800-1000 DC. Aunque Chichen Itza siempre ha servido como un centro Postclásico Temprano arquetípico, ahora aparece contemporáneo con muchos sitios Clásicos Terminales en las Tierras Bajas Mayas Centrales. De manera similar, Mayapan ahora aparece como un sitio del periodo Postclásico Temprano, aunque fue considerado un sitio del Postclásico Medio o Tardío.

CONCLUSIONES

Las definiciones de periodos basadas en caracterizaciones temporales, particularmente aquellas definidas como horizontes culturales, ya no son una manera buena para organizar e interpretar nuestros datos cronológicos. Un periodo de colapso de una región puede ser uno de florecimiento para otra. De la perspectiva de caracterización temporal, no hay nada de carácter Clásico Terminal en Chichen Itza durante el siglo IX. Además, mejores divisiones de periodos no siempre se marcan en sitios específicos. En Teotihuacan, por ejemplo, es difícil entender porqué se hace significante una distinción entre el Formativo Tardío y el Clásico. Si bien rasgos de tiempo de fase son útiles para construir cronologías de sitios en particular, frecuentemente éstos confunden cuando tratan de usarse para reconocer periodos pan-mesoamericanos, porque ciertas cerámicas aparecen más tarde en áreas específicas que otras. La vajilla Naranja Fina es considerada como una cerámica diagnóstica para el Clásico Terminal en el centro de Petén, pero no aparece en Copan hasta más tarde. En unas regiones y para ciertos periodos, marcadores de tiempo de fase son tan raros que nos equivocamos en interpretar su ausencia como un indicador de decaimiento demográfico. En el Altiplano Guatemalteco, interpretamos demasiado la ausencia de Plomizo Tohil como evidencia del abandono de un sitio. Hay marcadores de tiempo de fase que fueron considerados diagnósticos para periodos específicos y correlacionados con ciertos años del tiempo de reloj. Ahora reconocemos que dichos marcadores son contemporáneos con diferentes periodos en cuanto al tiempo de reloj. Por ejemplo, en casi el mismo tiempo del Clásico Terminal de las Tierras Bajas Centrales, el Plomizo Tohil ya era común en Chichen Itza.

En vista de la complejidad de cronologías regionales, no es claro que el periodo tenga valor. Tal vez vale la pena redefinir el periodo en unidades estrechas del tiempo de reloj o eliminarlo totalmente. Tal vez sería más preciso y menos confuso plantear el siglo como la unidad cronológica más básica.

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