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26 El Templo V de Tikal: Su excavación – Oswaldo Gómez y Cristina Vidal – Simposio 10, Año 1996

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Gómez, Oswaldo y Cristiana Vidal Lorenzo

1997        El Templo V de Tikal: Su excavación. En X Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1996 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.315-331. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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EL TEMPLO V DE TIKAL: SU EXCAVACIÓN

Oswaldo Gómez

Cristina Vidal Lorenzo

El Templo V constituye uno de los proyectos constructivos más importantes que tuvieron lugar en Tikal durante el periodo Clásico Tardío (600-800 DC). No obstante, aún se desconoce a quién estaba dedicado. Según algunos estudiosos (Miller 1985:14), se trata del monumento funerario del primer hijo de Ha Sawa Chaan K’awil, quien habría fallecido al poco tiempo de acceder al poder y cuya existencia explicaría el vacío epigráfico que hay entre la muerte de Ha Sawa y la toma de poder por parte de su hijo Yi K’in Chaan K’awil (734 DC), a quien está dedicado el Templo IV. Esta hipótesis se basa en la ubicación del templo con respecto a la de los Templos I y II, los de sus supuestos progenitores, creando un triángulo espacial claramente perceptible desde la venerada Acrópolis Norte. Por el contrario, Peter Harrison, responsable de las excavaciones llevadas a cabo en Acrópolis Central, opina que el Templo V, dadas las similitudes constructivas con el Palacio Maler de dicha Acrópolis, era el templo de la familia aristocrática que habitaba ese palacio (Figura 1).

Tras la muerte de Ha Sawa, su hijo y su nieto siguieron destinando considerables recursos al engrandecimiento de la ciudad. Sin embargo, el abandono de Tikal a finales del siglo IX DC condujo al progresivo desgaste y destrucción parcial de sus majestuosas construcciones. El Templo V no fue una excepción y así, totalmente envuelto por la vegetación, fue como lo hallaron los exploradores del siglo XIX.

Las primeras noticias sobre los templos de Tikal se remontan a los informes del Coronel Modesto Méndez, quien en 1848 organizó una expedición a esta ciudad en la que también participaron el gobernador Ambrosio Tut, el verdadero descubridor de estas ruinas y el artista Eusebio Lara, a quien se deben las primeras ilustraciones, aún inexpertas, de sus monumentos principales.

El informe de Méndez es, evidentemente, muy impreciso y, de hecho, en algunos casos aún no se ha llegado a identificar la construcción a la que hace referencia. Así, por ejemplo, en uno de sus párrafos Méndez (1963:41) asegura que resolvió “destinar cuatro hombres que escalasen con barretas por la parte que indicase haber sido tapiada para impedir el conocimiento del interior del palacio, con el único objeto de ver si se encuentran ídolos u otros objetos escondidos por sus poderosos dueños…”; en principio parece ser que se trata del Templo V, ya que éste tenía un boquete en la pared trasera de la cámara del santuario.

La publicación del diario de Méndez, tanto en Estados Unidos como en Europa, despertó el interés por estas “mágicas ruinas” y en los años siguientes a su visita a la ciudad llegaron otros viajeros, estudiosos y aventureros con el fin de buscar tesoros y curiosidades. Es muy posible entonces que algunos de los daños sufridos por el Templo V fueran causados por estos personajes, algunos de los cuales dejaron plasmados sus nombres en las paredes del santuario.

Hubo que esperar al año 1881 para que tuvieran lugar las primeras investigaciones de carácter científico en Tikal. En aquella fecha llegó a la ciudad Alfred P. Maudslay, autor del primer plano de Tikal (Maudslay 1889-1902:Lám.68), en el que, además del núcleo central, incluyó la ubicación de los cinco templos principales (recordemos al respecto que el Templo VI no fue descubierto hasta 1951, por una comisión del Instituto de Antropología e Historia). La nomenclatura empleada por Maudslay para identificarlos fue mediante letras, correspondiendo la “D” al Templo V, del que ofrece una fotografía de la fachada norte, así como una brevísima descripción de la situación del interior del santuario (Maudslay 1889-1902:Lám.46).

Trece años más tarde, Teobert Maler realizó un mapa más exacto del área central en el que cambió la nomenclatura de Maudslay y bautizó al Templo V como Gran Templo V. De éste incluye una fotografía mirando al sureste para lo que mandó limpiar el edificio (Maler 1911:Lám.6) y una descripción bastante más larga que la de Maudslay, destacando el mal estado de conservación de los cuerpos de la base piramidal (nueve según su cálculo) y la dificultad para acceder al santuario (mediante una cuerda amarrada a un árbol en la parte más elevada). Asimismo, proporciona medidas de todo el edificio y documenta la presencia de “un agujero de considerables dimensiones practicado en la pared trasera del interior del santuario” (Maler 1911:49-50), atribuyendo tal “acto de profanación” al Coronel Méndez. Dicho agujero conducía al interior de la crestería, cuyos espacios interiores son ampliamente descritos por este autor en el apartado destinado a las cresterías.

En 1911, Alfred Tozzer realizó un nuevo levantamiento topográfico en el que el edificio que nos ocupa aparece como Templo V (Tozzer 1911:Láms.29 y 30). Sus estudios fueron publicados conjuntamente con los de Maler por el Peabody Museum de la Universidad de Harvard. En esa magistral obra, Tozzer incluye la planta y sección del Templo V, asegurando que este templo “es, quizás, el más interesante de los cinco grandes templos de Tikal” (Tozzer 1911:122 y Figuras 33 y 34).

A partir de esa fecha y hasta el inicio de los trabajos que el Museo de la Universidad de Pennsylvania llevó a cabo en el sitio, los monumentos continuaron sepultados bajo la vegetación y muchos fueron los viajeros nacionales y extranjeros que llegaron a Tikal, causando, en ocasiones, serios destrozos y realizando excavaciones ilícitas que produjeron la pérdida de irrecuperables datos arqueológicos.

LAS PRIMERAS ACTUACIONES E INTERVENCIONES EN EL MONUMENTO

Una de las primeras alteraciones sufridas en el monumento parece remontarse a la época en que Méndez y su grupo de intrépidos exploradores llegaron a las ruinas de Tikal. Como decíamos, no es seguro que fueran ellos los que hicieron el gran boquete a través del cual se podía entrar a la crestería del templo, enérgicamente criticado por Maler.

Algunos años más tarde, las paredes del santuario se llenaron de grafitos con las firmas de los individuos que visitaron las ruinas en esa época, distinguiendo entre ellas, las de Salvador Valenzuela -4 de mayo de 1879-, Miguel Padilla Durán -mayo de 1879- y Miguel Góngora -1886- (Quintana y Noriega 1992:61).

Más adelante, para la realización de sus fotografías, Maudslay mandó desmontar los árboles sobre los cinco grandes templos, de ahí que podamos observar en ellas la escalinata del edificio liberada de la vegetación y la presencia de dos personajes actuando como escala humana. Maler también ordenó limpiar el monumento para hacer sus fotografías y tomar mediciones.

El exhaustivo programa de excavaciones del Museo de la Universidad de Pennsylvania en Tikal dedicó poca atención al Templo V, denominado estructura 5D-5 según su clasificación. Únicamente, en 1965, Christopher Jones efectuó algunos trabajos de liberación de escombros al pie de la escalinata ceremonial y levantó un plano de la misma a escala 1:20.

Dichas investigaciones tenían como objeto encontrar dos monumentos reportados por Maler, del 830 y 849 DC respectivamente, que se pensaba estaban enterrados debajo del derrumbe de la escalinata de ese templo. No obstante, “la excavación a lo largo de toda la base de la enorme y ancha escalinata del Templo V no mostró ningún signo de tales monumentos. Se consideró la posibilidad de un antiguo robo, pero no se encontró ningún agujero en el cual una estela hubiera podido estar sujeta” (Coe 1965:44).

Tres años más tarde, Miguel Orrego realizó un informe sobre sus registros en el Templo V mediante túneles de sondeo, en el que incluye los dibujos de campo, entre ellos, secciones y detalles de la crestería, el perfil oeste de la escalinata y la planta del edificio, indicando la existencia de siete cuerpos en el basamento piramidal (Orrego 1968).

Sin embargo, mientras que en los otros cinco templos se hicieron limpiezas, consolidaciones y restauraciones en sus cresterías, la del Templo V no fue intervenida y el agujero a través del cual se podía acceder a ella continuó sin tapar, introduciéndose por él el agua de lluvia, animales y turistas. Estos últimos, animados por las palabras de Coe (1977) de que “desde allí se emerge para contemplar uno de los panoramas más maravillosos de Tikal”, no dudaban en intentar llegar a la parte superior de la crestería, recorriendo a su paso las cámaras interiores de ésta. Esas acciones provocaron graves daños en la estructura, lo que, aunado al deterioro provocado por la acción de la vegetación y las agresiones del clima, obligó a que dieran inicio los primeros trabajos preventivos en el templo.

Así, entre 1987 y 1991 se llevó a cabo una serie de intervenciones en el monumento a cargo de personal técnico y de campo de la Unidad de Conservación y Restauración de Monumentos del Proyecto Nacional Tikal, bajo la dirección de Óscar Quintana y Raúl Noriega. Las acciones emprendidas entonces se centraron principalmente en la crestería y en el santuario; éstas fueron minuciosamente documentadas y publicadas al término de las mismas (Quintana y Noriega 1992).

Finalmente, la Agencia Española de Cooperación Internacional junto con el Instituto de Antropología e Historia han venido realizando desde finales del pasado año una serie de estudios, a fin de reunir la información necesaria para elaborar el proyecto de restauración del Templo V. Esos estudios comprenden un levantamiento topográfico del monumento y su entorno, un levantamiento fotográfico y nuestra investigación, como parte del estudio arqueológico y arquitectónico del edificio (Vidal 1995, 1996; Gómez 1996).

LA EXCAVACIÓN DEL TEMPLO V

El propósito del sondeo arqueológico que se ha llevado a cabo en el Templo V era conocer el estado actual de su arquitectura, así como analizar los materiales arqueológicos aparecidos durante su excavación con el fin de encuadrar cronológicamente el monumento. Para ello, se plantearon cuatro pozos maestros, once pozos secundarios y las correspondientes calas de aproximación (Figura 2).

POZOS MAESTROS (SUBOPERACIONES 1, 2, 3 Y 4)

Pozos de 2 por 2 m excavados en la plataforma basal que sostiene al edificio, frente a los ejes centrales de sus cuatro fachadas. En cada uno de ellos se llegó a la roca madre, localizada a diferentes profundidades en cada uno de los pozos (2.73 m en el pozo norte; 3.98 m en el pozo este; 0.65 m en el pozo sur y 0.95 m en el pozo oeste).

Objetivos: a) conocer el relieve natural del suelo y calcular el volumen constructivo de la plataforma basal; b) conocer la evolución constructiva de la plataforma basal y definir sus fechas de construcción mediante el análisis del material arqueológico; c) definir el piso de la última época de ocupación para tomarlo de base en las siguientes investigaciones.

De estos pozos es de destacar la suboperación 1, en la que se registraron seis niveles constructivos así como la Ofrenda 1 y el Enterramiento 1, hallados en el mismo nivel estratigráfico (nivel III):

OFRENDA 1 (Figuras 3 y 4)

Esta fue hallada en el nivel III, sellada por un apisonado de tierra, a 0.70 m de profundidad respecto al nivel I, apoyada en el segundo piso de estuco. Se trata de dos fuentes de silueta compuesta colocadas “labio a labio”, en cuyo interior había un cuenco de paredes curvo convergentes, una pequeña vasija con vertedera y tres caracoles de la familia automorfa, tipo gasterópodo, los cuales habrían funcionado como colgantes ya que los tres poseen aplicación de la técnica de perforado en la parte superior.

La extracción de las fuentes se realizó con enorme cuidado ya que se encontraban muy resquebrajadas por el efecto de las raíces y adheridas a la tierra; por el contrario, los otros dos recipientes y los tres caracoles contenidos en su interior fueron hallados en un buen estado de conservación, a pesar de que la base de la fuente superior se había colapsado sobre ellos.

El análisis cerámico de las mismas nos indica que la inferior pertenece al tipo cerámico Águila Naranja, la superior a la Variedad Dos Hermanos de ese mismo tipo, el cuenco al tipo Pita Inciso y la pequeña vasija con vertedera al tipo Balanza Negro, con lo cual esta ofrenda se incluiría dentro de la esfera Tzakol del Clásico Temprano, lo que no se corresponde con el resto de los materiales del Clásico Tardío que aparecieron en ese nivel de la suboperación 1, incluido el Enterramiento 1.

ENTERRAMIENTO 1 (Figuras 3 y 4)

Este enterramiento fue descubierto a 0.60 m en dirección norte de la Ofrenda 1 y yacía debajo de dos piedras sin labrar aparecidas en el nivel II. Se trata de un esqueleto colocado en posición fetal, con la cabeza mirando al oeste, de sexo femenino y edad adolescente (entre 15 y 18 años; Lori Wright, comunicación personal 1996). El estudio osteológico del esqueleto ha permitido revelar la presencia de dos dientes (canino maxilar e incisivo lateral derechos) que fueron perforados para recibir incrustaciones, si bien éstas estaban ausentes. En el incisivo, la perforación llegó hasta la cavidad de la pulpa, causando, al parecer, el absceso localizado en el lateral del alveolo de ese diente. Asimismo, se detectaron depósitos leves de un tejido subperióstico de hueso nuevo en algunas partes del cuerpo, lo que indica que la persona sufrió una infección sistémica, seguramente distribuida por la sangre, que estaba en proceso en el momento de su muerte. Aunque no se puede determinar con certeza, es posible que la infección dental fuera el origen de la infección sistémica y ésta la responsable del fallecimiento de la adolescente.

Sobre su rodilla derecha fue depositado un cuenco de paredes altas curvo convergentes, base plana, borde directo y labio redondeado, que presenta un avanzado estado de erosión. A diferencia de las vasijas de la Ofrenda 1, que en un principio se pensó estaban relacionadas con este entierro, el recipiente pertenece al tipo Zacatal Crema Polícromo y, por tanto, a la fase Tepeu del Clásico Tardío.

En la suboperación 2 se documentaron cuatro niveles constructivos, destacando en el II la presencia de un muro ataludado de factura regular del que sobresalen cuatro piedras de las denominadas “espigas”. Este muro, de 2.60 m de alto y 8.60 m de longitud, se une en ambos extremos con sendos muros rectos, que corren en dirección oeste-este. El espacio conformado por ambos muros estaba relleno con tierra y piedras muy compactadas (“embono Maya”), tratándose, al parecer, de una de las “cajas” típicas del sistema constructivo Maya. Asimismo, las espigas dispuestas de forma irregular habrían servido como amarre del relleno de esta supuesta caja (Figuras 5 y 6).

Finalmente, en las suboperaciones 3 y 4 sólo se registró un nivel de ocupación en cada una, compuesto por un estrato de tierra vegetal mezclado con pequeñas piedras (Figura 7).

POZOS SECUNDARIOS (SUBOPERACIONES 5 A LA 15)

Estos pozos, de 1 por 1 m fueron planteados con los siguientes objetivos: a) localizar el último nivel constructivo; b) servir de inicio a las calas de aproximación hacia los muros del edificio. No obstante, algunos de ellos fueron realizados con otros fines. Así, las suboperaciones 7 y 8 (Figura 8) sirvieron para conocer el nivel de cimentación del lateral este de la escalinata ceremonial, mientras que la suboperación 12 fue planteada en el exterior de la plataforma basal sobre la que se construyó el Templo V, con la intención de documentar el muro periférico de la misma (Figura 9).

CALAS DE APROXIMACIÓN

Fueron planteadas a partir de los pozos secundarios en dirección a los paramentos del edificio. De 1 m de ancho, su profundidad no excedió en ningún caso el piso de la última ocupación. Objetivos: a) conocer el estado actual de los muros del Templo V; b) definir detalles de la planta del edificio; c) conocer la arquitectura de las plataformas escalonadas que conforman la base piramidal.

Gracias a estas calas se han podido documentar el primer escalón completo y los laterales de la escalinata monumental (Figura 10), en cuyo perfil podemos observar que los árboles y las potentes raíces que se introducen a lo largo de toda la alfarda son los causantes de la muerte lenta a la que está sometido el monumento. No obstante, es importante recordar que, al mismo tiempo, son estas raíces las que están sujetando las piezas sueltas, de ahí que en ningún momento se haya decidido arrancarlas. También ha sido posible registrar parte del primer cuerpo escalonado del basamento piramidal y sus respectivas esquinas que, curiosamente, son redondeadas. Lamentablemente, el estado de conservación de las esquinas y de los muros es muy precario lo que nos hace enfrentar a un gigante enfermo con grandes dificultades para su restablecimiento.

CONCLUSIONES

Aun teniendo en cuenta que el sondeo arqueológico preliminar del Templo V no está totalmente finalizado, a raíz de los resultados obtenidos en las recientes excavaciones, podemos concluir diciendo que al menos la última etapa constructiva del edificio cimenta directamente en el primer piso de estuco de la plataforma basal. Esta última fue perfectamente nivelada antes de la construcción del Templo, ya que es evidente el pronunciado desnivel que existe desde el sector sureste, donde la roca madre aparece a menos de 1 m de profundidad, hacia el noreste, donde la roca aflora a casi 4 m de profundo.

Desde el punto de vista del análisis del material cerámico, aproximadamente el 40% de la muestra se encuentra erosionado, motivo debido a que dicho material procede básicamente de los niveles de derrumbe y de la plataforma basal, expuesta a continuos procesos erosivos.

De la muestra hasta ahora analizada (815 fragmentos), el 81.5% (665 fragmentos) está asociado al Clásico Tardío, perteneciente a los niveles superiores y, por tanto, a los de cimentación del edificio. El Clásico Temprano está representado en un 17.2% (140 fragmentos), siendo niveles puros de este periodo sólo los dos más profundos de la suboperación 1 y el nivel 2 de la suboperación 8. La práctica ausencia de tiestos pertenecientes a esta época en las suboperaciones 3 y 4 parece indicar que dichos sectores (sur y oeste, respectivamente) no conocieron ocupación Clásico Temprana. Por el contrario, ésta debió de concentrarse en las zonas norte y oriental del área estudiada. Destaca también la ausencia de niveles Preclásicos y la escasísima frecuencia de fragmentos policromos, elementos diagnósticos de las fases Tepeu 2 y 3, principalmente.

En lo que respecta al escaso material lítico aparecido (representado por la subindustria de la obsidiana y del pedernal en la clase tallada y por el cuarzo y el granito en la categoría clase pulida), la práctica ausencia de objetos de naturaleza doméstica es un claro indicio de que se trata de un área exclusivamente ceremonial, sin vestigios habitacionales.

Por último, la industria de concha sólo está representada, como veíamos, por los tres caracoles hallados en la Ofrenda 1.

En definitiva, todos estos datos nos informan que, desde el punto de vista constructivo, en el área investigada existen vestigios de dos periodos cronológicos: el Clásico Temprano y el Tardío; dado que ambos se mezclan en los niveles de cimentación del edificio, es muy posible que éste haya sido construido en la primera parte del Clásico Tardío. No obstante, no se descarta la posibilidad de que exista una versión anterior de este templo u otras estructuras del Clásico Temprano, actualmente ocultas por el monumento, y que habrían sido construidas inmediatamente después de la nivelación de la plataforma basal.

Esta hipótesis sólo podrá ser corroborada con nuevas excavaciones destinadas a establecer los estadios constructivos que conoció el monumento, si bien, por el momento, nuestro interés se ha centrado principalmente en descubrir el estado de conservación de sus diferentes elementos constructivos con el fin de emprender a la máxima brevedad posible un adecuado programa de consolidación y restauración de esta emblemática obra de arquitectura Maya, profundamente dañada por el inexorable paso del tiempo y las agresiones del clima tropical húmedo.

Figura 1 Localización del Templo V en el plano de Tikal, levantado por el Museo de la Universidad de Pennsylvania

Figura 2 Planta del Templo V con la localización de las suboperaciones

Figura 3 Suboperación 1. a, planta de la Ofrenda 1 y del Enterramiento 1 en el momento del hallazgo;

b, perfil este durante el proceso de excavación

Figura 4 Suboperación 1. a, posición de las vasijas de la Ofrenda 1 en el momento de su hallazgo, una

vez reconstruidas las piezas cerámicas; b, Ajuar funerario del Enterramiento 1

Figura 5 Planta y sección de la suboperación 2

Figura 6 Perfil oeste de la suboperación 2

Figura 7a, perfiles de la suboperación 3; b, perfiles de la suboperación 4

Figura 8 Lateral este de la escalinata del Templo V y suboperaciones 7 y 8

Figura 9 Perfil oeste-este de las Suboperaciones 2 y 12

Figura 10 Perfiles del lateral este de la escalinata de Templo V

REFERENCIAS

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1965        Tikal: Ten Years of Study of a Maya Ruin in the Lowlands of Guatemala. Expedition 8 (1):5-6.

1977        Tikal: Guía de las Antiguas Ruinas Mayas. The University Museum, University of Pennsylvania Philadelphia, Asociación Tikal, Editorial Piedra Santa, Guatemala.

Gómez Barillas, Oswaldo

1996        Dictamen Sobre Aspectos de Arqueología de los Templos I y V de Tikal: Marzo 1992-Diciembre 1995. Informe, Instituto de Antropología e Historia, Guatemala.

Maler, Teobert

1911        Explorations in The Department of Peten, Guatemala and Adjacent Region: Tikal. Memoirs of the Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology, Vol.5, No.1. Harvard University, Cambridge.

Maudslay, Alfred P.

18891902        Biologia Centrali Americana: Archaeology. 5 Vols. London.

Méndez, Modesto

1963        Descubrimiento de las Ruinas de Tikal. Antropología e Historia 15 (1):38-42. Instituto de Antropología e Historia, Guatemala.

Miller, Mary Ellen

1985        Tikal, Guatemala: A Rationale for the Placement of the Funerary Pyramids. Expedition 27 (3).

Orrego C., Miguel

1968        Reporte del Templo V, Resumen de los Meses de Mayo, Abril y Junio. Proyecto Tikal, Petén. Manuscrito, Archivo Tikal, Museo de la Universidad de Pennsylvania, Pennsylvania.

Quintana, Oscar y Raúl Noriega

1992        Intervenciones en el Templo V de Tikal, Petén, Guatemala; 1987-1991. Cuadernos de Arquitectura Mesoamericana 20:52-76.

Tozzer, Alfred M.

1911        Preliminary Study of the Prehistoric Ruins of Tikal, Guatemala. Memoirs of the Peabody Museum of Archaeology and Ethnology, Vol.4, No.2. Harvard University, Cambridge.

Vidal Lorenzo, Cristina

1995        Plan de Intervención Arqueológica Preliminar del Templo V, Documentos 1 y 2. Informe, Agencia Española de Cooperación Internacional, Antigua Guatemala.

1996        Plan de Intervención Arqueológica Preliminar del Templo V, Documento 3. Informe, Agencia Española de Cooperación Internacional, Antigua Guatemala.

 

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