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56 Las secuencias cerámicas de los periodos Sapoá (800-1350 DC) y Ometepe (1350-1522 DC) en el Pacífico Sur de Nicaragua – Simposio 11, Año 1997

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Niemel, Karen, Manuel Román Lacayo y Silvia Salgado González

1998        Las secuencias cerámicas de los periodos Sapoá (800-1350 DC) y Ometepe (1350-1522 DC) en el Pacífico Sur de Nicaragua. En XI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1997 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.790-798. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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LAS SECUENCIAS CERÁMICAS DE LOS PERIODOS

SAPOÁ (800-1350 DC) Y OMETEPE (1350-1522 DC) EN EL PACÍFICO SUR DE NICARAGUA

Karen Niemel

Manuel Román Lacayo

Silvia Salgado González

La construcción de secuencias cronológicas regionales ha sido una tarea básica de los arqueólogos que han trabajado en el Pacífico de Nicaragua y el noroeste de Costa Rica, una zona arqueológica conocida como La Gran Nicoya (Norweb 1964; Figura 1).

Las primeras secuencias cronológicas en el Pacífico de Nicaragua (Figura 2) fueron definidas en los años 60 por Wolfgang Haberland (1966) y por Albert Norweb (1964). Ambos describieron brevemente los tipos cerámicos diagnósticos de cada fase y periodo por ellos definidos y establecieron comparaciones entre sus secuencias y aquellas establecidas por Michael Coe (1962) y Claude Baudez (1962, 1967) en el noroeste de Costa Rica.

Unos años más tarde, Paul Healy (1980) revisó y describió detalladamente los materiales excavados por Norweb y estableció una serie de tipos y variedades cerámicas que tienen una amplia distribución en el Pacífico Sur de Nicaragua. Aunque Norweb había definido dos secuencias separadas, una para la Isla de Ometepe y otra para el Istmo de Rivas (Figura 2), Healy serió los materiales de ambas zonas y construyó una única secuencia cultural (Figura 2). En las secuencias originales de Norweb los complejos cerámicos de las fases tempranas de Ometepe y de Rivas eran aparentemente compartidos, sin embargo entre aquellos de las fases tardías había más variación. Por ejemplo, Alta Gracia, la última fase precolombina en Ometepe, estaba caracterizada por la presencia de los tipos policromos Vallejo y Madeira, mientras que Las Lajas, la última fase de la secuencia de Rivas, el tipo Vallejo solo se encontraba en cantidades ínfimas.

Las secuencias cerámicas arriba mencionadas han servido como marco comparativo para fechar, al menos en términos relativos, aquellas definidas en otras regiones del Pacífico de Nicaragua. Ciertos tipos o variedades son considerados diagnósticos de determinadas fases o periodos, independientemente del sitio o la zona de donde provienen los datos.

El análisis de colecciones cerámicas de contextos estratificados y de superficie en sitios de Granada y Masaya, en particular los sitios Ayala y Tepetate de Granada, ha mostrado algunos problemas para comparar las fases más tardías de nuestra secuencia (Salgado 1992, 1996; Figura 2) con aquellas cronológicamente correspondientes de la secuencia construida por Healy. Creemos que el problema se deriva, en parte, de la decisión de Healy de combinar las secuencias de Rivas y de Ometepe en una sola. Para ilustrar nuestro argumento discutiremos los datos de uno de los contextos estratificados excavados en el sitio Tepetate de Granada.

LA SECUENCIA CERÁMICA DEL SITIO TEPETATE

El sitio Tepetate fue el principal asentamiento de Granada desde su ocupación inicial (900-1000 DC) hasta el Contacto (1522 DC). Este sitio se encuentra en la periferia norte de la ciudad de Granada (Figura 1), uno de las dos primeras ciudades fundadas por los españoles en Nicaragua aproximadamente en 1524.

Una prospección no sistemática realizada en 1993 permitió determinar que el sitio tuvo una extensión de al menos 200 hectáreas. Aunque ha sido saqueado por décadas y una parte ha sido destruida por la construcción de un barrio hace unos 20 años, ofrece aún un potencial importante para entender la naturaleza y estructura del asentamiento.

El sitio tenía al menos catorce montículos bajos, cubiertos de piedra laja, que se encontraban dispuestos alrededor de la que parece haber sido una plaza. Esta área nucleada ha sido destruida en su mayor parte por la construcción de viviendas. Fotos aéreas tomadas antes de la construcción de las viviendas permitieron realizar un mapa planimétrico con la ubicación de los montículos (Salgado 1996).

Albert Norweb y Gordon Willey visitaron y excavaron el sitio en 1959. Ellos ubicaron tres pozos estratigráficos en el área nucleada del mismo. Las colecciones recuperadas en estas excavaciones se encuentran en el Museo Peabody de la Universidad de Harvard y han sido analizados preliminarmente por Salgado. Este análisis ha confirmando la información brindada por habitantes y huaqueros acerca de la gran cantidad de moldes de figurinas del tipo Papagayo Policromo que han sido encontradas en el sitio, aportando la primera indicación directa de producción especializada de cerámica en un sitio de Nicaragua.

Los autores de este trabajo excavamos tres calas estratigráficas y una trinchera para obtener información estratigráfica sobre Tepetate. Además queríamos determinar si había o no correspondencia entre las colecciones de superficie, todas de Sapoá y de Ometepe y aquellas recuperadas en excavaciones estratigráficas.

En la figura 3 se muestra la distribución estratigráfica de los tipos y las variedades que definen las dos fases de ocupación en la operación 1, en la cual recuperamos la muestra más abundante de todas las unidades de excavación realizadas. Este pozo estratigráfico de 1.5 por 1.5 m se trabajó en niveles arbitrarios de 10 centímetros hasta una profundidad de 0.90 m. La matriz de suelo fue zarandeada con mallas de ¼ de pulgada. El contexto de la operación 1 es el de un basurero doméstico.

La clasificación de los materiales se realizó siguiendo el sistema de tipos y variedades definidos por Healy (1980), con las modificaciones incluidas por las Conferencias sobre la Cerámica de La Gran Nicoya (Bonilla et al. 1990).

FASE COCIBOLCA (950-1150/1200 DC)

Los niveles inferiores pertenecen a la ocupación del periodo Sapoá, o fase Cocibolca en la secuencia regional de Granada (Salgado 1996). La fase está caracterizada por un complejo cerámico que tiene al tipo Papagayo como el principal tipo policromo, seguido por el Pataky Policromo en mucha menor frecuencia. El tipo Sacasa Estriado, es el tipo monocromo dominante. Un nuevo tipo monocromo ha sido definido en este análisis y aunque la muestra es solo de 17 tiestos, el tipo es claramente distinguible por sus atributos formales y decorativos de otros monocromos. Este es el Tepetate Rojo Punteado, un tipo engobado en rojo y caracterizado por ollas globulares de cuello corto con un cordón de arcilla decorado con punzonado y colocada en la unión del cuello y el cuerpo. Una gran cantidad de cerámica monocroma que no calza claramente en Sacasa fue incluida en la categoría de monocromo indeterminado. La profundización de la clasificación posiblemente permita refinar esta categoría en nuevos tipos o variedades.

Cocibolca es la fase en que la tradición cerámica de engobe blanco surge en la Gran Nicoya. Esta tradición representa un importante cambio tecnológico e iconográfico con respecto a la cerámica policroma del periodo anterior caracterizado por superficies altamente pulidas, con engobe de color canela y el uso predominante del negro y el rojo para la ejecución de los motivos pintados. Aunque hay elementos de continuidad en la iconografía, la cerámica de engobe blanco muestra claras innovaciones en todos los aspectos (Leibhson 1987). Entre estos nuevos motivos encontramos representaciones de la serpiente emplumada, las bandas de grecas escalonadas y vasijas efigie de jaguares. También ocurre un cambio en la cerámica monocroma con la aparición de Sacasa Estriado, un tipo sin antecedentes en la cerámica monocroma más temprana.

La cerámica de engobe blanco de esta fase y particularmente el tipo Papagayo Policromo, es parte de una tradición cerámica que emerge también a finales del Clásico o a inicios del Posclásico mesoamericano en el este de El Salvador (Andrews 1976; Braswell et al. 1994) y en el centro y sur de Honduras. Hay estrechas relaciones formales y estilísticas entre Papagayo y los tipos Las Vegas Policromo del valle de Comayagua (Baudez y Becquelin 1973) y el Papalón Policromo del golfo de Fonseca (Baudez 1976).

El complejo cerámico de la fase Cocibolca es igual a su contemporánea fase La Virgen de Rivas y al de la fase Gato (1000-1200 DC) en Ometepe. Las principales variedades de Papagayo durante esta fase son Mandador y Manta. Sin embargo, el tipo Granada Policromo que constituye cerca del 10% del complejo cerámico en Rivas y 4% en Ometepe está ausente en Tepetate y en general otros sitios de Granada. Esto indica el desarrollo de estilos locales aunque a un nivel incipiente, algo que se verá acentuado en los últimos siglos de la secuencia precolombina en el Pacífico de Nicaragua, así como en los niveles superiores de la estratigrafía de Tepetate.

FASE XALTEVA (1200-1522 DC)

El nivel 4 es transicional entre las fases Cocibolca y Xalteva y los niveles 1 a 3 representan la ocupación de Xalteva. Aunque el tipo Papagayo continua siendo el dominante en término de la cerámica policroma, sus frecuencias disminuyen. La fase está marcada por la aparición de los tipos Castillo Esgrafiado, Madeira Policromo y Vallejo Policromo que es el de más alta frecuencia después de Papagayo. Vallejo es un tipo que muestra nuevos motivos tales como el Monstruo de la Tierra, Ehecatl, colibríes, serpientes muy estilizadas y bandas con el motivo de pirámide escalonada que sugieren conexiones con motivos de México Central indicando la continuación de la interacción con Mesoamérica.

El complejo cerámico de Xalteva es similar al de la fase Las Lajas (1200-1350 DC; Healy 1980) y al de la fase San Lázaro de Ometepe (1200-1300 DC; Haberland 1992). Sin embargo, hay diferencias en la distribución de frecuencias de tipos policromos como Madeira y Vallejo. Mientras que, al menos en contextos domésticos, Madeira tiene una frecuencia mucho más alta en la Isla de Ometepe, el tipo Vallejo Policromo ha sido reportado en cantidades ínfimas en esa isla. En Rivas también Madeira es mucho más abundante que en Granada. Estas diferencias posiblemente indican centros de manufactura y redes de intercambio. De hecho los análisis composicionales de pastas realizados por Ron Bishop (Lange et al. 1992) aglomeran a Vallejo en un grupo diferenciado de aquellos donde se agrupan los ejemplares de Madeira, Luna y Bramadero. Madeira y Luna tienen una clara concentración en su distribución en la Isla de Ometepe donde el número de ejemplares recuperados en un solo pozo estratigráfico es quizá mayor que todos los ejemplares encontrados en contextos domésticos en el resto del Pacífico de Nicaragua (Healy 1980; Pichardo 1996; Salgado 1996; Stauber 1996).

Las últimas fases de las secuencias de Rivas, Ometepe y en general La Gran Nicoya, han sido definidas por la presencia de Luna Policromo aun cuando este es un tipo muy escaso fuera de la Isla de Ometepe. En contextos estratificados de Granada, Masaya y Managua, los pocos ejemplares de este tipo se encuentran en los estratos superiores de los sitios junto a tipos como Castillo Esgrafiado, Madeira y Vallejo Policromo, todos ellos diagnósticos de Xalteva. Si aceptáramos que la fase Alta Gracia es posterior a la fase Las Lajas, en la secuencia de Rivas tendríamos que admitir también que no había asentamientos precolombinos en los dos últimos siglos de la ocupación en esa zona, ya que hasta ahora ningún sitio con componentes de la fase Alta Gracia ha sido reportado. Tampoco hay ninguna fase que pueda ser comparada con Alta Gracia en ninguna otra zona del Pacífico de Nicaragua. Esto contradice claramente la información histórica que documenta la existencia de numerosos y extensos poblados a lo largo del Pacífico de Nicaragua.

Debido a ello proponemos que el límite cronológico superior de la fase Las Lajas de Rivas debería ser extendido hasta el momento del Contacto, es decir que ésta debería corresponder cronológicamente a Xalteva. Claude Baudez (1967:168) había argumentado que los motivos compartidos entre Vallejo y Luna sugerían que ambos tipos eran contemporáneos. La fase Alta Gracia entonces correspondería a un desarrollo local en Ometepe, algo ya sugerido por Franck Gorin (1992) en su revisión de las secuencias cerámicas de Nicaragua.

Fred Lange (1971) señaló en base a los datos de la Bahía Salinas y el valle de Sapoá, situados al sur de Rivas, que durante los dos últimos siglos de ocupación precolombina se daba un patrón de desarrollos de estilos cerámicos locales. Esta observación parece ser confirmada por las nuevas investigaciones en el Pacífico de Guanacaste.

CONCLUSIONES

Hasta hace poco se había asumido que el Pacífico de Nicaragua era una zona relativamente homogénea en términos de sus patrones sociales y culturales. Sin embargo, el desarrollo reciente de la investigación arqueológica ha empezado a reflejar patrones regionales diferenciados de cultura material durante la secuencia de ocupación precolombina.

Estas diferencias y su variación espacial y temporal, están lejos de poder ser explicadas cabalmente. Ello se debe, en parte, a que la mayoría de los proyectos arqueológicos desarrollados hasta ahora han tenido como objetivo fundamental la localización y el registro de sitios. Pocos proyectos han sido dirigidos a responder preguntas específicas de investigación con el aporte de datos de prospección y excavaciones.

La diferente distribución de tipos y complejos cerámicos en los últimos siglos de la secuencia precolombina posiblemente se deba a dos factores. Uno sería la existencia de diferencias cronológicas en las últimas fases de las secuencias existentes. Es posible que en algunos lugares la producción de cerámica continuara después del contacto con técnicas y motivos predominantes precolombinos. El otro factor, que no excluye al primero, sería la existencia de grupos étnicamente diferenciados y sus dinámicas socioculturales que produjeron distintos patrones de cultura material.

Los documentos del Contacto testimonian la existencia no solo de diversos grupos lingüísticos y étnicos, sino la existencia de provincias que correspondían a unidades políticas de señoríos. Entre estos diversos grupos étnicos mencionados en las fuentes etnohistóricas tenemos los Chorotega, los Nicarao y los Maribio, todos de origen mesoamericano. Estos grupos migraron hacia Nicaragua en diferentes oleadas a partir posiblemente del 700-800 DC (Campbell 1988; Stone 1966). También se mencionan grupos de lengua Chibcha como los Chontales. La presencia de grupos de diferentes lenguas y prácticas sociales y culturales debería reflejarse en diferencias de algún grado en el registro arqueológico.

Michael y Cynthia Smith han argumentado que la cerámica de engobe blanco de Nicaragua comparte una serie de rasgos estilísticos y formales con cerámica del Posclásico Temprano del Oeste de México y de Veracruz. Los vasos piriformes con pedestal o soportes trípodes, así como símbolos específicos del estilo religioso del Postclásico de esas zonas son compartidos en las zonas antes mencionadas. Los Smith consideran que estos rasgos son posiblemente el producto de redes comerciales que integraron estas regiones. Otros autores, entre ellos Healy (1980), consideran que las causas del surgimiento de esta tradición se pueden ligar a la llegada de los grupos Chorotega-Mangue a Nicaragua y a otras zonas de América Central. Nosotros nos inclinamos a apoyar la interpretación de Healy, aunque reconocemos que las redes comerciales jugaron un papel muy importante al facilitar el movimiento de productos gente, ideas y gente.

Nuestra interpretación se fundamenta en una serie de datos que muestran un cambio drástico en diferentes aspectos de la cultura material de Granada y otras zonas aledañas entre el 900 al 1000 DC. En primer lugar hay un cambio en el macro-patrón de asentamiento, donde los sitios regionales anteriores a esas fechas son suplantados por nuevos centros. Por primera vez hay evidencia de la construcción de montículos cubiertos de piedra laja y emplazados aparentemente alrededor de plazas. La costa del lago de Nicaragua es ocupada con numerosos asentamientos permanentes, mientras que en las islas del lago, como Zapatera, aparece lo que pueden ser sitios ceremoniales o con una función diferente a aquellos de la costa del lago, con la numerosa presencia de estatuaria y rasgos arquitectónicos (Bruhns 1992). En segundo lugar, al lado de los mencionados cambios tecnológicos y estilísticos en la cerámica se dan cambios significativos en la lítica. La utilización de obsidiana pasa de un 4% del total de los artefactos líticos antes del 900 DC a un 33% después de esa fecha (Valerio y Salgado 1995). Con ese incremento en la utilización de la obsidiana se da también una dependencia mayor de fuentes de obsidiana mesoamericana, especialmente de Ixtepeque, debido a la aparición de una industria local de núcleo y navaja en obsidiana como lo han señalado Payson Sheets (Lange et al. 1992) y Geoffrey Braswell (1994; Braswell et al. 1995). Otro cambio significativo en la lítica es el desarrollo de una industria bifacial fundamentalmente en silicatos criptocristalinos. Payson Sheets (Lange et al. 1992) comenta que dentro la industria bifacial un tipo de artefacto particular, the stemmed round-based biface, pudiera sugerir relaciones con el área sur del territorio Maya, donde este artefacto fue común durante el Clásico Tardío y el Postclásico.

En resumen, las secuencias de los periodos Sapoá y Ometepe parecen reflejar la llegada de grupos de origen mesoamericano al Pacífico de Nicaragua, intensificando la ya larga interacción de grupos centroamericanos y mesoamericanos. El estudio de esta interacción entre pueblos de ambas áreas debe realizarse dejando de lado los drásticos límites a veces trazados entre los estudios mesoamericanos y los estudios de los pueblos del sur de Centroamérica.

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Figura 1 Mapa de la Gran Nicoya

Figura 2 Secuencias cerámicas de Gran Nicoya, Granada, Rivas y Ometepeque

Figura 3 Tabla con distribución de tipos y variedades por niveles estratigráficos, Operación 1, sitio Tepetate

 

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