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35 Creación de la reserva arqueológica El Pilar en Guatemala y Belice: Un nuevo concepto de rescate para la selva Maya – Anabel Ford y Carol Miller – Simposio 10, Año 1996

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Ford, Anabel y Carol Miller

1997        Creación de la reserva arqueológica El Pilar en Guatemala y Belice: Un nuevo concepto de rescate para la selva Maya. En X Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1996 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.430-438. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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CREACIÓN DE LA RESERVA ARQUEOLÓGICA EL PILAR

EN GUATEMALA Y BELICE: UN NUEVO CONCEPTO DE RESCATE PARA LA SELVA MAYA

Anabel Ford

Carol Miller

Según hemos dilucidado, sobre la base de nuestros análisis en los alrededores del área del río Belice, la estructura social Maya, como es el caso en todas las sociedades complejas de la antigüedad, dependía no sólo de su producción agrícola sino también de su capacidad para controlar su fuente laboral y su mano de obra. Tanto los sacerdotes, como los reyes, los militares y los funcionarios en puestos clave, en realidad toda la estructura administrativa, basaba su prosperidad y bienestar en los recursos derivados del rendimiento agropecuario.

Por lo tanto, hemos puesto un énfasis especial en los patrones de asentamiento, en la organización y en la integración de la comunidad antigua, porque con eso se revelan los patrones regionales, conforme a las investigaciones que a su vez toman en cuenta las variaciones regionales tan significativas. A efectos de síntesis y para, de algún modo, conservar una cierta sensibilidad al respecto, preferimos designar el proceso como un caso de “leer el paisaje”.

Pese a su talento nato para la utilización, aún rudimentaria en el peor de los casos, de cualquier tipo de recurso por parte de los Mayas, en especial aquellos de las Tierras Bajas Centrales en torno a Tikal (Figura 1), más bien preferían el aprovechamiento de tierras más elevadas cuando les era posible como, por ejemplo, en las lomas o las colinas bien drenadas, las cuales propiciaban una agricultura de mayor rendimiento.

Estos suelos no son profundos, pero eso no implica una fertilidad baja. Por el contrario, a diferencia de la mayoría de las zonas tropicales, aunque representan escasamente el 1% del mundo tropical, constituyen hasta un 50% de los suelos de la región, suelos de hecho altamente productivos, que ocupan una capa ligera encima de la roca caliza.

En todo caso, son suelos mejor explotados con una mano de obra intensiva, configurando a su manera una economía agrícola semejante a aquella de los tiempos del Maya antiguo, aunque su distribución sea desigual. Por tanto, se puede calificar como un mosaico a través de la selva Maya, que se traduce en la sexta parte del área al norte de Belice, aunque se percibe como casi la mitad del área alrededor de Tikal.

Quisiéramos subrayar la relación muy clara entre la proporción de tierras agrícolas consideradas “buenas” en las lomas y la jerarquía regional Maya (Figura 2). El norte de Belice cuenta con sólo un 15% de tierras elevadas, dato que se revela en las 79 estructuras por km² en esa zona. En cambio, el área del río Belice, que cuenta con un 39% de tierras elevadas, revela su bienestar en la cantidad asombrosa de 160 estructuras por km². Mientras tanto, el aún más rico interior de Petén, que cuenta con un 49% de tierras elevadas, soportaba una densidad de asentamientos revelada en 200 estructuras por km². Podemos asumir, por lo tanto, que la distribución y la densidad regionales son proporcionales al porcentaje de tierra agrícola deseable.

A continuación, podemos también asumir que la escala de la complejidad arquitectónica, expresada en monumentos públicos de gran ambición, se corresponde con la proporción de asentamientos dentro de su jurisdicción. Se requiere, evidentemente, una gran disponibilidad de población para su construcción. Cuanta más gente hubiera, también había más monumentos.

En la zona del río Belice, por ejemplo, cerca de El Pilar, un 85% de los asentamientos se concentran en las lomas al norte del río, donde también se detecta la mayor concentración de habitaciones para la élite (Figura 3). Aunque las mejores tierras, es decir las más fértiles y deseables, se hallan en las orillas del río, también se trata de las más escasas.

Por consiguiente, los centros regionales del tipo de El Pilar o Tikal se refugiaban en los bosques y ostentaban su poderío, su jurisdicción regional y su dominio regional mediante una arquitectura pública impositiva. Desde ahí también fortalecían su intercambio comercial y diplomático con sus vecinos. Durante el apogeo de las culturas de los núcleos Mayas, los centros dominantes se rodeaban de huertas agro-forestales (Figura 4), con las cuales sostenían las cantidades de población tan grandes en sus zonas respectivas.

A partir de esta percepción se comenzaron los estudios relacionados con el centro cívico en El Pilar (Figura 5), un centro regional Maya ubicado a unos 50 km al este del poderoso Tikal. El análisis de su organización doméstica y la reconstrucción de su paisaje económico sobre la base de sus tierras elevadas bien drenadas, verificaron su calidad monumental de antaño, pero también su fragilidad en la actualidad, merecedora de una protección veloz y eficaz. Para ello estamos partiendo de la noción Maya del Kanaan kax, “bosque alto” o “árboles que llegan al cielo”, para referirnos a la selva madura, una bien mantenida con las maderas tropicales que una vez prevalecieron en esta zona.

Por esta razón, consideramos una investigación arqueológica exhaustiva, confirmando así la secuencia de las etapas constructivas, sus técnicas y sus aplicaciones. Independientemente de los abusos a través de los años, el saqueo de sus tesoros, la violación de su soberanía selvática, nos hemos percatado de la respuesta en cuanto al interés por un desarrollo mayor hacia el eco-turismo, además del impacto académico — arquitectónico, arqueológico, histórico — evidente.

El primer estudio importante fue realizado en el año 1984, a partir de la aparición de una calzada que conducía rumbo a Tikal. En este momento, tras la realización de varios estudios topográficos, mediciones y levantamientos exhaustivos, les podemos informar sobre los tres sectores discernibles en un sitio arqueológico que abarca 40 hectáreas en total (Figura 6).

HACIA EL NORTE — XAMAN PILAR

Las plazas y las estructuras múltiples están encerradas dentro de un laberinto. Su acceso restringido se reduce a una acrópolis impresionante.

HACIA EL SUR — NOHOL PILAR

Las plazas son abiertas, grandiosas y con majestuosidad, además de tener fácil acceso público mediante calzadas amplias.

HACIA EL PONIENTE — PILAR PONIENTE

Edificios públicos grandiosos, complementados por un juego de pelota de proporciones ambiciosas y una cancha hundida.

Las áreas del sur y del poniente se conectan mediante un sistema o red de calzadas. Éstas se dividen, finalmente, por la línea político-administrativa que separa a Guatemala de Belice, aislando así a El Pilar Poniente (el sector guatemalteco) del resto del yacimiento.

Por consiguiente, hemos visualizado la creación de un parque conjunto — en el futuro bi-nacional — ligado en su esencia a los dos países vecinos. El primer paso ya se ha dado y el programa correspondiente ha ido evolucionando de manera conjunta, multifacética e internacional, involucrando a especialistas de varios campos dentro de una agenda amplia:

1. Estudios del desarrollo del sitio abarcan un número de consolidaciones arqueológicas considerado necesario para ampliar el conocimiento, además de la conservación de la magnífica arquitectura todavía existente en El Pilar.

2. Estudios sobre agricultura y recursos naturales, los cuales facilitaban la prosperidad y el sustento a los Mayas, ahora pueden complementar el rendimiento de las milpas contemporáneas de las poblaciones actuales.

3. El parque-reserva garantizará la regeneración de la selva Maya para consagrarla a la protección de plantas y animales dentro de su hábitat natural, aparte de facilitar a los profesionales con un laboratorio de estudio.

4. Por último, proponemos una imagen más rica, completa y sugerente del Mundo Maya, no sólo de templos y plazas, sino también del impacto de su entorno, donde la comunidad no sobrevive apenas en términos miserables, sino que de hecho participa y administra la reserva efectivamente. Un panorama diferente acompañará a un futuro diferente.

La Reserva Arqueológica El Pilar para Flora y Fauna Maya (Figura 7), se ha puesto a la vanguardia de un programa modelo para la conservación y lo ve como un monumento al pasado. Pero, al mismo tiempo, está comprometido con la protección del programa como un testimonio para el futuro, esencial si lo que denominamos “Maya” puede perdurar.

Figura 1 El Pilar y Mundo Maya

Figura 2 Paisaje Económico

Figura 3 Recursos y asentamientos

Figura 4 Entorno natural y cultural

Figura 5 Nucleo de El Pilar

Figura 6 El Pilar y Mundo Maya

Figura 7 Hoy día y futuro

 

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