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38 Relaciones entre el estilo Ñuiñe y el sur de Mesoamérica: Una revisión – Blas Román Castellón Huerta – Simposio 9, Año 1995

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Castellón Huerta, Blas Román

1996        Relaciones entre el estilo Ñuiñe y el sur de Mesoamérica: Una revisión. En IX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1995 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.526-539. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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RELACIONES ENTRE EL ESTILO ÑUIÑE Y EL SUR DE MESOAMÉRICA: UNA REVISIÓN

Blas Román Castellón Huerta

El presente artículo tiene como objetivo mostrar algunos elementos que fueron identificados por John Paddock como parte de un nuevo estilo regional llamado Ñuiñe, mismo que caracteriza a la región de la Mixteca Baja, entre los estados de Puebla y Oaxaca. En particular, este estilo es referido a los trabajos recientes efectuados en el sitio de Cuthá, Puebla (Figura 1). Más adelante, se aborda el problema de las posibles relaciones de este estilo con otras áreas de Mesoamérica, entre las que se han indicado varias regiones hacia el sur, especialmente en Chiapas, Guatemala y El Salvador.

EL ESTILO ÑUIÑE

En 1965, John Paddock dio a conocer la definición de un nuevo estilo regional que designó como Ñuiñe, nombre que en mixteco significa tierra caliente. Este estilo correspondería al periodo 400-800 DC en la región de la Mixteca Baja del sur de Puebla y noroeste de Oaxaca. Se trata de un estilo local surgido durante el periodo en que Teotihuacan y Monte Albán comenzaban a declinar su gran influencia en Mesoamérica.

La definición de este estilo fue consecuencia de los hallazgos hechos por Alfonso Caso, el mismo Paddock y otros arqueólogos en las zonas áridas que están cerca de la población de Huajuapan de León, Oaxaca. Ahí se encontraron tumbas en las cuales había ofrendas y cerámica que guardaba semejanzas con lo teotihuacano y lo zapoteca. Se consideró que había notables diferencias con la Mixteca Alta y, luego de algún tiempo, debido a la recurrencia de los mismos rasgos, Paddock procedió a la definición de un nuevo estilo.

Este estilo está caracterizado por presentar elementos tanto teotihuacanos, como zapotecos y de la costa del golfo de México. El estilo se puede considerar como ecléctico, pero a la vez desarrolló sus propios elementos iconográficos y se manifiesta por algunos rasgos recurrentes como cerámica Anaranjado Delgado con desgrasante de mica, figurillas efigie conocidas como cabecitas colosales, urnas de barro de base cuadrada con representaciones de jaguares y ancianos y un sistema de representación glífica que incluye glifos encerrados en cartuchos circulares y muchos otros elementos parecidos a Teotihuacan y Monte Albán.

Este estilo solo fue una propuesta inicial que para 1970 fue considerada por otros estudiosos de Mesoamérica junto con nuevos estilos que entonces surgían, como el de Xochicalco, Chichen Itza y también Cacaxtla. Todos estos tienen como punto común el haberse desarrollado a fines del periodo Clásico, o durante lo que se ha llamado el Epiclásico. Volviendo al caso del estilo Ñuiñe, la información inicial que proporcionó Paddock, fue ampliada en años posteriores cuando se realizaron nuevos trabajos en la región de la Mixteca Baja. Sin embargo, pasaron casi 30 años hasta que se obtuvieron nuevos datos que confirmaron la presencia de un estilo regional propio, por lo cual se ha hecho referencia a lo Ñuiñe como una auténtica “cultura”. Respecto a los portadores de la cultura Ñuiñe no hay un acuerdo claro. Se ha considerado la posibilidad de que hayan sido los Popolocas antiguos ya que aún hay habitantes de esta etnia en estas regiones, que se supone son los responsable de la elaboración de la cerámica Anaranjado Delgado, la cual fue exportada en grandes cantidades a Teotihuacan. Pero es importante notar que también existen hablantes de Náhuatl que son más tardíos en el área y de Mixteco. En particular, Marcus Winter ha contribuido mucho en años recientes a la definición más amplia de la cultura Ñuiñe que él considera como la manifestación más temprana de la cultura mixteca del Postclásico, apoyándose en elementos lingüísticos y estilísticos (Winter 1991-92).

Al momento presente, este estilo o cultura regional aún debe ser documentada de mayor manera. La causa principal es la notoria escasez de trabajos arqueológicos en esta región de la Mixteca Baja que tradicionalmente ha sido considerada como “pobre” y “marginal” culturalmente. Sin embargo se sabe de la presencia de grandes centros ceremoniales que no han sido explorados. En años recientes los trabajos en la región han aumentado, aunque es necesaria aún mayor comunicación entre los especialistas para discutir los avances respectivos en lo que toca a este tema.

RELACIÓN ÑUIÑE-TIERRAS BAJAS PERIFÉRICAS DE LA COSTA

En 1969, Lee Parsons publicó su trabajo sobre Bilbao, en la región de Cotzumalguapa. En este estudio, él propuso una hipótesis de trabajo que nombró como la co-tradición mesoamericana, para la región norte de Mesoamérica. Especialmente hacía referencia al periodo Clásico Medio, o Middle Classic, que va de 400 a 700 DC. Este periodo es básicamente el mismo que se ha propuesto para el florecimiento de algunos estilos regionales entre los cuales se encuentra el Ñuiñe, Xochicalco, Chichen Itza y otros que surgen en la región costera de Chiapas y Guatemala. Se trata de tradiciones que comparten rasgos entre lo que sería el Late Early Classic” y Late Classic. Esta co-tradición es divida en dos periodos por Parsons: I, contactos comerciales y mexicanización, con rasgos teotihuacanos (400-550 DC) y II, dispersión de influencias y culturas híbridas (550-700 DC).

Esta propuesta resultó en la definición de lo que él llama Tierras Bajas Periféricas de la Costa, que incluirían las regiones que se encuentran en la Costa del Golfo de México, hasta Tabasco y luego se comunicarían con la costa de Chiapas y Guatemala por medio del Istmo de Tehuantepec, formando una gran S y siguiendo el límite de los 2000 m de altitud para distinguirla de tierra adentro. Según esta propuesta, aquí se explotaron recursos marinos, hule, plumas, pieles de jaguar, sal de mar, conchas, cacao, algodón, etc., desde tiempos muy antiguos, como bienes necesarios de intercambio con las tierras altas interiores. Esta región tuvo un intenso desarrollo propio desde tiempos Preclásicos con el estilo y cultura Olmecas. Posteriormente el estilo Izapa, sería otro desarrollo regional y para el periodo conocido como Middle Classic, las influencias predominantes vendrían de Veracruz en el sector norte y Cotzumalguapa en el sector sur, ambas con influencia Izapa. Entre los rasgos estilísticos propios de estas regiones se contarían los dioses descendentes, cabezas trofeo, árbol de la vida, volutas entrelazadas, incensarios en forma de embudo, cabezas de piedra empotradas en muros, simbolismo ritual del juego de pelota, entre otras muchas. Las influencias entre ambas regiones se sucedieron en un canal constante de comunicación que influenció también a regiones de tierra adentro.

Esta propuesta para el reconocimiento de una nueva área dentro de Mesoamérica resolvería -según Parsons- el problema de la filiación de ciertos rasgos como mexicanos o mayas, cuando en realidad se trata de elementos que se han desarrollado en estas regiones costeras desde los inicios de la civilización mesoamericana. Es dentro de este contexto que se menciona también la presencia de estilos regionales durante el Clásico Medio, que se vieron influenciados por esta tradición costera, o que fueron parte de ella.

En una redefinición de lo que es el estilo Ñuiñe, Paddock considera que este estilo fue una importante variante regional del Clásico Medio con su sistema glífico que muestra afinidades con el de Xochicalco. En otro trabajo, Paddock (1983) menciona que fue Eric Thompson el primero en hacerle notar las semejanzas entre la glífica Ñuiñe y Cotzumalguapa en la forma de inscripciones en cartuchos circulares. Más adelante, Parsons ha definido una región costera con rasgos compartidos, en donde presenta una lista de 41 rasgos que relacionan a Teotihuacan III-IV, Bilbao, Xochicalco, Ñuiñe y el Chichen Itza Puuc. Paddock mismo propone otro término para este periodo que denomina Middle Urban, pues para él se trata de un desarrollo urbano ininterrumpido desde el Preclásico o Formativo, pero en general está de acuerdo en que la propuesta de Parsons cuenta para el desarrollo de la región de Cotzumalguapa y la región Ñuiñe como partes de un horizonte Clásico Medio, ampliamente difundido.

El problema quedó planteado de manera general, pero queda aún la tarea más lenta y difícil de documentar las semejanzas propuestas entre la región Ñuiñe y otras regiones costeras o influenciadas por esta tradición durante el Middle Classic. En realidad, luego de más de 20 años de la propuesta de Parsons, pocos son los trabajos que se han referido a las relaciones posibles entre estas distintas regiones, a pesar de que los trabajos arqueológicos han sido abundantes.

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS EN CUTHÁ, PUEBLA, MÉXICO

Con el fin de contribuir de alguna manera a las cuestiones antes descritas, se presenta aquí un breve resumen de los trabajos de prospección arqueológica en el sitio de Cuthá. La intención es dar a conocer el avance de las investigaciones y a la vez de indicar algunos elementos que pueden considerarse como Ñuiñe en un plano regional y quizá partes de una tradición mayor en un plano mesoamericano.

El sitio de Cuthá se encuentra ubicado en el valle de Zapotitlán, en la parte sureste del estado mexicano de Puebla, cerca de los límites con el estado de Oaxaca. Este sitio formó parte del recorrido que realizó Richard S. MacNeish en el valle de Tehuacán, inmediatamente al este de Zapotitlán. El sitio se encuentra ubicado en la cima del cerro del mismo nombre, aproximadamente a 2.5 km al este-noreste del pueblo de Zapotitlán Salinas. En la parte sur del cerro corre el Río Zapotitlán mismo que cruza todo el valle hacia el este y desemboca en el río Salado (Figura 1).

La parte superior del cerro donde se encuentra el asentamiento, es una meseta alargada en dirección norte-sur, con una depresión en la parte centro-este. Sus dimensiones aproximadas son de 800 m de largo, 300 m de ancho y un total aproximado de 240,000 m² de extensión o 24 hectáreas, el sitio cubre casi toda la cima del cerro.

A lo largo del sitio se aprecia un complejo de casas y templos. En opinión de MacNeish existen al menos cuatro áreas de plazas en distintas elevaciones. Estas plazas están definidas por plataformas monumentales construidas con piedras rectangulares bien talladas, así como estructuras piramidales y se comunican por medio de escalinatas monumentales en sus diferentes niveles. En la parte central donde se observa la mayor depresión, parece que el desnivel se solucionó por medio de una plataforma alargada en forma de calzada para comunicar los extremos este y oeste del sitio.

En la parte más alta del sitio al este, existe un montículo rectangular que contiene una tumba cruciforme violada hace mucho tiempo. En los bordes de la cima se aprecian muros que delimitan el sitio y se encuentran cimientos de casas bien definidos, especialmente en la parte oeste. MacNeish considera que hay más de 100 casas habitación cuya característica principal es que tienen múltiples cuartos y quizá existan 78 u 80 casas de un solo cuarto, pero ésta es una estimación demasiado intuitiva.

Al momento presente, se han realizado tres temporadas de campo mediante las cuales se ha limpiado el sitio y se ha elaborado un plano del mismo, indicando los diversos sectores de que se compone. Asimismo se ha realizado un muestreo sistemático de material de superficie y se han hecho unos pocos sondeos. El sitio comienza apenas a ser conocido; por algunos documentos y tradiciones locales sabemos que era cabecera de un importante señorío Popoloca en la víspera de la conquista y el recurso más importante era la sal obtenida en patios de evaporación, que se produce en las faldas de este cerro desde tiempos prehispánicos hasta la fecha.

Durante la temporada de 1994, se localizó un pequeño pozo de saqueo sobre una de las múltiples terrazas habitacionales, de no más de 40 cm de profundidad, el cual estaba entre dos piedras de basalto columnar colocadas paralelamente, lo cual hacía muy obvia la posibilidad de un hallazgo a poca profundidad. Por ese motivo se decidió emprender una pequeña operación de rescate que consistió en un pozo de 3 x 3 m para registrar los elementos alrededor de esta extraña disposición de las piedras de superficie. Al extender la excavación fuera de este alineamiento y hacia el extremo sureste del pozo, donde existe la esquina de un cimiento en la superficie, encontramos una diversidad de elementos que consistían en restos de carbón, ceniza y un alineamiento de piedras grandes que corría de norte a sur. Poco después, a una profundidad de 70 cm, aparecieron los primeros restos óseos de un enterramiento.

ELEMENTOS ÑUIÑE EN CHUTA

El entierro localizado es de tipo primario directo, donde se colocó a un individuo adulto en posición fetal o decúbito lateral izquierdo flexionado (Figura 2). Su rostro está orientado hacia el sur y su cabeza y pies se encuentran en el eje este-oeste. El esqueleto se encontró bastante destruido ya que al parecer se arrojaron las piedras y tierra directamente después de depositarlo. Sin embargo, la posición anatómica correcta de los huesos permite ver claramente su postura. Por esta razón, la excavación fue cuidadosa a fin de no dañar los fragmentos y poder recuperar éstos hasta donde fuera posible. Más adelante, al retirar la tierra y piedras pequeñas que cubrían los huesos fragmentados, aparecieron los componentes de las ofrendas asociadas que le confieren a este entierro una importancia especial con fines comparativos e interpretativos como veremos más adelante (Figura 2).

A simple vista el entierro solo presentaba algunas ofrendas consistentes en cuencos de barro. Conforme se exploró el mismo, aparecieron más elementos que apuntan hacia una complejidad mayor del ritual funerario. En la parte cercana a los pies, del lado izquierdo del esqueleto, se hallaron ofrendas cerámicas compuestas por lo que parecen ser restos de una urna y cuencos que recuerdan inmediatamente parte de los rasgos diagnósticos del estilo Ñuiñe. Además de la cerámica que se recuperó alrededor del entierro y que parece corresponder a vasijas que se encontraban asociadas al fogón inmediato, el entierro propiamente incluía una ofrenda mortuoria formada por vasijas de base anular y restos de lo que parece ser sin duda una urna de estilo semejante a las encontradas antes en otras partes de la Mixteca Baja.

Los artefactos de la ofrenda consisten en: a) dos cajetes semiesféricos de base anular completos; b) tres fragmentos de asta de venado; c) una navajilla de obsidiana a la que falta el extremo proximal, de color gris oscuro; y d) los fragmentos de lo que seguramente era una urna, de la cual se han recuperado partes que se pueden dividir en cuatro:

1) una máscara de jaguar mostrando tres colmillos y en actitud de rugir; la lengua ha sido indicada de manera esquemática con una aplicación de cerámica alargada y dos líneas paralelas incisas.

2) un elemento curvo que contiene una serie de tres frisos en forma de U. Los frisos contienen volutas y ganchos en la parte media. Estos diseños parecen haber sido hechos con molde y concluidos sus extremos con aplicaciones directas. Además de las volutas se observan círculos enmarcados y pequeños cuadros.

3) otro elemento fragmentado en tres partes que seguramente era parte de la misma urna y que presenta algunas volutas que terminan de manera desigual.

4) finalmente, tres pequeños fragmentos de la misma urna que muestran líneas paralelas rectas en un caso y curvas en otros dos. En estas últimas parece tratarse de la representación de plumas, posiblemente parte del tocado.

Estos elementos, ya encontrados antes en otros sitios de la Mixteca Baja indican que el sitio de Cuthá fue participe del estilo regional Ñuiñe. Así lo indican los cuencos semiesféricos con base anular y los restos de la urna, incluida la máscara de jaguar, que están hechas en el mismo barro café anaranjado propio de esa región. Otros rasgos que se pueden mencionar son la arquitectura, donde las estructuras siguen la orientación del cerro, a diferencia de Monte Albán y otros centros ceremoniales que están trazados conforme a ejes. También se cuenta la presencia de cabecitas colosales, especialmente una figurita de piedra que parece representar un rostro de manera única, semejante a las que se han encontrado antes en Tequixtepec, Oaxaca. El rasgo más notorio que lo relaciona con lo Ñuiñe, es la presencia de la cresta en la cabeza, tal como ocurre con las figurillas de barro que son típicas de la Mixteca Baja.

BREVE REVISIÓN ÑUIÑE Y OTRAS REGIONES DE MESOAMÉRICA

Una vez establecida la pertenencia de Cuthá a este estilo regional, se procedió a hacer una breve comparación de posibles rasgos que relacionaran a lo Ñuiñe con otros desarrollos regionales del periodo Clásico Medio, especialmente con los de Chiapas y Guatemala. El objetivo es colocar los trabajos arriba descritos en un contexto más amplio dentro de los desarrollos culturales contemporáneos de Mesoamérica.

Durante esta labor, ocurre el mismo riesgo indicado anteriormente por Lee Parsons, cuando hizo su comparación inicial entre el estilo de Bilbao y otras regiones, es decir, la tendencia a confiar demasiado en motivos simples o rasgos sacados de su contexto. Lo anterior puede ser considerado como convergencias de desarrollos independientes en lugar de difusión contemporánea de ciertos rasgos compartidos. Parsons se inclina a pensar que las semejanzas estilísticas son parte de una misma tradición que influyó por muchos siglos a estas regiones.

A continuación solo presentaré la constante aparición de cuatro rasgos estilísticos aislados que son recurrentes en diversas regiones de Mesoamérica. Para poder hacer esta comparación se han consultado estudios muy diferentes que me han dado una idea más precisa de lo que pudo haber ocurrido durante este periodo del Clásico Medio. Al parecer se trató de una época de constante intercambio de rasgos y surgimiento de estilos propios. Sin embargo, los elementos aquí presentados aparecen en otras épocas distintas y en otras regiones que no son las de las costas del golfo de México o las de Chiapas y Guatemala, necesariamente. Cabe la posibilidad de que estas regiones hayan desarrollados estos rasgos de manera más frecuente. Los elementos estilísticos son los siguientes:

  1. LA RUEDA GIRATORIA O FLYING WHEEL (FIGURA 3)

Este elemento resultó estar presente en casi todo Mesoamérica. Corresponde al glifo E de Caso y su significado es muy variable dependiendo del investigador en turno. A veces se le identifica con el sol o el día, otras veces se considera el símbolo de la turquesa o el jade, o más en abstracto de lo “precioso” o “único”. En ocasiones se le ha considerado como agua o flor, cuando se parece al glifo D de Caso y en el área Maya se le ha considerado como un abanico, símbolo de sacerdocio. Pero el sentido más popular para este glifo es el de “movimiento” o “temblor”, lo cual concuerda con el diseño que casi siempre son una serie de aspas que parecen girar en torno al un centro. Los ejemplos que aquí se presentan dan una idea general de su distribución que incluye zonas de la costa de Oaxaca, normalmente poco conocida y no considerada dentro de las Tierras Bajas Periféricas.

  1. ELEMENTOS CUADRIPARTITOS (FIGURA 4)

En este caso se trata de ejemplos presentes en lugares como Teotihuacan, Xochicalco y lugares de la costa de Chiapas y Veracruz. Se trata de diseños que dividen el espacio en cuatro partes, aunque pudiera haber variantes. Es identificado a veces con el glifo E de Caso, como símbolo de la turquesa, aunque en ejemplos del área Maya se le considera como representación de la superficie de la tierra. En el caso de Xochicalco, en donde aparece en varias ocasiones, se indica que es también la tierra dibujada como campos cuadrados. Los casos de Piedra Labrada en Veracruz y los de Cerro Bernal en la costa de Chiapas son muy semejantes y con amplias afinidades teotihuacanas, como para considerar que son parte de una misma tradición compartida.

3) VASIJA EN SECCIÓN CON VEGETACIÓN (FIGURA 5)

Se trata del glifo C de Caso, que parece ser uno de los elementos más frecuentes en diversos periodos de Mesoamérica y en regiones distintas. Tal vez su constante aparición esté relacionada con la vegetación misma, que casi siempre está asociada a la forma de una vasija cortada en sección. Por supuesto que su significado ha sido asociado al crecimiento de lo vegetal, la fecundidad, el agua y la agricultura. Es muy importante debido a que parece ser uno de los glifos que pasaron a ser portadores de años en los sistemas calendáricos, por lo tanto su presencia está también asociada a la cuenta del tiempo en diversas regiones. Aquí presento algunos casos de Guatemala, Monte Albán, la región Ñuiñe, Veracruz y regiones del centro de México, donde el glifo Acatl, “Caña”, parece corresponder a esta misma idea. Existe un estudio especial sobre su evolución en la región oaxaqueña (Leigh 1966).

4) COLA DE SERPIENTE O RATTLESNAKE TAIL (FIGURA 6)

Nuevamente se trata de un motivo muy común en el arte de todo Mesoamérica. Sin embargo también ha sido señalado como uno de los rasgos que caracterizan a las culturas del periodo Clásico Tardío. En este caso las representaciones escultóricas principalmente, ponen en un plano de gran semejanza a Teotihuacan con la región de Cotzumalguapa y hasta El Salvador, como se puede observar en los ejemplos. La región Ñuiñe también presenta ejemplos muy semejantes a los teotihuacanos y en el caso del centro de México, los ejemplos correspondientes principalmente a la época Mexica, parecen derivarse en buena parte de esta tradición.

CONSIDERACIONES FINALES

El punto de partida de esta breve comparación han sido los trabajos arqueológicos en el sitio de Cuthá, Puebla, que me llevaron al planteamiento del estilo regional Ñuiñe como un desarrollo cultural del Clásico Medio a Tardío (400-800 DC), característico de la Mixteca Baja. A la vez he querido comparar en un primer intento algunos elementos de este estilo regional con datos procedentes de otras áreas mesoamericanas que se desarrollaron en una época similar. Esta comparación, aunque demasiado esquemática, tiene la virtud de considerar algunas posibilidades comparativas que posteriormente se podrían retomar en un estudio más amplio.

Por lo que toca a la hipótesis de trabajo de Parsons, sobre la relación estilística entre regiones costeras periféricas, considero que los rasgos por él mencionados están presentes en muchas partes de Mesoamérica alejadas de tales regiones. Por lo menos en lo que concierne a los pocos elementos aquí ilustrados, he encontrado que se extienden a través de diferentes épocas antes y después del Clásico Medio y regiones tan lejanas como el Occidente de México y la península de Yucatán entre otras. Las semejanzas están siempre presentes, pero sigue siendo muy necesario mayores estudios sobre regiones poco conocidas si se pretende tener datos comparativos lo suficiente confiables para establecer contactos y rutas de intercambio en diferentes épocas. Creo que la región Ñuiñe es una de las que comienzan a proporcionar datos muy valiosos y donde se están multiplicando los estudios en épocas más recientes. Otras regiones igualmente interesantes son la costa de Oaxaca y las zonas costeras de El Salvador, entre otras. Un avance mayor en este sentido se podría concretar con un encuentro académico donde se intercambiara información sobre estas y otras áreas consideradas tradicionalmente como marginales.

Figura 1

Figura 2

Figura 3 Algunas versiones del motivo de la rueda giratoria en Mesoamérica: a) Dintel de Huajuapan de

León, Oaxaca (Moser 1977:fig.6); b) Bilbao, Monumento 21 (Parsons 1969:frontispicio); c) Bilbao,

Monumento 73, (Parsons 1969:lámina 47f); d) Chacula, Huehuetenango, Estela del Maíz (Seler 1900);

e) Cerro de la Caja, Oaxaca (Moser 1977:fig.46); f) Cerro Tepalcates, Chacahua, Costa de Oaxaca

(Urcid 1990:fig.4); g) Monte Albán, Lápida de Bazán (Caso 1947:lámina 65); h) Cacaxtla, Tlaxcala,

Mural de la Batalla, Este; i) Chichen Itza, Akab Tzib (Von Winning 1987, vol.2:52, 4a); j) Teotihuacan,

Palacio de Zacuala (Séjourné 1959:fig.13); k) Teotihuacan, diseño en un malacate

(Séjourné 1966a:fig.209); l) Teotihuacan, orejera, (Séjourné 1966b:fig.55); m) Nayarit, sello en barro

(Enciso 1953:33, fig.11); n) Teotihuacan, fragmento de cerámica, vaso cilíndrico (Von Winning 1987:52,

1d); o) Jalisco, sello en barro (Enciso 1953:41, fig.11); p) Tabasco, sello en barro (Field 1974:161); q)

Remojadas, Veracruz, sello en barro (Field 1974:160).

Figura 4 Diseños cuadripartitos en Mesoamérica: a) Silacayoapan, Oaxaca, Urna I (Moser 1977:fig.64,

lámina 76); b) Piedra Labrada, Veracruz, Estela 1 (Navarrete 1976:lámina 8); c) Los Horcones, Cerro

Bernal, Chiapas, Estela 3 (Navarrete 1976:lámina 14); d) Teotihuacan, candelero o incensario portátil

(Séjourné 1964:fig.24); e) Teotihuacan, diseño en un vaso trípode (Von Winning 1987:38, fig.2); f) Glifo

Maya T656 (Von Winning 1987:38, fig. 1d); g) Xochicalco, Morelos, Estela 2 (Sáenz 1961); h) Chiapa de

Corzo, Chiapas, Tumba 1 (Agrinier 1960:figs.10 y 11); i) Teotihuacan, sello de barro (Séjourné

1966b:fig.138); j) Remojadas, Veracruz, sello de barro (Field 1974:201).

Figura 5 Ejemplos de vasija en sección y vegetación (Glifo C) en Mesoamérica: a) Kaminaljuyu, diseño

de orejera, Estela 10 (Miles 1965:fig.6e); b) Monte Albán, Oaxaca (Leigh 1966:fig.14); c) Diseño en una

efigie Ñuiñe, procedencia desconocida, Colección Frisell, Oaxaca (Paddock 1966:199, fig.235); d)

Tequixtepec, Oaxaca, Piedra 5 (Moser 1977:fig.21); e) Monte Albán, Oaxaca, diseño en una vasija del

Periodo III-b (Leigh 1966:fig.64); f) Cerro de las Mesas, Veracruz, Estela 8 (Jiménez Moreno

1959:lámina 6-a, fig.3); g) Xochicalco, Morelos, Estela 2; h) Ciudad de México, sello de barro (Enciso

1953:41, fig.4); i) Cuitzeo, Michoacán, sello de barro (Field 1974:147, fig.17); j) Texcoco, estado de

México, sello de barro (Enciso 1953:48, fig.4); k) Cotzumalguapa, monumento en la Cuenca de Antigua,

procedencia desconocida (Parsons 1969:lámina 63-i); l) Culhuacan, Ciudad de México, fondo

estampado de vasija Azteca I (Séjourné 1970:fig.66); m) Ciudad de México, Piedra de la Dedicación,

Glifo Azteca de Acatl (caña) (Pasztory 1983:lámina 95); n) Ciudad de México, Glifo Azteca de Acatl

(caña), Atadura de Años (Museo Nacional de Antropología).

Figura 6 Motivos de Cola de Serpiente en Mesoamérica: a) Kaminaljuyu, Estela 11 (Miles 1965:fig.9b); b)

Cara Sucia, El Salvador (Boggs 1976); c) Dintel de Huajuapan, Oaxaca (Moser 1977:fig.6); d) Teotihuacan, Mural de Tepantitla (Séjourné 1962:fig.26); e) Ciudad de México, sello de barro (Enciso 1953:77, fig.111); f) Xochicalco, Morelos, Alfarda de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas; g) Santiago Ahuizotla, Ciudad de México, diseño en un cajete café (Von Winnning 1987, vol.1:130, fig.2b); h) El Salto, Veracruz, sello de barro (Field 1974:27); i) Ciudad de México, escultura de serpiente (Museo Nacional de Antropología).

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