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58 Acontecimientos, procesos y movimientos de poblaciones en el Clásico Terminal y el colapso Maya – Arthur A. Demarest y Héctor L. Escobedo – Simposio 11, Año 1997

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Demarest, Arthur A. y Héctor L. Escobedo

1998        Acontecimientos, procesos y movimientos de poblaciones en el Clásico Terminal y el colapso Maya. En XI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1997 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.812-826. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

58

ACONTECIMIENTOS, PROCESOS Y MOVIMIENTOS DE POBLACIONES

EN EL CLÁSICO TERMINAL Y EL COLAPSO MAYA

Arthur A. Demarest

Héctor L. Escobedo

El debate sobre el colapso de la civilización Maya Clásica en las Tierras Bajas del Sur, es complicado por varios factores. En primer lugar, se encuentra la frecuentemente citada variabilidad entre las diferentes regiones de las Tierras Mayas. Esta diversidad regional se incrementa especialmente en el Clásico Tardío y fue más evidente en el mismo siglo del colapso, durante el periodo Clásico Terminal. Dada esta variabilidad, las causas inmediatas y últimas del fenómeno del colapso fueron diferentes en cada región. En el mismo periodo Clásico Terminal, las transformaciones variaron desde un dramático despoblamiento hasta un lento declive. De hecho, en algunos sitios, el Clásico Terminal fue una época de florecimiento cultural, aunque tales desarrollos fueron generalmente de breve duración. Por tanto, los factores generales más comunes en el colapso, declive o transformación del sistema socio-político Maya Clásico en diferentes regiones, debe buscarse en lo más profundo de la causalidad, en el nivel de las causas últimas. De manera similar, en el Clásico Terminal es posible encontrar paralelos entre la historia cultural de las subregiones del mundo Maya, a nivel de estructuras similares y procesos comunes. Así, es necesario ser preciso al discutir los procesos operados en los siglos VIII y IX, prestando atención en primer lugar a cada historia cultural regional y, solamente después, se debe buscar establecer los factores comunes entre las regiones.

A continuación, presentaremos una revisión de la nueva evidencia conocida sobre las causas locales del colapso luego de dos años de análisis de laboratorio e investigaciones en la región Petexbatun (Figura 1). En otras ocasiones hemos dado a conocer de manera detallada los resultados de las seis temporadas de trabajo del proyecto Petexbatun, tanto en numerosas ponencias presentadas en este simposio, como en nuestros informes preliminares. Desde el final del proyecto en 1994, varios arqueólogos del proyecto han completado sus tesis doctorales y de licenciatura, así como también una serie de análisis de laboratorio. Además, desde que finalizó el extenso y hegemónico proyecto Petexbatun dirigido por Arthur Demarest y Juan Antonio Valdés, se ha llevado a cabo una serie de pequeños proyectos diseñados a explorar problemas más específicos y otros fenómenos del área. Entre estos se puede mencionar el proyecto Punta de Chimino, dirigido por los autores de este trabajo y otros proyectos a cargo de ex-integrantes del proyecto Petexbatun, como Takeshi Inomata en Aguateca, Antonia Foias en La Amelia y Joel Palka en los sitios Lacandones de la región. Estas investigaciones continuarán, pues se tiene contemplado desarrollar nuevas exploraciones en Cancuen y en otros sitios del valle del río Pasión a partir de 1998.

Hasta la fecha, todos estos descubrimientos y análisis arqueológicos tanto previos como novedosos, revelan un patrón consistente y arriban a conclusiones similares con respecto al colapso y la naturaleza del Clásico Terminal en Petexbatun y en la región mayor del río Pasión.

La primera conclusión sorprendente, pero ahora verificada, es que el colapso en la región Petexbatun de manera incuestionable aconteció entre el 760 y el 830 DC, o sea, aproximadamente un siglo antes de cualquier otro lugar. Este fechamiento ha sido confirmado por la epigrafía, la cerámica y el análisis de los patrones de asentamiento. Cerca del 830 DC, con la aparición de los marcadores de la esfera Tepeu 3 en la cultura material de la élite y de los plebeyos, cesa la construcción de arquitectura pública en todos los sitios, con la excepción de la fortaleza peninsular de Punta de Chimino y de algunos grupos habitacionales dispersos en varios lugares, representando solamente entre el 5 y el 10% de los índices de población de principios del siglo VIII.

En segundo lugar, hemos propuesto la conclusión de que la civilización Maya Clásica en el Petexbatun colapsó durante este periodo en un estado de guerra endémica; o sea, que la guerra fue la causa inmediata del dramático y temprano colapso en esta región (independientemente de cuáles fueron las causas últimas subsecuentes y de cuáles hayan sido las causas inmediatas en otras regiones). Nuevos reconocimientos y excavaciones llevados a cabo en 1994 y 1996, por Matt O’Mansky, José Suasnávar, Claudia Wolley, Erin Sears, Robert Wheat y Arthur Demarest (Demarest, Valdés y Escobedo 1995; Demarest y Escobedo 1997), dieron a conocer numerosas fortalezas adicionales en cerros, defensas rurales, sistemas protegidos de agricultura intensiva y otras evidencias de la desintegración de la región Petexbatun entre el 760 y el 830 DC (Figura 2). Estos rasgos corresponden a un nuevo nivel sin precedente de guerra intensiva e irrestricta, que destruyó a los centros mayores y menores, inutilizando a la mayoría de los campos agrícolas más fértiles de la región, debido a que no podían ser defendidos. El único centro que sobrevivió este periodo, la masiva fortaleza de la isla-península de Punta de Chimino (Figura 3), no solamente era inexpugnable sino que también incorporaba áreas de producción intensiva de alimentos dentro de sus perímetros. Estos campos estaban protegidos del caos militarista de tierra adentro, por medio de fosos y murallas.

En tercer lugar, puede afirmarse que la evidencia de Petexbatun rechaza el escenario popular de desecamiento, deforestación, agotamiento de los suelos, cambios climáticos, invasiones foráneas o transformaciones económicas como las causas principales del colapso, por lo menos en esta región. Análisis y estudios intensivos llevados a cabo por Nicholas Dunning, Timothy Beach y David Rue (Dunning y Beach 1997; Dunning, Beach y Rue 1995), Kitty Emery (1991), Antonia Foias (1996) y Lori Wright (1995, 1997), han desvirtuado la importancia de cualquiera de estos factores en el colapso de la región Petexbatun. Desde 1994, estos analistas han completado sus estudios de polen fosilizado, fosfatos de suelos, análisis de estroncio en huesos humanos, estudios osteológicos de enfermedades y desnutrición, de activación de neutrones con relación a la producción e intercambio y más recientemente, el estudio de la dieta de los animales de la región durante el Clásico Tardío, con base en análisis de la composición de sus huesos. Este último análisis fue hecho por Kitty Emery como contenido de su tesis de doctorado, recién completada. Este trabajo también confirma los resultados de otros estudios que indican que el declive demográfico radical, el cese en la arquitectura pública, la guerra endémica, la destrucción de los sitios y el virtual abandono de la región Petexbatun, entre el 760 y el 830 DC, no puede ser atribuido a cambios climáticos, sequías, deforestación masiva, erosión o agotamiento de los suelos, desnutrición, invasión extranjera o cambios súbitos en los sistemas de intercambio o de producción. Cada uno de los resultados de estos sub-proyectos de Petexbatun, que actualmente están siendo editados en el departamento de Antropología de la Universidad de Vanderbilt para ser publicados como parte de las monografías finales del proyecto, han negado de manera independiente que estas causas externas diversas destruyeron la cultura de Petexbatun.

Mientras tanto, las investigaciones de campo y los estudios de laboratorio aún en proceso, hechas en 1994, 1996 y 1997 por Héctor Escobedo, Kim Morgan, Matt O’Mansky, Heidy Quezada, Claudia Wolley, Jeanette Castellanos, José Suasnávar, Nancy Monterroso, Luis Fernando Luin y Arthur Demarest, han revelado más evidencias de que el colapso Maya en Petexbatun se puede atribuir a la causa inmediata de la guerra, según los indican los cambios en los patrones de asentamiento para acomodarse a la guerra, el abandono de tierras no defendibles, a interrupciones en las rutas de intercambio debido al incremento de la guerra y a migraciones fuera de la región para escapar de la inestabilidad de esa época tan violenta. Los descubrimientos de 1996 y los análisis subsiguientes demuestran que al final del siglo VIII y a principios del X, la guerra endémica en el Petexbatun había dado como resultado el abandono y/o destrucción de los centros mayores y la fortificación de escasas poblaciones en asentamientos localizados en cerros amurallados (Demarest y Escobedo 1997; Demarest et al. 1997). Todo esto no fue acompañado por cambios en la nutrición, la fauna, la flora, los estilos cerámicos o los patrones de producción económica y de intercambio.

Al contrario, todos los estudios indican que el colapso allí resultó por la guerra — en términos de causas inmediatas. Pero con respecto a las causas últimas, este crecimiento en escala e intensidad de la guerra tuvo como base algunas causas que consideramos fueron comunes en todas las regiones de las Tierras Bajas Mayas durante el periodo Clásico Tardío. Estos elementos comunes del colapso se derivan de contradicciones y problemas internos de la civilización Maya en la época Clásica. Estos problemas internos fueron agravados por la competencia entre estados con economías y estructuras de poder más complejas y fuertes que habían evolucionado en otras regiones de Mesoamérica después de la caída de Teotihuacan. Pero el problema interno de la civilización Maya fue la rivalidad y la creciente competencia entre las élites y las contradicciones sociales, económicas y ecológicas cada vez mayores en cada zona. En algunas áreas estas presiones en la superestructura de la sociedad se manifestaron en forma de una fuerte inversión, irracional, en la edificación de monumentos, templos, palacios, canchas de juego de pelota, objetos finos y artísticos, bienes exóticos de prestigio y, sobre todo, en rituales y ceremonias públicas que constituyeron la fuente básica del poder de los ahawob (señores), en los estados “teatrales” de los centros Mayas. En algunas zonas, como Petexbatun, esta rivalidad y competencia de status entre la cada vez más numerosa élite Maya, se manifestó directamente en guerras cada vez más catastróficas después de mediados del siglo VIII. Como se discutirá más delante, la intensificación de la guerra en algunos lugares empezó a afectar a otras zonas en el siglo IX, por la interrupción en las rutas de comercio y por el movimiento de poblaciones y de refugiados. Por supuesto, estos cambios y perturbaciones llegaron mucho más tarde a las zonas más estables o alejadas, aunque a finales del siglo X ya habían llegado a provocar cambios en la población, economía y los sistemas políticos de todas las zonas de las Tierras Bajas del Sur.

Consideramos que la naturaleza tan diversa y variable del Clásico Terminal en los siglos IX y X, se debe a manifestaciones diferentes de las causas comunes y fundamentales del colapso en cada zona. Esta variabilidad también se refleja en problemas económicos, ocasionando una mayor diversidad en los conjuntos de artefactos. Otro factor consiste en las grandes diferencias entre los índices de población de las zonas castigadas por la guerra o por otras manifestaciones producidas por el problema fundamental de la creciente competencia entre las élites, que tuvo un impacto destructivo en cada zona, especialmente en términos económicos si no militares.

Los efectos desestabilizadores de los procesos del colapso se desarrollaron lentamente, empezando más temprano en el Petexbatun y tal vez en otras áreas con presiones graves, para luego extenderse como una plaga hacia otras zonas adyacentes hasta llegar a la península de Yucatán y a la zona del sureste de Petén.

Con respecto a esta variabilidad, ¿cómo se explican los florecimientos culturales y las épocas de crecimiento de población y de actividades arquitectónicas en algunos centros y regiones? Para este propósito, es necesario revisar los resultados de los descubrimientos más recientes hechos por el proyecto Punta de Chimino y los análisis de los materiales recién completados por Jeanette Castellanos, Nancy Monterroso y Timothy Beach (Demarest y Escobedo 1997).

En el Petexbatun, después del 830 DC y de la aparición de los tipos Naranja Fino y de las formas y modos de la esfera Tepeu 3, sólo siguieron siendo ocupadas algunas unidades residenciales dispersas en los centros arruinados de Dos Pilas, Arroyo de Piedra, Tamarindito, etc. La población total sólo representó entre el 5 y el 10% de los niveles previos. El único centro que aún contaba con arquitectura pública en uso fue Punta de Chimino (Figura 4). Las excavaciones dirigidas por Arthur Demarest, Héctor Escobedo, Heidy Quezada, Kim Morgan, Matt O’Mansky y Timothy Beach, demostraron que el sistema defensivo de Punta de Chimino protegía áreas de producción intensiva de alimentos (Figura 5) y que su estratégica localización para el intercambio permitió que el centro sobreviviera a la ola de violencia acontecida a finales del siglo VIII.

Aun más intrigantes fueron los descubrimientos hechos por Heidy Quezada y Kim Morgan en la temporada de 1996 (Quezada, Morgan, Demarest y Beach 1997), al excavar una serie de plataformas residenciales anormalmente alargadas (Figuras 6 y 7), cuyos materiales cerámicos fueron analizados e interpretados por Jeanette Castellanos hace algunos meses. Estos componentes resultaron ser edificados cerca de los límites del epicentro de Punta de Chimino después del 830 DC. Se encontró una vasta cantidad de estuco, plataformas de grandes dimensiones (10 x 20 m), grupos nucleados y un oratorio con 100% de construcción de fina mampostería, cornisa labradas y techo abovedado. Todos estos representan rasgos atípicos en el Petexbatun, aunque fueron comunes en el centro Clásico Terminal de Ceibal, localizado hacia el noreste. Una cancha de pelota similar a la de Ceibal fue construida en el epicentro de Punta de Chimino durante el Clásico Terminal. Los tiestos de vajillas finas recuperados en Punta de Chimino han sido examinados por Ronald Bishop en la Institución Smithsonian por medio de la técnica de activación de neutrones, lo cual ha permitido determinar que esta cerámica fue producida utilizando las mismas fuentes de barro que los materiales del complejo Bayal, durante la ocupación Tepeu 3 de Ceibal. Debido a que estas construcciones públicas y ceremoniales en Punta de Chimino fueron totalmente atípicas en tamaño y elaboración para este pequeño enclave, restringido con una población en estado de sitio, es claro que la arquitectura pública y los grupos elitistas Tepeu 3, representan una ocupación intrusiva elitista forastera en el sitio, cuyos artefactos y arquitectura permiten identificarlos como ceibaleños.

¿Por qué se asentaron allí? ¿Por qué razón las élites de Ceibal tomaron la península de Punta de Chimino y establecieron una presencia de nobles allí para administrar el sitio? ¿Por qué construyeron un juego de pelota grande en el mismo tiempo en que disminuía la población regional de Petexbatun, otros centros eran abandonados y que la cultura más allá del enclave de Punta de Chimino constituía un conjunto de dispersas aldeas en permanente y caótico estado de guerra?

La única respuesta posible se encuentra en los acontecimientos al norte de Ceibal y Altar de Sacrificios. Durante el periodo Clásico Terminal, mientras Petexbatun era despoblado, la población y la arquitectura se incrementaron en Altar de Sacrificios y Ceibal y estos sitios con sus cerámicas y estilos arquitectónicos anómalos experimentaron un florecimiento inesperado con respecto al declive general de la cultura Maya experimentado en las Tierras Bajas en esa época.

Podemos hipotetizar que durante el siglo IX, las ocupaciones del complejo Bayal del Clásico Terminal (Tepeu 3/Ciclo 10) en Ceibal y Altar de Sacrificios con sus extraños y eclécticos estilos escultóricos, arquitectónicos, cerámicos y figuritas, fueron enclaves que explotaron el caos de la zona sur, para conformar estados refugio. En Altar de Sacrificios y Ceibal los señores de la guerra establecieron cordones de seguridad militar para atraer y algunas veces quizá capturar grandes poblaciones de vasallos que pagaban por su seguridad con su propia labor, lo que permitió la anómala expansión arquitectónica y residencial de estos centros del río Pasión luego del 830 DC. La naturaleza tan extraña y algo artificial, aunque Maya, de los monumentos y de la cultura material Bayal/Boca, quizá se debió al hecho de que estos enclaves estatales de breve duración integraron un conjunto diverso de elementos segmentados de la cultura Maya Clásica dentro de apocalípticas entidades políticas militaristas. Estos nuevos centros políticos estaban luchando por reunificar poblaciones de refugiados bajo una nueva variante revitalizadora de la ideología política y religiosa de los Mayas. Los centros Tepeu 3 se localizan junto a las vías acuáticas que conducen al norte hacia Altar de Sacrificios y a Cancuen, lejos hacia el sur, en un sistema de intercambio entre los enclaves defensivos a lo largo del río Pasión (incluyendo a Altar de Sacrificios, Ceibal, Punta de Chimino y tal vez San Juan Acul y otros centros más). Alrededor del 830 DC, eran sumamente escasas las ocupaciones dispersas alejadas de la seguridad de los enclaves ribereños y fueron totalmente abandonadas en el 900 DC.

Esta nueva variante de la cultura Maya Clásica, construida artificialmente en la región del Pasión durante el Clásico Terminal, sobrevivió en un estado lento de declive aproximadamente hasta el 950 DC. En esa época, cesa la arquitectura pública en el Pasión y la población sufre un declive que llega a ocasionar un abandono total a principios del Postclásico Temprano. Solamente algunas ocupaciones marginales de pescadores y de agricultores de medio tiempo permanece en la región durante el periodo Sepens/Boca/Bayal.

Consideramos que estados militaristas tales como Altar de Sacrificios y Ceibal proporcionaron refugio y seguridad a las poblaciones que voluntaria o involuntariamente emigraron a dichos centros. Estos refugiados y cautivos proporcionaron la fuerza de trabajo necesaria para la construcción y subsistencia de la anómala época de florecimiento de Altar de Sacrificios y Ceibal en la época Boca/Bayal, es decir, durante el Décimo Baktun. Mientras todos los aspectos de la civilización Maya Clásica colapsaban alrededor de ellos, los señores de la guerra consolidaron estados militaristas centralizados, de la misma forma que lo hicieron en Europa los señores feudales luego de la caída de Roma. Pero a diferencia de sus similares europeas, las entidades políticas Tepeu 3 del Pasión, en Ceibal, Altar de Sacrificios, Punta de Chimino, Cancuen, etc, no sembraron la semilla de una nueva época cultural, sino que declinaron lentamente.

¿En dónde podemos encontrar paralelos evolutivos para los procesos culturales del colapso del mundo Maya y de otras regiones? Un caso paralelo y análogo a los eventos de la región del Pasión puede encontrarse en algunos desarrollos acontecidos apenas hace un año en Somalia.

Durante la última década, hemos observado con interés los trágicos sucesos políticos modernos en Somalia. La naturaleza, la escala de la guerra y la desintegración de este estado africano, por supuesto, presenta detalles muy diferentes a los de la historia cultural de los siglos VIII y IX en Petexbatun. Sin embargo, hay paralelos sorprendentes en algunos aspectos de los procesos involucrados, que pueden ser de utilidad para conocer la naturaleza del colapso Maya. La guerra en el oriente de África inicialmente se incrementó hasta alcanzar un nivel de intensidad y destrucción que sobrepasó la escala de las entidades políticas involucradas debido a la intervención de potencias hegemónicas externas. Estas potencias, representadas por la Unión Soviética y por Estados Unidos, instigaron, apoyaron y abastecieron a los gobiernos de Etiopía, Somalia y a la región de Eritrea. Estos superpoderes estaban interesados en lograr el control estratégico del Cuerno de África. Bajo su influencia directa, se intensificó la escala de la guerra y tanto los gobernantes locales como los señores de la guerra se armaron y desarrollaron una agresividad desproporcionada con respecto a la competencia tradicional sobre recursos locales o los conflictos entre clanes. Después de la retirada de los intereses soviéticos y estadounidenses, la región se segmentó en unidades políticas aún más pequeñas. Una nueva guerra étnica intensiva se desarrolló en el interior de Somalia dentro de una espiral de destrucción endémica.

Arthur Demarest y Juan Antonio Valdés (1995), habían sugerido previamente que una situación similar de guerras con intervención de superpoderes entre alianzas regionales puede haber sido un factor importante en la intensificación de la guerra en algunas regiones durante el periodo Clásico Tardío. Interpretaciones epigráficas recientes por Martin y Grube (1994), Stuart (1995), Schele y Grube (1995), han identificado la existencia de dos grandes conjuntos de alianzas regionales poco controladas, centralizadas particularmente en Tikal y Calakmul. Parece que algunas entidades políticas menores, tales como las de Petexbatun, fueron arrastradas en los conflictos entre dichas alianzas regionales en los siglos VI y VII. Después de un periodo de este tipo de alianzas de corta duración, el papel y la importancia de la guerra parece haberse consolidado en algunas regiones. En el Petexbatun se intensificó la guerra durante la última mitad del siglo VIII, hasta tal punto que incluso las pequeñas aldeas fueron ubicadas en lugares defensivos y se les protegió con murallas, empalizadas, fosos y pasadizos. Estos cambios perturbaron todos los aspectos culturales y transformaron el antiguo patrón de asentamiento disperso y diverso, así como las estrategias de subsistencia de la región. Esto no solamente condujo hacia la fragmentación de las unidades políticas, sino también el despoblamiento y posible migración hacia otras áreas, tales como el floreciente estado Tepeu 3 de Ceibal al noreste. Estos movimientos de población pueden haber arruinado la infraestructura de las entidades políticas en otros lugares, ocasionándoles problemas económicos o incluso incrementando la guerra. Ceibal y Altar de Sacrificios fueron la excepción a la regla, ya que un nuevo liderazgo les permitió establecer enclaves estables en sus centros.

En la Somalia moderna la anarquía y el conflicto en espiral condujeron a la guerra aun entre aldeas y a la segmentación de ciudades como Mogadishu en distintos barrios amurallados bajo la dirigencia de tiránicos señores locales de la guerra. Esto fue acompañado por el desastre y la hambruna. Luego acontecieron movimientos de poblaciones desplazadas de un área a otra, conflictos exacerbados y la expansión de la guerra en toda la nación.

En forma paralela es posible que el militarismo y anarquía en el Petexbatun y en otras regiones a finales del siglo VIII, pueda haber desplazado poblaciones y luego provocado cambios en varios lugares. Nótese que el ciclo de la violencia en el Petexbatun acontece entre el 760 y el 830 DC. Luego del 830 DC se impone cierta estabilidad en el Pasión durante un siglo, por enclaves militaristas hacia el norte como Ceibal y Altar de Sacrificios. Por otro lado, en el distrito lacustre del centro de Petén durante los siglos IX y X, los patrones de asentamiento y las fortificaciones muestran un cambio en algunas áreas de sitios insulares a peninsulares, algunos de los cuales estaban fortificados, seguían siendo ocupados e incluso experimentaban crecimiento en el Clásico Terminal y en el Postclásico. Este patrón tiene paralelo en eventos más tempranos en el Petexbatun, que terminaron con el dominio Clásico Terminal de centros defensivos o fortificados como Punta de Chimino y Ceibal.

Mientras tanto, investigaciones recientes realizadas por varios proyectos en el noroeste de Belice, también han detectado un patrón demográfico errático en tiempos Tepeu 3. En conjunto, la población se incrementó en varias áreas, aunque el cambio demográfico fue muy irregular. Richard Adams ha sugerido recientemente que algunos de los centros beliceños del noroeste experimentaron un gran crecimiento durante este periodo, mientras que otros crecieron sólo de manera modesta o incluso sufrieron un declive. Diversos directores de proyectos en esa zona, han sugerido que este patrón quizá refleja migraciones procedentes de las entidades políticas que colapsaron en el sur o el oeste. En un nivel aun más amplio, la región Puuc del noroeste de Yucatán experimentó cambios erráticos en el tamaño de sus sitios, pero dentro de un florecimiento cultural general en el Clásico Terminal.

Otra evidencia intrigante es el fechamiento reciente de algunos de los sistemas de fortificaciones en la zona nor-central de Yucatán. Allí hay varios sitios tales como Cuca, Chacob y Ake, que están rodeados por murallas de piedra, empalizadas bajas y concéntricas, con pasadizos que son virtualmente idénticos a los de algunos de los centros fortificados de la región Petexbatun de finales del periodo Clásico Tardío. El año pasado, David Freidel y su equipo excavaron un sistema de murallas concéntricas casi idénticas, alrededor del epicentro de Yaxuna. También el año pasado, George Bey y sus colegas han fechado el sistema de murallas concéntricas similares que circundan a Ek Balam. Bey ha concluido con que estas murallas y otras en sitios cercanos, se fechan entre el 850 y el 950 DC, o sea que se iniciaron apenas un siglo más tarde de la guerra y el caos en Petexbatun. Como ocurrió antes en Petexbatun con Ceibal, en el norte de Yucatán se estableció la paz a través del dominio militar de Chichen Itza, un nuevo estado, extraño y ecléctico. Este estado se las arregló para establecer el orden durante más de un siglo. Sin embargo, este orden se basó en un nuevo sistema político ecléctico, pero que aún hizo uso de los antiguos símbolos y de la ideología Maya a pesar de incorporar nuevos elementos.

El surgimiento de estos nuevos enclaves, cuasi-tradicionales, en el Clásico Terminal y en el Postclásico Temprano en sitios tales como Ceibal y Chichen Itza, también son análogos a los acontecimientos de Somalia. Apenas el año pasado hubo una fuerte migración de somalíes huyendo del caos en el sur, hacia la región norte conocida como Bossaso. En ese lugar, los líderes militares han colaborado para crear un nuevo sistema político basado en el gobierno de un conjunto extenso de ancianos que tienen autoridad total y apoyo de las fuerzas militares en toda la provincia. El consejo rápidamente llevó la paz a la región Bassaso. Un análisis publicado en julio de 1997 en el New York Times, describe a Bossaso como “un experimento de gobierno que ha creado un nuevo poder centralizado en un consejo y no en los jefes individuales o en los señores de la guerra”. Nótese, sin embargo, que aunque este sistema es novedoso, aún se deriva de símbolos e ideología tradicional somalí, que sirven para legitimar por sí mismos los antiguos principios somalíes de gobiernos basados en clanes. Este nuevo experimento gubernamental trajo la paz solamente a esta provincia. Con la estabilidad de Bossaso se ha dado una migración masiva, pero irregularmente distribuida, de poblaciones procedentes de las zonas sur y oeste, azotadas por la guerra. Estos emigrantes se han organizado en unidades familiares o incluso en aldeas para movilizarse y llegar hasta el norte, para someterse a la autoridad de los nuevos 13 miembros del consejo de Bossaso. Como el extraño crecimiento poblacional observado por Adams en el noroeste de Belice en tiempos Tepeu 3, en la región de Bossaso algunas aldeas o pueblos han crecido en un 800% mientras que otras han permanecido estables o incluso han declinado en su tamaño.

Obviamente, el colapso Maya Clásico fue un proceso complejo que involucró no sólo varias causas, sino también diferentes historias culturales en las diversas regiones del mundo Maya. No obstante, ahora creemos que se pueden percibir algunos patrones generales en la evidencia de la región Petexbatun y en descubrimientos recientes hechos en otras áreas. Este patrón parece ser paralelo en su estructura a la secuencia más rápida de acontecimientos en Somalia con el colapso en algunas regiones teniendo impacto en la guerra, la economía o la migración hacia zonas adyacentes. Desde hace tiempo, en los estudios sobre el colapso se ha determinado que parece haberse extendido siguiendo un patrón irregular del suroeste al norte y al este. Modelos matemáticos basados en datos cronológicos, arquitectónicos y epigráficos propuestos por Bove (1981), John Lowe (1985), Sabloff (1973), Hamblin y Pitcher (1980), arriban a la misma conclusión sobre la muy amplia y lenta radiación suroeste-noreste del cambio entre el fin del Clásico Tardío y el Clásico Terminal.

Ahora estamos empezando a llenar algunas de las lagunas en los detalles de este proceso, que involucró el colapso temprano en algunas áreas como Petexbatun, con un cambio radical más tardío en el centro de Petén y aún más tarde en el norte de Belice y no hasta el final del Clásico Terminal en el centro de Yucatán y la zona Puuc. Mientras tanto, en oposición a esta corriente, algunos centros fueron capaces de crear enclaves de estabilidad basados en la experimentación de nuevos sistemas políticos. Como ocurre actualmente en Bossaso, Somalia, algunos centros Mayas fueron capaces de lograr florecimientos culturales gracias a dichos experimentos políticos y a la atracción o captura de poblaciones de desplazados. Es posible que los ejemplos de un proceso como este incluyan a Ceibal en el siglo noveno en el suroeste y en Chichen Itza en el siglo décimo lejos hacia el norte.

En este artículo hemos especulado con bastante amplitud con base a algunas posibilidades novedosas derivadas de los datos de Petexbatun y de otras regiones. Estas especulaciones quizá no sobrevivan el examen de la recuperación de datos más detallados y cronologías más precisas en otras regiones. Aun así, la propuesta sobre la existencia de tales patrones y la hipótesis de correlación de los mismos puede utilizarse para dirigir y estructurar investigaciones adicionales y para edificar mejores cronologías regionales que son necesarias para examinar escenarios más específicos que nos permitan comprender los acontecimientos y procesos operados en el crítico periodo Clásico Terminal.

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Figura 1 Mapa de la región Petexbatun

Figura 2 Sistemas defensivos de la región Petexbatun

Figura 3 Perspectiva reconstructiva de la península de Punta de Chimino, mostrando dos fosas

interiores con sistema de empalizadas y “tierra de nadie”, de uso como zonas agrícolas protegidas

Figura 4 Perspectiva reconstructiva del epicentro de Punta de Chimino

Figura 5 Planta de los huertos encajonados de Punta de Chimino

Figura 6 Planta de la Estructura 45 de Punta de Chimino

Figura 7 Planta de la Estructura 80 de Punta de Chimino

 

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